jueves, 26 de septiembre de 2024

Por qué es tan difícil gobernar Argentina


Por Marcos Novaro

Fondo de Cultura Económica. 300 páginas


El descalabro político y económico de la Argentina de los últimos veinticinco años que desembocó en la irrupción de un verdadero outsider que -creemos- defiende las ideas correctas es una tentación y un reto para los pensadores de fuste. ¿Qué diablos nos ha pasado? ¿Por qué tanta incompetencia en nuestra clase dirigente? ¿Por qué no podemos instrumentar reformas de largo aliento? Marcos Novaro (Buenos Aires, 1965) recoge el guante y propone explicaciones en su libro más reciente.


¿Por qué es tan difícil gobernar Argentina? Y cómo nuestros presidentes y coaliciones podrían hacerlo mejor es un ensayo útil y bien intencionado. Al autor -sociológo y doctor en filosofía- podríamos definirlo como “institucionalista”, es decir cree profundamente en la importancia de los compromisos formales para elevar la acción política. El “vamos viendo” resulta fatal en este arrabal “que parece haberse vuelto un caso extremo de subdesarrollo, incluso de desaprendizaje de las más elementales expertises políticas”.


Novaro transmite la impresión de que la avenida del centro -tan denostada en estos tiempos de polarización forzosa- es la vía más apropiada para salir del pantano. Hace unos días, acompañó la presentación del libro María Eugenia Vidal, toda una definición ideológica.


“Cada vez nos gobernamos peor porque cada vez hay más disputas irresueltas y menos colaboración”, sentencia el excelente politólogo en la introducción. ¿Y esto por qué? Tiene relación con la fragmentación de nuestro sistema de partidos (tenemos 46 fuerzas nacionales, un récord mundial), con un sistema electoral y de relaciones inadecuado para el surgimiento de coaliciones firmes y con un federalismo fallido que tiende a generar inestabilidad. Los cambios urgen (no sólo económicos) y al final de su trabajo Novaro desgrana una serie de recomendaciones “para desatar los nudos del mal gobierno”.


DE LA ALIANZA A MILEI


Para el lector no avezado la parte más interesante del libro es probable que comience en la página noventa (la ciencia política, aunque necesaria, es aburrida de leer). Novaro examina las experiencias de gobierno recientes. Desde 1997 hasta mayo de 2024. Vale decir, desde la Alianza hasta los primeros pasos de Javier Milei.


Es notable como la lupa del entomólogo va develando la lógica del accionar de un Fernando De la Rúa, un Eduardo Duhalde, una Cristina Kirchner, un Mauricio Macri o un Rodríguez Larreta, por mencionar algunos de los especímenes estudiados. Destacando siempre cuál es, más allá de las ambiciones personales, el marco de incentivos y reglas de juego imperantes que los llevaron a hacer lo que hacen o hicieron. “Demasiadas reglas que favorecen la incongruencia”, denuncia el erudito.


Un ejemplo: el problema de la sucesión del liderazgo está directamente ligado al hecho constitucional de la reelección indefinida; no simultánea pero indefinida. Este dato explica los juegos maquiavélicos de Cristina y Mauricio para mantener la preeminencia en sus partidos. Ella eligiendo un títere como candidato (era claro que Alberto F. no tenía pasta de líder ni peso político propio); él desquiciando al PRO primero con sus titubeos luego con maniobras que, a la sazón, fueron una de las causas fundamentales de la debacle electoral de Juntos por el Cambio en 2023. El señor Novaro nos recuerda que, en medio de una “enorme dosis de personalización y precariedad institucional, casi ningún líder destacado de nuestra historia se ha retirado de la lucha por el poder hasta su muerte y sus partidos han atravesado largas batallas intestinas sin resolución”. Qué distinto a un George W. Bush o un Barack Obama, ¿no?


La mirada de Novaro sobre Javier Milei es severa. Reconoce su inesperado talento para conectar con las demandas de una comunidad hastiada de los políticos inútiles. Explica el aguante social al ajuste por cierto cierto entrenamiento que mantenemos los argentinos hace lustros “en la adaptación al empobrecimiento”. Y conjetura, no sin fastidio, que la diferenciación básica del liberalismo de los libertarios respecto a las fuerzas existentes “no pasa por un afán particular por asegurar la transparencia de la cosa pública, mucho menos en el sueño de construir una república potente y equilibrada sino, en esencia, y más modestamente, pasa por hacer que el manejo del Estado sea lo más barato y los más sencillo posible para un gobierno encabezado por un presidente popular pero carente de bases en el resto de las instituciones”.

Guillermo Belcore


Calificación: Bueno

miércoles, 4 de septiembre de 2024

Borges, una vida

 


Hace unos días elogiábamos en este blog (1) un ejercicio de historia contrafáctica elaborado por Don Rosendo Fraga. En ¿Que hubiera pasado si... (II Parte), el investigador conjeturaba sobre la muerte en la batalla de Curupayty del coronel Francisco Borges. En ese caso, la humanidad sería más pobre, pues la Argentina seguramente nunca hubiera alcanzado la cima de la literatura en español. Era el abuelo de Jorge Luis Borges.


Sigamos jugando a las ucronías. ¿Qué hubiera pasado si la propuesta de matrimonio de nuestro mejor escritor no hubiera sido repudiada en 1927 por el amor de su vida, la leve y fervorosa (“como bandera que se realiza en el viento”) Norah Lange? Un Borges felizmente casado, con -digamos- cinco hijos, aburguesado, es probable que hubiese visto mutilada su sublime capacidad creativa. O, mejor dicho, desviada hacia algún callejón sin salidas magníficas, como cultivando un criollismo novelero. Es la deducción inevitable que se desprende de la colosal biografía Borges, una vida (Seix Barral, 640 páginas) del historiador Edwin Williamson (Edimburgo, 1949), trabajo que hoy venimos a recomendar.


La biografía, que fue entregada a la imprenta en 2004, incurre casi en una herejía. Somete la obra borgeana a un análisis psicosexual, un procedimiento fatigoso que desluce la monumental acumulación de documentos, testimonios y citas. Llega a la conclusión -ay- que el vaivén estilístico y conceptual de sus cuentos y poemas “entre Whitman y Kafka dependía en última instancia de la aceptación o rechazo de las muchas diosas que cortejó” a lo largo de su vida aquel hombre, al que describe como regordete y bastante alto, con rostro pálido y mofletudo, e insalvable complejo de Edipo, al que la fama internacional lo besó en los labios después de los sesenta años. Qué audacia, ¿no?


La novela -perdón, la biografía- de Williamson recibió a principios de siglo unánime aplauso de la crítica extranjera, pero recibió reparos de intelectuales argentinos. Vargas Llosa se deshizo en elogios. Polémicas al margen, digamos al lector de este blog combativo que se trata de un trabajo exhaustivo, fruto de nueve años de minuciosa investigación. Inspira respeto. Contiene cien terabites de información, datos y anécdotas, algunas muy divertidas como la pelea a puñetazos entre Borges y Enrique González Tuñón, porque este plumífero lo había acusado de bujarrón en un epigrama publicado en la revista Martín Fierro.


Aunque interesante, el juego dialéctico entre experiencia y escritura que propone Williamson fracasa en un punto, que se enuncia en el prólogo. No multiplica las posibilidades de lectura de los magníficos textos borgeanos. ‘El jardín de los senderos que se bifurcan’ o ‘El reloj de arena’, por citar dos gemas, son orbes autónomos, como deseaba su autor. Puros objetos de belleza, inmunes al análisis “folclórico, telúrico o vinculado a la historia literaria o a las disciplinas o estadísticas sociológicas”, por usar las propias palabras del literato.


Más fructífero, quizás, es el recuento de operaciones ideológicas de Borges. El biógrafo destroza un mito de los izquierdistas desinformados: nunca se encerró en una torre de marfil. Al contrario, fue un intelectual público durante toda su vida: temprana simpatía por los bolcheviques, militancia yrigoyenista, corajuda lucha antifascista, antiperonismo acérrimo, afiliado al Partido Conservador en los sesenta, apoyo a las dictaduras militares una década después para escandalizar a la progresía (le costó el Premio Nobel), pacifista por desilusión con la espada al final de su vida. Qué hombre.


Hace más de cuarenta años, Emil Cioran le escribió a Fernando Savater una carta famosa titulada El último delicado (2). Así terminaba:


“Borges podría convertirse en el símbolo de una humanidad sin dogmas ni sistemas, y si existe una utopía a la cual yo me adheriría con gusto, sería aquella en la que todo el mundo le imitaría a él, a uno de los espíritus menos graves que han existido, al último delicado”.


Uno se va del libro exhausto, amando aún más al sujeto de estudio y con una conclusión firme. La vida de Jorge Luis Borges escrita por Edwin Williamson es una obra fundamental y clave, a pesar de sus abusos freudianos. "Definitiva" es un adjetivo que, a fin y cabo, no le sienta mal.

Guillermo Belcore


Calificación: Muy bueno

 (1) https://labibliotecadeasterion.blogspot.com/2024/08/las-ucronias-de-rosendo-fraga-ii-parte.html


(2) https://borgestodoelanio.blogspot.com/2014/02/e-m-cioran-borges-el-ultimo-delicado.html