viernes, 23 de octubre de 2009

Un puñado de polvo

Evelyn Waugh
RBA. Novela, 271 páginas. Edición 2009. Precio aproximado: 80 pesos.

Considerado por muchos como el mejor escritor satírico de su tiempo, Evelyn Waugh (1903-1966) ha demostrado que detrás de la solemnidad de Inglaterra, del orden ceremonioso y las fórmulas pomposas, no hay absolutamente nada. Las clases dominantes, el clero, los prejuicios y el resentimiento del pueblo (la estupidez de todos) fueron las víctimas favoritas de su humor perverso y de su penetrante percepción de las relaciones humanas. Este libro, publicado en 1934, revela a Waugh en su plenitud novelesca. Se trata, por encima de todo, de una lectura placentera, a pesar de que la traducción se esfuerza por estropearla. Alguien puede imaginarse a una aristócrata de Londres respondiendo al teléfono “¡qué hay!”.

El tema principal es la degradación de un matrimonio que, a simple vista, funcionaba razonablemente bien. Anthony Last sólo aspira a representar el papel de perfecto señor feudal de Hotton, pero su adorable esposa -Lady Brenda Rex, hija de lord Saint Cloud- se encaprichó con un arribista de veinticinco años a quien nadie había podido encontrar algo para hacer. El adulterio tiene tintes cómicos y un giro dramático cuando un caballo desbocado mata al hijo de la pareja. El divorcio es lacerante. Un mundo gótico se desploma sobre la cabeza de Tony. Se convierte en explorador de tribus amazónicas para huir de la estridencia del caos.

La crítica piensa que Waugh labró esta hermosa novela para ajustar cuentas con un matrimonio fallido. Se nota que usa materiales derivados de experiencias de primera mano. Los diálogos son vivos y se tiene la impresión, siempre, de que los personajes son de carne y hueso. Las frases fluyen sin esfuerzo. Redondean una critica devastadora a esa obsesión inglesa por convertir la vida en una puesta en escena, donde nadie puede innovar y cada hombre y mujer debe conocer al dedillo el repertorio clásico. Medrosas pompas de jabón.
Guillermo Belcore
Esta reseña se publica en los suplementos de Cultura de La Prensa y La Capital de Mar del Plata el domingo 25 de octubre

Calificación: Bueno

3 comentarios:

  1. El tema de las traducciones a veces me enfurece. Por supuesto que un aristócrata de Londres nunca contestaría así.
    Es una apropiación que bastardea a la obra; por ende, estamos condicionados por una compresión que altera la experiencia transitiva de esa lectura.
    Es como cuando escuchamos una canción en Mp3. La calidad del sonido ha disminuído exponencialmente.
    Saludos,

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  2. Querido Sebas Topol:

    Estoy de acuerdo con Usted. Pero le respondo, en realidad, para felicitarlo por el blog. Lo acabo de conocer y me quedé un buen rato explorándolo.

    Me pareció brillante su premisa: "oir o leer sin reflexionar es una ocupación inútil". Recuerdo que Ortega y Gasset decía algo similar: el peor pecado de un lector es resbalar sobre los textos. Yo pienso que la mejor manera de leer es siempre con un lápiz en la mano.
    Saludos

    G.B.

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  3. Muchas gracias, Guillermo. Me halaga que le haya gustado el blog.
    Soy un seguidor de sus entradas, y la verdad es que envidio su capacidad de lectura y síntesis a la hora de la crítica; algo que evidentemente debo desarrollar.
    Gracias de nuevo.
    Saludos,

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