sábado, 2 de marzo de 2013

No tengo enemigos, no conozco el odio

Liu Xiaobo

Emecé. Ensayo de política y cultura, 295 páginas. Edición 2012.


Detrás del milagro económico de China, de los cientos de millones de almas arrancadas de la pobreza, del ascenso a potencia mundial y esperanza de los pueblos en desarrollo, hay un odioso Estado policíaco, una dictadura de partido único capaz de condenar a once años de prisión a un intelectual célebre por decir lo que piensa. Pero de esto no se habla. En países como la Argentina, enfermos de hipócrita sentimiento antiestadounidense, las perversidades de los oligarcas comunistas suelen pasarse por alto. A lo sumo, el progresismo se alza de hombros y dice: “¿Y qué?, tienen que alimentar a mil quinientos millones de bocas“.

Liu Xiaobo recibió el Premio Nobel de la Paz en 2010. Fue el segundo caso en la historia en que el Parlamento noruego premia a un disidente encarcelado (el primero había sido Carl von Ossietzky, atormentado por los nazis). Siguiendo el precedente checo, Liu había redactado en 2008 junto a otros la Carta 08, un documento sensato que propone reformas moderadas. La reacción fue brutal. Apenas un año después, el profesor fue condenado a la pena de reclusión hasta el 21 de junio de 2020. Se lo acusó de “usar Internet con el objetivo de derrocar al gobierno de la Dictadura Democrática del Pueblo y el Sistema Socialista”.

La sentencia condenatoria cierra este volumen. Antes, el lector hallará precisas descripciones de la China modernizada. La masacre de Tienanmen, la opresión del Tíbet, “el paisaje espiritual de la era postotalitaria”, el problema campesino, la lucha por la tierra, la esclavitud infantil, son algunos de los temas tratados. Como bien señala la introducción, Liu tiene un estilo único. Su prosa filosa, romántica por momentos, recuerda a los panfletistas franceses. Pero lo más importante de todo es que se trata de una conciencia en estado de libertad, repartiendo palos a diestra y siniestra, sin contemplaciones, incluso exagerando. Un hombre solitario que dice no al Estado todopoderoso y al patrioterismo, a costa de su bienestar, que pone en riesgo la propia vida. Un santo, ¿verdad?  

Guillermo Belcore 

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