martes, 2 de julio de 2013

The following

"Durante mucho tiempo, la Muerte Roja había devastado la comarca. Jamás peste alguna fue tan fatal, tan horrible. Su encarnación era la sangre: el rojo y el horror de la sangre. Se producían dolores agudos, un repentino vértigo, luego los poros rezumaban abundante sangre, y la disolución del ser. Manchas púrpuras en el cuerpo y particularmente en el rostro de la víctima, segregaban a ésta de la humanidad y la cerraban a todo socorro y a toda compasión. La invasión, el progreso y el resultado de la enfermedad eran cuestión de media hora''.

¿Pueden estas líneas macabras desatar una carnicería en una pequeña ciudad de Maryland? ¿Puede el misterioso Edgard Allan Poe inspirar a un secta de asesinos en serie? La cadena Fox cree que sí. Por ello produjo la escalofriante serie The following, cuya primera temporada concluyó hace poco en la Argentina. Hay una buena noticia para los fanáticos: desde el primero de enero de 2014 se emitirá la segunda. Lo adelantó, en una entrevista, nada menos que Kevin Bacon, quien interpretó en los quince capítulos de 2013 al atormentado detective del FBI Ryan Hardy.

En una entrevista, el actor aseguró que la segunda temporada será muy diferente, para no aburrir a la platea. "No llegamos a detener a todo el mundo. Muchos de los followers consiguieron escapar'', recordó. Entre ellos, Emma Hill (Valorie Curry), acaso el personaje mejor logrado, una secuaz del profesor Joe Carroll. Con su carita de buena, Emma apuñala hasta la muerte a su fastidiosa madre y, apenas después de un beso, le corta la garganta al novio que la exhortaba a traicionar al culto. Qué chica,¿no?

¿Osará el guionista Kevin Williamson revivir al propio Joe Carroll? En el último capítulo lo oímos gritar en medio de un pavoroso incendio, pero quedaron dudas sobre si los restos carbonizados que encontraron los peritos forenses pertenecen al escritor frustrado. La prensa y los blogs evidencian que la actuación de James Purefoy no ha complacido cabalmente al soberano, aunque el villano prometía. Catedrático de literatura, especializado en el romanticismo gótico, Carroll se inspiró en Edgar Allan Poe para establecer que el asesinato lento de jovencitas es otra forma de arte. Incluso gustaba de arrancarle los ojos con arma blanca, porque Poe sostenía que los ojos son la ventana del alma. Arrestado en 2003, el profesor universitario aprovechó su estancia en una prisión de Virginia para reclutar a un ejército de prosélitos -vía Internet o aprovechando un generoso plan de visitas-, todos homicidas en acto o en potencia. Todos enamorados de la muerte, incluso de la propia.

El carrolismo


El thriller relata, pues, la eclosión del carrolismo, como movimiento de tintes religiosos que empalma con esas locas milicias ultraderechistas que de tanto en tanto enlutan a la Unión. La secta se convierte en el enemigo público número uno del FBI. Desafortunadamente, el guión va olvidándose del origen literario de los carrolianos (¡queman vivo a un crítico como venganza!) al concentrarse en un triángulo amoroso: el agente Hardy mantiene un romance con la doctora Claire Matthews (Natalie Zea), la ex mujer de Carroll. Tras fugar de la cárcel, el profesor se empeña en recuperarla a ella y al hijo de ambos. Esa obsesión, a la postre, resulta fatal para la camarilla. Lo que si se conserva vivo hasta el último cap¡tulo es un juego metaliterario extremadamente interesante: Carroll escribe un libro con Hardy como protagonista que es causa y consecuencia de la realidad narrada por la serie. Un juego de cajas chinas.

Al interesado en el aspecto ideológico de The following, digamos que quedan establecidos tres conceptos que reflejan el peculiar momento político de la primera potencia mundial:

* Estados Unidos es uno de los principales productores de sectarios y fanáticos. Es decir, poco le cuesta a cualquier líder carismático reclutar a una legión de seguidores, aunque sus ideas sean diabólicas o provoquen una espumosa efusión de sangre. Uno puede entender que Bin Laden consiga acólitos dispuestos a todo en el pauperizado Pakistán, ¿pero por qué razón los Carroll prosperan en el país más desarrollado del planeta? La ficción nos coloca ante una terrible evidencia: algo huele a podrido en las entrañas de la civilización americana.

* Una década después del 11-S es pertinente aplicar tormentos a un detenido si la ocasión lo demanda. Qué estado de derecho, ni qué ocho cuartos. El fin justifica los medios de los agentes federales, tal como se planteaba en el perturbador film Zero Dark Thirty. Si la antinomia sugerida es Carroll- ángel luciferino vs. Hardy- ángel celestial, los dos segan vidas a raudales (y revientan ojos). Todos los ángeles son aterradores, escribió Rilke.

* Washington es el último bastión de la integridad. Puede que el Gran Hermano sea incompetente a menudo, pero la misión primordial del Gobierno Nacional es protegerte. Ni siquiera las autoridades locales son impermeables a la corrupción.

Todo lo dicho apunta a demostrar que The following es un producto de inusual riqueza, a pesar de esos giros inverosímiles que el género suele infligirle al público. La profundidad de las ideas, la intensidad dramática, los golpes de efecto asustantes (recordad que Kevin Williamson es el creador de la saga Scream) y la excentricidad del argumento (en particular el sabroso toque literario) hacen que nosotros, los groupies, esperemos con ansiedad el arribo de la segunda temporada.

Guillermo Belcore
Publicado hoy en la Sección Espectáculos del diario La Prensa.


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