domingo, 8 de marzo de 2015

Las señoras Hemingway

Naomi Woods

Lumen. Novela, 317 páginas. Edición 2014


Qué extraña familia. Hadley Richardson, Pauline Pfeiffer (a quien todos llamaban Fife), Martha Gellhorn y Mary Welsh. Las cuatro esposas que encadenó Ernest Hemingway, una tras otra. Seducidas, mimadas, traicionadas, aporreadas cuando el demonio se escapaba de la botella. Con la mirada de cada una de estas damas, una escritora inglesa ha construido una suerte de biografía novelada cuyo lectura nunca deja de ser interesante, porque E.H. -ese niño genial- es un personaje atractivo.

Por momentos, da la impresión de que Naomi Wood (York, 1983) erró el camino. La novela debió haber sido una obra de teatro; lo mejor de todo está en los diálogos y los frenéticos cambios de decorado que nos llevan de la Costa Azul y París a Cayo Hueso, Londres, Madrid, La Habana y Ketchum, Idaho, donde Papá se voló la tapa de los sesos. Hay un diestro manejo del tiempo, la narración salta de un año a otro.

Además de campeón de la frase tersa y llana y de gran artífice de lo esencial y lo contundente, el Hemingway de Wood es un alcohólico que no podía ir a ningún lado sin hacerse el héroe y que nunca aprendió a no casarse. Quiso a todo el sexo opuesto que se le ponía delante. Su problema no era tanto el afán por conseguir mujeres como que iba dando palos de ciego agarrándose a lo que se cruzaba en su camino  En realidad necesitaba una madre. En sus momentos más oscuros podía ser un salvaje. Había un destello de locura en sus ojos.

Con esta clase de libros, de prosa y arquitectura tan prolijas, y tan correctamente insertos en el mainstream literario, siempre ocurre lo mismo. Uno lee los agradecimientos y queda la duda de cuánto tienen de inspiración individual y cuánto de creación colectiva. Un detalle nada más.
Guillermo Belcore
Publicado en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa
 
Calificación: Bueno

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