miércoles, 5 de octubre de 2016

El hombre común y otros ensayos sobre la modernidad

G.K. Chesterton

Lohle-Lumen, 235 páginas. Edición 1996. Ensayos de filosofía y arte.

Hay que leer como niños. ¿Qué significa esto? El lector debe establecer de inmediato su derecho directo y divino a disfrutar la belleza, sin retóricas ni preguntas que surgen de las falsas moralidades y filosofías. El niño lleva en su cabeza una definición correcta y completa de la función del arte y su naturaleza; con el agregado de que es completamente incapaz de decir, siquiera a sí mismo, una sola palabra sobre el asunto. Se trata de introducirnos en el propio y legítimo reino de la imaginación.

El lector perspicaz habrá deducido que éste principio de toda crítica de arte sana proviene de Gilbert Keith Chesterton (Camdem Hil 1874-1936). El principio sostiene la necesidad del lector (el televidente o el observador) de abandonarse a esa condición espiritual -o intelectual si se prefiere- de “admiración combinada con la serenidad total de la conciencia en la aceptación de las maravillas”. Implica lo que siempre hemos postulado en este blog: la lectura hedonista, alejada de cualquier moral (falsa) o prejuicio estético.
Es raro que un moralista católico de principios del siglo XX se pronuncie por el hedonismo. Pero es que Chesterton fue un bicho raro. Fue un católico inglés, lo que implica moderación y talante democrático. Fue una especie de santo y de sabio, que ofreció una cantidad de buenos argumentos a favor de tolerar y promover la religión en el atolondrado mundo moderno, suficientes como para llenar una catedral. Fue un escritor brillante y un polemista formidable. Fue un esteta cabal que creía conveniente ornar los textos con paradojas para sorprender y persuadir. Por otro lado, si hay un populismo que uno podría suscribir sin problemas aún hoy es el de Chesterton. Es el populismo que defiende al hombre común y a ciertas tradiciones frente a las elites de todo tipo (especialmente los intelectuales) y frente a ciertos modernismos.

Cada una de estas virtudes chestertonianas dicen presente en un librito publicado en 1996. Gracias al Cielo, lo encontré en una librería de viejo frente al Parque Centenario. Lo devoré con la avidez y la fruición con que un náufrago se sacia de agua y alimentos. El hombre común pide a gritos su reimpresión.

Cualquiera de los cuarenta y cuatro miniensayos que contiene el tomo da pie para una reflexión. No quisiera abrumar. Basta mencionar algunos de los temas que aborda un pensador esencial: la risa, Shakespeare, Henry James, Dickens, el Doctor Johnson, Tolstoi, Walter de la Mare, Nietzsche, los peligros de la nigromancia, el nacimiento de la religión de la raza, la necesidad de una educación cristianismo, el patriotismo, la primacía de las novelas policiales por sobre las obras de filosofía, la vulgaridad y el vandalismo, qué hubiera pasado si Juan de Austria se hubiera casado con la reina María de Escocia…

Notó Chesterton algo que los poetas han sabido desde siempre: el lenguaje encomiástico es tremendamente limitado. Por eso, añadamos un último elogio a la reseña. Leer a Chesterton causa una enorme felicidad.
Guillermo Belcore


Calificación: Excelente


PD: Naturalmente, no es él unico libro de Chesterton que este blog recomienda:
http://labibliotecadeasterion.blogspot.com.ar/2014/03/la-era-victoriana-en-literatura.html 
http://labibliotecadeasterion.blogspot.com.ar/2010/10/la-sabiduria-del-padre-brown.html

 

2 comentarios:

  1. ¿En este está el ensayo sobre la vanguardia y la aristocracia? Iluminador.

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  2. El volumen incluye un miniensayo titulado 'El fin de los modernos', donde H.G.Ch. destripa a los futuristas y otras vanguardias.

    Abrazo

    G.B.

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