domingo, 19 de septiembre de 2021

Chocolate sin grasa



Observe, lector, la esquina de Avenida 9 de Julio y Moreno una de estas tardes. ¿Qué ve? Tristeza, la Argentina se ha empobrecido a niveles inconcebibles años atrás. ¿Qué más? Un puñado de pillos, enmascarados bajo el rótulo de dirigentes sociales, explota esa desesperación que perturba las calles. ¿Algo más? Sí señor, una antigua y peligrosa ideología está tratando de pescar en aguas revueltas.

En el alba del siglo XXI, el neobolchevismo ha concluido que aquel dictum de Karl Marx de liquidar al capitalismo con el martillo del proletariado industrial ya no tiene sentido (ni fuerza). El "Excluido" debe ser ungido como sujeto revolucionario, no se puede contar con los obreros de Toyota. Escuchemos a uno de sus más lúcidos ideólogos, Slavoj Zizek:


"Si la tarea principal de las políticas emancipadoras del siglo XIX fue romper el monopolio de la burguesía liberal por medio de la politización de la clase obrera, y si la tarea del siglo XX fue despertar políticamente a la inmensa población rural de Asia y Africa, la tarea principal del siglo XXI es politizar -organizar y disciplinar- 'las masas desestructuradas' de los barrios pobres"


Ediciones Godot acaba de presentar una recopilación de artículos periodísticos de Zizek, que incluye el párrafo anterior. Uno de ellos -El legado ambiguo del 68, publicado en Londres en 2008- da sustento teórico al manual de operaciones del líder piquetero. "...Si ignoramos el problema de los Excluidos todos los demás antagonismos pierden su arista subversiva...", advierte el pensador nacido en Ljubljana en 1949.


MERITO PRINCIPAL

Chocolate sin grasa (128 páginas) reúne veintidós textos publicados en las últimas dos décadas; es decir va desde el 11S a Trump. No han perdido un gramo de vigencia en un 99 por ciento; la selección es formidable. Y no hace falta compartir el ideario marxista-lacaniano del autor para extraer enseñanzas valiosas. El libro -he aquí su mérito principal- nos induce a pensar.


El título alude "a los impasses del consumismo actual". El exceso del goce no está permitido porque es insano; de ahí la persecución a los fumadores y a las productos con muchas calorías. Es una línea que traza en la arena el llamado capitalismo cultural, nacido de la Revolución Francesa de 1968, estructurado en forma de redes, que se preocupa por la ecología y "usurpó la retórica de la izquierda de la autogestión de los trabajadores"... En este nuevo ecosistema, "compramos cada vez menos productos (objetos materiales) que queremos poseer, y adquirimos cada vez más experiencias de vida...", argumenta Zizek en la página 15. Interesante.


Como los grandes escritores, Zizek hace uso y abuso de fetiches. El suyo, el más repetido, agobiante incluso, es la idea de emancipación. Nos habla de tradición, políticas, potencial, legado, valores "emancipadores"..., una y otra vez. Luchar por "la emancipación radical" vendría a ser la acción principal del comunista del siglo XXI. Y martillea a su público: "...el Excluido es el producto necesario de la lógica más recóndita del capitalismo global...". Esta figura conceptual -tan pueril- es su archienemigo.


La tarea primordial radica en buena medida en la retórica, subraya. El heraldo de la auténtica política emancipadora" advierte a su público que "la tarea más difícil de la revolución es la creación de clichés para la vida cotidiana", es decir "expandir el mismísimo horizonte de lo que parece posible"". Ahora que lo dice, ¿no es eso el kirchnerismo? ¿No es una obsesiva creación de clichés para establecer una revolución cultural?


Hasta un reloj maltrecho puede dar la hora correcta una vez al día, suele decirse. Hay una contradicción (o un punto de inversión) de la globalización que Zizek describe con lucidez. La libre circulación de capitales y bienes -explica- se estrella hoy en día con la separación creciente de la esfera social; los muros entre países y grupos de personas no son compatibles con el capitalismo global e impedirían su reproducción in aetérnum.


El pensador establecido en Londres considera que el siglo estadounidense terminó en 2008. Vivimos en un Nuevo Orden Mundial multicéntrico. Estados Unidos representa el capitalismo neoliberal; China el capitalismo autoritario; Europa lo que queda de la socialdemocracia con Welfare State; América latina, el capitalismo populista. Aquí, en la Argentina no funciona; en Brasil, Chile y México, sí, añade el comentarista de este blog. ¿Será que nuestra clase política es mucho más corrupta e incompetente que la media regional?


EL CASTRISMO HA MUERTO


A pesar de que en un artículo Zizek suelta algunas tonterías en favor de Hugo Chávez (uno de los pocos textos con algún párrafo desactualizado), es un rojito lo suficientemente honesto e inteligente como para abominar públicamente del castrismo. "La revolución cubana no produjo un modelo social relevante para el posible futuro comunista", establece. El estalinismo del trópico no sólo "se ha despojado de los últimos vestigios del potencial emancipador", sino que "ni siquiera ha podido establecer un sistema económico que sea capaz de convencer al pueblo cubano de que trabaje".


Zizek es famoso por adornar con elementos de la cultura popular sus disquisiciones filosóficas y psicológicas. En particular, con chistes. Este es genial:

 "Podemos decir que en las últimas décadas, el socialismo cubano siguió vivo porque todavía no se dio cuenta de ya murió".


Habría que avisarle a Cristina y a sus seguidores que practican la necrofilia. Adoran el cadáver insepulto de la dictadura cubana.

Guillermo Belcore

Publicado en el Suplemento Cultura del diario La Prensa.


Calificación: bueno

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