sábado, 19 de junio de 2010

José Saramago

Pequeño obituario

José Saramago (Azinhaga 1922-18 de junio 2010) fue un gran narrador, un artista de verdad, de esos capaces de transmitir sus ideas con una voz original e inconfundible. Como ocurre a menudo con los heterodoxos, el conjunto de su obra fue superior a cada una de las partes. La izquierda lo idolatró por encarnar la dudosa figura del “intelectual comprometido” o “con sensibilidad social“, ese figurón que pone su firma al frente de toda clase de solicitadas y no le teme a las declaraciones pueriles. Típico intelectual de Europa respaldó desde una lujosa vivienda en Lanzarote a déspotas como Fidel Castro hasta casi el último aliento, mientras abominaba de la democracia occidental, la globalización y la Iglesia Católica. Si por algo merece ser reverenciado, pues, es por su vasta obra literaria, la que -con sus más y sus menos- nunca renunció a labrar una poética personalísima, es decir a construir su propio palacio literario.

El único escritor de Portugal en ganar el Nobel (foto) hizo de la novela un arma de combate, pero sin falsas expectativas. “Si la literatura pudiera cambiar el mundo, ya lo habría hecho", reconoció en 1999. Puso su ácido mordisco al servicio de una causa, al tiempo que descollaba como estilista de prosa exuberante y barroca, como forjador de exquisitas metáforas y contundentes parábolas, y como romántico que se alza contra la modernidad que atropella lo pintoresco. Su moralismo intransigente demostró que el odio y el amor tienen elocuencia propia, como sostenía Conrad. Esa intransigencia, empero, lo alejó de muchos lectores. Otros se espantaron por la dificultad de una escritura capaz de embutir diálogos en párrafos pesados como ladrillos, algo aliviados por su intromisión irónica. No era un escritor simple. Por cierto, nadie tiene la obligación de serlo.

Saramago conoció la pobreza y fue un ejemplo de autodidactismo. Se rebeló contra el destino: no quiso ser obrero ni labriego. Como periodista y escritor ha demostrado la veracidad del dictum wildeano: la creación es noventa por ciento trabajo y diez por ciento inspiración. El reconocimiento le llegó tarde y después de décadas de un raro silencio. Una vez dijo que si hubiera muerto a los sesenta años la gente lo tendría por un hombrecillo que escribió prácticamente nada de valor. Explotó una fórmula novelesca hasta sacarle brillo: que pasaría si (What if?). Consiste en arrojar un hecho inaudito sobre una comunidad desprevenida, ya sea una ceguera fulminante y masiva, el voto unánime en blanco, un territorio que se desprende del continente y navega a la deriva, o bien una huelga de la Parca por tiempo indeterminado. Tras la ruptura, ocurre en la ficción lo mismo que en la vida: el poder establecido reacciona con crueldad; la gente muestra, en general, lo peor de s¡ misma; y unos pocos, plenos de lucidez, dan ejemplo de amor y compasión. Puede que la obsesiva repetición del método haya terminado erosionando su eficacia estética.

Dante había llegado a la conclusión de que la edad ideal para morirse es a los ochenta y un años. Saramago lo refutó con una inusual creatividad durante el último tramo de su vida. Quizás su mejor obra de este siglo sea la autobiográfica Pequeñas memorias, donde evoca su niñez. El texto rebosa de imágenes bucólicas como los cuadros de Millet.

Hoy cuando, al decir de Vattimo, ya no existen razones filosóficas fuertes y plausibles para rechazar la religión, Saramago eligió ser ferozmente ateo. De toda su producción, acaso la novela más perturbadora haya sido El evangelio según Jesucristo, pues aborda el mayor misterio de todos los tiempos desde la cruda óptica de un comunista. El Vaticano, claro está, reaccionó con indignación. No es una mirada piadosa, justamente, pero hay cierto juego gnóstico en el libro que resulta cautivante. Todo en Saramago se subordinaba al mensaje, pero con una calidad y ambición artística inusual entre quienes se erigen como agente moral del cambio. ¡Qué lastima! Dejó inacabada una novela sobre el tráfico de armas.
Guillermo Belcore
Este artículo se publicó hoy en la página central del diario La Prensa.

3 comentarios:

  1. Guillermo:

    No es errónea su interpretación ni de la figura ni de la literatura de Saramago. Ha de reconocerse que, al menos, vivió para contar su reprobación del castrismo; su tardanza es compensada sólo por el hecho de que, precisamente, su distanciamiento, por fin, tuvo lugar. En cuanto al escritor, lo creo el más hábil de la última década junto con Sebald. Como todo espíritu tortuoso, me atrae más la penumbra de los párrafos que su diafanidad, en tanto el claroscuro no destruya el, para mí, dogma de la inteligibilidad.

    Me atrevo a polemizar con Usted: quizás no nos refiramos al mismo Vattimo (en términos cronológicos, es decir), puesto que hasta donde puedo afirmarlo, éste rompió con la Iglesia Católica, al igual que lo hiciera Saramago con Castro, desde una traducción, para el lector español, en las páginas de El País. El enlace es el siguiente:

    http://www.elpais.com/articulo/opinion/Separarse/vida/Iglesia/elpepiopi/20090510elpepiopi_12/Tes

    No soy, como no lo era Saramago persona de fe, aunque distingo a ésta de la religión. Vattimo afirmó en un reportaje del 4 de Febrero de 2009 que su relación con el catolicismo se había estrellado contra el final de su paciencia; provocaron la colisión tanto el caso de Eluana Eglaro cuanto sus tragedias personales, en las que se afanó por brindar a sus parejas, sucesivamente enfermas de un mal incurable, una muerte digna. Vattimo reafirma su fe y considera esos dolores providenciales para su alejamiento de la religión. En sus propias palabras, en traducción de El País: "¿Qué tiene que ver el caso de Eluana con mis relaciones de creyente cristiano con la Iglesia romana? ¿Me alejo de la Iglesia para vengar a Eluana? ¿Es un asunto de rabia privada, de mera indignación que debería saber controlar? No, soy consciente de que se trata de mucho más: es la ocasión providencial -un momento de gracia- en el que me percato por fin de que la Iglesia como estructura histórica merece, evangélicamente, desaparecer.".

    Hadrian Bagration

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  2. Estimado Hadrian:

    Sí claro, Vattimo se ha alejado del catolicismo oficial, aunque creo que nunca ha renunciado a su fe. Me identificó con su búsqueda de lo trascendente. "Creer que se cree" es un gran libro, inspirador me parece. Aprovecho para recomendarlo a los amigos de este blog.

    Un abrazo
    G.B.

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  3. Agradecido de leerlo. Pienso pegarme como una garrapata. Saramago enfermó un día de castroenteritis y de eso murió. Saludos.

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