martes, 19 de mayo de 2026

Mr. Paradise


 Al norte del Río Bravo, la ciudad más tercermundista es Detroit, estado de Michigan, 650 mil habitantes, un tercio de los que tenía hace medio siglo. Un estudio de WalletHub, sitio especializado en finanzas personales, concluyó que la otrora orgullosa capital de la industria automotriz es hoy la urbe más infeliz de Estados Unidos, entre 182 relevadas. Su tasa de homicidios por habitante es diez veces más alta que la de Argentina; supera incluso el promedio nacional de México. El patriciado WASP ha huido de ese enclave de decadencia y frustración.

Fíjese usted, el arte es un fenómeno tan maravilloso que incluso las sociedades más exasperadas tienen su poeta. Elmore Leonard (nacido el 11 de octubre de 1925 en Nueva Orleans, Luisiana, y fallecido el 20 de agosto de 2013 en el municipio de Bloomfield, Michigan) ambientó allí una decena de sus novelas policiales. Se lo llamó el Dickens de Detroit. Así lo describe la Enciclopedia Británica:

"[...] es conocido por su prosa limpia, su oído privilegiado para los diálogos realistas, el uso efectivo de la violencia, su ingenio satírico natural y sus personajes pintorescos".

Un rasgo primordial que caracteriza la obra de Leonard es haber despojado a los villanos de cualquier encanto. Los malos son torpes, vagos, brutos, descontrolados, invariablemente terminan metiendo la pata. Hasta donde uno sabe, nadie ha tallado una galería de perdedores tan extensa y rotunda, especialmente entre la llamada basura blanca.

Como los sicarios Carl Fontana y Art Kruppa de Mr. Paradise (Alianza Editorial, 352 páginas), novela que aquí venimos a recomendar. Los contrató un tal Montez Taylor para asesinar a su patrón, un anciano rico y depravado que, al parecer, no cumplirá la promesa de incluirlo a su asistente personal en el testamento. Taylor deberá pagar 50 mil dólares -que aún no tiene- a los asesinos. El abogado corrupto que les consigue los encargos a los Mutt & Jeff del crimen se queda con el 20% de comisión. Es el mundo real, amigo lector.

La novela está dedicada al Departamento de Homicidios de Detroit. Justamente, los héroes -en un sentido muy prosaico- de la historia son los agentes de la ley. No se andan con tonterías en el universo leonardiano; si tienen que apretar el gatillo, así es la vida. Al fin y al cabo, el mundo es un gramo mejor sin la presencia entre nosotros de ciertas bestias codiciosas y sádicas. Los detectives muestran todas las flaquezas de cualquier mortal, excepto la corrupción.

MAQUINA DE NARRAR

En cuanto a la prosa -siempre hay algo que decir del estilo-, Leonard es una de las más eficaces máquinas de narrar. No se detiene en densidades estilísticas. Hace un cuarto de siglo escribió un artículo muy celebrado en The New York Times con diez sugerencias para escritores de novelas policiales.

Una de ellas es usar un signo de admiración cada diez mil palabras; otra: no uses un verbo distinto a "dijo" para los diálogos. "La línea de diálogo pertenece al personaje; el verbo es el escritor metiendo las narices donde no debe", estableció este maestro de la claridad y el ritmo.

El señor Leonard no solo nos ha dejado hermosas novelas (escribió 45). También ha inspirado una de las mejores series de televisión de nuestro siglo. En efecto, el cuento Fire in the Hole sirvió de inspiración para Justified (2010-2015), que se centra en un lacónico alguacil estadounidense llamado Raylan Givens (interpretado por Timothy Olyphant), de gatillo rápido y métodos del Viejo Oeste.

Las seis temporadas se ambientaron en el condado rural de Harlan, Kentucky. En 2023 se emitió la secuela Justified: Ciudad salvaje. En busca de un asesino en serie, el marshal debe llevar sus pistolas a… Detroit.

Guillermo Belcore

Calificación: Buena

sábado, 16 de mayo de 2026

Sin decir adiós


 La literatura escrita a cuatro manos -hasta donde uno sabe- no ha generado obras maestras, con la posible excepción de las Baladas líricas, de William Wordsworth y Samuel Taylor Coleridge, considerada el puntapié inicial del movimiento romántico en el Reino Unido. El dueto produjo sí, algunos productos notables como Seis problemas para don Isidro Parodi, incursión en el genero policial de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares (nada menos); y la estupenda saga de ficción espacial The Expanse de Daniel Abraham y Ty Franck, compuesta bajo el seudónimo de James S.A. Corey. También engendró novelas decepcionantes como las que acaban de presentar la actriz, empresaria y militante feminista Reese Witherspoon (Nueva Orleans, 1976) y el as del thriller de suspenso Harlan Coben (Newark, 1962).


La versión oficial consigna que Witherspoon (ganadora del Oscar en 2005 por su papel en Walk the Line) le acercó al afamado escritor una propuesta: 

“Dar forma a una novela llena de intrigas médicas y corrupción a gran escala, todo ello centrado en una cirujana cuyo superpoder es su gran habilidad quirúrgica”.


El resultado de la combinación de fuerzas es Sin decir adios (410 páginas), que el sello RBA acaba de lanzar en la hispanosfera. El escritor neoyerseíno aportó su maestría para los giros imprevistos en la trama, que permiten al lector engancharse hasta el final sin dificultades, pero la historia es tan inverosímil, los personajes tan planos y los diálogos tan insustanciales que difícilmente alguien pueda calificarla por encima de los cinco puntos. Podría decirse que Coben ha bajado un escalón en la calidad de sus manufacturas, dos de las cuales habíamos elogiado en este diario.


La protagonista es Maggie McCabe, brillante cirujana caída en desgracia desde la muerte de su marido, también doctor. Al bueno de Marc lo cortó en pedacitos un comando insurgente en algún lugar del norte de Africa mientras trataba de salvar vidas en un hospital de campaña. Era un buen samaritano; un “médico sin fronteras”.


Maggie se derrumba, consume drogas, es acusada de mala praxis, pierde su licencia médica. Hasta que un día recibe una propuesta increíble de un oligarca ruso que le permitirá resolver sus problemas económicos y legales. Tiene que hacer a cambio dos cirugías cerca de Moscú, pero, obviamente, nada es lo que parece y desde su llegada a la mansión despampanante de Oleg Ragoravich se desata una sucesión desenfrenada de acontecimientos por tres continentes que involucra a espías, sicarios, multimillonarios, moteros, guardaespaldas goriloides, médicos venales, una chica fatal, tráfico de órganos. Es decir, la obra degenera en novela de acción, aunque hay material serio debajo del entretenimiento fácil.


Como usted sabe, pocas cosas le resultan más encantadoras a la cultura estadounidenses que endiosar a los ciudadanos comunes; es decir, dentro de cada hijo o hija del vecino puede existir un superhéroe. Sin decir adiós, cae en la tentación del “democratismo americano”. Maggie, la cirujana, es invulnerable y muestra la fuerza y la agilidad de la princesa Diana de Temyscira.


Cabe suponer que Witherspoon ha aportado al libro una acendrada “perspectiva de género”. La actriz creó un exitoso club de lectura (Reese's Book Club) que se ha destacado por promocionar novelas escritas por y sobre mujeres. Por ello, en Sin decir adiós hay un solo personaje masculino más o menos positivo (entre los vivos) y el lector debe soportar píldoras militantes como la denuncia sesgada de la apropiación cultural o la reivindicación de la sororidad. ¡Oh, corrección política, cuántas tonterías se cometen en tu nombre!


Por otra lado, el dúo sigue a pie juntillas ese mandato editorial que sostiene que el bestseller contemporáneo siempre tiene que enseñarle algo al vulgo. Aquí nos ilustran sobre los caprichos de la oligarquía rusa, los detalles de una cirugía estética de senos, las posibilidades de los bots de duelos, el esplendor hueco de Dubai. Witherspoon y Coben pretenden, incluso, enseñarnos a leer una novela: “...se lee despacio, disfrutando de ellas, asegurándose de que cada escena cobra vida a todo color en el pensamiento…”


Netflix, que mantiene una pingüe asociación comercial con Harlan Coben, ya ha comprado los derechos del texto. Veremos que sale. Es lógico suponer que la sociedad Witherspoon-Coben nació pensando en la pantalla, no en el papel

Guillermo Belcore

Calificación: Regular

miércoles, 29 de abril de 2026

La reina de la montaña


Por Víctor Pavic Lundberg

Novela policial

Motus. 516 páginas


El policial nórdico es, posiblemente, la subespecie literaria que más se ha adocenado en el siglo XXI. Abundan los periodistas que buscan fortuna y dejar huella con una novela. Así, proliferan en Escandinavia productos que, al resignar originalidad, discernimiento, intensidad expresiva y profundidad psicológica -cuatro elementos que conforman la potencia estética de una obra-, se degradan hasta la categoría de literatura de supermercado. La industria editorial inflige este deterioro al resto del mundo.

Un caso paradigmático de esta suerte de entropía es La reina de la montaña, de Victor Pavic Lundberg (1987), editor del diario Aftonbladet y productor televisivo. La tapa nos informa que el autor ganó en Suecia el Premio Crime Time a la mejor ópera prima en 2022.

Ha escrito Lundberg una trilogía con los periodistas Loa Bergman y Danijela Mirkovic como protagonistas. El último tomo ostenta algunas virtudes. La prosa es altamente legible, lleva al lector a variados escenarios, plantea tres misterios y una reflexión sobre la degradación del periodismo tradicional. Ya no se trata de mejorar al mundo o transmitir cultura; el éxito se mide ahora en cantidad de clics.

El núcleo incandescente es un secreto de los años ochenta que involucra a la popular ministra de Relaciones Exteriores de Suecia. Si sale a la luz, frustrará su ascenso al timón del Estado; todo indica que será la próxima primera ministra.

Loa Bergman viaja a Chicago para seguir los pasos de la funcionaria cuando era una adolescente. Danijela Mirkovic es víctima de una extorsión y debe volver a su Bosnia natal, pero -¡oh casualidad- frente a la costa de Istria vuelan en pedazos a la hermana de la ministra y su jefe en el diario le encarga investigar en Croacia. Una tercera línea narrativa explora una supuesta injusticia que se cometió contra un diplomático sueco, acusado de venderse al espionaje ruso en los noventa. Naturalmente, todo está relacionado con todo.

De esta manera, la investigación y el paciente método deductivo corren por cuenta de periodistas vulgares y corrientes. Aquí, no hay un cínico detective, con réplicas verbales como aguijones, aficionado a la ironía, el alcohol y las mujeres fatales, buscando pistas en antros que llamaríamos de perdición si los parroquianos no estuvieran ya completamente perdidos.

Hay en el Nordic Noir descafeinado, en cambio, gente normal, políticamente correcta, indagando en Internet y en una red social llamada Flashback, tratando de desenterrar el pasado en colecciones de diarios; y practicando el insustituible y agresivo trabajo callejero. Más bien, Lundberg retrata a los policías como torpes o corrompidos, en general.

En conclusión, esta obra podría recomendarse a ese tipo de lector que gusta del armado de rompecabezas y no desea que lo pongan a prueba con densidades temáticas y estilísticas.

Guillermo Belcore

Calificación: Regular

lunes, 27 de abril de 2026

Hipervínculos


Nacimos en un andurrial del mundo: el Extremo Occidente, según la visión del profesor Samuel Huntington. La Provindencia nos condenó a la frustración económica y la bobería política, estamos tentados de pensar. Pero algunas almas sensibles se han revelado contra la mediocridad provinciana que inevitablemente causa el aislamiento y el subdesarrollo. Su Acto como Proyecto -en el sentido sartreano- es el del titán Atlas: cargar el mundo sobre sus espaldas. Como alguna vez conjeturó Borges, el derecho del intelectual argentino es asimilar y procesar un aluvión de culturas foráneas para crear arte y comentario desde nuestra peculiar cosmovisión, sin la fastidiosa carga del color local. A la estirpe dorada de los universalistas, pertenece el librero y escritor Danilo Albero.

Durante años y con la dedicación amorosa del orfebre, Albero escribió notas semanales en su página web. Las mejores fueron reunidas en un libro que aquí venimos a recomendar. Hipervínculos (Editorial Hugo Benjamín 255 páginas) es una fiesta de erudición y belleza.

El título, desde ya, invoca el nexo -resaltado o subrayado en azul- que en la Internet nos remite a otros datos. Al Señor Albero le encanta unir puntos, cruzar fronteras, explorar tradiciones, deconstruir influencias, saltar de una expresión artística a otra (de la literatura a la fotografía, a la historieta, a la pintura, al cine, a la música...) “de manera azarosa como el fluir de la conciencia de Joyce”, explica en una especie de autopresentación. El procedimiento narrativo tiene esa virtud, como enseñó Stevenson, sin la cual todas las demas son inútiles: el encanto.


La erótica de la obra proviene de cuatro diosas que soplan al oído de Albero:

a) Didáctica: Cada uno de los textos deja algo al lector curioso. El autor es un virtuoso de la cita y de la anécdota; un estudioso del diccionario y la enciclopedia. Obra también como maestro de lecturas y cicerone de museos.

b) Filología: Albero se mueve como pez en el agua en el universo de los significados y la musicalidad de las palabras. Es una de esas personas a las que conmueven los vocablos raros y escogidos; los arcaísmos y los neologismos como “nomofobia”, el miedo irracional a estar sin el teléfono móvil, sin conexión a internet o sin carga de batería. Naturalmente la etimología es otra de sus pasiones.

c) Elegancia: Siempre algo de la prosa hay que decir. La escritura de Alberto combina claridad con finura. La forma está a la altura del contenido.

d) Pertinencia: La temática de libro aborda cuestiones trascendentes como los efectos de la cuarentena interminable por el covid, las fuentes de insipiración del escritor o la posverdad (existen cinco clases de fakes news al parecer: mentira pura, mentira por la estructura, furia selectiva, apelación emotiva, retractación oculta). Pero también se salpimenta con comentarios sobre asuntos de bajo calado como la preparación del Dry Martini en Estados Unidos o las parafilias de grandes escritores, caso el fetichismo de José Mármol con los pies. Muy interesantes, además, son las evocación de diálogos del autor con Fogwill y María Kodama.  
   

EL HILO DORADO


Si hay un hilo dorado que caracteriza al libro es el gusto del autor por los clásicos, un concepto artístico que empuña de una manera muy amplia, desde Homero hasta Ian Fleming. Nos regala, incluso una bellísima definición de Italo Calvino: 

”...clásico es el libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir”.

La obra, finalmente, es un bálsamo por dos razones. En primer lugar, por la colosal cantidad de conocimientos que pone en juego, justamente en una era en la que la norma camina por la vereda de enfrente: la de la superficialidad, la ignorancia celebrada y lo inane. En segundo lugar, Albero presenta batalla a ciertas pestes contemporáneas que tantas obras y personalidades valiosas han estragado, como la corrección política o las denuncias alocadas de apropiación cultural.

Volvamos al principio. En el prólogo, Vicente Battista, define a Danilo Albero como una Rara Avis y lo emparenta con Sarmiento, Macedonio, Cortazar, Borges y Bioy. La estirpe, como decíamos, de aquellos creadores argentinos a los que nada de la excelencia occidental les resulta ajeno.

Guillermo Belcore

Calificación: Muy bueno

viernes, 3 de abril de 2026

El erizo y el zorro



Básicamente, hay dos clases de intelectuales: los erizos y los zorros.
Los primeros son monistas; explican toda la realidad con un único sistema. Los segundos son pluralistas, escépticos, admiten los límites de la comprensión humana. El campeón de los erizos es Karl Marx, pero también Dante, Platón, Lucrecio, Pascal, Hegel, Dostoievski, Nietzsche y Proust pertenecen a esa categoría. Por el contrario, Heródoto, Montaigne, Erasmo, Moliere, Goethe, Balzac son zorros.


El autor de tan elegante y precisa clasificación es un zorro de 50 kilates. Su nombre, Isaiah Berlin (1909–1997), “influyente filósofo británico e historiador de las ideas, reconocido como fundador de la historia intelectual moderna y defensor del liberalismo”, según describe la Enciclopedia Británica.


Berlin incluyó la antinomia en un genial estudio sobre la concepción de la historia de Lev Nikoláievich Tolstoi, publicado por primera vez en 1951 en una oscura revista de estudios eslavos y desde entonces reimpreso como ensayo, admirado por erúditos y público en general, y debatido hasta el tuétano en todos los centros de cultura occidentales. Es el libro que aquí venimos a recomendar.


Hemos tenido la fortuna de leerlo en portugués (O ouriço e a raposa, Editorial Civilización Brasileira, 188 páginas). La cuidada edición brasileña incluye, entre otras gemas, un prólogo de Michael Ignatieff, destacado historiador y expolítico canadiense, reconocido sobre todo por ser el biógrafo autorizado de Berlin. Las versiones en español del encantador ensayo se consiguen fácilmente.


Usted se preguntará de dónde ha sacado Berlín la idea de esos dos animalitos. De un fragmento de un poema del griego Arquíloco (680 aC-645 aC) que dice así: 

“Un zorro sabe muchas cosas, pero el erizo sabe sólo una gran cosa”. 

El verdadero significado del verso ha sido también motivo de intenso debate, incluso -se explica en la edición brasileña- podría tener un matiz sexual (sería la respuesta de una dama que intentaba ser seducida hace unos 2.600 años).

Volviendo al libro, la tesis de Berlin es que el gran Tolstoi fue por temperamento un erizo, pero su razón lo empujaba a escribir y actuar como un zorro. Es decir, tuvo un ardoroso deseo de una visión monista, pero siempre se detuvo, con prudencia, en los lindes de la Tierra Prometida. Como tantos de sus semejantes infelices lo desgarraba un conflicto irreconciliable entre instintos y aspiraciones intelectuales. Su drama, además, fue carecer de una perspectiva positiva.


Esa tempestad interior es la materia prima con que el ilustre pensador británico escribió una de las mejores críticas literarias de todos los tiempos, según han descatado un par de encuestas en la anglósfera. El análisis que hizo de las influencias que modelaron el pensamiento del novelista rusa es sublime. Desmenuzó, además, pasajes y personajes de Guerra y paz y examinó la correspondencia del literato. El estilo de Berlin refulge por su claridad, luminosa como una mañana soleada en Buenos Aires.


Si bien la obra de Berlin es esencialmente literaria, el lector inteligente sacará conclusiones que pueden ser aplicadas a la arena ciudadana de nuestros días. Es otro valor del texto. Concluirá ese lector que, en términos políticos, los erizos son fanáticos cuyas ideas conducen al desastre económico y social. Los zorros son tolerantes, esclarecidos y humanistas en el sentido real del vocablo.


A pesar de la veneración que suscita una mente como la de Isaiah Berlin hay que decir que no inventó nada. Incluso, el mejor de nuestros zorros ya había planteado la disyunción intelectual que describió el inglés.


Jorge Luis Borges, quién si no, rescató la frase "todos los hombres nacen aristotélicos o platónicos" del poeta Samuel Coleridge en varias ocasiones.


“Los últimos intuyen que las ideas son realidades; los primeros, que son generalizaciones; para éstos, el lenguaje no es otra cosa que un sistema de símbolos arbitrarios; para aquéllos, es el mapa del universo. El platónico sabe que el universo es de algún modo un cosmos, un orden; ese orden, para el aristotélico, puede ser un error o una ficción de nuestro conocimiento parcial. A través de las latitudes y de las épocas, los dos antagonistas inmortales cambian de dialecto y de nombre”, escribió el maestro en Otras Inquisiciones.


¡Dios nos libre de los erizos de la política que ven las ideas como realidades!

Guillermo Belcore


Calificación: Excelente 






sábado, 21 de marzo de 2026

Suite inolvidable

Por Akira Mizubayashi 

Edhasa. Novela de 239 páginas 



En su novela más reciente, Akira Mizubayashi, literato japonés que escribe en francés, postula que el culmen de la civilización es la música clásica del Siglo de las Luces. Una hipótesis interesante. Culturas hay muchas; humanidad una sola. En su cima, relumbra Johann Sebastian Bach. Un refugio para los espíritus sensibles contra la barbarie, pero un refugio precario, ilusorio. Desde el 4 de septiembre del año 476 después de Cristo, sabemos que la civilización necesita un ejército poderoso para subsistir.


Suite inolvidable fue entregada a la imprenta en 2023. Llegó ahora a la Argentina. El núcleo incandescente es la desaparición prematura de un músico genial en el Japón de 1945. Otro alma que dejó este mundo antes de tiempo, entre las veinte millones de vidas destrozadas por la maquinaria bélica del fascismo oriental. Otra víctima de la Guerra de los Quince Años (así llaman en Japón al período diabólico que va desde la invasión en Manchuria hasta la rendición en la bahía de Tokyo).


La trama, trozada en capitulitos, se despliega en dos tiempos. En 1945, conocemos a Ken Mizutani (25 años), maestro del violonchelo. Recibe un día la temible papeleta roja. El Cuartel General Imperial lo convoca para las fauces de la guerra; ha llegado a su fin la dispensa para universitarios, intelectuales, artistas. Faltan hombres para la inútil y desesperada resistencia nipona.


Ken visita a su amante para despedirse. Hortense Schmidt (36), nacida en Francia, tiene un modesto taller de luthería perdido en el macizo del monte Asama. Después de una noche de pasión que traerá consecuencias, se dejan mensajes para la posteridad.


Páginas más adelante, se narra otra tragedia familiar: el dolor que provoca la muerte en batalla del hijo de Ryo Kanda, médico rural que se rebeló contra el culto fanático del emperador y así le fue. Aquí también, se talla un mensaje para los que vendrán: In terra pax hominus bonae voluntatis.


La historia salta a nuestro tiempo. Descendientes de aquellos personajes reconstruyen lo ocurrido, rinden homenajes a los muertos. Mizubayashi nos ubica en el mundo de la luthería y la interpretación musical, con una vibrante denuncia de la locura asesina de su Patria extraviada en los años cuarenta. Es una novela de nobles intenciones, que plantea la antinomia nacionalismo estrecho vs. pacifismo cosmopolita, pero la ejecución es defectuosa.


ECFRASIS MUSICAL 

¿Defectuosa, dijimos? Sí. En primer lugar, por el tallado de los personajes. Son planos. Y los diálogos, ñoños. No es que todos los escritores tengan la obligación de asombrarnos con la adjetivación como lo hacían un Borges o un Onetti, pero las combinaciones del señor Mizubayashi (Sakata, 1951) son propias de un novato: "sonrisa cómplice", "tono travieso", "mirada pícara", "alegría inefable"... Una y otra vez sucumbe el autor a ese sentimentalismo que creíamos superado a fines del siglo XIX. Es una prosa romántica para aquellas personas a las que las densidades estilísticas fastidian. Y hay párrafos que parecen extraídos de la Wikipedia. ¡Oh, ese vicio de querer explicarlo todo!


Por otra parte, el libro apuesta buena parte de su éxito estético a un procedimiento que ni siquiera Proust pudo consagrar: el écfrasis musical. El diccionario lo define así: "Capturar lo intangible de la música y convertirlo en algo concreto a través de las palabras".


¿Consigue Mizubayashi conmovernos con la belleza del Preludio de la primera suite para violonchelo solo de Johann Sebastian Bach? La prensa francesa, que cubrió esta novela de elogios, cree que sí. El crítico de Le Monde afirma que "la escritura de A.M. logra que el lector sienta físicamente la música". Otros comentaristas aseguran que la forma de composición del libro se asemeja a una partitura. Preferimos dejar la cuestión abierta. Quizás, se nos escapa algo trascendente a los que no estamos entrenados en la música clásica.


Volvemos al principio. Puede que lo mejor de la obra sea el mensaje contra la guerra de conquista y el despotismo. Hay un mundo superior frente a esos demonios. La música de Bach es "como un hombre solitario que camina en la penumbra con una antorcha en la mano iluminando el camino".

Guillermo Belcore

Calificación: Regular

miércoles, 18 de marzo de 2026

El fin de las embajadas


Entre todas las elites que ha engendrado la Ilustración una de las más interesantes es la aristocracia diplomática.
Una especie de sacerdocio; una casta cosmopolita que fue devorada por aquel furor ideológico y chauvinista que provocó dos guerra mundiales en la primera mitad del siglo XX. “La finalidad de nuestra carrera es conciliar los patriotismos, no exacerbarlos”, era su premisa.

Uno de los hildalgos de la diplomacia historió ese proceso de destrucción en una novela deliciosa que no debería ser ignorada por todo aquel lector interesado en la marcha de Francia hacia el abismo, la ocupación nazi de París, el régimen de Vichy, la liberación de 1944 (y sus miserias).

El fin de las embajadas fue entregada a la imprenta por primera vez en 1953 y aún hoy se lee con placer y provecho. Es una sátira muy divertida. Su autor, Roger Peyrefitte (1907-2000), es considerado el homosexual francés más famoso del siglo XX. Descolló por su pluma mordaz (escribió más de cincuenta libros) y por su gusto por encandalizar. Se hizo famoso por su fervor militante en favor de los derechos de la minoría y por -todo hay que decirlo- una inclinación atroz: buscó adolescentes por toda Europa. Se jactaba de preferir los corderitos por sobre los carneros.

Pero a esta columna nunca le interesó indagar en las preferencias sexuales; le interesa la calidad de una obra. Y Peyrefitte nos ha dejado algunos libros muy buenos. La fin des ambassades es uno de ellos. Una nación en decadencia narrada por un aristócrata decadente. ¿Qué más se puede pedir?

En rigor de verdad, se trata de la continuación de Las embajadas, novela que recoge las experiencias del propio autor como secretario de la embajada francesa en Atenas. Antes de dedicarse de lleno a la literatura, Peyrefitte sirvió en el servicio diplomático de Francia. Ajustó cuentas con los burócratas del Quai d'Orsay con esos dos libros, justamente.

Con prosa elegante y límpida, que parece más inglesa que gala (aunque el ingenio es volteriano), Peyrefitte narra en El fin de las embajadas hechos relevantes de la II Guerra Mundial; evoca personalidades de la época, como el mariscal Petain ("un anciano que le declaró la guerra al goce"); delata traiciones; execra oportunistas; despelleja a colegas de la pluma (Paul Claudel, Jean Giraudoux) y el funcionariado. Crítica social de alto vuelo, con magníficos retratos. Hay personajes demoníacos, como el Sturmbahhführer Karl Bömelburg, jefe de la Gestapo (sección IV) en la Francia ocupada.

Su alter ego en la trama se llama George de Sarré, diplomático de carrera, que sirvió a la Tercera República Francesa y a Vichy. Fue purgado dos veces; por los fascistas, primero, por los antifascistas después, so pretexto de “indignidad diplomática”.

Estoico en horas trágicos nos deja un consejo útil: ante la adversidad, dedicarse a los ocios, a la lectura y a la pereza (“las delicias del reposo”). Dedicarle el menor tiempo posible a la vida mundana, pues.

El esteta Peyrefitte fue un halcón para identificar las debilidades humanas y la estupidez contemporánea, incluso la institucional. Y se mofó de ellas. Pasaron casi ochenta años y sus estiletazos no han perdido vigencia. Como éste: 

“Los que no están seguros de su talento ponen mucho empeño en llamar la atención”.


Guillermo Belcore

Calificación: Muy bueno

jueves, 26 de febrero de 2026

En tierra de santos y pecadores


Dirección: Roberto Lorenz. Guion: Mark Michael McNally y Terry Loane. Reparto: Liam Neeson, Kerry Condon, Jack Gleeson, Colm Meaney, Ciarán Hinds, Michelle Gleeson, Niamh Cusack. Duración: 106 minutos. País: Irlanda. Plataforma: Netflix.



El terrorismo de los años setenta alimentado por la Unión Soviética y sus vasallos, que sumió a Occidente en una suerte de miniguerra civil, es tanto un fenómeno político (no social) como psicológico. En efecto, debajo de esa máscara aberrante conocida como el revolucionario se encuentran el resentimiento, el cinismo y psicopatías varias, como el fanatismo y la obsesión compulsiva. Un thriller filmado en 2023 delata sin ambages aquella realidad.


En la Tierra de los Santos y los Pecadores ya está disponible en Netflix. Es una película con un drama atractivo y buenos intérpretes. En primer lugar, Liam Neeson (1952), con su papel protagónico de un asesino a sueldo que trabaja con una especie de código moral pero que se ha hastiado de todo. Demuestra la profundidad del personaje que el veterano actor está para mucho más que vengador de películas pochocleras.


La trama nos lleva al condado más septeptrional de Irlanda. Donegal limita por tierra con el Ulster y su austera belleza de montañas bajas y costa dentada ha sido muy bien retratada por el director Robert Lorenz, conocido por sus años de colaboraciones con Clint Eastwood.


Neeson es Finbar Murphy. Trabaja para un jefe del crimen local (Colm Meaney), pero siente que ha llegado el momento de retirarse. Se hace pasar por vendedor de libros y uno de sus amigos es el polícía del pueblo (Ciarán Hinds) con quien conversa sobre Dostoieski. Ha perdido la cuenta de cuantos hombres liquidó por encargo desde que volvió de la Segunda Guerra Mundial y murió su mujer. Ya sabe usted como es la vida. El humano propone pero el diablo suele meter la cola. El anciano solitario no podrá dejar las armas y construir un jardín.


Al tranquilo poblado de Gleann Colm Cille, ha llegado una célula del Ejército Republicano Irlandés (IRA). Se oculta en una cabaña tras haber perpetrado un atentado con explosivos en Belfast que mató a seis personas, entre ellos tres niños. Uno de esos extremistas es un abusador de menores, Finbar lo mata tras el ultraje a la pequeña Moya (Michelle Gleeson), hija de su amiga, y así llegamos al núcleo incandescente del film: el intento de venganza del resto de la pandilla terrorista. A su frente esta la hermana del pervertido, Doireann, espléndidamente interpretada por Kerry Condon (1983). Su personalidad de bruja espantosa refiere a quienes eran en verdad aquellos “jóvenes idealistas” de los setenta.


También resulta interesante el cáracter de Kevin (Jack Gleeson), el sicario joven que exaspera a Finbar porque mata con una frivolidad intolerable.


EL SICARIO ARREPENTIDO


Es posible que el sicario arrepentido se haya convertido en un lugar común de las películas de acción, pero En la tierra de santos y pecadores nos advierte que aún se puede encontrar un giro interesante al papel.


Otro valor agregado es la llamada irlandidad, esa singular visión cultural y espiritual que disfrutamos en escritores como John Banville o John McGahern. Implica, como escribimos alguna vez en este diario, cierta dosis de angustia y culpa; la fe que flaquea; la importancia decisiva de la familia, el clan y la patria; la búsqueda de pureza; la presencia de Dios, en fin.


Fue un gran acierto de Lorenz haber elegido buenos actores nacidos en la isla verde esmeralda para este film, escrito por Mark Michael McNally y Terry Loane. Es decir, los acentos son auténticos.


La crítica anglosajona lo ha catalogado como un "western irlandés" por su estructura clásica (¡oh, el cliché del tiroteo en la cantina!) y por las influencias de Clint Eastwood. No es una mala definición.

Guillermo Belcore


Calificación: Bueno

martes, 10 de febrero de 2026

Contrafactuales ¿Y si todo hubiera sido diferente?

 


El escepticismo posmoderno abrió las compuertas. Las viejas certezas ideológicas se hundieron y la imaginación del estudioso y del literato produjo un torrente de ensayos y ficciones sobre lo que pudo haber pasado. La historia alternativa se puso de moda, llamando la atención de los investigadores más serios, como Rosendo Fraga (1 y 2), autor de los dos mejores libros argentinos de un subgénero que se ha convertido en una industria editorial por mérito propio.

Ahora bien, ¿se trata de -como sostenía E. H. Carr- de “un entretenido juego de salón” o bien es otra herramienta solvente para investigar el pasado? Dicho de otra forma, ¿es útil especular sobre los distintos caminos que habría podido tomar la historia?

Un apretado ensayo que hoy se consigue en las mesas de saldo de la Argentina ofrece respuestas a esos dos interrogantes con erudición, elegancia y escépticismo. Contrafactuales ¿Y si todo hubiera sido diferente? (Turner Noema, 192 páginas) fue entregado a la imprenta en 2014, pero no ha perdido una gramo de frescura e interés. El tema aún está abierto.

El autor es un prestigioso historiador inglés que se especializó en la historia política del siglo XIX y XX, con especial foco en la Alemania moderna. Básicamente, sir Richard J. Evans sostiene que las especulaciones contrafactuales solo tienen valor académico cuando se concentran en el corto plazo. Es decir, privados de verdaderos materiales empíricos, su contribución a las ciencias sociales sería marginal y siempre limitada a objetivos puntuales.

La reescritura mínima de la historia, afirma Evans, puede ser necesaria para iluminar "las decisiones a los que se enfrentaron determinados políticos y estadistas y las limitaciones que el contexto histórico impuso sobre esa decisión... pero cuando más se aleja del punto de partida más utilidad pierde"... Sería más literatura que conocimiento, es su tesis.

La bestia negra de Evans es nada menos que un pionero en este campo, Niall Ferguson, el autor y compilador del ensayo coral Historia virtual, uno de los grandes libros del fines del.siglo XX (Ferguson, dicho sea de paso, es un gran admirador de Javier Milei, al punto que visitó Buenos Aires el año pasado).

Evans no sólo se dedica a demoler las premisas de Ferguson en favor de la indagación contrafactual sino que refuta sus conjeturas sobre lo que hubiera pasado en Europa si Gran Bretaña se mantenía neutral en 1914. Lo acusa, aunque veladamente, del peor defecto entre los que se dedican a reflexionar sobre lo que pudo haber pasado: proyectar sus deseos.

MAESTRO DE LECTURAS

Polémicas al margen, el libro tiene otro valor añadido: señala lecturas interesantes. Quien esto escribe, por ejemplo, anotó en su cuaderno de notas: Conseguir libros y artículos de Peter Tsouras, un teniente coronel retirado de Estados Unidos que exploró un desastre aliado en Normandía, una Tercera Guerra Mundial, un intervención británica a favor de los Confederados, entre otros supuestos. Y La algarabía de Jorge Semprum, ucronía publicada en 1981, que sitúa la acción en una Francia en la que el presidente Charles de Gaulle ha muerto prematuramente en un accidente de helicóptero. Y el cuento de Saki Cuando llegó Guillermo que describe una Gran Bretaña que gime bajo la bota de hierro del Kaiser.

Por fortuna, Evans es uno de esos catedráticos que también disfrutan de esas obras que provienen del "trance embriagador de la imaginación especulativa". Por eso, cubre de elogios, entre otras, la popular Fatherland de Robert Harris, una distopía ambientada en Alemania en 1964, bajo el supuesto de que Hitler ganó la Segunda Guerra Mundial.

Y rescata Evans la primera historia alternativa "extensa y reconocible". Un panfleto escrito en 1836 por un tal Louis Geoffroy con el título Napoleón y la conquista del mundo. Aquel afiebrado bonapartista concibe que el emperador en lugar de tratar de conquistar Moscú marcha hacia el norte rumbo a San Petersburgo, inflige una severa derrota al ejército ruso, captura al zar Alejandro y ocupa Suecia. Después, completa la conquista de España, invade Inglaterra y la destroza. En 1817 borra a Prusia del mapa; cuatro años más tarde arrasa un ejército islámico cerca de Jerusalén y se lleva la Piedra Negra a París. En 1827, todos los presidentes de América pidieron su incorporación a Francia después de que Napoleón conquistara China y Japón...

Hay que destacar, por último, que Evans reconoce a la historia alternativa una enorme contribución filosófica:

”...su intención explícita es recuperar el libre albedrío y la contingencia de la historia y restablecer el actor individual en una historia estudiada demasiado a menudo en términos de fuerzas impersonales".

La libertad, por encima de todo.

Ninguna persona razonable puede hoy en día ser un determinista, sostenemos desde esta trinchera. Sólo los encadenados a los dogmas del estalinismo, coincide Evans.

Guillermo Belcore

Calificación: Muy bueno

jueves, 22 de enero de 2026

Lo bueno, lo malo y lo feo




Marcos Novaro

Edhasa

Ensayo de política. 159 páginas.


Este libro fue sacado antes del horno. Dos o tres meses antes. Un análisis serio de los dos primeros años de la presidencia Javier Milei no debería omitir el hecho político más importante de su mandato: la rotunda victoria en las elecciones legislativas de medio término. Es una pena. Nos hubiera gustado conocer la interpretación de Marcos Novaro, un sociólogo de probada inteligencia, del 26-O.


Dos años de discusiones y lecturas compartidas con colegas y amigos es el metal noble con que se forjó este breve pero nutritivo ensayo, explica su autor al final. Siempre es loable el uso de esa herramienta que Borges llamaba "la inteligencia de comprender". Pero como cualquier ensayo de este tipo escrito por una persona intensamente argentina tiene un sesgo muy marcado. Al Sr Novaro no le gusta el Presidente de la Nación. Lo rebaja a la categoría de "populismo de derecha". Postula en la página 55:

 "Javier Milei y Cristina Kirchner bien pueden verse como cara y contracara local de un mismo fenómeno mundial: la radicalización ideológica de la competencia en los sistemas democráticos".


Sostiene el ensayista que el Javier Milei más positivo para la Argentina es aquel que debe operar bajo estrictas restricciones. Un Milei desatado -con su "visión religiosa, maniquea y desorbitada de su propio rol"- es una pesadilla para la sensibilidad y creencias de Novaro. También le encuentra parecidos con Juan Perón. Ambos serían "aventureros del poder, doctrinarios disfrazados de oportunistas, oportunistas disfrazados de autoritarios".


Inspirado en pensadores marginales como Murray Rothbard y Hans Hoppe, Milei es acusado en la página 14 de no ser "un liberal en casi todos los asuntos políticos, institucionales y culturales en juego en nuestros días". Ahora bien, qué es lo que Novaro entiende por "populismo". Su definición favorita es la que pone el acento en un rasgo supuestamente esencial: la contraposición que plantea entre el pueblo virtuoso y sus enemigos (la casta, en este caso).


Quien esto escribe prefiere centrarse más en hechos que en los discursos, los que -como Foucault ha enseñado- siempre serán "tácticamente reversibles", como si se tratase de ropajes. Llamemos populismo, entonces, al “distribucionismo que nunca se atiene a un presupuesto". Milei, ergo, no es un político populista. Habría que buscar otra denominación más exacta.


PARANGONES


Novaro dedica páginas a comparar la experiencia libertaria con otros dos "populismos" vernáculos: el menemismo y el kirchnerismo. Sus críticas al peronismo de izquierda que arruinó a la Argentina son impecables. Y en la presentación del libro hay una clave de análisis, brillante, que de alguna manera contradice alguna de las aseveraciones posteriores ("Milei es un extremista como Trump, Bolsonaro, Orban o Abascal que actúa en un contexto diferente"). Sostiene el investigador del Conicet que los líderes y los movimientos políticos deben ser juzgados por si pueden o no cumplir la función que la sociedad les ha dado. Alfonsín fue exitoso porque logró estabilizar un conjunto de reglas democráticas. Menen, porque logró frenar la inflación y modernizar la economía. Los Kirchner por restablecer grados aceptables de integración e igualdad social.


Entonces, cuál es el mandato que Javier Milei recibió de los argentinos. En el terreno de las conjeturas, diríamos bajar la inflación, que el Estado le quite la pata de encima a los ciudadanos comunes y a los productores, combatir los irritantes privilegios de esa casta de vivillos que mama de la teta del Ogro filantrópico. Desde este punto de vista, lo estaría consiguiendo.


Con muy buen tino, el autor de este libro teme que lo malo y lo feo de Milei terminen estragando lo bueno, es decir bloqueando los objetivos económicos que provienen del mandato popular. Esta es una de las tesis fundamentales del volumen.


Marcos Novaro milita en el campo que el pensador Giuliano da Empoli ha denominado "el consenso de Davos". Su compromiso con la separación de poderes, la institucionalidad (incluso con los buenos modales), el estatismo benévolo y racional, con un tinte progresista, parece inquebrantable.


Deja un mensaje esperanzador porque "el contexto importa siempre más que los deseos de los líderes" (que lo diga Cristina, si no). El fenómeno Milei no podrá tener nunca una deriva autoritaria porque "al abrir los mercados para los intercambios espontáneos... también el mercado político se va a abrir más y más", pronostica Novaro. La venganza de Schumpeter a los libertarios.

Guillermo Belcore

Calificación: Regular