martes, 19 de septiembre de 2017

El aliento del cielo

Carson McCullers­

Editorial Seix Barral. Colección de cuentos y tres novelas cortas en 540 páginas. Edición 2007


Un hilo secreto vincula a nuestra América latina con el sur profundo de Estados Unidos. La buena literatura se ha encargado de revelar los vínculos íntimos entre esas dos masas de tierra signadas por la injusticia, la belleza y la desmesura. Puede afirmarse sin temor a exagerar, que todo Gabriel García Márquez se encuentra prefigurado en un cuento de William Faulkner. El mismo aire de familia se percibe en La balada del café triste, forjado por Carson McCullers (Georgia 1917-1967) en 1943, acaso el mejor escrito de esta narradora imprescindible. El primo Lymon es seguramente un duende de pantano. Bien pudo nacer en México o Colombia, Amelia Evans, una marimacho temible pero vulnerable.
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Un sello español ha rescatado del injusto olvido a una voz sureña que, según la autorizada definición de Harold Bloom, recreó como pocos “un universo desesperado por amar y ser amado”. Graham Greene también se vio seducido por la sensibilidad poética de esa dama que pasó la mitad de su vida atormentada en una silla de ruedas. Su época la discutió, no faltó quien la tachara de autora menor. Es posible que no esté a la altura de un Hemingway (ella creía que sí), pero aún hoy sigue generando una fascinante e intensa experiencia estética y pasional.
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El volumen incluye todos los cuentos y tres novelas cortas de McCullers. El realismo mágico -en su mejor versión, por cierto- es sólo un fragmento del total. Rodrigo Fresán, un crítico formidable, escribió el prólogo y la cronología minuciosa de la autora. También incluyó una introducción a cada relato, con las claves del proceso creativo. Ojalá todas las reimpresiones fueran tan minuciosas.­

Entre tantas gemas, señalamos una: 'Un árbol, un roca, una nube'. En esas páginas memorables un anciano revela el secreto de la vida al muchachito que vende diarios: "Ama a todas las cosas de este mundo en lugar de desear a una sola mujer".

Guillermo Belcore

Calificación: Muy bueno

domingo, 10 de septiembre de 2017

Un vaquero corrupto en Ciudad Gótica

“Ultimamente, cualquier policía lleva una diana en la espalda. Corren tiempos difíciles…”
D.W.

POR GUILLERMO BELCORE

En una sociedad gobernada por mafias, donde todo el mundo tiene un precio, ¿puede prosperar una conciencia integra? ¿Por qué sólo pueden enriquecerse los hampones, los traficantes de drogas, los políticos, los tiburones y mojarritas de Wall Street? ¿Por qué un servidor de la ley, que arriesga el pellejo cada turno, no tiene lo suficiente para enviar a sus hijos a una buena universidad? Una profunda reflexión ética da esplendor al último libro de Don Winslow (Nueva York, 1953) en torno a una cuestión urgente: qué significa ser corrupto en el turbocapitalismo del siglo XXI.

Uno esta tentado a concluir -a principios de septiembre- que Corrupción policial (RBA, 574 páginas) será la novela policial del año. Veremos. Sea como sea, se puede afirmar que estamos ante una de las novelas, a secas, más cautivantes que ha engendrado en 2017 la literatura estadounidense, la más dinámica del globo. Sumamente ambiciosa, con escenas en los bajos fondos que cortan el aliento, personajes memorables de carne y hueso, una trama desaforada pero bien construida (el núcleo incandescente se plantea al principio y reaparece en la mitad del libro) y una colosal cantidad de información. Se trata de uno de esos libros dickensianos que, basados en una minuciosa investigación, aspiran a revelarle al lector como-funcionan-realmente-las-cosas. El gran tema figura en el título de la edición en español: la deshonestidad de la policía de Nueva York, un ejército tribal de casi 40 mil hombres que después de Sérpico, Giuliani, el 11-S y un sonoro escándalo cada veinte años, vuelve una y otra vez a las andadas. La mirada de Winslow es benévola. Todos somos pecadores.


EN LA SELVA


El protagonista se llama Danny Malone. Lidera de facto una unidad especial contra el crimen en Manhattan Norte, cuya función básica es, por así decirlo, paisajista: ""Nuestro trabajo es impedir que la jungla vuelva a crecer. La antigua selva urbana que era el norte de Manhattan ha sido podada por completo para hacer hueco a un Jardín del Edén cultivado y comercial. Pero todavía quedan restos de la jungla: las viviendas sociales. Nuestra labor consiste en impedir que la jungla devore el Paraíso"", explica este irlandés envilecido, con el alma cansada. El sargento Malone ha visto de todo. Es un cruzado contra el maltrato infantil pero hace tratos con la mafia italiana, roba a los malvados, presta servicios sucios al poderoso, se ha convertido en un aficionado al psicofármaco.

El otro gran personaje es la propia ciudad de Nueva York. Una Babilonia pecaminosa, fascinante y que ha perdido la razón, pero con una dulce y fétida riqueza: "En una misma calle oyes cinco idiomas diferentes, hueles seis culturas, escuchas siete tipos de música, ves centenares de tipos de personas y conoces mil historias. Nueva York es el mundo". Se la ama "como un marido a una mujer infiel, como un padre a un hijo descarriado".

En esa Ciudad Gótica, desquiciada por la tensión racial y una epidemia de heroína (el único problema, al parecer, es que cada día hay más adictos de raza blanca), los guardianes -fiscales y policías- no pueden jugar limpio. Esta es la moraleja primordial de la novela. La segunda, ya la mencionamos: todos somos corruptos, cada uno a su manera. La tercera conclusión, tiene que ver con que las armas y la droga son el quid de la criminalidad de Estados Unidos. ¿No autoriza este hecho a probar otros remedios?


MACHO ALFA


La trama comienza con Danny Malone, el macho alfa de una elite de guerreros, en la cárcel y la ignominia. Retrocedemos la cinta y lo vemos en acción, en tratos con un soplón que se ha ganado el mote de Culo apestoso, matones todo músculo y maldad, abogados y colegas depravados, prostitutas de tres mil dólares la noche, un periodista mentiroso de The New York Times (¿Dijimos que el texto está muy bien documentado?). Organiza el sargento el asalto al bunker de un capo de las drogas de República Dominicana, pero termina mal. Nuestro héroe se despeña. Los cimientos de su deleznable reino son arrasados.

Termina enfrentado con todo el mundo: delincuentes, fiscales, agentes del FBI y de la Oficina de Asuntos Internos, sus propio compañeros, la esposa. La ética del cowboy seduce a Winslow, a tenor de sus mejores libros. El lobo solitario -con un personalísimo código moral- es la respuesta a la podredumbre generalizada. Al fin y al cabo, existen muchos tipos de justicia en una época en la que hasta los códigos de honor de la Mafia siciliana se han ido por el desagüe de la postmodernidad. Hay que destacar que Corrupción policial es una novela antisistema.

La prosa, que es clarísima, pinta un cuadro realista, pero en clave del realismo sórdido. La verdad hiede, es nauseabunda. El narrador (en tercera persona) se superpone perfectamente con la voz del protagonista, es decir habla un tipo tan duro como cínico. Winslow ha logrado el tono exacto de la novela negra, ese género más bien conservador en el que los lugares comunes siempre lucen bien. No faltan las réplicas filosas como el sable de un samurai. El escritor abusa, no obstante, de un procedimiento desagradable: el goteo de frases. La traducción peninsular inflige al lector hispanoamericano todos los vocablos espantosos del calé madrileño. Definitivamente, es preferible "cafishio" (o incluso "chulo") que "macarra".

Es muy probable que después de El poder del perro, grandiosa descripción de los carteles de la droga mexicanos (pinche acá), esta sea la mejor obra de Winslow. Por cierto, la ha dedicado a los agentes de la ley y el orden asesinados en acto de servicio durante los cinco años de trabajo esforzado que le llevó concluirla. Esta muy bien. La cultura dominante en Occidente -hegemonizada por un izquierdismo infantil que admira al criminal- nunca le dedica ni siquiera una oración a los que se juegan la vida para que la jungla no nos devore.

domingo, 3 de septiembre de 2017

El acto sexual mejor contado

EL MOSCARDÓN IMAGINARIO XLVIII



Si como Jorge Luis Borges afirma, los procedimientos oblicuos son los más eficaces (y estoy muy tentado a creerle) y el secreto de ser aburrido es decirlo todo (como sostenía Voltaire y la pornografía ha venido a corroborar), nadie ha narrado mejor una relación sexual que el inglés Anthony Powell (1905-2000) en Hombres del ocaso (pinche aquí).

Copio y pegó el magnífico párrafo de la página 105 de la muy recomendable reimpresión del sello Fiordo:

“Lenta, pero de forma muy deliberada, el siniestro edificio de la seducción, chirriante e incongruente, surgió como un vasto mecanismo de Heath Robinson controlado a dúo y tristemente torpe bajo el horizonte del convencionalismo. Obedeciendo a una suerte de agresiva destreza, sus emociones mutuamente adaptadas se sincronizaron hasta que el inevitable anticlimax estuvo al alcance de la mano. Más tarde cenaron en un restaurante muy cerca del departamento”.

Very british, por lo demás. Un hallazgo es la comparación de los engranajes del sexo, no siempre bien lubricados, con el arte del caricaturista, ilustrador de libros y escenógrafo Heath Robinson (1872-1944), famoso por sus dibujos de maquinarias, ridículas por lo complejo, como el del cuerpo de bomberos de Londres que se reproduce aquí. El novelista Powell y el dibujante Robinson, dos poetas a su manera.
G.B.