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jueves, 22 de enero de 2026

Lo bueno, lo malo y lo feo




Marcos Novaro

Edhasa

Ensayo de política. 159 páginas.


Este libro fue sacado antes del horno. Dos o tres meses antes. Un análisis serio de los dos primeros años de la presidencia Javier Milei no debería omitir el hecho político más importante de su mandato: la rotunda victoria en las elecciones legislativas de medio término. Es una pena. Nos hubiera gustado conocer la interpretación de Marcos Novaro, un sociólogo de probada inteligencia, del 26-O.


Dos años de discusiones y lecturas compartidas con colegas y amigos es el metal noble con que se forjó este breve pero nutritivo ensayo, explica su autor al final. Siempre es loable el uso de esa herramienta que Borges llamaba "la inteligencia de comprender". Pero como cualquier ensayo de este tipo escrito por una persona intensamente argentina tiene un sesgo muy marcado. Al Sr Novaro no le gusta el Presidente de la Nación. Lo rebaja a la categoría de "populismo de derecha". Postula en la página 55:

 "Javier Milei y Cristina Kirchner bien pueden verse como cara y contracara local de un mismo fenómeno mundial: la radicalización ideológica de la competencia en los sistemas democráticos".


Sostiene el ensayista que el Javier Milei más positivo para la Argentina es aquel que debe operar bajo estrictas restricciones. Un Milei desatado -con su "visión religiosa, maniquea y desorbitada de su propio rol"- es una pesadilla para la sensibilidad y creencias de Novaro. También le encuentra parecidos con Juan Perón. Ambos serían "aventureros del poder, doctrinarios disfrazados de oportunistas, oportunistas disfrazados de autoritarios".


Inspirado en pensadores marginales como Murray Rothbard y Hans Hoppe, Milei es acusado en la página 14 de no ser "un liberal en casi todos los asuntos políticos, institucionales y culturales en juego en nuestros días". Ahora bien, qué es lo que Novaro entiende por "populismo". Su definición favorita es la que pone el acento en un rasgo supuestamente esencial: la contraposición que plantea entre el pueblo virtuoso y sus enemigos (la casta, en este caso).


Quien esto escribe prefiere centrarse más en hechos que en los discursos, los que -como Foucault ha enseñado- siempre serán "tácticamente reversibles", como si se tratase de ropajes. Llamemos populismo, entonces, al “distribucionismo que nunca se atiene a un presupuesto". Milei, ergo, no es un político populista. Habría que buscar otra denominación más exacta.


PARANGONES


Novaro dedica páginas a comparar la experiencia libertaria con otros dos "populismos" vernáculos: el menemismo y el kirchnerismo. Sus críticas al peronismo de izquierda que arruinó a la Argentina son impecables. Y en la presentación del libro hay una clave de análisis, brillante, que de alguna manera contradice alguna de las aseveraciones posteriores ("Milei es un extremista como Trump, Bolsonaro, Orban o Abascal que actúa en un contexto diferente"). Sostiene el investigador del Conicet que los líderes y los movimientos políticos deben ser juzgados por si pueden o no cumplir la función que la sociedad les ha dado. Alfonsín fue exitoso porque logró estabilizar un conjunto de reglas democráticas. Menen, porque logró frenar la inflación y modernizar la economía. Los Kirchner por restablecer grados aceptables de integración e igualdad social.


Entonces, cuál es el mandato que Javier Milei recibió de los argentinos. En el terreno de las conjeturas, diríamos bajar la inflación, que el Estado le quite la pata de encima a los ciudadanos comunes y a los productores, combatir los irritantes privilegios de esa casta de vivillos que mama de la teta del Ogro filantrópico. Desde este punto de vista, lo estaría consiguiendo.


Con muy buen tino, el autor de este libro teme que lo malo y lo feo de Milei terminen estragando lo bueno, es decir bloqueando los objetivos económicos que provienen del mandato popular. Esta es una de las tesis fundamentales del volumen.


Marcos Novaro milita en el campo que el pensador Giuliano da Empoli ha denominado "el consenso de Davos". Su compromiso con la separación de poderes, la institucionalidad (incluso con los buenos modales), el estatismo benévolo y racional, con un tinte progresista, parece inquebrantable.


Deja un mensaje esperanzador porque "el contexto importa siempre más que los deseos de los líderes" (que lo diga Cristina, si no). El fenómeno Milei no podrá tener nunca una deriva autoritaria porque "al abrir los mercados para los intercambios espontáneos... también el mercado político se va a abrir más y más", pronostica Novaro. La venganza de Schumpeter a los libertarios.

Guillermo Belcore

Calificación: Regular


lunes, 1 de diciembre de 2025

La hora de los depredadores


La diferencia entre un genio y un loco es el éxito. 

Javier Milei


Como ciegos bajo una intensa neblina, buscamos pistas para entender el presente. Pero Schopenhauer nos advirtió que procurar las leyes de la historia es un ejercicio tan fútil como descubrir formas de animales en las nubes. Algunos eruditos, no obstante, ayudan a orientarnos. El sociólogo Giuliano da Empoli (1973) es uno de ellos.

Ciudadano de Europa, ensayista, consejero de jefes de Estado, es un lector perspicaz de las corrientes (tanto superficiales como subterráneas) que están moldeando nuestro planeta. Se trata de un representante cabal de lo que los hastiados pueblos occidentales llaman "la casta". Da Empoli prefiere designar a su estirpe como "el partido de los abogados" o "del consenso de Davos". Y no duda en reconocer su decadencia histórica (por no poder satisfacer legítimas demandas populares).

Prueba de su aguda inteligencia es el ensayo que acaba de presentar en la Argentina el sello Seix Barral. La hora de los depredadores es un libro tan avaro en páginas (178 páginas) como rico en ideas. Con doce postales describe el mundo contemporáneo. Una docena de fechas; una docena de ciudades.

El texto fue compuesto al estilo Ciorán: el fragmento es el rey y la escritura tiende a acuñar sentencias, como ésta: "Cuando el caos sobrepasa cierto nivel, el único medio de restablecer el origen es elegir a un chivo expiatorio". Concisión y precisión, otras dos virtudes del estilo. Algunos lectores, sin embargo, podrían pensar que hay un exceso de anécdotas.

Las principales influencias del erudito italosuizo son Maquiavelo, Kojève y Kissinger. "Este pequeño libro escrito (...) mediante imágenes más que conceptos con el objetivo de captar los estertores de un mundo que se hunde en el abismo y el frío control de otro que toma su lugar", explica el pensador.


DOS FENOMENOS

Básicamente, Da Empoli establece que los dos fenómenos globales que signan la tercera década del siglo XXI son una nueva especie de animal político y un prodigio tecnológico posthumano.

El primero da origen al título del libro. Otra forma de designar a "los depredadores" (más poética y elegante) es "borgianos". No amigo lector, nada tienen que ver con nuestro suave compatriota, con el mejor escritor que ha surgido en la hispanosfera. Se refiere a César Borgia, “la bestia del poder real, mitad león, mitad zorro”.

Los borgianos gobiernan hoy por doquier. Calentar las redes sociales es uno de sus procedimientos favoritos; resolver problemas concretos de la gente, saltándose cualquier clase de restricción si es menester, la clave de su permanencia en el poder. En la Argentina ya tuvimos dos en la Casa Rosada: una viuda y un outsider.

Borgianos son Trump, Putin, Xi Jinping, Orban, Modi, Erdogan, Netanyahu, Bukele... La lista crece año tras año Hay una variante extrema en Arabia Saudita, que se describe en el capítulo tres: hiela la sangre leer las artimañas del príncipe Mohamad bin Salmán para alcanzar y afirmarse en el poder. El culto al futuro es su religión.


LA ERA DE SKYNET

Obviamente, la segunda gran fuerza global es la Inteligencia Artificial. La visión del autor es pesimista. Un arma de destrucción masiva evoluciona hacia lo posthumano en manos de empresas privadas, que se elevan al estatus de Estado Nación. Con la energía nuclear eran los gobiernos los que mantenían el control, no los oligarcas.

Lo que usted debe entender es que la escisiones entre trabajo y capital, o Estado y mercado, de los siglos precedentes ya no tienen sentido; lo que se nos viene encima, con la fuerza de un huracán, es la escisión entre la máquina y la humanidad. Kafka, a su manera, lo vio venir.

Se retuerce de dolor Da Empoli, presidente del centro de estudios Volta, cuando ve a los representantes del pueblo prosternarse ante Elon Musk o Mark Zuckerberg. "Los conquistadores tecnológicos han decidido desprenderse de las antiguas élites políticas", advierte en la página 122. Es la hora de los depredadores, repite el estribillo.

"La convergencia entre los señores de las tecnológicas y los borgianos es estructural. Estas dos especies de depredadores sacan su poder de la insurrección digital y ninguna de las dos está dispuesta a tolerar que se pongan límites a su voluntad de poderío", establece este libro imprescindible para el interesado en el Gran Juego.

Compara Da Empoli el desconcierto de la casta tradicional ante los nuevos actores globales (políticos borgianos y magnates de la high tech) con ese momento histórico en que los aztecas vieron desembarcar en las costas de México a aquéllos hombres extraños cubiertos de metal brillante, a lomos de grandes bestias, que tenían palos que escupían fuego. Los aborígenes no sabían si estaban ante humanos, dioses o extraterrestres.

CLIO

A favor del autor puede señalarse también que escribe con Clío (la Diosa de la Historia) sentada en su regazo. Las referencias al pasado siempre resultan enriquecedoras en cualquier examen de la época. Si la forma es postmoderna; el fondo es clásico. Un entomólogo del poder y un realista brutal (Henry Kissinger) es, como dijimos más arriba, el modelo. Da Empoli, vale recordar, había publicado en 2023 un bestseller histórico: El Mago del Kremlin, que se tradujo a 35 idiomas y se adoptó al cine. Se inspiró en el despiadado Vladislav Surkov, exasesor del zar Vladímir I (Putin).

Por último, una curiosidad. Este ensayo corrobora que la Argentina está hoy en el centro de la atención internacional. Cunden las referencias a Javier Milei.

Guillermo Belcore

Calificación: Bueno

sábado, 7 de junio de 2025

Las guerras que perdiste mientras dormías

 


En el siglo XX, una mujer extraordinaria explicó -mejor que nadie- el origen y la naturaleza del totalitarismo en Occidente. Hanna Arendt se llamaba. En nuestro tiempo, ha aparecido otra pensadora formidable para denunciar y esclarecer "una ideología fundamentalista que ha colonizado nuestra cultura, nuestras principales instituciones y, en muchos casos, los gobiernos". Esa ensayista nació en la Argentina y acaba de publicar su primer libro. Su nombre es Karina Mariani (1).


Las guerras que perdiste mientras dormías. Como la ideología woke invadió tu mundo sin disparar un solo tiro fue entregado a la imprenta en enero de este año (1). Desmenuza esa corriente de ideas -hija maldita de la hegemonía progresista del último cuarto del siglo pasado- que predomina hoy en casi toda Europa occidental, la Anglo Oceanía y las Américas. Básicamente, explica Mariani, el wokismo "considera que la cultura occidental es inherentemente injusta y que necesita una deconstrucción radical de todos sus cimientos porque son esos los que reproducen las injusticias".

Para ello, es menester un lavado de cerebro, orquestado desde el poder: 

"...la vieja y conocida ingeniería social que todos los totalitarismos de la historia han adoptado para que las personas se ajusten a su guion ideológico".

Este libro imprescindible nos advierte que, justamente, hay una terrible novedad del siglo XXI: las democracias liberales pueden imponer también condiciones totalitarias. Ya no es necesario un Stalin para aplicarle a una comunidad macabros experimentos ideológicos.

"Basta que se organicen algunos lineamientos desde algún organismo multilateral, que estos lineamientos sean avalados por expertos cuidadosamente elegidos y que se apele a algún grupo de justificaciones con buen marketing, sistemáticamente repetidas a través de las venas culturales de un país: medios y escuelas", explica Mariani.

QUEMA COMO LA FIEBRE

La fiebre woke ha infectado, además de la política y a la educación, a la ciencia, la medicina y el entretenimiento. La ideología -basada en el voluntarismo, la intolerancia y la frustración camuflada de derechos humanos- no reconoce ningún principio limitante. El Cielo es el límite, recalca Mariani.

Se suele criminalizar a quienes no comulgan con el dogma. Es una verdadera guerra cultural que se despliega contra la biología (el terrorismo de la autopercepción), contra la inocencia (hay una especie de obsesión por la sexualidad infantil), contra la condición femenina, contra la masculinidad y contra la familia burguesa que se percibe como un afrenta ético-ideológica.

Cada una de estas ofensivas se describen en detalle en el libro, con referencia siempre a casos concretos de imperialismo woke, como la bochornosa apertura de los Juegos Olímpicos de París 2024. El lector del diario La Prensa conoce la destreza conceptual y expresiva de la autora. Karina Mariani una rara avis entre los ensayistas argentinos. No desdeña el dato y su prosa es una sabrosa claridad.

Filosóficamente, aclara, "el fenómeno woke niega la complejidad de la vida humana y la capacidad de los individuos para tomar decisiones, superar desafíos y ser responsables de su destino”. A partir de la llamada identidad colectiva quiere pulverizar a la noción de persona. Se trata de una venganza sin fin y sin redención.

En la práctica, la lucha es en gran medida por dinero, figuración, ascenso social, pero uno concluye que la principal motivación no es económica. Dejemos un lado a Marx y volvamos el Nietszche: el resentimiento por un lado, y la voluntad de poder por el otro puede que sean los principales motores de este totalitarismo de nuevo cuño.

Mariani se pregunta por qué mansamente las sociedades occidentales han aceptado dogmas que no sólo no tienen ningún basamento científico, sino que su simple declaración ofende el sentido común. ¿Por qué se acepta, por ejemplo, la normalización del secretismo entre padres e hijos, el poder brutal del Estado, una Educación Sexual Integral que no es otra cosa que un proyecto político? ¿Cobardía? ¿Comodidad? Al final del libro, se conjetura que el wokismo no es causa sino consecuencia de la destrucción de los lazos familiares, “y de la familia como espacio de contención, socialización, protección y pertenencia. Tal vez la cultura identitaria tan divisiva sea la solución tóxica a un problema que viene creciendo dede hace décadas”.

LA BUENA CAUSA

El propósito del libro es luminoso. Se trata de la misma pasión por la verdad que había inspirado a Juan José Sebreli a escribir El asedio a la modernidad. También Mariani quiere salvaguardar los logros de la civilización occidental. Le alarma que el wokismo haya erosionado tres pilares laboriosamente edificados durante siglos: el pensamiento crítico, los derechos individuales y la libertad de expresión. Todos estos años de locura y bobería no serán inocuos, avisa Mariani.

Intelectual al fin, le duele a Kariani la traición de las universidades, tanto públicas como privadas, tremendamente condicionadas por la intolerancia ideológica. Como hemos comprobado en la Argentina, son éstas el bastión primordial del wokismo, incluso en sus variantes más rabiosas de anticapitalismo y antisemitismo.

En el capítulo tres, la investigadora expresa su pesimismo sobre los partidos tradicionales: "Respecto de la política es necesario abandonar toda esperanza, la comunidad política baila al son de cualquier moda, por más aberrante que sea, sin ser alcanzada nunca por cualquier consecuencia…", escribió.

No obstante, uno podría decir, esperanzado, que los pueblos están reaccionado, hay millones de ciudadanos que creen que las cosas han ido de demasiado lejos. De hecho, los triunfos de Donald Trump, Javier Milei y Giorgia Meloni responden en buena medida al hartazgo con esa ideología chirle.

Naturalmente, la obra puede ser leída como un llamado a la acción. Esa extraña confabulación entre minorías intensas, burocracia internacional y poder económico ha puesto todo patas para arriba, pero no se trata de un triunfo definitivo. Es un tigre de papel, que necesita para perpetuarse de la sobreactuación de las agencias de la ONU, las empresas, las OnG, los políticos, los académicos y los artistas.

El cambio es una tarea urgente de todos modos. La civilización occidental -ese milagro- no sólo está bajo asedio de sus enemigos históricos, también se ha embarcado en una cruzada culposa y autodestructiva. Nuestras libertades, nuestro derecho a la intimidad, son frágiles, en tiempos de omnipotente Inteligencia Artificial. “Nada como la arbitrariedad y el sinsentido para que florezca el autoritarismo”, nos recuerda Karina Mariani.

Guillermo Belcore

martes, 29 de abril de 2025

La estructura psicológica del fascismo


Por Georges Bataille

Fondo de Cultura Económica. Ensayo de política. 97 páginas


He aquí un auténtico libro de bolsillo. Mide 17 por 11 centímetros, tiene 97 páginas y atesora un poderoso artículo que George Bataille entregó en 1933 a la revista La Critique Sociale, un bastión del comunismo disidente, es decir crítico de Stalin. Por entonces, nos explica Margarita Martínez en el estupendo prólogo, Bataille era un ensayista en ciernes de 36 años que “pensaba invirtiendo las posiciones clásicas del análisis económico y social”.


Entendía al hombre "no como un ser para la acumulación, sino para la pérdida”, por causa de la nefasta represión de los instintos, que había causado la Modernidad. Desde esa atalaya, edificada con los fangos de Freud y de Marx, Bataille quiere ser "el primero y el único en Francia que intente elucidar el fascismo por medio de una conceptualización predominantemente psicoanalítica", de acuerdo a su biógrafo Michel Surya.


Pero tanto o más instructivas que esa genealogía del fascismo que propone Bataille son algunas categorías de análisis que aplica, herramientas que pueden utilizarse, incluso, para interpretar fenómenos políticos de nuestra era como el kirchnerismo, Trump o Milei.


Muy interesante, por ejemplo, es su "descripción psicológica de la comunidad" que divide al cuerpo social en elementos homogéneos y elementos heterogéneos. La primera parte está conformada básicamente "por aquellos hombres y mujeres que poseen los medios de producción o el dinero destinado a su mantenimiento y adquisición". Hoy podríamos prescindir de ese reduccionismo marxista y extender la homogeneidad a todo el statu quo, no sólo al aparato de producción. Es el mundo del trabajo, del dinero, de la autoridad y la adaptación.


En la parte heterogénea se encuentran las vidas inasimilables, las existencias válidas para sí mismas (sin utilidad social), el lumpen proletariado, los revolucionarios.y los criminales, el gasto improductivo, el mundo sagrado, lo inconsciente... "Todo lo que la sociedad homogénea rechaza como desecho o bien como valor superior trascendente", escribe un Bataille que nos da casi siempre una impresión de actualidad.


"La violencia, la desmesura, el delirio, la locura caracterizan en distintos grados los elementos heterogéneos activos, en cuanto personas o en cuanto multitudes, que se producen quebrando las leyes de la homogeneidad social", añade el filósofo epicúreo. Naturalmente, Bataille ubica al fascismo en el mundo de la heterogeneidad. Es "lo completamente otro".


Pequeño en dimensiones, pero rico en ideas es pues el miniensayo. A los fatigados, pero igualmente crédulos, habitantes del siglo XXI, la voz cautivante de Bataille nos advierte desde los tiempos de Stalin y Mussolini: la fuerza de un líder es análoga a la que se ejerce en la hipnosis.

Guillermo Belcore

jueves, 26 de septiembre de 2024

Por qué es tan difícil gobernar Argentina


Por Marcos Novaro

Fondo de Cultura Económica. 300 páginas


El descalabro político y económico de la Argentina de los últimos veinticinco años que desembocó en la irrupción de un verdadero outsider que -creemos- defiende las ideas correctas es una tentación y un reto para los pensadores de fuste. ¿Qué diablos nos ha pasado? ¿Por qué tanta incompetencia en nuestra clase dirigente? ¿Por qué no podemos instrumentar reformas de largo aliento? Marcos Novaro (Buenos Aires, 1965) recoge el guante y propone explicaciones en su libro más reciente.


¿Por qué es tan difícil gobernar Argentina? Y cómo nuestros presidentes y coaliciones podrían hacerlo mejor es un ensayo útil y bien intencionado. Al autor -sociológo y doctor en filosofía- podríamos definirlo como “institucionalista”, es decir cree profundamente en la importancia de los compromisos formales para elevar la acción política. El “vamos viendo” resulta fatal en este arrabal “que parece haberse vuelto un caso extremo de subdesarrollo, incluso de desaprendizaje de las más elementales expertises políticas”.


Novaro transmite la impresión de que la avenida del centro -tan denostada en estos tiempos de polarización forzosa- es la vía más apropiada para salir del pantano. Hace unos días, acompañó la presentación del libro María Eugenia Vidal, toda una definición ideológica.


“Cada vez nos gobernamos peor porque cada vez hay más disputas irresueltas y menos colaboración”, sentencia el excelente politólogo en la introducción. ¿Y esto por qué? Tiene relación con la fragmentación de nuestro sistema de partidos (tenemos 46 fuerzas nacionales, un récord mundial), con un sistema electoral y de relaciones inadecuado para el surgimiento de coaliciones firmes y con un federalismo fallido que tiende a generar inestabilidad. Los cambios urgen (no sólo económicos) y al final de su trabajo Novaro desgrana una serie de recomendaciones “para desatar los nudos del mal gobierno”.


DE LA ALIANZA A MILEI


Para el lector no avezado la parte más interesante del libro es probable que comience en la página noventa (la ciencia política, aunque necesaria, es aburrida de leer). Novaro examina las experiencias de gobierno recientes. Desde 1997 hasta mayo de 2024. Vale decir, desde la Alianza hasta los primeros pasos de Javier Milei.


Es notable como la lupa del entomólogo va develando la lógica del accionar de un Fernando De la Rúa, un Eduardo Duhalde, una Cristina Kirchner, un Mauricio Macri o un Rodríguez Larreta, por mencionar algunos de los especímenes estudiados. Destacando siempre cuál es, más allá de las ambiciones personales, el marco de incentivos y reglas de juego imperantes que los llevaron a hacer lo que hacen o hicieron. “Demasiadas reglas que favorecen la incongruencia”, denuncia el erudito.


Un ejemplo: el problema de la sucesión del liderazgo está directamente ligado al hecho constitucional de la reelección indefinida; no simultánea pero indefinida. Este dato explica los juegos maquiavélicos de Cristina y Mauricio para mantener la preeminencia en sus partidos. Ella eligiendo un títere como candidato (era claro que Alberto F. no tenía pasta de líder ni peso político propio); él desquiciando al PRO primero con sus titubeos luego con maniobras que, a la sazón, fueron una de las causas fundamentales de la debacle electoral de Juntos por el Cambio en 2023. El señor Novaro nos recuerda que, en medio de una “enorme dosis de personalización y precariedad institucional, casi ningún líder destacado de nuestra historia se ha retirado de la lucha por el poder hasta su muerte y sus partidos han atravesado largas batallas intestinas sin resolución”. Qué distinto a un George W. Bush o un Barack Obama, ¿no?


La mirada de Novaro sobre Javier Milei es severa. Reconoce su inesperado talento para conectar con las demandas de una comunidad hastiada de los políticos inútiles. Explica el aguante social al ajuste por cierto cierto entrenamiento que mantenemos los argentinos hace lustros “en la adaptación al empobrecimiento”. Y conjetura, no sin fastidio, que la diferenciación básica del liberalismo de los libertarios respecto a las fuerzas existentes “no pasa por un afán particular por asegurar la transparencia de la cosa pública, mucho menos en el sueño de construir una república potente y equilibrada sino, en esencia, y más modestamente, pasa por hacer que el manejo del Estado sea lo más barato y los más sencillo posible para un gobierno encabezado por un presidente popular pero carente de bases en el resto de las instituciones”.

Guillermo Belcore


Calificación: Bueno

viernes, 11 de noviembre de 2022

Raúl Alfonsín. El planisferio invertido



P. Gerchunoff


Un libro para ser memorable debe dar con un símbolo que se apodere de la imaginación de la gente, escribió Borges en su prólogo a Francisco de Quevedo. Homero tiene a Príamo que besa las homicidas manos de Aquiles; Dante, los nueve ciclos del infierno y la Rosa; Kafka, sus crecientes y sórdidos laberintos, ilustró el maestro. El último libro del historiador Pablo Gerchunoff (Buenos Aires, 1944) trae una imagen que se apropia de nuestra mente y aguijonea nuestra memoria: en la Pascua de 1987, Raúl Alfonsín reza en la capilla de la Quinta de Olivos (¿arrodillado?) antes de volar hacia Campo de Mayo para negociar con los sediciosos carapintadas. El Presidente de la Nación pidiéndole al Omnipotente fortaleza y sabiduría para que la sangre no vuelva a correr en la Argentina.


Cuando en unas semanas, los críticos elijan los libros del año es muy probable que incluyan Raúl Alfonsín. El planisferio invertido (Edhasa, 460 páginas), biografía del primer presidente de la democracia, recuperada en 1983 y consolidada gracias a su acción en el poder y en el llano, según propone Gerchunoff. "La de 1976 fue la última dictadura de la historia argentina y fue la última, en buena medida, gracias a Raúl Alfonsín", es, en efecto, una de las conclusiones de este ensayo esclarecedor, polémico e interesante. ¡Ah!, y bien escrito.


Este es, pues, el rasgo feliz de Don Raúl Alfonsín que Gerchunoff ofrece a la posteridad: El arquitecto institucional. El caudillo demócrata que soñó con ambiciosos programas reformistas con base obrera y republicana y sabor socialdemócrata. El político de raza, apasionado (nada se hace en la Historia sin pasión, escribió Hegel), quien, aunque conservador de costumbres, desafió y dio vuelta algunos aspectos de la Argentina tradicional. Su inspiración política alcanzó dos cimas: 1983, cuando alcanzó el poder tras derrotar al peronismo; y 1994, cuando gobernó la Convención Constituyente. La obra de un orfebre.


Digamos que el autor, además de culto y experimentado, es un hombre honesto. Luces y sombras son parejamente señaladas en el libro, con la apropiada distancia afectiva, pues Gerchunoff fue funcionario del Ministerio de Economía con Alfonsín y De la Rúa. Al fin y al cabo, el sujeto de estudio llevó a la venerable Unión Cívica Radical a uno de sus momentos más gloriosos de su Historia, y poco después casi selló su extinción.


AL LIMITE DE LO IMPOSIBLE


La biografía se organiza en cuatro partes: "La muerte de Alfonsín (31 de marzo de 2009)"; "La construcción de una personalidad política (marzo de 1927-octubre de 1983)"; "¿Qué podía salir bien? (10 de diciembre de 1983-8 de julio de 1989)"; Gobernar desde el llano" (9 de julio de 1989-28 de octubre de 2007). 


Naturalmente, la tercera parte constituye el núcleo incadescente del texto. Las otras tres van con prisa; da la impresión de que al libro le faltan unas doscientas páginas; pasa el investigador por el año crucial de 1983 y por este siglo con botas de siete leguas.


El título alude a un regalo encantador que recibió el Presidente de manos de su edecán naval. Era un planisferio en que el norte estaba el sur; es decir, la Argentina era el centro del mapa. "Yo lo que puedo decir es que ese planisferio invertido suscitaba en Alfonsín, un efecto extraordinario", explicó Gerchunoff en un reportaje reciente. Era un símbolo de su voluntad política, infatigable, quue se sentía capaz de transformar el estado de las cosas, conmovedora incluso, pero peligrosa -a la sazón- para sus conciudadanos.


"El suyo fue un gobierno al límite de lo imposible", escribió Susana Lumi en el prólogo. El poder persuasivo de la épica quiso predominar a menudo sobre los grises del realismo político, con penosos resultados. Como si fuese un tahur de pulpería de Chascomus, Don Raúl cultivó, por ejemplo, "el juego de la imaginación, jugando sin dinero, apostando sólo capital político". El libro concluye así aceptando el dictum de Tulio Halperín Donghi: La imaginación de Alfonsín lo llevó demasiado lejos.


Veamos, entonces, los momentos en que la realidad testaruda se impuso durante su paso por la Casa Rosada. Gerchunoff, profesor emérito de la Universidad Di Tella, describe "el triángulo móvil de las corporaciones" que mantuvo en jaque al Presidente del primero al último día de su mandato: la cuestión militar, la cuestión sindical y la cuestión económica ("...fatigantes partidas simultáneas de ajedrez..."). Sólo la primera fue resuelta con eficacia.


Sorprende al historiador "el contraste entre el diseño meditado y complejo -aunque enormemente difícil- de la política militar y la improvisación de la política sindical".


Pero fue la cuestión económica el asunto que venció y humilló al líder radical y lo rebajó al nivel de personaje discutido (y hasta detestado) de la Historia. Es que, estrictamente hablando, las agendas modernizantes del líder radical nunca habían entrado en este campo minado y no sólo por la herencia maldita (crisis de la deuda, régimen de alta inflación), sino también por su defectuoso y decrépito sentido común.


El Alfonsín animal político adoraba a los intelectuales y siempre se empeñó en encontrar una teoría para explicar los hechos. No obstante, desde que llegó a la Casa Rosada nunca contempló como opción el reformismo económico. Entre la Declaración de Avellaneda y el final de su mandato parece no haber aprendido nada en esta asignatura compleja. Fue incapaz de percibir lo que el erudito llama las causas últimas estructurales, es decir "el agotamiento del modelo populista, con su patrón productivo mercado internista y su crisis fiscal estructural".


EL PLAN AUSTRAL


El profesor Gerchunoff explica que, en realidad, el Plan Austral nunca fue plan de estabilización y transformación económica, por eso en nueve meses estuvo liquidado (fue un mero punto de partida). Conjetura que si Cafiero hubiese ganado la interna peronista de 1988, la Patria se hubiera ahorrado la experiencia traumática de la hiperinflación. La inescrupulosidad del tándem Menem-Cavallo resultó letal para una economía agonizante y desequilibrada, pero matengamos a raya nuestra indignación. Al fin y al cabo, hicieron lo mismo que Alfonsín hizo con Frondizi.


Nos revela una ucronía: ¿qué hubiera pasado si Alfonsín hubiera aceptado que el prestigioso Roberto Alemann se hiciera cargo del Ministerio de Economía en abril de 1989 cuando se vio obligado a despedir al fracasado de Juan Sourrouille? El baluarte del liberalismo ya había aceptado, pero el prócer republicano dio marcha atrás. Si hay algo que su ego temió, siempre, fue ser considerado de derecha, un traidor al ideario progresista, un patrocinador de la marea neoconservadora que venía del Norte.


Hasta el último de los días, el caudillo radical quiso que lo encuadraran en las filas de "la socialdemocracia tradicional, enfrentando la agenda de la dependencia, una agenda alejada del reformista (económico), no muy distinta a la de los comienzos de su carrera política". Alfonsín llevó a la UCR al regazo de la Internacional Socialista, pero con una visión anticuada. Admiraba al Laborismo inglés de posguerra; nunca quiso identificarse con Tony Blair.


Entre decenas de anécdotas sabrosas y muchísimas aportaciones intelectuales, el profesor Gerchunoff nos deja en su octavo libro una justísima definición de la historia:


"Es el balance entre monedas en el aire y corrientes profundas, entre azar, voluntad y determinismo. El resultado, como se sabe, es imprevisible".


Nuestra historia de los ochenta tuvo la voluntad titánica de Raúl Alfonsín, el azar de un contexto internacional desfavorable, las corrientes profundas del populismo peronista, el determinismo de la monstruosa deuda externa. Las monedas en el aire fueron el hostigamiento corporativo y los planes económicos. Algunas chirolas salieron cara, otras seca.


Una conclusión tremenda del muy recomendable libro de Gerchunoff es que el Presidente que asuma en diciembre de 2023 (¡falta tanto!) enfrentará el mismo dilema de hierro que encontró Alfonsín en 1983: cómo salir de un maldito régimen de alta inflación, que tanto empobrece a los argentinos, sin hundir al salario real, tan deteriorado en los últimos años. Esta historia circular está matando a la Patria.

Guillermo Belcore


Calificación: Muy bueno

domingo, 19 de septiembre de 2021

Chocolate sin grasa



Observe, lector, la esquina de Avenida 9 de Julio y Moreno una de estas tardes. ¿Qué ve? Tristeza, la Argentina se ha empobrecido a niveles inconcebibles años atrás. ¿Qué más? Un puñado de pillos, enmascarados bajo el rótulo de dirigentes sociales, explota esa desesperación que perturba las calles. ¿Algo más? Sí señor, una antigua y peligrosa ideología está tratando de pescar en aguas revueltas.

En el alba del siglo XXI, el neobolchevismo ha concluido que aquel dictum de Karl Marx de liquidar al capitalismo con el martillo del proletariado industrial ya no tiene sentido (ni fuerza). El "Excluido" debe ser ungido como sujeto revolucionario, no se puede contar con los obreros de Toyota. Escuchemos a uno de sus más lúcidos ideólogos, Slavoj Zizek:


"Si la tarea principal de las políticas emancipadoras del siglo XIX fue romper el monopolio de la burguesía liberal por medio de la politización de la clase obrera, y si la tarea del siglo XX fue despertar políticamente a la inmensa población rural de Asia y Africa, la tarea principal del siglo XXI es politizar -organizar y disciplinar- 'las masas desestructuradas' de los barrios pobres"


Ediciones Godot acaba de presentar una recopilación de artículos periodísticos de Zizek, que incluye el párrafo anterior. Uno de ellos -El legado ambiguo del 68, publicado en Londres en 2008- da sustento teórico al manual de operaciones del líder piquetero. "...Si ignoramos el problema de los Excluidos todos los demás antagonismos pierden su arista subversiva...", advierte el pensador nacido en Ljubljana en 1949.


MERITO PRINCIPAL

Chocolate sin grasa (128 páginas) reúne veintidós textos publicados en las últimas dos décadas; es decir va desde el 11S a Trump. No han perdido un gramo de vigencia en un 99 por ciento; la selección es formidable. Y no hace falta compartir el ideario marxista-lacaniano del autor para extraer enseñanzas valiosas. El libro -he aquí su mérito principal- nos induce a pensar.


El título alude "a los impasses del consumismo actual". El exceso del goce no está permitido porque es insano; de ahí la persecución a los fumadores y a las productos con muchas calorías. Es una línea que traza en la arena el llamado capitalismo cultural, nacido de la Revolución Francesa de 1968, estructurado en forma de redes, que se preocupa por la ecología y "usurpó la retórica de la izquierda de la autogestión de los trabajadores"... En este nuevo ecosistema, "compramos cada vez menos productos (objetos materiales) que queremos poseer, y adquirimos cada vez más experiencias de vida...", argumenta Zizek en la página 15. Interesante.


Como los grandes escritores, Zizek hace uso y abuso de fetiches. El suyo, el más repetido, agobiante incluso, es la idea de emancipación. Nos habla de tradición, políticas, potencial, legado, valores "emancipadores"..., una y otra vez. Luchar por "la emancipación radical" vendría a ser la acción principal del comunista del siglo XXI. Y martillea a su público: "...el Excluido es el producto necesario de la lógica más recóndita del capitalismo global...". Esta figura conceptual -tan pueril- es su archienemigo.


La tarea primordial radica en buena medida en la retórica, subraya. El heraldo de la auténtica política emancipadora" advierte a su público que "la tarea más difícil de la revolución es la creación de clichés para la vida cotidiana", es decir "expandir el mismísimo horizonte de lo que parece posible"". Ahora que lo dice, ¿no es eso el kirchnerismo? ¿No es una obsesiva creación de clichés para establecer una revolución cultural?


Hasta un reloj maltrecho puede dar la hora correcta una vez al día, suele decirse. Hay una contradicción (o un punto de inversión) de la globalización que Zizek describe con lucidez. La libre circulación de capitales y bienes -explica- se estrella hoy en día con la separación creciente de la esfera social; los muros entre países y grupos de personas no son compatibles con el capitalismo global e impedirían su reproducción in aetérnum.


El pensador establecido en Londres considera que el siglo estadounidense terminó en 2008. Vivimos en un Nuevo Orden Mundial multicéntrico. Estados Unidos representa el capitalismo neoliberal; China el capitalismo autoritario; Europa lo que queda de la socialdemocracia con Welfare State; América latina, el capitalismo populista. Aquí, en la Argentina no funciona; en Brasil, Chile y México, sí, añade el comentarista de este blog. ¿Será que nuestra clase política es mucho más corrupta e incompetente que la media regional?


EL CASTRISMO HA MUERTO


A pesar de que en un artículo Zizek suelta algunas tonterías en favor de Hugo Chávez (uno de los pocos textos con algún párrafo desactualizado), es un rojito lo suficientemente honesto e inteligente como para abominar públicamente del castrismo. "La revolución cubana no produjo un modelo social relevante para el posible futuro comunista", establece. El estalinismo del trópico no sólo "se ha despojado de los últimos vestigios del potencial emancipador", sino que "ni siquiera ha podido establecer un sistema económico que sea capaz de convencer al pueblo cubano de que trabaje".


Zizek es famoso por adornar con elementos de la cultura popular sus disquisiciones filosóficas y psicológicas. En particular, con chistes. Este es genial:

 "Podemos decir que en las últimas décadas, el socialismo cubano siguió vivo porque todavía no se dio cuenta de ya murió".


Habría que avisarle a Cristina y a sus seguidores que practican la necrofilia. Adoran el cadáver insepulto de la dictadura cubana.

Guillermo Belcore

Publicado en el Suplemento Cultura del diario La Prensa.


Calificación: bueno

lunes, 14 de junio de 2021

El placer de la transgresión


Por Renata Salecl

Ediciones Godot. 290 páginas. Ensayo de filosofía.

Hay un método de entrecasa para calibrar la rigurosidad del intelectual o la inteligencia de una persona interesada en los asuntos públicos. Comprobar cuántas veces emplea el término "neoliberalismo" en su discurso. El uso frecuente delata una mente superficial, proclive al cliché y a la peor militancia política. Mejor tomar distancia.

Como todo en la vida, hay excepciones. La ensayista Renata Salecl podría ser una de ellas a tenor de una selección de sus columnas publicadas en el diario Delo de Ljubljana que Ediciones Godot acaba de traer a la Argentina. 'El placer de la transgresión' tiene momentos de gran lucidez, aunque se alternan con fruslerías como ésta: "...bajo el predominio de la ideología capitalista de la elección racional, el amor es un problema..."

La señora Salecl es conocida en nuestro país por su ensayo 'Angustia' -el primero en llegar al español- en el que desarrollaba la tesis (¡oh no!, aquí vamos otra vez) de que la ideología neoliberal ha exacerbado las angustias contemporáneas. La pensadora, quien estuvo casada con Slavoj Zizek, visitó Buenos Aires en 2018.

En un punto se declara discípula de Freud. Sostiene que "la enfermedad de la civilización y la enfermedad del sujeto van de la mano", de modo que "las ideas dominantes influyen de una manera decisiva en los tipos de padecimientos psicológicos que aparecen en las personas". De ahí, su interés por descubrir nuevos síntomas generados por las ideologías del capitalismo tardío y la sociedad postindustrial.

Los molinos de viento contra los que carga Doña Renata de la Baja Estiria son el individualismo, los grandes capitales, la obsesión por la productividad, la ideología de la eficiencia, la ideología capitalista de la elección racional, la moral del éxito, la sociedad de consumo. Como se ve, una agenda idéntica a la del Papa, pero mientras Francisco habla en nombre de una fe milenaria y una confianza metafísica, la profesora Salecl basa sus embestidas en qué, ¿el agnosticismo humanista?

Se trata, pues, de un libro basculante. Oscila entre la sensatez y la sutileza, por un lado; y el lugar común y lo insustancial, por el otro. Pero también, entre el comentario que mantiene su actualidad y lo caduco (los artículos se detienen en 2016, con la llegada de Donald Trump al poder, cuando la autora se preguntaba si es menester comparar ese hecho trascendente con la marcha sobre Roma de 1922).

En el primer campo (el fértil), puede ubicarse el repudio al narcisismo postmoderno, una pulsión destructiva allí donde brota, sea un país, una empresa o una familia. "Lo importante para el sujeto es la capacidad de autocontrol y es eso justamente lo que se ha vuelto un problema en la sociedad contemporánea", establece Salecl en la página 71. Más adelante insiste: "La adultez consiste en la capacidad de limitarnos a nosotros mismos".

Ese vaivén de la perspicacia se percibe, por ciento, en un punto crucial. Esta muy bien que Salecl denuncie defectos puntuales de nuestra era como la irrupción del dinero en campos que en el pasado estaban ausentes del intercambio monetario, la deshumanización de la medicina, o las trapisondas de la industria farmacéutica. Es decir, la ensayista aristotélica es justa y necesaria.

Pero la Salecl platónica es muy cuestionable, comparte la ceguera de buena parte de la izquierda occidental. Descalificar en bloque al único sistema político y económico que ha proporcionado libertad y prosperidad a un puñado de pueblos afortunados es una pose infantil, indigna de una pensadora que proviene de un país que ha sufrido en carne propia hasta 1991 las miserias del socialismo real.

En "Hijos del comunismo, súbditos del capitalismo" la filósofa eslovena concluye, con pesar, que "la normalización comunista tiene éxito en el capitalismo"". Basada en una encuesta realizada en Alemania (!!!), denuncia "el borramiento del pensamiento independiente y crítico", muy parecido al que existía en Moscú o en Ljubljana en tiempos de Brezhnev y de Tito. Invitamos a la señora Salecl a pasar una semana -con eso basta- en La Habana o Pyongyang para descubrir lo que realmente es una sistema totalitario, pero viviendo entre la gente común, no como invitada de esos regímenes criminales.

Guillermo Belcore

Calificación: Regular

domingo, 24 de enero de 2021

Tres guineas

 


Tres años antes de suicidarse, Virginia Woolf (1882-1941) escribió un pequeño ensayo que hoy bien puede considerarse como otro mojón de la literatura feminista. El sello Ediciones Godot ha creído oportuno traerlo a la Argentina en el año de la peste. Tres guineas (212 páginas) es rico en ideas, copioso en notas, profundo en la mayoría de sus planteos pero cae en el tedio con harta frecuencia, más que nada por culpa de un estilo epistolar que abusa de la redundancia.

El propósito del libro es responder la carta de un eminente abogado que la señora Woolf había recibido tres años antes con una pregunta apremiante: ¿Cómo podemos evitar la guerra?

Desde esa base, la escritora aprovecha para cañonear las infames murallas que por entonces vedaban el acceso de la mujer a la educación superior, a las profesiones liberales, al servicio público, al salario justo y hasta al ejercicio de las artes, con la excepción -reconoce- de las bellas letras. Virginia habla en nombre de "las hijas y hermanas de los hombres instruidos". La razón está de su lado, pero algunas conclusiones son irrelevantes.

UN TORBELLINO

La obra es un torbellino de indignación. Denuncia a Cambridge y Oxford como enemigos de la libertad intelectual, la que puede definirse "como el derecho a decir o escribir lo que uno piensa con sus propias palabras y a su manera".

En la página 48 ofrece como alternativa a las decrépitas instituciones una utopía educativa, la universidad pobre:

"¿Qué debería enseñar la universidad nueva? Ningún arte que sirva para subyugar al otro: los artes de gobernar, matar, acumular tierra y capital. Estas artes requieren muchos gastos excesivos, requieren salarios, uniformes y ceremonias. Las universidad pobre debe enseñar solamente las artes que puedan enseñarse con poco y puedan ejercer los pobres, como la medicina, las matemáticas, la música, la pintura y la literatura. (...) Debería indagar los modos posibles de cooperación entre cuerpo y mente, descubrir combinaciones nuevas que compongan totalidades beneficiosas para la vida humana. Los profesores seleccionados deben contarse entre los que saben vivir, no solamente los que saben pensar".

Si la primera guinea es para rehacer la educación hasta los cimientos, la segunda se dedica al mundo del trabajo. El hecho de que a partir del siglo XX las mujeres pueden ganarse su propio dinero con su esfuerzo laboral es para V.W. un avance histórico trascendental, más importante que, digamos, la Revolución Bolchevique. ¿Cómo podemos ingresar en las profesiones y seguir siendo seres humanos?, se pregunta la bienintencionada escritora.

Es que lo largo de las páginas no se limita a denunciar la injusticia e idiotez de la discriminación de género sino que elabora una crítica afiladísima y total a la civilización moderna. ¿Adonde no está llevando la procesión de hombres instruidos?, le enrostra a su interlocutor imaginario. Así, concluye que la guerra es el resultado natural de "la incurable vileza masculina". Es nuestro instinto.

Qué nobleza tiene convocar a luchar contra las dictaduras extranjeras cuando el dictador está dentro de casa, dispara. Es el marido, el empresario, el clérigo, el rector de la universidad, el director del hospital. Las feministas "luchan contra la tiranía del estado patriarcal al igual que lucha usted contra la tiranía del Estado fascista". Llega a decir la señora Woolf que "como mujer no tengo país". Las personas de su sexo y su clase "tienen muy poco que agradecerle a la Inglaterra del pasado y no mucho que agradecerle a Inglaterra del presente".

Típico del intelectual progre de buen vivir. Odian (de la boca para afuera) lo que disfrutan. Pero como enseñanza para el presente, podría decirse que si es tan importante luchar contra las desigualdades internas de género como combatir el totalitarismo en el mundo, como señala este libro, el razonamiento se aplica a la inversa: una feminista cabal nunca podría respaldar a un Fidel Castro, a un ayatolá Jamenei o al Partido Comunista Chino

A los fanáticos de la vicepresidenta argentina, Virginia les espetaría sin rodeos que "el servilismo intelectual es el más degradante de todos los servilismos" y que no existe tarea más perentoria para el hombre y la mujer de la esfera pública que "liberarse de las lealtades falsas". Para ello, sugiere permanecer en castidad intelectual (negarse a vender el cerebro por dinero), así como optar por el estado de pobreza, a la que define "como no tener más dinero que el necesario para vivir".

Veamos: 

"Es decir, usted debe ganar el dinero necesario para ser independiente de cualquier otro ser humano y solventar ese mínimo de salud, tiempo libre, conocimiento y demás que hacen falta para desarrollar de manera plena el cuerpo y la mente. Pero no más. Ni un penique más".

PERORATA

Como dijimos, el texto fue compuesto como si se tratara de una carta. El problema es que suele degenerar en perorata, y la señora Woolf lo reconoce. Bascula entre la lógica más exquisita y el idealismo resentido e irresponsable que cierra los ojos ante la urgencia capital de fines de los años treinta: Adolf Hitler alistaba a una gran nación para la guerra. Y Josef Stalin maquinaba destruir la democracia liberal, el peor de los sistemas de gobierno si se exceptúan todos los demás como decía sir Winston Churchill.

Destaquemos, por último, las 125 notas que se añaden al final; el comentarista está tentado a decir que son más interesantes que los tres capítulos del libro. "¿Acaso los mejores críticos no son las personas privadas y la crítica sin reservas la única que vale la pena ejercer?", escribió, por cierto, la ensayista.

Una de las imágenes más poderosas de la literatura universal es la pobre Virginia ingresando en las aguas del río Ouse el 28 de mayo de 1941, con los bolsillo llenos de piedras, para nunca más salir con vida. En este ensayo irregular, leemos estupefactos en la página 93:

"¿No sería mejor lanzarnos al río desde el puente, rendirnos, declarar que la totalidad de la vida humana es un error y que por lo tanto debe terminar?".


domingo, 25 de agosto de 2019

Infraestructura de la política y escritos anexos


El profesor Miguel Angel Iribarne es un columnista destacado de La Prensa. He tenido la fortuna de editar en el diario en el que trabajo desde 1989 los miniensayos del ex decano de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Católica de La Plata. Se destacan -os aseguro- no sólo por defender las ideas correctas, sino también por esclarecer los pliegues de la política, tanto la doméstica como la internacional. La suya es la mirada del erudito. Bien, el señor Iribarne acaba de publicar un libro con idéntica excelencia: Infraestructura de la política y escritos anexos (Editorial Dunken, 102 páginas).
Siguiendo la estela de Gianfranco Miglio y de Vicente Massot, la obra persigue (y encuentra) las "realidades invariantes de la naturaleza política", es decir "las regularidades" (es un error de hablar de leyes), que a su juicio son "el objeto propio de la Politología, cuyo método es inductivo y, más específicamente, histórico-comparativo".
En el marco de esas regularidades se desenvuelve el drama político, con "su sonido y su furia", que tanto daño nos están causando hoy a los argentinos. Justamente, el ensayo nos permite entender taras de nuestro sistema institucional.
Por ejemplo, la ausencia de un centro firme siempre es garantía de turbulencias. "Es fundamental considerar la distancia ideológica entre los actores", destaca Iribarne en la página veinte. "Si la distancia es excesiva, si cada actor se hace portador de una weltanshaung incompatible con las restantes, es grave el riesgo de colapso del sistema... se reduce dramáticamente la posibilidad de que la alternancia sea respetada. Es el caso de Alemania en 1933, España en 1936 y Chile en 1973, entre tantos ejemplos".
¿Qué significa esto? Que si Alberto Fernández gobierna según los dictados de La Cámpora o el filochavismo nuevoencuentrista, en lugar de apoyarse en el peronismo racional, los gobernadores o el massismo, nos esperan años muy peligrosos a los argentinos.
REVELACIONES
El libro va desgranando conceptos: Constitución, oligarquía, monocracia, aparatos, representación, extrapoderes, etc. Fiel a un oficio que ama, el profesor emérito de la Universidad Católica Argentina se impuso una misión pedagógica: develar a sus lectores que hay debajo de las máscaras de aquéllos que nos interpelan por un voto o una simpatía. Lo que hay es una clase política (CP) que, en el fondo, no se identifica más que con sí misma.
"El poder político, estructuralmente oligárquico y tendencialmente monocrático (recurrencia cíclica al hombre fuerte) necesita conversar con la sociedad", señala Iribarne. Y nosotros, en tanto, interlocutores debemos siempre recordar que la casta dirigencial posee autoconciencia y "la expresa en primer lugar negándose a aceptar su catalogación como clase, que pondría en riesgo la ideología de la representación que invoca para legitimarse. Y por el otro lado, denunciando permanentemente las interferencias de raíz corporativa o tecnocrática que limitarían su gestión".
Es decir, hay un ellos y un nosotros en este asunto de la democracia representativa. Nuestra autoconciencia como pueblo es tenerlo presente. "La soberanía popular se ejerce optando entre oligarquías", establece un ensayo, virtuoso de la cita.
Iribarne, por otra parte, rechaza firmemente la interpretación marxiana de la Historia, basada en el determinismo económico que rebaja todo a mero subproducto de los afanes de las clases sociales. La acción política tiene su propia esfera de autonomía. Y, contra todos los maestros de la sospecha entiende que los fenómenos políticos deben ser explicados por causas también políticas.
¿EXCEPCIONALES?
Otra idea formidable que se desprende del pensamiento de Iribarne es que debemos ser muy cautos en atribuir ciertas patologías a la excepcionalidad argentina. La minuciosa descripción de invariables a lo largo de la Historia universal nos advierte, por ejemplo; que el clientelismo es tan viejo como Occidente. El ciudadano carente de protección política ha sido en todas las eras un hombre o mujer a la intemperie. Se establece en la página cincuenta y nueve:
"Patronos romanos, señores feudales y hoy bosses, punteros o sindicalistas desempeñan análogo rol estructural. Las eventuales diferencias de calidad en los lazos que anudan con sus seguidores tienen que ver con un problema civilizatorio, es decir, cultural y en última instancia religioso".
También es universal -y al parecer eterno- el ansia del ser humano por un semejante providencial, un líder carismático. Se explica:
"Genéticamente, el vínculo político -es decir, la relación entre el mando y la obediencia- tiene naturaleza carismática y, por ello, no puede prescindir de la personalización del poder".
Vale decir, el peronismo no es un fenómeno exótico. "La recurrencia cíclica del poder personal fuerte, por un lado, y las oligarquías expansivas que tienden a reducirlo a símbolo, por otro, permanece como una invariante de la infraestructura política", insiste el profesor. Y en esta tumultuosa y desconcertante alborada del siglo XXI la tendencia parece colorear casi todo el planisferio. Los nombres de Trump, Putin, Xi Jinping, Abe, Erdogan, Orban, López Obrador, entre tantos, resultan muestras elocuentes del espíritu de la época.
Un libro escrito, por así decirlo, con la Historia en el regazo resulta imprescindible. Hay otra muy buena razón para su consumo: al final se añaden los artículos de Iribarne que este año honraron a La Prensa.
Guillermo Belcore
Calificación: Muy bueno