viernes, 20 de julio de 2018

Denuncia inmediata

Una vez resueltos los dos problemas básicos de la humanidad (la tiranía y la escasez) los habitantes del Occidente próspero (no somos nosotros, los argentinos) deben afrontar otras preocupaciones: la ancianidad y las enfermedades, el sentido de vida, el contacto con otras culturas, el destino, los retos del matrimonio, la concupiscencia, la carrera laboral, la tentación de infringir la ley, entre otros.

Estos dilemas existenciales son la materia prima que utilizó Jeffrey Eugenides (Detroit 1960) para tejer cuentos durante treinta años. El sello Anagrama acaba de traer a la Argentina Denuncia inmediata (317 páginas), una recopilación de diez textos breves (pero no tan breves) de un novelista que hace cinco años aplaudíamos en este blog por La trama nupcial (pinche aquí).

La mitad de los cuentos han honrado las páginas de The New Yorker, lo que suele ser garantía de calidad. Quien publica en esa prestigiosa publicación arriesga su reputación. La intelectualidad neoyorquina sabe distinguir la buena escritura de la mala y disfrutar una historia. No es complaciente como la porteña que aplaude cualquier bazofia por amiguismo, cobardía o ignorancia.

Los relatos son macizos, de unas treinta páginas promedio; elegantes e ingeniosos en la expresión y el concepto. Hay un manejo hábil del flashback. Eugenides apuesta por el realismo clásico, hace un recorte de la sociedad postmoderna, aunque se limita al estrato social al que pertenece: clase media blanca, educada, bien pensante. El típico votante demócrata. No es la de J.E. una prosa sublime, pero exhala el perfume de la inteligencia.

UNO POR UNO


"Quejas" expone el drama de la demencia senil, "un demonio vaciándote el cerebro a paladas", en la era de los hijos poco afectuosos. Los dos muchachos de Della quieren solucionar el problema de una vez por todas, con rapidez y con el mínimo esfuerzo (como todos, bah). El autor demuestra talento para recrear la voz y la perspectiva de la mujer madura y no se priva de ofrecernos consejos de autoayuda. No desesperes por la madrugada, recomienda en la página treinta y siete, pues "la psique está en su punto más bajo y no puede defenderse. La desolación que te embarga la sientes como cierta, pero no lo es. No es sino fatiga mental enmascarada de penetración psicológica".

En "Correo Aéreo" narra la evolución espiritual de Mitchell, joven vagabundo norteamericano, en un paraíso turístico de Tailandia. Una feroz disentería amébica, con sus consecuentes ayunos gandhianos, le abre la puerta a nuevos estados de autoconciencia, como percibir "los sonidos de la energía universal", entre otras tonterías pseudoorientales.

Asistimos en "Jeringa de Cocina" a una Fiesta de la Fertilidad organizada por una exitosa cuarentona de la televisión, ansiosa por convertirse en mamá sin pasar por el engorro de una convivencia o de una boda. Escuchen esto: 

"De todos es sabido que los hombres cosifican a las mujeres. Pero ninguna de nuestras evaluaciones de pechos y piernas de las féminas pueden compararse con el frío cálculo de una mujer en el mercado del semen".

El problema del dinero es el núcleo incadescente de dos cuentos. En "Música antigua", Roodney no gana lo suficiente para poder conservar un clavicordio que había comprado tres años atrás en Edimburgo. A los que se quejan del invierno, Eugenides les advierte: "El frío es como Bach: te ordena la cabeza". Es probable que "Magno experimento" sea el mejor texto del volumen. Mezcla a Tocqueville con una estafa de tres al cuarto en un rascacielos de Chicago: Kendall, redactor al servicio de un magnate con ínfulas de divulgador cultural entiende que no se le paga por lo que vale y se asocia con un contador pillo para ganar unos miles a costa de su empleador.

Para no abrumar, digamos que el lector que busque una atrapante colección de cuentos, aquí la tiene. El tomo también incluye un emprendedor jubilado que se empeña en arruinarse ("Multipropiedad"), una cultura remota donde los varones piensan que el contacto con las mujeres es altamente contaminante ("Vulva oracular"), una seducción que fracasa por culpa de terceros ("Huertos caprichosos") contada desde cuatro perspectivas, un lacerante fracaso matrimonial ("Buscad al malo") y una trampa que una adolescente india le tiende a un laureado profesor de física ("Denuncia inmediata").
Guillermo Belcore

Calificación: Bueno


sábado, 14 de julio de 2018

La verdadera

¿Recuerdan El amor en los tiempos del cólera? El conmovedor reencuentro entre Florentino Ariza y Fermina Daza, antes de que anochezca. Con sutiles variaciones, una breve pero profunda novela crepuscular de Saúl Bellow (1915-2005) exploró el mismo tópico: el amor en la madurez.

En lugar de la exhuberancia del trópico y del barroco latinoamericano, encontramos en La verdadera (Emecé, 130 páginas, edición 1998) una prosa que, en cierta manera, refleja su lugar de procedencia. Es elegante, fría, eficaz y con pizcas de perversión. La historia transcurre en Chicago.

Bellow escribió la nouvelle a los 82 años de edad. Su estilo estaba intacto, aunque concentrado. Las observaciones exhalan ingenio y los comentarios sobre el orden social o la era moderna son tan inteligentes como siempre, pero quizás el Premio Nobel de Literatura 1976 no tuvo energías para un recorrido más prolongado. Uno se queda con ganas de seguir leyendo.

Habla Harry Trellman, judío estadounidense emancipado de las tradiciones, con un vago aspecto de oriental, los labios gruesos le dan el aire traicionero de Fu Manchú. Se dedica al oscuro tráfico de antigüedades chinas. Posee grandes cantidades de información general en su cabeza y tiene el poder de juzgar a sus semejantes sin equivocarse. Es decir, se trata de un observador de primera clase. Un anciano millonario lo contrata como consejero, por lo general para asuntos de buen gusto.

El núcleo incandescente de la trama es el reecuentro después de cuarenta años de Harry con su novia de la pubertad, Amy Wustrin, quien tuvo la mala idea de casarse con un amigo de ambos. El libro plantea, no sólo el poder de Eros, sino el misterio de los objetos amorosos, que, como enseña la psiquiatría, no se abandonan fácilmente. La distancia es sólo una formalidad. La mente no la registra.

Hay que decir que el encanto de La verdadera proviene también del hecho de que relumbra, al mismo tiempo, tanto por sus ideas como por el acabado de sus personajes. ¿Bellow delata a sus conocidos (todos judíos excéntricos) o bien se ha lanzado a inventar caracteres memorables como Jay Wustrin, un bribón obsesionado con la conquista sexual? El origen, al fin y al cabo, no importa. Lo que cuenta es el resultado. Aquí es magnífico.

El buen lector -que por fortuna todavía existe a tenor de los visitas diarias a este blog- debe conseguir esta novela por tres razones:

  1. Para iniciarse o profundizar en la obra de uno de los mejores escritores de nuestro tiempo.
  2. Se trata de una joya que se disfruta en cada una de las páginas.
  3. Las ideas en juego.

En relación a este último punto, resta decir que la perspectiva de Bellow-Trellman es el de las aristocracia espiritual frente a los filisteos. El amor es preferible a la concupiscencia carnal y económica. Muy saludable. En la página ciento veintiseis hay un planteo que no puedo dejar pasar. La sociedad, para que no naufrague, debe estar ideológicamente equilibrada, es decir derecha e izquierda deberían tener un peso similar

"Todos entendemos en que condiciones estamos. Es una era de liberación. Es como un gran buque, y los pasajeros siempre están tropezando hacia el lado del puerto o cayendo en estampida hacia estribor, y a punto de zozobrar. Nunca están distribuidos en forma pareja. En este preciso momento estamos concentrados a la izquierda, hacia el lado del puerto".

Guillermo Belcore

Calificación: Muy bueno


lunes, 2 de julio de 2018

Pequeño país

La región de los Grandes Lagos es la más inestable de Africa, está asentada sobre el eje de la gran falla, justo donde el continente se fractura. Por eso hay uno o varios sismos por día, casi todos imperceptibles. Lo notable es que los lugareños son como esa tierra ondulada.

"Bajo la calma aparente, detrás de una fachada de sonrisas y grandes discursos de optimismo, fuerzas subterráneas, oscuras, trabajaban de continuo, fomentando proyectos de violencia y destrucción que se manifestaban en períodos sucesivos, como las ráfagas de viento: 1965, 1972, 1988. Un espectro lúgubre se cuela con regularidad para recordarle a todos que la paz no es más que un corto intervalo entre dos guerras", escribió un hijo de la región, el artista Gaël Faye (Bujumbura, 1982) en un libro estremecedor, que acaba de llegar a la Argentina.

Pequeño país (Salamandra, 219 páginas) fue publicado en París hace dos años. Evoca la guerra civil en Burundi y el genocidio en Ruanda durante la década del noventa. Es decir, la muerte de más de un millón de personas por bala o arma blanca, no por causa de discrepancias territoriales, idiomáticas o religiosas, sino por "el tamaño de la nariz".

Se trata de una novela de aprendizaje. En la capital burundesa, el narrador va descubriendo de la peor manera posible la realidad profunda de su diminuto país: la grieta demencial entre dos etnias enfrentadas desde el siglo XII de nuestra era (naturalmente, el colonialismo europeo agravó las cosas).

"Descubrí la infranqueable línea de demarcación que obligaba a cada cual a estar en un bando u otro. Uno cargaba con ese bando desde que nacía, igual que recibe un nombre, y eso lo perseguía para siempre. Hutu o tutsi. Se era una cosa u otra. Cara o cruz", se describe en la página ciento treinta y tres.

Hijo de un francesito del Jura que hizo fortuna en Africa y una bella muchacha tutsi nacida en Ruanda, el protagonista decide volver a Bujumbura. Su padre consiguió enviarlo a Francia para salvarle la vida. Antes del retorno, divaga sobre el "principio del fin de la felicidad". Su paraíso personal -hecho de ausencia de sobresaltos económicos e intensas aventuras con los amigotes del callejón- voló en pedazos a la salida de la pubertad. La llegada de la democracia en Burundi degeneró en violencia política. 

Y sobre llovido, empapado. Los tres meses de masacres en Ruanda convirtieron en el peor de los infiernos a la región. Si duda, esos cien días (abril a junio de 1994) se cuentan entre los más aberrantes de la historia de la humanidad.

Faye nos coloca pues en primera fila ante el espectáculo del odio. Uno no puede dejar de preguntarse hoy en día: cómo fue posible aquella carnicería sistemática y metódica en la región más densamente poblada del Africa (es muy probable que aún hoy seamos siervos de las siniestras fuerzas de la demografía). Como sea, asombra la eficacia de los políticos extremistas hutus que exterminaron en un suspiro y en la era de la televisión a casi el 80% de la población tutsi de Ruanda.

Dos datos escalofriantes: del plan de ajuste estructural del FMI y el Banco Mundial desviaron fondos para que cada familia hutu tuviera un machete afilado en casa. Y la radio cumplió un papel crucial en el embrutecimiento de la población. Después del contagioso ritmo de la canción de Papa Wemba, siempre había una referencia a "las cucarachas tutsis" (las inyenzy), cuya hora de morir había llegado. Sólo se puede comparar con demonios nazis a los dirigentes y milicianos del Interahamwe.

MUSICA Y ECONOMIA

Algo hay que decir del autor. Gaël Faye, también de madre ruandesa y padre francés, obtuvo un master en Finanzas, pero dejó su bien pagado empleo en un banco de inversión en Londres para dedicarse a la música en Francia: el rap y el hip-hop son lo suyo. Pequeño país es su primera novela (por encargo de la editora independiente Catherine Nabokov). Asegura que no se trata de su propia historia. Antes de ser tapa, páginas y contratapa fue canción: https://www.youtube.com/watch?v=XTF2pwr8lYk.

La novela fue compuesta en el estilo pueril que tanto daño está causando en la literatura europea (sobre todo en Italia y Francia). Esta saturada de color local -mucha flora, fauna y costumbres exóticas-; folclorismo al gusto del decadente consumidor blanco. Esa superficialidad estilística contrasta con la densidad de la historia y del tema esencial. Hay muchas imágenes poderosas, turbadoras. Pequeño país no es un gran libro; pero es un libro francamente conmovedor, capaz de romper la costra de hielo que a todos se nos ha formado alrededor del corazón (recuérdese lo que decía Kafka al respecto). Y cuando decimos conmovedor, nos referimos a esa tristeza que te arranca lágrimas. El final es, en verdad, uno de los más impresionantes que he leído.
Guillermo Belcore

Calificación: Bueno

lunes, 18 de junio de 2018

V

"Decadencia es una caída de lo que es humano y cuando más caigamos menos humanos nos haremos. Nos desprendemos de la condición humana que colocamos en objetos inanimados y teorías abstractas".
 Thomas Pynchon 

Hace cincuenta y cinco años, Thomas Pynchon (Nueva York, 1937) publicaba su primera novela. Recibió V (518 páginas en la edición de Tusquets) un premio de la Fundación William Faulkner y el tibio entusiasmo de la crítica. No es un libro fácil, aunque es un libro fundamental. Después de otras siete novelas del eremita más famoso de la Alta Literatura, hoy se considera a V como el mojón que marcó el advenimiento de la literatura posmoderna. En tren de enunciar alguna idea original, este artículo afirma que fue -en forma y contenido- el primer gran campanazo en las bellas letras de la modernidad líquida, tal como Zygmunt Bauman la describe en sus ensayos. Un diletante de 26 años -ex estudiante de Ingeniería, ex marinero, ex alumno de Vladimir Nabokov, ex redactor de folletos en la Boeing- desplegó una sorprendente panoplia de nuevos procedimientos para representar una era física y espiritualmente fragmentada, pesimista e individualista por demás.

McLuhan tenía razón: artistas como Pynchon son las antenas de nuestra especie. El diagnóstico de 1963 -he aquí la razón de evocarlo- no ha perdido un gramo de vigencia, aunque hay que advertir de entrada que las historias de Pynchon carecen de esas conclusiones dogmáticas que provienen de las ideologías del siglo XX. No hay teorías nítidas, pero sí relámpagos de lucidez que deslumbran. Verbigracia: "La gente lee las noticias que prefiere y cada cual lo hace obedeciendo a sus intereses, construyendo su propio nido de ratas en base a periodicuchos y bagatelas históricas", establece en la página 240. Pudo haberlo escrito esta mañana en Buenos Aires.

No resulta sencillo resumir la trama de V, porque la trama para la novela líquida es lo menos importante. Como el capitán Ahab con su ballena blanca, el aventurero inglés Herbert Stencil se empeña en encontrar a V, que puede ser una mujer, un concepto o un lugar: 


"Como los muslos separados para el libertino, el vuelo de las aves migratorias para el ornitólogo, el filo cortante de su herramienta para el mecánico de serie, así era la letra V para el joven Stencil".

La búsqueda frenética lo obliga a reconstruir el pasado y conectarse con su padre Sydney, el diplomático y agente secreto del Foreign Office, muerto en 1919 cuando trataba de aplacar disturbios en Malta. La obsesión por V lleva a Stencil -además de La Valetta- a Nueva York, donde traba ligazón con La Dotación Enferma, una basca de jóvenes descontentos, inconformistas e inútiles. Conoce a Benny Profane, apenas retirado de la Armada, un pobre diablo sin oficio ni futuro, en busca de una identidad (todos nosotros personificamos una identidad, escribió Sartre y repite Pynchon).

Es realmente sorprendente como la composición de V es un reflejo certero de la sociedad baumaniana: se urdió en forma de red, con varios nodos dispersos y brillantes, en contraposición a la estructura firme, pesada, unidireccional de la novela decimonónica (hija de la modernidad sólida). Pynchon, no obstante, objetaría esta definición: "La palabra "es", en triste rigor, carece de sentido ya que se basa en el falso supuesto de que la identidad es única, el alma continua", arriesgó.


Stencil y el desgraciado Profane son pues los dos caracteres principales; interactúan con una copiosa galería de personajes estrafalarios en las situaciones más grotescas (¿Qué esperanzas podemos tener hoy en día de entender una situación en un mundo siempre cambiante?). ¡Bienvenidos, entonces, a la protorrealidad pynchoneana! Una sátira inteligentísima de los desvaríos de la humanidad, una crítica no convencional a la cultura de Occidente.

REFLEJO DEL MUNDO

La tesis de este artículo, como se dijo, es que el joven Pynchon ha logrado redondear en V una forma de expresión literaria que corresponde a la ausencia de certezas (solidez) del mundo contemporáneo. Sobre ese arquetipo construyó toda su magnifica producción novelesca con una magnitud y complejidad que pocos literatos han igualado. Veamos algunas procedimientos:

1 - Progression de'effet: 
El catedrático de Berkeley Frederick Karl ha teorizado sobre la extraordinaria destreza de Pynchon para armar el sentido y los personajes de a poco, por acumulación de detalles, hasta que las piezas encajan. La obra toma forma en la mente del lector. El lector, por así decirlo, hace la novela. Es un desafío formidable para nuestra pasión por comprender; vagamos desesperados y hambrientos por las páginas tratando de encontrar una clave que resignifique lo leído. ¿Acaso no estamos haciendo lo mismo en la vida?

2 - Pasión aristotélica por la pluralidad del Universo
Ese entusiasmo, que Borges y Whitman también experimentaban, es otro rasgo diferencial de Pynchon. Al igual que el autor de El Aleph, cree que lo extraño es el sabor primordial de la existencia. Desde el peculiar grito de la hiena manchada en la costas malditas de Namibia hasta el choque de la existencia humana con los objetos inanimados (las cosas son malas, decía Sartre) sus textos están sobrecargados de conocimientos enciclopédicos, con especial preponderancia de las leyendas, las sociedades secretas, los múltiples escondrijos y resquicios de la Historia (se ha dicho que Pynchon es el campeón de la paranoia contemporánea). El profesor Thomas H. Schaub ha percibido una irónica contradicción en la técnica: "la meticulosa ternura hacia los objetos que llaman su atención se contrapone con el fragmentado mundo que los rodea".

3 - La novela como museo
Pynchon tiene una especial preocupación por la Historia y por el papel que desempeña el hombre en ella. Es, a su modo, un filósofo del fenómeno del tiempo. "No combatas a la Historia, trata de coexistir con ella", nos alecciona. Es decir, los acontecimientos no ocurren, simplemente ya están ahí y nosotros tropezamos con ellos; o no, si logramos imponer nuestra voluntad a lo inanimado. Cabe destacar que en V los capítulos están ordenados en forma discontinua; pasado y presente se yuxtaponen, fluyen como en la vida real. Saltamos de Norfolk en 1956, a El Cairo en 1898. V, la inicial mágica, es el signo de la continuidad temporal. Bajo el rutilante manto de una deliciosa artificiosidad, el autor neoyorquino siente la necesidad de reprobar pretéritas aberraciones como el colonialismo genocida en la Deutsch-Südwestafrika. Le dedica cincuenta páginas al exterminio del pueblo herero; en una granja corrupta escenifica la colisión de ideas de la República de Weimar. Si Alemania encarna en el ideario pynchoniano la depravación política, Inglaterra es la perfidia y Francia la decadencia fetichista. 

4 - Parodias basadas en lo que los otros han inventado anteriormente
Si hay algo que caracteriza a la prosa de Pynchon es que evita la seriedad (¡otro signo de nuestro tiempo!), lo cual no implica que no desarrolle temáticas serias. En su paleta de hipercolores, están presentes las bufonadas, la sátira, el teatro del absurdo, la ironía, el sainete, las escenas de vaudeville, los materiales literarios de distinta procedencia como las canciones, el diario personal o las anécdotas de los marineros. Todo se recicla, como acostumbra a infligirnos el arte de masas posmoderno. El acumulado de incidentes es impresionante. ¿De dónde saca tantas subhistorias?, uno no puede sino preguntarse asombrado. V tiene -las palabras son de George Steiner- esa vitalidad acrecentada que distingue a las obras de arte.

Se ha dicho que, básicamente, existen dos clases de escritores. Algunos, como Paul Auster, son para todos. Otros novelistas, más complejos y ambiciosos, forman su propio grupo de lectores. Es el caso de Pynchon. Cabe preguntarse a esta altura del partido, por qué no se lo ha reconocido como el sublime cartógrafo de nuestros tiempos tumultuosos. ¿Porque es agotador?
Guillermo Belcore

Calificación: Excelente

PD: En este blog elogiamos otras obras de Pynchon:

lunes, 11 de junio de 2018

Los ojos vendados

El sello Seix Barral ha juzgado oportuno reimprimir la primera novela de Siri Hustvedt (1955), prolífica escritora y conferencista estadounidense. Los ojos vendados (237 páginas) fue entregado por primera vez a la imprenta en 1992. Le llevó seis años terminarlo a su autora. Ha recibido buenas críticas y se nos informa que se tradujo a diecisiete idiomas.

Como suele ocurrir con los primerizos, Hustvedt hace uso de lo que tiene más a mano; es decir en la obra incluye un copioso material autobiográfico. La narradora se llama Iris (Siri al revés), quien -como su creadora- es alta, delgada y rubia; proviene de un pueblo de inmigrantes noruegos de Minnesota; estudió letras en la Universidad de Columbia; sufrió períodos de estrechez económica (por no pedirle ayuda a los padres); y pasó una temporada en un hospital por unas migrañas devastadoras.

La novela es tan original como defectuosa. Los primeros tres capítulos fueron compuestos como si de relatos independientes se tratase; el cuarto añade otra historia y da un nuevo sentido a los demás. Piénsese en un palacio de muy ingeniosa arquitectura (recién se entiende el conjunto al finalizar la visita), pero casi todas sus habitaciones son glaciales, desangeladas o demasiado convencionales. No se han utilizado materiales de construcción de primera categoría.

Iris es una heroína tan neurasténica como las protagonistas de las novelas del siglo XIX que ha estudiado en la universidad. Se engancha, primero, con el pelmazo (y buen mozo y amante) de Stephen y luego con Michael, uno de los profesores eminentes de Columbia (casado y con hijos). La primera relación la conduce al infierno de las jaquecas; la segunda a la locura de un hermafroditismo de cotillón, como consecuencia de haber traducido al inglés una obra perdida de un escritorzuelo víctima de los nazis.

También le han causado cicatrices una extraña foto artística que le tomó un amigo de Stephen y un empleo extravagante como ayudante de investigación: para una especie de biografía, un sospechoso plumífero de tres al cuarto le encarga describir con susurros objetos de una mujer asesinada.

El problema con la trama es que más que una desintegración de una psique (lo que siempre resulta interesante en una novela), se trata de una cadena de estupideces de una joven frágil, que pertenece a una aburrida tribu. Acaso, lo mejor del texto sean las referencias cultas. Al apasionado por la literatura no le resultará difícil identificarse con pasajes como éste:

"-Me aliviaría enormemente que por una vez dejara los libros fuera de esto. 
-Puedo intentarlo, pero ellos se entrometen como un tic, uno después de otro, retumbando en mi cabeza, toda esa gente, toda esa charla. Aquí dentro hay un manicomio- Se señaló la cabeza y sonrió".

Con perspicacia, Iris-Siri establece que la bulimia libresca cumple la misma función que el fanatismo religioso o político, las drogas, las conquistas sexuales o la persecución del dinero: llenan un vacío. Falta algo en tu interior y tienes que llenarlo.

La prosa, por último, es tan elegante como fría. Es decir, es correcta, pero nada más que correcta. He aquí una oración idiosincrásica: "Era un amante intenso, y su celo creaba en mí una nueva sensación de mi propia otredad". Difícil conmoverse. Estamos pues ante una de esos fast book que parecen específicamente creados para el Círculo Púrpura, es decir la influyente y estéril comunidad de intelectuales de Occidente que un concepto mantiene aferrada por el cuello y le impide reflexionar: la corrección política. Les encantará también a quienes consideran vital la llamada perspectiva de género.

Hay que decir que Siri Husvedt es la esposa de Paul Auster. El hecho no tiene ninguna importancia para justipreciar la calidad de Los ojos vendados, excepto para mofarnos de la idiotez de cierto crítico alemán que llegó a decir que esta novela había sido escrita, en realidad, por Auster.
Guilllermo Belcore

Calificación: Regular

PD: Aquí se comenta, no sin decepción, otra novela de la señora Hustvedt: http://labibliotecadeasterion.blogspot.com/2011/12/el-verano-sin-hombres.html

domingo, 27 de mayo de 2018

Noche

Por Bernard MinierSalamandra. 476 páginas. Novela policial


Noche pertenece a una defectuosa estirpe que podría definirse con un anatema: literatura de supermercado. Carece de densidades temáticas, filosóficas o estilísticas pero se vende muy bien porque -precisamente- hay una enorme porción del público que desea consumir libros sin densidades temáticas, filosóficas o estilísticas. Es un artefacto que permite ganar dinero de manera legítima (lo que está muy bien), máxime cuando, como en este caso, se traduce a varios idiomas y el bestseller seduce a un productor televisivo y así muta en miniserie, la joya de nuestro tiempo. Arte -¿hace falta decirlo?- es otra cosa.

La solapa de la tapa nos informa que Bernard Minier (Beziers, 1960) fue aduanero y estudiante de medicina antes de dedicarse de lleno a la literatura. Noche es su quinto libro desde 2011 (Bajo el hielo es la que ha saltado a la televisión). Prolonga la saga del comandante Marín Servaz, el as de la Policía Judicial de Toulouse. Nuestro héroe enfrenta ahora un doble desafío.

Primero, el reto de Florian Jensen, un pervertido que casi mata al detective con un balazo al corazón. En segundo lugar, reapareció en Noruega su archienemigo, Julián Hirtmann, ex fiscal de Ginebra, devenido en asesino en serie de alcance continental. Se trata, por así decirlo, de una versión tardía y degradada del juego del gato y el ratón entre Sherlock Holmes y Moriarty.

Incluye la trama la suficiente cantidad de giros inesperados como para que resulte interesante, hasta cierto punto. Vamos de aquí para allá. El problema con el libro es la forma. La prosa es tan plana que no sería exagerado compararla con el electroencefalograma de un muerto.

Demuestra Minier aquí un nulo dominio de la metáfora. Las observaciones son superficiales. Difícilmente pueda narrarse un acto sexual -ese misterio del universo- de manera más sosa como la que se expone en la página ciento setenta y dos. Con la información se suscita otro asunto desagradable. Alguien debe haberle dicho al autor que un thriller de estas características "siempre tiene que enseñarle algo al lector". Como consecuencia, los personajes se lanzan a soltar parrafadas con datos como si estuviesen leyendo la Wikipedia.

Amable lector, recuerde está máxima: Los libros buenos tienen una gran función social, impiden que perdamos el tiempo con libros malos.
Guillermo Belcore

Calificación: Malo

domingo, 20 de mayo de 2018

Ortodoxia

“El hombre feliz es el que hace mayor número de cosas inútiles”.
Chesterton


Después de finiquitar Ortodoxia (Fondo de Cultura Económica, edición 1987, traducción de Alfonso Reyes), es menester formularse una pregunta: ¿Por qué seguir leyendo hoy a Gilbert Keith Chesterton (1874-1936)?

La primera respuesta es obvia: porque es un placer tan intenso como raro. El pensador inglés fue uno de los campeones universales del ingenio verbal, manejó la paradoja como el florete los Mosqueteros. ¡Y se impuso la misión de que en casi todos los párrafos debía haber una! No importa si sus estocadas eran auténticas; su valor deviene de la belleza de la expresión, de la sorpresa o la sonrisa que promueven. En una época, donde los perjuros de los Suplementos de Cultura prácticamente han consagrado el arte de escribir mal, retornar a una era donde escribir muy bien era la norma -so peligro de ser aplastado con un anatema- causa un regocijo inmenso. No sé si dieron cuenta, pero en este blog defendemos a capa y espada el sentido básicamente hedonista de la lectura.

Punto dos. La ideología. Chesterton era un católico razonable (me gusta pensar que yo también lo soy) en una Inglaterra racionalista y liberal, filosocialista en parte de su comunidad de intelectuales (Bernard Shaw fue uno de sus acérrimos adversarios). Sus sablazos contra lo que hoy llamamos “pensamiento políticamente correcto” no han perdido filo. Por ejemplo, de los abolicionistas penales -los discípulos con toga del nefasto Raúl Zaffaroni- podríamos decir lo mismo que Chesterton dijo de otros de su calaña: 

“A fuerza de querer ser tan humanitarios, acaban por ser realmente enemigos de la especie humana”.  

Hay en Ortodoxia decenas de latigazos similares. Uno está obligado a leer con un lápiz en la mano. Da que pensar, por cierto, que el esnobismo, la idiotez y la inmoralidad progresista que a Chesterton exasperaba a comienzos del siglo de Hitler y Stalin se parece muchísimo a lo que nos exaspera hoy.

En este punto, es necesario explicar de qué va el ensayo, entregado por primera vez a la imprenta en 1909. Chesterton se ufanaba de “estar siempre dispuesto a escribir un libro a la menor provocación“. Alguien le achacó en aquellos años irresponsables “no haber querido definir su teoría cósmica”. Nuestro héroe, “un polemista con el que nadie deseaba encontrarse al doblar la esquina de una idea” (el prologuista dixit), respondió con Ortodoxia que básicamente se trata de una apasionada defensa de su conversión a la fe de Francisco. “La teología cristiana es la mejor fuente de energía y de ética sana”, es el pilar donde se asienta todo su agudo razonamiento.

En el primer tramo de la ruta de su especulación personal, el filósofo al voleo revisa -pulveriza, quise decir- algunas doctrinas de su tiempo. Compara a los materialistas con los chiflados:


“En ambos se encuentra esa combinación de racionalidad expansiva y agotadora con un sentido común contraído y mísero; y sólo son universales por cuanto se apoderan de una minúscula explicación parcial y la llevan demasiado lejos”…

Chesterton tienen razón: “sólo los lunáticos son incapaces de cambiar su punto de vista” (y los intelectuales militantes de nuestro tiempo). Y arriba así a una de sus conclusiones más convincentes: la razón -nunca la fantasía- conduce a la locura y a la desesperación (“la fantasía es un hecho positivo y lo que ha menudo resulta un fraude es la realidad“). Se trata de encontrar la poética del mundo. El misticismo es el secreto de la cordura y de la sabiduría: no oponen obstáculos a la mente las doctrinas espiritualistas (no así el marxismo). Mientras haya misterio habrá salud. Lo destruyes y veras nacer en ti las tendencias morbosas. Locura es la razón que opera en el vacío. El cristianismo entendido como una suerte de segunda infancia y como fórmula de emancipación. “Todo puede entender el hombre pero sólo mediante aquello que no puede entender”, otra espléndida paradoja, ¿no?

Tercera razón para seguir amando a Chesterton: sus obras desbordan de ideas sugerentes. Aún hoy. Escuchen esta última llamarada de inteligencia: 


“Podemos entender el cosmos pero nunca el ego, porque el propio yo está más distante que las estrellas”.

Guillermo Belcore


PD: Muy bueno


PD: En este blog adoramos a Chesterton. Hay más obras comentadas:

1 http://labibliotecadeasterion.blogspot.com.ar/2016/10/el-hombre-comun-y-otros-ensayos-sobre.html
2 http://labibliotecadeasterion.blogspot.com.ar/2015/12/chesterton-y-la-cuestion-alemana.html
3 http://labibliotecadeasterion.blogspot.com.ar/2014/03/la-era-victoriana-en-literatura.html
4 http://labibliotecadeasterion.blogspot.com.ar/2010/10/la-sabiduria-del-padre-brown.html

lunes, 14 de mayo de 2018

Halcón

Lukas Bärfuss

Adriana Hidalgo Editora, 158 páginas.


Observada desde este empobrecido rincón de Occidente, Suiza brilla como un edén. Seria, ordenada, previsible, la nación alpina funciona con la eficacia -justamente- de un reloj suizo o del revés de Roger Federer. No obstante, un libro viene a advertirnos que debajo del pacífico y laborioso cromado no habría otra cosa que hielo y aburrimiento. Escuchemos a uno de sus hijos eminentes, el escritor Lukas Bärfuss (Thun 1971):

“…Si se trazara la curva de la vida un habitante típico como una línea que uniera nacimiento y muerte, el resultado sería una línea llana, sin elevaciones ni hondonadas, un pausado, continuo bregar hacia el propio final, interrumpido aquí y allá por algunas anomalías, temblores por enfermedad o divorcio. Rara vez avanza hacia su fin aquí una existencia después de los cuarenta de otra forma más que apagándose paulatinamente, lo cual quizás sea la expresión equivocada ya que presupone que allí antes ardió un fuego. En la llama de la pasión son pocos los que arden. Más bien es como si un globo medianamente inflado se fuera desinflando lentamente…”

Decía Chesterton que “todo aquel que no deja que se le ablande el corazón, tendrá que sufrir que se le reblandezca el cerebro”. He aquí un caso. Un bien día, Phillip, ciudadano suizo, decide consumirse en una pasión estúpida. La contemplación de unos zapatos chatitos color azul ciruela hace que se ponga en movimiento en dirección a la locura. Con el furor de un barrabrava o de un inquisidor comienza a perseguir a una muchacha joven y quizás hermosa por las calles, un acto que si en la Argentina es más común que el soborno, en Suiza resulta tan raro como un alarido dentro de una Iglesia. Lo irracional irrumpe en el paraíso helvético, ese es el tema de la novela más reciente de Bärfuss, que Adriana Hidalgo Editora -un sello especializado en delicatessen- acaba de traer a la Argentina.

En Halcón, un narrador atribulado relata las treinta y seis horas de un desarrollador inmobiliario, de cuarenta y tantos años, que se mete en dificultades hasta hundirse en la degradación. No se sabe bien porqué; ataque de hastío es el diagnóstico a ojo de buen cubero del supuesto testigo. La travesía es fascinante pues viene salpimentada con inteligentes observaciones (críticas, en realidad) sobre la vida contemporánea. Establece Bärfuss, por ejemplo, que cada época posee una herramienta de la que depende de modo fundamental. La Revolución Industrial es sinónimo de máquina de vapor, la Ilustración necesitó de la imprenta y nuestra era depende de un aparato banal, que no es el teléfono inteligente -como la mayoría cree- sino el cargador. Sin ese adminículo pequeño y ordinario, millones de seres humanos se quedarían sordos y mudos, aislados de los demás y prácticamente desvalidos.

Además de la inteligencia en el timón, otra cualidad del libro es la limpidez de la prosa. Tiene, por así decirlo, la claridad y belleza del lago Bachalpsee. En las mejores páginas, hallamos el espíritu desdeñoso de Celine. Palos a la escoria de la ciudad, con la que va tropezando Phillip en su extraño plan. Ese tono ácido caracteriza -según la crítica diarística- a las obras de teatro de Bärfuss, algunas de las cuales ya se han representado en la Argentina. Si como dramaturgo el autor suizo (escribe en idioma alemán) ya ha encontrado fama y reconocimiento, como novelista también merece aplausos. 

Hace nueve años, recomendábamos en este suplemento Cien días de Bärfuss, pues abordaba con un sutil talento las horrorosas matanzas en Ruanda. Ahora insistimos en que ‘Halcón’ es una lectura muy agradable. A pesar de la exigua cantidad de páginas y de su intención moral, no se trata de un fast book. La densidad de situaciones, personajes e ideas es óptima.
Guillermo Belcore

Calificación: Bueno

domingo, 29 de abril de 2018

Entrevista con la historia

¿Se ha visto alguna vez un rostro tan triste como el del rey Hussein de Jordania?”Oriana Fallaci 

Doy fe de que el periodismo ha gestado alguna de las mejores páginas de la Alta Literatura. Después de haber leído las columnas de Chesterton, los sueltos de Borges y Fogwill, los reportajes (en el sentido español) de Orwell y los artículos de Steiner he llegado a tal conclusión. Al fin y al cabo -y no me canso de decirlo- no existen los géneros o subgéneros menores; existen buenos o mediocres escritores. Punto. 

Añádase a la colección de gemas del periodismo las radiografías que la señora Oriana Fallaci (Florencia 1929-1986) reunió en Entrevista con la historia, entregado a la imprenta en 1974 y reimpreso luego en decenas de oportunidades (una edición corregida y aumentada de 615 páginas, la de Noguer, es la que llegó a mis manos). Aún hoy es un placer enorme leerlo por varias razones, una de las cuales es que contiene algunos de los mejores retratos de estadistas que se han compuesto desde la invención de la tinta y el papel. 

Cada retrato antecede a una entrevista (veintiséis en total) que Oriana realizó entre 1969 y 1976 a personajes de primera línea de la escena mundial para el periódico L‘Europeo. “Veintiséis monstruos sagrados de espaldas a la pared”, como apuntó el crítico Michele Prisco. 

El valor histórico de cada capítulo es excepcional. Y en conjunto conforman una agudísima reflexión sobre los mecanismos de poder. Pero la erótica literaria se encuentra en los detalles que van apareciendo. Se detiene en los ojos del general Giap, por ejemplo, “los ojos más inteligentes que quizás haya visto jamás”… (los de Yasser Arafat, por cierto, eran hipnóticos cuando no estaban ocultos tras las gafas negras; los de Giulio Andreotti despedían un relámpago de hielo que la dejaba aterrada de sólo recordarlo). Y en la voz monótona, triste, siempre igual de Henry Kissinger que extrañamente no movió la aguja del magnetófono durante toda la entrevista: 


 “¿Conocen el rumor obsesivo, martilleante, de la lluvia que cae sobre el tejado. Pues su voz es así. (…) Todo está calculado en él; como el vuelo de un avión conducido por un piloto automático. Pesa cada frase hasta el miligramo”…

QUE MUJERES


De la atenta lectura del volumen surge que si hay algo que cautivaba al espíritu libre de Oriana son las mujeres poderosas, las que han logrado doblegar al imperio universal del macho. Golda Meir e Indira Gandhi, en particular, recibieron pues un tratamiento favorable a más no poder. La propia periodista, incluso, admite su descarada falta de objetividad: 


“En una época avara en que los líderes que tienen en sus manos el destino del mundo, salvo dos o tres casos, parecen los apóstoles de lo gris y lo mediocre, Indira se destaca como un caballo de raza…” 

Dos datos curiosos. La entrevista con la estadista israelí debió repetirse, porque en Roma le rapiñaron las cintas de su hotel cuando había salido a comprar un bocadillo. Fallaci culpó a Kadafi por el robo. Después del encuentro en Nueva Delhi, por otra parte, el presidente de Pakistán, Ali Bhutto, la invitó de inmediato a Rapalwindi para darle su propia versión de los dramas del subcontinente. El sueño de todo periodista: que sean las propias personalidades del poder las que te busquen para hablar a corazón abierto.     

Decía Chesterton que uno de los juegos favoritos de la humanidad es burlarse de los profetas. Hay un agrado adicional en el volumen: descubrir los pronósticos fallidos. Willy Brandt vaticinaba que la reunificación alemana no se produciría antes de setenta años. El sha de Irán estaba convencido de que su monarquía duraría mucho más tiempo que la democracia occidental. El comunista Santiago Carrillo aseguraba que una huelga general tumbaría al decrépito Franco. ¡Qué iluso! Yo no veo solución alguna al sudesarrollo en el capitalismo, sentenciaba Don Helder Cámara, otra necedad.

La Falaci de este volumen, hay que aclararlo, no tiene la lucidez ideológica de sus obras tardías. La riña exasperada y exasperante con William Colby, ex mandamás de la CIA, delata su ceguera ante el fenómeno del comunismo europeo, títere de la Unión Soviética, a pesar de los esfuerzos por mostrarse independiente. “Debajo de los discursos tácticos, se esconde una declaración estratégica”, le advertía el caballero estadounidense, con razón. Con un toque siniestro y palabras de Jefferson, Colby justificaba en 1976 el asesinato de Salvador Allende: “El árbol de la libertad ha de ser regado cada veinte años con sangre de tiranos”. Amparaba a Pinochet, porque claro, nada podía ser peor que una dictadura comunista, de la que nunca se había vuelto (¡otra predicción equivocada!). El rencor de Oriana, no obstante, no se explica sólo por simpatías izquierdistas. La periodista sospechaba que la inteligencia americana estaba vinculada con la sospechosa muerte de su amado, el dirigente griego Alejandro Panagulis, a quien también había entrevistado años antes.

Corran a comprar el libro, nuevo o usado. Es fascinante.
Guillermo Belcore


Calificación: Excelente


martes, 24 de abril de 2018

El invierno del lobo

Antes de la Cruz y la Redención, los hombres adoraban a deidades famélicas que exigían, a cambio de favores, una ración de sangre, humana incluso. Como el Hombre Verde, una voracidad malévola dotada de forma vegetal. El culto proviene de la Vieja Europa; sus seguidores se autodesignaron la Familia del Amor. Perseguidos en Inglaterra, los sectarios emigraron a América; piedra a piedra cargaron en los barcos una Iglesia contaminada con imágenes paganas. El espíritu infernal viajó con ellos. Se establecieron en los bosques de Maine y fundaron la localidad de Prosperous. Sus descendientes, mucho más afortunados que la media estadounidense, mantuvieron la pureza étnica y el pacto de Northumberland: cada tanto arrojan a un muchacha del exterior a un agujero en el cementerio a modo de alimento.

Un Pueblo Maldito, el formidable adversario de Charlie Parker y sus dos asesinos de confianza (Louis y Angel) en su décimocuarta andanza. El invierno del lobo fue entregado a la imprenta en 2014. El detective privado investiga la muerte de un mendigo muy peculiar (Jude apareció colgado pero sólo las autoridades concluyen que fue suicidio) y la desaparición de la hija del indigente. La chica, al parecer, había conseguido trabajo en Prosperous. Qué mala suerte.

Una comunidad endogámica, anclada en el pasado, con muy feas tradiciones, adoradores de un demonio es pues el eje de las últimos dos libros de John Connolly (pinche aquí). Se trata de novelas tan policiales como fantásticas. Un híbrido muy bien logrado. Lo confieso: Connolly es uno mis autores favoritos.

En primer lugar, me agradan sus indagaciones teológicas. Como buen irlandés católico establece una verdad histórica: las herejías han causado siempre más daño que las religiones tradicionales. También desliza un pensamiento esotérico inquietante:  los hombres crean a los dioses en igual medida, si no más, que los dioses crean a los hombres. Ergo, los dioses pueden morir. Es la fe lo que les otorga poder. Fascinante, ¿verdad?


En paralelo al combate contra los familistas y los rostros foliados de la Santa Capilla de la Congregación de Adán antes de Eva y Eva antes de Adán, operan tras las bambalinas criaturas escalofriantes que forman parte de la mitología Connolly: el Coleccionista, los Hombres Huecos, el Cambión, los Patrocinadores, que intentan despertar a un divinidad dormida. El detective es una Fuerza de la Luz. Se lo conoce y teme por su eficacia para airear secretos enterrados y aniquilar a sus enemigos. Ha sido tocado por el Divino, reconocen los malos con admiración. Pero en esta ocasión a Parker lo cosen a balazos…

Digamos una vez más que Connolly es un magnífico constructor de villanos. Sus personajes son rotundos, con una doble excepción: Luis y Angel, los sicarios de Parker, una pareja homosexual de contornos no bien definidos. Sus diálogos son sosos, pero se trata de un caso aislado. El literato, por lo demás, siempre quiere enseñarle algo a sus lectores. En esta ocasión, sale en defensa de los sin techo: vivir en las calles es un trabajo agotador del que casi nadie puede escapar.

A esta altura, hay que reconocerle a Connolly que ha logrado el tono justo de la novela negra, con su ironía, su sarcasmo, sus réplicas ingeniosas, sus metáforas para coleccionar. Además nunca es aburrido y ha creado un ambicioso universo fantástico. Falta de ambición, radix omnium malorum. La raíz de todos los males de la literatura moderna.
Guillermo Belcore

Calificación: Muy buena

PD: En este blog se han aplaudido otras novelas y cuentos de Connolly.
1 - http://labibliotecadeasterion.blogspot.com.ar/2013/12/nocturnos.html
2 - http://labibliotecadeasterion.blogspot.com.ar/2008/11/los-atormentados.html
3 - http://labibliotecadeasterion.blogspot.com.ar/2015/03/cuervos.html

lunes, 23 de abril de 2018

Leer como niños (a Neil Gaiman)

Los cuentos de hadas son más que ciertos. No porque digan que existen los dragones, sino porque dicen que se los puede derrotar.
G. K. Chesterton

Para disfrutar de las obras de Neil Gaiman (Porchester, 1960) hay que aceptar una premisa de hierro: ahí afuera existe un multiverso, relumbrante y mágico. Están los Angeles, los Dioses del Caos y los Señores del Orden. Están las razas antiguas, altas pálidas y élficas y los reinos jóvenes. Están los trolls y la gente, como nosotros, aburrida, estúpida y normal. En términos borgeanos, es una literatura que exige completa suspensión de la incredulidad. Compórtate como un niño con el libro y serás recompensado. Gaiman es uno de esos autores dignos de confianza, que creen que no debe haber nada oculto baja la superficie de una buena historia.

El sello Salamandra reimprimió ahora Humo y espejos (395 líneas) una colección de cuentos publicados entre 1985 y 1998, la mayoría en antologías específicas (para una de relatos sobre el Santo Grial, otra sobre Navidad, otra sobre la revista Penthouse, otra con relatos de cien palabras, otra más sobre el sexo, etc, etc.).

Descubrimos pues un Gaiman inexperto que, mientras buscaba sus propia imaginería, se ganaba la vida reescribiendo clásicos, como El retrato de Dorian Gray o las pesadillas horrorosas de Lovecraft. Y no lo hacía mal. Realmente, nadie que lea el magnífico Nieve, cristal y manzanas (oímos la atormentada voz de la madrastra) volverá a sentir simpatía -ni siquiera piedad- por Blancanieves y sus infames siete enanos.

El volumen tiene dos puntos flacos. El primero es cierta veta costumbrista, que allí donde aparece nunca levanta vuelo. Por fortuna, sólo lastra uno o dos cuentos. En segundo lugar, los ocho relatos en verso hacen rechinar los dientes. Una de dos. Exigen una traducción más competente (un poeta, sobre todo) o definitivamente Gaiman solo nació para la prosa.

Hecha esta salvedad (doble), digamos que la recopilación atesora entre diez y quince cuentos, entre buenos y excelentes (de un total de treinta), algunos, incluso, con sentido del humor. El recurso de añadir un elemento fantástico a una narración convencional es la piedra de toque del libro. Por ejemplo, una familia adopta un gato negro; poco después descubre que la protege del Diablo y la Mala Suerte. Otra se va de picnic al fin del mundo. Literalmente. Un remedio para curar el cáncer provoca -como efecto secundario- cambio de sexo.

Al parecer, hay una pregunta de los periodistas o de los lectores que Gaiman detesta con toda su alma: "¿Cómo se le ocurren a usted estas cosas?". Es que no sabe bien qué decir a los curiosos. "Confluencia", es una respuesta de compromiso."De pronto, las cosas encajan. Se reúnen los ingredientes adecuados y ¡abracadabra!". La magia de la buena literatura.
Guillermo Belcore
Publicado en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa.

Calificación: bueno

PD: En este blog, se elogiaron otros dos libros de Gaiman:
1) Un libro de cuentos http://labibliotecadeasterion.blogspot.com.ar/2017/04/material-sensible.html

2) Y una novela http://labibliotecadeasterion.blogspot.com.ar/2017/09/neverwhere.html

sábado, 14 de abril de 2018

La chica del tambor

No hace falta leer a Neil Gaiman o a Stephen King, para percatarse de que por debajo de la realidad cotidiana -donde moramos la personas aburridas- existe otro mundo fascinante, aunque no fantástico: el inframundo de los servicios secretos. Se rige, como es sabido, no por la ética o la moderación, sino por una letal búsqueda de la eficacia para que los Estados puedan cumplir sus objetivos, en el mejor de los casos, no reprobables. Es una tarea sucia, más roñosa que la bodega de un carguero.

Quien mejor ha explorado esas catacumbas hediondas es un ex diplomático de la Gran Bretaña, cuyas novelas -mitad ficción, mitad documentales- han recibido la bendición del público y la crítica. Es decir, son muy entretenidas y no resignan calidad literaria. Hablamos, naturalmente, de John Le Carré (Dorset, 1931).

En 1982, Le Carré publicó La chica del tambor. Encontré un ejemplar en buenas condiciones, con tapa dura (Emecé Editores, 555 páginas) y precio insignificante en el segunda mano del Ejército de Salvación. Qué maravilla. Hoy puedo afirmar que se trata de la mejor novela que le he leído a un autor imprescindible. La traducción de Daniel Zadunaisky, para mejor, es impecable. La erótica de la obra llega intacta a nuestras manos.

La trama encara el sórdido conflicto entre Israel y los palestinos. Volvemos a la década del ochenta. Una célula árabe utiliza chicas occidentales para derramar sangre judía en Europa: entre otras atrocidades, vuelan la casa del agregado laboral israelí en Bonn. El Mossad secuestra a una insensata actriz británica, ‘Charlie La Roja’, y la induce a infiltrarse en el grupo terrorista; debe representar el papel de amante secreta de un joven palestino muerto, con el fin de atrapar al hermano de éste, el cerebro de la banda. “Si quieres atrapar un león, primero debes atar una cabra“, es la premisa del plan, un asombroso mecanismo de relojería, que a primera vista parece inverosímil. El suspenso está bien dosificado.

Es excelente el libro por varias razones. En primer lugar, ofrece información precisa sobre asuntos candentes, muchas veces de primera mano. Se nos ilustra sobre la política interior de Alemania (Le Carré sirvió como funcionario del Foreign Office en Bonn y Hamburgo), el reclutamiento de agentes israelíes en Occidente, la construcción de bombas caseras, los campamentos palestinos en Líbano, las intrigas en Jerusalén el seno de los servicios de inteligencia (la vieja guardia europea vs. el ejército de expertos campamentos origen local), y entre éstos y los políticos que prefieren los bombarderos indiscriminados (en el Líbano ayer, en Gaza hoy) a luchar contra el enemigo usando la sesera. Muy inspiradora es la crítica a los pseudointelectuales que abrazan las causas del izquierdismo radical, producto, por lo general, de un trauma o una carencia psicológica. “Los rebeldes sólo ansían una más cómoda conformidad”, apostilla. 

Otra virtud es que si prácticamente todos los personajes son rotundos, los espías israelíes resultan memorables. En primer lugar, Marty Kurtz, “veterano de todas las guerras desde las Termópilas”, director de orquesta en la ‘operación Charlie‘, maestro del engaño, un inquisidor que postula que la tortura es contraria a la ética y al espíritu de su profesión de interrogador. “Esforzaos es utilizar la violencia contra la mente y no contra el cuerpo”, postula.

También atrapa nuestra imaginación, Gary Becker, mítico comando de elite, ángel exterminador entregado a la limpieza de los verdugos de los judíos, con mil cicatrices en el cuerpo y en el alma. En realidad, es un escalador que se ha hartado de las montañas. Construye con la pobre inglesita (pacientemente le lava el cerebro) una tortuosa historia de amor. Los cambios de decorado, por cierto, son frenéticos: Bonn, Munich, Jerusalén, Berlín, la frontera turcogriega, la isla de Mikonos, Atenas, Londres, Tesalónica, Salzsburgo, Beirut, Sidón… ¡la novela no se queda quieta!

JUEGO LIMPIO

Hay que destacar el fair play del Le Carré. Su enfoque moral resulta inexpugnable. Los dos puntos de vista están bien desarrollados. Ambos exhalan angustia. Si por un lado, alguien nos dice esta gran verdad: “si los dejarán en paz, los israelíes no matarían a un solo palestino en lugar alguno”; varias páginas más adelante se nos recuerda que “el acto más cruel y burlesco de los últimos treinta años es que el Estado de Israel ha convertido a los palestinos en los nuevos judíos de la historia”. Saque usted sus propias conclusiones.

De la prosa, algo debemos decir. Tiene dejos de Graham Greene y de Doris Lessing en sus brillantes indagaciones. Tiene profundidad psicológica y emplea la ironía y el sarcasmo, lo que es siempre señal de inteligencia. Le Carré no tiene prisas, se toma todo el tiempo del mundo para los interrogatorios, los estados de ánimo, las entrevistas. Fondo y forma son, en síntesis, un conjunto armonioso que hacen fluida y placentera la lectura. La novela ha superado airosa el paso del tiempo. La guerra en Medio Oriente continúa.
Guillermo Belcore

Calificación: Excelente

PD: La novela ha sido llevada al cine en 1984 e inspiró una miniserie de la BBC, aún no exhibida. Prefiero no verlas.

jueves, 12 de abril de 2018

'O mecanismo', una serie esclarecedora


Ficha técnica:


Dirección: José Padilha (piloto), Felipe Prado (2 episodios), Marco Prado (3 episodios) e Daniel Rezende (2 episodios)Guión: Elena SoárezElenco: Selton Mello, Caroline Abras, Enrique Díaz, Lee Taylor, Jonathan Haagensen e Otto Jr.Nacionalidad y lanzamiento: Brasil, 23 de marzo de 2018 en Netflix (mundial)


Después de atizar a las aerolíneas de bajo costo y a los créditos UVA, el kirchnerismo recalcitrante ha encontrado un nuevo enemigo: Netflix. La muchachada militante está indignada (como sus primos populistas de Brasil) con la presentación de una miniserie esclarecedora, proveniente del país vecino, que desnuda el mayor robo de dinero público que ha sufrido América latina durante este siglo. Es decir, se han enfurecido porque O mecanismo detalla en los ocho capítulos de la primera temporada la complicidad de Lula y Dilma con el Petrolao.

La tesis -inobjetable- de la tira es que la corrupción no tiene ideología y que los políticos nac & pop, que supuestamente iban gobernar de manera distinta, no son éticamente mejores que los de la derecha pura y dura. Esa insoportable superioridad moral con la que gusta pavonearse el progresismo es un fraude (como la fortuna de Lázaro Báez).

En líneas generales, la miniserie se apega pues a la verdad histórica; las diferencias -una frase que en realidad Lula no dijo, por ejemplo- se encuentran sólo en los detalles. La libertad creativa se expresa en uno o dos anacronismos, en algún caracter magnificado, se incorporan los consabidos desahogos sentimentales, y se modifican ligeramente los nombres. Por ejemplo, Dilma Rousseff es Janete Ruscov y el intrigante Michel Temer se llama Samuel Thames. Todos los personajes significativos de la pantalla tienen su correlato en la política de Brasil de los últimos diez años.

O mecanismo es una creación del talentoso cineasta Sergio Padilla (Narcos y Tropas de elite). Las actuaciones son soberbias y no se escatimaron gastos para la factura de un producto de alta calidad. Para quien esto escribe, la realidad narrada es siempre más interesante que la fantasía. Seguimos paso a paso el proceso policial y jurídico conocido como Lava Jato que -para bien de toda América latina- concluyó en el encarcelamiento de peces gordos de la política (tanto de la derecha como de la izquierda) y de los negocios. El suspenso lo aportan las maniobras de los canallas para librarse del castigo. La tensión nunca decae. Concluye la primera temporada, con los sucios esfuerzos para asegurarse la impunidad de Marcelo Odebrecht, el titular de la mayor constructora del cono sur, hoy un verdadero emblema de la podredumbre latinoamericana.

El thriller político, que ha sido comparado con The Wire, establece:

* Durante los mandatos de Lula y Dilma, Petrobras se convirtió en la caja de financiación de los grandes partidos de Brasil. El PT y el PMDB (su principal aliado durante diez años) controlaban direcciones estratégicas de la petrolera estatal que recibían, en carácter de soborno encubierto, el 1% de los grandes contratos con empresas privadas. 

* El mecanismo es un circulo vicioso: los gobernantes electos por el pueblo designan a los directores de Petrobras que a su vez amañan los contratos con los colosos de la construcción en Brasil. Los empresas resignan parte de ese dinero mal habido, que termina en las arcas de los partidos políticos. 

* Intermediarios, cambistas, entregaron a los dirigentes políticos enormes maletas repletas de dinero.  

* El circulo vicioso se reproduce en corruptelas domésticas, de bajo monto. Es un cáncer que hizo metástasis. Y los que luchan contra él cáncer, no salen indemnes. 

* Lula recibió un triplex de una de las constructoras favorecidas con contratos inflados.

* El líder de la oposición derechista, Aecio Neves es, incluso, más enviciado que los gerifaltes del PT. Junto al vicepresidente Temer maquinó la destitución de Dilma, con el apoyo decisivo de la prensa.

* La política en Brasil es una guerra de pandillas. Cuando algo se mueve es porque a una de las facciones le conviene.

* La fuerza motriz del Lava Jato fue un puñado de policías honrados, dos fiscales ambiciosos y el valiente (aunque algo presuntuoso) juez Sergio Moro que desde una capital de provincias (Curitiba) cambiaron -para bien- nuestra historia. 

A ver, gente, si logramos dimensionar la audacia: un magistrado probo de la remota Maringá puso de rodillas a los malandras más poderosos de Brasilia, San Pablo y Río de Janeiro. Moro es el verdadero héroe de este lío. 
Guillermo Belcore

Calificación: Muy buena



lunes, 2 de abril de 2018

Tiempos oscuros

"Hay un tipo de maldad que ni siquiera se opone al bien, porque el bien es irrelevante para ella. Es una abyección que radica en el corazón de la existencia, que nació de la naturaleza misma del universo. Está en la descomposición hacia la que tienden todas las cosas. Existe, y siempre existirá, pero al morir la dejamos atrás".
 J.C.

El Tajo es un fenómeno aberrante en el distrito más pobre (Plassey County) del estado más atrasado (Virginia Occidental) de la Unión. Una comunidad endogámica, que desciende de doce familias de colonos escandinavos del siglo XVIII, prospera en ese valle minero gracias al latrocinio sistemático. Sus hombres no titubean en quemar vivo a cualquier incauto que amenace el feroz aislamiento. Adoran a una criatura infernal: el Rey Muerto.

Con los atroces pecados de El Tajo deberán lidiar el detective privado Charlie Parker y los dos ángeles de la muerte que lo secundan. Sus caminos se han entrecruzado a raíz de una venganza implacable que el líder de la secta, Oberon Olhouser, aplica sobre un pobre diablo que osó defenderse con balazos y buena puntería de dos de los hijos del gánster durante un asalto en Maine. 

La cena está servida y es muy sabrosa. Es probable que Tiempos oscuros (Tusquets, 477 páginas), decimoquinta entrega de las andanzas de Parker, sea el mejor libro que haya escrito John Connolly (Dublin, 1968). Al menos, es el mejor que le ha leído el autor de este artículo a un novelista concienzudo que ha renovado el género policial mediante la delicada incorporación de elementos fantásticos y teológicos, y cuyo prosa es, a esta altura, más estadounidense que las hamburguesas de McDonald"s pero con un leve toque exótico. El placer de un buen escritor en su plenitud artística.

VARIAS LINEAS

Relumbra la obra, sobre todo, por los relatos paralelos, es decir por la habilidad del literato para manejar varias líneas argumentales, algunas de las cuales provienen de libros anteriores. Charlie Parker se ha convertido en un arma en manos de un Dios invisible. Tiene el cuerpo dañado, aún no se ha recuperado del todo del sufrimiento que le produjeron las múltiples heridas de bala. Es un hombre que volvió de la muerte, pero si de verdad los ojos son las ventanas del alma, los del investigador arden con un fuego nuevo. Se convirtió en un cazador, sus presas son hombres cuya depravación escapa de lo humanamente comprensible. El FBI le paga pero no lo hace por dinero. Lo acompañamos a Champaign, Illinois, para atrapar in fraganti a Roger Ormsby, un vampiro emocional, cuyo sadismo refinado se inspira en las dictaduras militares de Chile y la Argentina: con la desaparición de niños quiere causar daño de forma lenta y concienzuda a lo largo de décadas a los padres. Siniestro, ¿verdad?

La línea principal de acción es, como se dijo, la que deriva de El Tajo, pero además una entidad sobrenatural se ha despertado, Abadón, el dios de las Avispas. Jennifer Parker, la hija muerta del detective, envía mensajes desde el más allá. Las novelas de Connolly son góticas, en el sentido de que los fantasmas están siempre presentes. Sólo algunos desdichados pueden percibirlos.

Connolly es un maestro en el arte de componer villanos escalofriantes. Lo único que puede reprochársele es que liquida demasiado pronto a personajes promisorios que si bien cumplen un papel secundario atrapan nuestra imaginación, como el propio Ormsby o Gideon Hobbs del feudo sureño, "un insecto palo al que se le hubiera dado forma humana". También merece elogios el autor por la fuerza de las escenas. Las últimas ciento cincuenta páginas de Tiempos oscuros, una verdadera carnicería, magnetizan los dedos, se devoran con fruición. Qué potencia narrativa. 

Viene salpimentada la trama con mucha información, retratos minuciosos, subhistorias que casi siempre involucran actos menores de depravación y observaciones inteligentes, es especial sobre uno de los mayores misterios de la humanidad: la naturaleza del mal y su relación con el Creador. No existe vate irlandés de valía, al parecer, que en algún momento de su obra no se haya interrogado sobre la presencia de Dios. Irlanda es una isla intensa y poéticamente religiosa, sus escritores combinan realismo con misticismo.

Por otro lado, si uno mira con atención el mapa de Virginia Occidental llega a concluir que el Plassey County de la ficción es el Pleasants County de la vida real, a un escupitajo de distancia de Ohio. El corazón del resentimiento blanco. En 2016, Donald Trump obtuvo el 74,9 por ciento de los votos.
Guillermo Belcore
Publicado en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa.

Calificación: Muy bueno

PD: En este blog, se han comentado otras obras de Connolly:
1 - Un libros de cuentos:
 (http://labibliotecadeasterion.blogspot.com.ar/2013/12/nocturnos.html)
2 - Y dos novelas:
http://labibliotecadeasterion.blogspot.com.ar/2008/11/los-atormentados.html
http://labibliotecadeasterion.blogspot.com.ar/2015/03/cuervos.html