jueves, 26 de febrero de 2026

En tierra de santos y pecadores


Dirección: Roberto Lorenz. Guion: Mark Michael McNally y Terry Loane. Reparto: Liam Neeson, Kerry Condon, Jack Gleeson, Colm Meaney, Ciarán Hinds, Michelle Gleeson, Niamh Cusack. Duración: 106 minutos. País: Irlanda. Plataforma: Netflix.



El terrorismo de los años setenta alimentado por la Unión Soviética y sus vasallos, que sumió a Occidente en una suerte de miniguerra civil, es tanto un fenómeno político (no social) como psicológico. En efecto, debajo de esa máscara aberrante conocida como el revolucionario se encuentran el resentimiento, el cinismo y psicopatías varias, como el fanatismo y la obsesión compulsiva. Un thriller filmado en 2023 delata sin ambages aquella realidad.


En la Tierra de los Santos y los Pecadores ya está disponible en Netflix. Es una película con un drama atractivo y buenos intérpretes. En primer lugar, Liam Neeson (1952), con su papel protagónico de un asesino a sueldo que trabaja con una especie de código moral pero que se ha hastiado de todo. Demuestra la profundidad del personaje que el veterano actor está para mucho más que vengador de películas pochocleras.


La trama nos lleva al condado más septeptrional de Irlanda. Donegal limita por tierra con el Ulster y su austera belleza de montañas bajas y costa dentada ha sido muy bien retratada por el director Robert Lorenz, conocido por sus años de colaboraciones con Clint Eastwood.


Neeson es Finbar Murphy. Trabaja para un jefe del crimen local (Colm Meaney), pero siente que ha llegado el momento de retirarse. Se hace pasar por vendedor de libros y uno de sus amigos es el polícía del pueblo (Ciarán Hinds) con quien conversa sobre Dostoieski. Ha perdido la cuenta de cuantos hombres liquidó por encargo desde que volvió de la Segunda Guerra Mundial y murió su mujer. Ya sabe usted como es la vida. El humano propone pero el diablo suele meter la cola. El anciano solitario no podrá dejar las armas y construir un jardín.


Al tranquilo poblado de Gleann Colm Cille, ha llegado una célula del Ejército Republicano Irlandés (IRA). Se oculta en una cabaña tras haber perpetrado un atentado con explosivos en Belfast que mató a seis personas, entre ellos tres niños. Uno de esos extremistas es un abusador de menores, Finbar lo mata tras el ultraje a la pequeña Moya (Michelle Gleeson), hija de su amiga, y así llegamos al núcleo incandescente del film: el intento de venganza del resto de la pandilla terrorista. A su frente esta la hermana del pervertido, Doireann, espléndidamente interpretada por Kerry Condon (1983). Su personalidad de bruja espantosa refiere a quienes eran en verdad aquellos “jóvenes idealistas” de los setenta.


También resulta interesante el cáracter de Kevin (Jack Gleeson), el sicario joven que exaspera a Finbar porque mata con una frivolidad intolerable.


EL SICARIO ARREPENTIDO


Es posible que el sicario arrepentido se haya convertido en un lugar común de las películas de acción, pero En la tierra de santos y pecadores nos advierte que aún se puede encontrar un giro interesante al papel.


Otro valor agregado es la llamada irlandidad, esa singular visión cultural y espiritual que disfrutamos en escritores como John Banville o John McGahern. Implica, como escribimos alguna vez en este diario, cierta dosis de angustia y culpa; la fe que flaquea; la importancia decisiva de la familia, el clan y la patria; la búsqueda de pureza; la presencia de Dios, en fin.


Fue un gran acierto de Lorenz haber elegido buenos actores nacidos en la isla verde esmeralda para este film, escrito por Mark Michael McNally y Terry Loane. Es decir, los acentos son auténticos.


La crítica anglosajona lo ha catalogado como un "western irlandés" por su estructura clásica (¡oh, el cliché del tiroteo en la cantina!) y por las influencias de Clint Eastwood. No es una mala definición.

Guillermo Belcore


Calificación: Bueno

martes, 10 de febrero de 2026

Contrafactuales ¿Y si todo hubiera sido diferente?

 


El escepticismo posmoderno abrió las compuertas. Las viejas certezas ideológicas se hundieron y la imaginación del estudioso y del literato produjo un torrente de ensayos y ficciones sobre lo que pudo haber pasado. La historia alternativa se puso de moda, llamando la atención de los investigadores más serios, como Rosendo Fraga (1 y 2), autor de los dos mejores libros argentinos de un subgénero que se ha convertido en una industria editorial por mérito propio.

Ahora bien, ¿se trata de -como sostenía E. H. Carr- de “un entretenido juego de salón” o bien es otra herramienta solvente para investigar el pasado? Dicho de otra forma, ¿es útil especular sobre los distintos caminos que habría podido tomar la historia?

Un apretado ensayo que hoy se consigue en las mesas de saldo de la Argentina ofrece respuestas a esos dos interrogantes con erudición, elegancia y escépticismo. Contrafactuales ¿Y si todo hubiera sido diferente? (Turner Noema, 192 páginas) fue entregado a la imprenta en 2014, pero no ha perdido una gramo de frescura e interés. El tema aún está abierto.

El autor es un prestigioso historiador inglés que se especializó en la historia política del siglo XIX y XX, con especial foco en la Alemania moderna. Básicamente, sir Richard J. Evans sostiene que las especulaciones contrafactuales solo tienen valor académico cuando se concentran en el corto plazo. Es decir, privados de verdaderos materiales empíricos, su contribución a las ciencias sociales sería marginal y siempre limitada a objetivos puntuales.

La reescritura mínima de la historia, afirma Evans, puede ser necesaria para iluminar "las decisiones a los que se enfrentaron determinados políticos y estadistas y las limitaciones que el contexto histórico impuso sobre esa decisión... pero cuando más se aleja del punto de partida más utilidad pierde"... Sería más literatura que conocimiento, es su tesis.

La bestia negra de Evans es nada menos que un pionero en este campo, Niall Ferguson, el autor y compilador del ensayo coral Historia virtual, uno de los grandes libros del fines del.siglo XX (Ferguson, dicho sea de paso, es un gran admirador de Javier Milei, al punto que visitó Buenos Aires el año pasado).

Evans no sólo se dedica a demoler las premisas de Ferguson en favor de la indagación contrafactual sino que refuta sus conjeturas sobre lo que hubiera pasado en Europa si Gran Bretaña se mantenía neutral en 1914. Lo acusa, aunque veladamente, del peor defecto entre los que se dedican a reflexionar sobre lo que pudo haber pasado: proyectar sus deseos.

MAESTRO DE LECTURAS

Polémicas al margen, el libro tiene otro valor añadido: señala lecturas interesantes. Quien esto escribe, por ejemplo, anotó en su cuaderno de notas: Conseguir libros y artículos de Peter Tsouras, un teniente coronel retirado de Estados Unidos que exploró un desastre aliado en Normandía, una Tercera Guerra Mundial, un intervención británica a favor de los Confederados, entre otros supuestos. Y La algarabía de Jorge Semprum, ucronía publicada en 1981, que sitúa la acción en una Francia en la que el presidente Charles de Gaulle ha muerto prematuramente en un accidente de helicóptero. Y el cuento de Saki Cuando llegó Guillermo que describe una Gran Bretaña que gime bajo la bota de hierro del Kaiser.

Por fortuna, Evans es uno de esos catedráticos que también disfrutan de esas obras que provienen del "trance embriagador de la imaginación especulativa". Por eso, cubre de elogios, entre otras, la popular Fatherland de Robert Harris, una distopía ambientada en Alemania en 1964, bajo el supuesto de que Hitler ganó la Segunda Guerra Mundial.

Y rescata Evans la primera historia alternativa "extensa y reconocible". Un panfleto escrito en 1836 por un tal Louis Geoffroy con el título Napoleón y la conquista del mundo. Aquel afiebrado bonapartista concibe que el emperador en lugar de tratar de conquistar Moscú marcha hacia el norte rumbo a San Petersburgo, inflige una severa derrota al ejército ruso, captura al zar Alejandro y ocupa Suecia. Después, completa la conquista de España, invade Inglaterra y la destroza. En 1817 borra a Prusia del mapa; cuatro años más tarde arrasa un ejército islámico cerca de Jerusalén y se lleva la Piedra Negra a París. En 1827, todos los presidentes de América pidieron su incorporación a Francia después de que Napoleón conquistara China y Japón...

Hay que destacar, por último, que Evans reconoce a la historia alternativa una enorme contribución filosófica:

”...su intención explícita es recuperar el libre albedrío y la contingencia de la historia y restablecer el actor individual en una historia estudiada demasiado a menudo en términos de fuerzas impersonales".

La libertad, por encima de todo.

Ninguna persona razonable puede hoy en día ser un determinista, sostenemos desde esta trinchera. Sólo los encadenados a los dogmas del estalinismo, coincide Evans.

Guillermo Belcore

Calificación: Muy bueno