viernes, 31 de mayo de 2013

Matrimonio

El diccionario de Asterión V

S.C. Práctica antiquísima que surge de la necesidad de llevar una vida ordenada y de integrarse a la sociedad según las normas morales consuetudinarias. La definición pertenece a Thomas Mann, y se halla en Doctor Faustus, una magna novela cuya digestión no es apropiada para lectores con prisas.

II - En una célebre carta que Cicerón escribió desde Roma a su amigo Atico en Grecia, se deja constancia que noventa y nueve de cien matrimonios son infelices, pero “lo malo es que los seres humanos, en nuestra locura, tendemos siempre en convertir en regla la excepción. Cada uno de nosotros se cree excepcional“.
La carta provocó mucho regocijo e hilaridad en la Antigüedad y Edad Media, pero hoy no puede ser divulgada públicamente pues la Modernidad Líquida, tan maravillosamente tolerante en algunos aspectos, en otros parece haber perdido el sentido del humor. Hay no menos de doce versiones de la carta, aunque puede que sea apócrifa. Aquí se toma la que Thornton Wilder reproduce en Los idus de marzo, una de las mejores novelas epistolares de todos los tiempos.

Advierte el elocuente Cicerón de Wilder que “…un hombre puede haber salvado a su país; puede haber dirigido los asuntos de un mundo y adquirido fama inmortal de sabiduría; para su mujer, de todos modos, será sólo un tonto sin cerebro”. Finalmente, el escritor sugiere a su amigo Atico que se consuele con la filosofía y que agradezca a la vejez que nos libra de “la necesidad de los besos, de esos besos que hemos de pagar al elevado precio de todo orden de nuestra vida, y de toda tranquilidad de nuestro espíritu”.

sábado, 25 de mayo de 2013

Sacrificio a Mólek

Asa Larsson

Seix Barral. Novela policial, 414 páginas. Edición 2013


Ojalá un compatriota espabilado invente un día de estos una saga policial en nuestra tierra de frontera. Un investigador de crímenes en la áspera Patagonia (¿por qué no en Comodoro Rivadavia que tiene la tasa de asesinatos más alta de la Argentina?). Hasta que llegue ese momento, disfrutaremos de las ingeniosas creaciones extranjeras, como la de la sueca Asa Larsson. Sus novelas cruzan el Circulo Polar Ártico, nos llevan a Laponia, la tierra del oso, el lobo y el alce. Anochece a las tres de la tarde en invierno; en verano, a la medianoche hay tanta claridad como al mediodía. Hay costumbres exóticas, el clima es rigurosísimo y pululan los hombres y la mujeres duros como el hierro. Como el mineral de hierro que ha enriquecido a la remota ciudad de Kiruna. En más de una oportunidad este blog ha elogiado los libros de la señora Larsson (pinche aquí). Una muy interesante vuelta de tuerca de la infatigable novela negra.

La heroína de la saga se llama Rebecka Martinsson. Trabaja como fiscal del distrito y tiene una notable propensión para atraer golpes, tanto literales como figurados. En esta ocasión resuelve el espantoso homicidio de una abuela, acribillada con una horca de tres puntas, de esas que se usan para levantar el heno. Su nieto de siete años se salva por un pelo. La parca parece haberse ensañado con la familia de la señora muerta. Subyacen cuentas pendientes que se remontan a un siglo atrás.
 

Sacrificio a Mólek evidencia que las composiciones de la señora Larsson han evolucionado. Como novela policial -nada más pero nada menos- es redondita. Los personajes son convincentes, de tres dimensiones, algunos patéticos. Los perros son importantes en la trama, la autora conoce incluso de psicología animal. Hay suspenso, escenas vívidas y crítica social. No comete ese error romántico de idolatrar a la gente del pueblo. Además, maneja bastante bien el procedimiento de los relatos paralelos. Todo ocurre en Suecia, una sociedad organizada de manera antagónica a la Argentina: allí cobrar un subsidio de desempleo del Estado y trabajar en negro al mismo tiempo (o evadir el pago de impuestos) es un grave delito que se paga con años de cárcel.
Guillermo Belcore
Publicado en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa

Calificación: Bueno

PD: En los agradecimientos se menciona a "mi redactora Rachel Akerstedt". ¿Quién escribió realmente este libro?, me pregunto perplejo.

lunes, 20 de mayo de 2013

Concuspicencia de descubrir

El moscardón imaginario XXXVII


Tengo cuarenta y siete años. Leo desde que tengo memoria (e incluso más allá, me parece) pero aún la Alta Literatura sigue sorprendiéndome, a Dios gracias. En lo que va del año conocí otros dos autores extraordinarios. El primero es el santafesino Carlos Catania. Escribió una de las más extraordinarias novelas oceánicas que ha engendrado la Argentina, tierra muy poco prolífica en esta materia. Se titula Las varonesas y hasta Roberto Bolaño la elogió sin cortapisas. Alguna vez, la errática industria editorial pondrá sus ojos en ella y la reimprimirá. Es una obra maestra, como este blog ha dejado asentado (Pinche aquí y aquí).

Catania no es mi único descubrimiento de 2013. ¡Ah la concupiscencia de descubrir! Saque el lápiz del bolsillo y anote también a Elliot Chaze (1915-1990), otro producto genuino del sur profundo de Estados Unidos, esa cantera de grandes escritores, y una subcultura tremendamente parecida a América latina. La bestia equilátera, uno de mis sellos favoritos, tradujo, sin que se perdiera un gramo de su erótica, Mi ángel tiene alas negras. Es la primera vez que esta obra de Chaze llega al español; perdimos casi sesenta años. Si digo que es una de las mejores novelas policiales que leí en mi vida, creo que no lo hago justicia por completo. Sería conveniente afirmar que es una de las mejores novelas a secas que -loados sean los dioses- me ha tocado en suerte comentar.

La reseña la subiré aquí después de que salga publicada en el diario La Prensa. Hablaré de la excelencia del estilo y de un rasgo distintivo de la prosa de calidad: la intensidad concentrada. Hay en casi todas las páginas de Chaze algo digno de mención. Hay escenas que cortan el aliento. El libro es avaro en páginas, pero rico en belleza, ideas y profundidad psicológica. Las peripecias de una pareja que se asocia para robar un camión blindado son una suerte de reflexión oblicua sobre esos seres que han elegido orientar su vida a la danza al borde de un precipicio. Nosotros -los cobardes, los tranquilos, los irresolutos- observamos a esa raza maldita absolutamente cautivados.

Guillermo Belcore

sábado, 18 de mayo de 2013

Un comunista en calzoncillos

Claudia Piñeiro

Alfaguara. Novela, autobiográfica, 196 páginas. Edición 2010.


La literatura es como el universo: cada elemento tiene un peso específico. Hay páginas con más consistencia y profundidad que un libro entero. Esa es su gloria. Hay novelas, en cambio, que son livianitas como el algodón, superficiales como un charco en la roca, sin filo alguno. Difícilmente, van a trascender. He aquí un caso. Una consagrada escritora de policiales elaboró un cuentito con moraleja, y lo estiró todo lo que pudo. Utilizó como materiales -explica la autora, todo se explica detalladamente como si los lectores fuesen opas- los recuerdos de la infancia y la imaginación. Todo es muy simpático y correcto; nada hay memorable.

Claudia Piñeiro ha tallado un amoroso retrato de su padre, Gumersindo, un idealista gallego que detestaba a los militares. El señor "se creía comunista'', según la palabra autorizada de la esposa. El libro nos lleva a los horribles años setenta, a la infancia y pubertad de la narradora. Estamos en Burzaco, una localidad sureña como cualquier otra del conurbano bonaerense. Las fuerzas vivas -eufemismo para designar lo más rancio de la sociedad- pugnan por el reconocimiento de ser los primeros en haber erigido un monumento a la bandera. Las fuerzan vivas apelan al general Videla. Hay desaparecidos, hay un módico suspenso al final, y un mensaje tipo Paulo Coelho: "la vida es una sucesión de actos miserables interrumpidos por unos pocos y pequeños actos heroicos''.

Seguramente, éste es un libro que la señora Piñeiro se debía a sí misma. Casi todos los narradores que han triunfado tarde o temprano sucumben a la tentación de mirar su propia infancia, que es como mirarse el ombligo. Subyace un problema. Es muy raro que la evocación resulte interesante cuando la familia no es extraordinaria y le pasan las mismas cosas que a cualquier hijo del vecino. Tampoco ayuda la prosa, suave y cordial pero común y silvestre.

Guillermo Belcore
Publicado en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa.

Calificación: Regular

martes, 14 de mayo de 2013

Pobre Valerio Catulo

Entre otros efectos nutricios de los libros, hoy quisiera destacar uno que -hasta donde yo sé- no se la ha prestado la debida atención: la Alta Literatura propala la ética cosmopolita que es -a mi juicio- la única que puede defender la persona inteligente y bien intencionada. Todos somos hijos del Caos. Las diferencias de raza, religión, nacionalidad, política y clase social son epidérmicas, detalles que sólo sirven para dividir y sembrar el odio. A todos los seres humanos nos duelen o nos conmueven las mismas cosas. A esa conclusión se arriba con la ingesta de la novela, el cuento o el poema sublime (bien leído). Un creyente podría decir -y yo no voy a desmentirlo- que la conclusión correcta es que la Alta Literatura es esencialmente cristiana: predica, de manera oblicua, que todos somos hijos de Dios. Por eso -a esto quiero llegar- una poesía escrita hace dos milenios puede hoy emocionarnos, como si hubiera sido escrita en la tarde de ayer. Es un monumento imperecedero del intelecto (la metáfora es de Yeats). Su potencia emocional es transhistórica. Dentro de un millón de años seguirá estremeciendo a sus lectores, porque todos somos hijos del Caos.

En esto pensaba después de disfrutar el “refinamiento supremo” del veronés Gayo Valerio Cátulo. Vivió sólo 30 años (¿87-57? antes de Cristo), despreció al dictador Julio César (aunque era amigo de su padre) y produjo una lírica exquisita. Tuvo la mala suerte de enamorarse de una putilla hermosa, casada e infiel a sus amantes. Clodia le entregó sus deleites y luego lo despreció. Le partió el corazón en mil pedazos. Gracias a Dios, porque fruto de ese amor que odia, Catulo escribió un poema magistral. Reproduzco la versión de Ernesto Cardenal, que he encontrado en una recopilación de escritos de Gabriel Zaid (pinche aquí).


Pobre Valerio Cátulo, no te hagas ilusiones
y lo perdido dalo por perdido.
Para ti ya brilló el sol una vez,
cuando corrías detrás de la muchacha
que amé como ninguna otra ha sido amada.
Y hubo entonces, ¿recuerdas? tantos goces
que tu pedías y ella no negaba.
Sí, para ti ya brilló el sol una vez.
Ahora ella no te quiere: tu no quieres tampoco.
Ni sigas a la que te huye, ni estés triste,
sino pórtate valiente, no claudiques.
Adiós muchacha, Cátulo ya no claudica,
ni nunca más te buscará, ni volverá a rogarte.
Pero a ti te pesara cuando nadie te ruege.
¡Me da lástima por ti! Pienso qué días te esperan.
¿Ahora quién te visitará? ¿Para quién serás bella?
¿Ahora a quién amarás? ¿Dirán que eres de quién?
¿A quién vas a besar? ¿A quién le morderás los labios?
Pero tú, ¡valiente! Cátulo. ¡No claudiques!

Cátulo se habla a si mismo. Obsérvese el delicado y eficaz pasaje de la segunda a la primera persona. El desdoblamiento de la conciencia es magnífico. Pero cambié usted, sea hombre o mujer, el nombre Cátulo por el suyo y entenderá porque la Alta Literatura es eterna y cosmopolita.

Guillermo Belcore
 

sábado, 11 de mayo de 2013

Limonov

 Emmanuel Carrère

Anagrama. Biografía novelada. 397 páginas.

Rusia es un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma, decía Sir Winston Churchill. Más que un espacio nacional, se trata de una atrayente y brutal civilización por derecho propio -mitad occidental, mitad oriental- que ha cautivado tanto a eruditos y estadistas, como a literatos. En efecto, desde Norman Mailer a Haruki Murakami son legión los que han aceptado el reto y convirtieron fragmentos de la historia rusa en material literario. En esta venerable tradición se encuadra Limónov, multipremiada obra proveniente de Francia. La más acertada descripción del libro, quizás, la haya acuñado el diario Le Point: Imposible soltarlo.

Cuando el estrépito audiovisual o la falta de compromiso con lo trascendente terminen de ahogar a la ficción literaria, cuando fatalmente se piense que ya no resta nada por inventar, acaso quedarán tallándose sólo joyas como esta: biografías noveladas. Es decir, novelas que reconstruyen la vida de las meteoros -libres y peligrosos- que surcan los cielos de una época y deslumbran a sus semejantes. Existencias novelescas que satisfacen la vieja máxima de Nietzsche: convierte tu vida en una obra de arte. Como la de Roberto Bolaño, Jack Kerouac o Jorge Luis Borges, poemas en sí mismos. Pero también como la de Eduard Limónov, el Johnny Rotten de las letras eslavas.

Emmanuel Carrère (París, 1957) reconstruye las peripecias de un aventurero ruso “magnífico pero capaz de cosas monstruosas“. Un tarambana sexy, astuto, divertido, “que tiene a la vez el aire de un marino de juerga y una estrella de rock”. Un outlaw, un perro rabioso aficionado a la provocación y a la vida heroica, con un aura que se percibe a cien metros de distancia. Limónov, que hoy frisa los setenta años, fue “ vándalo en Ucrania; ídolo del underground soviético; mendigo y después ayuda de cámara de un magnate en Manhattan; escritor de moda en París; soldado perdido en los Balcanes y ahora, en el inmenso desmadre del poscomunismo, viejo jefe carismático de un partido de jóvenes desesperados”. Con esa exorbitante materia prima, trabaja una novela que sigue la estela de A Sangre Fría de Truman Capote.

Nietzscheanos


El gran mérito de la novela documental es que no sólo retrata una personalidad con “el ímpetu vital que solemos encontrar en las obras de Henry Miller”, sino que también explora con relativa sensatez cincuenta años de historia rusa. El anverso y el reverso de la Unión Soviética. La diáspora en Estados Unidos y Europa. Gorbachov y el caos que generó el colapso del imperio comunista. Las matanzas en la antigua Yugoslavia. La democradura de Putin. Un recorrido fascinante (por algo la madre del autor, Hélene Carrère, es académica experta en el país eslavo). Carrère hijo ha alcanzado aquí el estadio más alto de la prosa con ambiciones: la creación oceánica que consigue enlazar un destino individual con el devenir colectivo. Y todo viene, en lo que al estilo se refiere, bastante bien servido. El relato combina retórica elegante, tremendas figuras de la vida real (como Joseph Brodsky o Werner Herzog o Arkán), sintaxis perfecta, erudición, retazos de las propias experiencias de Carrère, profundidad psicológica. Se tiene la impresión, casi siempre, de que hay en el timón de la novela un capitán ingenioso.

Ahora bien, cómo es el Limónov-escritor de culto en París y Moscú. El hombre cuyo principio existencial quema los dedos: “lo único fastidioso es morir siendo un desconocido”. Una curiosidad tronante que aun no ha llegado a la Argentina, capaz de extraer oro de aceptable calidad de sus vivencias en el fango o el palacio. Hacedor de libros “buenos, simples, directos, llenos de vida“, antes de (o durante) sus incursiones en la guerra y la política. Carrere nos obsequia un fragmento, no sin poética, de Diario de un fracasado:

“Vendrán todos. Los vándalos y los tímidos; éstos saben pelear. Los traficantes de drogas y los que reparten los anuncios de burdeles. Los masturbadores, los clientes de las revistas y de los cines pornos. Los solitarios que deambulan por las salas de los museos o consultan en las bibliotecas cristianas y gratuitas. Los que tardan dos horas en tomar a sorbitos sus cafés en McDonald’s y miran tristemente por el ventanal. Los fracasados en el amor, el dinero y el trabajo y los que han tenido la desgracia de nacer en una familia pobre. Los jubilados que hacen cola en el supermercado, en la fila reservada a los que compran menos de cinco artículos. (…) Los homosexuales, unidos de dos en dos. Los adolescentes que se aman. Los pintores, los músicos, los escritores cuyas obras no compra nadie. La grande y aguerrida tribu de los fracasados, losers en inglés, en ruso nieudáchnicki. Vendrán todos, tomarán las armas, ocuparán una ciudad tras otra, destruirán los bancos, las oficinas, las editoriales y yo, Eduard Limonov, iré en la cabeza de la columna, y todos me reconocerían y me amarán“.

Al protofascismo de Limónov, de “la vida tal cual es“, de existencias de primera y de segunda categoría, y de la agitación ultranacionalista, Carrère le opone un sutra de Buda que define como la cumbre de la sabiduría: “el hombre que se considera superior, inferior o igual que otro hombre no comprende la realidad”.

Guillermo Belcore
Publicado en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa.

Calificación: Muy Bueno

PD: Quintin, ese crítico formidable, no comparte mi entusiasmo por esta novela. Sus reparos son inteligentes y atinados. Pinche aquí.

domingo, 5 de mayo de 2013

Hacia la boda

John Berger

Alfaguara. Novela, 187 páginas. Edición 2013


Aunque pueden leerse, distraídamente, algunos indicios en el primer capítulo, el lector no se percata hasta la página setenta y tres de qué va realmente el libro: del amor en tiempos del sida. John Berger quiso denunciar décadas atrás (la novela fue publicada por primera vez en 1995) la crueldad y estupidez del hombre de la calle que discrimina a un enfermo; así como la bajeza de quien contagia a sabiendas. El mensaje, como se sabe, es el elemento clave de la vasta producción de Berger, un artista esencial del siglo XX, aunque no de éste; tan discutible como comprometido, casi siempre atrayente.

Un griego invidente, una suerte de Homero, narra el calvario de Ninon, una chica francesa que ha pescado el HIV en un encuentro ocasional en la playa. En una especie de realidad paralela, Gino insiste en casarse con Ninon en un pueblito sobre la desembocadura del Po. El padre de la chica va a la boda desde Francia en motocicleta; su madre, desde Eslovaquia en ómnibus y barco. Son viajes filosóficos. Ambos son el humano ideal de Berger: el Homo Politicus, parco, sabio, militante, uno de esas personas “para quien los gestos manuales merecen más confianza que las palabras“; una especie de fanático bueno, capaz de sacrificarlo todo por la organización de un sindicato o la lucha contra la mentira y la opresión.

No es el mejor libro de Berger, mas se deja leer con placer y provecho. Hay momentos de intensa poética, metáforas vívidas del tipo: “el cielo tiene el color de una venda sobre una herida sangrante”; o “el terreno va perdiendo los repliegues como un mantel alisado por la mano de una anciana”. La prosa, urdida con fragmentos no siempre afortunados, contiene casi todos los tópicos bergerianos: reivindicación del artesanado, saltos temporales, voces del pueblo, naturaleza, pasión por el motociclismo y la danza, exageraciones y moralejas, loas al sexo “tan viejo como el mundo, don de Dios, bálsamo para el dolor, miel para el paladar, promesa eterna, recibimientos suaves como la seda”. Bien dicho. 

Guillermo Belcore

Calificación: Bueno


PD: En este blog, puedes encontrar reseñas entusiastas de otros libros de Berger (pincha aquí y aquí), pero también decepciones (pincha aquí y aquí).

viernes, 3 de mayo de 2013

El libro del primer cuatrimestre

El moscardón imaginario XXXVI

“Construye la estrategia de tu vida, sobre el supuesto de la animosidad del prójimo”.
Eduard Limonov

¿Es muy pronto para elegir el libro del año? Obvio. Este blog quiere señalar entonces la Gran Obra del Primer Cuatrimestre: Limónov de Emmanuel Carrère (editorial Anagrama, 397 páginas) merece largamente la corona de laurel. Nadie que se interese de verdad por la historia contemporánea de la áspera y atrayente Rusia puede ignorarla.

Después de que sea publicada en el diario La Prensa (domingo 11 de mayo), subiré la larga reseña que, gracias a Dios, me han encomendado. Baste por ahora anticipar algunos de los rasgos destacados de este libro cautivante de la primera a la última página. En primer lugar, es un ejemplo palmario de la maravillosa plasticidad de aquella forma literaria, relativamente moderna, que conocemos con el nombre de ‘novela’. Una biografía novelada es también novela. ¿No ficción? Yo creo que no. La imaginación cubre los huecos que deja la falta de información o va seleccionando los datos disponibles, unos en detrimento de otros. La verosimilitud es lo que cuenta en estos casos (¿Qué es la verdad, en todo caso?). Carrère hizo un trabajo formidable para vendernos a Eduard Limónov (foto) un escritor rabioso de segunda línea (y agitador político), cuya vida novelesca -en el sentido nietzscheano- “ha arrostado el riesgo de participar en la historia“. Una existencia aventurera que hace soñar a todos los chicos románticos de veinte años: “Ha querido vivir como un héroe y ha vivido como héroe”. La punkitud en toda su esplendor. Un raro protofascismo (a lo eslavo) que se puso siempre del lado de las minorías, excepto en los Balcanes. Interesante, ¿verdad?

En segundo lugar, el tema de fondo. La Rusia eterna y profunda, latiendo moribunda o vigorosa por debajo del ropaje soviético y postcomunista. Hay decenas de personajes seductores de carne y hueso, protagonistas de la sección Internacionales de los diarios. ¿Quieres nombres? Joseph Brodsky, Radovan Karadzic, Mijail Gorbachev, Vladimir Putin.

Tercero, el estilo. Es un libro bien escrito; la sensatez y perspicacia de Carrère corre pareja a su destreza narrativa. Naturalmente, usa técnicas y triquiñuelas de novelista. Me ha llamado la atención, entre otras cosas, la sintaxis. Hay muchas frases que siento la tentación de definirlas como de "construcción perfectas, si es que la perfección fuese posible en literatura. En resumen, una obra imperdible, si es que te interesan, claro, todas estas cosas fascinantes.

Guillermo Belcore
  

sábado, 27 de abril de 2013

Leer

Gabriel Zaid

Océano. 260 páginas. Ensayo de literatura y arte. Edición 2012


Los aficionados al sitio www.letraslibres.com sabemos del ingenio y belleza expresiva del ingeniero y polígrafo Gabriel Zaid (Monterrey, 1934). Se ha juzgado oportuno recopilar textos publicados durante veinte años por el poeta y ensayista mexicano que corroboran, entre otras destrezas, su tino para elaborar música sintáctica (juego de reiteraciones, concordancias, contrastes, latigazos y gracia sentenciosa) aunque la colección adolezca de excesos de abstracciones. El Zaid que no le pisa un pie a nadie, no es el Zaid que admiramos: el excelso polemista (Véase en la página setenta y nueve como despelleja a un profesor despistado).

El libro, claro está, no carece de interés. Las reflexiones sobre el arte (al que define, sagazmente, como “la plenitud de la eficacia”), el acto de leer, la naturaleza y la técnica de lo poético pueden parecer algo invertebrados, pero siempre dejan algo. La trasmisión de experiencias de lectura que hace Zaid no dejan de conmover, como cuando evoca a Octavio Paz (“Como un enfermo desangrado se levanta/La luna/Sobre las altas azoteas/Como un borracho cae de bruces/Los perros callejeros/Mondan el hueso de la luna…”). O cuando se rinde, absolutamente deslumbrado, ante un verso de Carlos Pellicer en el que necesita ver una alusión a dos estupendos pechos: “Hay azules que se caen de morados”. Muy, pero muy interesante, es la reflexión sobre por qué hay tan pocos buenos poemas comprometidos.

Zaid es un bicho raro: racionalista pero hedónico, sensible ante la magnificencia de la creación estética. Tiene un razonamiento preciso, matemático diríamos, enriquecido por una vasta erudición literaria. En su rol de hermeneuta es casi tan bueno como el de polemista. Se disfruta el libro. Una perla: el capítulo “Organizados para no leer”, escrito en 1999, describe el mundillo literario del Buenos Aires de 2013.

Guillermo Belcore
Publicado en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa.

Calificación: Bueno

lunes, 22 de abril de 2013

Planet

Sergio Bizzio

Sudamerica. Novela. Edición 1998


El planeta Planet es ciento cincuenta veces más grande que la Tierra pero es liso como hoja de papel; carece de espesor, como todos sus habitantes. Hace siglos que los planetenses no tienen un Presidente o un Primer Ministro. Odian a los políticos. Sólo dos personas tienen poder real: los dueños de los dos canales de televisión que compiten ferozmente por la audiencia. Cada canal emite su propia telenovela de diez horas de duración. A los zares de la TV se le ocurrió una idea atrevida: formar un elenco con actores de otros mundos. Comandos intergalácticos llegaron así a la Argentina para secuestrar así a dos estrellas de la pantalla chica (Gustavo Denis y Osvaldo Kapor). Si bien el público los adoró desde un principio, las avivadas de los argentinos desencadenaron una serie de acontecimientos colosales que concluyen con la destrucción del idílico planeta. Así somos los argentinos: estragamos casi todo lo que tocamos.

He aquí el simpático argumento que el polígrafo Sergio Bizzio (Villa Ramallo, 1956) escribió hace unos quince años. Es el segundo libro que le leo a Bizzio (pinche aquí) cuyo propósito -bien logrado por momentos- es mofarse del retonto mundillo de la televisión. El tipo conoce el paño. También recibe justos garrotazos el elusivo concepto de la argentinidad, la que en una aproximación de entrecasa podríamos definir como conjunto de taras profundamente arraigados que han convertido a un país sudamericano en un experto en despilfarrar oportunidades ante la mirada azorada del resto del mundo.
 

Planet (la obra, no el planeta) viene esmaltada con algunos giros desopilantes, no muchas en realidad. Puede que la escritura pretenda ser tanto sátira social como parodia de la literatura fantástica, pero me parece que el estante apropiado para ubicarla es el de las novelas de aventuras. Ciertos pasajes inspirados tienen un aire de los artilugios de Jonathan Swift, pero esa sensación se termina desinflando. Existe un arte y una poética, siempre me ha parecido, en la elección que hace el literato de los nombres de sus creaturas. Hay nombres, diría Borges, que son arquetipos de la cosa, (“En las letras de rosa está la rosa/Y todo el Nilo en la palabra Nilo“). Es quizás el caso de Don Quijote. Hay otros que son metáfora; otros rezuman ingenio de alto o escaso vuelo. Delatan, en todo caso, la calidad del escritor. Bizzio llama a un comandante guerrillero de cotillón Marcos Sábato.  Otros personajes son, literalmente, deliciosos: Cabsha, Vauquita, Bisnike, Bubbaloo, Sugus. Naturalmente, el modesto ardid solo puede entenderlo en un compatriota de nuestra era. Es ésta, justamente, una virtud de la trama: funciona como atento registro del habla de los argentinos.
 

Planet se lee de un tirón, con una sonrisa en los labios o con pavor ante un par de tremendas escenas de tortura. Se disfruta el loco mundo de fantasía que Bizzio ha concebido. No es Alta Literatura, pero está bien para matar el tiempo.
Guillermo Belcore

Calificación: Bueno


PD: En un reportaje (pinche aquí), Bizzio revela que varios amigos se le acercaron en su momento para decirle que Planet era una porquería. Cuestión de gustos. A mí me alegró un fatigoso viaje en ómnibus hasta Foz do Iguazu (¡mil trescientos cincuenta kilómetros desde Buenos Aires!).

PD II: Ericz, factótum de uno de los más interesantes y honestos blogs literarios, reprobó sin paliativos la novela. Sugiero dar una mirada a esto: http://ininteresante.blogspot.com.ar/2007/06/sergio-bizzio-planet.html

sábado, 20 de abril de 2013

Hot sur

Laura Restrepo

Planeta. Novela, 555 páginas. Edición 2013


En algún punto entre la literatura de supermercado y el arte se encuentra esta novela de aventuras y de denuncia. No carece de ambición, por supuesto, incluso ambición política y étnica, pero las ñoñerías, el uso recurrente de lo cursi, la obsesión por el mensaje, y el fracaso (o desinterés) por separar a la autora de sus personajes condenan la obra a la mediocridad. No es para paladares exigentes. El gran novelista, se sabe, es también un demiurgo. Sus creaturas tienen vida propia. Don Quijote no es Don Miguel de Cervantes; ni Madame Bovary es Flaubert. Esa distancia nunca se percibe aquí. Los personajes piensan y hablan, como Doña Laura Restrepo (Bogotá 1950), es decir como una intelectual latinoamericana que hace el numerito del catedrático asqueado por el sistema capitalista, la vida moderna y Estados Unidos en general.

La trama usa la historia de una inmigrante colombiana, injustamente encarcelada por el asesinato de su marido policía y corrupto, para abominar de los horrores del sistema carcelario. Todo preso es político. Una buena conciencia indignada también por el racismo y la xenofobia. El sueño americano se convierte muy a menudo en pesadilla, es el sonsonete. En fin. El manuscrito autobiográfico de María Paz, el diario de su profesor de literatura y un reportaje al papá de éste van desarrollando los hechos. Un melting pot de recursos periodísticos, según la definición de la autora. Cuando la sufrida inmigrante sale de la cárcel se enfrenta a su codicioso cuñado. Crímenes espeluznantes, rituales, se suceden. Se hacen concesiones al gusto popular por el ‘gore’ y las conspiraciones. Dicen que así se venden más libros.

La prosa es transparente y facilona, enriquecida de tanto con alguna metáfora deliciosa, como comparar el juguetón spanglish con el encuentro en la cama de dos amantes inexpertos. El problema con la novela comprometida y maniquea es que no consigue superar los tópicos progresistas. Aburre tanta corrección política.
Guillermo Belcore

Calificación: Regular

PD: En El País de Madrid elogiaron la novela: Vía Crucis del sueño americano

sábado, 6 de abril de 2013

Sobre la educación en un mundo líquido

Zygmunt Bauman

Paidós. Ensayo de filosofía, 151 páginas


Nuestra sociedad de consumo está fundada sobre un insaciable apetito por la novedad, que es el aspecto simbólico de los objetos. A causa de este apetito, que está muy profundamente arraigado y para el cual hemos sido adiestrados de forma muy agresiva, nos hallamos en una situación en la que, de manera constante, se nos incentiva y predispone para actuar de una manera egocéntrica y materialista. Se nos aguijonea, se nos fuerza o se nos embauca con zalamerías para que compremos y gastemos. Para que gastemos lo que tenemos y lo que no tenemos. ¿Cómo liberarnos de la dictadura del mercado? Con alguna clase de genuina revolución cultural, que favorezca cambiar el propio estilo de vida, reemplazándolo con otro regido por la templanza, la moderación y el autodominio.

Gente, “comprar o no comprar” ese el nombre del juego. Posiblemente nadie ha desmenuzado de un modo tan penetrante los mecanismos perversos de la postmodernidad como el filósofo Zygmunt Bauman. El profesor de la Universidad de Leeds, creador del concepto de vida líquida, nos ofrece una convincente explicación de las cosas tremendas que bullen a nuestra alrededor, incluso de la orgía delictiva que atormenta a los países latinoamericanos. Al fin de cuentas, tanto los pibes chorros como las elites corruptas (las dos caras de una misma moneda) no son otra cosa que “consumidores imperfectos y frustrados”, salvajes creyentes de la religión de lo superfluo. Los shoppings son sus templos.

Este volumen, que encierra conversaciones de Bauman con el agudo Ricardo Mazzeo sobre la educación y cien temas más, no sólo resulta instructivo sino también inspirador y apremiante. El catedrático nos propone -al igual que el Papa Francisco- revisar nada menos que nuestra normalidad egoísta e irracional, destinada , como cualquier otro campo minado, a estallar en pedazos.

Guillermo Belcore




Calificación: Muy bueno

PD: Medítese sobre la siguiente idea:

 “La cuestión -y es una cuestión para la que aún no tenemos una respuesta convincente ni empíricamente fundada- es si las alegrías de la convivencia son capaces de reemplazar la persecución de riquezas, el placer de los bienes abastecidos por el mercado y la necesidad de aventajar siempre a los demás”.

lunes, 1 de abril de 2013

Después del terremoto

Haruki Murakami

Tusquets. Cuentos, 190 páginas. Edición 2013. Precio aproximado abril 2013: $ 120.


Un nuevo libro de Haruki Murakami ha arribado a la Argentina y esto es siempre motivo de gozo para quienes admiramos al escritor japonés más popular en Occidente, gran renovador de la novela, candidato por méritos artísticos al Premio Nobel. Tusquets trajo ahora una colección de relatos, publicados por primera vez hace trece años. El terremoto que devastó Kobe en 1995 vertebra los seis cuentos, de una manera sutil o lateral.

El volumen va de menos a más. No tiene la calidad de Sauce viejo, mujer dormida, la otra recopilación de breviarios de Haruki que ha llegado al español, pero son textos genuinamente murakanianos, lo cual nunca es poco. Hay un estilo en juego, inconfundible, personalísimo; un collage delicioso entre el pop, el manga, las referencias clásicas, la autoayuda, la búsqueda del sentido de vida, las tribulaciones de los profesionales o empleados normales y corrientes a más no poder, que una noche como cualquier otra pueden ser convocados por una rana gigante para evitar que un gusano de las profundidades mate a ciento cincuenta mil habitantes de Tokio con un sismo tremendo. ¿Cuento fantástico o el producto de una mente afiebrada, desesperada por escapar de la rutina? Murakami no lo aclara. Al fin y al cabo, “nuestro campo de batalla es el terreno de la imaginación”. Ahí ganamos; ahí perdemos. Claro que nuestra existencia es limitada y, al final siempre acabamos siendo derrotados. No obstante, tal cómo comprendió Hemingway, “el valor definitivo de nuestras vidas no lo decide nuestra manera de ganar sino nuestra forma de perder”. ¡Ah, el bueno de Murakami! Siempre quiere dejar mensaje.

El lector encontrará historias de gente vacía, que siente que su existencia es, en el fondo, un asco. Se conecta así con el noventa y nueve por ciento de los mortales. Hay una doctora, especialista en tiroides, que en unas vacaciones en Tailandia descubre la salvación, de manos de una pitonisa. Hay dos suicidas en la playa (¿o no se matan?). Hay un muchacho que busca a su papá desconocido, aunque la madre le jura que es hijo de Dios. Hay también un cuarentón inexplicablemente abandonado por una mujer mediocre. Así de filosa es la vida.

Guillermo Belcore
Publicado este fin de semana en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa.

Calificación: Bueno

sábado, 30 de marzo de 2013

Soy lo que quieras llamarme

Gabriel Dalla Torre

El Ateneo. 297 páginas. Novela. Edición 2012


Más que moda, una epidemia. La obra que ganó el Premio Letra Sur 2012 viene fragmentada en ochenta y cuatro capitulitos, como si una bomba de una tonelada hubiera sido arrojada en el medio de la trama. Ese afán por lo telegráfico (acaso porque la ejecución así es más fácil) impide oír el latido, la música de la novela, cuando la tiene. La prosa tampoco resulta hospitalaria: da la impresión de que al autor le cuesta horrores encontrar las palabras justas para expresarse. La historia es lo mejor, interesante sin dudas: las andanzas, incluso criminales, de un grupo de travestis de Mendoza. "¿Acaso hay una forma mejor para huir de la desgracia que transformarse en otro?", plantea la protagonista. Pero en ningún momento parece ser éste el motor real de la conducta de Rubí y sus compinches.

Gabriel Dalla Torre (Plaza Huincul 1977) convoca a las sombras insignes de Manuel Puig y Corin Tellado. Es un buen punto de partida. Descorre los visillos para permitir al lector burgués y pusilánime atisbar en el palacio lumpen del vicio y el reviente. Se consumen drogas de todo tipo; se traman estafas; padres de familia, puntales de la sociedad provinciana, hierven de deseo por un transexual. As¡ es la vida. El otro hilo conductor es la búsqueda, alocada, de belleza mediante la perfección corporal. Se añaden páginas de un médico francés de estirpe lombrosiana. Se abusa del fisonomismo plebeyo, tipo "ojos muy separados y a medio párpado sugieren tendencia a la autodestrucción". Ese sonsonete cansa.

La sensación que queda al final es de obra primeriza, de escritura descuidada, de ambiciosa indagación sociológica que, ¡ay!, no ha encontrado las herramientas apropiadas para cumplir su promesa. ¿Para que mencionar a una abuela vidente, a una pareja de mormones yanquis, a un mendigo manco si en poco y nada participan? Personajes desaprovechados, una chambonada difícil de perdonar. Cuando el estilo no seduce, la novela debería desbordar de sucesos si es que pretende conquistar a su majestad, el lector.

Guillermo Belcore

Calificación: Regular


PD: ¿Hace falta decirlo? Este blog no pretende el monopolio de la verdad, sino transmitir experiencias de lecturas, que no siempre son gozosas. Todo lo que se dice aquí no tiene más valor (ni menos) que el de una opinión sincera y fundada. Todo es cuestión de gustos. Por eso, antes de sacar conclusiones definitivas, sugiero encarecidamente también leer las críticas elogiosas que recibió la novela en dos prestigiosos suplementos culturales. Pinche aquí:
1) Revista Ñ
2) La Nación

martes, 26 de marzo de 2013

El magnifico capítulo veintitrés

Léase esta ocurrencia:

Todo lo que empieza como comedia acaba como tragedia.
Todo lo que empieza como comedia acaba como tragicomedia.
Todo lo que empieza como comedia acaba indefectiblemente como comedia.
Todo lo que empieza como comedia acaba como ejercicio criptográfico.
Todo lo que empieza como comedia acaba como película de terror.
Lo que empieza como comedia acaba como marcha triunfal, ¿no?
Todo lo que empieza como comedia indefectiblemente acaba como misterio.
Todo lo que empieza como comedia acaba como responso en el vacío.
Todo lo que empieza como comedia acaba como monólogo cómico, pero ya no nos reímos.

Es fruto de un poeta que se hizo novelista -cuenta la leyenda- para poder alimentar a sus hijos. Es la creación de uno de los mejores novelistas que ha engendrado América latina. Es, en realidad, la última frase de cada una de las entradas del formidable capítulo veintitrés de la segunda parte de Los detectives salvajes, obra que piensa en terminos literarios todo el tiempo y que acabo de releer en estado de gracia. ¡Qué gran escritor fue Roberto Bolaño! Por cierto, me han encargado un artículo a diez años de su muerte. Me froto las manos de contento.

Dos tercios de esta novela extraordinaria fueron tallados con el más sabroso perspectivismo. Bolaño construye la biografía de dos poetas vanguardistas engarzando testimonios de decenas de personas que los conocieron a lo largo de dos décadas. Es un procedimiento coral; hablan hombres y mujeres de las más variadas procedencias, algo similar a lo que hizo Wilkie Collins en La piedra lunar. Es un procedimiento tan original como ambicioso, a contramano de las faenas livianitas de nuestro mediocre presente. Bien, en el capítulo veintitrés, el autor desea transmitirnos su visión del estado de la literatura iberoamericana, de la literatura en general, de los patéticos esfuerzos de los plumíferos para trascender. El sabor es delicioso, porque a Bolaño también le resulta ridículo “la gran lucha por el nombre y la gran lucha por el lector de todos estos escritores atrincherados en sus respectivas casetas de amianto“. Oímos así, en la Feria del Libro de Madrid, las voces de críticos y escritores. En la Web pueden leerse los esfuerzos por identificar al personaje de la vida real que inspira cada entrada: Por ejemplo, Iñaki Echevarne, se ha establecido, es el gran Ignacio Echeverría.

Con la ferocidad de un Borges o un Fogwill, Bolaño, que además de todo es un brillante crítico, establece entre otras verdades:

1) Hoy los escritores de Hispanoamérica proceden de familias de clase trabajadora, incluso del lumpen proletariado y “su ejercicio más usual de la escritura es una forma de escalar posiciones en la pirámide social, una forma de asentarse cuidándose mucho de no transgredir nada“. Por eso -añade este blog- cunden la esterilizante corrección política, el progresismo inane, las fórmulas probadas falsamente rupturistas. Los escribidores de hoy “no reniegan de nada, o sólo reniegan de lo que se puede renegar y se cuidan mucho de no crearse enemigos o de escoger éstos entre los más inermes. Las puertas implacablemente se les abran de par en par. Y la literatura va como va“.

2) Un escritor no debe parecer un escritor. Debe parecer un banquero, un hijo de papá que envejece sin demasiados temblores, un profesor de matemáticas, un funcionario de prisiones. Dendriformes. Un escritor debe parecer un articulista de periódico. Debe parecer un enano. Y DEBE sobrevivir (sic). Quieren ser leones, y sólo son gatos capados casados con gatas degolladas.

3) Disciplina y encanto dúctil son las claves para ganar un lugar bajo el sol. Disciplina: escribir cada mañana no menos de seis horas, corregir por las tardes y leer como un poseso por las noches (sobre todo, esas novelitas intrascendentes a la moda de apenas doscientas páginas, agrego yo). Encanto: visitar a los escritores en su residencia o abordarlos en la presentación de sus libros y decirles a cada uno justo aquello que quiere oír. Aquello que quiere oír desesperadamente. Hay que cultivar el huerto de la amistad con los escritores de éxito, de renombre. ¡Hay que citarlos sin descanso!

4) Hay que mostrarse fuerte. El mundo de la literatura es una jungla.

5) Es preceptivo abominar y despacharse a gusto contra las novelistas extranjeros, sobre todo si son norteamericanos, ingleses y franceses.


El diagnóstico no ha perdido un gramo de vigencia. Tiene razón Roberto, así va como va la literatura hispanoamericana. Los que se interesan por la literatura “no se imaginan los infiernos que se esconden debajo de las podridas o impolutas páginas”.

Guillermo Belcore

domingo, 24 de marzo de 2013

La dictadura nazi

Ian Kershaw

Siglo XXI. Ensayo de historia, 438 páginas. Edición 2013.

Sir Ian Kershaw es, qué duda cabe, una de las máximas autoridades académicas sobre el nacionalsocialismo. Ha escrito una monumental biografía en dos tomos de Adolf Hitler. Ha desmenuzado el mito del Führer. Y ha forjado este minucioso ensayo que evalúa y arbitra todas las teorías sobre aquella perversión que incendió Europa.

La primera versión de La dictadura nazi data de 1985. Kershaw la ha actualizado cuatro veces para examinar las corrientes en boga. Así pues, en la última parte interviene en el llamado ‘debate Goldhagen‘, en relación al polémico libro del estudioso de Harvard: refuta así la tesis de que todos los alemanes de a pie -y sólo ellos- fueron entusiastas masacradores de judíos al servicio de una dirigencia asesina. El volumen que aquí comentamos es la segunda edición argentina; la primera había sido publicada en 2004.

La Historia como ciencia ha convenido un par de cosas. Primero, el nazismo no se trató sólo de los salvajes desvaríos de un loco marginal y pendenciero. Segundo, es imposible la erudición libre de valores, sea cual fuere la ideología del investigador sólo cabe el rechazo ante las SS y Auschwitz. Aquí no hay relativismo (esa peste contemporánea) que valga. Todo lo demás es polémica. ¿En su esencia, el hitlerismo fue un totalitarismo puro y duro, una forma radical de fascismo o un fenómeno originalísimo de maldad? ¿Se trata de una brutal reacción conservadora o de una revolución auténtica? ¿La política dominaba a los capitanes de la industria o viceversa? ¿La expansión nazi fue un programa o se hilvanó a tontas y locas? ¿Hitler fue el amo del Tercer Reich o un tirano débil? ¿Ordenó personalmente el Holocausto? Kershaw escruta con lupa las interpretaciones y ofrece respuestas concretas. Con elegancia y elocuencia, intenta ser equidistante entre dos polos analíticos: intención vs. estructura.

“Lo que ha ocurrido es una advertencia. Olvidar al nazismo es una culpa. Debe ser recordado continuamente. Es posible que vuelva a ocurrir”, escribió Karl Jaspers.  Esta obra magistral permite comprender a la deleznable bestia parda. Siempre es mejor el conocimiento que la ignorancia; la verdad que el prejuicio o la ideología.

Guillermo Belcore
Publicado hoy en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa

Calificación: Muy bueno

 

PD: Este artículo, aclaro, es una actualización de una reseña que escribí hace nueve años. Cómo pasa el tiempo, ¿no? Diría, si no fuera un lugar común, que se nos va como arena entre los dedos.

domingo, 17 de marzo de 2013

Construir al enemigo

Umberto Eco

Lumen. Recopilación de artículos y conferencias. 319 páginas


De todas las definiciones de humano (hombre o mujer, pero sobre todo hombre) una de las más rotundas es la de Umberto Eco

“ser que necesita indefectiblemente de un enemigo“. 

Al parecer no podemos pasarnos sin un enconado adversario. La figura del enemigo -sea el judío, la bruja, el inmigrante, el vecino, la explotación capitalista- no puede ser abolida por los procesos de civilización. Esa necesidad ancestral explica, obviamente, por qué hay guerras, un despilfarro organizado, una válvula de escape que encauza de la mejor manera todas las fuerzas turbulentas dándoles un estatus. La paz produce delincuencia juvenil e inestabilidad. ¿La ética es impotente ante esa demanda imperiosa de lo humano reptil? No. La instancia ética sobreviene no cuando fingimos que no existen enemigos, sino cuando se intenta entenderlos, ponernos en lugar del otro. Destruye los clichés que rodean a tu enemigo, sin negar ni borrar su alteridad, podría ser el primer mandamiento de una ciudadanía benevolente, comprensiva y con ley moral.

Tan espléndida reflexión -embellecida con casos traídos desde la literatura y el arte- la ha esbozado el profesor Eco en una conferencia que dictó en la Universidad de Bolonia en 2008. Es, además, la primera entrada en un libro que atesora quince textos de ocasión de uno de los filósofos fundamentales de nuestra época. Un libro necesario, pues.

El volumen incluye también una formidable reflexión sobre lo absoluto y lo relativo, la cual refuta, de manera convincente, tanto al papa emérito Ratzinger como a esos relativistas extremos que sostienen que no existen hechos sino interpretaciones. Nietzsche, nada menos, es llamado al estrado. Más adelante, con afán exasperado de notario, cataloga reliquias cristianas y demuestra que Tomas de Aquino difiere fundamentalmente del pensamiento católico contemporáneo sobre el amargo tema del aborto (¿existe un alma en el momento de la concepción?).

Se trate de la desmesura en la poética de Victor Hugo (lo sublime por exceso) o de nuestra fascinación por las islas, siempre resulta provechoso y placentero leer a Umberto Eco. Gourmet de la palabra con erudición clásica, sabrosa claridad de pensamiento y gusto por lo maravilloso, es uno de los escasos polígrafos cuya obra conviene agotar.

Guillermo Belcore
Publicado hoy en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa

Calificación: Muy bueno

PD: Propone el querido profesor Eco ser ciudadanos benevolentes, comprensivos y con ley moral. Yo añado "cosmopolitas", que es uña señal irrefutable de inteligencia y buen corazón

lunes, 11 de marzo de 2013

Me deseó felices sueños

Massimo Gramellini

Destino. Autobiográfico. 205 páginas


Susana Tammaro, Milena Agus, Stefano Benni, y ahora el periodista Massimo Gramellini (Turín, 1960). La literatura italiana parece contener una corriente inane que podríamos definir como narrativa pueril. ¿Será una moda? ¿Será que a la industria editorial sólo le interesa traer al español los bestsellers aniñados? ¿Será una casualidad? Habría que investigarlo. Lo cierto es que a quien esto escribe le resulta muy desalentador que la patria de Svevo, Tabucci, Eco y Sciascia degrade su reputación con obritas simplonas que son a la Alta Literatura lo que el catecismo para chicos es a un tratado de teología.

Al buen entendedor, la primera frase de un libro denota muchas cosas. Gramellini abre el fuego así: “Como todos los años, el día de Fin de Año fui a recoger a mi madrina para acompañarla a visitar a mamá”. Las doscientas páginas siguientes se encargan de confirmar los peores pronósticos. Se trata de una ficción entretejida con experiencias personales que nunca levanta vuelo (excepto el capítulo de Sarajevo, merece ser un cuento), ni logra conmover, costumbrista, sin densidades de ninguna índole, tallada con una prosa ñoña que hasta un negado podría comprender.

Entonces, reseñista, ¿por qué ha vendido más de seiscientos mil ejemplares? ¡Ah, el gusto popular! Hay que reconocer que el producto encontró un marketing eficaz: “una hermosa novela, dedicada a todos los que han perdido algo esencial en sus vidas: un trabajo, un amor, un tesoro”. ¿Qué hombre o mujer está libre de desgracias, quién no necesita algún consuelo? Gramellini airea su angustia existencial por haber perdido a su mamá a los nueve años. Con ese vacío va haciéndose hombre. Hay un modesto suspenso; no todo es como parece. La trama, sin embargo, se rebaja por la profusión de enunciados de autoayuda. Este parece haber sido el propósito del autor. Predicar entre las gentes sencillas.

Guillermo Belcore
Publicado el último fin de semana en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa.

Calificación: Malo


PD: Este es uno de esos típicos libros de molde que sólo me permito llegar al final por responsabilidad a mi trabajo. La reseña, como escribio Ignacio Echeverría, no puede ser sino un ajuste de cuentas.

sábado, 9 de marzo de 2013

Arte

El Diccionario de Asterión IV


Arte:


“Acción humana que consiste en entremezclar constantemente las rúbricas y celdas de los conceptos, estableciendo nuevas transposiciones, metáforas y metonimias. El arte evidencia en todo momento el afán del hombre lúcido de rehacer el mundo, de hacerlo tan abigarrado e irregular, tan inconexo, tan sugestivo y eternamente nuevo como es el mundo de los sueños“.

La definición pertenece, cómo no, a Nietzsche en Sobre verdad y mentira en sentido extramoral (1873) y es citada en Construir al enemigo, una inspiradora recopilación de textos ocasionales de Umberto Eco (Lumen, 2013). El más difícil de encasillar de los filósofos descree de la posibilidad de refugiarnos en los sueños como fuga de la realidad. Admite Nietszche que “el dominio del arte sobre la vida sería un engaño, aunque supremamente jocoso”. Añado yo que el arte -la literatura, para el caso- no proporciona consuelo o posibilidad de fuga solamente ante tres desdichas de este mundo: el hambre, el frío o la enfermedad (propia o del ser verdaderamente amado). En el momento de la verdad, esas vicisitudes aplastan la imaginación y nos reducen a puros cuerpos dolientes. Sufrir ante cualquier otra situación es una pendejada, me parece.

lunes, 4 de marzo de 2013

Las Varonesas

Carlos Catania

Seix Barral. Novela, 504 páginas. Edición 1978.


Por Guillermo Belcore

¿Cómo funcionan en la Argentina los mecanismos de consagración literaria? ¿Por qué tantas obras excelentes se hundieron en el olvido? ¿Por qué la crítica periodística y académica festeja fruslerías brevísimas, piezas de época intrascendentes, como si de un Borges se tratase? ¿Son hoy el amiguismo, el esnobismo y las teorías descabelladas provenientes de Francia los únicos parámetros de legitimación? Las preguntas brotan naturalmente desde la lectura maravillada de Las Varonesas (Seix Barral, quinientas catorce páginas), publicada por única vez hace treinta cinco años en Barcelona. Su autor es el santafesino Carlos Catania (1931). Es muy posible que la novelística argentina nunca haya abordado con tanta lucidez y con semejante panoplia de recursos narrativos los tremendos temas del incesto y la guerra sucia latinoamericana como lo hizo Catania. Refutó el dictum de que la Argentina no ha engendrado, con un puñadito de excepciones, magníficas novelas oceánicas. He aquí una de ellas. Sin embargo, la Gran Novela de los Setenta nunca fue reimpresa.

“Cuando fue publicada en 1978, la novela no recibió ni una sola crítica desfavorable en Europa, creo que incluso mereció elogios excesivos“, recuerda su autor en un conversación telefónica. “Pero en la Argentina no pudo entrar, los censores militares no la consideraron decente”, añade Catania. El polígrafo Roberto Bolaño escribió en 1998: “... el narrador argentino Cataño, creo que ése es su nombre aunque no estoy seguro, autor de una novela notable y olvidada: ‘Las Varonesas‘, editada en Seix Barral a finales de los setenta, se marchó a Costa Rica, en donde estuvo viviendo hasta el triunfo de la revolución sandinista, tras lo cual se fue a Managua… ¿Dónde está Cataño ahora? No tengo ni idea. Sólo leí de él una novela. Espero que siga escribiendo” (Entre paréntesis, Editorial Alfaguara, página cincuenta y cuatro). El genial escritor chileno ha dejado pues testimonio de la excelencia del libro, aunque le pifió con el nombre del escritor a quien señala, además, como ejemplo de la afición de los argentinos por los “exilios bizarros“.

El argumento

La primera novela de Catania se engarza en el hilo atormentado Celine-Faulker-Onetti-Benet. Gira en torno a una familia santafesina, signada por la demencia y la desmesura. Cuatro hermanos: Alfredo el escritor homicida; Adela, la estudiante de filosofía; Lucía, la chupacirios enamorada; la pequeña y trágica Patricia, que tiene el don de hablar con los animales (¿o no?, ¿es la única concesión del autor al decrépito realismo mágico?). La relación perversa entre Alfredo y Adela es uno de los dos núcleos incandescentes del libro. El otro es el amor-odio en Guatemala entre El Castor y El Flaco Mendieta, líderes de la guerrilla y de la feroz contrarrevolución uniformada respectivamente. La tragedia griega es, sin duda, otra de las palpables influencias de Catania. El nexo entre ambas líneas narrativas es Julián Brocca, un argentino que intentó hacer la Revolución en Centroamérica.

¿Qué hace a esta novela excepcional? La fuerza dramática, en primer lugar. La trama hilvana con destreza situaciones que provocan espeluznos: un chico que se clava un tenedor en el vientre antes de que la policía lo detenga en una sala de billares; Alfredo que mata a ladrillazos al amigo que confiesa haberse acostado con Adela; operaciones guerrilleras y torturas escalofriantes en un cuartel del Ejército; hermanos que se entregan a la pasión en una tapera; una niña que muere ahogada. ¿Qué más? La inteligente mixtura entre literatura y filosofía (Musil es otra de las influencias, destaca Catania). Hay aquí discursos notables (los argumentos a favor del foquismo, por ejemplo), una convincente Teoría del Error (“somos para otra cosa“), epifanías semánticas (libro es “un objeto que se dan las personas para tener la sensación de lo que pudo haber sido”), y un sentido general de nausea, de horror ante el hecho de estar vivo y pensante en un mundo desquiciado. ¿Algo más? Bastante puede decirse de los recursos expresivos que Catania puso en juego: la novela se narra desde distintas perspectivas e incluso con diferentes modismos de América latina, desde el criollismo argentino hasta el caribeño chévere. Están los diarios de Lucía, las cartas de Ciomara Triollet, los delirios surrealistas de una suicida, la delicada alternancia entre primera y tercera persona, los recuerdos que perforan la sucesión de los hechos, incluso dentro de una misma frase. Infrecuente, ¿verdad?


La imagen original

“Tarde cinco años en finiquitar el libro. La empecé en México y la fui escribiendo en distintos países”, explica Catania, quien además de novelista es dramaturgo, guionista y actor (participó en varios filmes alemanes). “Yo creo que toda obra de arte surge de una imagen. Aquí cerca de Santa Fe tenemos el arroyo Leyes. Me gustaba recorrerlo a remo cuando era joven y en una islita deshabitada encontré una vez unas estatuas de mujeres semidestruidas, con una leyenda: ‘Las V.’ Las Varonesas. Así nació la novela”, explica el artista.

Una idea formidable (celiniana) encauza toda la obra. Ocupa diez mil kilómetros, desde la selva tropical en Centroamérica a los márgenes del Paraná, en nuestra provincia de Santa Fe. Busca la grandeza en la subversión de lo establecido, demuele el gran edificio ontológico -nos dice el libro-, un acto extremo tiene más valor que toda la seguidilla de actos tibios y prudentes realizados desde que se nace hasta que se muere. Desea lo depravado para no sentirte del todo insignificante.

 
Publicado el domingo pasado en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa.

Calificación: Excelente


PD: Esta novela pide a gritos la reimpresión ( o nada sé de literatura). Mientras tanto, cómprenla usada. La recomiendo con toda convicción.