jueves, 22 de septiembre de 2011

El campo del alfarero

Andrea Camilleri
Salamandra. Novela policial, 221 páginas. Edición 2011.

La eficacia de las entretenidas novelitas de Andrea Camilleri (1925) se sostiene en tragarse el supuesto de que en Sicilia, la patria de la Cosa Nostra, es posible encontrar un cuerpo policial íntegro, dedicado y capaz que combate al crimen organizado sin oscuras intenciones. En todos lados se cuecen habas, es verdad; pero en el puerto de Vigata no sólo se cuecen habas, como ocurre en las retorcidas entrañas de buena parte de América latina; o al menos esa es la percepción que uno tiene. Porque si aquí no hay mafias con Padrino y demás rituales es porque los mafiosos latinoamericanos usan uniforme o campera de cuero de puntero político. Corrupción sistémica, lo llaman.

Pasemos al nuevo caso, pues, que ocupa al comisario Montalbano. El gran razonador -instruido, sibarita y adúltero- se siente viejo y cansado (nació en mil novecientos cincuenta, confiesa). Cree que se la han insensibilizado las antenas. Se anoticia de que un cadáver hecho pedazos fue encontrado por un viejo alfarero en una cueva arcillosa. La escena tiene reminiscencias bíblicas. El arcillar, o sea el campo del alfarero, es decir, el campo de sangre, era el predio que compraron los sacerdotes a fin de sepultar a las forasteros con los treinta denarios de plata de Judas Iscariote. ¿El muerto era un traidor? Al hampa de la vieja escuela le encantan esas alegorías. Pero, naturalmente, nada es lo que parece. Sobre todo, desde que aparece en escena la despampanante Dolores Alfano, una de esas mujeres del trópico que hacen delirar a los hombres de deseo. Y que son capaces de pervertir a un policía… Dolores denuncia la desaparición de su esposo. Montalbano la describe así: “…tenía una voz de cama; no se podía definir de otra manera. Dice sólo buenos días y uno piensa inmediatamente en cobertores enredados, almohadas caídas al suelo, sábanas humedecidas de un sudor con olor a canela”…

La trama es amena, ágil y coherente. Realmente, una lectura placentera. Hay un agrado en seguir a Montalbano en ese culto al razonamiento libre y despasionado, tan típico de los comunistas italianos. ¡Tres hurras a la lógica!

Guillermo Belcore

Calificación: Bueno

PD: Y también provoca un agrado en seguir las comilonas del buen Montalbano. Tiene el comisario apetitos bestiales. Obsérvese el menú de la cena con su amante Ingrid. “Entremeses marineros (anchoas cocinadas en zumo de limón y aliñadas con aceite, sal, pimienta y perejil; anchoas sciavurusi, aromáticas, con semillas de hinojo; ensalada de pulpitos, cornalitos fritos); primer plato: espaguetis con salsa coralina; segundo plato: langosta a la marinera (a la brasa con aceite, limón, sal y una pizca de perejil). Tres botellas de vino blanco”. ¡Qué envidia! Yo reventaría con una noche así.

PD II: En este blog se comenta otra novela de Camilleri. Pinche aquí.

1 comentario:

Pablo Guzmán Palma dijo...

Lo buscaré solo porque me gusta mucho el género policial. Saludos :D desde blogdellectorempedernido.blogspot.com