Irène Nemirovsky
Novela, 221 páginas. Salamandra. Edición 2011

He aquí entonces una reflexión despareja aunque encantadora, sobre el amor filial y la raza de los apasionados, es decir, esos seres dotados de una llama, de un patético ardor que suelen perpetrar el crimen de "traer hijos al mundo y no darles una pizca, unas migajas de amor''.
La trama narra -en estilo chejoviano tardío- la degradación de una familia primero, la consumación de una venganza, al final. La arquitectura es sencillísima; empero los cambios de decorado son frenéticos: Ucrania, San Petersburgo, la bucólica Finlandia, París, la Costa Azul. Pasan muchas cosas. El vendaval de la revolución bolchevique -esa plaga- desgarra a los personajes, tallados con honda sensibilidad. El libro no carece de atractivos e incluso en sus flojeras (los estereotipos, el melodrama, la hipérbole) resulta atractivo, particularmente la descripción de una institución del pasado que ha desaparecido no estoy seguro si para bien: la del amante de la esposa aceptado por el padre de familia, un cornudo conciente. El libro trasluce, además, una suerte de turbia y triste poesía, que es el producto de una verdad con bordes afilados: nunca nadie perdona una infancia destrozada.
Guillermo Belcore
Publicado en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa
1 comentario:
¡Oba que legal!
Ja mesmo estou decendo para á livraria, adoro essa escritora!,vou levarla de viagem conmigo ao Perú.
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