martes, 16 de mayo de 2017

Dios lo bendiga, señor Rosewater

El único mandamiento que conozco es éste: Sé bondadoso.
K.V.

Sacrificar la trama en beneficio de un manojo de ideas es un procedimiento gastado como la literatura misma. Esa urgencia por transmitir un mensaje ha producido obras de calidad muy desigual. Las novelas comprometidas de Paulo Coelho y José Pablo Feinmann merecen, en promedio, un aplazo; las de John Berger, un aprobado; las de Kurt Vonnegut (1922-2007), un sobresaliente. Es que las ideas del sabio de Indiana son persuasivas y elegantes y vienen servidas con una saludable pizca de humor.

La Bestia Equilatera trajo a la Argentina Dios lo bendiga señor Rosewater (198 páginas), otro espléndido sermón de Vonnegut, el sexto que el sello local ha publicado durante este siglo. Fue entregado a la imprenta por primera vez en 1965, pero pudo haber sido escrito ayer por la mañana. La plutocracia estadounidense sigue siendo lo que es (el dinero manda, amigos) y la estupidez del ser humano no ha retrocedido ni siquiera un milímetro. Pobre iluso, era nuestro héroe. Como los iluministas, creía que si denunciaba a voz de cuello las miserias de su sociedad la situación iba a cambiar.

Tenemos aquí pues otra magnífica sátira de lo que el autor define como "el salvaje, estúpido, inepto y huraño sistema clasista de Estados Unidos". La voz irreverente relata las peripecias de Elliot R., heredero de una gran fortuna que se subleva (como el mismo Vonnegut) y tuerce los designios de la Fundación benéfica y cultural que había creado su familia para protegerse de los zarpazos de los recaudadores de impuestos y de otros depredadores que no se apellidaran Rosewater.

Veterano de guerra aficionado al alcohol, Elliot es más que un filántropo excéntrico, es un buen samaritano profesional. Apadrina a los cuerpos de bomberos voluntarios, alimenta a los hambrientos, y consuela a los afligidos. Vive casi en la miseria. Dedica su energía sexual a la utopía. Un abogado sin escrúpulos (parece casi una redundancia) intenta hacer pasar por loco a Elliot para arrebatarle media fortuna. Su padre, el senador Rosewater -quintaesencia de la clase dirigente estadounidense-, se empeña en evitarlo.

RICA EN CONCEPTOS

Muchas estrellas de la galaxia K.V. titilan en la novela, tan avara en páginas como rica en conceptos. Aparece en escena Kilgore Trout, escritor de ciencia ficción inventado por Vonnegut. Y es nada menos el personaje fugaz que enuncia el tema principal, cuestión clave de nuestro tiempo por culpa de la sofisticación de las maquinas: ¿Cómo rescatar al creciente número de personas que no tienen utilidad social?. "Con el tiempo, casi todos los hombres y mujeres perderán valor como productores de bienes, alimentos, servicios y más máquinas, como fuentes de ideas prácticas en los campos de la economía, la ingeniería y tal vez la medicina. Por lo tanto, si no encontramos razones y métodos para valorar a los seres humanos por el hecho de ser seres humanos, bien podríamos, como a menudo se ha sugerido, liquidarlos", plantea Trout en los albores de la era de las desindustrialización.

Su demiurgo acuña un nuevo término para denunciar una enfermedad que sufre, seguramente, el noventa y nueve por ciento de la humanidad. Ese vocablo es samaritrofia. Designa la indiferencia histérica por la suerte de los menos afortunados. Ingenioso, ¿no?

Al pasar, el literato evoca la experiencia más espantosa que sufrió en su juventud, cuando era prisionero de guerra de los nazis: el huracán de fuego que los aliados desataron sobre Dresde en 1945 (y que motivo una de sus más celebradas novelas). Ha empotrado en la trama, además, decenas de microhistorias, tan sugestivas como encantadoras. Hay un catálogo apabullante de la ruindad de las personas mediocres. Hay diálogos ingeniosos, sentencias que merecen ser acuñadas en piedra y potencia dramática. Hay también exageraciones, acaso el único punto flojo del texto. El moralista sostiene que la vida en Nueva York es una farsa superficial y ridícula y que sólo una de cada siete personas prosperan en el sistema de libre empresa. Un socialista utópico, sin duda. Un romántico amargado, incluso. Creía que el arte le ha fallado a la humanidad.

Vonnegut estudió bioquímica y obtuvo un master en Antropología por la Universidad de Chicago. Luchó toda su vida contra la depresión y en 1984 intentó suicidarse. En un ensayo publicado por esos años, se animó a puntuar sus novelas. 'Dios lo bendiga señor Rosewater' recibió una 'A' junto a 'Pájaro de celda', 'Madre Noche' y 'Las sirenas de Titán'.

Guillermo Belcore

Calificación: Bueno

1 comentario:

Fernando dijo...

¿Uno de cada siete? Sí que es exagerado.