domingo, 3 de diciembre de 2017

Bolaño, ese gran cuentista

La lectura de esta obra -entregada por primera vez a la imprenta hace veinte años- permite concluir que el polígrafo Roberto Bolaño (1953-2003) fue también un magnífico narrador de cuentos. Podría decirse que no hay textos flojos en su primer libro de relatos. Se disfruta de cabo a rabo.

Llamadas telefónicas (Alfaguara, 228 páginas) parece compuesto bajo influencia de la literatura bonaerense, "probablemente la mejor en legua española del siglo XX"", como se declara en la página diecisiete. Bajo la espléndida sombra de Borges se escribieron buena parte de los catorce cuentos. Se percibe esto no sólo en el desapego de la prosa, sino también en el respetuoso plagio de Historia universal de la infamia, apuesta narrativa que proviene en primera instancia de Marcel Schwob y que consiste en persuadir al lector de que la existencia de cualquier mísero farandulero resulta tan interesante como la de William Shakespeare.

Hay que decir, no obstante las influencias, que la escritura hace alarde de la sencillez y el encanto dúctil que caracteriza la obra madura de Bolaño. Esa música envolvente, un ronroneo podría decirse, tiene la cualidad del oro. Queda aquí demostrado que el escritor chileno era un gran contador de historias, incluso con un dejo de John Cheever: esa sensación flotando sobre los textos de que un desastre está por ocurrir de un momento a otro, pero nunca acontece nada extraordinario. "Vida de Anne Moore" ilustra tan feliz procedimiento.

UN HOMENAJE


El primer cuento se titula Sensini. Se ha establecido que uno de los personajes principales es nada menos que el enorme Antonio Di Benedetto, camuflado tras el nombre de Luis Antonio Sensini, literato argentino malviviendo en Madrid, el mejor ""en esa generación intermedia de escritores nacidos en los años veinte después de Cortázar, Bioy y Mujica Laínez"", "autor de una de esas novelas que hacen lectores", llenando la olla y pagando el alquiler con el dinero de los concursos literarios, pues al igual que el narrador sus relatos -con distintos títulos- salen a pelear en las provincias. Los cazarrecompensas (Di Benedetto y Bolaño) forjan una amistad epistolar. Es una historia triste, melancólica con brillantes indagaciones artísticas. "El mundo de la literatura es terrible, además de ridículo", se advierte.

El tono borgeano de Henri Simon Leprince, un escritor fracasado en la Francia de la ocupación nazi, es demasiado evidente. Enrique Martín también retrata a un plumífero de bajo estofa, que quería ser poeta y termina escribiendo para una revista de sucesos paranormales. "Para disfrutar del arte no hace falta hacer el ridículo, no hace falta escribir ni arrastrarse", es un consejo de Bolaño que los aspirantes argentinos al Parnaso no deberían pasar por alto. Una aventura literaria redondea una sátira precisa de los celos que cunden entre literatos colegas ("colega, esa palabra atroz").

Afirma Bolaño que la muerte y el amor son las dos únicas cosas verdaderas de la vida. Quizás por eso atesora el volumen un puñado de conmovedoras aventuras del corazón. Llamadas telefónicas describe con la precisión de un láser la psicología de un enamorado. La nieve es la historia de un exiliado chileno en la Unión Soviética que tiene la mala suerte de enamorarse de la querida de un capo de la mafia. Clara y Compañeros de celda son dos ejemplos cabales de la preferencia del vate chileno por los vínculos contrariados, imposibles, que siempre concluyen en una vía muerta.

Otro eje temático es la superstición verbal, la creencia de la magia de las palabras. En 1941, un soldado sevillano salvó su vida en el Frente Ruso porque sus verdugos confunden "coño" con la ululante "kunst" ("arte" en alemán).  

Detectives está urdido sólo con diálogos. Conversan dos policías en la ruta y a la superficie afloran las iniquidades de 1973 y el dulce habla chilena. ¿Cachai? Joanna Silvestri, monólogo interior de una actriz porno postrada en una Clínica de Nimes, no tiene un sólo punto y aparte. Se trata de otra hermosa exhibición técnica de uno de los pocos autores latinoamericanos esenciales de nuestro tiempo.
Guillermo Belcore
Publicado en el Suplemento de Economía de La Prensa

Calificación: Muy bueno

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