lunes, 27 de abril de 2026

Hipervínculos


Nacimos en un andurrial del mundo: el Extremo Occidente, según la visión del profesor Samuel Huntington. La Provindencia nos condenó a la frustración económica y la bobería política, estamos tentados de pensar. Pero algunas almas sensibles se han revelado contra la mediocridad provinciana que inevitablemente causa el aislamiento y el subdesarrollo. Su Acto como Proyecto -en el sentido sartreano- es el del titán Atlas: cargar el mundo sobre sus espaldas. Como alguna vez conjeturó Borges, el derecho del intelectual argentino es asimilar y procesar un aluvión de culturas foráneas para crear arte y comentario desde nuestra peculiar cosmovisión, sin la fastidiosa carga del color local. A la estirpe dorada de los universalistas, pertenece el librero y escritor Danilo Albero.

Durante años y con la dedicación amorosa del orfebre, Albero escribió notas semanales en su página web. Las mejores fueron reunidas en un libro que aquí venimos a recomendar. Hipervínculos (Editorial Hugo Benjamín 255 páginas) es una fiesta de erudición y belleza.

El título, desde ya, invoca el nexo -resaltado o subrayado en azul- que en la Internet nos remite a otros datos. Al Señor Albero le encanta unir puntos, cruzar fronteras, explorar tradiciones, deconstruir influencias, saltar de una expresión artística a otra (de la literatura a la fotografía, a la historieta, a la pintura, al cine, a la música...) “de manera azarosa como el fluir de la conciencia de Joyce”, explica en una especie de autopresentación. El procedimiento narrativo tiene esa virtud, como enseñó Stevenson, sin la cual todas las demas son inútiles: el encanto.


La erótica de la obra proviene de cuatro diosas que soplan al oído de Albero:

a) Didáctica: Cada uno de los textos deja algo al lector curioso. El autor es un virtuoso de la cita y de la anécdota; un estudioso del diccionario y la enciclopedia. Obra también como maestro de lecturas y cicerone de museos.

b) Filología: Albero se mueve como pez en el agua en el universo de los significados y la musicalidad de las palabras. Es una de esas personas a las que conmueven los vocablos raros y escogidos; los arcaísmos y los neologismos como “nomofobia”, el miedo irracional a estar sin el teléfono móvil, sin conexión a internet o sin carga de batería. Naturalmente la etimología es otra de sus pasiones.

c) Elegancia: Siempre algo de la prosa hay que decir. La escritura de Alberto combina claridad con finura. La forma está a la altura del contenido.

d) Pertinencia: La temática de libro aborda cuestiones trascendentes como los efectos de la cuarentena interminable por el covid, las fuentes de insipiración del escritor o la posverdad (existen cinco clases de fakes news al parecer: mentira pura, mentira por la estructura, furia selectiva, apelación emotiva, retractación oculta). Pero también se salpimenta con comentarios sobre asuntos de bajo calado como la preparación del Dry Martini en Estados Unidos o las parafilias de grandes escritores, caso el fetichismo de José Mármol con los pies. Muy interesantes, además, son las evocación de diálogos del autor con Fogwill y María Kodama.  
   

EL HILO DORADO


Si hay un hilo dorado que caracteriza al libro es el gusto del autor por los clásicos, un concepto artístico que empuña de una manera muy amplia, desde Homero hasta Ian Fleming. Nos regala, incluso una bellísima definición de Italo Calvino: 

”...clásico es el libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir”.

La obra, finalmente, es un bálsamo por dos razones. En primer lugar, por la colosal cantidad de conocimientos que pone en juego, justamente en una era en la que la norma camina por la vereda de enfrente: la de la superficialidad, la ignorancia celebrada y lo inane. En segundo lugar, Albero presenta batalla a ciertas pestes contemporáneas que tantas obras y personalidades valiosas han estragado, como la corrección política o las denuncias alocadas de apropiación cultural.

Volvamos al principio. En el prólogo, Vicente Battista, define a Danilo Albero como una Rara Avis y lo emparenta con Sarmiento, Macedonio, Cortazar, Borges y Bioy. La estirpe, como decíamos, de aquellos creadores argentinos a los que nada de la excelencia occidental les resulta ajeno.

Guillermo Belcore

Calificación: Muy bueno

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