sábado, 3 de julio de 2010

Nacha Regules

Manuel Gálvez

Eterna Cadencia. Novela, 283 páginas. Edición 2010.

Son realmente deliciosas las excusas que Manuel Gálvez (Paraná 1882-1962) garabateó en sus memorias para justificar la temática y el mensaje de esta gran novela. Se esfuerza en aclararle a la posteridad que él no es ningún maximalista y que no hay atisbo de rojerías en el imperioso llamado que había formulado medio siglo atrás: “la única ocupación de un hombre digno y bueno es luchar por los oprimidos”. Dice que se inspiró en la doctrina cristiana. ¡Pues claro! Si con alguien se emparenta Fernando Monsalvat, el protagonista del libro, en su cruzada para redimir a una mujer pecaminosa es con el pedagogo Naphta de Tomas Mann. No es casualidad; Gálvez fue educado por los jesuitas. “Hay que imponer a la fuerza, aunque fuese a sangre y fuego, el mutuo amor de los hombres, enseñar a esos que se dicen cristianos, cómo debemos amarnos los unos a los otros”, brama Monsalvat, el bastardo antiliberal.


Un sello editorial ha recuperado el libro más exitoso de un prolífico artesano del naturalismo criollo. La historia de amor y redención transcurre en los años del Centenario, por lo que los parangones son inevitables. Hoy y entonces, “Buenos Aires es un vasto mercado de carne humana”, los sueldos bajos provocan penurias, y el liberalismo económico “es ese inicuo sistema que parece inventado por los ricos para seguir explotando a los pobres”. Nacha Regules es un muchacha hermosa obligada a prostituirse por el Destino y la Injusticia Social (sí, siempre Gálvez los evoca con mayúsculas).

Trae el volumen un buen prólogo de Aníbal Jarkowski. Nos recuerda que Gálvez pretendió remedar, tardíamente, la representación entera de una sociedad a través del realismo. Es decir, quiso emular a Zolá. Empero, sus ñoñerías, su lirismo ingenuo (con algunas metáforas ingeniosas), su espantosa sensiblería lo condenaron a ser un romántico. Por momentos, da la impresión que la novela fue concebida para el melifluo cine argentino. En otros capítulos, en cambio, deslumbra. Hay incluso una extraordinaria galería de personajes secundarios como el Pampa Arnedo, un compadrón. Gálvez fue uno de esos narradores enfáticos y obsesionados por la moraleja que hasta en sus errores resulta encantador. Un Arlt para señoras.

Guillermo Belcore

Una versión más corta se publica en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa.

Calificación: Bueno

PD: Otro valor añadido de este libro muy interesante es que nos permite atisbar los pliegues más sucios del milagro argentino. Cien años atrás la explotación laboral era pavorosa. Galvez, el ídolo del patriciado nacionalista, denuncia en la página doscientos seis:

… “La poderosa institución para cuya grandeza trabajaba arrojábale por mes treinta pesos. ¿Es preciso que aquella muchacha desgraciada, aquella hija de la tierra argentina, sufriese para que los accionistas de Londres recibieran magníficos dividendos... El ídolo Dividendo exige un montruoso altar construido por el dolor y la humillación. Para formar un buen tanto por ciento se necesitan océanos de lágrimas”...

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Motivo de orgullo para los paranaenses que Manuel Gálvez haya sido hijo de nuestra ciudad. Escribió obras de temática social interesante, entre ellas y emparentado con realidades del país, es recomendable la lectura de "La gran familia de los Laris". La película (1950, dir. César Amadori) muestra a una bellísima y encantadora Zully Moreno, una verdadera señora de la escena artística nacional.- Ladislao (Paraná-ER) ---

FEDERAL dijo...

Anoche ví la película por la TV pública. Me atrapó. Era tarde, y no podía dejar de mirarla. Muy buena la fotografía, luces y sombras. MONSALVAT renunciando a todo, por los demás. Renegando de todo su grupo social, buscando redimir almas perdidas. A mí me gusto mucho. Ahora a conseguir el libro y leerlo. Gracias. Martin DOLGIEI STILE

Reno Dufur dijo...

Tanto el libro como la pelicula (adelantadas a su época)muestran una realidad que persiste hasta el dia de hoy. Incomparable es el trabajo de Luis Cesar AMADORI y todo su equipo (con Zully Moreno y Arturo de Córdoba a la cabeza). Una joyita literaria y cinematográfica.