IV Ley de la Literatura: Los grandes escritores tienen superpoderes

Pero el poder tremendo que hoy quisiera destacar es lo que Francisco Ayala llamaba la Odiosa Lucidez, potencia que comparten un Fogwill o un Rafael Chirbes, es decir los entomólogos implacables. Es una suerte de rayos equis que nos muestra la calavera por debajo de la carne; delatan que detrás de cada movimiento de la gente y de la sociedad hay una absurda danza de esqueletos. La Odiosa Lucidez -y parafraseo ahora a Ayala- consiste en “el poder corrosivo de una mirada que volatiza, disipa, vacía, corrompe, destruye, en fin, todos los objetos donde se posa, dejándolos reducidos a su pura apariencia irrisoria”.
Como la mirada de Scott Summer (Cíclope) sin el cuarzo rojo pero más eficaz. Todo es pura apariencia irrisoria, eso nos advierten los grandes novelistas.
G.B.
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