domingo, 29 de junio de 2014

Calles y otros relatos

Stephen Dixon

Eterna Cadencia. Cuentos, 190 páginas. Edición 2014.


La libre competencia, al menos en la Argentina, ha mejorado la industrial editorial. Se esfuerzan nuestras pymes -y ello es motivo de aplauso- para tentar a su majestad el lector con textos sublimes que los mastodontes del negocio suelen desdeñar. Así, vuelven autores que nunca debieron ser olvidados o llegan otros que jamás habían sido traducidos. Como en este caso. Descubrir a Stephen Dixon (1936) es un regalo del Cielo, al menos para quienes la Alta Literatura forma una parte importante de su vida. En esta magnífica colección de cuentos -qué buena selección hizo Eduardo Berti-, el escritor neoyorquino aborda preguntas que van al meollo de la condición humana: ¿por qué el amor se apaga de repente? (y por qué muchos hombres o mujeres no pueden aceptarlo); ¿por qué un señor en la flor de la vida decide pegarse un tiro en la boca?; ¿por qué no puede elegir su final un anciano torturado por la enfermedad?; ¿por qué el desatino rige la conducta humana?; ¿por qué son tan difíciles las relaciones padre-hijo?

La escritura de Dixon es notable, siempre. Hay aquí frases, párrafos, cuentos enteros incluso (léanse La firma o Calles, por ejemplo) que podían definirse como “perfectos”, si es que esa meta pudiese alcanzarse en el arte. Se trata de un estilista notable, capaz de narrar una historia desde perspectivas diferentes; o de provocar tristeza o risa con un pestañeo, de improviso, incluso; o de tallar diálogos vibrantes que satisfacen sobradamente la teoría del iceberg de Hemingway. El estilo de Dixon nos resulta familiar, pero es originalísimo. De hecho, Rodrigo Fresán detalla en el prólogo muchísimos parentescos (algunos disparatados) pero ninguno de ellos logra explicarlo. Lo que sí hace muy bien es trasmitir su entusiasmo por este ilustre desconocido (para los argentinos). Tiene razón Fresán: el lector del volumen se convierte en “eufórico recomendador” del neoyorquino. Da ganas de seguir leyéndolo. Uno cruza los dedos para que la veintena de libros de ficción de Stephen Dixon arriben a la Argentina.
Guillermo Belcore

Publicado hoy en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa.

Calificación: Excelente

1 comentario:

Fernando dijo...

La libre competencia...
Quien nos da estos maravillosos libros no es el Mercado sino editores apasionados y aventureros. Encontraron un lugar bajo el sol gracias a la voracidad de las grandes editoriales que coparon ese "Mercado" y estirilizaron la literatura y el oficio, despreciándolo por ser poco rentable.
Además no se puede hablar de libre competencia a menos que el mismo libro se publique en muchas editoriales y uno pueda elegir la mejor edición. El libro siempre fue monopólico por naturaleza, menos mal.
Si no, cada éxito de una pequeña editorial sería canibalizado inmediatamente por los Grandes Monstruos, o sea, el Mercado. Las consecuencias son fáciles de deducir.