lunes, 6 de julio de 2015

Perfidia

POR GUILLERMO BELCORE

En diciembre de 1941, Los Ángeles era un torbellino de histeria racial y pecado. Aventuras las veinticuatro horas del día. Un statu quo corrompido. Celebridades viciosas. Redadas como progromos. Comparte el gobierno de la ciudad el Departamento de Policía, un nido de víboras, gorilas analfabetos en la base y barones feudales en la cima, obsesionados por aprovechar cualquier resquicio para hacer dinero sucio. La policicracia venal tiene su propia ética paramilitar, sus códigos sociales informales y una poderosa tendencia a la ilegalidad. Se forjan oscuros lazos personales y profesionales. Sí, amigo lector. Tiene razón lo que está pensando: los parangones con la Argentina de 2015 son evidentes.

Nos lleva pues a los días de Pearl Harbor, la más ambiciosa y mejor lograda novela que ha escrito acaso el más inquietante escritor de novela negra de Estados Unidos. Se trata de la primera parte de una precuela. Perfidia (Random House, 780 páginas) fue pensada como antecesora de El cuarteto de los Ángeles -La dalia negra, El gran desierto, L.A. Confidencial y Jazz blanco- que abarca desde 1956 hasta 1948 También aparecen protagonistas de La trilogía americana -América, Seis de los grandes y Sangre vagabunda- que va desde 1958 y 1972. Reencontrarnos con esos personajes, justamente, es otro de los agrados del libro. ¡Y qué personajes talla James Ellroy (1948, Los Angeles)! La contradicción y la complejidad son sus rasgos destacados. Interactúan con las estrellas de la vida real. Verbigracia: el sargento Dudley Smith es amante de Bette Davis y hace de celestino del hijo playboy de Joe El Gallina Kennedy, es decir el alférez JFK que antes de sumarse a filas se cepilla a actrices de clase B, como Ellen Drew. Por cierto, el detective Smith, un irlandes grandulón y excepcionalmente inteligente se come la novela. Tiene un toque shakespeareano.

Como es tradición en la narrativa de Ellroy, cuya madre fue salvajemente mutilada cuando él tenía diez años, obra como disparador uno o varios asesinatos con abundante efusión de sangre. Aquí, la familia Watanabe es destripada con rituales antiguos, un día antes de que los Zeros arrasarán a la flota estadounidense en Hawaii. Los brutales policías de la División Homicidios (‘brutal’ es, en rigor, la palabra más usada en la novela) reciben la orden de resolver el caso antes de fin de año. La verdad no interesa a los poderes constituidos: se hace necesario encontrar a una escoria de origen japonés para endilgarle los espantosos crímenes, con el fin de distraer a la prensa de la expoliación y confinamiento en masa de los nisei so pretexto de eliminar el quintacolumnismo. Un capítulo malvado de la historia estadounidense. La esclavitud reinstaurada.

Se dispersa la trama en varios sentidos, siguiendo los tentáculos de Sin City. El jefe Jack Horrall saca una tajada del siete por ciento de una red de prostitución cara. El fiscal Bill McPherson es un dipsómano aficionado a las prostitutas negras de corta edad. El sheriff del condado, Eugene Biscailuz (personaje de la vida real) cobra trescientos dólares la noche al capo de la mafia judía, Bugsy Siegel, para concederle un alojamiento de marajá. Su ayudante regentea un antro de esclavas lesbianas y tiene un hijo idiota y asesino, otro protegido del temible sargento Dudley. El capitán William Parker quiere depurar la ciudad de comunistas para redimir sus propias vilezas. Recluta como informante a la promiscua Kay Lake, una arribista de gran talento que traiciona sus principios izquierdistas por el mero placer de la aventura. Kay es la chica del agente Lee Blanchard (aunque sin sexo), quien había organizado el robo a un banco… Y así, de canallada en canallada, con trapacerías de toda índole, y paladas y paladas de sordidez, pero también de arte detectivesco, llegamos al final. La lectura siempre es atrapante. Perfidia (el título alude también al bolero del mexicano Alberto Domínguez) es oceánica, una obra ansiosa por incluirlo todo.


Rafagas de Uzi



Del estilo sólo pueden decirse cosas buenas. Ellroy escribe como si esgrimiera una Uzi. Frases cortas, casi sin subordinadas. Ráfagas de ametralladora. Hay escenas memorables, tremendas. Hay diálogos que cortan como una navaja. La voz sedosa del sargento Dudley es fascinante. La erótica de la obra se manifiesta, además, en el acabado y la psicología de los personajes, la reconstrucción histórica, la crítica social al fascismo y a la izquierda caviar, el sentido épico. Una novela excelente que ha conquistado a la crítica estadounidense y que eleva a su autor al Panteón de los Grandes Novelistas. Decir, incluso, que es "una gran novela policial" es rebajarla; Perfidia pertenece a la Alta Literatura pues conforma un fresco impresionante (como el de los muralistas mexicanos) de la policicracia angelina y ofrece un relato alternativo de la historia estadounidense (la eugenesia era una idea fuerza poderosa que cruzaba las fronteras). Respecto a la corrupción sistémica, es curioso como un retrato minucioso de los años cuarenta del Oeste de Estados Unidos ayuda a comprender a lo peor de la Argentina de los albores del siglo XXI.

Aquí tenemos, por encima de todo, una novela de personajes. Merece un párrafo el personaje de Hideo Ashida, el mejor criminalista de laboratorio de la Costa Oeste y por consiguiente el único japoamericano al servicio del Departamento de Policía de Los Angeles. Hideo va hundiéndose en un abismo de degradación moral para salvar el propio pellejo y el de su familia. Sucumbe, en otras palabras, a las intrigas de los hombres lobo. Su drama es el de la conciencia que intenta mantenerse íntegra en un ambiente nauseabundo pero fracasa. En el universo Ellroy no existe la bondad desinteresada. Todo es quid pro quo y todo queda saldado. Se parece muchísimo al mundo en que vivimos los lectores. Uno concluye que el infierno, al fin de cuentas, está aquí, en la Tierra, pues los motores de millones de conductas serán eternamente la codicia y la degeneración. 

No obstante, vamos a cerrar con una buena nueva. Perfidia es el primer volumen de un nuevo cuarteto creativo, anunció su autor. A los 66 años, afortunadamente, James Ellroy se mantiene en forma para que nosotros, sus fans, podamos darnos el gusto de abandonarnos al gozo de la lectura.
Publicado hoy en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa.

Calificación: Excelente


PD: He aquí la banda sonora de la novela: https://www.youtube.com/watch?v=suwZviL8ivc 

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