domingo, 20 de diciembre de 2015

Urumpta

POR GUILLERMO BELCORE

En el siglo XVII, la Argentina fue invadida. Tribus mapuches, atraídas por los millones de vacas y caballos que prosperaban sin dueño en nuestras llanuras, cruzaron la Cordillera de los Andes y se afincaron en la Pampa Húmeda y la Seca. Fue una transculturación estéril y negativa. Es decir, crearon una pseudocivilización basada en el saqueo, la rapiña y la explotación de un recurso natural, aunque exótico, inagotable. En el proceso, exterminaron a nuestros pueblos originarios, los pocos que habían logrado sobrevivir a la barbarie de los españoles, como los huarpes, los querandíes o los comechingones. La Araucania argentina sobrevivió casi doscientos años y sólo tuvo progresos palpables en el arte de la guerra. Conformaron de hecho los temibles migrantes una suerte de estado tapón, alentado por los sueños expansionistas de los chilenos de origen europeo (algunas mentes febriles de Santiago aún lamentan la pérdida del Chile trasmontano) y financiado por el morboso afán de lucro de los mercaderes que compraban las cabezas de ganado y las mujeres que arrebataba el indio en sus incursiones terroristas por nuestras provincias. Por cierto, forajidos argentinos comandaban también los malones, algunos legendarios como Manuel Baigorria. Era lógico que esta situación anómala -la ocupación de la mitad del territorio nacional por parte de un pueblo intruso que hizo del robo bestial y la guerra su modus vivendi- tarde o temprano debía terminar. Cuando el país pudo por fin ocuparse de su soberanía y de su pueblo, comenzó la Reconquista de Tierra Adentro. El general Julio Argentino Roca vino a ser algo así como nuestro Cid Campeador. No obstante, el relato histórico dominante hoy en el puerto de Buenos Aires lo considera como un genocida de las tribus originarias. En realidad, nunca existieron ‘los indios pampas’. Era indómitos araucanos que cambiaron de nombre de este lado de la cordillera: puelches, tehuelches, huliches, pehuenches, ranqueles se denominaron sus tribus.  

“De Arauco no ha quedado más que el repertorio de sus crímenes y el recuerdo de sus horrores”, nos advierte un estudioso del pasado. El primer párrafo es un resumen de la tesis que don Juan Filloy (Córdoba 1894-1999) despliega en un libro magnífico que la Universidad de Río Cuarto reimprimió en 2014. Urumpta es el título (Unirío editora, 266 páginas). Ninguna persona interesada en la historia nacional debería soslayarlo.

El lector informado recordará que Filloy es una de las glorias de nuestra literatura. Escribió más de cincuenta libros, todos con títulos de siete letras. Vaya ocurrencia. Cultivó, con igual destreza, la ficción y en el ensayo. Urumpta, explica el sabio, designa de manera misteriosa a la extensión que habitaron aborígenes primigenios, antepasados de los comechigones, en el sudoeste actual de la provincia de Córdoba y sur de San Luis.

FONDO Y FORMA

Puede afirmarse que Urumpta fue compuesta con siete propósitos elucidadores, por lo menos:

  • a) El rescate de vocablos y topónimos caídos en desuso, acaso por mero hedonismo de la palabra.
  • b) Filloy mete el cuchillo, con precisión de cirujano, en los “déficits morales” de nuestra historia. Hace inventario de muertes trágicas, como el coronel Dorrego o los tres mil prisioneros degollados en Pago Largo. “El ánimo se acurruca en la sombra, meditando en la inútil proeza de matar hermanos por el solo delito de discrepar”, escribió. 
  • c) Reprueba la maldad monótona de la conquista española, así como su absoluta aridez cultural. Puede que sea consecuencia del afán de enriquecerse a todo trance.
  • d) Denuncia la intrusión chilena durante el virreinato y las primeras décadas de vida independiente (patente también en lo idiomático). Si bien Filloy establece que los furibundos malones era un sistema básicamente criminal, hace la salvedad de que las fechorías del indígena eran estimuladas por los aventureros políticos de ambos lados de la cordillera. “Acontecimientos lúgubres promovieron la reacción contundente” de la Tercera Campaña al Desierto. Obviamente, el autor no justifica, de modo alguno, el exterminio ni la esclavitud del aborigen que siguió a tan magna empresa.
  • e) Rescata elementos telúricos, como la boleadora, el baqueano y el gaucho.
  • f) Reivindica la pobreza desnuda y brava que nos diera la libertad y la Patria.
  • g) Historia a Río Cuarto, “la capital geográfica de la llanura argentina“.


Tan interesante como las ideas resultan los procedimientos que usa el autor para darse a entender: el microensayo, la poesía y el cuento. También el libro incluye conferencias dictadas 1966. Con dos largos poemas épicos, Filloy transmite la emoción bárbara pero subyugante del gaucho renegado matando aquí y allá en la pampa chúcara; y el calvario de los cuatrocientos treinta y un mártires del sitio y toma de Río Cuarto por Facundo Quiroga, otro salvaje, en 1931.

De la primera a la última página, la lectura de Urumpta resulta placentera. Se trata, al fin y al cabo, de una literatura amorosa, híbrida, íntima. De amor a esa entidad platónica que nos ha tocado en suerte -para bien y para mal- y que nunca ha dejado de dolernos con intensidad. Desde hace casi doscientos años la llamamos República Argentina. Polifacético creador donde los haya, don Juan Filloy ofrece la lucida cosmovisión mediterránea (provinciana) sobre el pasado de la Patria, un punto de vista mucho más convincente que el triunfante nac & pop porteño.
Publicado en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa

Calificación: Muy bueno

4 comentarios:

Marcos Buchin dijo...

"En el siglo XVII, la Argentina fue invadida", pues caramba, siglos antes de existir ya era invadido este país

Anónimo dijo...

Hola, soy estudiante de Historia y estoy leyendo Urumpta de Juan Filloy. Me gustó tu entrada sobre este libro. Pero me quedan muchas dudas, a saber: ¿por qué emplea Filloy un método de ensayo tan alusivo, y como vos lo pusiste: poético? ¿De dónde obtuvo las fuentes para escribirlo y de qué modo las trabajó? Desde ya, muchas gracias

Guiasterion dijo...

Me temo que sólo puedo responder la primera pregunta. Por qué era un literato metido a historiador. Consideraba la expresión tan importante como el dato o el mensaje.
G.B.

Unknown dijo...

Filloy nace en 1894 y fallece en 2000 no en 1999, fue por ello conocido como el hombre de los tres siglos. Excelente artículo que me animó a decidirme por este libro.
Saludos.