miércoles, 12 de agosto de 2015

Un mapa de la literatura argentina

El Moscardón Imaginario XLV
 

Estoy leyendo por estas horas una magnífica colección de cuentos que Matías Raia, un editor con una finísima sensibilidad, rescató para el sello Las Cuarenta. Se trata de La muerte y su traje de Santiago Dabove, escritor de una sola obra a quien podría definírsele como uno de esos espléndidos planetoides que orbitaban en torno a la estrella Jorge Luis Borges. Ya hablaré aquí del libro, esta noche quisiera referirme a un asunto lateral, una curiosidad que me ha dejado cavilando. Dabove es paisano mío. Hasta donde yo sé es el único escritor perdurable que ha generado la ciudad de Morón. ¡Uno solo en más de doscientos años! Qué pobreza intelectual la de mi querida Capital del Oeste.

Sucumbí mas tarde al inútil placer de confeccionar una lista. Es una actividad ideal para los días de lluvia, sobre todo cuando persisten durante más de una semana como en los textos de García Márquez o en la Buenos Aires de agosto de 2015. Anoté pues a los escritores argentinos que me han llamado la atención por buenas razones (no están todos, sólo cientocinco) y busqué su lugar de nacimiento. Además del dato -más obvio que previsible- de que la ciudad de Buenos Aires es el faro cultural de la Patria, saltaron a los ojos algunas extravagancias. Por ejemplo, desde Domingo Faustino Sarmiento, la provincia de San Juan no ha engendrado un escritor de primera línea. Corrientes, Misiones, Neuquén, Santiago de Estero y Chubut, entre otros páramos del pensamiento, nunca. La producción literaria de Córdoba y Mendoza, asimismo, no ha estado a la altura de su potencialidad cultural (la de Santa Fe, sí lo estuvo). Motas de polvo perdidas en el campo han engendrado nuestros mejores poetas, como el caserío Juan A. Peña en el partido de Pergamino (aún hoy tiene doscientos y pico de habitantes) o la diminuta localidad de Gobernador Mansilla en el Entre Ríos profundo. En un rincón de la isla Choele-Choel nació nada menos que Rodolfo Walsh; y en un lugar que parece cuento llamado Serodino, Juan José Saer. Fuimos y somos una nación de inmigrantes: el extranjero nos regalo desde Paul Groussac a Copi, y desde Alfonsina Storni a Julio Cortázar. A continuación, un mapa casero (y provisional) de la literatura argentina:



* Ciudad de Buenos Aires: 36 
Roberto Arlt
Enrique Banch
Leónidas Barletta
José Bianco
Marcelo Birmajer
Sergio Bizzio
Jorge Luis Borges
Silvina Bullrich
Felix Bruzzone
Artura Cancela
Adolfo Bioy Casares
Marcelo Cohen
Humberto Constantini
Hugo Correa Luna
Roberto Cossa
Sergio De Cecco
Macedonio Fernández
Baldomero Fernández Moreno
Sara Gallardo
Griselda Gambaro
Juan Gelman
Alberto Girri
Oliverio Girondo
Raúl González Tuñón
Angélica Gorodischer
Iosi Havilio
Osvaldo y Leónidas Lamborghini
Gregorio de Laferrere
Leopoldo Marechal
Manuel Bernabé Mujica Láinez
Conrado Nale Roxlo
Silvina Ocampo
Victoria Ocampo
Andres Rivera
Samantha Schweblin
María Esther Vázquez
David Viñas
Enrique Wernicke


Conurbano bonarense: 12
* Adrogué: Ricardo Piglia.
* Avellaneda: Alejandra Pizarnik, Néstor Perlongher.
* Burzaco: Claudia Piñeiro.
* Castelar: Eduardo Sacheri
* Morón: Santiago Dabove
* Moreno: Hebe Uhart
* Quilmes: Fogwill.
* Ramos Mejía: María Elena Walsh.
* Saenz Peña: Marco Denevi
* San Justo: Pedro Palacios (Almafuerte)
* San Martín: José Hernández


Provincia de Buenos Aires: 17
* Bahía Blanca: Eduardo Mallea, Guillermo Martínez
* Chacabuco: Haroldo Conti
* General Villegas: Manuel Puig
* La Plata: Alvaro Yunque, Jorge Avalos, Aurora Venturini.
* Lincoln: Arturo Jauretche
* Mar del Plata: Osvaldo Soriano.
* Mercedes: Roberto Jorge Payró.
* Morse: Alejandro Dolina
* Ramallo: Sergio Bizzio
* Juan A. de la Peña: Atahualpa Yupanqui
* Pringles: Cesar Aira
* Rojas: Ernesto Sábato.
* San Antonio de Areco: Ricardo Güiraldes
* San Nicolás de los Arroyos: Manuel Peyrou.
* San Pedro: Abelardo Castillo.


Provincia de Córdoba: 3
* Córdoba: Arturo Capdevila, Juan Filloy
* Villa de María del Río Seco: Leopoldo Lugones.


Provincia del Chaco: 1
* Resistencia: Mempo Giardinelli.


Provincia de Entre Ríos: 7
* Concordia: Isidoro Blastein
* Gualeguay: Juan José Manauta
* Gualeguaychu: Fray Mocho.
* Gobernador Mansilla (2.300 hab): Arnaldo Calveyra
* Paraná: Evaristo Carriego, Manuel Gálvez.
* Puerto Ruiz: Juan Laurentino Ortiz.


Provincia de Jujuy: 1
* Yala: Héctor Tizón.


Provincia de La Pampa 1
* Toay: Olga Orozco


Provincia de Mendoza: 2
* Mendoza: Antonio Di Benedetto y Armando Tejada Gómez.


Provincia de Río Negro: 1
* Lamarque (8.200, isla Choele-Choel): Rodolfo Walsh


Provincia de Salta: 1
* Salta: Juan Carlos Dávalos


Provincia de San Juan: 1
* San Juan: Domingo Faustino Sarmiento


Provincia de Santa Fe: 10
* Reconquista: Leonardo Castellani
* Rosario: Roberto Fontanarrosa, Estanislao Zeballos, Alberto Laiseca. C.S. Feiling.
* San José de la Esquina: Ezequiel Martínez Estrada.
* Santa Fe: Carlos Catania y Paco Urondo.
* Serodino: Juan José Saer.
* Vera: Bernardo Jobson
* Zavalía: Diana Bellesi.


Provincia de Tucumán: 2
* Tucumán: Ricardo Rojas y Elvirá Orpheé.


Extranjero: 9 
Julio Cortazar, Eduardo Wilde, César Tiempo, Alberto Gerchunoff, Paul Groussac, Horacio Quiroga, Alfonsina Storni, Jacobo Fijman, Copi.

G.B.

PD: Se aceptan aportes para enriquecer esta cartografía trazada con brocha gruesa.

domingo, 9 de agosto de 2015

Gran Cabaret

David Grossman


Lumen. Novela, 236 páginas. Edición 2015


Una insólito telefonazo trastorna al venerable juez Avishai Lazar, jubilado prematuramente del Tribunal del Distrito por sus continuos ataques de ira. Su señoría es viudo, vive sólo y amargado. Cierto personaje que hace casi medio siglo que no ve le pide un favor a Lazar: juzgar un espectáculo de stand up. En efecto, el bufón Dóvaleh G., con quien compartió durante la infancia clases de matemáticas y charlas amistosas, desea que el magistrado intente captar, nada menos, esa cualidad que emana de cada ser humano sin que pueda dominarla; es decir la irradiación de la personalidad (el resplandor o la oscuridad interior). Su señoría acepta, aunque intuye que hay gato encerrado. Un profundo engaño, “oscuro como el que sólo puede darse donde las palabras no llegan“.

¡Bienvenidos al Gran Cabaret de Netanya! La obra más reciente de uno de los novelistas más destacados de Israel narra dos horas, más o menos, de una dramática comedia en vivo, acaso la última de un autentico artista, que si bien actúa con un gran refinamiento, también sabe como estimular en el público la glándula de la vulgaridad y la ordinariez. Es decir, Dóvaleh G. conoce muy bien que cuerdas pulsar para convertir a las personas en masa, en populacho. Pero ahora, su voz es espantosa y llena de desesperación.

La trama seduce de la primera a la última página. Hace reír y hace llorar. Hay, al menos, media de docena de chistes excelentes, como aquel del caracol violado por dos tortugas. Las bromas mitigan, en parte, la intensidad dramática (la historia es tremenda). Se ridiculiza tanto al izquierdismo progre (nada hace reír a esa gente) como a los halcones belicistas, incluso a los militares, “copias en bruto de un ser humano”. El Altísimo ha dotado, por cierto, a David Grossman (Jerusalén, 1954) de ese don que caracteriza a los talentosos: tiene la habilidad de desollar a un país entero mediante la voz de un personaje. Tiene también un notable dominio de la metáfora. Y ha renovado un tópico de la ficción, siempre angustioso: el payaso triste. Hay muchas razones, en verdad, para recomendar este libro.

Guillermo Belcore
Publicado hoy en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa.

Calificación: Muy bueno

PD: No es la primera vez que este blog se elogia al señor Grossman. Pincha aquí: http://labibliotecadeasterion.blogspot.com.ar/2012/05/delirio.html

domingo, 26 de julio de 2015

Una satira en tiempos de Mussolini

“¿Desde cuándo en Italia la política es una cuestión de conciencia? ¿Quién le ha inculcado una idea tan sediciosa?”
Curzio Malaparte


POR GUILLERMO BELCORE

Afirma Maurizio Serra, el biógrafo de Curzio Malaparte (1898-1957), que Don Camaleón fue escrito para llamar la atención de un solo lector, un lector que en 1928 era, a la sazón, todos los lectores de Italia. Ese par de ojos eran los de Benito Mussolini. Pero Curzio, enfant terrible de la era fascista, calculó mal. Los dictadores no suelen ser sutiles ni derrochar sentido del humor. El libro fue finalmente prohibido y el escritor toscano -acaso el mayor fanfarrón del siglo XX- no logró nunca cumplir su sueño más querido: mantener una relación privilegiada con el Duce como la que más tarde mantuvieron De Gaulle y Maulraux.

Fuerte el aplauso. El sello Tusquets ha rescatado del olvido una sátira excelente, valiosa tanto por su calidad literaria como por aquello que los economistas denominan “externalidades”, es decir sus implicancias históricas. Una obra paradójica, además. Después de 1945, Curzio Malaparte (Kurt Erich Suckert era su verdadero nombre, eligió un seudónimo rimbombante que sonara a Napoleón Bonaparte) la exhumó para demostrarle a los italianos y al mundo que había sido tanto un espíritu libre (cierto) como una suerte de mártir de la dictadura (mentira).

“Este Don Camaleón dará sin duda un gran disgusto a mucha gente, a saber, a la gente que cree en la leyenda falsa y pérfida de que toda la literatura que se escribió en Italia durante los veinte años en que gobernó Mussolini era cortesana y servil”, escribió en el prólogo de la edición de 1946. Tiene razón, pero el granuja no persuadió a nadie. En la posguerra, Don Camaleón se convirtió en una suerte de segundo seudónimo de Malaparte.

BESTIA RACIOCINANTE

El libro -escribió Serra- fue un audaz panfleto que le dio fama a su autor en vida y después de muerto. “Impresiona la originalidad y audacia de Malaparte para desenmascarar al Duce sin andarse con rodeos”, sentencia. Añádase otra virtud, tiene páginas desopilantes. Narra las peripecias de un reptil a quien tres personas -por indicación de Mussolini- convierten en un animal político. Uno de los tres preceptores es, naturalmente, es Curzio cuya obra casi por completo está compuesta en primera persona, como corresponde a un ególatra que siempre bregó para mantener su libertad de expresión.

Para bajarle los humos a propios y extraños, el Duce le encarga a Malaparte educar a un camaléon, “animales sensibilísimos pero de moral arbitraria”, que aprenden por mimetismo de la misma manera que cambian de color. Basta con dejarlo dormir una noche sobre un libro. Es útil también dejarle escuchar conversaciones eruditas.

Así, la bestia raciocinante sale honrosamente a la arena política. Va evolucionando. Primero se convierte en un político de la vieja escuela, “de aquellos tan rectos y tan rígidos que parecía que se hubieran tragado el palo de una escoba“. Luego muta en alma de la Revolución de Octubre (la fascista). La historia está de su parte. Italia, como la Argentina, tiene una larga y sólida tradición camaleónica que consiste en adaptarse a los cambios del viento político. Casi muere intoxicado (de fanatismo religioso) después de un encuentro con jesuitas. El anticlericalismo de Malaparte es furibundo. Odiaba a los curas, aunque al final de sus días (murió de cáncer de pulmón) la Iglesia Católico y el Partido Comunista se disputaban su alma y su herencia mundana.

Mussolini logra convertir pues al reptil en una figura destacada del radicalismo revolucionario, ese movimiento munido de “turbas de fascinerosos furibundos con garrotes cuya solo vista habría puesto tieso a un jorobado“ que corrieron a las dos clases que desde 1870 mandaban y se disputaban en Roma el privilegio de hacer historia: reaccionarios y liberales. El ascenso de Don Camaleón obedece a otra la necesidad práctica, común “a todos los grandes promotores de revoluciones: ofrecer a sus seguidores una suerte de subjefe que mantenga a raya a los seguidores y encaje los golpes de los adversarios“. Al animalito se le suben los humos. Sus discursos son sublimes. Cree haberse convertido en un instrumento de la Divina Providencia. Una día se levanta con el cuello torcido, señal inequívoca que se trata de un hipócrita. El final es trágico.


GULLIVER, EL INSPIRADOR



Al parecer, Curzio Malaparte se inspiró en los Viajes de Gulliver para esta obra satírica. Otra influencia reconocible es Voltaire y La Rochefoucauld. En rigor, el literato hace un esfuerzo notable para demostrarle al lector que maneja al dedillo el saber enjundioso y picante de los mas famosos autores franceses de los últimos dos siglos. Quiere que lo perciban como una eminencia (tanto a él como la a Mussolini, en rigor). Tiene un exquisito manejo de la ironía. Logró construir un verdadero panfleto con todos los ingredientes: bilis, veneno, buenas intenciones, cortesías, cumplidos.

Por otra parte, Curzio, el cínico, se coloca por encima de todos sus congéneres: sentencia que los hombres son animales siniestros que, más que de morir, tienen miedo de vivir. Y que la historia se ha inventado para consolarnos por la ausencia de héroes hoy en día. La mirada (como la de nuestro Fogwill) es la del entomólogo.

Los propósitos de Don Camaleón son tan evidentes que resultan encantadores. Quiso advertir a Mussolini sobre “los cortesanos, la gente menos honrada y mas peligrosa de toda Italia“. Le obsequió argumentos en su empeño para abolir el Estatuto de 1848, "un lecho de Procusto donde la Revolución de Octubre no podía dormir tranquila" (son evidentes los parangones con el peronismo repudiador de la Constitución de 1853). Reivindicó uno de los lemas fascistas: "Hecha ya Italia, ya era hora de rehacer a los italianos". Pero Mussolini no vio nunca la utilidad del libro, ni siquiera percibió a Curzio como una amenaza. Don Camaleón fue un gesto de impertinencia no de insurrección para la visión del Duce. Otro dato curioso: Malaparte lo publicó por primera vez por entregas en una revista dedicada a las mujeres. Estaba tanteando el terreno.

“La política es un arte excelente para quien desee desengañarse de los hombres“, escribió Malaparte hace casi noventa años. ¿Hoy en día, quién puede desmentirlo?
Publicado hoy en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa
 

Calificación: Muy bueno

martes, 21 de julio de 2015

Los deseantes

Juan José Burzi

Zona Borde. Cuentos 91 páginas. Edición 2015

La imaginación es lo único que hace que esto que es la vida valga la pena de ser vivida.
J.J. Burzi


Este volumen de cuentos evidencia que Juan José Burzi (1976) ha encontrado su madurez narrativa. Y es una voz muy interesante. De esas que conmueven, causan estupor, terrible como la de los dioses. ¿Quien puede permanecer indiferente ante un matón que le revienta la panza a una embarazada con un martillazo? ¿O ante una putita despiadada?

En lo que al estilo se refiere, Burzi combina con una destreza admirable el arte más elevado con los elementos de los bajos fondos. La sentencia elegante con palabrotas. Egon Schiele con una bandita de rock. Nabokov con un profesor degenerado. Se trata, conjeturo, tanto de una habilidad individual (Juanjo es un cuentista de fuste) como de una seña de identidad del narrador del conurbano,  un intelectual curioso que mantiene un pie en el fango y el otro en la biblioteca más sofisticada. Dicho esto con respeto e, incluso, con sentido de identificación y pertenencia.  Yo también me siento un bonaerense. Moron siempre será mi fatherland. Lanus es la de Burzi, por cierto.

Sin duda, los dos primeros cuentos del tomo (Los monstruos y Los deseantes) son memorables. Burzi juegan con fuego y no se quema. Otra virtud que merece destacarse: en esta era de plumajes blancos, se arriesga, tiene ambición. Muy pocos han tratado los temas tremendos del incesto y la pedofilia sadomasoquista (y de su erótica subyacente) con tamaña inteligencia.

Crónica negra, el tercer relato, ofrece una explicación alternativa al Loco de la ruta y la cadena de homicidios en Mar del Plata de prostitutas. Todos sospechamos que hay en este asunto un trasfondo mucho más sordido del que explica la versión oficial.  Pero sólo una imaginación poderosa como la de Burzi puede recrear un submundo tan abominable. El cuento se lee con un nudo en la garganta y el estómago revuelto.

Loop cierra el volumen. Si bien esta historia de gemelos no está a la altura de las otras tres, no carece de originalidad y satisface el eje temático: los abismos a los que nos arrastran nuestros deseos de placer más íntimos, acaso la fuerza más poderosa del universo. Entre los deseos que el pudor y decencia me permiten exponer (soy de una época previa a Facebook) tengo una sed insaciable de buena literatura.  Literatura como la que hizo J.J. Burzi.
Guillermo Belcore


Calificación: Muy bueno


PD: En este blog se elogia otra obra de Burzi. Pinchá acá: http://labibliotecadeasterion.blogspot.com.ar/2012/09/suenos-del-hombre-elefante.html

domingo, 19 de julio de 2015

El bigote

Emmanuel Carrère

Anagrama. Novela, 179 páginas. Edición 2015

¿Sin la seducción del lenguaje (el estilo o la poética) o de las ideas (la filosofía, historia o psicología) qué le resta a la novela para resultar atractiva? La anécdota. Pero la anécdota debe ser muuuy interesante para que se justifique llegar al final cuando la prosa es sólo funcional y anodina. Por desgracia, no es éste el caso. La primera obra que publicó Emmanuel Carrère (París 1957) hace casi tres décadas pudo haber sido un buen cuento, pero el autor se empeñó en convertirla en nouvelle. Pecado de diletante.

El relato exprime hasta la última gota uno de los procedimientos más gastados por la literatura francesa contemporánea (y profusamente copiado en Buenos Aires): el escrutinio neurótico. Una noche de cristal que se hizo añicos, un joven arquitecto -exitoso miembro de la elite- decide afeitarse el bigote que supuestamente lo caracteriza. Pero la esposa amada no se percata del cambio sísmico. Tampoco una pareja amiga. ¿Confabulación o monólogo de un demente? Cuando por fin Agnés es indagada, en medio de una riña tormentosa, la esposa jura que allí nunca hubo pilosidades. ¿Cómo puede ser? ¿Quieren volverlo loco? ¿Matarlo? El narrador se zambulle en un espiral de degradación que culmina en horror y que no viene a cuento aquí develar.

Este juego narrativo, francamente inane, fue muy elogiado por la prensa francesa en su momento, a tenor de lo que puede leerse de la contratapa. De gustibum non est disputandum. Pero hay que recordar que es un mal hábito de los sellos editoriales reimprimir obras menores de autores que han logrado seducirnos con un buen libro. En este blog se ha aplaudido Limonov. Es un buen punto de partida para conocer a Carrère. Empezar con El bigote, en cambio, puede inducir a los lectores a nociones equivocadas.

Guillermo Belcore
Publicado en el Suplemento de Cultura de La Prensa

Calificación: Regular


PD: Sólo un juego de palabras.

domingo, 12 de julio de 2015

La guerra civil estadounidense

Uno de los pilares de la ideología hollywoodeana es el igualitarismo democrático. Cualquier hijo de vecino, llegado el momento, puede convertirse en superhéroe (o en supervillano, lo mismo da). Un obrero, una maestra, un taxista son capaces de hazañas que deslumbrarán a sus vecinos. Concluidos esos trabajos extraordinarios -faenas que opacan, incluso, las doce de Hércules para el rey Euristeo- volverán los civiles a su tediosa cotidianeidad. Happy end.

Siempre pensé que, además de producto de una cultura populista, ese igualitarismo era un ardid de la industria del entretenimiento para potenciar el interés del público. Lo creía hasta que este minucioso libro de historia llegó a mis manos. Y descubrí que, hace ciento cincuenta años, un pacífico profesor de música de Ohío llamado Benjamín Grierson se convirtió de la noche de la mañana en un coronel de caballería terrible que devastó las campiñas de varios estados sureños. Personas común y corrientes han perpetrado matanzas y destrucciones sin precedentes en el siglo XIX. El entonces diminuto Ejército profesional en los Estados Unidos convirtió a la Guerra de Secesión, uno de los más feroces enfrentamientos de la humanidad, en una contienda de aficionados, empezando por el presidente Abraham Lincoln, absoluto diletante en cuestiones militares aunque un hijo inquebrantable de la clase trabajadora con una notable intuición estratégica del valor de la oratoria en tiempos difíciles.

Un competente historiador militar de la Gran Bretaña (ya elogiado en este blog) ha publicado también una obra monumental sobre el “más extenso conflicto ideológico de la historia“. Imprescindible para quien le interese el tema, aunque fue escrito no sin demagogia. Una delicadeza de John Keegan (1934-2012) para no herir las susceptibilidades sureñas. La prosa es clara y accesible; la lectura, nunca deja de ser amena. Es raro que lleguen al español ensayos sobre este asunto.

Algunos datos que llamaron mi atención:

* En 1861, Dixieland, con su credo nacionalista, se había convertido en una entidad bien diferenciada en Estados Unidos. Fue una guerra entre pueblos.

* De cinco millones de blancos del Sur sólo 48 mil eran hacendados (con mas de 20 esclavos), pero constituían su clase gobernante: dominaban la economía y la política. La mayoría de los sureños estaba apegado a la peculiar institución de la esclavitud. Hasta la rata más pobre aspiraba a tener esclavos, era un símbolo de éxito social. Todo el excedente financiero del Sur se destinaba a comprar más esclavos y tierras. En el Norte, a la industria.

* Carolina del Sur fue el corazón de una secesión regional, que fue tanto un interés económico como un estado mental. Por eso el sur rebosaba de entusiasmo bélico y luchó con fanatismo hasta el final.

* En cuatro años se libraron doscientos treinta y siete batallas con nombres y muchas otras acciones menores y escaramuzas. Hubo más de un millón de bajas. Fue una terrible demostración de lo que un hombre decidido con su rifle es capaz de hacer contra un enemigo.

* La batalla típica fue aquella signada por la ambigüedad de su desenlace, no obstante el gran número de bajas en ambos bandos. Un anticipo de la I Guerra Mundial.

* La mayoría de los soldados eran campesinos veintiañeros.

* Fue básicamente una sangrienta guerra de desgaste en la que las bajas estuvieron equitativamente distribuidas y cuyo desenlace favoreció al ejército que mejor soportó la agonía.

* Unidad por unidad, y tal vez hombre por hombre, el ejército confederado superaba en calidad al de la Unión, de modo que el Norte triunfó al final gracias a su mayor número de soldados y sus recursos superiores.

* Desde las victorias de julio de 1863 en Gettysburg y Vicksburg la derrota del Sur era inevitable.

* Un siglo le costó, en términos de prosperidad económica, al Sur reponerse de la guerra.

* El conflicto puso fin, definitivamente, a la construcción de barcos de guerra de madera.  Comenzaba la era de los acorazados.

* Marx, que tenía un ojo excelente para la geografía estratégica, escribió profusamente sobre la guerra civil. Llamaba Secesia a la Confederación.

* El general William T. Sherman anticipó en su feroz campaña de dos meses en Georgia y las Carolinas la técnica de guerra psicológica empleada por Hitler en Rusia y por las potencias occidentales en el Tercer Mundo. La idea diabólica establece que el enemigo puede ser derrotado haciendo sufrir a su pueblo en cuerpo y alma.

* Walt Whitman fue el gran poeta de la Guerra de Secesión. Redobles de tambor es uno de los más espléndidos poemas de guerra jamás escritos.
Guillermo Belcore

Calificación: Muy bueno