lunes, 1 de junio de 2009

Todos los hombres son mentirosos

Alberto Manguel
RBA. Novela de 204 páginas. Edición de 2008.

Un siglo y medio atrás, Wilkie Collins narró magistralmente un crimen desde diferentes puntos de vista. La piedra lunar es uno de los hitos de la literatura universal. Con menor encanto y ambición, pero con una prosa que a menudo deleita el intelecto, Alberto Manguel (Buenos Aires, 1948) emula la fórmula. Su última novela denuncia la barbarie militar de los setenta y medita sobre la imposibilidad (inconveniencia) humana de encontrar la verdad.

Leer a Manguel -como a Ecco o a Steiner- es ingresar en una elocuente biblioteca. Cultísimo trotamundos, tiene un prestigio muy bien ganado como erudito en la historia de la lectura. Al ensayo pertenecen sus mejores obras. Pero como novelista desnuda aquí sus limitaciones. Como él mismo dice, carece de ese impulso de inventiva que la narrativa de ficción exige. Es un gran lector puesto a literato que trata con torpeza el sexo y el amor. Ubica a un alma condenada en un infierno que abruma con inmundicias (los modos oblicuos siempre son más eficaces). No hunde la sonda psicológica a la profundidad necesaria. Arma un rompecabezas cuyas piezas encajan sin gracia. Parece escribir para sus amigos. Sin embargo, el libro tiene pasajes impresionantes. El tono kafkiano con que tiñe al terrorismo de Estado resulta escalofriante. El tormento y el exterminio han creado -nos explica- su propio vocabulario. Es el lenguaje del Diablo.


La novela reconstruye la dolida sombra de Alejandro Bevilacqua, módico intelectual salvajemente torturado por los militares, refugiado en Madrid, autor apócrifo, suicida accidental. Treinta años después, un periodista francés desea develar al enigmático escritor que ha dejado una obra memorable, ‘Elogio de la mentira’. Describen al pobre Bevilacqua un camarada de letras (Alberto Manguel se llama), una española que se encaprichó con él, un cubano con quien compartió cautiverio, el fantasma de un viscoso delator. La vida, concluimos, es una cruel sucesión de equívocos, un mar de confusiones. La verdad, como decían los sofistas, no puede ser conocida. O si es conocida no puede ser comprendida. O si es comprendida no debe ser comunicada.
Guillermo Belcore
Una versión más corta de esta reseña fue publicada ayer en los suplementos de Cultura de La Prensa y La Capital de Mar del Plata.

Calificación: Regular


PD:
Definitivamente, prefiero los magníficos ensayos a las tibias novelas de Manguel. He leído sólo dos, no obstante, es decir no puedo tener un juicio definitivo sobre el asunto. Pero me da la impresión de que carece del fuego sagrado del novelista.