sábado, 10 de abril de 2010

El oficinista

Guillermo Saccomanno
Seix Barral. Novela, 801 páginas. Edición 2010

Esta novela ha renunciado a la metáfora, a la descripción, a la retórica ingeniosa, al diálogo vivaz; en fin, a todo aquello que implique el disfrute de la belleza del lenguaje. Apuesta a la pura narratividad. Por ello, el tono es monocorde, tedioso y gris. Habla como esas personas que emplean el mismo registro de voz tanto para leer un expediente judicial como para relatar la muerte de un ser querido.

El libro, con sus cincuenta y cinco capitulitos cortados sin ton ni son, ganó el Premio Seix Barral Biblioteca Breve 2010. No fue -según admite Guillermo Saccomanno (1948)- la primera vez que competía. Su causa eficiente es el odio a la clase media, esa gran fabricante de serviles, de infames delatores, de perdedores de escritorio. No esta mal, entonces, que un guerrillero vuele un tren colmado de oficinistas: “es el método más eficaz para terminar con los que no enfrentan su destino”. ¡Sí señor!, he aquí otra escritura militante, atusada con máximas de éste calibre: “basta una limosna para que uno se sienta filántropo“; “el infierno es el subsuelo de sí mismo“; “el destino no puede ser ni un lavaplatos automáticos, ni un jean”.

El autor juega a hacerse el ruso antiguo, pero Saccomanno no logra aproximarse a Gogol, ni siquiera a Dostoievski. El cliché y el estereotipo campan a sus anchas, en un ambiente de caricatura que incluye lluvia ácida, perros clonados, helicópteros artillados, hordas de indigentes y esclavos. Se narran las desdichas de un empleado cualunque que soporta un jefe típico (obviamente calvo, adúltero y panzón), una esposa despótica y caballuna que lo muele a palos, y unos hijos obesos y despreciables. El pobre tipo se enamora de la secretaria y comete toda clase de vilezas para tratar de conservarla.

Hay que reconocerle a la distopía, una tremenda fuerza visual, proveniente -sospecho- de la experiencia del señor Saccomanno como historietista. Debió haber sido pues una novela ilustrada. Lo mejor de todo, empero, es la última frase.
Guillermo Belcore

Publicado en el suplemento de Cultura del diario La Prensa

Calificación: Regular

La otra campana: Página 12, diario donde escribe Saccomanno, ha dedicado varias páginas a la promoción de esta novela. El primer aldabonazo lo dio el filósofo José Pablo Feinmann con una columna, muy comentada por sus ataques gratuitos a Beatriz Sarlo y su resentimiento contra la academia, en general. Yo no creo, como han señalado algunos, que se trate de una evidencia de la insanidad del panfletista. Se trata de una soberbia y ladina pieza de propaganda que cumple los fines de visibilidad e impacto, sobre todo teniendo en cuenta que Feinmann ni siquiera había leído el libro. O quizás sí lo había leído y su propósito haya sido intimidar a los críticos para ayudar al amigo. Un hombre inteligente como él debe haberse percatado de que estamos ante literatura de tercera o cuarta categoría.

PD: Sugiero también leer esta crítica excelente.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Hay algo que no funciona con estos premios famosos... No se entiende ¿Qué pasa? ¿Son corruptos los jurados? ¿Tienen mal gusto? ¿O simplemente la calidad de las novelas que concursan es bajísima y por lo tanto premian a la "menos peor"?

Maguila dijo...

Estimado, lo respeto mucho y sigo atentamente sus reseñas literarias, me gustan por que generalmente coincido con sus opiniones, pero en este caso voy a disentir: leí la novela y creo que la calificación de "regular" es demasiado generosa, el libro es de lo peor que leí en los últimos años, y eso que leo mucha literatura contemporánea y de mesa de saldos.
Espero que al menos sirva para que algún ingenuo escritor novato conserve las esperanzas de obtener el premio Seix Barral el año próximo, al parecer no es tan difícil.
Saludos

Salvador dijo...

Hola Guillermo,
Muchas gracias por su generosidad; su entrada es impecable.

Hace bastante que J.P.Feinmann da pasos en falso. Se ha tornado para mí en un "personaje" vacuo. Es inteligente, sin duda, pero lamentablemente se ha dedicado a ejercer un comportamiento cascarrabias que lo deja solo y que provoca que cada vez menos personas lo tomen en serio, lo escuchen.
Saludos.

Guiasterion dijo...

Estimados amigos:

Opino que ha aparecido en el habla hispana desde hace unos años una subespecie literaria que me gustaría designar como "la novela concursante". Busca la fama y los euros de algún premio, no la belleza o la trascendencia. Tiene pocas páginas y capitulitos breves y casi ninguna densidad temática. A lo suma desarrolla un personaje y nunca se olvida de aportar algún punto de denuncia social, a tono con la época. Los sellos editoriales y el periodismo abyecto del 90% de los suplementos culturales son sus complices. Esta farsa demanda año tras años la fabricación en serie de estas formas degradadas que nos hacen perder el tiempo.

Estimado Maguila, tiene usted toda la razón. Pero permítame confesarle que me cuesta horrores colgarle un "malo" a una novela, aunque lo merezca. Qué se yo, será mi formación cristiana que me ha imbuido de un ápice de misericordia. Los antiguos decían que ningún libro es tan malo que no tenga algo rescatable.

Estimado Salvador:
No encuentro ningún argumento para refutarte, pero seamos generosos por esta vez y convengamos que a Feinmann, como a cualquier otro intelectual embrutecido, es mejor juzgarle por sus libros (más de 30). Yo sostengo al respecto que es un ensayista aceptable y ocurrente pero un novelista mediocre. Es materia opinable, por supuesto.

Gracias a todos, por escribir. Me encanta conversar de libros con ustedes.
G.B.

gabrielaa. dijo...

y ahora toca ir a una librería a ver cuál es la última frase :P