domingo, 22 de mayo de 2011

El retorno del señor Ushikawa

Diario de un lector apasionado XX

Existen en la obra varios elementos para medir la calidad de un escritor, pero hoy propongo prestar atención a uno, por lo general obviado por los críticos: el trabajo que se toma el autor con los personajes secundarios. Pienso como Borges que si el novelista es una divinidad (gnóstica) los minor caracters somos nosotros, los hombres. Los mejores demiurgos, entonces, son aquellos que pueblan sus universos y rodean a los protagonistas con creaturas memorables, ricas en detalles.


En verdad, pocas cosas me provocan tanto fastidio durante la lectura que tropezar con un personaje desaprovechado. Esos que pasan rápido y en puntas de pie por una trama y dejan a uno con hambre. Alguien podría decirme: "No sea chambón Belcore, no es del todo malo que el escritor insinúe y deje todo el trabajo en manos del lector". Es probable Sólo puedo atestiguar que me agradan los perfiles nítidos y de tres dimensiones, los que capturan la imaginación. Como el abominable señor Toshiharu Ushikawa.


Una de las sorpresas de 1Q84 -novela sobre la cual aún me restan una o dos ideas para aportar- es que Haruki Murakami decidió revivir al señor Ushikawa, malévola aparición de Crónica del pájaro que da cuerda al mundo. En 1995, era el secretario clandestino de un político sin escrúpulos. En 2011, es el presidente de una fantasmal y corrupta Asociación para el Fomento de las Ciencias y de las Artes en Japón. Tiene tanto de gnomo o de demonio de rango inferior como de humano mal ensamblado. Murakami se equivoca al igualar fealdad con bajeza moral, quizás para darle mayor relieve al personaje, aunque me parece que su intención última es evocar a una especie ubicua, vil y, al parecer, indispensable: el esbirro del Hombre poderoso. La Historia lo ha llamado Beria, Goeebels, López Rega o Montesinos. Es locuaz y resbaloso como la Serpiente y se encarga, no sin placer, de los trabajos sucios; no le asquea mancharse los dedos con sangre o excrementos. Meses atrás, yo vi a un ejemplar de esta categoría universal, (confieso que con una mezcla de fascinación y repulsa) en el aeropuerto de Puerto Iguazú acompañando como sombra eficaz y untuosa a un abogado mediático.


Para describir a sus creaciones, Murakami es minucioso como la lluvia. Primero bosqueja a Ushikawa con una frase rotunda: "la primera impresión que da es la de algo desagradable saliendo a rastras de un sombrío agujero en la tierra". Y luego esculpe con dedicación renacentista:

“Ushikawa era un hombre de baja estatura, que aparentaba unos cuarenta y cinco años. Su torso había perdido todo estrechamiento en la cintura, era gordo y la grasa se le acumulaba alrededor del cuello. Pero en cuanto a la edad, Tengo no estaba completamente seguro, puesto que la singularidad de sus rasgos (o la rareza) dificultaba captar los elementos que permitían deducir su edad. Parecía mayor y parecía más joven. Aunque se nos dijera que entre treinta y dos y cincuenta y seis años, no nos quedaría más remedio que aceptarlo. Tenía la dentadura en mal estado y la columna un tanto combada. Su gran coronilla, chata de un modo poco natural, estaba calva, y alrededor la cabeza parecía deforme. La forma achatada le recordaba a Tengo un helipuerto militar construido en lo alto de una pequeña colina estratégica. Lo había visto en un documental sobre la Guerra de Vietnam. Los gruesos pelos rizados de color negro que le quedaban, aferrados alrededor de la cabeza chata y deforme, se extendían más de lo necesario cubriéndole las orejas sin ton ni son. La forma de aquel cabello probablemente haría pensar, a noventa y ocho de cada cien personas, en un pubis. Qué les evocaría a las otras dos personas no le incumbía a Tengo“ (1Q84).

Años ha, se interesó también en su indumentaria:

“El hombre llevaba un traje marrón, una camisa blanca, una corbata de un rojo apagado y cada una de estas prendas parecía igualmente barata e igualmente deslucida. El marrón del traje me hizo recordar el de un coche viejo repintado con brocha por un aficionado. Con arrugas tan marcadas como la tierra en una fotografía aérea, la tela del saco y de los pantalones ya no tenía menor posibilidad de arreglo. La camisa blanca amarillaba y uno de los botones, a la altura del pecho, pendía de un hilo. Parecía que le fuera una o dos tallas pequeña, llevaba el primer botón desabrochado y el cuello doblado con negligencia. La corbata, con un extraño dibujo estampado que recordaba un ectoplasma borroso, parecía que llevase anudada desde los tiempos de los Osmond Brothers. A los ojos de cualquiera, era obvio que aquel hombre no prestaba la menor atención a su atuendo. Que se vestía porque no le quedaba otro remedio, porque tenía que hacerlo para mostrarse ante los demás. Incluso podría descubrirse en ello cierta mala idea. Tal vez pensara seguir usando esa misma ropa hasta que se desgarrara y quedase reducida a hilachas. Igual que los campesinos de las montañas hacen trabajar demasiado a los burros, de la mañana a la noche, hasta que mueren de fatiga” (Crónica del pájaro que da cuerda al mundo).


En 1Q84 añade que no se trata sólo de que vaya mal vestido “sino que da la impresión de que está profanando a propósito la idea de la moda en sí misma”. Ja.

Es posible que una novela entera no soporte al señor Ushikawa. Sin embargo, como ocasional atormentador de almas buenas el pajarraco resulta fascinante. Nos fuerza a reflexionar sobre una realidad espantosa: hay cientos de miles, quizás millones, de nuestros semejantes que llevan en la frente tatuada esta leyenda: "Hago cualquier clase de trabajo".

Guillermo Belcore

7 comentarios:

LCC.Luz Gallegos dijo...

WOW
Ya decía yo que no era la única que recordaría al detestable Ushikawa que habíamos conocido en The Wind Up Bird Chronicle.
De entre muchas otras cualidades por las que me gusta tanto la tan extensa obra de Murakami, una de las mas importantes es precisamente ésta, la cuestión de los personajes, tanto principales como secundarios, me parece que Murakami poseé una fuerza creadora impresionante, logra definir más que persojanes de una novela, prototipos de seres que seguramente pueden andar por ahí sueltos en el mundo y que sin duda mucho hemos tenido la desdicha de toparnos.
Aunque se trate de un personaje deplorable he disfrutado muchísimo volver a ver en acción a Ushikawa en 1Q84, pues de alguna manera, también los personajes (de Murakami) un tanto bizarros, o que mantienen alguna relación sombría con el poder, dejan un impronta considerable en mi; tal es el caso también de Nagasawa en Norwegian Wood. Me parece que Murakami posé una habilidad tremenda para retratar de una forma muy peculiar el aspecto bizarro de la humanidad, estoy segura que a pesar de no ser una tarea sencilla, él la disfruta enormemente.
¡Saludos! Me ha dado mucho gusto encontrar tu blog y leer este post.

Anónimo dijo...

Ushikawa equiparado a Lopez Rega???? Me parece que no. No es alguien que luche por el poder ni en las sombras ni abiertamente. Es un pobre hombre que trata de llenar el vacío de su vida haciendo lo que puede. Un vacío que comenzó cuando comprendió que un abismo lo separaba de su familia, la de origen y la que formó, que no pertenecía a ningún lado ni a nadie. Un ser relegado, resentido y que solo se sostiene porque se siente bueno investigando. Alguien sin metas, que llena su vida espiando la vida de los otros. Nadie más alejado del poder!!!!

Unknown dijo...

Quizás Ushikawa no lucha por el poder, pero lo usa a diestras y siniestras. No olvidemos que en The Wind Up Bird Chronicle, trabajo durante años para un político y que luego es "heredado", además de las influencias al sobrino, hermano y cuñado oscuro. Maneja mucha información, sabe donde obtenerla, es perspicaz, sabe filtrarla y por sobre todo sabe olerla y por lo tanto, sabe cuando dar un paso al lado. En 1q84, no olvidemos que es presidente de una organización y además investigador, responsable, locuaz, concentrado en sus metas, manipulador....finalmente quien tiene información y conocimiento es quien eroga poder sobre los demás.

Anónimo dijo...

No es presidente de ninguna organizasación, esa organización mo existe, es sólo una tarjeta que usa como tapadera para relacionarse con Tengo. No tiene ideología , trabaja para el que le paga, carece de adversarios, no usa la información que consigue más que para cumplir con su trabajo. Esta interpretación que hacen rebaja la extraordinaria profundidad sicológica del personaje.

Ana dijo...

Será que es así de simple? Murakami decidió usar el mismo personaje en las dos novelas?, no será que hay algo más?. El hecho de que sea el mismo personaje no sólo es un guiño de ojo, sino que sirve para decir al lector que los personajes de "Crónica del pájaro que da cuerda al mundo" y los del "1Q84" viven la misma realidad. Es curioso que cronológicamente, 1Q84 sucede antes de "Crónica del pájaro que da cuerda al mundo"; así, sería comprensible que la relaidad que Tengo y Aomame constryeron, el mundo que destaparon, sea el mismo que un año más tarde, en 1985, envuelve a Tooru Okada... No sé si sea real, pero me encanta pensar así...

Guiasterion dijo...

Querida Ana:

Sí, es un planteo interesante, pero tropieza con el hecho de que el señor Ushikawa es asesinado en el tomo III de 19Q4. ¿O no? Bueno, lo sabremos en el tomo IV...

Gracias por escribir. Le deseo lo mejor para 2013

G.B.

Anónimo dijo...

JAJAJA !!! OMG

Gracias, ya decía yo que había leído de ese hombre en otro libro de Murakami es que sus descripciones te quedan grabadas en la mente como sellos de madera. xD

Dios. Gracias de nuevo por esto.