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sábado, 3 de septiembre de 2011

Los perros y los lobos

Irene Némirovsky
Salamandra. Novela, 221 páginas. Edición 2011.

¿Para qué aferrarnos a lo que vamos a perder?
I.N.

Dos años antes de que los nazis -malditos sean hasta el fin de los tiempos- asesinaran a Irene Némirovsky en Auschwitz, fue publicada esta novela que demuestra, sin duda alguna, la delicada maestría de su autora para el retrato psicológico, la exploración de la condición judía y la denuncia del antisemitismo europeo. Es verdad que algunos capítulos son noños o, peor aún, incurren en el melodrama, pero la lectura nunca deja de ser agradable. Irene fue una gran estilista con una sensibilidad aguda y brillante como la punta de una aguja, capaz de reconocer, por ejemplo, cuantas clases de amor existen. Es una suerte que la industria editorial haya recobrado este libro.

Cabe suponer que la novela tiene mucho de autobiografía. Describe las costumbres, miserias y grandezas de la comunidad hebrea de Ucrania (de allí provino Irene). Se airean los trapos sucios de un pueblo obligado a correr detrás del dinero, pues es el dinero el que le permite a los judíos sortear las barreras y los peligros que alza la perversidad de los cristianos. No hay más salvación que la riqueza (o el arte, se establece luego). Aparece una familia de banqueros como los Némirovsky. La trama pasea por los salones mundanos de Francia, que la autora frecuentó antes de ser traicionada por su patria adoptiva.

Los protagonistas son los Sinner, perturbados por un ardor profundo, una pasión interior que los sume en la intranquilidad y la desesperación. Tienen un alma insaciable que los atormenta a todos en mayor o menor grado. Harry es uno de los elegidos de las Tierras Altas, heredero de un imperio financiero. Sus primos lejanos Ada y Ben viven a un paso del gueto, en un barrio bajo olvidado por el Altísimo. Se parecen como los perros a los lobos. Se conocieron de niños en medio de un pogromo (la narración del infame saqueo a la judería es uno de los pasajes más potentes del libro). Se reencuentran en París, ya de adultos. Ada, cuya pasión es la pintura, se casa con Ben pero esta enamorada de Harry. Se las apaña para convertirse en su amante. Como todo el mundo sabe, los triángulos amorosos suelen terminar mal.

Guillermo Belcore
Publicado en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa.

Calificación: Bueno

PD: Me entero gracias a este libro que antes de la Primera Guerra Mundial los hombres preferían las piernas con tobillos finos pero con pantorrillas redondeadas y los muslos un poco gruesos.

miércoles, 16 de junio de 2010

El caso Kurílov

Iréne Némirovsky
Salamandra. 155 páginas. Novela. Edición 2010.

La literatura es cosa rara. El recurso que en algunos escritores resulta insoportable, en otros sabe delicioso. A priori, el estereotipo debe ser severamente condenado por la crítica, pero de pronto uno tropieza con gemas como ésta y tambalean los prejuicios: aquí los clichés se van engarzando como si de perlas se tratase. Será la claridad de la expresión, será la justeza de los conceptos, será el buen uso de los procedimientos teatrales o incluso la conmovedora urgencia de la autora por advertirnos algo importante. Sea por lo que fuere, esta nouvelle es preciosa. Desde 2004, Iréne Némirovsky (Kiev 1903-Auschwitz 1942) se puso de moda en Francia y luego en el habla hispana. Por fortuna.

La autora opone e iguala dos calamidades: el zarismo, un régimen podrido hasta el tuétano, y el bolchevismo que vino a reemplazarlo, con los años un matadero sin precedentes. La antinomia surge de la evocación de un revolucionario. Al final de su vida, León M. recuerda aquella orden terrible que recibió del comité rojo: asesinar, con una bomba escandalosa, al ministro de Educación del zar, Valerian Alejandróvich Kurílov. Por el bien de las mayorías, exterminar a los injustos (a los subversivos, maquinaban en la otra trinchera), era la consigna del momento. El muchacho logra, no sin esfuerzo, ganarse la confianza de su Excelencia, un burócrata despreciable. Pero descubre que para un temperamento como el suyo no es tan sencillo matar a sangre fría. Como homicida resulta un fiasco; es un comunista que carece de pasión.

El libro fue publicado en 1933. Irene quiso advertirle a Francia, a su querida patria adoptiva que terminó entregándola a los nazis, que tanto los hombres de Estado como los militantes revolucionarios, temidos y odiados, con sus errores, sus incongruencias y sus sueños, son seres humanos limitados y miserables como cualquier otro. En este mundo, todo es ceniza y vanidad. Quizás, nada valga la pena.
Guillermo Belcore
Publicado en el suplemento de Cultura del diario La Prensa.

Calificación: Bueno

PD: Hay en este blog otro comentario sobre un libro de Némirovsky. Hasta ahora, todo lo que he leído de este espíritu delicado me gustó.

PD II : Quien desee ampliar la información, puede pinchar aquí. He estado hablando por radio sobre la enjuta novela y las mieles del invierno.

jueves, 27 de agosto de 2009

Un niño prodigio

Irene Némirovsky
Alfaguara. Cuento largo, 100 páginas, edición 2009. Precio aproximado: 40 pesos.

Cuando al fin de los tiempos el nazismo rinda cuentas ante el Altísimo, será condenado también por privar a la humanidad de un talento exquisito y perspicaz. Irene Némirovsky nació en 1903 en Ucrania pero se empeñó en ser una gran escritora francesa. Su patria adoptiva, empero, la traicionó. La entregó a las bestias de Hitler. Hoy -vaya hipocresía- Francia reverencia su memoria y la ha convertido en best seller. La delicada Irene, hija de un banquero, sufrió el mismo destino infame que millones de judíos. En 1942 fue enviada como ganado al matadero de Auschwitz. Otro crimen imperdonable.

Alfaguara reimprimió el primer libro de Némirovsky, un cuento largo a la manera de Tolstoi, un ejercicio elegante de tardo romanticismo. Narra las peripecias de Ismael Baruch, un Orfeo entre hienas y lobos. Creció en el seno de una andrajosa familia hebrea de Odessa. En las callejuelas y los prostíbulos del puerto descubre que tiene la facultad de encantar los oídos de los hastiados. Es un virtuoso del arte popular y la poesía espontánea. Tropieza con un rapsoda caído en desgracia que lo introduce en la corte de una princesa voluptuosa que gustaba de jugar al mecenazgo. Ismael conoce el lujo y la admiración de los poderosos. Pero la molicie y la adolescencia secarán su talento. El niño prodigio degenera en pavote tímido y torpe, como son la mayoría de los de su edad. El final es triste.

La anécdota le sirve a la escritora para reflexionar sobre los complejos engranajes de la creación y el misterio de la página en blanco. Irene se pronuncia a favor de la libre inspiración; las exigencias de los libros eruditos son una peste. Las ideas vienen en alas de una prosa que fluye sin esfuerzo, rica en sensaciones y matices, como el plumaje de un pavo real. El estilo es depuradísimo, raro en un libro primerizo. La traducción no merece sino elogios. Se trata, en síntesis, de una lectura fácil y gratificante.

Guillermo Belcore
Publicado en los suplementos de Cultura del diario La Prensa y La Capital de Mar del Plata

Calificación: Muy bueno

miércoles, 11 de julio de 2012

El vino de la soledad

Irène Nemirovsky

Novela, 221 páginas. Salamandra. Edición 2011


Se ha establecido que esta novela es la más autobiográfica de Irène Némirovsky, ese exquisito rayo de luz que los nazis (malditos sean todos ellos) apagaron antes de que cumpliera cuarenta años, y que los franceses, después de haberla entregado a sus verdugos, rescataron del olvido y premiaron post mórtem. El destino le había enseñado a la escritora -el lector llega a concluir- que todas las casas burguesas están corrompidas con la presencia de mujeres adulteras, niños infelices y padres atareados que sólo piensan en ganar dinero. Conclusión lógica cuando se tiene la desdicha de haber recibido una madre proveniente de la podrida aristocracia rusa a la que horrorizaba el cuidado de la hija y de la casa, y cuya necesidad voluptuosa de un amor plagado de peligros la satisfizo con un gigoló quince años más joven. ¿Y que puede decirse del padre de Irène? Un patán judío obsesionado por el mecanismo de la ganancia y los juegos de azar.

He aquí entonces una reflexión despareja aunque encantadora, sobre el amor filial y la raza de los apasionados, es decir, esos seres dotados de una llama, de un patético ardor que suelen perpetrar el crimen de "traer hijos al mundo y no darles una pizca, unas migajas de amor''.

La trama narra -en estilo chejoviano tardío- la degradación de una familia primero, la consumación de una venganza, al final. La arquitectura es sencillísima; empero los cambios de decorado son frenéticos: Ucrania, San Petersburgo, la bucólica Finlandia, París, la Costa Azul. Pasan muchas cosas. El vendaval de la revolución bolchevique -esa plaga- desgarra a los personajes, tallados con honda sensibilidad. El libro no carece de atractivos e incluso en sus flojeras (los estereotipos, el melodrama, la hipérbole) resulta atractivo, particularmente la descripción de una institución del pasado que ha desaparecido no estoy seguro si para bien: la del amante de la esposa aceptado por el padre de familia, un cornudo conciente. El libro trasluce, además, una suerte de turbia y triste poesía, que es el producto de una verdad con bordes afilados: nunca nadie perdona una infancia destrozada.
Guillermo Belcore
Publicado en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa

Calificación: Bueno