jueves, 26 de febrero de 2009

El cielo entre los durmientes y otros cuentos

Humberto Costantini
Capital Intelectual. Edición 2009, cuentos, 141 páginas. Precio aproximado: 30 pesos.

Cuando la Patria ensancha su acervo cultural, el Universo sonríe. Un bar centenario que soslaya la piqueta, una ruina debidamente conservada, una reliquia que no cae en manos de los traficantes y la codicia. O como en este caso: ¿no es magnifico que un sello independiente rescate páginas espléndidas que no merecen el cruel olvido? Ha resucitado un autor que con, una destreza sorprendente, combina en la misma página el cuento, la dramaturgia y el poema, casi siempre con un afán moralizante. Se lo debemos al formidable Abelardo Castillo, padrino de la colección Los recobrados de Capital Intelectual.
Hijo único de italianos judíos, Humberto Cacho Constantini (Buenos Aires, 1924-1987) engendró una vasta producción literaria. Creyó que la rectitud obligaba no sólo a catequizar mediante la palabra escrita, sino también a perseguir la maldita Revolución. Fue perseguido por sus ideas y por sus vínculos con la guerrilla: debió exiliarse en México. Sus libros languidecían en las mesas polvorientas de la calle Corrientes o en los remates de Internet. ¡Bienvenida la reimpresión! Contiene este volumen ocho relatos espléndidos, por lo menos. Reflejan una erudición -de alcance universal como se verá- que se forjó en las calles y cafetines y en miles de lecturas. Es el típico saber porteño, con admirable soltura y expresiones palpitantes.
Abre el fuego Entrevista. Dios recibe a un pedante que se hunde en la desesperación cuando descubre que la Salvación reside en una serie de claves que ignoramos. Un bombo que suena lejos narra la muerte del director de la comparsa Los Divertidos. Su ingesta provoca melancolía. El cielo entre los durmientes rescata un tierno desafío entre dos chicos a la hora de la siesta. El texto ronda la excelencia. Don Iuda nos envía a ese tiempo en que la Cristiandad ultrajaba el mandato cristiano oprimiendo y cazando a los judíos. En el principio usa una prosa lírica para imaginar como los esbeltos cromagnon exterminaron a los bamboleantes neandhertal. Fue el triunfo de los cazadores, los enemigos de la Tierra. También nos sedujo Una cajita dentro de un cuaderno. Expone la maldad estúpida de quienes se solazan discriminando a las personas diferentes. Es una historia laboral, en una fábrica de medicinas donde brilla el fulgor de La Piru, “alma y nervio" del equipo de basquet femenino del glorioso Club Atlético Vélez Sársfield.
Guillermo Belcore
Publicado en los Suplementos de Cultura de los diarios La Prensa y La Capital de Mar del Plata.
Calificación: Bueno

domingo, 22 de febrero de 2009

Gente del bajo

Antonio Dal Masetto
Sudamericana. Novela de 281 páginas. Edición 2009. Precio aproximado: 45 pesos.

Explotar hoy con éxito la veta costumbrista requiere de virtudes que este libro, por desgracia, no tiene. Fue publicado en 1995, demasiado cerca para tener un valor histórico. Su tono light le resta importancia documental. No capta el temperamento de nuestra época. Cuando la imaginación se suelta, el resultado tampoco es muy satisfactorio. Existe sí un loable propósito de sorprender, pero se abusa de un procedimiento: las anécdotas se encaprichan en ir para el lado de los tomates. Imagínese el caso de un presdigitador que siempre nos convocara con el mismo truco.
Lo que está fuera de toda duda es que Antonio Dal Masetto (Intra 1938) es un buen narrador. Su prosa es amena y trasparente por la esmerada sencillez. Tiene el sabor del vino tosco con buen cuerpo. Ha buscado aquí reproducir el ambiente, humor y exageración del cafetín porteño. Alterna observaciones desde la mesa con el relato de las peripecias de esa fauna tan peculiar que, con la mirada vencida del buey, pulula en los bares en busca de amistad, charla, consuelo alcohólico. Los capitulos breves van urdiendo las historias; basculan entre lo aceptable y lo inane. El libro también puede ser acusado de incurrir en sensiblerías.
La galería de personajes incluye a sujetos como Pierre Fontenelle, el Exorcista que se venga de Dios comiendo hostias empapadas en vinagre; Pedro, el alfeñique, que se enamora de una mujerzaza de dos metros de alto que lo despedaza cada vez que yacen; o Romero, el carpintero que va recibiendo ordenadamente los favores de madre y tres hijas turcas. Hay fantasmas, fóbicos, malandrines de los dos sexos, perdedores sin remedio. Muy de tanto en tanto resultan encantadores. Si bien el texto elude con destreza el vudu freudiano su realismo no explora lo que tienen en el alma las creaturas. Podría definírselo como un "Osvaldo Soriano desabrido".
Guillermo Belcore
Publicado hoy en los Suplemento de Cultura de los diarios La Prensa y la Capital de Mar del Plata.

Calificación: Regular

viernes, 20 de febrero de 2009

Opendoor

Iosi Havilio­
Entropía. Novela de 199 páginas. Edición 2007.­
­
La primera novela de Iosi Havilio (Buenos Aires, 1974) evidencia virtudes de narrador fogueado. En primer lugar, merece ponderarse la prosa. El autor, sin ser un gran estilista, relata de una manera prolija, minuciosa, fluida, de tal manera que uno se va enredando con la trama y cuando se quiere acordar ya ha devorado medio libro. En segundo término, agrada la soltura para la construcción de personajes. Desfilan por la novela los perdedores más interesantes, aquéllos que ocultan -o simulan ocultar- un secreto o una maldad en las entrañas. Se evidencia también cierto talento para la escena sórdida y para la escena colorida. En el debe anotamos un pizca de torpeza al manejar el tiempo cronológico en el primer capítulo (¿luces del atardecer en el verano a las cinco y media de la tarde?).

El libro nos permite oír la voz interior de una joven veterinaria. Comparte el lecho con otra mujercita, de ojos rotos y desesperados, que se esfuma en el aire. Se sospecha que se arrojó al Riachuelo desde el puente de la Boca. La busca la Justicia. Presa de la confusión y la marihuana, la chica pierde el trabajo y -sin siquiera una muda de ropa- se refugia en la casa de un rústico chacarero de Opendoor, a quien había conocido al tratar a su caballo moribundo. La pareja se dispensa un tenue afecto y un sexo sin algarabías, pero una adolescente perversa y el mortal aburrimiento del campo roen la ilusión de pareja. Cada cual cumple su destino.

Opendoor es esa localidad vecina a Luján signada por un manicomio de pésima reputación. Un pueblo dentro de otro pueblo. Resulta interesante, por cierto, como Havilio aborda la sexualidad: una amenaza latente o cuanto menos un asunto peliagudo. ''El amor es la respuesta, pero mientras usted la espera el sexo le plantea unas cuantas preguntas'', ha escrito no sin sabiduría Woody Allen.
Guillermo Belcore
Publicado en los suplementos de cultura de La Prensa y la Capital de Mar del Plata el 18 de marzo de 2007.

Calificación: Bueno

PS: Este libro ha llamado la atención de Beatriz Sarlo y Quintín. Un crítico de El País de Montevideo escribió que Havilio tiene algo de Di Benedetto. Me parece que es verdad lo que alguna eminencia ha notado: la novela es una rara avis, que no se encuadra en las corrientes en boga. Tiene el mérito, pues, de la originalidad y no es el único. Creo que el interesado en la nueva ficción nacional no debería soslayarla.
PS II: En www.editorialentropia.com.ar/opendoor.htm podés leer un fragmento y dos buenos comentarios sobre la obra.

martes, 17 de febrero de 2009

Queríamos matar a Hitler

Philipp Freiherr von Boeselager
Ariel. 214 páginas. Autobiografía.

Adolfo Hitler siempre tuvo una suerte endemoniada. El 20 de julio de 1944 presidió una reunión informativa en su guarida de Prusia oriental. Si se hubiese realizado en el macizo bunker, como siempre, habría volado en pedazos. Pero lo estaban reforzando contra los ataques aéreos a medida de que el frente ruso se iba aproximando implacable a Rastenburg. El Führer por única vez recibió a sus generales en una cabaña de madera. Créase o no, el déspota fue una de las dos personas, entre las veinticuatro presentes, que no recibió el impacto directo de la explosión que devastó el lugar. La intrépida bomba sólo le provocó heridas menores y lo dejó en calzoncillos. Fue la culminación de la llamada Operación Valquiria, gesta de un puñado de disidentes que Hollywood ha llevado a la pantalla con Tom Cruise en el papel del conde von Stauffenberg. El estreno del film justifica la publicación de libros como éste.
El volumen sintetiza las memorias del último superviviente entre los conjurados. Philip von Boesalager, gallardo oficial de caballería, cumplió un papel menor en el grupo de aristócratas -militares casi todos- que en varias ocasiones procuró asesinar a Hitler. Los motivaban valores éticos, convicciones religiosas, amor a la patria, coraje, ideología prusiana y deber moral. Carecían, empero, de apoyo popular. Los alemanes veneraron a su satánico líder casi hasta el último aliento.
Se trata de un testimonio muy interesante; se lee de un tirón. Nos remonta a las grandes batallas en el frente oriental, donde el caballo cumplió un papel destacado -y poco conocido- para asistir a la infantería. En las gélidas estepas las máquinas se estropeaban irremediablemente. El texto, empero, es fragmentario y sesgado. Es posible que deje con hambre al lector no especializado que busca una minuciosa reconstrucción del complot. Se dan por sabidos demasiados nombres. Parece ideal, pues, para el erudito en el tema, sea civil o uniformado. Una pequeña gema para enriquecer la colección del hombre informado.
Guillermo Belcore
Publicado en el Suplemento de Cultura de La Prensa.
Calificación: Bueno

PD: He visto Operación Valkiria, la película de Bryan Singer, un entretenimiento eficaz pero de ninguna manera memorable. Es obvio que en otras manos la película hubiese sido mejor, pero me niego a perpetrar el mismo error del crítico elitista que critica al perro porque no es un gato. Creo que el film es un producto comercial aceptable, elaborado con gran profesionalismo, con un Tom Cruise decoroso, rodeado por buenos actores. La recreación de la época resulta atractiva, aunque hay demasiados soldados corriendo. ¿Por qué el cine estadounidense abusa de este recurso (¡Moove, moove!)? Para resumir, la película es un producto típico del Hollywood actual.

PS: La lectura del libro y la visión del film me ha inducido a meditar sobre otra ucronía. ¿Cómo hubiera concluido la Segunda Guerra Mundial si los conspiradores mataban a Hitler el 20 de julio de 1944? ¿Millones de vidas se hubieran salvado? Estoy seguro de que sí. Quizás, en Alemania hubiera sucedido al régimen nazi una dictadura militar, dispuesta a pactar una rendición incondicional con los aliados. Los campos de exterminio habrían dejado de funcionar. Dresde y Berlín habrían quedado intactas. Stalin, sólo tal vez, se hubiese conformado con un botín menor. En fin, entramos en el fascinante terreno de las conjeturas.

sábado, 14 de febrero de 2009

El futuro no es nuestro

Autores varios. Selección y prólogo: Diego Trelles Paz.­
Eterna cadencia. Cuentos, 270 páginas.­ Edición 2009.­

¡Qué libro tenemos aquí! Esta antología contiene no menos de una docena de cuentos excelentes. Hay textos que detallan la degradación de una patria, la explotación de los pobres, la neurosis de la clase media. Otros honrarían una colección de literatura erótica. Los hay sutiles, feministas, conmovedores.

En la selección pues está el arte. Es mérito del profesor Diego Trelles Paz (Lima 1977). Reunió autores latinoamericanos nacidos después del emblemático 1968. Como prologuista no es malo, si le perdonamos el narcisismo inane tan típico de la era. Por fortuna, no se detecta esa lacra en casi todo el volumen. Relumbra el genio individual; es tal la pluralidad de estilos y temas que los platonistas se sentirán frustrados: resulta imposible detectar una corriente, tendencia o genealogía. Si algo tienen en común es que acatan el mandato básico de la diosa Literatura: relatan una historia entretenida con una escritura agradable.

El lector hallará dos gemas talladas por compatriotas. Oliverio Coelho, con una elegancia que no le conocíamos, evoca a un escritor decadente sometido a la lascivia coreana. Samanta Schweblin hilvanó, con prosa neocortaziana, una intriga fantástica y patagónica. Ningún ensayista, quizás, retrata mejor las miserias del castrismo (y su buen sistema sanitario) que Ena Lucía Portela. Daniel Alarcón esclarece la demencia de Sendero Luminoso; Ronald Flores delata la vileza de las maquilas; Juan Gabriel Vázquez imagina de lo que es capaz el hombre-masa en un país viciado por impunidad. Desde el solemne Chile llegan airosas aproximaciones al incesto y a la concupiscencia juvenil. Santiago Nazarian (Brasil) y Tryno Maldonado (México) ofrecen una prodigiosa exhibición de estilo. Ignacio Alcuri (Uruguay) tiene el don de divertir. Deberíamos mencionar todos los buenos, pero el espacio es otro tirano.
­Guillermo Belcore­­
Esta reseña se publica en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa el domingo 15 de febrero

Calificación: Excelente
PD: Bueno, aquí comienza el año literario. Les aseguro que es una de las mejores antologías que he leído. No sólo sirve para tomar nota de las nuevas figuras a las que no conviene perderles la pista. Lo recomiendo para entregarse simple y sencillamente al goce de la lectura.

jueves, 12 de febrero de 2009

Pajarillo verde

Cecilia Todd
Aqua Récords. Folklore latinoamericano. Edición 1997. Precio aproximado: 25 pesos.

Cuando el genio individual explora la tradición de un pueblo se da la posibilidad del arte. Es el caso de esta espléndida grabación. Data de 1974, cuando Cecilia Todd (Caracas), residía en Buenos Aires. En los noventa se la rescató y ahora espera en las bateas porteñas, con un precio accesible, a los amantes del folklore latinoamericano.
Lo primero que impresiona del CD es la calidad de la voz. Todd llega al alma con un timbre diáfano, cálido y poderoso. No desentona nunca, ni en el gozo ni en la tristeza. He aquí otra de las virtudes: la delicada alternancia de canciones alegres con otras que nos sumen en la melancolía, pues refieren a los pesares del indio, el arriero o la mujer golpeada.
El melómano encontrará aquí joropos, merengues, el polo, una canción de cuna y cantos de arreo exquisitamente mejorados. Es el alma de la querida Venezuela, con sus influencias española, negra e india. La poesía también es magnífica. Algunas tienen un autor reconocido, otras se las debemos a Fuenteovejuna. ¿Quién no conoce esta gema del Oriente venezolano? “Pajarillo verde/¿cómo no quieres que llore?/pajarillo verde/¿cómo no voy a llorar? Ay, ay, ay/ si una sola vida tengo/ pajarillo verde/ y me la quieren quitar”.
Contrasta con esa punzada al corazón, el caso de La embarazada del viento. Dicen las décimas picarescas: “Mamá me perdonará /lo que le voy a decir/ que yo me acosté a dormir /y desperté embarazada…” Y más adelante el ingenioso desconcierto: “Por fin se llegó ese día / de la hija dar a luz /se parecía a Jesús/ en las narices la cría/ en el pescuezo a Isaías/ y en la boca a Crispiniano/ y en los ojos a Luciano/ en los cachetes a Juancho/ y en las orejas a Pancho/ y en el pelo a Don Asiano”.
Uno se reconcilia con su pareja cuando escucha arrobado El currucha, obra del erudito compositor Juan Bautista Plaza: “A mi negra la quiero, la quiero/ más que a la cotixa /que llevo en el pie/ a mi negra la quiero /más que a la tinaja /cuando tengo sed”. En el Caribe, la cotixa, aclaremos, es el nombre de nuestra venerable alpargata.
Baste agregar que acompañan a la voz, Cacho Tirao en guitarra y Domingo Cura en percusión. Nada menos, ¿verdad?
Guillermo Belcore

Calificación: Excelente

PD: Bueno, aquí estamos de nuevos trasmitiendo una deleitosa experiencia musical. Una compañía sublime para la buena lectura.

PD II: El diario Clarín ubicó Pajarillo Verde entre los cien mejores discos del siglo XX
.

martes, 10 de febrero de 2009

El corazón de la manzana

Sergio Delgado­
Editorial Mondadori. 213 páginas. Edición 2009. Precio aproximado: 40 pesos.­
­
Nuestro país, tan encariñado con la vagancia, es incapaz de labrar una novela océanica, total, ésa que supera las quinientas páginas y marca un hito en la historia del arte. Debemos conformarnos pues con miradas por el ojo de la cerradura. La lectura sistemática de estos pequeños trozos de la realidad conforma, no obstante, un mosaico cautivador. Este es nuestro humilde consejo para el interesado en la ficción argentina: ingiera no menos de quince obritas por año. Puede comenzar aquí.
El libro evoca la agobiada ciudad de Santa Fe y, en particular, las módicas miserias de una universidad de provincias. Santiago Delgado (1961) lo escribió en 1997 y está bien que Mondadori lo reimprimiera. Sin ser nada del otro mundo, genera momentos muy gratos.
Delgado emplea procedimientos eficaces para hilvanar una historia entretenida. Se sustenta en los escritos de una estudiante obsesionada con un misántropo genial, un profesor a quien podría definirse como un Doctor House roñoso. Esto le permite incorporar juiciosas reflexiones en una trama que mira hacia atrás. Los capítulos van desgranando con delicadeza las claves de una relación pseudoamorosa que ya ha concluido. Los datos geográficos son precisos. La urbe y su calor insano operan como personajes secundarios. El título alude al lugar donde se alza un árbol, cuyos matices de color y movimiento sumen a la protagonista en hondas divagaciones. ¿Delgado será un aficionado a Tarkovski?­
Algunas páginas están en deuda con Borges y con Saer, el más ilustre de los santafesinos. La prosa es transparente, cordial, cincelada con esmero. La decisión de hurgar en el vínculo maestro-discípula no es muy original, pero el desenlace nos deja perplejos, en el mejor sentido de la palabra.­
Guillermo Belcore­
Publicado en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa el 8 de febrero de 2008.­
­Calificación: Bueno­

viernes, 6 de febrero de 2009

Las anfibias

Flavia Costa
Adriana Hildalgo Editora. Novela, 166 páginas.

Este libro ha sido forjado con una imaginación extraña. Merece respeto pues inventa un mundo que funciona con una lógica distinta. Parece pensado para el análisis frío del académico. Al público corriente es menester advertirle que muchas páginas son regidas sin más gobierno que el desatino. Antes de abordarlo, el lector deberá preguntarse si el surrealismo tardío le puede hoy resultar encantador. Es seguro -eso sí- que disfrutará las pinceladas de fulgor poético. Leerá espléndidas creaciones verbales como la que iguala la llama que calcina el bosque con la lengua que "saborea un helado y lo lame despacio, con esa minuciosa precisión que es una forma infantil de la lujuria".
Flavia Costa ubica sus jitanjáforas en un lugar fuera de la historia y la geografía. Todo ocurre en una ciudad llamada Beliston, cargada de secretos inmemoriales y recuerdos ensangrentados. Hay gárgolas, mujeres rapadas y mujeres anfibias, una hija encerrada en una cabaña por un severo agricultor. La niña ve las cosas en su verdadero ser: fantasmales y absurdas. Hay centinelas, altas murallas, espectros que facilitan las cosas, hambrunas.
La autora trabaja con objetos fetiche, una atmósfera onírica, el sinsentido. Se deslizan aforismos: los cuerpos son ingobernables; el amor es una condición inhumana; la felicidad, armonía y silencio. La urdimbre es básicamente descriptiva y discursiva, no pasa casi nada. Se oyen muchas voces. Es una tormenta de novedad literaria, sentencia la contratapa.
En la última página, Flavia Costa confiesa que el libro se esculpió, en parte, parte, reformando citas de intelectos egregios, desde Heráclito a Marcelo Cohen, de Lao Tsé a Luis Chitarroni. Otro jueguito posmoderno que esperemos no se torne costumbre.
Guillermo Belcore

Publicado en el Suplemento Cultural de La Prensa


Calificación: Regular


PD: ¡Qué difícil de evaluar este libro! Si mal no recuerdo, Chandler escribió que existen dos clases de escritores. Los que escriben historias y los que escriben escrituras. Mi gusto personal se inclina hacia la primera categoría. Las anfibias integra la segunda. De ahí, el Regular que, en este caso, no implica un desdén (alguien puede sentirse cautivado por las fruslerías), sino que personalmente no puedo recomendar su compra.

Debo aclarar que la calificación es patrimonio del blog, no se incluye en el solemne diario La Prensa. Algún escritor argentino me ha escrito, muy cordialmente por cierto, cuando no le ha gustado cómo califique su libro. Gajes del oficio. Más desagradables fueron los insultos que llegaron al repudiar una novela de otro autor nacional (a un colega le paso algo similar). He jurado no comentar nunca más su producción. No me pierdo demasiado.

jueves, 5 de febrero de 2009

El terror y la piedad

Marcel Schwob
Libros del Zorzal. Ensayo de arte y literatura, 123 páginas. Edición 2006. Precio aproximado: 25 pesos.

Nunca nos cansaremos de recomendar la lectura de las obras de Marcel Schwob (Chaville 1867-1905). Descendiente de rabinos y hombres doctos, consagró su vida a las letras. Sus escritos -como los de Macedonio Fernández- fueron escasos, pero raros y exquisitos. Lo mejor de la Francia de su tiempo lo estimó y lo admiró. Oscar Wilde lo consultaba. Francis Jammes dijo de él que “su saber era extraordinario, pero tenía el don de ponerse al alcance de uno''. Borges se extrañaba de que nadie haya revelado que Historia Universal de la Infamia es una copia rebajada de Vidas imaginarias, la obra cumbre de Schwob.
Libros del Zorzal imprimió un conglomerado de prefacios y artículos, ocho gemas en total. La belleza se abre paso en párrafos que demandan toda nuestra atención. La sabiduría viene condensada; decenas de aforismos y epigramas podrían destilarse de este libro. Una idea se repite: el arte es componer las impresiones. Schwob reivindica el retrato, un biógrafo no debe ser historiador. La literatura -medita luego- oscila entre dos puntos extremos: la simetría y el realismo, pero el verdadero realismo es aquel que no pretende ser científico. Hay un maravillado homenaje al fonógrafo y se profetiza que la risa está destinada a desaparecer. El acto de leer en la cama merece una reflexión minuciosa.
Remy de Gourmont destacó que Schwob pertenece a la especie diezmada de los escritores que tienen siempre en los labios alguna palabra nueva y fragante. Por ende el traductor es importantísimo. La versión 2006 es correcta, pero no alcanza el vuelo de la primera, la de Ricardo Baeza. Por ejemplo, donde el señor Iair Kon traduce pobre actor, Baeza había escrito mísero farandulero. El hermoso vocablo parvedad se degrada ahora en el cacofónico acortamiento.
Guillermo Belcore
Publicado en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa.


Calificación: Muy bueno.

martes, 3 de febrero de 2009

Sobre la batalla de Nomonhan y las ucronías

Moscardón imaginario VI

Durante la lectura maravillada de Crónica de un pájaro que da cuerda al mundo tropecé con un episodio de la Segunda Guerra Mundial muy poco conocido, pero crucial en el desarrollo estratégico del conflicto. Me refiero a la batalla de Nomonhan (los rusos la denominan Jalkin Gol).
El honesto Haruki Murakami relata una serie de episodios tremendos que ocurrieron en los confines de Manchukuo, el estado títere inventado por los japoneses en el norte de China (¿recuerdan a Pu Yi, el último emperador?). Su propósito, creo, es condenar el militarismo imperial.
Desde su nacimiento forzado, Manchukuo, mantuvo pleitos fronterizos con el estado de Mongolia, que había caído a su vez bajo la bota soviética. Japón y Rusia, dos potencias expansionistas y opuestas al status quo occidental, gruñían y se mostraban los colmillos en Extremo Oriente. No sólo los servicios de inteligencia conspiraban para desestabilizar a los peones del adversario, también en el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas se planeaban agresiones directas. En Tokio competían dos visiones demenciales. El Ejército impulsaba la ocupación de la rica Siberia hasta el lago Baikal; la Armada imperial, en cambio, pugnaba por el avance hacia el Sur, hacia las Indias Orientales y las Filipinas, para barrer a los decrépitos colonialistas blancos y apoderarse del petróleo y otros valiosos recursos naturales. Nomonhan permitió que se impusiera esta última estrategia. Abrió el camino hacia Pearl Harbor; hacia Hiroshima y Nagasaki, en última instancia.


UCRONIAS
Hay una bellísima rama de la ciencia ficción que se llama ucronía. Es mi favorita. Se trata de idear un presente o un futuro alternativo a partir de un hecho histórico que nunca ocurrió. Por ejemplo, un mundo donde Cartago destruyó Roma y la civilización se moldea según la amalgama de las culturas celta y semítica. Poul Anderson así lo ha relatado en Patrulla del Tiempo. También imagina que los mongoles llegan a América antes que los europeos.
Quisiera recomendar la lectura de otras dos ucronías espléndidas. El hombre del castillo de Philips Dick: Alemania y Japón ganaron la guerra y se dividen Estados Unidos. Y Pavana de Keith Roberts. Describe una Inglaterra del siglo XX donde no se produjo la revolución industrial. El condicional contrafáctico es el asesinato en 1588 de la reina Isabel II en manos de un papista fanático. La Armada Invencible barre a las naves británicas y las tropas españolas invaden el Reino Unido. Los Habsburgos llegan a controlar toda Europa occidental, la historia se desarrolla al son de las bulas papales.
Vuelvo a Murakami. Estuve pensando que si el resultado de la batalla de Nomonhan hubiera sido distinto quizás la Historia hubiera girado en otra dirección. Podría escribirse una ucronía desde ese punto de partida.
Los hechos fueron así. Los rusos y mongoles destrozaron a las bien equipadas tropas japonesas entre mayo y septiembre de 1939. ¿Saben quién era el comandante militar de los soviéticos? Un general prometedor, un tal Georgi Zhukov. Sí, el mismo que puso a la Wermach de rodillas y conquistó Berlín. Algunas fuentes aseguran que los nipones sufrieron hasta 45 mil bajas. Fue tan categórica la derrota que los planes del Ejército imperial para invadir Siberia se archivaron definitivamente. Japón firmó un tratado de no agresión con Moscú que se respetó hasta mayo de 1945. La Armada tuvo manos libres para planear la conquista de Indonesia, Birmania, Singapur. El gran almirante Yamamoto concibió el ataque traicionero a Estados Unidos.
Imagínense queridos amigos que una bala maldita hubiese abatido a Zhukov. El Ejército nipón aplasta a los rusos. Cae el régimen bolchevique en Mongolia y asume una coalición budista-burguesa favorable a Japón. La mejor armada del mundo arrasa Vladivostok y la flota rusa del Pacífico. El ejército de Kwantung ingresa a Siberia. Stalin sufre revés tras revés en Extremo Oriente. Hitler, la otra hiena del período, no puede resistir la tentación e invade la Unión Soviética, ¡aliado con los polacos! Tokio suscribe un tratado de no agresión con Estados Unidos e Inglaterra y se retira de la mayoría del territorio chino. Presta, incluso, asistencia a Chiang Kai-shek para exterminar a las huestes maoístas. La tenaza de acero despedaza a los comunistas. Cae Moscú y un telón de acero (pardo no rojo) cae sobre medio Europa. A partir de 1942, la humanidad se organiza en dos bloques que compiten vigorosamente por el control de esferas de influencia pero no guerrean directamente pues ambos cuentan con armas nucleares. Por un lado, el mundo libre liderado por Estados Unidos. Su escudo y su espada es la OTAN. Enfrente, dos Imperios, el Alemán y el Japonés, eficaces en la producción de tecnologías, pero abominables en su organización social, aplican una suerte de apartheid, las castas inferiores (chinos, coreanos, eslavos, judíos) viven en guetos y se explotan como mano de obra barata. ¿Quieres más detalles de este escenario alternativo? Te recomiendo leer Fatherland, una aceptable novela ucrónica del inglés Robert Harris (se ha filmado una deleznable película homónima basada en el libro). Su catacronismo, empero, no es la batalla de Nomonhan sino el hallazgo en Berlín de las claves secretas de los submarinos ingleses.
Guillermo Belcore

PD: ¿Conocés otras ucronías literarias? Escribime, por favor.

domingo, 1 de febrero de 2009

Crónica de un pájaro que da cuerda al mundo


Haruki Murakami
Tusquets. Novela. 905 páginas. Edición de bolsillo, 2008. Precio aproximado: 50 pesos

La crítica ha sentenciado, casi sin excepciones, que éste es el mejor libro de uno de los mejores narradores vivos. Podríamos concluir la reseña aquí y el lector ya sabría lo imprescindible. Pero la obligación nos fuerza a escribir unas líneas más sobre una novela sublime, escrita en 1994. Fue el manuscrito que Haruki Murakami (Kioto, 1949) llevaba en la maleta cuando volvió definitivamente a Japón.

El protagonista se llama Tooru Okada. Una corriente fatal lo arrastra hacia el fondo. Primero desaparece su gato. Luego, su mujer. Recibe llamados y visitas extrañas. Después, una carta de su esposa donde ella confiesa que había estado acostándose con otro hombre. El señor Okada no tiene amigos ni trabajo. Carece de perspectivas de futuro, de objetivos para seguir viviendo hasta que decide consagrarse a recuperar a su amada. Se encierra tres días en un pozo para meditar. Una mancha de nacimiento, con vida propia, le aparece en la cara. Al parecer es incapaz de relacionarse con gente común y corriente. En su camino se interpone un demonio con aspecto de político, para colmo su cuñado.

Hermosa es la palabra que mejor define la prosa de Murakami. Uno se reencuentra con el placer de una buena descripción o de un diálogo vivaz. La trama es tensa y viene embebida en sucesos, personajes encantadores, una magia que transmite una fuerte sensación de veracidad. Lo real e irreal coexisten con idéntica consistencia y nitidez. El sexo y el romanticismo, los presagios y los secretos cumplen un papel importante. Murakami incluye también tremendas historias de guerra, en particular de la muy poco conocida (pero decisiva) contienda entre rusos y japoneses en Mongolia. Es, como se ve, una obra excepcional, de esas que estremecen y dejan una huella perdurable.
Guillermo Belcore
Publicado en el suplemento de Cultura de La Prensa

Calificación: Excelente

PD: Leo en El País del sábado: “Nabokov decía que el don más importante de un escritor es shamanstvo, una palabra rusa que hace referencia a la cualidad del encantador. Esa habilidad para conseguir que la gente desee ardientemente seguir leyendo tus historias no puede ser enseñada“.
Nadie podría decirlo mejor. Murakami tiene shamanstvo, a raudales.