sábado, 31 de diciembre de 2016

Y el libro del año es...

Cada fin de año, ocurre lo mismo. Uno consulta las listas de los mejores libros del año y se angustia por lo poco que ha podido leer en realidad. Las listas honestas, me refiero. Aquellas donde los escritores de tres al cuarto recomiendan las novelitas intrascendentes de sus amigotes no sólo desinforman sino que también causan vergüenza ajena (la de Infobae es un ejemplo cabal de lo que Fogwill llamaba “sociedad de socorros mutuos”).

Puestos a elegir, voy a señalar una reimpresión de la Universidad de Villa María. El libro que en 2016 más gozo, sorpresa y admiración me ha provocado es Pretérito perfecto de Hugo Foguet (Pinche aquí). Como si el Aleph se tratase, aspira a encerrar toda la cultura, historia, sociedad, injusticia, sufrimiento y rebeldía de nuestro San Miguel de Tucumán. Su majestad, la Novela Oceánica. ¿Cómo llegue a ella? Por recomendación de Alejandro Olaguer que, si no me equivoco, fue advertido del portento por Juan Terranova. Nadie debería perdérsela. Nadie que le interese el hedonismo de la buena literatura.

Todas los grandes urbes deberían tener una Gran Novela que la explique, refleje y magnifique. A primer golpe de memoria, creo que Buenos Aires no la tiene. La capital del Jardín de la República, sí; engendró Pretérito Perfecto que, incluso, es materia de estudio universitario. La elite intelectual porteña, siempre atenta a la última chuchería de Francia, ignoró el novelón hace tres décadas y este año -hasta donde sé- no se dio por enterada de la buena nueva. Es un síntoma de decadencia y perjurio. Los críticos dominicales, ya se sabe, abominan de las densidades estilísticas, temáticas y narrativas de largo aliento. Un comentarista de John Irving llegó a decir en La Nación que una novela no debería tener más de trescientas páginas. En el fondo, a estos herejes no les gusta leer; les gusta figurar.

Que en 2017 se sigan escribiendo novelas como Pretérito perfecto, o como El traductor, o como Las varonesas. El ‘arte esencial‘ (la categoría es de Heidegger) hace la vida más soportable.
Guillermo Belcore

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