lunes, 30 de marzo de 2009

Apocalipsis

Hugo Raia
Editorial El cacahuate. Novela. 927 páginas. Edición 2009.

Why so serious?
The Joker

Este blog está emocionado. Tantos años bregando y al fin ha llegado la Gran Novela Argentina. El centésimo segundo libro de Hugo Raia (Villa Lugano, 1982) contiene las grandezas y desdichas de la Patria, sus anhelos y pesadillas. Como nunca antes en la ficción nacional, se explora con sabiduría cuestiones trascendentes. Cada frase ha sido templada hasta sacarle brillo. Al fin, uno de nuestros intelectuales dejó el pellejo por el arte.
La urdimbre de Apocalipsis es ambiciosa. Abarca desde los años de Juan Manuel Rosas hasta la desintegración del universo. Como en las grandes obras decimonónicas el destino individual (de animalitos, en este caso) se confunde con el de la Nación. Los protagonistas son una cámada de mapaches. Adan y Eva llegan a la Argentina en 1845 junto a un naturalista estadounidense que desea probar la Teoría de la Adaptación Evolutiva Inversa y Combinada. Libera a los mamíferos en una toldería cerca de Saliqueló.
Poco pasa en los primeros años. El libro -dedicado, dicho sea de paso, a Beto Quantró- se enriquece con hermosísimas descripciones. Diecinueve carillas se entretienen en -una suerte de homenaje a Saer- retratar un grano de maíz. Hay una digresión magnífica, acaso inspirada en Pigna y en Feinmann, sobre la influencia del peronismo en los malones del siglos XIX. Pero un hecho tremendo pone en marcha de nuevo la trama. En la página cuatrocientos dieciocho, un meteorito -acaso la luz mala- genera poderes extraordinarios en los mapaches. En primer lugar, obtienen la inmortalidad. Luego van incrementando la potencia destructiva de su aliento. En tercer lugar, desarrollan la capacidad de sustraer con la mirada algunas facultades de los humanos. En 1917 destruyen para siempre el raciocinio de todos los políticos; en 1930 de los militares y de los periodistas; en 1994 de los guionistas de la televisión. En 2006, quien es mirado de frente por los mapaches nunca más podrá beber cerveza en Palermo Viejo.

Un gran estilista
Se ha criticado en Raia cierta tendencia a acelerar el final de sus obras. Ese tumulto, a menudo, ha generado desconcierto. En Más loca será tu madre, no llegamos a discernir si el enfebrecido barrabrava de Deportivo Morón ultraja o no a su muñeca de porcelana mientras un tifón destruye Bariloche, el día en que la nueva estrella de la literatura superficial realiza -ante treinta y siete millones de televidentes- su primer topless en el programa nocturno de Tinelli. Con el evidente propósito de refutar las diatribas de los comentaristas lloricas, como quien este escribe, el autor dedica ciento dieciséis páginas al desenlace, que se extiende desde la destrucción de un monasterio donde Fogwill se había recluido a cumplir sus votos del silencio hasta el colapso del cosmos y más allá.
Sin duda, uno de los puntos más altos de la obra es la definición y el acabado de los personajes. Hay una nutria conmovedora. Vive lamentando su destino, es simpatizante de Nueva Chicago. La novela, empero, nos permite un desahogo sentimental. El pobre bicho encuentra una pareja, cuya vida ha sufrido -si esto es posible- desengaños y reveses aun más profundos: es hincha de Ferrocarril Oeste.
Un comentarista del diario más vendido de la Argentina considera a Apocalipsis la obra más política de Raia. Se basa en un dato contundente. En la página seiscientos sesenta y dos, un cuervo confiesa a su psiquiatra que ha acumulado evidencias de que la CIA está detrás de la absoluta incapacidad de San Lorenzo de Almagro para ganar una copa Libertadores. Es obvio que una novela no es el mejor lugar para desarrollar semejante denuncia. Pero este blog está en condiciones de adelantar que dos revistas de actualidad han comenzado a investigar seriamente el tema.

Repercusiones
No acostumbramos a reseñar el impacto que han desencadenado los libros pero esta vez se produjeron hechos de sangre. Dos poetas que participan con asiduidad en un blog colega se desvisceraron simultáneamente. Fue, una vez más, el producto de un duelo criollo derivado de una discrepancia intelectual. La afirmación (impecable) de la fotógrafa Sarlo de que Raia es el mejor discípulo de los estructuralistas albanos indignó a uno de los vates. El otro defendió la tesis. Con ardor y elocuencia, discutieron vía post durante catorce días y sus noches, hasta que finalmente acordaron dirimir la cuestión con una trincheta en la mano. Los resultados están a la vista. Un diario sensacionalista, modelo de sutileza, tituló: “Se achuraron por un sustantivo”.

Muy interesante, creemos, es el tratamiento que le han dado los grandes medios de comunicación a la novela. En un diario progresista, el primo hermano de Raia escribió que sólo bajo el kirchnerismo podía generarse una obra de semejante calidad y envergadura. Un diario tradicional, en cambio, sostuvo que la devastación del campo que provocan los mapaches cuando descubren que no queda pavo ahumado en el freezer simboliza los indecibles padecimientos de la Sociedad Rural Argentina. Un semanario dedicó un suplemento a la influencia de uno de sus editores en la psiquis de Raia. En cuanto a la crítica académica, se ha sentenciado ya que Apocalípsis es de ultraizquierda moderada, que prolonga la comedia isabelina y que se trata de “un genio de acuñación estilística inmediata, con introspección infraleve en tensión dinámica y estática con el ímpetu narrativo“.
Es obvio que el lanzamiento del sello El cacahuate (coqueta pescadería de Claypole) se trata ya de uno de los acontecimientos artísticos del año. Se me dirá que la afirmación es temeraria, recién comienza 2009. La competencia es dura. En efecto, se presentarán en la inminente Feria del Libros de Buenos Aires dos gemas que han despertado gran expectativa. Una es Parvulario, una antología de narradores argentinos de menos de ocho años. La otra es Yo, yo y yo, una recopilación de artículos de profesores y egresados de la Facultad de Letras. Ha trascendido que los capítulos dos y veintisiete son especialmente valiosos. Se trata de la meditación de un par de intelectuales mediáticos de Puan que hablan como Dios.
Guillermo Belcore
Publicado en el suplemento de Autos de El Pregón de Villa Allende.

Calificación: Imperdible


PD: Dada la facultad de mimesis de los narradores argentinos menores de cuarenta años, no sería raro que comiencen a pulular los mapaches en las próximas novelas.

1 comentario:

Fito dijo...

¡Muy divertido!
Me hiciste reír un rato.