viernes, 2 de enero de 2009

Palacio Quemado

Edmundo Paz Soldán­
Alfaguara. Novela. 309 páginas. Edición 2008

La ficción -postuló Aristóteles- es más real que la historia. Esta obra presta un gran servicio a la posteridad. Reseña los hechos tremendos de 2002 y 2003 que desintegraron el gobierno paleoliberal de Gonzalo Sánchez de Lozada y pavimentaron el ascenso al poder de Evo Morales. Permite atisbar las razones profundas que condujeron a la hermana Bolivia a una terca agonía, a una situación de cuasi ingobernabilidad que aún subsiste. ¡Qué viva la novela histórica!­

Edmundo Paz Soldán (Cochabamba, 1967) conectó el calvario de su Patria con un destino individual, signado por la ambigüedad y por la tragedia doméstica. Oscar, el speechwriter, es el protagonista. Se gana la vida alquilando su pluma al mejor postor, está a disposición de gente a quien considera inferior. Su única obsesión es lograr textos impecables. Llega al Palacio del Quemado para servir a un presidente caprichoso que intenta imponer a sangre y fuego un ideario que las masas ya no están dispuestas a tolerar. Al liberalismo puro y duro -como bien sabemos- le ha pasado su cuarto de hora.­

La novela está bien escrita y es muy entretenida, excepto cuando se subordina por completo al mensaje. El narrador es el paradigma del blanquito con mala conciencia en un país de castas y odio de clases. El caso del suicidio del hermano de Oscar le permite esbozar, incluso, una teoría sobre el setentismo. Pero lo que hace valiosa la obra es la vivisección de Bolivia, un juicio honesto sobre la imposibilidad de ser, hasta ahora, un país normal y feliz. Que los eruditos forjen sus áridos ensayos para otros; este blog busca el conocimiento entre los literatos. Los artistas son las antenas de nuestra especie, sentenció sagazmente Marshall McLuhan
Guillermo Belcore­

­Calificación: Buena­

­PD: Paz Soldán cambia algunos nombres de los protagonistas políticos, en un procedimiento de dudosa eficacia narrativa. ¿Temía ser arrastrado a los tribunales? También parece asustarlo el juicio crítico de la progresía. Se lo nota contenido para sentenciar a Felipe, el hermano del protagonista. Se merecía que lo hiciese pedazos, como a cualquier idealista irresponsable. Si no me equivoco, cuando escribió este libro no tenía aún una visión definitiva sobre Evo Morales.­ Me resultó muy interesante la reivindicación (relativa) que hizo del vicepresidente de Sánchez de Lozada, Carlos Mesa. Como periodista especializado en política internacional, sentí su caída (la de Mesa, fue presidente antes de Evo). Me parece que su pueblo lo ha maltratado injustamente. Dios salve a Bolivia.­

­

PD II: Quisiera testimoniar mi desagrado con el turismo dentro de casa' que algunos autores infligen a sus novelas para adecuarla al gusto (a la ignorancia) de los lectores extranjeros. He aquí un caso flagrante. Borges notaba que el Corán no necesitó describir camellos.­

­

PD III: Vargas Llosa considera a Paz Soldán su legítimo heredero. Está bien encaminado, pero el tiempo lo dirá. Los dos libros que leí del boliviano realmente me gustaron.­