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sábado, 5 de julio de 2014

Diarios 1954-1991

Abelardo Castillo

Alfaguara. 627 páginas. Edición 2014

Que nadie espere encontrar en Diarios del gran Abelardo Castillo los diarios de un hombre de letras olvidado en el fondo de un cajón que un adlátere encontró para gozo de la posteridad. Más bien se trata de un producto pausterizado -minuciosamente corregido por el autor- cuya función principal es coadyuvar a la fabricación de la propia estatua. Es decir, el texto carece de pimienta. No hay revelaciones, escándalo, polémicas picantes, condenas definitivas, errores de criterio, desmesuras, nada de lo que Castillo pueda arrepentirse de haber garabateado. Abundan, en cambio, las explicaciones (por qué nunca militó en el comunismo, por qué colaboró con La Opinión intervenida por los militares; por qué escasean las reprobaciones de la dictadura). El tono de insinceridad, en fin, resulta abrumador. Aburre.

Esto no significa que de Diarios no pueda extraerse alguna idea interesante, una cita, un comentario sagaz, pero las flores son raras como en el desierto de Atacama. Se agradece la reproducción de una carta indignada que Castillo le había enviado a David Viñas, ese matón confuso, en 1961 (al parecer no le gustó que lo tratase de derechista y de gay). También resultan agradables de leer el relato de aquella noche ochentista con Borges; los esfuerzos para entender a Nietzsche a lo largo de toda la vida; los dardos a Ernesto Sábato, el fatuo. Poquito más.

Pero ningún libro es tan malo que no contenga algo excelente. Así llegamos a la página cuatrocientos setenta y dos. Y el lector siente escalofríos, suda incluso. Encuentra uno de los mejores cuentos que se han escrito en la Argentina. No se trata, sin embargo, de ficción. La policía visitó la morada de Castillo en 1979. Un vecino lo había denunciado. Dos muchachos con ametralladoras y un oficial untuoso, fraudulento como un dólar con la efigie de Videla. Es decir, la Gestapo versión criolla. Resulta espeluznante pensar en esa Argentina de ayer nomás… volvamos mejor a las letras para cerrar el comentario. Hay esbozado aquí un personaje memorable. Ojalá, Don Abelardo convierta en novela a aquel demonio de la Policía Federal cuya especialidad era cazar intelectuales de izquierda.
Guillermo Belcore
Una versión abreviada se publicó en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa de este fin de semana.

Calificación: Regular

PD: En su momento, disfrute mucho al Abelardo Castillo crítico literario (pinche aquí) y al hábil cuentista (pinche aquí). Pero me cuesta bastante encontrar razones para recomendar la lectura de este ladrillo. Una podría ser, ahora que lo pienso, "exclusivamente para los fans del escritor".






martes, 2 de mayo de 2017

El candelabro de plata y otros cuentos

Abelardo Castillo­

Editorial Alfaguara. Cuentos, 166 páginas, edición 2007.
En un prefacio escrito hace una década, Abelardo Castillo (1935-2017) estableció lo siguiente: “Algo esencialmente argentino exige ser expresado en cuento, el género más estricto y lacónico; género que cuando se lo mira de cerca, aparece muy emparentado con otras dos de nuestras formas expresivas esenciales: la mejor poesía del tango y el teatro breve, en cuyos orígenes están el sainete y el grotesco”. 
La sentencia proviene de quien, acaso, puede definirse como el último gran cuentista nacional. Esta antología, avara en páginas, es una aproximación perfecta para conocerlo.
 
Castillo, quintaesencia del espíritu de los sesenta, ha cultivado la novela, el teatro, el ensayo y la polémica, pero conviene buscarlo en el relato breve. Algunos de sus textos son ya considerados clásicos del género. Es el caso de La madre de Ernesto, Hernán, El marica o El candelabro de plata. Los cuatro están incluidos en este volumen, en los cuatro hay cosas que causan repulsión, canalladas brutales, lamparones de crueldad, poderosos que nacieron para dañar a otros. 
La reescritura de autores canónicos -tan descarada como eficaz- es otro rasgo que define a Castillo. Triste le ville narra en borgeano tardío la pesadilla de un fulano que sin querer se mete en la muerte de otro. Historia para un tal Gaido también toma de las solapas a Borges, pero su delicioso y sorprendente final puede que sea cortazariano. Se percibe, asimismo, un regusto a Poe, Arlt, Walsh, Jack London y Quiroga, como sabiamente observa el prólogo y el análisis final de la obra.
 
La recopilación incluye en total trece cuentos. Resulta casi impúdico elogiarlos como la mayoría de ellos merece. Agreguemos como referencia que ante gemas como El asesino intachable uno no puede hacer otra cosa que abandonarse al puro goce de la lectura.­
Guillermo Belcore
Calificación: Muy bueno

martes, 8 de junio de 2010

Desconsideraciones

Abelardo Castillo
Seix Barral. Ensayos de arte y literatura. 254 páginas. Edición 2010. Precio aproximado: 72 pesos

Esta colección de ensayos demuestra, por lo menos, cinco hipótesis. Que la mejor crítica literaria es básicamente la transmisión de una gozosa o decepcionante experiencia de lectura; que el estilo es la única herramienta de que dispone un crítico para persuadir; que el autodidactismo es consustancial a la literatura argentina; que la Argentina tiene un riquísimo acervo cultural; y que Abelardo Castillo es uno de los pocos críticos necesarios.

El título del volumen, no obstante, es falaz. Admiraciones, hubiese sido más justo. El último gran cuentista de la Argentina expresa aquí el deleite y el pasmo que le han provocado Arlt, Gombrowicz, Camus, Poe, Sartre, Mujica Lainez, Hemingway, Echeverría, Freud, Barret, London y Quiroga. Se reproducen también dos discursos: uno sobre el arte y la locura, y el otro sobre el estado de las bellas letras en 2004. Hay un mini artículo cautivante que postula que Jesucristo es esencialmente una figura literaria. El único texto flojo -muy malo en realidad- es el titulado “Los intelectuales y el poder".

Es verdad que Abelardo Castillo no aporta nada que no conozca el lector culto. Pero escribe tan bien que parece que las verdades son inéditas. Es un maestro de la sintaxis y de la velada socarronería. Conoce la vida espiritual de la lengua, el poder sugestivo y la belleza de las palabras y de las ideas. Conoce la eficacia de los procedimientos indirectos, es decir usa circunloquios para que el panegírico y el ditirambo resulten más convincentes. Por su elocuencia y su ingenio, el libro corrobora una sexta hipótesis: la crítica inteligente y hermosa, incluso (o sobre todo) aquella ajena a las teorías en boga, ha ganado un lugar en la morada de la Alta Literatura.
Guillermo Belcore

Calificación: Muy bueno

La otra campana: Este libro me encantó, pero ha cosechado el desprecio lúcido de Juan Terranova, a quien respeto como crítico literario. En realidad, es el comentario de un comentario errático, no estoy seguro de que haya leído Desconsideraciones. Afirmar que los ensayos de Castillo “carecen de retórica“, es decir del arte de expresarse con corrección y eficacia, es injusto, me parece.

martes, 29 de enero de 2008

El hombre del castillo


Por Philip Dick
Editorial Minotauro. Novela de ciencia ficción.­
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En 1962 el mundo se encontraba fracturado en dos bloques. Uno de ellos reverenciaba el pasado, las relaciones espirituales, la armonía, el deber. El otro era conducido por lunáticos que deseaban ser autores de la historia, no víctimas, querían ser semidioses. El Imperio Japonés ocupaba Asia Oriental, el Pacífico y el Oeste de Estados Unidos. Sudamérica quedaba dentro de su esfera de influencia. El Imperio Alemán dominaba a sangre y fuego el resto del mundo, incluso la costa este y el sur de la Unión. Desde el final de la contienda (Washington capituló en 1947), los nazis exterminaron a la población africana, desecaron el Mediterráneo con energía atómica para crear campos de labranza, colonizaron la Luna y Marte. De qué sirve dominar la Tierra si se pierde el alma, reflexionaban los nipones. Una delicado contacto entre los círculos más moderados se había puesto en marcha para evitar que la guerra fría degenerase en un enfrentamiento con armas nucleares. En Wyoming, un ex soldado estadounidense -conocido como el hombre del castillo- publicaba un libro que de inmediato fue prohibido en los territorios bajo la férula germana: imaginó un presente alternativo en el que el Eje no ganaba la Segunda Guerra Mundial.­
Tan espléndida ucronía es, quizás, la obra maestra de Philip Kendred Dick (1928-1982), injustamente catalogado como un mero forjador de fantasías científicas. Esta columna sostiene que se trata de uno de los escritores fundamentales de Estados Unidos del siglo XX, un pensador metafísico que trabaja sobre la idea de que ``el mal existe, es tan concreto como el cemento''. ­
Reflexiones filosóficas, meditaciones sobre la condición humana, choque de mentalidades esmaltan El hombre del castillo. Hay personajes muy bien trabajados, como el fascista devoto. Hay una encantadora mirada a ciertos hábitos orientales, caso la recurrente apelación al oráculo del I Ching o Libro de los Cambios. Pero lo más valioso e impresionante es la creación de un universo alterno, a partir de un contrafactual: Franklyn Delano Roosevelt fue asesinado en la década del treinta por un fanático en Miami. El magnicidio propicia la elección de un presidente aislacionista en Estados Unidos y, como consecuencia, el triunfo de los malos en la guerra. Pudo haber sido así.­

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Guillermo Belcore­
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CALIFICACION: Excelente­
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PD: Si te gusta la ciencia ficción o la historia no podés ignorar este gran libro.­
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PD II: También puede encontrarse un volumen de Hyspamérica, editada en 1987. La mía la obtuve en Club Dumas (Corrientes 1676, Ciudad de Buenos Aires). La pagué 15 pesos.­
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PD III: He leído otra ucronía que plantea el triunfo de los nazis en la Segunda Guerra. Se titula `Fatherland' y su autor es el inglés Robert Harris. He visto en las librerías una edición de bolsillo. También lo recomiendo.­

martes, 11 de mayo de 2010

De qué está hecho lo que llamamos literatura

"Uno puede hablar hasta cansarse de escritores y de libros, pero la verdad es que existe un lugar en el espíritu -la tierra de la memoria colectiva y de los mitos poéticos- donde un mosquetero, un dios crucificado, una inverosímil pareja de caballeros andantes a destiempo, un príncipe malayo, un rey que se acuesta con su madre, un gaucho que paya con un negro, un poeta que baja al Infierno o un perro de trineo tienen la misma dignidad. De esos símbolos y de unos pocos más, está hecho lo que llamamos literatura".
Abelardo Castillo (de Desconsideraciones, Seix Barral)

PD: Ya hablaré en unos días de esta magnífica colección de reflexiones literarias que Abelardo Castillo, nuestro cuentista canónico, acaba de publicar en la Argentina. En tanto, me voy corriendo a incluirla entre los Recomendados 2010.

domingo, 27 de diciembre de 2020

Oxen

 


El thriller nórdico es una moda que se ha estirado demasiado. Más estirada que cuerda de guitarra, dirían en el campo. En este blog hemos elogiado algo de Henning Mankell y casi todo de Asa Larsson. Y advertimos sobre los fiascos de David Lagercrantz y de Hjorth & Rosenfeld, entre otros. Como toda moda, la Escandinaviatitis ostenta sus pioneros, sus ápices y sus oportunistas. En esta última sección, nos tienta ubicar a Jens Henrik Jensen, periodista de la próspera Dinamarca metido a escritor de novela negra.

El sello Duomo Ediciones ha traído a la Argentina la saga Oxen que -según nos informa la solapa- consagró a Jensen en su tierra natal y luego en el resto de Europa desde 2012.

El tomo inicial de Oxen (La primera víctima, 534 páginas) podría encuadrarse perfectamente en esa categoría elemental que el colega Sergio Crivelli ha definido como literatura de supermercado. Es decir, un texto que aspira a vender mucho y para ello renuncia a densidades temáticas, psicológicas y estilísticas. Incurre en obviedades, clichés y senderos trillados. Ofrece un módico suspenso, algunas buenas escenas de acción y cucharaditas de denuncia sociopolítica. Los personajes son planos; lo mejor que puede decirse de la prosa es que es transparente y funcional a una trama que suele fragmentarse en capítulos diminutos. Es uno de los escalones más bajos de la literatura, postula este blog. Sólo nos podría atrapar si la historia es interesante.

Vayamos a la historia, pues. Niels Oxen es el soldado más condecorado de la historia de Dinamarca, pero cayó en desgracia. Lo persiguen fantasmas de Bosnia-Herzegovina y de Afganistán; sufre de terribles pesadillas. Ha roto todos los lazos con la sociedad; apesta como dicen que apestan los tapires en celo; come lo que encuentra en la basura. Va de aquí para allá con su perro samoyedo blanco.

A comienzos de primavera, el veterano de guerra viaja a Jutlandia del Norte. Planea vivir de la caza de venados y de la pesca de truchas en el bosque del Rold, el segundo más grande del reino, ocho hectáreas según la traducción de Beatriz Galán Echevarría (ochenta kilómetros cuadrados en realidad). Pero el hosco Oxen es un tipo curioso que no puede resistir la tentación de irrumpir en el histórico castillo de Norlund para echar un vistazo.

Bajo la luz de la luna, elude guardias de seguridad vestidos de negro y cámaras de vigilancia hasta que tropieza con una imagen escalofriante: el perro de la casa (un braco alemán) fue ahorcado en un árbol. El ex cazador de elite del Ejército pone pies en polvorosa.

A los pocos días, liquidan al propietario del castillo, el decano de la diplomacia danesa, nada menos. Oxen, que acampa en los alrededores, es un sospechoso cómodo para la policía. También se convierte en un sujeto de interés para el director del Centro de Inteligencia Nacional. Pero no se trata del único asesinato de un pez gordo de Copenhagüe. Hay un plan de venganza en marcha y Oxen debe desbaratarlo para así poder salir de la trampa en que lo han metido. Su única aliada es una perspicaz agente de inteligencia a quien le falta una pierna.­

¿Hay tensión sexual entre ellos? Por supuesto, Jensen no desdeña ninguna de las convenciones del infragénero. Otro ejemplo: justo cuando un mayordomo estaba a punto de confesarle secretos bajo tortura a Oxen, un francotirador le vuela la tapa de los sesos. En rigor, el llamado verosímil literario nunca ha sido importante para la literatura adocenada. Aquí vemos que en pocas páginas un personaje pasa de haber perdido la facultad de hablar en sociedad a deslumbrar a sus interrogadores con su elocuencia.

A favor de la urdimbre, no obstante, hay que decir que maneja correctamente el suspenso y que cumple con el mandato editorial de enseñarle algo al lector. Jens logra, además, que nuestra sed de libertad se identifique con el vagabundo Oxen. Quién no ha soñado alguna vez con mandar todas las obligaciones al diablo.

También se agradece que el autor haya eludido esa versión ñoña -pasteurizada en tinajas de corrección política- de la Dinamarca socialdemócrata que la popular serie Borgen le ha infligido al público de Netflix. Los políticos son mostrados aquí como un hato de tunantes que trae prostitutas de la antigua Unión Soviética y se llena la boca con loas a la educación y salud pública, al tiempo que envía a sus hijos a carísimas escuelas privadas y se hace curar en sanatorios y clínicas para evitar las largas esperas que el pueblo sufre para atenderse en hospitales (parece que los progresistas son igual de hipócritas en el mundo entero). ¿Dónde están los héroes de la clase trabajadora?, se pregunta, por otro lado, Jensen-Oxen ante unos excursionistas con "dedos grasientos sujetando cerveza tibia, mejillas regordetas y culos anchos embutidos en vaqueros''.

Una última curiosidad. El sello editorial se jacta de que esta novela fue impresa con paneles solares. "Gráfica Veneta' es la primera imprenta en el mundo que no utiliza carbón'', destacan. Esta bien. Pero tememos que, a este paso, en un futuro cercano sea más importante el imprimatur ecológico que la calidad literaria.­

Guillermo Belcore

Calificación: Regular

sábado, 15 de noviembre de 2008

El fideo màs largo del mundo

Bernardo Jobson­
Capital Intelectual. Libro de cuentos, 129 páginas.­

­Este blog celebrará siempre la decisión editorial de preservar o ensanchar el acerbo nacional. Por eso, damos la bienvenida a la colección Los recobrados que Abelardo Castillo viene forjando para el sello Capital Intelectual. No se trata de un reconocimiento patriótico o ideológico, sino de simple alegría ante la buena literatura. íQué libro de cuentos ha llegado a nuestras manos! Los diez relatos vienen enriquecidos con un prólogo de Castillo, reflexiones de Isidoro Blastein y de Vicente Battista y un sabroso reportaje al autor. Ojalá todas las ediciones fueran así.
Bernardo Jobson (1928-1986) publicó un sólo libro pero basta y sobra para definirlo como un escritor de fuste. Quizás, en un ambiente menos adverso, pudo haberse convertido en nuestro Juan Rulfo. En efecto, no es exagerado postular que esta obra sería algo así como la versión porteña y suave de El llano en llamas. Una sentencia de Blastein parece insuperable: “Jobson tenía un oído finísimo para el habla coloquial pero escribía con el rigor de Quevedo”.
Lo primero que el lector debe conocer sobre Jobson es que se trata de un exquisito humorista. Te recuerdo como eras en el último otoño se lee con carcajadas (no es el único caso). Narra las peripecias de un atorrante que va al hospital por una dolencia vergonzosa. En un escritor mediocre o en la televisión argentina el resultado sería vulgar. Aquí es mordaz y desopilante.
Es factible que no se hayan escrito en la Patria textos mejores sobre el turf que los dos que atesora este volumen. Jobson, burrero empedernido, transmite con fino ingenio los estertores de la plebe ante esa selva polvorienta de pescuezos y patas. Conmovedoras también son sus historias de pensionados, de tangueros que se disputan el favor de una mala mujer y de bravos judíos que resisten la barbarie de los derechistas.
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Guillermo Belcore­

Publicado en el suplemento de Cultura del diario La Prensa.

Calificación: Excelente

PD: No puede faltar en la biblioteca del interesado en la producción nacional. Viene de un tiempo donde escribir bien se consideraba una virtud. Algunos confundidos (o simplemente unos caraduras que no quieren reconocer sus limitaciones) postulan hoy que lo desagradable o mal ejecutado es una estimulante experiencia estética. ¡Ja!

miércoles, 21 de abril de 2010

Tres relatos porteños

Arturo Cancela
Capital Intelectual. 141 páginas. Cuentos, edición 2010

En 1922, éste libro agotó varias ediciones y obtuvo el Premio Municipal de Literatura. ¡Cómo ha cambiado la Argentina! Después de noventa años de embrutecimiento sistemático y frustración nacional, las obras galardonadas y las más leídas son hoy, por lo general, las peor escritas, las intrascendentes, las producidas en serie. Peor aun, la más baja estofa es celebrada incluso por la academia.

Volvamos, pues, los ojos al pasado. El narrador, dramaturgo y periodista Arturo Cancela (1892-1957) encerró en este volumen tres relatos de intención crítica, tan jocosos como demoledores. Dan una impresión exacta del carácter porteño y satisfacen perfectamente la definición de sátira que acuñó el genial lexicógrafo Samuel Johnson: “es un poema en que la maldad o la estupidez es censurada“.

Aquel distraído que piense que el Estado despilfarrador y venal, y los chubascos oratorios fueron inventados por el peronismo debería leer El cocobacilo de Herrin. La república oligárquica trae un científico sueco y multiplica la burocracia inane para cumplir una gran aspiración del alma nacional: guerra de exterminio al conejo. En el segundo cuento largo se denuncia aquella cacería infame de 1919 conocida como La semana trágica. Dice Cancela por boca de un pelafustán de doble apellido: “Usted se pone en torno del brazo izquierdo la cinta del gato de su casa o la liga de la mucama, coge su revólver, sale a la calle y le pega un tiro en el corazón al primer hombre humilde que le parezca sospechoso. Con eso, quizá ha dejado usted en la orfandad a media docena de chiquilines, pero a cambio ha consolidado las instituciones y ensayó su puntería”.

En el último texto, ajusta cuentas con los nuevos ricos. Con un estilo anacrónico y hermoso de leer, El culto de los héroes narra el ascenso social de un afilador asturiano. Su hija y sus nietos encarnan el ansia de figuración de nuestra burguesía; el empresario, la crueldad de los poderosos. Tiene el moralista Arturo Cancela algo de Anatole France. Está muy bien que Abelardo Castillo lo haya rescatado.
Guillermo Belcore

Calificación: Bueno

PD: Agradezco al diario La Prensa que me haya permitido asimilar y comentar casi todos los volúmenes de la colección Los recobrados que Abelardo Castillo ha compilado para el sello Capital Intelectual. Comparto la convicción de que ciertos autores excelentes de la Patria no merecían permanecer en el olvido. Este modesto pero apasionado blog no se cansará de proclamar a los cuatro vientos que leer a un Wernicke, a una Sara Gallardo o un Bernardo Jonhson es un placer altamente recomendable.

martes, 9 de agosto de 2011

El fideo más largo del mundo

Proyecto Diez Mil Cuentos

Argumento número siete

El fideo más largo del mundo
Bernardo Jobson. El fideo más largo del mundo. Capital Intelectual (127 páginas, edición 2008).

Un señor contrata en la pensión de Doña María una habitación que no la aceptaría ni siquiera como cuartel provisorio el más perseguido de los asesinos enrolado en la Legión Extranjera. En el comedor, traba conversación con Julio López Serrano, jubilado, ocho años en la inmunda pocilga. Siguen la afable charla en el cuartucho de Don Julio. El vejete le da en una hora una lección magistral de sociología de pensión y finalmente, cuidándose de que nadie lo oiga, deja caer una revelación explosiva: la tana tiene escondido en el sótano el fideo más largo del mundo, un artilugio maldito de su invención con que alimenta día y noche a los pensionistas, para gastar menos. Don Julio se propone desenmascararla. Corren los días, la pesquisa avanza, el novato trata de evitar al decano. Pero una noche le anuncia que mañana es día de gloria. A la tarde siguiente, le avisan al señor en el trabajo que hay un llamado para él. Doña María, en total estado de histeria, le ruega que vaya de inmediato. Ya en la pensión, se anoticia que Don Julio fue encontrado muerto en la cocina, un síncope cardíaco. La emoción debe haber sido muy violenta, establece el médico. Las manos crispadas y entre los dedos, unos trocitos de algo blancuzco, completamente desmenuzados.

PD: Uno de las iniciativas editoriales más felices de los últimos años ha sido la colección ’Los recobrados’ que Abelardo Castillo elaboró para el sello Capital Editorial. Los grandes medios, siempre tan obsesionados con el último rizoma francés o el postrero disparate neoyorquino, le han prestado muy poca atención. Una rotunda injusticia. Yo he tratado de repararlo dejando constancia de que hay allí algunos de los mejores textos que prohijó la Argentina. Como esta sabrosa parodia de Jobson, una fina condena de la proverbial tacañería de las dueñas de las pensiones argentinas.

martes, 6 de julio de 2010

¿Un compadrón es un barrabrava?

Es posible que Jorge Luis Borges haya depurado a la literatura argentina de fealdad y torpeza, al menos hasta el día de hoy, cuando su poderosa sombra casi se ha desvanecido y se puso de moda nuevamente el vicio de escribir mal. Digo esto en relación a una novela del Centenario que me ha cautivado, incluso por sus disparates que son legión y evidentes. Manuel Gálvez publicó Nacha Regules años antes de Borges. Por ello, pudo infligirle a sus lectores expresiones arltianas como “las lágrimas hacinábanse en sus ojos” o “el dolor desenclaustró (!!!) del alma de Monsalvat palabras consoladoras que él mismo no sabía de donde las sacaba”…

Establece Abelardo Castillo -un crítico excelente- en su último libro que no se trata de una tara argentina: en esa época el novelista en español promedio escribía de manera afectada y defectuosa. Existía, además, cierto gusto enloquecido por la sinonimia que llevaba a emplear, por ejemplo, vocablos espantosos como “soliloquiar”. Pecados venales. Sirva esta entrada, en todo caso, como segunda recomendación de la novela de Gálvez. El lector tropieza también con pasajes de ruda belleza y de esclarecedor valor sociológico, como el que quisiera compartir con los amigos del blog.

En la página veintiséis, hay un párrafo fascinante de Gálvez que demuestra que el barrabrava (compadrón o rastacueros, lo llamaban por entonces) es una institución nacional, un producto típico de la Argentina, como el dulce de leche o los políticos ineptos:

“Individuo de esos que abundan entre la gente porteña. Rastacueros, exhiben sus pesos y sus mujeres. Viven maritalmente con una muchacha bonita, pues si así no lo hicieran, si no tuvieran “hembra” se sentirían sin prestigio. Pasan las noches en los teatros y cabarets con otros amigos y sus queridas. Beben champaña, hacen ruido, molestan, hablan a gritos, “titean” a algún “candidato” ocasional. Son rumbosos, agresivos, audaces. ¡Cuidado del que mire a sus mujeres! El revólver les abulta el muslo derecho y es habitual apéndice de su mano. A las mujeres las tratan sin delicadeza, ni ternura, ni simpatía humana. Y sin embargo, las mujeres se ligan fuertemente a ellos, tal vez porque los consideran “muy machos”, porque saben lucirlas y porque la violencia del instinto es tan grande en ellos que les hacen inagotables en el amor. Algunos de estos patoteros tienen un título de abogado, o llevan un apellido notorio. Son todos carreristas y jugadores. Viajaron por Europa, injuriando, con su arrogancia y su rastacuerismo, a las gentes civilizadas. En París, iban siempre acompañados de prostitutas, y escandalizaban en tabernas y cabarets para mostrar su gracia y su coraje criollo. Mezcla de bárbaros y civilizados, de compadritos y personas decentes, constituyen la descendencia urbana de Juan Moreira. Seres sin escrúpulos, ni moral, ni disciplina, no tienen otra ley que la de su capricho”.

PD: Quien desee ampliar la información puede pinchar aquí.

martes, 4 de agosto de 2009

Un encuentro

Milan Kundera­
Tusquets. 213 líneas­. Ensayos sobre el arte. Edición 2009
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La excelencia rige el curso de este libro. El placer deviene no sólo de la magnífica prosa, perfecta en su sencillez. También es agradable tropezar con una idea seductora, una cita virtuosa, una asociación nunca antes percibida. A los ochenta años, Milan Kundera evoca recuerdos, pondera sus aficiones artísticas, indaga en asuntos de la política y de la vida. De paso, nos enseña a los periodistas cómo se elabora la más sublime crítica literaria. A los melómanos advierte que el sentimentalismo es la maldición de la música, su lado tonto.

El método de orfebre es el siguiente: toma con delicadeza un fragmento de alta cultura y lo convierte en una sutil reflexión sobre la naturaleza humana o el estado del mundo. Por ejemplo: De un castillo a otro, de Louis-Ferdinand Celine, le permite inferir que la vanidad no es un vicio, sino un atributo consustancial al hombre. La revelación surge de la muerte de una mascota: “lo que molesta en la agonía de los hombres -escribió Céline- son los fastos... el hombre siempre acaba en un escenario... hasta el más sencillo”.

Contiene el volumen más de veinte ensayos que, además de explorar antiguas querencias de la música, la pintura y el cine, conforman una exquisita guía de lectura. Kundera señala con el dedo autores que no deben ser soslayados por un lector que se precie de tal. Como Rabelais, o Curzio Malaparte, o el islandés Gudbergur Bergsson. Otra cima del libro es la reprobación de las listas negras, es decir los veredictos arbitrarios e inverificables que profieren las modas y los sumos sacerdotes de los salones librescos. Kundera está indignado con Paul Valéry. No tenía derecho a denigrar a Anatole France, el creador “de la cotidianeidad literaria en tiempos de masacre”.­
Guillermo Belcore­
­Publicado en el suplemento de Cultura del diario La Prensa


Calificación: Muy bueno

domingo, 4 de agosto de 2013

Marxismo y crítica literaria

Terry Eagleton

Paidós. 163 páginas, Edición 2013. Ensayo sobre literatura y arte.

Olvídese por un segundo de los millones de muertos y otras aberraciones que la idea ha provocado en la Historia. Vayamos a la teoría. El marxismo adolece de una falla primordial: la pretensión científica. Verbigracia, la premisa “la transformación de la forma refleja un cambio ideológico” tiene para el dogmatismo colorado el mismo valor de verdad que el teorema de Tales. Esto, a pesar de que sus conclusiones aceradas no provienen de una base tan estable como las matemáticas sino de un elemento mucho más precario, provisional y engañoso: el lenguaje. Así todo, marxistas como el riguroso Terry Eagleton (Gran Bretaña, 1943) sostienen que se puede y se debe emprender un “método científico de crítica literaria”: explicar la obra en términos de la estructura ideológica de la que forma parte, que a su vez se transforma por el tratamiento artístico que la obra hace sobre ella.

Sofisticado y atrayente, ¿verdad? Útil, también, para que las antiguallas y esos chicos que pugnan por un lugar bajo el sol se destaquen en la manada. Es como la cresta que ostentaban ciertos dinosaurios. Pero hay un problema. Cuando relumbra, el análisis marxista nunca lo hace por la idea en sí sino por el genio individual del comentarista, un concepto aborrecido por rojos y deconstructivistas. El resto es de una desesperante monotonía.

Volvamos al libro. Se ha creído oportuno exhumar un ensayo publicado en 1976 que el prólogo enmarca en la tradición de “la crítica de la crítica”. En verdad, el señor Eagleton, polígrafo de las más exclusivas universidades británicas, se esfuerza para explicar lo que no debería ser considerado como “crítica literaria marxista”. Glosador de escaso vuelo teórico, revisa, a vuelo de pájaro, hipótesis de Marx, Engels, Trotsky (el más lúcido de todos), Plejánov, Lenin, Althusser, Lukács (injustamente maltratado), Brech y Benjamin, entre otros. La travesía no carece de interés, pero nada puede decirnos sobre el hoy. Tampoco logra responder el único interrogante que importa en este asunto: qué hace que ese texto seductor sea percibido como obra de arte. Es la estética, gente.  

Guillermo Belcore
Publicado hoy en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa.

Calificación: Regular


PD: Me parece absolutamente ridículo que el prologuista, Fermín Rodríguez, plantee la necesidad histórica de que “el marxismo vuelva a ser verdad”, en un libro financiado por el Grupo Planeta. Como todos sabemos, si hay algo que una multinacional no persigue es la Revolución Mundial. ¿No hubiera sido más lógico buscar una PYME o una editorial alternativa para divulgar sus ideas y reimprimir una obra que abomina del capitalismo global? La misma perplejidad me había provocado el sociólogo Cristián Castillo, del Frente de Izquierda, cuando eligió al grupo extranjero para publicar su colección de ensayos "La izquierda frente a la argentina kirchnerista". Imagínese a un movimiento en defensa de la cocina artesanal que atendiera en un local que le cede McDonald’s.

PD II: Sugiero al interesado en el tema leer los siete artículos sobre “Marxismo y literatura” que George Steiner incluyó en Lenguaje y silencio (Gedisa). Datan de la década del sesenta pero resultan más esclarecedores y placenteros que el competente y superficial Eagleton

miércoles, 6 de octubre de 2010

La viajera y sus sombras

Victoria Ocampo
Selección y prólogo de Sylvia Molloy. Fondo de Cultura Económica. 289 páginas. Edición 2010

“Sospecho que todos mis recuerdos de viaje son por el estilo: irremediablemente personales, escandalosamente privados, reprensiblemente subjetivos. Los dedicaré, pues, a los humildes cazadores de unicornios, de hinojo y de romero, hermanos en aficiones. Que los profesionales de notas eruditas y de estadísticas reveladoras me absuelvan y me ignoren”.
Victoria Ocampo

El general Alfred Jodl nació en un castillo de Wurzburg en 1890 y fue ahorcado por los aliados en octubre de 1946. Llegó a jefe de Estado Mayor de la Alemania nazi, pero durante su interrogatorio se comportó como un pelele. Gesticulaba a lo Stan Laurel, notó una testigo excepcional. Victoria Ocampo (1890-1979) visitó los tribunales de Nüremberg, del brazo de caballeros británicos con uniforme. El espléndido relato de ese día -relato transparente como una lámina de cristal- se incluye en este libro espumoso.

El volumen es más autobiografía que libro de viajes. Fue urdido con retazos. Sylvia Molloy reunió cartas, crónicas, testimonios, misceláneas, impresiones y hasta una entrevista a sí misma de una creadora fundamental. El conjunto es, simplemente, hermoso de leer. Hasta en la afectación, Victoria Ocampo resulta encantadora. Maneja la frase corta como un estilete. Profesó el amor por el arte y la sensualidad bajo todas sus formas; el lector entre líneas podrá confirmar que no sólo les transfirió a los escritores “la parte de credulidad” que todos tenemos sino que también tuvo un intenso interés erótico por ellos, caso el miserable Drieu la Rochelle.

Las experiencias en Francia y Estados Unidos conforman el corazón del libro. Los retratos de Mussolini, Coco Chanel y Maurice Ravel son magníficos. La prosa suele ser lírica, siempre aligerada con una pizca de frescura o candidez. Hay anécdotas risueñas: una mañana de 1943 recios militares arrestaron a Victoria en Nueva York por tomar notas en un museo de armas. Transcribo un parrafazo:

“Vacié mi cartera sobre la mesa (rouge de Guerlain, polvos, un pañuelo, llaves, cartas de Buenos Aires); luego me senté en espera de que los señores oficiales hubieran podido comprobar (con ayuda del teléfono supongo) la autenticidad de mis declaraciones. Apenas tardaron unos minutos, creyendo de su deber el excusarse una vez terminada la investigación: “Usted, sin duda, comprende que nos vemos obligados a tomar ciertas precauciones”. Naturalmente, lo comprendía de sobra. Les di toda la razón. Conversamos cordialmente unos instantes. “Dicen que es muy hermoso su país”. “Casi tanto como el de ustedes” (El hielo estaba roto). “¿Es neutral su país? ¿Cómo lo explica usted?”. -”¿Y ustedes cómo explican el haberlo sido”.

Hoy que en la vida pública predominan el gesto impúdico, el discurso vocinglero y el mal gusto, la literatura sensata y delicada puede obrar como un bálsamo. Roger Callois le dijo a Victoria por carta: “tú sabes hacer ver”. No sólo eso. Como bien se destaca en el prólogo, esa mujer extraordinaria también sabía estimular el pensar.
Guillermo Belcore
Publicado en el Suplemento de Cultura de La Prensa

Calificación: Bueno

lunes, 13 de julio de 2009

Las fuerzas extrañas

Leopoldo Lugones­
Capital Intelectual. Cuentos, 187 páginas. Edición 2009.

La literatura argentina de anteayer es una espléndida caja de sorpresas. Treinta años antes de que Olaf Stapledon escribiera Hacedor de estrellas (acaso la mejor obra de ciencia ficción de todos los tiempos), Leopoldo Lugones (1874-1936) ya hab¡a bosquejado una singular cosmogon¡a en diez lecciones, cuyo nucleo esencial es también la sospecha de que el universo es un ser vivo en perpetua evolución. En tren de descubrir curiosidades, agreguemos que el autor de Lunario sentimental ha anticipado, asimismo, una imaginería que el cineasta indio M. Nigt Shymalan desarrolló en su sexto largometraje (El fin de los tiempos): el sistema emocional de las plantas puede crear una ponzoña fulminante e imperceptible.
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Abelardo Castillo añade a la colección Los recobrados una estupenda urdimbre de relatos fantásticos. El volumen data de 1906. Tiene toda la candidez del positivismo decimonónico. El éter -sustancia ficticia que debía ocupar los espacio vacíos- es una presencia habitual. Hay un aparato mortífero que hace perceptible los colores de la música. Una medium nos deja oir a un morador del cono de sombra de la Tierra. El esp¡ritu describe la vida inteligente que exist¡a sobre el planeta cuando la atmósfera era de fósforo.

En lo que al estilo se refiere, Lugones oscila entre la prosa poética y la aridez del naturalista. Algunos textos tienen el andar de un paquidermo: son ceremoniosos y de retórica pesada. Pero otros cautivan por su exuberancia, como las narraciones de las últimas horas de Gomorra (­¡devastada por una lluvia de cobre incadescente!) y del motín de los caballos en una ciudad tracia, texto especialmente propicio para quienes gustan de encontrar significados políticos subyacentes. Casi todos los cuentos, en suma, son eficaces. Sus equivocaciones -he aqu¡ la clave- resultan encantadoras.­
Guillermo Belcore
Publicado en los suplementos de Cultura de La Prensa y La Capital de Mar del Plata.

Calificación: Bueno

PD: Tengo el honor de presentarles a la abuela de la ciencia ficción. ¡Qué la disfruten!

domingo, 8 de septiembre de 2013

El vizconde demediado

Italo Calvino

Siruela, Nouvelle fantástica, 92 páginas, Edición 2013.


Somos Jano. La mitad de nuestra naturaleza está abocada a una irreparable e insana crueldad. Es decir, a hacer el mal sin ninguna razón plausible. No todo es color negro, sin embargo. También tenemos un costado benévolo, con una ilógica preocupación por la felicidad ajena. Esas dos pulsiones conviven en la Historia y en el alma, pero la maldad absoluta y la virtud suprema resultan inhumanas por igual.

He aquí la enseñanza de una nouvelle que el enorme Italo Calvino (1923-1985) escribió hace cincuenta y ocho años. Constituye la primera parte de la popular trilogía Nuestros antepasados. Se emplea un truco volteriano: el autor cultiva la fábula fantástica para filosofar sobre el ser humano. La indagación, tan profunda como lúcida, se aligera por el inevitable fondo de picaresca que caracteriza a buena parte de la literatura italiana. Es una historia divertida. Así se explica Calvino: “Yo creo que divertir es una función social; encaja en mi moral… uno (el lector) compra el libro, le cuesta dinero, invierte su tiempo, se tiene que divertir”…

El libro narra pues las peripecias del vizconde Medardo de Terralba, una de las más nobles familias del Genovesado. En la guerra contra el infiel, un cañonazo turco lo partió en dos, de arriba a abajo. La mitad malévola, rugosa y fea como maracuyá de gaveta, vuelve a tomar posesión de su castillo. Perpetra todas las iniquidades posibles: condena a la horca a muchos, incendia propiedades y personas, recluye en un leprosario a su nodriza y vicemadre (sana), planea exterminar a los hugonotes, e intenta asesinar a su sobrino, justamente el narrador de la historia. Así las cosas, hasta que aparece la mitad buena del vizconde, que también termina repudiada por el pueblo sencillo. Se disputan una mujer; se baten a duelo.
 
Somos buenos y malos, concluye Calvino. Actuar solamente como un santo nos hace incompletos, deformes. Vagamos atormentados entre ansias opuestas. Así transcurre nuestra vida, entre caridad y terror.

Guillermo Belcore
Publicado hoy en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa

Calificación: Bueno

Calificación II: Dos amigos de este blog, Marcos y Santi, consideran que este libro merece un Excelente.


sábado, 25 de febrero de 2012

La luz es más antigua que el amor

Ricardo Ménendez Salmón
Seix Barral. Novela, 175 páginas

"Todo este esfuerzo, toda esta lucha de vanidades, toda esta ingente escenificación, ¿para qué? De los demonios que acechan al creador a lo largo y ancho de su tarea, ninguno tan angustioso como la carencia de sentido".
R.M.S.

El asturiano Ricardo Menéndez Salmón -crítico, licenciado en filosofía, autor de no pocos libros- propone que esta novela sea leída como "una obra que se pretende inteligente". Para ella, la carga de sesudas reflexiones no siempre magníficas. Aparece, de tanto en tanto, la fastidiosa primera persona bloguera. No escatima sentencias como la siguiente: "la historia es un auténtico río caudaloso en el que la desmesura y el talento compiten con el azar y el ridículo". Entremezcla géneros y amplía el vocabulario (acaso para demostrar el dictum de Wittgenstein de que la inteligencia puede medirse según la cantidad de palabras que maneje una persona), incluso con jerga de claustros como "ontológico", "anagnórisis" o "aporético". Se asume, por lo demás, como remedo de Thomas Bernhard en cuanto a "exegesis del trabajo ajeno". La apuesta es muy respetable, aunque no ha podido evitar un desagradable vaivén entre genialidad y tedio.

El libro une vida y obra de tres pintores, dos de ellos productos de la imaginación: Adriano de Robertis (1300-1400), Mark Rotkho (1903-1970) y Vsévolod Semiasin (1925-2005). El castillo de San Sepolcro es el factor común, donde "un pintor blasfemo transformó el sufrimiento ante la pérdida de su hijo en un acto de dignidad". Le añade las vivencias del narrador Bocanegra, quien escribe justamente La luz es más antigua que el amor (una metanovela). Los personajes sirven como excusa para meditar -no sin talento- sobre cuestiones trascendentes, caso la naturaleza del arte, la rebeldía ante los poderes establecidos, el amor, la muerte, y la locura.

Atento a las tendencias en boga de la literatura hispanoargentina, o acaso por la urgencia de publicar, o quizás porque sólo le dio ganas de hacerlo así, Menéndez Salmón es otro escribidor que apuesta a la brevedad, la concisión, el capitulito, a dejar con hambre al lector. Idea un personaje fascinante, Pierre Roger de Beaufort -veinte años, cardenal diácono, futuro Gregorio XI- pero lo despacha en pocas páginas. ¡­Qué desperdicio, caray! También podría haberse extendido un poco más en la recreación de Stalin. Esa notoria falta de ambición, se compensa, en parte, por la excelencia de la expresión. Hay frases bellísimas y delicadamente sonoras, párrafos forjados con esmero y luego -suponemos- corregidos hasta que refulgen. El estilo es el hombre afirman, con razón, los ingleses.
Guillermo Belcore
Publicado hoy en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa.

PD: El autor de este libro cae en la tentación de describir fotografías, "filosóficamente", uno de los caminos más trillados entre los intelectuales. Es un remedo superfluo de Barthes, se ha establecido. A mí, este lugar común, me aburre soberanamente. Como se señala en la página ciento veintinueve, "detesto a cierto romano llamado statu quo".

lunes, 27 de enero de 2020

Drácula, de Netflix y la BBC

Una grieta explica fenómenos trascendentes de la política como la llegada de Donald Trump, el auge populista, o el brexit. La grieta entre las élites y el pueblo llano. Muchas personas decentes, trabajadoras, con ideas tradicionales, están ofuscadas en Europa y Estados Unidos. Votan con el ceño fruncido. Sienten que sus desdichas provienen del egoísmo, la codicia y la insensibilidad de la casta dirigente, la aristocracia de Davos.
Culto, sofisticado, sin apremios económicos, con aspiraciones globales,  acostumbrado al lujo y a la servidumbre, el aristócrata de la política, la economía o la cultura es un chupasangre de las masas. Como el Drácula de Netflix, el primer lanzamiento destacado del 2020 en Serieslandia.
 
Para ser precisos, la versión más fresca del vampiro es un producto del talento de una pareja especializada en adoptar clásicos, las dos mentes brillantes detrás de Sherlock y algunos buenos capítulos de Dr. Who. Hablamos de Steven Moffat y Mark Gattis (también actor, ¿recuerda a Mycroft Holmes?).
 
Drácula es siempre una apuesta segura para ganar dinero. No hay criatura literaria que haya sido explotada con más ahínco por el cine y la televisión. Ahora es el rey del streaming -con su mejor socio, la BBC- quien abre el ataúd para ofrecer una miniserie tan inquietante como dispareja, con tres capítulos (muy distintos entre sí) de noventa minutos cada uno.
 
Estéticamente el producto bascula entre el gótico siniestro de la Hammer Productions y las esgrimas vertiginosas, que derrochan ingenio, del tándem Moffat-Gattis. Está muy bien que se rescate la noble tradición del terror britanico. De hecho el nuevo conde -magníficamente interpretado por el danés Claes Bang- con sus colmillos al aire resulta muy parecido a Christopher Lee.

REGLAS DE LA BESTIA

El primer capítulo transcurre en Transilvania y Budapest. El segundo, a bordo de un barco claustrofobico, en ruta hacia Gran Bretaña. El tercero, en Londres, donde el conde encontrará la novia ideal, después de quinientos años. ¿Ve?, nunca hay que perder las esperanzas.
 
Al convento Santa María de la capital húngara llega el abogado Jonathan Harper (John Heffernan), o lo que queda de él, se está convirtiendo en una entidad maligna. Dos monjas lo interrogan. Relata el letrado inglés su horripilante experiencia en el laberintico castillo de Drácula.
 
Frente a Harper se planta Agatha Van Helsing (Dolly Wells), un canto al racionalismo científico, desesperada por entender. Es un tópico, la tipíca monja del entretenimiento de masas que ha perdido su fe en el Señor: ``Como muchas mujeres de mi edad estoy atrapada en un matrimonio sin amor, manteniendo las apariencias por un techo sobre mi cabeza''.
 
Sin embargo, la hermana Agatha se convierte un formidable adversario para el príncipe de la oscuridad. Es tan poderosa y cautivante su interacción que opaca a los restantes personajes. 
 
A esta altura, usted se preguntará sobre son los rasgos del vampiro Claes Bang. Un psicópata adorable, a lo Hannibal Lecter. Locuaz, físicamente extrovertido, manipulador como el demonio que es. Elige cuidadosamente a sus víctimas pues absorbe recuerdos y habilidades (como el Sylar de Héroes). De ahí que haya decidido mudarse a Londres, el centro del mundo a fines del siglo XIX, con tanta gente instruida y clamorosa. ``Somos lo que comemos'', bromea el noble ante el aterrado Harker.
 
Tiene, además, el poder de crear brumas para ocultar la luz del sol y puede asumir formas de animales. En una de las escenas más repugnantes, emerge del cadáver de un lobo ante la mirada atónita del convento, pero nunca pierde la elocuencia. ``No sé sobre ustedes, chicas, pero me encanta un poco de pelo'', dice. Poco después, una manada de lobos destroza a las monjas. ``¡Oh! Eso debe haber dolido'', apunta Drácula.
 
Puede que sea el rey de la labia, pero también es un inmoral, un vicioso con una adicción incontrolable que se aprovecha del esfuerzo, las ilusiones y la credulidad de las gentes sencillas, campesinos, marineros, urbanitas de clase media. ¿Ya dijimos que representa a la perfección a la flor y nata del siglo XXI? Una feroz fuerza nihilista. ``La democracia es un abuso de los desinformados; todo está en la sangre'', sentencia nuestro antihéroe.

GOZOSO AÑADIDO

Quizás lo mejor de la serie sea el ingenio verbal, sello de Gatiss & Moffat. ¡Qué diálogos tenemos aquí! Hay frases memorables, réplicas encantadoras, uso y abuso del sarcasmo y la ironía. Es el valor literario añadido. Una deliciosa artificiosidad.
 
El suspenso del segundo capítulo también merece elogios. Estamos a bordo del navío Demeter, sobre el Mediterráneo, camino a las islas británicas. Eligió Drácula uno a uno a los pasajeros como quien escoge los platillos de la cena en una larga travesía. Pero a bordo viaja su némesis.
 
Un giro sopresivo al comienzo del tercer capítulo -el más flojo- nos impide describirlo sin corromper el efecto sorpresa.
 
Es probable que lo peor sea el desenlace. Gatiss & Moffat tiene un problema con los finales como hemos comprobado en Sherlock. Aquí nos venían prometiendo una respuesta lógica a los misterios existenciales del conde: ¿por qué teme a la cruz y a la luz solar; por qué no puede ingresar a una morada sin ser invitado? La resolución es tan pueril que da risa, incluso queda la puerta abierta para una segunda temporada.

Calificación: Buena
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Ficha técnica: Año: 2020. País: Reino Unido. Dirección: Paul McGuigan, Jonny Campbell, Damon Thomas. Creadores y guion: Mark Gatiss, Steven Moffat (basado en la novela de Bram Stoker). Música: David Arnold, Michael Price. Fotografía: Tony Slater Ling. Actores: Claes Bang, Dolly Wells, John Heffernan, Morfydd Clark, Joanna Scanlan, Jonathan Aris, Sacha Dhawan, Nathan Stewart-Jarrett. Clive Russell, Catherine Schell. Patrick Walshe McBride, Youssef Kerkour, Lydia West, Matthew Beard, Mark Gatiss. Duración: 270 min. Productora: Hartswood Films/British Broadcasting Corporation (BBC)/Netflix.

viernes, 8 de octubre de 2021

Louvre


Por
Joselin Guillois

Edhasa. 207 páginas

Entre los héroes franceses que resistieron al nazismo, bien merece un homenaje en letra impresa Jacques Jaujard, director de los museos nacionales. Con ingenio y tesón, dispersó por la Francia remota miles de tesoros del Louvre, entre ellos La Gioconda. Impidió así que, después de la derrota, el Gran Arte cayera en las manos ávidas y brutales del enemigo. Una novela escrita en 2020 por el debutante Josselin Guillois (1986) evoca aquella sombra corajuda "que arriesgó su vida por una sonrisa pintada hace cuatrocientos años".

Louvre hilvana los diarios de tres mujeres vinculadas a Jaujard: Marcelle Jaujard, la esposa (París 1939); Carmen Leloup, la sobrina (Castillo de Chambord, 1940); Jeanne Boitel, la amante y agente de la Resistencia (París, 1942). Hay un déficit de invención en el autor: las voces son muy parecidas; la adolescente Carmen reflexiona y escribe como una persona madura. Otro vicio es que el autor sucumbe a la tentación de las listas, le inflige al lector catálogos de obras salvadas o arrebatadas, pero como entremezcla ficción con realidad, uno descubre que una joya atribuida a Matisse en realidad fue compuesta por Picasso (no obstante, hay un agrado en buscar y observar en Internet esos cuadros y esculturas eminentes).
Básicamente, Guillois, profesor de escuela secundaria, ha querido unir la fenomenal Operación Masa Crítica, fuga del patrimonio del Louvre, con las zozobras de tres mujeres. Vale decir, la deriva de La victoria de Samotracia más la angustia por buscar sin suerte el embarazo, por la primera menstruación, por un aborto y el adulterio. El conjunto es desparejo; son las reglas del inexperto.

La prensa francesa ha elogiado la minuciosa documentación, la elegancia y nitidez de la prosa, el delicado erotismo (¡oh!, las modelos de Boucher!). Esta columna cree que Guillois no muestra talento para la écfrasis y reprueba la falta de ambición del autor para edificar una colosal novela histórica (el tema es fascinante), pero aplaude, entre otros aciertos, la reconstrucción de los pérfidos Alfred Rosenberg y Herman Göering como personajes. Definitivamente, el último tercio del libro es el más sabroso.

En la página sesenta y nueve, Guillois aporta una reflexión histórica digna de mención. La Francia que se alzó contra la depredación del invasor teutón es bisnieta de la Francia del pillaje napoleónico. El Emperador saqueó toda Europa (especialmente Italia); como Hitler, deliraba con crear el Museo Más Grande del Mundo. Lo logró. Esa maravilla se llama Louvre. Notable frase: "Puesto que es el vencedor el que mejor sabe gozar de la belleza".

 Guillermo Belcore

Calificación: Regular

lunes, 21 de diciembre de 2009

Mármara

Inés Fernández Moreno
Alfaguara. 188 páginas. Edición 2009. Cuentos

Hay algo intensamente argentino que quiere expresarse en forma de cuento, sentenció Abelardo Castillo. Debe ser verdad. Se termina el año y una vez más ningún argentino ha publicado -hasta donde uno sabe- la novela memorable. Pero siguen apareciendo cuentos espléndidos. Honran este volumen varios relatos de la estirpe de los muy buenos.

La escritura de Inés Fernández Moreno (Buenos Aires, 1947) ostenta dos cualidades, al menos. Demuestra talento para retratar la irritación o la extrañeza de la persona que se ve atrapada física o espiritualmente. Confesiones en un ascensor narra la intimidad que brota entra una mujer cualquiera y un hombre bien trajeado durante un encierro forzoso. En la página ochenta y dos, una argentina sin papeles queda presa en su propio balcón marbellí. Daniel Sidelnik sufre en Miami un percance que casi le cuesta la vida: su celda es la cámara refrigerada de una camioneta. Desfilan mujeres maduras, cautivas de la soledad, la decrepitud o el infortunio.

La segunda virtud del libro es su capacidad para destilar sentimientos. Filtro de amor evoca a una mujer deslumbrada por un vendedor excepcional, un Sherezade masculino imposible de resistir. Las penas tibias de los argentinos exiliados en España o en Estados Unidos se derraman por las páginas como si de un almíbar se tratase. Dos amigos comparten a Rita, la del útero bicorne, en Gato virtual. El miedo y la gerontofobia llevan a Cecilia a obrar mal en Pensamiento lateral. La colección tiene tintes autobiográficos y mejora con el correr de las páginas. La lectura es siempre agradable, excepto -quizás- cuando Fernández Moreno intenta demostrar todo lo que ha aprendido sobre Picasso. El estilo merece ser alabado. La prosa es coloquial, delicada, fluye como el agua. Un libro intensamente argentino.
Guillermo Belcore
Publicado en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa.

Calificación: Bueno