viernes, 25 de enero de 2008

Aquellos hombres grises

Por Christopher R. Browning­
Edhasa – Ensayo de 426 páginas­
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Imagínese que su país está en guerra. Como ya no tiene edad para morir en el frente, lo recluta una fuerza policial que mantiene el orden en los territorios conquistados. Los camaradas son sus vecinos: el farmacéutico, el conductor de ómnibus, el matricero de la fábrica. Un día, a la hora que Dios colorea el mundo, irrumpen en un pueblo perdido. El comandante del batallón, con los ojos húmedos, les informa que las órdenes son tremendas: un balazo en la nuca a cada mujer y niño de cierta minoría de proscriptos a quien el Estado culpa de todas las desdichas. El que no pueda participar en la carnicería que rompa filas. ¿Usted lo haría?
Este libro no es sólo sobre la microhistoria de la Segunda Guerra Mundial. También intenta desentrañar la naturaleza humana.
Christopher Browning, catedrático estadounidense erudito en el Holocausto, coloca bajo el microscopio al Batallón 101 de la Policía del Orden, una ínfame guadaña nazi que obró en Polonia. En casi un año, 500 reservistas alemanes, con sus peculiares uniformes verdes, fusilaron a 38.000 judíos y deportaron hacia la cámara de gas a otros 45.000.
La pasión alemana por las minucias le permite a Browning exhumar documentos escalofriantes que detallan el infinito sufrimiento que padeció el pueblo judío. En la segunda parte, reflexiona sobre los crímenes de guerra y la condición humana. La nueva edición (la primera data de 1992) incluye un epílogo para respondar a un eminente adversario intelectual: Daniel Goldhagen, el de
Los verdugos voluntarios de Hitler
El genocidio fue posible -concluye Browning- porque debajo de la piel de la mayoría de nosotros hay una bestia ávida. A matar, incluso a gran escala, casi cualquier hombre se acostumbra.



Guillermo Belcore­
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Publicado en el Suplemento Cultural del diario La Prensa.­
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CALIFICACION: BUENO­
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UNA CITA:­
``La excepción, el verdadero durmiente, es ese individuo poco común capaz de resistir a la autoridad y crear su propia autonomía moral, pero que rara vez es conciente de esa fuerza escondida hasta que la pone a prueba''.

Zygmunt Bauman

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