domingo, 14 de abril de 2024

Zona de interés

 


Dirección: Jonathan Glazer. Guion: J. Glazer, Martin Amis. Fotografía: Łukasz Żal. Música: Mica Levi (Micachu). Actores: Christian Friedel, Sandra Hüller, Imogen Kogge, Max Beck, Ralph Herforth, Sascha Maaz, Marie Rosa Tietjen. Duración: 106 minutos. Disponible en Amazon Prime.


Impresionada por las insignificancia intelectual y física de Adolf Eichmann, quien en los años sesenta, por fin, se sentó en el banquillo de los acusados, la filósofa Hannah Arendt desarrolló el concepto de banalidad del mal. Los carniceros del hitlerismo -al menos la mayoría de ellos- no fueron impresionantes bestias rubias, el Zarathustra de Nietzsche. Eran hombrecillos comunes y corrientes que perpetraron uno de los peores crímenes masivos en la historia de la humanidad como quien resuelve un problema de gestión en su lugar de trabajo. Esta idea -la del burócrata genocida de 8 a 5 de la tarde- inspira la magnífica obra que consiguió este año los Oscar a la Mejor película extranjera y al Mejor sonido.

Zona de interés -coproducción de Estados Unidos, Inglaterra y Polonia pero hablada en alemán, el idioma del mal- ya se encuentra en el servicio de streaming de Amazon Prime Video.

El director inglés Jonathan Glazer adaptó desde ángulos inesperados -como corresponde- la novela de su compatriota Martín Amis (publicada en 2014), a quien la muerte sorprendió poco antes de la consagración de la cinta.
Narró un fragmento de la vida de Rudolf Hoss (Christian Friedel), el comandante en jefe del complejo de trabajo y exterminio Auschwitz/Birkenau, en el sur de Polonia, justamente aludido por los nazis con el eufemismo “zona de interés”.

El planteo de Glazer es absolutamente original. En primer lugar, si bien transcurre durante la Segunda Guerra Mundial, no hay una sola escena de violencia explícita, con la excepción de un par de gritos y una siniestra amenaza de Madam Hoss a una criada polaca, y del aterrador ruido de fondo que escapa desde el campo.

El lugar principal de la acción es la casona rural donde el teniente coronel, educado en la tradición católica en Baden-Baden, vive con su esposa y sus cinco hijos, al otro lado de la calle que bordea a Auschwitz. La cámara, que siempre mantiene una prudente distancia del atroz personaje, nunca cruza los muros del campo, aunque muestra las columnas de humo de diferentes colores que vomitaban aquellos malditos hornos.

Vemos al SS Hoss, amoroso con su familia y su caballo, apagando las luces de la casa, disfrutando un picnic junto al río Sola, resolviendo problemas técnicos de su trabajo con un estremecedor lenguaje administrativo, cuestionado por su esposa al enterarse de su traslado a Berlín en 1943 ("son cuestiones políticas", se defiende).


ORIGINALIDAD

Demuestra, pues, el distinguido Glazer dos cosas. Primero, que con lo prosaico también puede hacerse arte, aunque sea oscuro. Segundo, que aún hoy pueden transmitirse contenidos frescos y convincentes sobre el Holocausto al fatigado y cínico público del siglo XXI.

Hay que destacar que la película también se atreve a experimentar con la estética. Ya dijimos que renuncia al primer plano; además vemos singulares escenas en blanco y negro (tipo negativo de una foto), en las que una valerosa muchacha esconde manzanas en los campos para que las encuentren los desdichados prisioneros que trabajan hasta la muerte. 

Asimismo, la premiada música de Mica Levi (Micachu), con sus juegos de disonancias y sus ruidos raros, contribuye eficazmente al clima de horror frío, sin alardes ni desahogos sentimentales.

Otro de los puntos altos de la cinta es la poderosa actuación de Sandra Hüller como Hedwig Hensel Hoss, una mujer alemana del montón con sus fórmulas estereotipadas, "completamente incapaz de distinguir el bien del mal", como destacaba Arendt de Eichmann. Las actitudes de la ama de casa demuestran que la rapiña fue otra de las motivaciones de los asesinos nazis. Otra conclusión que podemos extraer es que nadie era inmune al horror, ni siquiera los hijos y la suegra vagamente antisemita del Señor de la Muerte.


EL FINAL

El 11 de marzo 1946 policías británicos detuvieron a Hoss en Alemania occidental. Estaba camuflado de jardinero. Su mujer -bajo amenazas de ser deportada a Siberia con sus hijos- lo había entregado. En los interrogatorios de Nüremberg, el Obersturmbannführer no dio la menor muestra de remordimiento y compasión. Se tenía a sí mismo como un funcionario probo y aplicado cuyo trabajo había sido nada menos que el exterminio masivo de toda una población. Incluso para justificarse en el juicio en Polonia se comparó con el piloto de un bombardero al que se le hubiera ordenado atacar una ciudad a la que él sabía habitada por mujeres y niños.

Ante historias como éstas queda siempre flotando la pregunta: ¿Cómo pueden existir semejantes seres humanos? La película nos ofrece una respuesta: era un psicópata. Al final, en una fiesta con la élite del régimen nazi, Hoss calculaba cómo gasear a todos los presentes.

Guillermo Belcore


Calificación: Excelente

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