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sábado, 19 de julio de 2025

The Waterfront, la serie

 


Tolstoi abre su novela Anna Karénina con esta frase: 


"Todas las familias felices se parecen unas a otras; cada familia infeliz lo es a su manera."


El mundo del arte la ha leído en el sentido de que sólo las familias desdichadas resultan interesantes para el público. La industria de masas le dio una vuelta de tuerca al concepto y nos persuadió de que las más seductoras de todas son las familias de criminales. Desde ya, los Corleone. Pero en el pingüe segmento de las series el epítome es (fuerte el aplauso) los Soprano.


Más acá en el tiempo, tenemos a los Byrde, que se mudaron a las depravadas montañas de Missouri para lavar dinero de un narco mexicano. Bien, la novedad es que Ozark tiene una digna sucesora. Se llama The Waterfront (El frente marítimo), un producto distribuido por la aplanadora Netflix de ocho capítulos.


LAS OLAS Y EL VIENTO


La trama nos lleva a un balneario de Carolina del Norte llamado Heavenport. Es un nombre de fantasía. Puede que la ciudad que más se le parezca sea Southport, pero el creador de la serie, Kevin Williansom, ha declarado que también tiene algo de Wilmington y de Wrightsville Beach.


Williamson nació en 1965 en ese mismo estado sureño de la Unión y asegura que la serie se inspira en sus propias experiencias familiares relacionadas con la pesca y el comercio ilegal. Es un reconocido creador, productor y guionista de la televisión y el cine de larga trayectoria. Entre sus firmas se encuentran The Following, The Vampire Diaries, y tres películas de la saga Scream.


The Waterfront narra las peripecias de los Buckley, la familia dominante del condado. Sin embargo, ahogados por las deudas y la caída de la rentabilidad de su empresa pesquera y del restaurante, deciden volver al negocio infame del abuelo: usar los barcos para traficar drogas. Necesitan con urgencia el dinero (la excusa de siempre).


Tres décadas atrás, el viejo Buckley se había coligado con el Cartel de Cali, hasta que la ambición lo cegó. Traicionó a sus socios y terminó asesinado tras ser sometido a brutales tormentos.


Es que el tráfico de drogas es adictivo, como admite Harlan Buckley. “Tienes dinero en los dedos, codicia en los ojos y nunca quieres dar marcha atrás”, sentencia el pater familias en la actualidad.


Fue muy acertada la elección de Holt McCallany para interpretar al patriarca. Se le da muy bien el papel de tipo duro de pelar a este actor neoyorquino que se venía destacando como segundón hasta que en Mindhunter nos demostraba que tiene la talla para ser protagonista.


Harlan está casado con Belle (María Bello) desde hace más de treinta años, pero ahora intenta sobrellevar sus problemas cardíacos con altas dosis de alcohol y prostitutas. Siempre fue un esposo deleznable. Tienen dos hijos, grandes: Cane (Jake Weary), el único que muestra un atisbo de conciencia, o mejor dicho de escrúpulos; y Breed (Melisa Benoist), una adicta en recuperación que le había prendido fuego a la casa de su ex con el hijo de ambos adentro.


Los Buckley se convierten en transportistas del productor local de heroína Grady (Topher Grace), un psicópata narcisista, con toques de inmadurez, que va aumentando sus exigencias sin pausa, lo que constituye el motor de la trama y causa de tragedias.


Hay subhistorias no siempre seductoras como el adulterio del inseguro Cane con una novia de la infancia, la aparición de un hijo extramatrimonial de Harlan y los negociados de Belle para vender, de manera subrepticia, unos terrenos del marido.


INFIERNO EN EL PARAISO


La crítica estadounidense ha comparado El Frente Costero también con Bloodline por “los dramas familiares oscuros y el crimen en un entorno costero”.


Otro punto que tiene en común con Ozark es el clima de absoluta degradación moral de la sociedad. La Oficina del Sheriff de Heavenport está más sucia que el palo de un gallinero. Aparece un agente de la DEA al que sus jefes no toman muy en serio por su afición a los drogas duras.


Los personajes principales evolucionan, pero en dirección a los peores pecados. Matar es algo que los Buckley tenemos que hacer cuando es necesario, sentencia Harlan. El regreso al crimen es el gran tema.


En tiempos de corrección política (ese azote del arte) los guionistas se cuidaron mucho en respetar la paridad de género (las mujeres se van consolidando como el poder real) y de no ofender a las minorías. Por eso, las bandas de narcotraficantes tienen apellidos WASP (white + anglo saxon + protestant).


Los diálogos son ágiles; las escenas de acción, poco realistas; la iluminación, deslumbrante. El toque de melodrama, discutible. Puede que lo mejor de todo sea el aire caricaturesco -incluso shakespereano- de Grady. No hay serie de crímenes que destaque sin un villano que atrape nuestra imaginación.

Guillermo Belcore


Calificación: Buena


FICHA TECNICA

* Título Original: The Waterfront.

* Título en Español (alternativos): El frente costero, Aguas turbias.
* Año de Estreno: 2025.
* País de Origen: Estados Unidos.
* Género: Drama, Thriller, Crimen, Familiar.
* Creador: Kevin Williamson.
* Reparto principal: Holt McCallany, Maria Bello, Melissa Benoist, Jake Weary, Rafael L. Silva, Humberly González, Danielle Campbell, Brady Hepner Topher Grace.
* Productores Ejecutivos: Kevin Williamson, Ben Fast, Michael Narducci, Marcos Siega (también dirige los dos primeros episodios).
* Guionistas: Kevin Williamson (creador principal), Lloyd Gilyard Jr., Brenna Kouf, Michael Narducci, Hannah Schneider, Katelyn Crabb (entre otros).
* Directores: Kevin Williamson (creador), Erica Dunton, Liz Friedlander, Marcos Siega (entre otros). * Música: John Frizzell.
* Fotografía: Ramsey Nickell, Itai Ne'eman.
* Compañías Productoras: Outerbanks Entertainment, Universal Television.
* Distribuidora: Netflix.
* Temporadas: 1 (hasta el momento).
* Episodios: 8.


viernes, 24 de mayo de 2024

Todo un hombre


Man in full
 

Serie de seis capítulos de 45 minutos cada uno. País: Estados Unidos. Dirección: Regina King, Tomas Schlamme. Guion: David E. Kelley (basado en la novela de Tom Wolfe). Elenco: Jeff Daniels, Tom Pelphrey, Bill Camp, Aml Ameen, Diane Lane, Lucy Liu, John Michael Hill, Chanté Adams, Sarah Jones, William Jackson Harper. Disponible en Netflix.


Hasta que publicó Bloody Miami a los 82 años, uno bien podía afirmar que la mejor novela que escribió Thomas Kennerly Wolfe Jr. (Richmond 1930-Manhattan 2018) era Todo un hombre, entregada a la imprenta por primera vez en 1998. En esa obra majestuosa, el Balzac de Park Avenue narraba la decadencia de una gloria del fútbol americano devenido en magnate inmobiliario: Charlie Croker es uno de esos personajes tremebundos que, con sus grandezas y miserias, atrapa nuestra imaginación.


Por fortuna, el bueno de Charlie reapareció en la televisión. Netflix acaba de estrenar A Man in Full, una serie de seis capítulos de 45 minutos cada uno, basada en el libro de Wolfe. La adaptación, naturalmente, se toma sus licencias pero es casi tan buena como el original.


El primer agrado es que el personaje principal lo interpreta un peso pesado de Serieslandia (también músico): Jeff Daniels. Es un papel carismático, a su medida. Primero, por las similitudes físicas. Wolfe describía así a Croker : 

“¡...Por el amor de Dios, era un bestia, para tener sesenta años! Era un auténtico toro. Tenía el cuello más ancho que la cabeza y tan macizo como un roble… Croker era casi calvo, pero su calvicie es de las que proclaman virilidad, como si de su cuerpo brotara tanta testosterona que se le caía el pelo en la parte superior de su cabeza…”


Hace 69 años, Daniels nacía en Athens, estado de Georgia, por lo que no muestra dificultad alguna para encarnar a un auténtico rústico del Sur, con ese acento tan característico. La acción transcurre en Atlanta: los trapos sucios de la política y de los negocios, y la tensión racial de Dixieland son el telón de fondo de una historia atrapante.


CAIDO EN DESGRACIA


La analepsis comienza con la fiesta de cumpleaños número sesenta de Charlie, en su cuartel general, la torre faraónica Croker Concourse, el gran proyecto de su vida (le llevó quince años terminarlo), que lo obligó a endeudarse hasta las cejas. Todo el mundo va a besarle el anillo, pero es el canto del cine. ¡Pobre Charlie!, él cree que es uno de los promotores inmobiliarios más poderosos al sur de la línea Mason-Dixon, pero la Croker Global Corporation está al borde de la bancarrota y aún no lo sabe.


El segundo gran escenario es una tenebrosa sala de reuniones del PlannersBanc. Una mañana de cristal que se hace añicos es convocado Charlie al banco, sin tener la menor idea de la causa. El empresario les debe ochocientos millones de dólares (y cuatrocientos millones más a otros bancos y compañías de seguro) y se anoticia de que ha llegado el momento fatal de la restitución, se ha atrasado en los pagos. Van por la confiscación o la hipoteca de los bienes tan queridos del magnate: sus empresas, su Gulfstream Cinco, su plantación de doce hectáreas (la segunda más grande de Georgia) con bosques, marismas, caballos de raza y bandadas de codornices para solaz del patrón y sus invitados. Van por su cuello, en realidad. Hay revanchas personales de por medio: Raymond Peepgass (Tom Pelphrey), el neurótico oficial de préstamos, había sido menospreciado por Charlie en su momento.


De ahí hasta el final, vemos los esfuerzos titánicos del arrogante y ególatra shogun (pero también campechano, jovial y paternalista) para salvar su imperio y no perder en proceso la dignidad personal. Hay choques memorables con un tal Harry Zale (Bill Camp), un tiburón de PlannersBanc, ex marine, uno de esos metamorfos con brazos cortos y pecho imponente de luchador profesional. De esto se trata: de la lucha sin cuartel entre gladiadores.


El segundo hilo de la urdimbre narra el calvario de Conrad (Jon Michael Hill), aquí esposo de la secretaria privada de Charlie. El chico pierde los nervios en un incidente de tránsito y termina noqueando a un agente de la ley. La situación es terrible: un joven negro agredió a un policía blanco en la ciudad de Atlanta. El juez que se encarga del caso desea sentar un precedente y Conrad, el estoico, termina en la prisión del Fulton, una especie de infierno sobre la tierra. Se encarga personalmente de su defensa el letrado corporativo de Charlie, el doctor Roger White (Aml Ameen), también afroamericano.


El asesor legal, justamente, es antiguo hermano en la fraternidad Omega Zeta Zeta de Morehause del alcalde de Atlanta, Wesley Dobbs Jordan (William Jackson Harper), una joven estrella de la política. Dobbs le ofrece una tabla de salvación a Charlie a cambio de un truco sucio frente a las cámaras de televisión que aseguraría su reelección como jefe comunal. El señor Croker, el emprendedor que salió de la nada y construyó un imperio, descubre que también tiene escrúpulos, en especial respecto a la imagen que desea transmitir a su hijo Wally, un chico cansado de la vida a los dieciséis años.


SER UN HOMBRE

Hay un cuarto factor de tensión en la trama. Charly está casado en segunda nupcias con un bombón de 28 años llamada Serena (Sarah Jones). Usted sabe cómo es esto: puede que encuentre en su madurez una joven afectuosa pero es sólo para los buenos tiempos. Las dificultades económicas de Croker Corporation y las intrigas de Raymond, el del banco, desatan una guerra entre el empresario y su primera esposa Martha (Diane Lane), la despechada.


Digamos finalmente que la versión simplificada del libro tiene otra virtud: se las arregla para empotrar un juego de ideas que había planteado Mr. Wolfe mediante el estudio de un carácter. ¿Qué significa realmente ser un hombre? ¿Dejar un legado al precio de reventar cabezas ("Soy un mal perdedor y un ganador implacable, al rival hay que aplastarlo para que no vuelva a buscar revancha", se jacta Charlie)? Raymond, el resentido, añade que todos llevamos en nuestro interior "un perro rojo malo y sólo los grandes hombres se atreven a soltar la correa". ¿La vida es sólo una cuestión de virilidad y agallas?


Creemos que la respuesta correcta al dilema existencial la ofrece Conrad, el estoico.

Guillermo Belcore


Calificación: Muy buena


domingo, 29 de enero de 2023

Madoff, el monstruo de Wall Street

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Hay un hecho decisivo en la vida de cada uno de nosotros, explicaba Jean Paul Sartre. Es un acto trascendental que define nuestro ser; que nos salva o nos condena. El momento terrible en que el Sargento Cruz no consiente el delito de matar a un valiente, pega un grito y se pone a pelear al lado del gaucho Martín Fierro, por ejemplo.


El hecho decisivo de Bernie Madoff, un chico de Queens que soñaba con convertirse en estrella de Wall Street, ocurrió en 1962, quizás. Como administrador de dinero tenía un puñado de buenos clientes en el estudio contable de su suegro, cuando la Bolsa de Valores -esa dama cautivante pero tan voluble- se dio vuelta y sufrió duras pérdidas. Como todos los demás. Sin embargo, Bernie no quiso afrontar el revés y eligió convertirse en un farsante. Para siempre. Su suegro le prestó el dinero para cubrir la merma de capital y él fingió que había vendido las acciones justo a tiempo. Fue la piedra basal de una reputación de mago de las finanzas que le permitió, a lo largo de varias décadas, edificar el mayor fraude con esquema Ponzi de la historia de la humanidad. Unos 68.400 millones de dólares se evaporaron en el aire hace casi quince años. Madoff fue condenado a ciento cincuenta años de cárcel; murió amargado en la prisión federal en Butner, Carolina del Norte, a los 82 años. No sólo perdió su bendita libertad. Sufrió el peor de los castigos.


Aquellas fechorías de psicópata narcisista inspiraron una serie documental que Netflix acaba de subir: Madoff: el monstruo de Wall Street. La obra de cuatro capítulos de Joe Berlinger -un experto en estas lides- tiene la dosis sufici6nte de dramatización, análisis profundos, datos, testimonios y ritmo trepidante como para atrapar la atención del interesado en el tema. El mensaje, naturalmente, es el que cabe de esperar de una manufactura cultural como ésta: no se puede confiar en Wall Street.


A partir de los años setenta, Madoff construyó un imperio financiero, cuya sede operaba en el lujoso Lipstick Building. El negocio tenía dos caras; como Harvey Dent, una era espantosa. En el piso 19 del rascacielos de Manhattan, reinaba la luz. Funcionaba una correduría de acciones, en la que trabajan sus dos hijos y su hermano Peter. El vástago de inmigrantes de Europa oriental ganó una reputación de hombre serio, comprometido con la transparencia y el buen funcionamiento de los mercados desde el lunes negro de 1987. Madoff fue uno de los fundadores del Nasdaq (se había especializado en los papeles extrabursátiles) y asesoró al Tío Sam para que no vuelva a repetirse un crac. Unos metros más abajo, empero, se convertía en el doctor Hyde.


EL FRAUDE RECORD


Sin estar habilitado para ello, Madoff seguía ofreciendo sus servicios de asesoría financiera. Es decir, tomaba dinero de inversionistas y supuestamente lo destinaba a la compra y venta de acciones y bonos. Pagaba jugosos rendimientos, por encima del promedio del mercado. Y no perdía nunca. Demasiado bueno para ser cierto. En el piso 17, secuaces, que nunca debieron haber hecho otra cosa que vender autos usados, manejaban las cuentas con programas informáticos fraudulentos. ¿Cuál era el truco? Escuche bien: nunca, pero nunca, el fondo de inversión de Madoff realizó transacción alguna. Las ganancias puntuales que se pagaban a los clientes se cubrían con el aporte de capital de un inversor nuevo. De esto se trata un esquema Ponzi.


Se calcula que Madoff logró recaudar unos 19.000 millones de dólares de incautos de tres continentes, por lo menos. ``El enorme fraude de Madoff comenzó entre amigos, parientes y conocidos de clubes de campo en Manhattan y Long Island, una población que compartía su interés declarado en la filantropía judía, pero finalmente creció para abarcar importantes organizaciones benéficas como Hadassah, universidades como Tufts y Yeshiva, instituciones, inversores y familias adineradas de Europa, América Latina y Asia'', escribió The New York Times en el obituario del malhechor. No sólo se enriqueció en un nivel obsceno (tenía una mansión en el sur de Francia, otra en Long Island y un avión del mismo color que su oficina, por ejemplo) con el boca a boca. También se nutría de fondos alimentadores -como el Fairfield Greenwich y el Bank Medici-.  Grandes, medianas y pequeñas instituciones ofrecían a sus clientes los servicios del pillastre. Nadie se hizo cargo de nada.


Cuando la pirámide se derrumbó en 2008 -porque colapsó el mercado global, no porque lo descubrieran- quedaban sólo u$s 300 millones en la cuenta bancaria de Madoff. El financista debió confesarle a sus hijos la mentira más grande del mundo y fue arrestado por el FBI. Los daños fueron devastadores; hubo desesperación y dos suicidios; las ganancias espectrales habían inflado el fondo hasta los 68.400 millones de dólares. No sólo fue una molestia para ciertos ricos y famosos (como Steven Spielberg); cientos de familias vivían de sus retornos sorprendentes.


¿POR QUE PUDO?


La serie ofrece respuestas certeras a la pregunta más elemental del hombre de la calle: ¿Como fue posible el Madoff monstruoso? En el caldero de brujas del piso 17 se mezclaban la audacia del protagonista, la ayuda de cómplices poderosos, la codicia de los inversores, una suerte increíble y la incompetencia y venalidad de las autoridades de Estados Unidos.


¿Dijimos cómplices? Mencionemos al picapleitos Jeffrey Picower, quien cubría los retiros del fondo fantasma cuando estallaba una crisis circunstancial, a cambio de cuantiosos beneficios. Este abogado fue encontrado muerto en una piscina en 2009. Su viuda aceptó saldar con su patrimonio las demandas presentadas por el fideicomisario de Madoff, Irving Picard, por 7.200 millones de dólares, la mayor incautación individual en la historia judicial estadounidense, según la Wikipedia.


Debe usted saber que señales de alarma no faltaron, pero fueron ignoradas por la Securities and Exchanche Commision (SEC), el ineficaz vigilante de los mercados estadounidenses. Harry Markopolos, valeroso estratega de Rampart Investment, les entregó detallados informes que mostraban la imposibilidad matemática de las ganancias de Madoff. Enviaron novatos a investigarlo; y en 2005, ¡por fin!, ante la ausencia de contrapartes (las operaciones bursátiles deben quedar registradas en alguna parte) le exigieron al canalla que abriera sus archivos. Bernie fue sólo a la guarida del león estatal -una rareza en Wall Street- y les entregó el número de una cuenta donde supuestamente movía la plata. Volvió a su casa y pasó un fin de semana con el corazón en la boca, esperaba que lo detuvieran de un momento a otro. La cuenta estaba en blanco, ¡pero la SEC jamás lo verificó! El pillo ganó otros tres años de gracia. Así funciona el país más avanzado del planeta, nos enteramos gracias al thriller financiero de Netflix


La serie, de impecable factura técnica, nos advierte que los récords nacieron para ser quebrados. Es cuestión de tiempo la aparición de otro Madoff. El jueves pasado la SEC desveló que ha remunerado con 18 millones de dólares a tres buchones que con la información que aportaron facilitaron el  desmantelamiento de un fraude bursátil.


De hecho, en la Argentina hace poco tuvimos otro animalito de pelaje similar al de Madoff haciendo de las suyas con personas ingenuas. Y con personas codiciosas, porque si algo nos queda en claro después de los cuatro capítulos apasionantes es que la codicia es pésima consejera. Si es demasiado bueno para ser cierto, 99,9 % que se trata de un fraude. Sus ahorros -los de su familia- son tan valiosos como su trabajo, amigo lector. Y tenga en cuenta una constante histórica: todo el mundo suele negarse a ver que el emperador está desnudo.

Guillermo Belcore


Calificación: Muy buena

miércoles, 9 de febrero de 2022

Reacher

 



El mayor (RE) Jack Reacher mide 1,95 de altura y pesa 115 kilogramos. Es una masa de músculos, muy bien entrenada por el Ejército de Estados Unidos en el estilo de pelea más sucio del mundo. Le han enseñado, por ejemplo, a arrancar ojos con un pulgar. El ex comandante de una eficaz unidad de Inteligencia Militar recorre su país en ómnibus ligero de equipaje: un cepillo de dientes, algo de dinero, una tarjeta de débito. Usa ropa de segunda mano. "Sin ningún lugar particular al que ir y con todo el tiempo del mundo para llegar allí", advierte su demiurgo. No obstante, tiene la mala suerte de ser un gorila que atrae los problemas.


Hollywood le ha dado a Reacher el rostro improbable de Tom Cruise. Fueron dos películas; la segunda francamente muy mala. Amazone Prime, por fortuna, vuelve a las fuentes. Produjo una serie que respeta el espíritu y los rasgos físicos, mentales y emocionales de la creatura que protagoniza las novelas de Lee Child. La primera temporada ya está en el streaming; se basa en la primera novela del escritor inglés, Zona peligrosa. El showrunner Nick Santora (guionista de Prison Break) ha hecho un trabajo formidable.

Una mañana de cristal que se hace añicos, Reacher llega a Margrave, un pueblo de menos de 2.000 habitantes en Georgia en busca de historias sobre un as del blues. Ni siquiera puede terminar su café y su tarta de duraznos; la policía local lo arresta, pistola en mano, como sospechoso del asesinato de un John Doe en un descampado. El coloso errante (detesta que lo tachen de "vagabundo") pasa un día en la cárcel (sin decir palabra alguna) hasta que un banquero muerto de miedo confiesa el homicidio. Los dos son encerrados en una prisión estatal, donde intentan matarlos, pero claro, nuestro héroe es capaz de hacer trizas a cinco matones a la vez en los baños de la cárcel.

Ya en libertad, Reacher descubre horrorizado la identidad de John Doe. El asunto se vuelve personal. Se une entonces al envarado jefe de detectives de Margrave, un afroamericano educado en Harvard que se viste con chaleco y tweet en el verano sureño; y  a una agente de policía, rubia, bella y dura de pelar, como marca el canon. Son, acaso, los únicos agentes de la ley & el orden decentes en un estratégico cruce de caminos, dominado por un poderoso y enigmático grupo empresario.

La serie no da respiro. Hay una constante efusión de sangre. El veterano de guerra, fiel a su naturaleza de 'punisher' y azote de las mafias, se enfrenta a una vasta conspiración criminal que ha causado daños ambientales, asesinado a agentes federales e infiltrado a las fuerzas de seguridad; además de haber comprado, como dijimos, el alma y la conciencia del 99 por ciento de una población de Georgia. La mano ejecutora de los malos son comandos venezolanos.

El ex policía militar no es sólo fuerza bruta; es un investigador brillante con un cerebro sherlockiano que aplica a la perfección el método inductivo. Es también lo que los filósofos llaman "un hombre-isla", no quiere establecer lazos permanentes. El papel le calza como anillo al dedo al  musculoso actor y modelo Alan Ritchon. El suyo -de ahí su potencia- es un personaje literario. También cumplen con creces Malcon Goodwin como el atribulado y gruñón detective Oscar Finley; y Willa Fitzgerald, interpretando a la oficial Roscoe. Los secundarios no desentonan.

En conclusión, hemos encontrado un thriller trepidante, adictivo y sólido, con algunos baches sentimentaloides, muy recomendable para quien guste de esta clase de manufacturas. Resulta perfecto como entretenimiento. Naturalmente, puede servir como puerta de entrada a la vasta obra de Lee Child (seudónimo de Jim Dover Grant).  La saga Reacher abarca cuarenta y cuatro libros; casi tres décadas de trabajo concienzudo. Ojalá, Amazon Prime recoja el guante.

Guillermo Belcore

Calificación: Buena.


Ficha técnica de 'Reacher': Año: 2022. Duración: 8 capítulos de  50 minutos cada uno. País: Estados Unidos.  Dirección: Nick Santora (Creador), Lin Oeding, Norberto Barba, M.J. Bassett, Sam Hill, Omar Madha, Christine Moore, Stephen Surjik, Thomas Vincent. Guion: Aadrita Mukerji, Lee Child, Nick Santora, Cait Duffy, Scott Sullivan. Novela: Lee Child.  Música: Tony Morales. Fotografía: Ronald Plante, Michael McMurray. Reparto: Alan Ritchson, Malcolm Goodwin, Willa Fitzgerald, Kristin Kreuk, Bruce McGill, Chris Webster, Harvey Guillen, Max Jenkins, Currie Graham, Marc Bendavid, Willie Carpenter, Jonathan Koensgen, Leslie Fray. Productora: Amazon Studios, Paramount Television, Skydance Television. Distribuidora: Amazon Prime.