A esta altura del Mundial, un asunto quedó claro: Jorge Luis Borges sigue siendo el mejor. Su genialidad no tiene parangón. Es un creador absolutamente impredecible. Le ha cerrado el hocico a los tiquismiquis que ven en su elegancia demodé una falta de instinto asesino, como el que caracteriza a la estrella francesa Michel Houellebecq o al eficaz artillero inglés G.K. Chesterton.
La Biblioteca de Asterión
Este es un blog sobre libros para amantes de los libros y las series. Se rige sólo por el hedonismo de un tal Guillermo Belcore.
lunes, 6 de julio de 2026
Borges, el mejor del Mundial
A esta altura del Mundial, un asunto quedó claro: Jorge Luis Borges sigue siendo el mejor. Su genialidad no tiene parangón. Es un creador absolutamente impredecible. Le ha cerrado el hocico a los tiquismiquis que ven en su elegancia demodé una falta de instinto asesino, como el que caracteriza a la estrella francesa Michel Houellebecq o al eficaz artillero inglés G.K. Chesterton.
miércoles, 17 de junio de 2026
La nueva era del kitsch. Ensayo sobre la civilización del exceso
Estamos rodeados, es inútil resistirse. Seremos asimilados. Vamos al hipermercado y el kitsch funcional nos tienta. Prendemos la radio y nos asaltan las baladas y las cumbias pegajosas (el kitsch romántico) o las hécates del kitsch que se pretende emancipador, como Madonna o Lady Gaga. Viajamos y nos topamos a cada paso con el kitsch comercial o turístico en los shoppings (el reencantamiento del espacio de venta), los parques temáticos como Disney y los mil simulacros -en materiales espurios- de lugares o momentos célebres, o incluso de la naturaleza misma. En los templos del kitsch popular nos cruzaremos con la logomanía (el hombre-anuncio) y con el kitsch gastronómico: triple hamburguesa, triple panceta, triple queso cheddar y papas fritas extras. Si encendemos una pantalla, el kitsch en sus cien variantes posmodernas se adueña de nuestro tiempo con el metaverso, los videojuegos, los programas de entretenimiento, las telenovelas, las aventuras de superhéroes, las películas de Almodóvar, etc.. Podría decirse incluso que existe una filosofía kitsch, perceptible en la obra de Lacan o de Derrida, por citar dos casos de verba exaltada y fatua. Vivimos en la civilización del exceso y el kitsch es su forma estética predominante.
La aventura de la imitación y la exageración atraviesa un nuevo momento de gloria. Dos pensadores eminentes se han lanzado a desentrañar lo que denominan “la segunda revolución histórica del kitsch”, caracterizada por su ubicuidad global y por una espectacular inversión de valores.
El filósofo Gilles Lipovetsky y el experto en cine Jean Serroy advierten que asistimos a un vasto cambio simbólico: el kitsch, durante tanto tiempo vilipendiado de manera unánime por las élites y los intelectuales, ahora se busca, se admira y se consagra.
La nueva era del kitsch. Ensayo sobre la civilización del exceso (Anagrama, 476 páginas) es uno de esos libros imprescindibles para entender nuestro tiempo. Fue entregado por primera vez a la imprenta en Francia en 2023.
DOS REVOLUCIONES
Con profundidad y alguna redundancia, Lipovetsky y Serroy explican que hubo dos revoluciones kitsch en la Edad Contemporánea. La primera se inició hacia 1860 y dio lugar al “kitsch burgués del siglo largo”.
Es el kitsch de la casa de nuestros padres, el de los enanitos de jardín y el millón de baratijas inútiles. En la cultura burguesa, el amontonamiento y la sobrecarga ornamental eran señales de bienestar y éxito social, sostenidas en la copia industrial de modelos artesanales y obras de arte.
Los autores evitan caer en el vicio del olimpismo y no descartan nada de plano. Advierten que el kitsch burgués también estaba vinculado al goce visual y a la fe en el progreso, e incluso a cierto avance en el amor al arte entre la gente sencilla. Era, con todo, un esteticismo de ostentación.
La segunda revolución llega, triunfante, hasta nuestros días. El neokitsch o hiperkitsch conserva los mismos puntos de anclaje -falsedad, superficialidad, oropel, exceso, mal gusto, cursilería y sentimentalismo- pero ya es tendencia global y se expande más allá de sus territorios de origen, multiplicado e intensificado por las tecnologías digitales que "hacen vivir lo falso como verdadero y la ilusión como más verdadera que lo real".
Los pensadores franceses analizan en detalle esta amplia mutación histórica: la transformación del kitsch moderno en kitsch hipermoderno, que perfila una nueva forma de civilización: la civilización del demasiado.
El neokitsch es, en efecto, una espiral hipertrófica de lo llamativo, lo divertido y lo extravagante. Ya no designa apenas un estilo exuberante, una forma de arte o un tipo de ornamentación: nombra un modo de vida orientado hacia la adquisición continua de cosas, hacia el siempre más de todo. Cuanto más vistoso, más gusta. El lujo desmesurado y paroxístico -el de Dubai o incluso el de un Chiqui Tapia- caracteriza al fenómeno en toda su dimensión social.
La segunda parte del libro describe con precisión y abundancia de ejemplos las manifestaciones actuales del neokitsch. Serroy aporta un análisis minucioso del cine; el buen señor es un gran admirador de Fellini.
HAY SALIDA
Conviene subrayar que Lipovetsky y Serroy no consideran el “Imperio del neokitsch” como totalitario: si bien se extiende a todos los sectores de la vida en los cinco continentes siguiendo una lógica hiperbólica -arquitectura, urbanismo, espectáculo, filosofía, diseño, marcas e incluso la autoexpresión-, no abarca la totalidad de la experiencia contemporánea ni siquiera toda la oferta comercial.
Concluyen que el cosmos kitsch no merece las condenas de siempre. En primer lugar, porque la reprobación en bloque resulta incompatible con una sociedad liberal apegada a las libertades individuales. En segundo término, porque ninguna sociedad -ninguna persona, a fin de cuentas- resiste sin cierta dosis de ligereza. Lo que hay que juzgar -proponen- es "la obra individual, ya que es evidente que la estética kitsch genera creaciones cuyo valor es muy desigual".
Insisten, pues, en que el neokitsch no es totalitario sino populista e individualista, lo cual no lo vuelve inocuo: induce a colmar la vida de cosas inútiles, suele empobrecer la existencia y la espiral materialista amenaza tanto la salud como el medioambiente. Ya existen, no obstante, manifestaciones de un kitsch verde, con Greta Thunberg como ejemplo paradigmático.
Aunque no desarrollan el punto con la profundidad que merecería, Lipovetsky y Serroy postulan que la sobriedad es, más que nunca, una virtud que urge practicar en el siglo XXI.
Este libro es la cuarta colaboración entre ambos intelectuales. Llevan su firma La pantalla global (2009), La cultura-mundo (2010) y La estetización del mundo (2015).
Guillermo Belcore
Calificación: Muy bueno
lunes, 8 de junio de 2026
La llama inmortal de Stephen Crane
Hasta fines de la década pasada, la crítica rigurosa podría haber catalogado a Paul Auster (Newark, 1947 - Nueva York, 2024) como un escritor entretenido del pelotón del medio. Pero en 2017 entregó a la imprenta 4321, una novela sublime de casi mil páginas, compuesta en clave tolstoiana, aunque con una singular arquitectura narrativa que incluye cuatro universos paralelos. Cuatro años más tarde, Auster publicó otra producción oceánica que nos vuelve a dejar con la boca abierta de admiración. Aquí venimos a recomendar La llama inmortal de Stephen Crane (Seix Barral, 1.040 páginas).
Se trata de una minuciosa biografía de un meteoro literario que cruzó los cielos de Estados Unidos a fines del siglo XIX. El fenómeno se apagó muy pronto: Crane murió de tuberculosis y arruinado a los 28 años. El añoso escritor, maravillado por el genio de un autor joven, lo cubre de alabanzas. Lo llama “el primer modernista norteamericano”, creador del “estilo cinemático antes de la invención del cinematógrafo”, autor de “la primera novela posmoderna de la que se tenga registro”, precursor “del mismo efecto distanciador que encontramos en las obras primerizas de Joyce y Hemingway”, e incluso lo eleva al Olimpo: habría sido “la respuesta del Nuevo Continente a Shelley y Keats, a Schubert y Mozart”. A 120 años de su muerte, la llama de Stephen Crane sigue ardiendo, intenta persuadirnos Auster. ¿Exagera? Ya veremos.
Digamos que el libro es extraordinario y seductor no solo por la investigación académica y la crítica literaria, sino porque reconstruye el paisaje de la costa este de Estados Unidos tal como aparecía entre 1871 y 1900. Prácticamente, Auster no ha dejado nada afuera. Hizo un análisis meticuloso de las cartas y de cada uno de los escritos de Crane -hay que ser muy paciente para leerlos todos-, sean novelas, crónicas periodísticas, relatos y poemas, y de los testimonios de terceros. Nos lleva a los arduos escenarios que fatigó un escritor que se ganaba el mendrugo de pan como periodista (vivió endeudado hasta el cuello): los bajos fondos de Nueva York y la Ciudad de México, un naufragio en Florida, la guerra hispanoestadounidense por Cuba, la guerra por la independencia de Grecia, la cofradía de literatos americanos en el Reino Unido (Crane fue amigo de Conrad, Wells y James). Incluso se entromete con esa gran ausente en el fondo de casi toda biografía: la sexualidad.
Una de las conclusiones de Auster debería ser tomada en cuenta por todo aquel que se lanza a comentar un libro (o para hablar del Indio Solari, llegado el caso):
“El hombre y el artista no son la misma persona aun cuando habiten el mismo cuerpo”.
Así pues, estamos aquí ante una experiencia híbrida (mitad ensayo, mitad literatura) de tono torrencial, aunque precisa en los datos. “Solo lo exhaustivo es interesante”, estableció Thomas Mann.
Ahora bien, la pregunta ineludible es: ¿Fue realmente Crane alguien tan importante en términos artísticos como para merecer semejante acto de amor?
Responde, de manera indirecta, el propio Paul Auster:
“...una historia sobre algo insignificante puede estar impulsada por una oleada de frases tan maravillosamente construidas que al leerlas uno se queda estupefacto de placer, lo mismo que al oír a un cantante que a pleno pulmón ejecuta de forma impecable un aria por demás ramplona”.
Es decir, en el universo de la Alta Literatura el factor decisivo no es el qué (el tema), sino el cómo (la manera de escribirlo). Es un ejercicio de estilo más que de sustancia, dicho de otro modo. Concordamos con el dictum.
¿Y qué decir de este otro párrafo indiscutible de Auster?:
“Escribir bien es ser inconfundible. Todo lo relacionado con la literatura representa un gran esfuerzo. En el arte no hay nada que respetar salvo la propia opinión”.
El mensaje de este artículo es que Auster ha dejado a la posteridad, al menos, dos obras imprescindibles para el lector exigente. La llama inmortal de Stephen Crane es una de ellas. Podríamos ubicarla en un estante con muchos lugares vacíos: Mitologías Literarias.
“La biografía se lee, por momentos, como si Crane fuera un personaje nacido de la propia imaginación de Auster”, ha sentenciado con absoluta precisión el avispado autor de la reseña de la contratapa.
Calificación: Excelente
martes, 19 de mayo de 2026
Mr. Paradise
Al norte del Río Bravo, la ciudad más tercermundista es Detroit, estado de Michigan, 650 mil habitantes, un tercio de los que tenía hace medio siglo. Un estudio de WalletHub, sitio especializado en finanzas personales, concluyó que la otrora orgullosa capital de la industria automotriz es hoy la urbe más infeliz de Estados Unidos, entre 182 relevadas. Su tasa de homicidios por habitante es diez veces más alta que la de Argentina; supera incluso el promedio nacional de México. El patriciado WASP ha huido de ese enclave de decadencia y frustración.
Fíjese usted, el arte es un fenómeno tan maravilloso que incluso las sociedades más exasperadas tienen su poeta. Elmore Leonard (nacido el 11 de octubre de 1925 en Nueva Orleans, Luisiana, y fallecido el 20 de agosto de 2013 en el municipio de Bloomfield, Michigan) ambientó allí una decena de sus novelas policiales. Se lo llamó el Dickens de Detroit. Así lo describe la Enciclopedia Británica:
"[...] es conocido por su prosa limpia, su oído privilegiado para los diálogos realistas, el uso efectivo de la violencia, su ingenio satírico natural y sus personajes pintorescos".
Un rasgo primordial que caracteriza la obra de Leonard es haber despojado a los villanos de cualquier encanto. Los malos son torpes, vagos, brutos, descontrolados, invariablemente terminan metiendo la pata. Hasta donde uno sabe, nadie ha tallado una galería de perdedores tan extensa y rotunda, especialmente entre la llamada basura blanca.
Como los sicarios Carl Fontana y Art Kruppa de Mr. Paradise (Alianza Editorial, 352 páginas), novela que aquí venimos a recomendar. Los contrató un tal Montez Taylor para asesinar a su patrón, un anciano rico y depravado que, al parecer, no cumplirá la promesa de incluirlo a su asistente personal en el testamento. Taylor deberá pagar 50 mil dólares -que aún no tiene- a los asesinos. El abogado corrupto que les consigue los encargos a los Mutt & Jeff del crimen se queda con el 20% de comisión. Es el mundo real, amigo lector.
La novela está dedicada al Departamento de Homicidios de Detroit. Justamente, los héroes -en un sentido muy prosaico- de la historia son los agentes de la ley. No se andan con tonterías en el universo leonardiano; si tienen que apretar el gatillo, así es la vida. Al fin y al cabo, el mundo es un gramo mejor sin la presencia entre nosotros de ciertas bestias codiciosas y sádicas. Los detectives muestran todas las flaquezas de cualquier mortal, excepto la corrupción.
MAQUINA DE NARRAR
En cuanto a la prosa -siempre hay algo que decir del estilo-, Leonard es una de las más eficaces máquinas de narrar. No se detiene en densidades estilísticas. Hace un cuarto de siglo escribió un artículo muy celebrado en The New York Times con diez sugerencias para escritores de novelas policiales.
Una de ellas es usar un signo de admiración cada diez mil palabras; otra: no uses un verbo distinto a "dijo" para los diálogos. "La línea de diálogo pertenece al personaje; el verbo es el escritor metiendo las narices donde no debe", estableció este maestro de la claridad y el ritmo.
El señor Leonard no solo nos ha dejado hermosas novelas (escribió 45). También ha inspirado una de las mejores series de televisión de nuestro siglo. En efecto, el cuento Fire in the Hole sirvió de inspiración para Justified (2010-2015), que se centra en un lacónico alguacil estadounidense llamado Raylan Givens (interpretado por Timothy Olyphant), de gatillo rápido y métodos del Viejo Oeste.
Las seis temporadas se ambientaron en el condado rural de Harlan, Kentucky. En 2023 se emitió la secuela Justified: Ciudad salvaje. En busca de un asesino en serie, el marshal debe llevar sus pistolas a… Detroit.
Guillermo Belcore
Calificación: Buena
sábado, 16 de mayo de 2026
Sin decir adiós
La literatura escrita a cuatro manos -hasta donde uno sabe- no ha generado obras maestras, con la posible excepción de las Baladas líricas, de William Wordsworth y Samuel Taylor Coleridge, considerada el puntapié inicial del movimiento romántico en el Reino Unido. El dueto produjo sí, algunos productos notables como Seis problemas para don Isidro Parodi, incursión en el genero policial de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares (nada menos); y la estupenda saga de ficción espacial The Expanse de Daniel Abraham y Ty Franck, compuesta bajo el seudónimo de James S.A. Corey. También engendró novelas decepcionantes como las que acaban de presentar la actriz, empresaria y militante feminista Reese Witherspoon (Nueva Orleans, 1976) y el as del thriller de suspenso Harlan Coben (Newark, 1962).
La versión oficial consigna que Witherspoon (ganadora del Oscar en 2005 por su papel en Walk the Line) le acercó al afamado escritor una propuesta:
“Dar forma a una novela llena de intrigas médicas y corrupción a gran escala, todo ello centrado en una cirujana cuyo superpoder es su gran habilidad quirúrgica”.
El resultado de la combinación de fuerzas es Sin decir adios (410 páginas), que el sello RBA acaba de lanzar en la hispanosfera. El escritor neoyerseíno aportó su maestría para los giros imprevistos en la trama, que permiten al lector engancharse hasta el final sin dificultades, pero la historia es tan inverosímil, los personajes tan planos y los diálogos tan insustanciales que difícilmente alguien pueda calificarla por encima de los cinco puntos. Podría decirse que Coben ha bajado un escalón en la calidad de sus manufacturas, dos de las cuales habíamos elogiado en este diario.
La protagonista es Maggie McCabe, brillante cirujana caída en desgracia desde la muerte de su marido, también doctor. Al bueno de Marc lo cortó en pedacitos un comando insurgente en algún lugar del norte de Africa mientras trataba de salvar vidas en un hospital de campaña. Era un buen samaritano; un “médico sin fronteras”.
Maggie se derrumba, consume drogas, es acusada de mala praxis, pierde su licencia médica. Hasta que un día recibe una propuesta increíble de un oligarca ruso que le permitirá resolver sus problemas económicos y legales. Tiene que hacer a cambio dos cirugías cerca de Moscú, pero, obviamente, nada es lo que parece y desde su llegada a la mansión despampanante de Oleg Ragoravich se desata una sucesión desenfrenada de acontecimientos por tres continentes que involucra a espías, sicarios, multimillonarios, moteros, guardaespaldas goriloides, médicos venales, una chica fatal, tráfico de órganos. Es decir, la obra degenera en novela de acción, aunque hay material serio debajo del entretenimiento fácil.
Como usted sabe, pocas cosas le resultan más encantadoras a la cultura estadounidenses que endiosar a los ciudadanos comunes; es decir, dentro de cada hijo o hija del vecino puede existir un superhéroe. Sin decir adiós, cae en la tentación del “democratismo americano”. Maggie, la cirujana, es invulnerable y muestra la fuerza y la agilidad de la princesa Diana de Temyscira.
Cabe suponer que Witherspoon ha aportado al libro una acendrada “perspectiva de género”. La actriz creó un exitoso club de lectura (Reese's Book Club) que se ha destacado por promocionar novelas escritas por y sobre mujeres. Por ello, en Sin decir adiós hay un solo personaje masculino más o menos positivo (entre los vivos) y el lector debe soportar píldoras militantes como la denuncia sesgada de la apropiación cultural o la reivindicación de la sororidad. ¡Oh, corrección política, cuántas tonterías se cometen en tu nombre!
Por otra lado, el dúo sigue a pie juntillas ese mandato editorial que sostiene que el bestseller contemporáneo siempre tiene que enseñarle algo al vulgo. Aquí nos ilustran sobre los caprichos de la oligarquía rusa, los detalles de una cirugía estética de senos, las posibilidades de los bots de duelos, el esplendor hueco de Dubai. Witherspoon y Coben pretenden, incluso, enseñarnos a leer una novela: “...se lee despacio, disfrutando de ellas, asegurándose de que cada escena cobra vida a todo color en el pensamiento…”
Netflix, que mantiene una pingüe asociación comercial con Harlan Coben, ya ha comprado los derechos del texto. Veremos que sale. Es lógico suponer que la sociedad Witherspoon-Coben nació pensando en la pantalla, no en el papel
Guillermo Belcore
Calificación: Regular
miércoles, 29 de abril de 2026
La reina de la montaña
Por Víctor Pavic Lundberg
Novela policial
Motus. 516 páginas
El policial nórdico es, posiblemente, la subespecie literaria que más se ha adocenado en el siglo XXI. Abundan los periodistas que buscan fortuna y dejar huella con una novela. Así, proliferan en Escandinavia productos que, al resignar originalidad, discernimiento, intensidad expresiva y profundidad psicológica -cuatro elementos que conforman la potencia estética de una obra-, se degradan hasta la categoría de literatura de supermercado. La industria editorial inflige este deterioro al resto del mundo.
Un caso paradigmático de esta suerte de entropía es La reina de la montaña, de Victor Pavic Lundberg (1987), editor del diario Aftonbladet y productor televisivo. La tapa nos informa que el autor ganó en Suecia el Premio Crime Time a la mejor ópera prima en 2022.
Ha escrito Lundberg una trilogía con los periodistas Loa Bergman y Danijela Mirkovic como protagonistas. El último tomo ostenta algunas virtudes. La prosa es altamente legible, lleva al lector a variados escenarios, plantea tres misterios y una reflexión sobre la degradación del periodismo tradicional. Ya no se trata de mejorar al mundo o transmitir cultura; el éxito se mide ahora en cantidad de clics.
El núcleo incandescente es un secreto de los años ochenta que involucra a la popular ministra de Relaciones Exteriores de Suecia. Si sale a la luz, frustrará su ascenso al timón del Estado; todo indica que será la próxima primera ministra.
Loa Bergman viaja a Chicago para seguir los pasos de la funcionaria cuando era una adolescente. Danijela Mirkovic es víctima de una extorsión y debe volver a su Bosnia natal, pero -¡oh casualidad- frente a la costa de Istria vuelan en pedazos a la hermana de la ministra y su jefe en el diario le encarga investigar en Croacia. Una tercera línea narrativa explora una supuesta injusticia que se cometió contra un diplomático sueco, acusado de venderse al espionaje ruso en los noventa. Naturalmente, todo está relacionado con todo.
De esta manera, la investigación y el paciente método deductivo corren por cuenta de periodistas vulgares y corrientes. Aquí, no hay un cínico detective, con réplicas verbales como aguijones, aficionado a la ironía, el alcohol y las mujeres fatales, buscando pistas en antros que llamaríamos de perdición si los parroquianos no estuvieran ya completamente perdidos.
Hay en el Nordic Noir descafeinado, en cambio, gente normal, políticamente correcta, indagando en Internet y en una red social llamada Flashback, tratando de desenterrar el pasado en colecciones de diarios; y practicando el insustituible y agresivo trabajo callejero. Más bien, Lundberg retrata a los policías como torpes o corrompidos, en general.
En conclusión, esta obra podría recomendarse a ese tipo de lector que gusta del armado de rompecabezas y no desea que lo pongan a prueba con densidades temáticas y estilísticas.
Guillermo Belcore
Calificación: Regular
lunes, 27 de abril de 2026
Hipervínculos
Nacimos en un andurrial del mundo: el Extremo Occidente, según la visión del profesor Samuel Huntington. La Provindencia nos condenó a la frustración económica y la bobería política, estamos tentados de pensar. Pero algunas almas sensibles se han revelado contra la mediocridad provinciana que inevitablemente causa el aislamiento y el subdesarrollo. Su Acto como Proyecto -en el sentido sartreano- es el del titán Atlas: cargar el mundo sobre sus espaldas. Como alguna vez conjeturó Borges, el derecho del intelectual argentino es asimilar y procesar un aluvión de culturas foráneas para crear arte y comentario desde nuestra peculiar cosmovisión, sin la fastidiosa carga del color local. A la estirpe dorada de los universalistas, pertenece el librero y escritor Danilo Albero.
EL HILO DORADO
”...clásico es el libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir”.
Calificación: Muy bueno
viernes, 3 de abril de 2026
El erizo y el zorro
Básicamente, hay dos clases de intelectuales: los erizos y los zorros. Los primeros son monistas; explican toda la realidad con un único sistema. Los segundos son pluralistas, escépticos, admiten los límites de la comprensión humana. El campeón de los erizos es Karl Marx, pero también Dante, Platón, Lucrecio, Pascal, Hegel, Dostoievski, Nietzsche y Proust pertenecen a esa categoría. Por el contrario, Heródoto, Montaigne, Erasmo, Moliere, Goethe, Balzac son zorros.
El autor de tan elegante y precisa clasificación es un zorro de 50 kilates. Su nombre, Isaiah Berlin (1909–1997), “influyente filósofo británico e historiador de las ideas, reconocido como fundador de la historia intelectual moderna y defensor del liberalismo”, según describe la Enciclopedia Británica.
Berlin incluyó la antinomia en un genial estudio sobre la concepción de la historia de Lev Nikoláievich Tolstoi, publicado por primera vez en 1951 en una oscura revista de estudios eslavos y desde entonces reimpreso como ensayo, admirado por erúditos y público en general, y debatido hasta el tuétano en todos los centros de cultura occidentales. Es el libro que aquí venimos a recomendar.
Hemos tenido la fortuna de leerlo en portugués (O ouriço e a raposa, Editorial Civilización Brasileira, 188 páginas). La cuidada edición brasileña incluye, entre otras gemas, un prólogo de Michael Ignatieff, destacado historiador y expolítico canadiense, reconocido sobre todo por ser el biógrafo autorizado de Berlin. Las versiones en español del encantador ensayo se consiguen fácilmente.
Usted se preguntará de dónde ha sacado Berlín la idea de esos dos animalitos. De un fragmento de un poema del griego Arquíloco (680 aC-645 aC) que dice así:
“Un zorro sabe muchas cosas, pero el erizo sabe sólo una gran cosa”.
El verdadero significado del verso ha sido también motivo de intenso debate, incluso -se explica en la edición brasileña- podría tener un matiz sexual (sería la respuesta de una dama que intentaba ser seducida hace unos 2.600 años).
Volviendo al libro, la tesis de Berlin es que el gran Tolstoi fue por temperamento un erizo, pero su razón lo empujaba a escribir y actuar como un zorro. Es decir, tuvo un ardoroso deseo de una visión monista, pero siempre se detuvo, con prudencia, en los lindes de la Tierra Prometida. Como tantos de sus semejantes infelices lo desgarraba un conflicto irreconciliable entre instintos y aspiraciones intelectuales. Su drama, además, fue carecer de una perspectiva positiva.
Esa tempestad interior es la materia prima con que el ilustre pensador británico escribió una de las mejores críticas literarias de todos los tiempos, según han descatado un par de encuestas en la anglósfera. El análisis que hizo de las influencias que modelaron el pensamiento del novelista rusa es sublime. Desmenuzó, además, pasajes y personajes de Guerra y paz y examinó la correspondencia del literato. El estilo de Berlin refulge por su claridad, luminosa como una mañana soleada en Buenos Aires.
Si bien la obra de Berlin es esencialmente literaria, el lector inteligente sacará conclusiones que pueden ser aplicadas a la arena ciudadana de nuestros días. Es otro valor del texto. Concluirá ese lector que, en términos políticos, los erizos son fanáticos cuyas ideas conducen al desastre económico y social. Los zorros son tolerantes, esclarecidos y humanistas en el sentido real del vocablo.
A pesar de la veneración que suscita una mente como la de Isaiah Berlin hay que decir que no inventó nada. Incluso, el mejor de nuestros zorros ya había planteado la disyunción intelectual que describió el inglés.
Jorge Luis Borges, quién si no, rescató la frase "todos los hombres nacen aristotélicos o platónicos" del poeta Samuel Coleridge en varias ocasiones.
“Los últimos intuyen que las ideas son realidades; los primeros, que son generalizaciones; para éstos, el lenguaje no es otra cosa que un sistema de símbolos arbitrarios; para aquéllos, es el mapa del universo. El platónico sabe que el universo es de algún modo un cosmos, un orden; ese orden, para el aristotélico, puede ser un error o una ficción de nuestro conocimiento parcial. A través de las latitudes y de las épocas, los dos antagonistas inmortales cambian de dialecto y de nombre”, escribió el maestro en Otras Inquisiciones.
¡Dios nos libre de los erizos de la política que ven las ideas como realidades!
Guillermo Belcore
Calificación: Excelente
sábado, 21 de marzo de 2026
Suite inolvidable
Por Akira Mizubayashi
Edhasa. Novela de 239 páginas
En su novela más reciente, Akira Mizubayashi, literato japonés que escribe en francés, postula que el culmen de la civilización es la música clásica del Siglo de las Luces. Una hipótesis interesante. Culturas hay muchas; humanidad una sola. En su cima, relumbra Johann Sebastian Bach. Un refugio para los espíritus sensibles contra la barbarie, pero un refugio precario, ilusorio. Desde el 4 de septiembre del año 476 después de Cristo, sabemos que la civilización necesita un ejército poderoso para subsistir.
Suite inolvidable fue entregada a la imprenta en 2023. Llegó ahora a la Argentina. El núcleo incandescente es la desaparición prematura de un músico genial en el Japón de 1945. Otro alma que dejó este mundo antes de tiempo, entre las veinte millones de vidas destrozadas por la maquinaria bélica del fascismo oriental. Otra víctima de la Guerra de los Quince Años (así llaman en Japón al período diabólico que va desde la invasión en Manchuria hasta la rendición en la bahía de Tokyo).
La trama, trozada en capitulitos, se despliega en dos tiempos. En 1945, conocemos a Ken Mizutani (25 años), maestro del violonchelo. Recibe un día la temible papeleta roja. El Cuartel General Imperial lo convoca para las fauces de la guerra; ha llegado a su fin la dispensa para universitarios, intelectuales, artistas. Faltan hombres para la inútil y desesperada resistencia nipona.
Ken visita a su amante para despedirse. Hortense Schmidt (36), nacida en Francia, tiene un modesto taller de luthería perdido en el macizo del monte Asama. Después de una noche de pasión que traerá consecuencias, se dejan mensajes para la posteridad.
Páginas más adelante, se narra otra tragedia familiar: el dolor que provoca la muerte en batalla del hijo de Ryo Kanda, médico rural que se rebeló contra el culto fanático del emperador y así le fue. Aquí también, se talla un mensaje para los que vendrán: In terra pax hominus bonae voluntatis.
La historia salta a nuestro tiempo. Descendientes de aquellos personajes reconstruyen lo ocurrido, rinden homenajes a los muertos. Mizubayashi nos ubica en el mundo de la luthería y la interpretación musical, con una vibrante denuncia de la locura asesina de su Patria extraviada en los años cuarenta. Es una novela de nobles intenciones, que plantea la antinomia nacionalismo estrecho vs. pacifismo cosmopolita, pero la ejecución es defectuosa.
ECFRASIS MUSICAL
¿Defectuosa, dijimos? Sí. En primer lugar, por el tallado de los personajes. Son planos. Y los diálogos, ñoños. No es que todos los escritores tengan la obligación de asombrarnos con la adjetivación como lo hacían un Borges o un Onetti, pero las combinaciones del señor Mizubayashi (Sakata, 1951) son propias de un novato: "sonrisa cómplice", "tono travieso", "mirada pícara", "alegría inefable"... Una y otra vez sucumbe el autor a ese sentimentalismo que creíamos superado a fines del siglo XIX. Es una prosa romántica para aquellas personas a las que las densidades estilísticas fastidian. Y hay párrafos que parecen extraídos de la Wikipedia. ¡Oh, ese vicio de querer explicarlo todo!
Por otra parte, el libro apuesta buena parte de su éxito estético a un procedimiento que ni siquiera Proust pudo consagrar: el écfrasis musical. El diccionario lo define así: "Capturar lo intangible de la música y convertirlo en algo concreto a través de las palabras".
¿Consigue Mizubayashi conmovernos con la belleza del Preludio de la primera suite para violonchelo solo de Johann Sebastian Bach? La prensa francesa, que cubrió esta novela de elogios, cree que sí. El crítico de Le Monde afirma que "la escritura de A.M. logra que el lector sienta físicamente la música". Otros comentaristas aseguran que la forma de composición del libro se asemeja a una partitura. Preferimos dejar la cuestión abierta. Quizás, se nos escapa algo trascendente a los que no estamos entrenados en la música clásica.
Volvemos al principio. Puede que lo mejor de la obra sea el mensaje contra la guerra de conquista y el despotismo. Hay un mundo superior frente a esos demonios. La música de Bach es "como un hombre solitario que camina en la penumbra con una antorcha en la mano iluminando el camino".
Guillermo Belcore
Calificación: Regular
miércoles, 18 de marzo de 2026
El fin de las embajadas
Entre todas las elites que ha engendrado la Ilustración una de las más interesantes es la aristocracia diplomática. Una especie de sacerdocio; una casta cosmopolita que fue devorada por aquel furor ideológico y chauvinista que provocó dos guerra mundiales en la primera mitad del siglo XX. “La finalidad de nuestra carrera es conciliar los patriotismos, no exacerbarlos”, era su premisa.
“Los que no están seguros de su talento ponen mucho empeño en llamar la atención”.
Calificación: Muy bueno
jueves, 26 de febrero de 2026
En tierra de santos y pecadores
Dirección: Roberto Lorenz. Guion: Mark Michael McNally y Terry Loane. Reparto: Liam Neeson, Kerry Condon, Jack Gleeson, Colm Meaney, Ciarán Hinds, Michelle Gleeson, Niamh Cusack. Duración: 106 minutos. País: Irlanda. Plataforma: Netflix.
El terrorismo de los años setenta alimentado por la Unión Soviética y sus vasallos, que sumió a Occidente en una suerte de miniguerra civil, es tanto un fenómeno político (no social) como psicológico. En efecto, debajo de esa máscara aberrante conocida como el revolucionario se encuentran el resentimiento, el cinismo y psicopatías varias, como el fanatismo y la obsesión compulsiva. Un thriller filmado en 2023 delata sin ambages aquella realidad.
En la Tierra de los Santos y los Pecadores ya está disponible en Netflix. Es una película con un drama atractivo y buenos intérpretes. En primer lugar, Liam Neeson (1952), con su papel protagónico de un asesino a sueldo que trabaja con una especie de código moral pero que se ha hastiado de todo. Demuestra la profundidad del personaje que el veterano actor está para mucho más que vengador de películas pochocleras.
La trama nos lleva al condado más septeptrional de Irlanda. Donegal limita por tierra con el Ulster y su austera belleza de montañas bajas y costa dentada ha sido muy bien retratada por el director Robert Lorenz, conocido por sus años de colaboraciones con Clint Eastwood.
Neeson es Finbar Murphy. Trabaja para un jefe del crimen local (Colm Meaney), pero siente que ha llegado el momento de retirarse. Se hace pasar por vendedor de libros y uno de sus amigos es el polícía del pueblo (Ciarán Hinds) con quien conversa sobre Dostoieski. Ha perdido la cuenta de cuantos hombres liquidó por encargo desde que volvió de la Segunda Guerra Mundial y murió su mujer. Ya sabe usted como es la vida. El humano propone pero el diablo suele meter la cola. El anciano solitario no podrá dejar las armas y construir un jardín.
Al tranquilo poblado de Gleann Colm Cille, ha llegado una célula del Ejército Republicano Irlandés (IRA). Se oculta en una cabaña tras haber perpetrado un atentado con explosivos en Belfast que mató a seis personas, entre ellos tres niños. Uno de esos extremistas es un abusador de menores, Finbar lo mata tras el ultraje a la pequeña Moya (Michelle Gleeson), hija de su amiga, y así llegamos al núcleo incandescente del film: el intento de venganza del resto de la pandilla terrorista. A su frente esta la hermana del pervertido, Doireann, espléndidamente interpretada por Kerry Condon (1983). Su personalidad de bruja espantosa refiere a quienes eran en verdad aquellos “jóvenes idealistas” de los setenta.
También resulta interesante el cáracter de Kevin (Jack Gleeson), el sicario joven que exaspera a Finbar porque mata con una frivolidad intolerable.
EL SICARIO ARREPENTIDO
Es posible que el sicario arrepentido se haya convertido en un lugar común de las películas de acción, pero En la tierra de santos y pecadores nos advierte que aún se puede encontrar un giro interesante al papel.
Otro valor agregado es la llamada irlandidad, esa singular visión cultural y espiritual que disfrutamos en escritores como John Banville o John McGahern. Implica, como escribimos alguna vez en este diario, cierta dosis de angustia y culpa; la fe que flaquea; la importancia decisiva de la familia, el clan y la patria; la búsqueda de pureza; la presencia de Dios, en fin.
Fue un gran acierto de Lorenz haber elegido buenos actores nacidos en la isla verde esmeralda para este film, escrito por Mark Michael McNally y Terry Loane. Es decir, los acentos son auténticos.
La crítica anglosajona lo ha catalogado como un "western irlandés" por su estructura clásica (¡oh, el cliché del tiroteo en la cantina!) y por las influencias de Clint Eastwood. No es una mala definición.
Guillermo Belcore
Calificación: Bueno
martes, 10 de febrero de 2026
Contrafactuales ¿Y si todo hubiera sido diferente?
El escepticismo posmoderno abrió las compuertas. Las viejas certezas ideológicas se hundieron y la imaginación del estudioso y del literato produjo un torrente de ensayos y ficciones sobre lo que pudo haber pasado. La historia alternativa se puso de moda, llamando la atención de los investigadores más serios, como Rosendo Fraga (1 y 2), autor de los dos mejores libros argentinos de un subgénero que se ha convertido en una industria editorial por mérito propio.
Ahora bien, ¿se trata de -como sostenía E. H. Carr- de “un entretenido juego de salón” o bien es otra herramienta solvente para investigar el pasado? Dicho de otra forma, ¿es útil especular sobre los distintos caminos que habría podido tomar la historia?
Un apretado ensayo que hoy se consigue en las mesas de saldo de la Argentina ofrece respuestas a esos dos interrogantes con erudición, elegancia y escépticismo. Contrafactuales ¿Y si todo hubiera sido diferente? (Turner Noema, 192 páginas) fue entregado a la imprenta en 2014, pero no ha perdido una gramo de frescura e interés. El tema aún está abierto.
El autor es un prestigioso historiador inglés que se especializó en la historia política del siglo XIX y XX, con especial foco en la Alemania moderna. Básicamente, sir Richard J. Evans sostiene que las especulaciones contrafactuales solo tienen valor académico cuando se concentran en el corto plazo. Es decir, privados de verdaderos materiales empíricos, su contribución a las ciencias sociales sería marginal y siempre limitada a objetivos puntuales.
La reescritura mínima de la historia, afirma Evans, puede ser necesaria para iluminar "las decisiones a los que se enfrentaron determinados políticos y estadistas y las limitaciones que el contexto histórico impuso sobre esa decisión... pero cuando más se aleja del punto de partida más utilidad pierde"... Sería más literatura que conocimiento, es su tesis.
La bestia negra de Evans es nada menos que un pionero en este campo, Niall Ferguson, el autor y compilador del ensayo coral Historia virtual, uno de los grandes libros del fines del.siglo XX (Ferguson, dicho sea de paso, es un gran admirador de Javier Milei, al punto que visitó Buenos Aires el año pasado).
Evans no sólo se dedica a demoler las premisas de Ferguson en favor de la indagación contrafactual sino que refuta sus conjeturas sobre lo que hubiera pasado en Europa si Gran Bretaña se mantenía neutral en 1914. Lo acusa, aunque veladamente, del peor defecto entre los que se dedican a reflexionar sobre lo que pudo haber pasado: proyectar sus deseos.
MAESTRO DE LECTURAS
Polémicas al margen, el libro tiene otro valor añadido: señala lecturas interesantes. Quien esto escribe, por ejemplo, anotó en su cuaderno de notas: Conseguir libros y artículos de Peter Tsouras, un teniente coronel retirado de Estados Unidos que exploró un desastre aliado en Normandía, una Tercera Guerra Mundial, un intervención británica a favor de los Confederados, entre otros supuestos. Y La algarabía de Jorge Semprum, ucronía publicada en 1981, que sitúa la acción en una Francia en la que el presidente Charles de Gaulle ha muerto prematuramente en un accidente de helicóptero. Y el cuento de Saki Cuando llegó Guillermo que describe una Gran Bretaña que gime bajo la bota de hierro del Kaiser.
Por fortuna, Evans es uno de esos catedráticos que también disfrutan de esas obras que provienen del "trance embriagador de la imaginación especulativa". Por eso, cubre de elogios, entre otras, la popular Fatherland de Robert Harris, una distopía ambientada en Alemania en 1964, bajo el supuesto de que Hitler ganó la Segunda Guerra Mundial.
Y rescata Evans la primera historia alternativa "extensa y reconocible". Un panfleto escrito en 1836 por un tal Louis Geoffroy con el título Napoleón y la conquista del mundo. Aquel afiebrado bonapartista concibe que el emperador en lugar de tratar de conquistar Moscú marcha hacia el norte rumbo a San Petersburgo, inflige una severa derrota al ejército ruso, captura al zar Alejandro y ocupa Suecia. Después, completa la conquista de España, invade Inglaterra y la destroza. En 1817 borra a Prusia del mapa; cuatro años más tarde arrasa un ejército islámico cerca de Jerusalén y se lleva la Piedra Negra a París. En 1827, todos los presidentes de América pidieron su incorporación a Francia después de que Napoleón conquistara China y Japón...
Hay que destacar, por último, que Evans reconoce a la historia alternativa una enorme contribución filosófica:
”...su intención explícita es recuperar el libre albedrío y la contingencia de la historia y restablecer el actor individual en una historia estudiada demasiado a menudo en términos de fuerzas impersonales".
La libertad, por encima de todo.
Ninguna persona razonable puede hoy en día ser un determinista, sostenemos desde esta trinchera. Sólo los encadenados a los dogmas del estalinismo, coincide Evans.
Guillermo Belcore
Calificación: Muy bueno
jueves, 22 de enero de 2026
Lo bueno, lo malo y lo feo
Marcos Novaro
Edhasa
Ensayo de política. 159 páginas.
Este libro fue sacado antes del horno. Dos o tres meses antes. Un análisis serio de los dos primeros años de la presidencia Javier Milei no debería omitir el hecho político más importante de su mandato: la rotunda victoria en las elecciones legislativas de medio término. Es una pena. Nos hubiera gustado conocer la interpretación de Marcos Novaro, un sociólogo de probada inteligencia, del 26-O.
Dos años de discusiones y lecturas compartidas con colegas y amigos es el metal noble con que se forjó este breve pero nutritivo ensayo, explica su autor al final. Siempre es loable el uso de esa herramienta que Borges llamaba "la inteligencia de comprender". Pero como cualquier ensayo de este tipo escrito por una persona intensamente argentina tiene un sesgo muy marcado. Al Sr Novaro no le gusta el Presidente de la Nación. Lo rebaja a la categoría de "populismo de derecha". Postula en la página 55:
"Javier Milei y Cristina Kirchner bien pueden verse como cara y contracara local de un mismo fenómeno mundial: la radicalización ideológica de la competencia en los sistemas democráticos".
Sostiene el ensayista que el Javier Milei más positivo para la Argentina es aquel que debe operar bajo estrictas restricciones. Un Milei desatado -con su "visión religiosa, maniquea y desorbitada de su propio rol"- es una pesadilla para la sensibilidad y creencias de Novaro. También le encuentra parecidos con Juan Perón. Ambos serían "aventureros del poder, doctrinarios disfrazados de oportunistas, oportunistas disfrazados de autoritarios".
Inspirado en pensadores marginales como Murray Rothbard y Hans Hoppe, Milei es acusado en la página 14 de no ser "un liberal en casi todos los asuntos políticos, institucionales y culturales en juego en nuestros días". Ahora bien, qué es lo que Novaro entiende por "populismo". Su definición favorita es la que pone el acento en un rasgo supuestamente esencial: la contraposición que plantea entre el pueblo virtuoso y sus enemigos (la casta, en este caso).
Quien esto escribe prefiere centrarse más en hechos que en los discursos, los que -como Foucault ha enseñado- siempre serán "tácticamente reversibles", como si se tratase de ropajes. Llamemos populismo, entonces, al “distribucionismo que nunca se atiene a un presupuesto". Milei, ergo, no es un político populista. Habría que buscar otra denominación más exacta.
PARANGONES
Novaro dedica páginas a comparar la experiencia libertaria con otros dos "populismos" vernáculos: el menemismo y el kirchnerismo. Sus críticas al peronismo de izquierda que arruinó a la Argentina son impecables. Y en la presentación del libro hay una clave de análisis, brillante, que de alguna manera contradice alguna de las aseveraciones posteriores ("Milei es un extremista como Trump, Bolsonaro, Orban o Abascal que actúa en un contexto diferente"). Sostiene el investigador del Conicet que los líderes y los movimientos políticos deben ser juzgados por si pueden o no cumplir la función que la sociedad les ha dado. Alfonsín fue exitoso porque logró estabilizar un conjunto de reglas democráticas. Menen, porque logró frenar la inflación y modernizar la economía. Los Kirchner por restablecer grados aceptables de integración e igualdad social.
Entonces, cuál es el mandato que Javier Milei recibió de los argentinos. En el terreno de las conjeturas, diríamos bajar la inflación, que el Estado le quite la pata de encima a los ciudadanos comunes y a los productores, combatir los irritantes privilegios de esa casta de vivillos que mama de la teta del Ogro filantrópico. Desde este punto de vista, lo estaría consiguiendo.
Con muy buen tino, el autor de este libro teme que lo malo y lo feo de Milei terminen estragando lo bueno, es decir bloqueando los objetivos económicos que provienen del mandato popular. Esta es una de las tesis fundamentales del volumen.
Marcos Novaro milita en el campo que el pensador Giuliano da Empoli ha denominado "el consenso de Davos". Su compromiso con la separación de poderes, la institucionalidad (incluso con los buenos modales), el estatismo benévolo y racional, con un tinte progresista, parece inquebrantable.
Deja un mensaje esperanzador porque "el contexto importa siempre más que los deseos de los líderes" (que lo diga Cristina, si no). El fenómeno Milei no podrá tener nunca una deriva autoritaria porque "al abrir los mercados para los intercambios espontáneos... también el mercado político se va a abrir más y más", pronostica Novaro. La venganza de Schumpeter a los libertarios.
Guillermo Belcore
Calificación: Regular
lunes, 29 de diciembre de 2025
La alternativa del diablo
Hay un hecho que la legión de admiradores del zar Vladimir I (por buenas o malas razones) ha elegido ignorar: la vigencia del nacionalismo ucraniano, una fuerza espiritual que desde hace siglos no acepta la tutela de Moscú. Una novela profética (un clásico de la intriga política) ha reivindicado esa fuerza. Frederick Forsyth entregó La alternativa del diablo a la imprenta en 1979. Mucha agua corrió bajo el puente, pero el thriller aún se lee con provecho y placer. Sorprende su capacidad de predicción.
Recomendamos aquí, pues, una historia atrapante de la guerra fría. En sus casi quinientas páginas, Forsyth narra la laboriosa actividad de las autoridades de Estados Unidos e Inglaterra -y de un bando del Kremlin- para evitar la Tercera Guerra Mundial. Es un trabajo desalmado. “El diablo nunca te ofrece una salida, te ofrece dos formas de arder”, se sabe.
El inglés Fortsyh (1938 Kent - 2025 Buckinghamshire) imaginó que la Unión Soviética desemboca a principios de los años ochenta en un dilema similar al de Japón en 1940. Una desastrosa cosecha de cereales obliga al Imperio del Mal a pedir a Estados Unidos la venta de 55 millones de toneladas de granos. Naturalmente, los halcones de la Casa Blanca exigen a cambio concesiones, especialmente en el terreno del desarme. Pero sin exagerar. Un precavido recuerda que, durante la Segunda Guerra Mundial, el embargo estadounidense de petróleo fue la causa de la caída en Tokio de la facción moderada de Konoya. El ascenso del general Tojo condujo a Pearl Harbor.
La crisis internacional hubiera sido conjurada si no hubieran entrado en acción un puñado de nacionalistas ucranianos que logran descargar un abrumador golpe contra el aparato estatal soviético. No obstante, necesitan darlo a conocer al mundo de una manera convincente. Secuestran así a un superpetrólero noruego y amenazan con arruinar el Canal de la Mancha con un tsunami de crudo si no se facilita la llegada a Israel de dos miembros de la Liga de Defensa Judía de Kiev. Ellos se encargarán, en conferencia de prensa, de revelar la proeza de los disidentes. Aunque suene raro, Washington y Londres deberán evitarlo pues la humillación beneficiaría a la camarilla belicosa del Kremlin en desmedro de los que prefieren la paz. Como en 1939, Occidente no está preparado para una guerra contra el totalitarismo. Llegamos así a la alternativa del diablo. Moral de los principios vs. moral de la responsabilidad, expresado en términos weberianos.
Las obras de Forsyth enfatizan el poder de los individuos para cambiar el mundo y la historia, destaca la Enciclopedia Británica. El literato ha sido elogiado por su realismo y precisión técnica. Dios y el diablo están en los detalles, dice un viejo adagio. Aquí hay una admirable atención al pormenor, ya sea el funcionamiento del Politburó, el espionaje con satélites o los platillos que sirven restaurantes célebres.
También sobresale la novela por su cuidada arquitectura. Convergen con elegancia cuatro líneas argumentales: a) el desastre agrícola en la URSS; b) el atentado en Kiev; c) la presencia de un topo en el Kremlin (manejado por el servicio de inteligencia británico); d) el secuestro de un buque de un millón de un toneladas. El ritmo es trepidante: un torbellino de actividad. La prosa, funcional, delata que Forsyth proviene del periodismo. No hay densidades estilísticas o psicológicas.
CLARIVIDENCIA
“Un día, tal vez no muy lejano, el imperio ruso empezará a resquebrajarse", escribió Forsyth seis años antes de la llegada de Mijail Gorbachov. Sus antenas captaron no sólo la maldad intrínseca del marxismo cuartelero, sino también su incompetencia, los “grados de corrupción burocrática endémica”, rasgo que la URSS compartió con los populismos tercermundistas, como el peronismo. Aquél era un imperio putrefacto con un talón de Aquiles: la cuestión de las nacionalidades.
Tenía el escritor información de primera mano, hay que decirlo. “El realismo de sus obras generó especulaciones sobre la posible colaboración de Forsyth con el MI6, la agencia de inteligencia británica. En 2015, poco antes de la publicación de su autobiografía, The Outsider: My Life in Intrigue, Forsyth confirmó los rumores. Afirmó que su vínculo con el MI6 comenzó durante la guerra de Biafra y se prolongó durante más de dos décadas”, escribió la Encyclopædia Britannica.
Este narrador clarividente también percibió que aún arden las brasas del nacionalismo ucraniano, como destacamos más arriba. En 2022, millones de ciudadanos aceptaron empuñar las armas en defensa de la tierra natal cuando el oso ruso cruzó las fronteras para apoderarse de más de 600.000 kilómetros cuadrados. Grave error de calculo de Vladimir Putin: pensó que sus esbirros iban a ser recibidos como liberadores en Kiev o Jarkiv.
Forsyth repudia sin ambages la rusificación eterna de los confines: “Qué clase de patriotismo es ése, que sólo puede subsistir destruyendo el amor de otros pueblos por la Patria”.
Guillermo Belcore






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