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domingo, 12 de mayo de 2024

Tiempos de arroz y sal

 




“Si quieres ser liberado de la rueda, persevera”.

Precepto budista


En el siglo XIV después de Nuestro Señor Jesucristo, una segunda oleada de peste bubónica exterminó a casi toda la población de las penínsulas más occidentales del Viejo Continente. Tamerlán, prudente, desistió de ocupar el país de los magiares y el país de los francos. Unos pocos cristianos sobrevivieron en Armenia y en Etiopía. Desde entonces, dos grandes polos de poder y cultura se disputan el mundo: China y el Islam. Sólo han escapado a su dominio la Liga India y la Liga Iroquesa en los profundos bosques y planicies del Nuevo Continente (inventaron la mejor forma de gobierno conocida), ambas con el apoyo decisivo de la industriosa diáspora japonesa. El Renacimiento se produjo en Samarkanda. La Ilustración, en Travancore. En el 1333 de la Hégira, comenzó la Primera Guerra Mundial. Se prolongó por sesenta y siete años y segó mil millones de vidas. Pero un mundo mejor surgió entre las ruinas. El patriarcado fue enterrado y los científicos tomaron el control, después de la Conferencia de Isfahán. La humanidad se evitó un Holocausto nuclear. Aunque persiste la miseria más abyecta en Firanja, Africa y los territorios incas, las civilizaciones trabajan codo a codo para resolver problemas económicos y ambientales en la Liga de Todos los Pueblos por la Armonía con la Naturaleza, cuya sede central se estableció en la hiperdesarrollada Birmania.


Tan espléndida ucronía se desarrolla en uno de los mejores libros de ficción especulativa (la expresión “ciencia ficción” es inexacta) que se escribió en nuestro siglo. Tiempos de arroz y sal (Minotauro, 717 páginas) se entregó a la imprenta por primera vez en 2002. Su autor se llama Kim Stanley Robinson (Illinois, 1952), autor de veintidós novelas y un buen número de relatos cortos y ensayos, famoso por la multipremiada Trilogía marciana. En la obra que aquí recomendamos demuestra un talento y una dedicación extraordinarios para la especulación histórica y filosófica, aunque también relumbra como novelista de aventuras. Con una calidad sublime, responde a una conjetura que quizás usted, amigo lector, alguna vez se ha formulado: cómo hubiera evolucionado nuestro planeta sin hegemonía occidental. Dicho de otra forma, cómo sería el mundo sin Europa.


HISTORIA ALTERNATIVA


Tiempos de arroz y sal, pues, explora setecientos años de historia alternativa, un devenir prácticamente sin gente de tez blanca. Enlaza los momentos decisivos de cambio (clinamen, según los antiguos griegos, una presencia fantasmal en el mundo de Robinson) con un eficaz truco nemotécnico: repite estereotipos en distintos escenarios. Los caracteres principales de cada uno de los diez libros en que se divide la novela encarnan las mismas almas (un grupo de amigos tibetanos en su origen) que van reencarnando aquí y allá, y cuyos nombres “terrestres” comienzan siempre con la misma letra. “K” es el rebelde (acción); “B” el creyente (fe); “S” el gobernante corrupto (pereza); “I”, el científico (pensamiento); “P” el vagabundo (humildad); “Z” el guerrero (fuerza) (1).


Estudioso del budismo, Robinson ubica a esa creencia en un lugar decisivo de la trama. Es la fuerza benéfica que impulsa la ciencia y la moralidad, a partir de un principio luminoso: "Si quieres ayudar a los demás, práctica la compasión; si quieres ayudarte a ti mismo, práctica la compasión". También cumple una función como nexo narrativo. Los capítulos concluyen con el paso por el Bardo: el lugar espeluznante donde el Buda imaginó que nuestras almas son juzgadas -tras la evaluación del karma- y enviadas de nuevo a la Tierra (como mineral, planta, animal o ser humano), después de que la Diosa Meng nos obligue a beber la copa del olvido. "Esto quiere decir que debemos volver a intentarlo. Lo intentamos una y otra vez, vida tras vida, hasta que alcanzamos la sabiduría y por fin somos liberados". Y así entramos en el Nirvana.


Robinson narra -entre otras historias- las peripecias de un guerrero mongol (Bold) y de un muchacho negro (Kyu) esclavizados por la dinastía Ming. Conocemos cien años después a Bistami, el teólogo sufi desterrado por el Gran Mogol Akbar hasta el repoblada Al-Ándalus, y de allí acompaña a la sultana Katima en la fundación de ciudades en los territorios de los francos. El almirante Kheim, con sus colosales naves chinas, descubre América por casualidad. Un samurai exiliado en California enseña a los hodenosauníes a fabricar armas para defenderse del imperialismo del Trono del Dragón y de los emiratos árabes occidentales. En Samarkanda, el alquimista Khalid y el matemático tibetano Iwang llegan a conclusiones similares a las de Isaac Newton. El Kerala de Travancore pone fin a cuatrocientos años de dominio otomano de Constantinopla, gracias a su descubrimiento de los barcos de vapor. Bajo la opresión manchú, un matrimonio de sabios -la viuda Kang y el erudito Ibrahim- sientan las bases del feminismo e intentan una síntesis de Confucio con Mahoma, según el modelo sij. Tres oficiales chinos asisten desde las trincheras del corredor de Gansu a la ruptura del frente oriental, ofensiva final de la Larga Guerra con los estados islámicos. En una posguerra signada por la hiperinflación y la pobreza, Idelba y Budur escapan de una harén en Turín y se convierten en dos puntales del movimiento pacifista global... La travesía, bajo la noción del ciclo, es fascinante. Llega hasta el año 2088 después de Cristo.


La prosa de Robinson es simple y directa, aunque varía el estilo de un libro a otro. Se intercalan poemas, letanías, cálculos científicos y pequeños ensayos, que le permiten al autor especular sobre cuestiones trascendentes de nuestro mundo. Por ejemplo, la causalidad de la historia. ¿Pueden trazarse leyes o es un ejercicio divertido aunque fútil como buscar formas de animales en las nubes?


Para redondear, es ésta una novela fecunda en ideas. Por ejemplo, muy interesante resulta la reflexión sobre las simpatías del islamismo con el extremismo físico. Robinson lo atribuye a la arabización, al fin y al cabo las ideas son consecuencia de su lugar de origen y es éste monoteísmo tardío del desierto, radicalizado por sus clérigos. La adopción del árabe como segunda lengua de los pueblos islámicos habría desencadenado consecuencias nefastas, por cuanto esos feligreses no tienen los pies sobre la tierra: "...su comportamiento está con bastante frecuencia dirigido por el pensamiento abstracto, un pensamiento que flota solo en el vacío del espacio del lenguaje. El islamista necesita al mundo...".


Finalmente, transcribimos una certera meditación sobre la penosa marcha en este Valle de Lágrimas: 

"...hasta que el número de vidas plenas no supere el de las vidas destrozadas estaremos atrapados en una especie de prehistoria, indigna del gran espíritu de la humanidad. La historia digna de ser contada comenzará únicamente cuando las vidas plenas excedan en número a las vidas desperdiciadas. Esto significa que nos quedan muchas generaciones antes de que comience la historia".

Guillermo Belcore

(1) https://www.kimstanleyrobinson.info


Calificación: Excelente

domingo, 24 de septiembre de 2023

Un canon de la Sci-Fi


Las mudanzas, esa experiencia tan desquiciante, obligan a ordenar (o, ¡ay!, a reducir) las bibliotecas personales. Y uno se demora, inevitablemente, con los recuerdos de los libros que nos han hecho felices. Algunos de ellos se incluyen en esa categoría, algo desdeñada por los eruditos, llamada ciencia ficción, aunque sería más correcto decir ficción científica. Viajes en el tiempo y en el espacio, civilizaciones alienígenas, ucronías y distopías conforman una urdimbre maravillosa. Ratifican que no hay géneros literarios mayores o menores, sino buenos o malos escritores. Aquí seleccionamos diez obras de Sci-Fi que corroboran la sentencia.


1) Pavana. Keith Roberts. 1966. Editorial Minotauro.

Quizás sea la mejor ucronía que se ha escrito. El siglo XX vive como en el Medioevo, porque en 1588 un papista fanático asesinó a la reina Isabel I en el palacio real de Greenwich. España invadió, con éxito, las islas británicas, sumidas en la anarquía. La Iglesia militante se hizo con el poder en toda Europa. No hubo Revolución Industrial, pero todo comienza a cambiar de prisa.


2) Hacedor de estrellas. Olaf Stapledon. 1937 Editorial Minotauro.

A Borges, ese crítico infalible, le encantaba esta espléndida novela. Consideraba que la mayoría de las ideas fundamentales de la fantasía moderna proceden de aquí: razas simbióticas, imperios galácticos, nebulosas y estrellas inteligentes. Stapledon, el socialista libertario, relata toda la historia del universo, desde la creación a su fin. Deja una impresión de sinceridad, notaba nuestro querido Borges.


3) El libro del día del juicio final. Connie Willis. 1992. Ediciones B

En 2054 es una práctica común que las universidades de renombre viajen al pasado para investigarlo. Ahora bien, el tiempo se protege a sí mismo: impide acciones, encuentros o colisiones que puedan modificar la Historia. Oxford envía a una estudiante al siglo XIV para estudiar sus hábitos, pero el operador de la máquina comete un tremendo error y la chica cae en plena epidemia de peste bubónica. He aquí una magnífica escenificación de la oscura Edad Media, es decir una gran novela histórica.


4) Diario de las estrellas. Stanislaw Lem. 1971. Edhasa.

La más divertida comedia cósmica y obra maestra de un polaco genial que escribió sobre mundos alienígenas por la misma razón que Góngora eligió el culteranismo: para no tener problemas con la Inquisición. La obra tiene una primera parte de viajes y una segunda de diarios de un tal Ijon Tichy. El humor mana a raudales. La buena filosofía, también.


 5) Dune. Frank Herbert. 1967. Random Mondadori.

Es una de las obras de ficción científica más vendidas. Inspiró una saga, dos películas (la primera versión de David Lynch es casi cómica), videojuegos, canciones, historietas, otras escrituras. Se la considera “la primera gran novela ecológica a escala planetaria de la historia". Viajamos al futuro, al planeta Arrakis, todo desierto, donde el agua es sagrada y se explota una especia crucial para los viajes interestelares. El emperador le regala el dominio de ese mundo a la Casa de Atreides, pero es un regalo envenenado.

Pinche aquí: https://labibliotecadeasterion.blogspot.com/2023/06/dune.html


6) Cell. Stephen King. 2006. Plaza & Janes

Obvio. Algo del rey de lo espeluznante debe incluir este canon provisional. Imagínese que llega a través de los teléfonos celulares un pulso electromagnético (o lo que fuera) que nos resetea y nos transforma en bestias. Esos subhumanos evolucionan en una forma de inteligencia colectiva que intenta captar al resto de la humanidad que no usa móvil. ¡Cómo sobrevivir en tan terrible Apocalípsis! King lo narra con sus frases sencillas y sus agradables expresiones populares.

Pinche aquí: https://labibliotecadeasterion.blogspot.com/2008/04/cell.html


7) El hombre demolido. 1954. Alfred Bester. Minotauro.

Cuando los géneros se besan amorosamente, el resultado no puede ser sino excelente. Bester nos lleva a una Nueva York donde los detectives tienen capacidades telepáticas. Y hay magnates tan siniestros como hoy en día. Es decir, se trata de un policial del siglo XXIV.


8) La mano izquierda de la oscuridad. 1969. Ursula Le Guin. Minotauro.

En el linde del universo habitado, se encuentra el planeta Gueden. Tiene dos características únicas. Primero, las personas son hermafroditas neutros. Durante el ciclo lunar llamado kémmer (26 días al año), los guedenianos desarrollan algunos de los dos sexos y se aparean. Segundo, al planeta se lo conoce también como Invierno pues la humanidad ha tenido que evolucionar bajo un continua Edad de Hielo. Este mundo fascinante es obra una de las imaginaciones más prodigiosas, la de la californiana Ursula Le Guin.

Pinche aquí: http://labibliotecadeasterion.blogspot.com/2021/08/la-mano-izquierda-de-la-oscuridad.html


 9) El hombre en el castillo. 1962. Philip Dick. Hyspamérica.

Entre tantas gemas de Dick, el más gnóstico de los escritores de Sci-Fi, elegimos ésta. Se trata de otra ucronía. Estados Unidos capituló en 1947 y ha sido ocupado por el Eje. Los nazis aplican toda su brutalidad calculada en la costa Este y en el sur profundo (Hay campos de concentración en Nueva York). Los japoneses dominan los estados del Pacífico. En California está de moda el uso del I Ching. Hay tensión entre alemanes y asiáticos. Un escritor rebelde imagina un mundo en que los Aliados… ¡ganaron la Segunda Guerra Mundial! Los opresores intentan aplastar a la resistencia. Digamos que tanto o más valiosas que su imaginería, son las disquisiciones filosóficas de Philip Dick.


10) Los guardianes del tiempo. Poul Anderson. 1962. Hyspamérica

¡Ah, los viajes en el tiempo! En el año 19.352 después de Jesucristo (7841 del triunfo Morenniano) los humanos hallan el modo de viajar en el tiempo. Y algunos sinvergüenzas intentan modificar el pasado para alterar la Historia en su beneficio. Se vuelve imprescindible crear una agencia especial con agentes implacables que detecten anomalías y viajen al año que fuese necesario para corregirlas. ¿Por qué debe leerse este libro? Para conocer cómo sería un mundo en que la cultura dominante fuese la celta, gracias a que Aníbal ocupó e incendió Roma. O para ilustrarnos sobre los persas. O para reflexionar sobre la llegada de los mongoles a América antes que Colón.

Guillermo Belcore

domingo, 4 de junio de 2023

Dune

 


Dios creo el planeta Arrakis para templar a los fieles.”

Máxima de los Fremen


 Acaba de anunciar Warner Bros que el 3 de noviembre estrenará Dune II, versión cinematográfica de una de las mejores novelas del siglo XX. En la primera película, el director Denis Villeneuve nos deleitaba con imágenes impactantes del Planeta del Desierto y con una trama bastante fiel al texto de Frank Herbert (1920-1986). La segunda parte debe narrar, pues, la rebelión de Arrakis contra el odioso emperador Shaddam IV.


Aquí, venimos a recomendar Dune, el libro (Ramdon Mondadori De Bolsillo, 703 páginas). Fue publicado por primera vez en 1965. Recibió dos de los premios más importantes del género, el Hugo y el Nebula. Es una de las obras de ficción científica más vendidas en el Occidente próspero; inspiró una saga, dos películas (la primera versión de David Lynch es casi cómica), videojuegos, canciones, historietas, otras escrituras. Se la considera “la primera gran novela ecológica a escala planetaria de la historia". El señor Herbert se la dedicó, de hecho, a los ecólogos de las superficies áridas.


La historia ocurre en un futuro remoto. Para ser exactos, diez mil años después de que la Yijab Butleriana eliminara todos los robots, computadoras y máquinas pensantes. La humanidad se ha diseminado por la galaxia y más allá. La civilización se sostiene en un trípode (la más inestable de todas las estructuras) de tipo feudal. La Casa Imperial, en equilibrio con las aristocráticas Casas Federadas del Lansdraad; y entre estos dos la Cofradía, un gremio que tiene el monopolio de los transportes interestelares.


El universo conocido bulle de conjuras políticas, al punto que el Detector de Venenos es un pilar de la vida doméstica. El emperador Shaddam IV recela especialmente de la Casa de Atreides. Le hace un regalo deletéreo y fatal al Duque Leto, señor de Caladán: el infernal Arrakis (también conocido como Dune), de donde proviene la melange, una especia con olor a canela denso y penetrante, esencial para los viajes por el cosmos. La droga, en efecto, permite a los Navegantes plegar el espacio sin usar máquinas, con la sola fuerza de sus cerebros. Estamos en una era fascinante en que los humanos han desarrollado superpoderes mentales, al servicio del bien y del mal. Los Mentats, otro ejemplo, son adiestrados para alcanzar las cotas máximas de la lógica (¿se habrá inspirado Start Trek en el señor Herbert para idear a los vulcanos?).


Como si no faltaran intrigas, hay una secta de mujeres -las Bene Gesserit- que conspira entre las sombras, manipulando hombres poderosos y multitudes, creando mitos religiosos, para imponer un programa de selección genética. La Dama Jessica, concubina-esposa del Duque Leto, pertenece a la organización; un gremio de brujas, gritan sus adversarios.


Jessica es la madre de Paul Atreides, heredero del feudo. El muchacho de catorce años tiene el don de la prescencia, puede ver el rebullir de posibilidades, las grandes corrientes del futuro, el jardín de senderos que se bifurcan.


El núcleo incandescente del libro son los trabajos de Paul Atreides para vengar a su padre y recuperar el control del arenoso planeta, como profeta y líder militar de los Fremen, el elusivo pueblo del desierto. El duque Leto ha sido víctima de una traición de su círculo íntimo, que -con un pavoroso derramamiento de sangre- devolvió Arrakis a sus anteriores administradores, la brutal Casa Harkonnen. El emperador así lo ha querido.


EL DEMIURGO


Vemos pues que el señor Herbert aplica una de las fórmulas más exitosas de la narración fantástica de los últimos sesenta años: la combinación entre estructuras medievales y tecnologías del futuro. Esto es sólo la cáscara. La pulpa, el gran mérito del escritor estadounidense, es haber inventado una una singularísima estructura ecológica en el tercer planeta del sistema Canopus, y, como consecuencia de ello, el surgimiento de una civilización, con sus propias ideas, creencias y tecnologías; una cultura entera adiestrada como un orden militar, por la tremenda necesidad ambiental. "Todo se subordina a la supervivencia de la tribu", repiten los fremen, hombres y mujeres de cuerpos resecos y ojos totalmente azules, sin el menor blanco en ellos, por el consumo de la melange. El autor, al parecer, se inspiró en los bereberes del Sahara.


Arrakis es un planeta sin lluvias, mares, ríos ni lagos. Durante el día, la temperatura supera los 60 grados. Se desatan tormentas jupiterinas a lo largo de 6.000 kilómetros, con vientos de más de 700 km. por hora. Los fremen usan destitrajes que reciclan la transpiración y la orina. Viven bajo tierra. Cabalgan los colosales gusanos de la arena, cuyas bocas tienen hasta ochenta metros de diámetro. Fabrican con los dientes de la criatura las hojas de sus cuchillos sagrados. El valor supremo del lugar es el agua, entremezclada con simbolismos y ritos. Se aprovecha, incluso, la de los cadáveres, cuando aún están calientes. He aquí un pueblo que, como los árabes antes de Mahoma, esperaba un Mesías. Lo encontraron en Paul Atreides, que cumplió con toda la panoplia profética.


Dune, el libro, es rico y retorcido no sólo en sucesos. Hay reflexiones muy interesantes sobre el poder, el arte de la conducción de los hombres y la construcción de los mitos. Hay un sabroso sincretismo religioso. El argumento ha sido narrado como un estudio de la vida de Muad'Dib (el nombre arrakiño de Paul Atreides) escrito por la princesa Irulán, la hija del emperador. Incluye apéndices y un diccionario. Sólo lo exhaustivo es interesante, estableció, con razón, Thomas Mann.


El demiurgo Herbert gastó seis años enteros de su vida para concluir su obra magna, prolongada después con cinco secuelas, pero ya entonces era famoso y adinerado. Pudo investigar minuciosamente y luego componer Dune sin un trabajo regular porque su esposa lo mantuvo a él y a sus dos hijos durante la primera mitad de la década del sesenta como escritora publicitaria. Pero no sólo pagaba las cuentas; también comentaba y editaba el trabajo de su esposo. Que este párrafo sirva de homenaje también para la señora Beverly Ann Stuart, pues sin ella, no tendríamos esta magnífica novela.

Guillermo Belcore

Publicado en el Suplemento Cultura de La Prensa


Calificación: Excelente

lunes, 28 de marzo de 2022

El profesor Donda


Por Stanislaw Lem

Ediciones Godot. 73 páginas 


Entre todos los seres humanos que la literatura ha enviado a las estrellas, el más interesante y divertido es, sin duda, Ijon Tichy. El astronauta no sólo nos ha hecho reír a mandíbula batiente; es en sí mismo una travesía intelectual, el instrumento de una imaginación prodigiosa para caricaturizar los problemas de nuestra especie con una escenografía cósmica, una mente que había conseguido escapar de la Shoá por milagro, y que eludió la implacable censura de una dictadura comunista. La mente de Stanislaw Lem (Lvov 1921 - Cracovia 2006).


Ediciones Godot, sello especializado en delicatessen y que hace unos meses publicó una excelente biografía de Lem, nos trajo otra deliciosa aventura de Ijon Tichy. Una nouvelle traducida al español en 2021: El profesor Donda. Pero esta vez no salimos de la Tierra, vamos a visitar a un par de depravadas naciones africanas (el libro se escribió antes de la era de la corrección política; hoy lo tacharían posiblemente de "racista").

Nuestro chico escribe a la posteridad sobre tablillas de barro (un gorila le ha robado la agenda). Quiere dejar testimonio del fin del mundo, que ocurrió algunas semanas atrás, justo después de las temporadas de lluvias. En realidad, es el fin de la civilización como la conocemos, todas las computadoras han dejado de funcionar. No existe el dólar e IBM fabrica ahora lápices y pizarras. La intención de Ijon Tichy es que la humanidad del futuro sepa que el profesor Affidavit Donda, el hazmerreír de la comunidad científica occidental, había anticipado el colapso global desde sus laboratorios en Gurunduwayu y Lamblia.


La ley de Donda establece que la materia, la energía y la información son los tres estados de la masa y pueden transformarse entre sí. Así como existe una masa crítica del uranio, también hay una masa crítica de la información. Cuando se alcanza ese umbral en los casi infinitos bits de las computadoras, ¡kaput! La información desaparece, pues se convierte en materia, en un microcosmos, idéntico al nuestro. Es la receta de Dios para crear el Universo que conocemos; contó desde el infinito hasta cero. Cuando llegó a cero la información se materializó y ocurrió el Big Bang. (Qué tipo agudo era este Lem, ¿verdad?).


Esta historia se lee de un tirón, con placer y provecho. Es una sátira del Tercer Mundo, del mundillo científico, de la naturaleza humana en general. Es una puerta de entrada a la obra de Lem o un complemento sabroso de una de las mejores novelas de ficción científica del siglo XX: Diario de las estrellas, la obra maestra del maestro Lem.

Guillermo Belcore

Publicado en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa.


Calificación: Muy bueno

lunes, 17 de enero de 2022

Los desposeídos


Hace 170, años los seguidores de la profeta Lais Oddo abandonaron el planeta Urras. Un millón de almas eligió una nueva vida en una luna inhóspita, fría y ventosa que no había producido especies más evolucionadas que peces y plantas sin flores. No obstante, los disidentes prosperaron; construyeron en Anarres una civilización sofisticada que se rige estrictamente por los principios solidarios del anarquismo.


Siete generaciones después, ninguna forma de propiedad es tolerada en el planeta satélite. Los odonianos desconocen el dinero, el matrimonio, las jerarquías, el sometimiento de la mujer, la religión. En sus toscas ciudades ninguna puerta está cerrada con llave, pero todas las casas cuentan con una habitación privada para quien desee intimidad sexual. Los ciudadanos no pueden tener cosas, ni siquiera el amor incondicional de una madre. La vida privada sólo tiene valor cuando cumple una función social.


El Nuevo Mundo se rige, además, por los principios de la economía orgánica. Todo excedente, cualquier lujo se define como "excrementicio". La tecnología es tosca: la construcción de una simple barcaza para transportar grano por mar requiere todo un año de planificación y un gran esfuerzo para la economía. En la práctica, el mundo libre de Anarres sobrevive porque se ha convertido en una colonia minera de Urras. El trueque es el vínculo institucional entre dos planetas que se desprecian mutuamente. Se toleran, empero, esporádicos intercambios científicos.


Algunos librepensadores de Anarres se han revelado contra el status quo, creen que es hora de poner fin al aislamiento. El más notable es Shevek, un físico genial que casi deja el pellejo en su afán de convertirse en el primer odoniano en volver al Planeta Madre en más de un siglo y medio. Esa decisión lo ha convertido en un maldito entre su gente; la utopía anarquista tiene lo suyo, no se crea, la censura se ha generalizado y el miedo al cambio más la mentalidad burocrática sofocan el pensamiento individual. El revolucionario viaja a Urras en uno de los cargueros que, ocho veces al año, unen los cuerpos celestes.


Fascinante, ¿verdad? Es el argumento de una novela magnífica que Ursula Le Guin (1929-2018) -acaso la demiurga más culta de la llamada ficción imaginativa de Estados Unidos- entregó a la imprenta en 1974. Minotauro acaba de reimprimir en la Argentina Los desposeídos (462 páginas). La autora ha confesado que sus elucubraciones filosóficas se inspiran en las ideas del príncipe ruso Peter Kropotkin y del filósofo de la nueva izquierda sesentista Paul Goodman. Y que el científico J. Robert Oppenheimer, un amigo de sus padres, fue el modelo de Shevek, el exiliado.


DE NINGUN LUGAR


La trama se expande en dos direcciones. En primer lugar, leemos los esfuerzos del Shevek para encajar en Urras como invitado de una prestigiosa universidad con la que mantenía contacto epistolar. No le resulta sencillo. En el Viejo Mundo, rigen doctrinas y costumbres que los odionianos han sido entrenados para odiar como el propietariado (nuestro capitalismo) y el "arquismo", similar al comunismo de cuño soviético. La comodidad, las vestimentas extravagantes, la comida abundante, los pájaros, el cuero, el patriarcado, la servidumbre, todo le resulta extraño al justiciero. Sus anfitriones lo miman porque Shevek ha desarrollado la Teoría de la Simultaneidad que podría acortar increíblemente los viajes espaciales.


Le Guin usa con destreza el recurso del flashback. La narración de las peripecias en Urras se alternan con capítulos que detallan el arduo camino que debió recorrer Shevek en Anarres hasta convertirse en puente entre dos mundos, con todos los vientos en contra.


Hay que repetir lo que habíamos señalado hace unos meses tras la lectura de La mano izquierda de la oscuridad. La escritora californiana -hija del destacado antropólogo Alfred Kroeber- fue bendecida por el Altísimo con un talento sublime para imaginar sociedades alternativas, en este caso, como dijimos, una anarquista que va sacrificando ideales en el altar del utilitarismo más ruin. El amor al detalle de Le Guin es extraordinario. Hasta la lingüística fue atendida con rigurosidad: en Anarres desaparecieron los pronombres posesivos y el insulto más escuchado es "¡egotista"!


Podría pensarse que la tensión entre Urras y Anarres es un subproducto de la guerra fría. Dos modelos ideológicos en pugna: capitalismo vs. anarquismo. Pero no se trata de una obra maniquea; los planteos conceptuales de Le Guin nunca son doctrinarios o simples, incluso su feminismo es delicado y sabio. Los desposeídos obtuvo los premios más importantes de la ficción científica (Hugo, Locus y Nebula) en 1975.


El juego de ideas, la historia de una conciencia pura que desafía a los poderes establecidos, y esa minuciosa atención a los pormenores de una raza alienígena hacen muy recomendable a esta novela. Escuchen esto: los pueblos del planeta Urras tienen su propia versión de la caída de Adán y Eva. Dios expulsó del Jardín del Edén a Pinra Od porque se atrevió a contarse los dedos de las manos y los pies, hasta sumar veinte, y dejar así el Tiempo suelto por el Mundo.

Guillermo Belcore

Calificación: Muy bueno

domingo, 29 de agosto de 2021

Lem, una vida fuera de este mundo


 


El delegado de Thuban abrió por un sitio previamente marcado un enorme volumen que tenía ante sí sobre el pupitre y se puso a leer: 

"(...) y aquella extraña especie calva en todo el cuerpo, descubierta por Grammplus en el rincón más oscuro de nuestra Galaxia, Monstroteratum Furiosum (Ignomen Furibundeo) que escogió para sí mismo el nombre de Homo Sapiens...".

Hay que reconocerlo. Somos, en la galaxia, una especie anormal. Los astrozoólogos nos han clasificado en el tipo Aberrantia (Viciosa), subtipo antisapientinales (Contrasentidos), grupo Necroludentia (Cadaverófilos), orden Lasciviaceae (Repugnoides), familia Horrorisimae (Hocimonstros).

Por eso, la Organización de Planetas Unidos nos ha rechazado la solicitud de ingreso. Más aun, reveló asqueada el origen de los terrícolas. Dicen que hace millones de años, un par de marineros borrachos de una nave espacial (los infames Ñor y Zioss) vertieron sobre las rocas de nuestro planeta muerto un cubo de impurezas fermentadas. Y uno de ellos, incluso, estornudó varias veces sobre el cultivo plasmático infectándolo con virus peligrosos (1).

De esa sopa primodial provenimos, según la imaginación portentosa de una de las glorias de la ficción científica: Stanislaw Herman Lem (Lvov 1921-Cracovia 2006).

Es lógico que el maestro polaco haya coloreado el Viaje Octavo de Ijon Tichy (1) con semejante pesimismo. "Un hombre que por milagro ha logrado salir de debajo de un montón de cadáveres es un hombre con una profunda decepción con la humanidad tal cual es", escribió Wojciech Orlinski, autor de una biografía que aquí venimos a recomendar: Lem, una vida fuera de este mundo (409 páginas, traducción Bárbara Gill), que el sello Ediciones Godot trajo este año a la Argentina desde la renacida Varsovia. 


INDIVIDUO Y SOCIEDAD


Como regla general, podría afirmarse que una biografía idónea es aquella que une con elegancia e inteligencia una notable vida individual con el devenir de una sociedad. La definición le cabe como anillo al dedo al libro del señor Orlinski, periodista de profesión pero más culto y laborioso que su colega argentino promedio. La atención nunca flaquea. Es que el tema, además, resulta muy interesante. Por un lado, tenemos una genial inventiva que sobrevivió a las dos fuerzas más destructivas e irracionales del siglo XX (bolchevismo y nazismo) y consiguió vencer a fuerza de talento y prudencia a la implacable censura de la República Popular para forjar libros que han pasado la prueba del tiempo; y por el otro, una nación heroica, atormentada por los dos matones del barrio (Alemania y Rusia) que anduvo a la deriva durante cinco décadas pero nunca perdió su alma. Lem es Polonia y Polonia es Lem.


"Decimos 'una pesadilla cuando el hotel confunde nuestra reserva. Decimos un calvario" cuando un trámite se prolonga. Por lo tanto carecemos de un aparato cognitivo capaz de aprehender el horror al que los Lem sobrevivieron", escribió Orlinski. En efecto, el joven Stanislaw y sus padres (burgueses judíos asimilados) sobrevivieron de una manera casi inverosímil a la doble ocupación rusa, al Holocausto y a los pogroms ucranianos en la ciudad de Leópolis (hoy Lvov), capital de la región de Galitzia, en su momento último confín del Imperio Austrohúngaro.


Lem se salvó por su habilidad como maestro soldador, porque sus padres tenían las monedas de oro para el soborno y nunca fueron traicionados por el corrupto o el amigo, y a causa de una increíble buena suerte. No obstante, el "trauma del sobreviviente" lo persiguió toda su vida y se refleja en su obra. Durante toda su vida evitó el literato hablar de sus raíces judías.


EL ALMA DE CRACOVIA


Después de la Segunda Guerra Mundial, los Lem se mudaron a Cracovia. Y en 1956, un Stanislaw, que había estudiado medicina pero su gran pasión era la construcción de máquinas experimentales, alcanzó la fama literaria con la publicación, como cuento, del "Viaje catorce de Ijon Tichy". Era la prueba de una mente excepcional.


Sus libros posteriores -Solaris, Diario de las estrellas, Retorno de las estrellas, Ciberíada, Summa technologiae, entre otros- lo convirtieron en el rey de la ciencia ficción del bloque soviético, pero viviendo siempre de forma decente, por lo menos tanto cuanto era posible bajo el régimen comunista. Lem, con la excepción de un par de textos intrascendentes, nunca adscribió al abominable realismo socialista; y supo describir los desatinos de la utopía bolchevique disfrazándolos de sociedades extraterrestres. Literariamente hablando, su grandeza sin par fue caricaturizar a los grandes problemas humanos con un fondo de escenografía cósmica. Como Borges o como Bolaño, el texto apócrifo fue una de sus herramientas formidables.


Naturalmente, tuvo encontronazos con la censura. ¿Hace falta decirlo? Un sistema totalitario es aquel que busca que todo se subordine a una sola ideología. Los chacales rojos lo acusaron de eludir "la didáctica progresista" y de cultivar el humor del absurdo, ese "fenómeno social peligroso" (la risa era contrarrevolucionaria, ¿leyeron La broma de Milán Kundera?). No obstante, el régimen le permitió publicar y viajar al extranjero. Lo protegía su popularidad dentro y fuera del país, y sobre todo el hecho de que los científicos, intelectuales y astronautas rusos lo adoraran. Cada viaje de Lem a la URSS era comparable a la gira de una estrella de rock y Gorbachev llegó a sostener que Summa technologiae fue uno de los libros más influyentes de su vida. El inquisidor polaco, entonces, fingía que no llegaba a captar las alegorías y los simbolismos lemianos.


EPISTOLAS


El tono general del libro es de ditirambo; es decir, se disimulan defectos y bajezas. El autor abreva en el voluminoso archivo Lem. Centenares de cartas son citadas. El único punto flojo que pudimos encontrar es que Orlinski presta demasiada atención a los asuntos domésticos -caso las vicisitudes de su hombre con los autos- en desmedro de cuestiones más trascendentes. Verbigracia: se menciona al pasar el escepticismo del escritor respecto a Camino de servidumbre de Von Hayek, pero no se transcribe una sola línea de ese texto jugoso. Nunca dejéis con hambre al lector, es el consejo que este articulista deja a los biográfos.


Hay toneladas de información y pasajes muy divertidos como la pelotera de Lem con Tarkovsky por la versión rusa de Solaris, y la larga disputa epistolar con el loco lindo de Philip Dick a raíz de la publicación de Ubik en Polonia.


Y como todo ensayo que aborda la historia del siglo XX en Europa oriental, Una vida fuera de este mundo resulta muy instructivo. Hoy que tantos cenutrios sienten nostalgia por la Unión Soviética y que el neocomunismo se hace carne en Occidente, libros como éste confirman ese dictum memorable de Karina Mariani: Todo socialismo es una cárcel. No sólo se trata de alambre de púa, el sistema inspirado en el marxismo ha demostrado ser terriblemente ineficaz, en su seno la economía, los autos, los ferrocarriles, los teléfonos y hasta los baños de los hospitales no funcionan.


(1) Diario de las estrellas. Stanislaw Lem. Edhasa, edición 2003.

martes, 10 de agosto de 2021

La mano izquierda de la oscuridad




Entre todos los planetas habitados por seres humanos, Gueden tiene una característica única: las personas son hermafroditas neutros. Durante el ciclo lunar llamado kémmer (26 días al año), los guedenianos desarrollan algunos de los dos sexos y se aparean. Los que se convierten en hembras y son fertilizados, lo seguirán siendo hasta fin de la lactancia; luego vuelven a la condición de andróginos. Como la conversión es aleatoria, la madre de varios niños puede ser el padre de otros.

En Gueden no hay violaciones ni erotismo en la vida cotidiana. Se cree que la excepcional naturaleza de ambisexualidad es el resultado de la ingeniería genética de colonizadores que buscaban un atajo para evitar las guerras. Si es así, fue un éxito. La historia planetaria no registra matanzas comparables a la de la Tierra, aunque no son raras las ejecuciones, los asesinos políticos y las enemistades, e incluso en algunos países funcionan gulags.

La otra característica singular de Gueden es su clima. Al planeta se lo conoce tambien como Invierno pues la humanidad ha tenido que evolucionar bajo un continua Edad de Hielo. Es un mundo hostil sin criaturas que vuelan, sin ganado y sin flores. Allí, nuestra especie ha tropezado con un enemigo más cruel que ella misma: el frío, siempre al límite de lo tolerable.

Ha llegado el momento de aclarar que Gueden es el fruto de una de las imaginaciones más prodigiosas de la literatura fantástica, la de la californiana Ursula Le Guin (1919-2018). Ese mundo helado, en el linde de los planetas habitados, está incluido en la novela La mano izquierda de la oscuridad, entregada a la imprenta por primera vez en 1969 (¡como libro de bolsillo de 95 centavos!). Este año fue recuperada por el sello Minotauro (333 páginas), con la impecable traducción de Francisco Abelenda de 1973.

FEMINISMO INTELIGENTE

Harold Bloom, nada menos, considera a La mano izquierda de la oscuridad como la obra maestra de Ursula L.G. La novela ganó los dos honores principales de la ciencia ficción (Premio Hugo y Nebula) y es material de enseñanza en escuelas y universidades. Tiene el texto una clara sensibilidad feminista pero inteligente. La política nunca estropea la trama, ni las profundas indagaciones sobre la condición humana. "Escribí el libro desde el punto de vista de un hombre, prisionero de su virilidad... Eliminé el género para ver que quedaba", ha declarado la autora.

Se narran los esfuerzos del diplomático Genly Ai para que Gueden se una al Ecumén, una liga de mundos, con espíritu místico, fundada por un pueblo ancestral que sembró humanos en todos los planetas habitables de la galaxia. Recuerda a la Federación Unida de Planetas de Star Trek, aunque aquí el Primer Contacto lo efectúa un embajador solitario.

Trabaja el Enviado en dos países, rivales por borrosas cuestiones fronterizas: Karhide, gobernado por un monarca loco y miedoso; y Orgoreyn, un Estado policial, diezmado por las intrigas de facciones. En este último dominio, el mensajero interestelar es encerrado en la "Tercera Granja Voluntaria y Agencia de Reeducación de la Comensalía de Pulefen", donde casi lo matan. Lo rescata el señor-señora Estraven, su promotor en Karhide.

A la fuga del campo de trabajos forzados le sigue un viaje de mil doscientos kilómetros hasta la frontera. Genly Ai y Estraven cruzan en trineo y con esquíes montañas, hondonadas, desfiladeros, glaciares, volcanes, capas de hielo, pantanos congelados, todo desolado, inhóspito, muerto, en medio de las tormentas de pleno invierno en plena Edad Glacial. Esta travesía de 88 días (unas ochenta páginas) conforma una de las aventuras más apasionantes que pueden encontrarse en la literatura (a secas) del siglo XX. Uno no puede dejar de leer.

Vale decir, el lector encontrará aquí una obra filosóficamente significativa, desbordante de sucesos y con una atención al detalle impresionante. Le Guin -hija del distinguido antropólogo Al Kroeber y de la escritora Theodora Kroeber- no sólo se había documentado sobre astronomía, geografía y geología, sino que nos ofrece una visión convincente de la sociología y la psicología de una sociedad alienígena. Una Tierra alternativa.

Esta cualidad de demiurgo, acaso gnóstico, es la que caracteriza a los mejores escritores. Es posible que no sea una exageración sostener que la creadora del fascinante planeta Gueden-Invierno, puede compararse con el Jorge Luis Borges de Tlon Uqbar Orbis Tertius.

"Ursula Le Guin es una creadora magníficamente imaginativa y una gran estilista que ha elevado la fantasía a la Alta Literatura de nuestro tiempo", escribió H. Bloom hace unos años. E incluyó La mano izquierda de la oscuridad en su Canon Occidental.

Guillermo Belcore

Publicado en el Suplemento Cultura del diario La Prensa

Calificación: Excelente

domingo, 8 de agosto de 2021

Las constelaciones oscuras



Harold Bloom, ese crítico imprescindible, recomendaba invertir el tiempo que nos toca en las obras maestras y prescindir de las piezas de época. A esta última categoría pertenece la segunda novela de Pola Oloixarac (Buenos Aires, 1977), publicada en 2015.


No obstante, Las constelaciones oscuras (Random House, 237 páginas) es una lúcida aproximación -aunque de factura muy despareja- a dos fenómenos de nuestro tiempo: a) la monstruosa vigilancia social del Estado y de las grandes corporaciones mediante nuevas herramientas tecnológicas; b) el hacker como reacción, tan heroica como anárquica, al Gran Hermano.


La trama se despliega en tres tiempos diferentes:

* 1982: El diario del naturalista Niklas Bruun, que arranca con una orgía en las islas Canarias (el sexo cumple un papel importante en la trama, veremos) y concluye con una criatura monstruosa (¿aireana?) en la Amazonia.

* 1983: La biografía de Cassio Liberman-Brando Da Silva, hacedor de los virus informáticos más potentes de la historia argentina.

* 2024: El Proyecto Estromatolitón, desarrollado en el Instituto Balseiro, el "ojo cerebro absoluto" para una "desaforada biométrica".


Podría decirse que se trata de una obra posmoderna, cuya paranoia y jerga científica recuerda por momentos a Thomas Pynchon y en otros a Don De Lillo. La prosa de la señora Oloixarac tiene un aire inocente, carece de cualquier gravedad (hasta se mofa de "las performances publicitarias de las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo"), cultiva no sin éxito la parodia y repite la treta, tan de este siglo, de yuxtaponer elementos de diversas procedencias. Preferentemente contrapone Alta y Baja Cultura (el joven Werher y las Tortugas Ninja, por ejemplo). El conjunto es agradable e inspirador aunque ciertas ambiciones poéticas de la autora hacen rechinar los dientes. El lector tropieza con frases cacofónicas como ésta: "En el cielo, Venus brilla entre brumas y la Luna se disuelve en la fosa crepuscular de Buenos Aires". 


Como todos los escritores talentosos o que se creen talentosos, Pola O. tiene sus objetos fetiche. Si Borges nos encantaba con espejos y laberintos. Las constelaciones oscuras vuelve una y otra vez a los seres híbridos, al Antopoceno, al capital, al limo y -sobre todo- a las descargas seminales, es decir "las transfusiones en masa de ADN". Por otra parte, la escritora parece suscribir el mito del pansexualismo freudiano.


UNA FLOR EXÓTICA

Algo hay que decir de las ideas políticas de Pola O, quien durante la pandemia ha honrado al diario La Nación con artículos filosos sobre la nomenklatura kirchneroide. Aunque estudio filosofía en la Universidad de Buenos Aires es una orquídea exótica entre la rancia intelectualidad argentina. No se ha dejado seducir por el horror decadente de la corrección política o por el izquierdismo canalla que se descompone a tantos artistas de la Patria. "Los argentinos cultos sólo parecen capaces de soñar escansiones del marxismo", establece en la página treinta y cuatro.


Las constelaciones oscuras fue entregada a la imprenta siete años después de la muy comentada y elogiada opera prima de PO ( Las teorías salvajes ). Cierta crítica superficial la ha encasillado en los anaqueles de la ciencia ficción. Aunque avara en páginas (Pola nació en Argentina al fin y al cabo) es más compleja que una vulgar novela de género. Leerla hoyda idea de premonición, anticipa rasgos de aquello que hemos dado en llamarinfectadura. La escritora radicada en Barcelona expresaba un lustro atrás su temor por el"animal desatado del Estado"que quiere leer toda nuestra vida para, llegado el momento, sojuzgar.


"Los días del humano están contados" , nos advertía. Las máquinas mentales ya no son las únicas en regir la conducta. La ingeniería genética, la inteligencia artificial, el supergobierno global jaquean la libertad. "La tecnología misma es la forma de la traición; la forma que traiciona su propia naturaleza para convertirse en otra cosa" , remata Pola en el último tramo del libro. De ahí, el hacker como héroe libertario.

Guillermo Belcore

Calificación: Regular

domingo, 20 de diciembre de 2020

El fin de la infancia


El 5 de abril de 2063, poco después de la Tercera Guerra Mundial, el científico Zefram Cochrane probará en el espacio exterior un motor de empuje por curvatura (warp). La hazaña sin precedentes llamará la atención de una civilización alienígena benévola, organizada según los preceptos de la lógica, que desde hace tiempo observaba a los terrícolas. Es probable que el apretón de manos entre Cochrane y los visitantes de Vulcano se haya convertido en el más famoso Primer Contacto de la ficción científica (escribir “ciencia ficción” es un error) de nuestro tiempo, pero naturalmente no es el único que puede atrapar nuestra imaginación.

Arthur Charles Clarke (1917-2018), uno de los maestros del género, sitúa el Primer Contacto a fines de la década del cincuenta, en plena guerra fría. Colosales naves flamean sobre las capitales del mundo, justo cuando Estados Unidos y Rusia se habían enzarzado en una alocada carrera espacial. La raza humana ya no estaba sola. Los Superseñores, cuyo aspecto recuerda a un ser que ha aterrado a los niños de todos los tiempos, arrean a la humanidad a una Edad de Oro. Bajo una suerte de administración colonial basada en la ciencia y la razón, desaparecen la ignorancia, la enfermedad, la pobreza y el temor al cabo de cincuenta años. El precio pagado parece poco: se abolieron el arte y la aventura. Pero ésta generación afortunada será la última del Homo Sapiens sobre la Tierra. El oro es también el color del crepúsculo.
 

El fin de la infancia (Minotauro, 227 páginas, edición 2008) fue entregada por primera vez a la imprenta en 1954. Se trata de uno de esas obras de ficción razonada que desgranan un concepto en casi todos los párrafos. La apuesta es fuerte: Clarke ofrece una teoría total del universo. La prosa seduce por su elegancia y por su humor inteligente, un par de toques típicamente ingleses. La trama abarca la trama un siglo y medio de historia humana.

Dos virtudes hacen a la novela muy recomendable: las ideas que expone; y la imaginación portentosa sentado en el timón. Mr. Clarke nos cautiva no sólo con el Primer Contacto, también fragua una Edad Utópica de la humanidad (entre todas las creencias religiosas solo subsiste en ella una especie de budismo purificado); retrata el mundo colosal de los Superseñores en el centro de la constelación Carina; especula sobre Dios (la Supermente), la evolución natural y las paradojas de los viajes espaciales (¡oh!, la dilatación del tiempo); y profetiza un final de nuestra especiae que se opondría por igual al pesimismo y al optimismo. Deja un advertencia: “Los hombres y mujeres somos como niños que juegan y pelean dentro de un parque, lejos de las realidades terribles del mundo exterior", es decir de las fuerzas insuperables que provienen del espacio profundo.

Arthur Clarke, el racionalista esperanzado, tiene la gentileza de diseñar para sus lectores un proyecto de comunidad perfecta: Nueva Atenas, dedicada a salvaguardar tradiciones artísticas, bajo la atenta mirada de los Superseñores. La utopía brota pues en un par de islas paradisíacas del Pacífico y se basa en la ciencia moderna y en los pacientes estudios de los psicólogos sociales. El sistema funciona bien porque nada trascendente puede hacerse sin la aprobación de los comités respectivos (los cargos duran un año y son rotativos) y que porque la comunidad es lo bastante reducida (50 mil habitantes) para que todos tomen parte en su dirección y ser, de ese modo, verdaderos ciudadanos (¿el secreto del modelo escandinavo?). El ideal de Nueva Atenas es que todos traten de hacer algo, por pequeño que sea, mejor que los demás.

Un rasgo curioso del libro es que si bien la ideología clarkeana postula que la ciencia debe ser la única certeza, al final se acepta que hay poderes en la mente que los científicos no pueden encerrar. Las limitaciones del tiempo y del espacio no existen para los poderes parafísicos. Causas y efectos, incluso, pueden trastocarse.
 

La historia de la culminación de la especie humana que se le ocurrió al autor de Odisea 2001  abarca ciento cincuenta años fascinantes, como se dijo más arriba. Desde el Primer Contacto hasta el Ultimo Hombre. Quizás ese final, que no es trágico, sino melancólico, es lo que tratan de decirnos las antiguas religiones, conjetura Clarke, el genio.

Guillermo Belcore

Calificación: Muy bueno

viernes, 31 de enero de 2020

Star Picard: Capítulo I

La comunidad trekkie está feliz. Picard -esperadísima serie- estuvo a la altura de los anhelos de esos millones de terráqueos que integran la República de Fans de Star Trek. Quien esto escribe es uno de ellos. Larga vida y prosperidad a la CBS y a Amazon que la distribuye en América latina. Esta vez, el productor Alexander Hilary Kurtzman no nos ha decepcionado.
La excelencia de la narración televisiva se asienta sobre dos pilares magníficos: sir Patrick Stewart y Michael Chabon. Un actor de fuste de 79 años que se hizo famoso a escala global con el entretenimiento pop; y un destacado escritor (56) que había incursionado en la ciencia ficción y el arte del guión (aunque no siempre con éxito). 
Esa combinación perfecta ha permitido unir, con inteligencia y elegancia, en una historia coherente las series y películas tradicionales con las franquicias, tan desparejas como polémicas, de este siglo. Es decir, enlaza ST The Next Generation (se emitió desde 1987 hasta 1994) con la herética línea Kelvin de los films de J.J. Abrams. 
Desde ya, la sublime novedad del show es el retorno del capitán Jean-Luc Picard (ahora almirante retirado), personaje icónico de nuestro tiempo. Tiene 92 años y se ha recluido en su finca vitivinícola de la campiña francesa. Escribió libros de historia militar que nadie ha leído. La Star Fleet, ¡ay!, lo ha decepcionado. Catorce años atrás abortó su Operación Dunkerque para rescatar a 900 millones de romulanos de la devastación del Imperio provocada por una supernova. Mantiene la claridad moral y firme resolución, pero es un hombre triste. 
En el chateau Picard, sirven como amigos y asistentes dos ex agentes del Tal Shiar (el servicio de inteligencia de Romulus), enemigo ancestral de la Federación Unida de Planetas. El viejo lobo de la galaxia suele soñar con un viejo camarada, el comandante Data, heroico androide que se sacrificó para salvar a la tripulación de la Entreprise de la furia resentida del clon Shinzon (ST Némesis, 2002). 

OTRO MUNDO 

El primer capítulo de Picard (Remenbrance) nos teletransporta a fines del siglo XXIV. Atisbamos el futuro de Boston, París, Okinawa y Nueva York. La sociedad terráquea es multicultural, por todos lados hay razas de otros planetas, se ven bajorianos y trills, entre otros. La cuidada presentación visual, por cierto, es otra dignidad añadida a la serie.
En el año del Señor 2399, ya nadie puede producir androides. Están prohibidos desde la inexplicable rebelión de los humanoides sintéticos (uno de los enigmas de la trama con ecos de Philip Dick) que se zanjó en 2385 con la destrucción en Marte de las colonias y los astilleros Utopía Planitia. Más de 90.000 muertos como saldo.
Por consiguiente, Data no pudo ser replicado; la evolución oficial de los androides quedó trunca. Pero como siempre ocurre -giro trillado si los hay- un científico tan alocado como brillante desarrolló en secreto una técnica de "clonación neuronal fractal'' que logró lo que parecía imposible: un robot que sangre, sufra, ame y sienta. Estas maravillas se fabricaron en parejas, a espaldas de la sociedad y los militares. Una de las gémelas Dahj (Isa Briones) aparece en Le Barre para pedirle ayuda a Picard. Sufre una crisis de identidad desde que comandos romulanos intentaron secuestrarla (algo despertó dentro de sí y logró despacharlos a lo Jason Bourne). Dahj es la palancia que pone en marcha la narración.
La segunda gemela aparecerá al final del capítulo primero dentro de un cubo borg, donde una facción de sobrevivientes romulanos planea, al parecer, la reconstrucción y la venganza. Fascinante, diría el señor Spock.
 Se vislumbra, por otro lado, un prometedor giro; una ruptura conceptual con ese optimismo, algo ingenuo, de anteriores entregas de la saga. Algo huele a podrido en la Flota Estelar y nuestro héroe lo ha captado. En una conversación con Los Angeles Times así lo matiza el showrunner Michael Chabon: 
``Star Trek, en realidad, nunca se trató de cómo la humanidad se vuelve perfecta; siempre se trató de cómo la humanidad sufre y trabaja para superar todo lo que es inherentemente destructivo en nuestra naturaleza''. 

Todos los viernes, Amazon Prime añade un capítulo de Picard de una hora de duración. Aquí estamos contando las horas para el próximo. Ha trascendido que también vuelve Siete de Nueve (Jeri Ryan).

martes, 13 de agosto de 2019

The Boys, la serie

Los superhéroes no son como usted pensaba. Superman fue creado en un laboratorio por Vought American, poderoso grupo empresarial. El hombre de acero es un resentido, cínico, una verdadera basura y una real amenaza para la humanidad. Aquamán es un abusador sexual. La Mujer Maravilla, depresiva y alcohólica, está moralmente quebrada. Flash, un adicto al suero que incrementó sus poderes. ¡Cuidado, señora, cuando vaya al baño! El Hombre Invisible se ha aficionado al vouyerismo. Todos son unos redomados mentirosos y corruptos, pero las masas los veneran gracias al excelente trabajo de prensa y promoción de Vought.
Bienvenidos al universo loco de The Boys, acaso la sátira más corrosiva que ha creado Amazon Prime Video, división streaming de la empresa con mayor capitalización bursátil del planeta.
La serie de sólo ocho capítulos (acaba de estrenarse) imagina que una célula de humanos decide vengarse de los superhéroes. Dos de ellos han perdido al amor de su vida por culpa de los efectos colaterales de la comunidad heroica. Otros dos son ex mercenarios de la CIA (Leche Materna y el Francés) que acceden a dar una mano a su antiguo camarada Billy Butcher (Karl Urban, el doctor McCoy en Star Trek), el jefe de la pandilla. El quinto elemento de The Boys es Kimiko (Karen Fukuhara), una chica asiática a quien los malos pretendían convertir en una ultraterrorista con el propósito de justificar cuantiosos contratos con el Pentágono.
En el primer capítulo conocemos a una parejita de tortolitos: Hughie y Robin. Van a besarse en la acera, ella pone un pie en la calle y entonces. Audaz (el Flash de esta versión) la atraviesa como si se tratara de aire. El súperhumano se disculpa con Hughie (Jack Quaid, el hijo de los actores Dennis Quaid y Meg Ryan): ``Lo siento, viejo, no puedo detenerme''.
Hughie se queda con las dos manos de Ronda y una masa sanguinolenta sobre la calzada (la serie cultiva el gore, es decir hay muchas muertes asquerosas). Tiene el corazón destrozado. Butcher lo recluta poco después para su Club de la Venganza, pero el chico es decente y dulce, se resiste a convertirse en un asesino serial y termina enamorando y enamorándose de la cándida Starlight, uno de Los Siete(copia de La Liga de la Justicia de DC). Será un contrapeso a la ira demencial de Billy Butcher.

EL MUNDO DE GARTH
Hay que decir que la serie es una adaptación del cómic homónimo. Hay que destacar, entonces, la imagineria del señor Garth Ennis (Hollywood, Irlanda del Norte, 1970). Es lo que se llama un autor de culto, aunque muy controvertido por la gran efusión de sangre en sus guiones y la furiosa iconoclastia. Su criatura más reconocida es Predicador (también reciclada en serie televisiva), pero se ha elogiado, asimismo, el giro oscuro que le ha dado tanto a The Punisher como a John Constantine.
Ha demostrado Ennis su desdén hacia los superhéroes en dos historietas: The Autority y, justamente,The Boys (72 ediciones entre 2006 y 2012), donde los prodigios no sólo sufren el complejo de Edipo sino que también están dispuestos a matar a decenas de civiles con tal de mantener su estatus de celebridades. Ennis es uno de los productores ejecutivos de la serie.

SATIRA IMPIADOSA
En el plano artístico, el guion descuella como sátira impiadosa, a lo Jonathan Swift. No sólo se ridiculiza a los superhéroes (en realidad nos muestran sus dificultades en el mundo real) sino que hay un alegato contra dos pilares de la cultura estadounidense, la codicia empresarial y la derecha religiosa (en el magnífico capítulo V, `Bueno para el alma'), al tiempo que se nos recuerda la pavorosa facilidad con que las personas comunes pueden ser manipuladas por el marketing.
Asimismo, se aborda de manera lateral una cuestión política trascendente: quién vigila a los vigilantes. Es decir, se plantea la urgencia de supervisar a aquellos a los que la sociedad les confía el derecho a portar armas y el trabajo de combatir la delincuencia y el terrorismo.
Hay una escena memorable en la que Vengador (el análogo de Superman con colores y los rasgos políticos del Capitán América) arenga a una legión de rescatistas en una playa salpicada con los restos de un vuelo de pasajeros que habían secuestrado extremistas islámicos. El discurso, la pose, la filosofía es de George Bush en la Zona Cero días después del 11-S. Por aquí van los tiros.
Súmele a la parodia, algunos chistes buenos (siempre el humor es negro), las buenas actuaciones, diálogos con ironía y los sólidos efectos especiales. El combo es atractivo.
En el último capítulo, el texto se aparta del original. En la historieta, Vengador había violado a la esposa de Billy Butcher y el bebé monstruoso, producto de esa aberración, mató a su madre desde el vientre. En la serie, no. Un sutil cambio nos permite confirmar la absoluta depravación del superhéroe y abre la puerta para una promisoria segunda temporada, que ya estamos ansiando.
A ver. Si Stranger Things fueran los Beatles, The Boys no sería los Rollings Stone sino The Clash o los Ramones. Es el punk del universo series.

Calificación: Muy bueno

FICHA TECNICA
The Boys
Año: 2019. Duración: Ocho capítulos de 60 minutos. País:Estados Unidos. Dirección: Evan Goldberg (creador), Seth Rogen (creador), Eric Kripke (creador), Dan Trachtenberg, Jennifer Phang, Philip Sgriccia, Daniel Attias, Stefan Schwartz, Fred Toye. Guion: Eric Kripke, Anne Cofell Saunders, Ellie Monahan, Evan Goldberg, Phil Hay, Matt Manfredi, Garth Ennis, Seth Rogen, Craig Rosenberg, Rebecca Sonnenshine, George Mastras (Cómic: Garth Ennis, Darick Robertson). Música: Christopher Lennertz.Reparto: Karl Urban, Jennifer Esposito, Jack Quaid, Elisabeth Shue, Laz Alonso, Colby Minifie, Jess Salgueiro, Brittany Allen, Bruce Novakowski, Sarah Camacho y otros.Productora: Amazon Studios.