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jueves, 1 de septiembre de 2011

Hijo de hombre

Augusto Roa Bastos
Novela. Eterna Cadencia, 414 páginas. Edición 2011

Solo dura el sufrimiento. El sufrimiento tiene una rara vitalidad.
A.R.B.

Cuando languidece la producción de novelas como hoy en el Cono Sur (por cierto, ¿alguien puede recomendarme una novela argentina publicada en 2011 que realmente valga la pena?), lo mejor es volver a los clásicos. El refugio ideal hasta que escampe. Hijo de hombre fue concluida en 1959, al comienzo del boom de la narrativa latinoamericana, un tiempo en que la riqueza de vocabulario, el esculpido minucioso de los personajes, la trama entretenida, las densidades temáticas y estéticas eran valores que la Alta Literatura de ninguna manera podía soslayar. Otra época. A nadie se le antojaba entonces que una novela podía ser la cosita que cabe en el buche de un pitogüé (Pitangus sulphuratus).

¡Qué librazo tenemos aquí! Fruto -como destaca el prólogo de Sergio Ramírez- de una imaginación impenitente. Va ensamblando fragmentos de la tremenda historia paraguaya, como la Guerra del Chaco, la represión de los alzamientos campesinos de principios del siglo XX o la esclavitud en los yerbatales (el mensú enterrado vivo en las catacumbas verdes). La trama rompe la progresión lineal, va y viene en el tiempo. En rigor, se trata de diez relatos independientes, en los que los personajes se repiten y el sufrimiento de los débiles también. El lector va atando cabos con el correr de las páginas.

La obsesión es aquí una virtud semejante al coraje. Hombres y mujeres atontados, bestializados, a los que el infortunio los ilumina con una especie de recia luz interior. “En lo que tiene que ser no se piensa. Se lo pone el pecho y se acabó”, es lema de valientes como Casiano Jara, huido con su familia del infierno de Takurú-Pukú. O incluso de un antihéroe, como Miguel Vera, el entregador de los rebeldes de las olerías y luego asesino de sus camaradas, enloquecido por la sed (“la muerte blanca“), en la demencial reconquista del Fortín Boquerón. También encontramos cretinos con poder que golpean al pueblo como una peste (caso Melitón Isasi, el macho cojudo o Atanasio Galván, el telegrafista buchón). Todas las historias resultan entretenidas por lo siniestras, transcurren en “un contorno inculto, encallado en el atraso del primer día del Génesis”.

También la expresión ha sido templada con esmero. Hay frases que refulgen como un verso (“en el silencio engrudado de luna y relente dormía el pueblo”). La formidable aunque dulce presencia del guaraní y los giros regionales (“es el destino, dijo el sapo que murió debajo de la tabla”) le proporcionan al texto un sabor exótico y fresco, como la pulpa del mango. La prosa de Roa Bastos, en sus mejores momentos, tiene una tersura incomparable. Vale decir, el lector encontrará una lírica potente, una denuncia social e histórica muy filosa, y un puñado de personajes espeluznantes. Para los amantes de las etiquetas, podría decirse que fue tallado en clave de romanticismo selvático.

Roa Bastos compuso buena parte de este libro extraordinario cuando trabajaba en Buenos Aires como mozo en un albergue transitorio, que es como llamamos los porteños a los hoteluchos por hora que satisfacen la necesidad de intimidad de las parejas. Es posible que el contacto habitual con el sexo sea un poderoso acicate para la imaginación. Recuerdo que Faulkner, que fue recepcionista-conserje en un prostíbulo, decía que no hay mejor trabajo en el planeta que un lupanar para dedicarse a escribir (para un hombre supongo).

Guillermo Belcore

Calificación: Excelente

domingo, 6 de febrero de 2011

El poder en el bolsillo

Por Jorge Elías
Norma. Ensayo periodístico de 280 páginas. Edición 2010.

``Seré curioso, ¿qué lleva en los bolsillos?". El periodista Jorge El¡as (Quilmes, 1963) ha formulado está pregunta fastidiosa e indiscreta a decenas de l¡deres mundiales. La ha empleado como escotilla de acceso a la verdadera personalidad de los que mandan. Descubrir las intimidades y manías de los que gobiernan, justamente, se ha convertido en su pasión. Da cuenta de ello, en este volumen ágil, ameno y desparejo.

Se trata de un libro de periodismo, ni más ni menos. Con las virtudes y las taras que suele demostrar tan noble oficio. La prosa es clarísima, nerviosa (el zapping es su procedimiento favorito), repleta de información, de bajo vuelo literario, redundante. Elías editorializa, añade citas ocurrentes, reproduce entrevistas, retrata personalidades. Puede achacársele que, a menudo, se detiene en la superficie de las cosas y que padece de moralismo. Pero los textos desbordan de anécdotas y chismes, y están cubiertos casi todos con un glaseado de saludable escepticismo. Sólo Barack Obama y los socialistas uruguayos y chilenos -hombres y mujeres probos, serios y austeros- parecen haber conquistado el corazón de Elías, como de tantos argentinos a los que le duele la mediocridad de nuestra clase pol¡tica.

El valor de la obra radica, pues, en que el señor Elías ha viajado mucho, entrevistó a dirigentes de la talla de George Bush o Vojislav Kostunica, y tiene un singular talento para decorar los artículos con datos raros y reveladores, incluso cómicos, al mejor estilo de Paul Johnson. Uno se entera de cuál es el platillo favorito de Hugo Chávez, de que el rey de Marruecos es un tarambana, de que la esposa del primer ministro de Japón es una reventada, y de que la honestidad de Pepe Mujica resulta excesiva para los tiempos que corren. ­¡Ah!, y que casi todos los pol¡ticos son extremadamente amarretes.

Guillermo Belcore
Publicado en el suplemento de Cultura del diario La Prensa.

Calificación: Entretenido.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Maldita guerra

Francisco Doratioto­
Emece - Ensayo de 637 páginas. Edición 2004.
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En 1860, el cono sur era un caldero de brujas. Fronteras borrosas engendraban una inestable paz armada. Dos potencias intentaban, a punta de bayoneta, consolidar la unidad nacional. Y la crueldad era pan de todos los días. El paso en falso lo dio un Calígula que administraba su país como una estancia brava. Ares entró en escena durante cinco largos años y las Furias segaron 350.000 vidas. Este libro ofrece, desde la trinchera brasileña, una mirada inteligente sobre las causas, el desarrollo y las consecuencias de la Guerra del Paraguay.

Francisco Doratioto es un respetado catedrático de Brasilia. Vivió en Asunción y encontró documentación parcialmente inédita. Intenta, en nombre de la verdad histórica, pulverizar ciertos mitos del revisionismo que ve la mano malvada de Inglaterra atrás de todo. Explica que el Paraguay beligerante era una versión degradada de la Nicaragua de Somoza. Francisco Solano López fue un déspota aventurero y obstinado, con una percepción errónea de su poderío e incapaz de leer el escenario internacional. "Es un disparate considerarlo un mártir antiimperialista", sentencia.

Doratioto no oculta las ambiciones de Brasil y la Argentina, que ardían por resolver encrucijadas internas con guerras afortunadas. El gran agresor, no obstante, fue Solano López: nunca consideró una solución diplomática, acicateado por uruguayos blancos que intrigaban entre bambalinas. Pero no existen buenos y malos en el relato, sino intereses y personalidades en pugna.

La tesis puede discutirse. Empero, la tarea de reconstrucción histórica es impresionante. Desfilan ante nuestros ojos tremendas batallas; fue la segunda guerra total de la edad contemporánea. ­

El autor es benévolo con Mitre, lo considera un visionario que reemplazó la tradicional animosidad entre Buenos Aires y Río de Janeiro por un eje de colaboración. En cambio, maltrata a Urquiza. Era, al parecer, un patrón deleznable. Sus peones podían estar hasta seis meses sin recibir un centavo.­

Guillermo Belcore­

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Calificación: Muy bueno­

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PD: Muy interesante es revisar el revisionismo. En la Guerra del Paraguay se cumplieron todos los objetivos estratégicos de Brasil. La Argentina se tuvo que conformar como botín de guerra con Formosa y Misiones, dice el autor. ­

martes, 12 de febrero de 2008

Los mitos de la historia argentina II

Por Felipe Pigna­
Planeta - Ensayo de historia, 405 páginas, publicado en 2005. Precio aproximado: 45 pesos.
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Nietzsche postuló que verdad es sólo lo que nos interesa. Fiel a esa premisa, Felipe Pigna define así la historia: "es un saber dialéctico pasible de ser revisado de acuerdo con los intereses de cada momento en que se la lee y se la necesita''. Hoy, según plantea, la urgencia es reforzar la argentinidad, desdibujada en las miasmas de la frustración. Debe demolerse el escepticismo y la desesperanza del hombre de la calle y del muchacho que empieza a leer. No todo ha sido podredumbre.

La primera versión de Los mitos se convirtió en un best seller y Pigna, en un personaje mediático, desdeñado por los académicos. Se lo llamó "el sucesor de Félix Luna''. Tiene el don de la amenidad y transcribe mil citas interesantes, pero su mirada es binaria. ¿Podrá alguna vez la Argentina librarse del maniqueísmo antiguo? Egoísmo entreguista versus generosidad patriótica es aquí el eje de los opuestos.

El profesor Pigna revisa de San Martín a El granero del mundo. El lector se conmoverá con la lucidez y el altruismo de El Libertador, con las proezas de Güemes y Bouchard, y con las últimas horas de Manuel Dorrego. Hay una justa indignación por el empréstito de la Baring Brothers y la corrupción de Juárez Celman. Retrata a Solano López y Cafulcurá como santos y a Mitre y Roca como canallas. Muy divertido es el capítulo sobre Sarmiento.

Los momentos más flojos son cuando el autor juega al moralista ingenuo o al ideólogo. Sucumbe al cliché anticapitalista, revive modas decrépitas como `la teoría de la dependencia' y trasplanta al pasado polémicas de hoy. Se sugiere al lector un inclaudicable ojo crítico, aunque -en verdad- la propaganda sólo desluce un libro tan entretenido. Su tenaz búsqueda de lo ejemplar, lo justifica.
­Guillermo Belcore­

­Calificación: Regular­