martes, 16 de agosto de 2022

La perdida de El Dorado


A once kilómetros de la costa de Venezuela se encuentra Trinidad, una isla un poco más extensa que la Gran Malvina. Es la llave del Orinoco, ese río caudaloso que emana del Jardín del Edén, al decir de Cristóbal Colón. Por casi trescientos años, formó parte de una fantasmal provincia del Imperio Español, hasta que en 1797 fue arrebatada por los ingleses, un pueblo aficionado a quedarse con islas ajenas. Hoy forma parte de una nación independiente: Trinidad y Tobago, que tiene el tercer Producto Bruto per cápita más alto del continente, gracias al petróleo y al turismo, pero cuyo mayor aporte a la humanidad puede haber sido el nacimiento de
Vidiadhar Surajprasad Naipaul (1932-2018), uno de los mejores escritores de nuestro tiempo.

El premio Nobel de Literatura 2001 escribió una de esas novelas que nadie que quiera ser considerado buen lector debe ignorar: Una casa para el señor Biswas (1), pero aquí venimos a comentar otra de sus creaciones que, si bien está a años luz de su obra maestra, tal vez interese al amante de la Historia y de los textos muy bien escritos. Después de dos años de minuciosa investigación y composición con admirable soltura, Naipaul entregó a la imprenta en noviembre de 1968 La pérdida de El Dorado (Monte Avila, 430 páginas), una reconstrucción del pasado de su patria, desde 1503 hasta principios de siglo XIX. Se trata de una novela histórica híbrida, de no ficción.

Como las musas han dotado a Naipaul del don literario de la descripción de caracteres, recorre las páginas una fascinante galería de personajes de la vida real. El primero, don Antonio de Berrío, el fundador de Puerto España -actual capital de Trinidad & Tobago- y tenaz perseguir de El Dorado, esa ciudad mítica enclavada en algún lugar de la selva sudamericana que avivó hasta la locura la sed de riquezas de los europeos, y también sus fantasías sexuales (las orgías en la tribu del cacique rubio, con polvo de oro y ungüentos pegajosos, eran extraordinarias, se afirmaba). Por cierto, sir Vidia sostiene en la página 88 que la sífilis ``fue la única venganza que el Nuevo Mundo se cobró con el Viejo''.

Aquí, asimismo, tropezamos con sir Walter Raleigh, prototipo del corsario anglosajón, versado en cultura clásica pero cuyo propósito -además de conseguir metales preciosos- era el exterminio de la raza española en el Caribe. Luego, con sir Tomás Picton, primer gobernador de Londres, que -con mano de acero en guante de hierro- convirtió a Trinidad en una colonia infame, similar a las islas azucareras de las Indias Occidentales con sus plantaciones de esclavos.

Aquellos frívolos que sostienen que a la Argentina le hubiera convenido el triunfo de las Invasiones Inglesas y cambiar un amo por otro, deberían mirar de cerca los planes de Londres para convertir a Sudamérica en una nueva Asia, como ocurrió con Trinidad y Tobago, donde llevaron más de 150.000 hindúes de las atribuladas planicies del Ganges para reemplazar a los negros de las fincas, entre ellos a los abuelos de Naipaul.

Las copiosas fuentes documentales de este libro son otros libros -como las narraciones de Raleigh, o de Fray Antonio Caulin, o del historiador Fray Pedro Simón, o del periodista Mc Calllum-, el Archivo General de Indias de Sevilla, cartas y diarios personales, el Courant, periódico trinidense. Realidad y fantasías de la mente se amalgaman como en las mejores obras del género novelístico, aunque La pérdida de El Dorado también tiene sus momentos aburridos.

Francisco Miranda, el revolucionario, es otro de los personajes encantadores que evoca Naipaul. Un inglés amigo suyo fue quien quiso apoderarse de Buenos Aires en 1806, cuando en realidad debía haber capturado Ciudad del Cabo. Miranda fue traicionado por un petiso misterioso -admirador de Napoleón Bonaparte y con un matiz de sangre africana o indígena- que negoció con Gran Bretaña el reconocimiento de la Venezuela independiente. Se llamaba Simón Bolivar.

Aristotélico cabal, las personalidades, las voluntades en pugna, los defectos y las virtudes de cada individuo son más importantes para Naipaul que los movimientos sociales (el rugido de la ola debajo de los pies de cada hombre, como decía Bismark). No obstante, el peripatos, se nos obsequia una perspicaz descripción de los caracteres nacionales. En la entidad colectiva Reino Unido, el novelista encuentra ``esa característica tensión inglesa, que en apariencia era reticencia, y que involucraba jovialidad, ambición, buena reputación y alevosía...''

En el alma de España, la búsqueda de honores va pareja a la de riquezas, y se constata ``la consagración a librar una guerra santa, aferrados a un código caballeresco anacrónico...''. La exploración y conquista de América fue para los hijos de la Madre Patria ``la última aventura medieval''; para los franceses e ingleses, una empresa capitalista. En la página 76, se deja establecido que ``los españoles, ni aun en los casos de extrema necesidad, jamás sembraban, dependían de los nativos para su sustento''.

Es inevitable pensar que muchísimos argentinos han heredado esa tara mental; miles de hidalgos de pacotilla -incluso muy influyentes- desprecian el trabajo agrícola y abominan del comercio internacional. Así le va a la Patria.
Guillermo Belcore

Publicado hoy en el diario La Prensa.

Calificación: Bueno

lunes, 15 de agosto de 2022

Madres, padres y demás


Por Siri Hustvedt

Seix Barral. 410 páginas


Un sello editorial ha creído oportuno publicar un cajón de sastre de Siri Hustvedt (Minnesota, 1955). Madres, padres y demás, en efecto, reúne apuntes de las más variadas procedencias, con una calidad muy despareja. Es el precio que suele pagarse cuando se imprime como libro lo que nació para ser otra cosa.


El volumen incluye, básicamente, dos temáticas: recuerdos familiares y comentarios literarios. Los primeros son insulsos (efecto tempestad en tubo de ensayo) y apenas atrapan la inmensidad de las planicies de Minnesota (¡Oh, Fargo!). Los segundos basculan entre lo mediocre y lo interesante. Uno tropieza con sentencias francamente ridículas como ésta: ""El arte es como el sexo. Si no te relajas, no lo disfrutarás" (El futuro de la literatura, conferencia en Oslo, 2017).


Sin embargo, como decían los antiguos, no hay libro tan malo que no incluya algo bueno. El lector podrá disfrutar de dos sagaces críticas. La señora Hustvedt desmenuza Persuasión de Jane Austen (es el prólogo de otro libro) y Cumbres Borrascosas de Emily Brontë. Aunque la deconstrucción es lo suyo, la ensayista hace un valeroso esfuerzo para escapar de una moda estadounidense: la indignación moral ante los clásicos. Dispara (y da en el blanco) en la página 227: 

"Limpiar la literatura de las manchas de la misoginia, el racismo y la xenofobia, por no hablar de otros innumerables delitos horribles contra la especie humana, reduciría en un abrir y cerrar de ojos nuestras bibliotecas a un tamaño alarmante de unos pocos volúmenes bendecidos por aquéllos que han asumido la ardua tarea de la depuración literaria".


Hay que destacar que el volumen será de utilidad para aquéllas personas interesadas en la llamada perspectiva de género. Siri Hustvedt es una de las campeonas del movimiento feminista (en el modo suave), lo que podría haber generado cierta sobrestimación, en ciertos círculos, de su talento literario. No estamos ante una Doris Lessing o una Alice Munro. Estamos uno o dos escalones más abajo y se percibe en los textos. En la página 161, se culpa a Platón por la discriminación hacia los libros escritos por mujeres; supuestamente es el filósofo que ha moldeado el pensamiento de Occidente.


En el último capítulo leímos un brillante artículo periodístico. Hustvedt evoca a Sylvia Marie Lickens, una niña torturada y asesinada por una mujer diabólica y sus hijos, en Indiana, década del sesenta. Para explicar la barbarie, la autora llama al estrado al erudito francés Gustave Le Bon, quien propuso la teoría de la mente grupal: 

"...una fuerza inconsciente creada por contagio de un sentimiento que vibra a través sus múltiples partes individuales hasta convertirse en una realidad mental única. La multitud es crédula y fácilmente influenciable por medio de la sugestión...".


¿No es eso lo que nos ha ocurrido en la maltratada Argentina? Una nación vejada -y acaso asesinada- por la mente grupal populista.

Guillermo Belcore

Calificación: regular

domingo, 7 de agosto de 2022

En los más profundo del sur

 


En los más profundo del sur de Estados Unidos hay un lago maldito. Siempre está frío, como el algor mortis; siempre es negro, como el alquitrán. Un explorador, con algunos conocimientos de educación clásica, lo bautizó Karagol, en alusión al espejo de agua de Esmirna donde Tántalo -el antropófago, el filicida, el ladrón- fue atormentado por los dioses.


Algunos hombres no muy listos han erigido un pueblo en las cercanías de ese lago tóxico. La población se llama Cargill y está ubicada en el centro de Burdon County, el más pequeño y deprimente de los municipios del estado de Arkansas. Es un pozo de maldad. Su vida política, social y económica ha sido controlada por el clan de los Cade -una verdadera manada de lobos- desde que se tenga memoria, incluso desde antes.


A Cargill llegó a fines de la década de los noventa el atribulado Charlie Parker en busca de pistas sobre el demonio que asesinó a su mujer y a su hija, y lo destrozó a él. Es que en el Bosque Nacional de Oauchita han aparecido los cadáveres de tres chicas negras, con ramas clavadas en la boca y en el ano. Crímenes espantosos y exhibicionistas. Quién sabe, puede que sea el mismo demente. Los Cade decidieron, no obstante, que la investigación se estanque hasta tanto el condado consiga firmar la radicación de una industria armamentista que sacará de la miseria secular a sus habitantes y en el proceso volverá más ricos y poderosos a los cuatro miembros del clan. Gobierna en la Casa Blanca un hijo de Arkansas: William Jefferson Clinton -el “Taimado Billie”, para los lugareños- se ha convertido en el cuadragésimo segundo presidente de Estados Unidos y llueven los incentivos para la inversión en su estado natal.


Bienvenidos, lectores, a la novela número diecinueve de la magnífica saga Detective Charlie Parker. El irlandés John Connolly (Dublin, 1968) la había entregado a la imprenta en enero de 2020. En lo más profundo del sur (Tusquets) es un thriller atrapante, que incluye sólo un par de elementos fantásticos, la especialidad de la casa.­


­LA CORTINA DE MAGNOLIA­


­El libro se despliega en dos tiempos: el ahora y el entonces. El primero ocupa poquitas páginas, al inicio y al final. Un llamado telefónico desata la evocación. Como dijimos, Parker cruzó hace veinticinco años la Cortina de Magnolia para seguir una pista que le había proporcionado su amigo, Woolrich, agente especial del FBI. Pero el monstruo de Cargill no es el mismo que le ha roto el alma en Nueva York. Uno de los pocos hombres justos del condado le pide ayuda a Parker para poner fin a la matanza de las inocentes. El ex policía (no era aún detective privado, ni si había afincado en Maine) se encoge de hombros, no es su problema. Una visión, empero, lo hace recapacitar (“¿quién puede distinguir la realidad de la fantasía?”) y el sabueso de treinta y pocos años -pero que habla como Phillips Marlowe y obra como un veterano de guerra- se suma a la cacería humana en una región empobrecida, donde muchísimas personas cultivan el resentimiento y el odio como si se tratase de plantas de interior.


Hay muchas razones para recomendar esta novela policial. La pequeña filosofía, por ejemplo. Como todo literato de la católica Irlanda, Connolly suele reflexionar sobre el problema del mal y de la perversión moral. La antinomia fundamental de la trama es entre hombres rectos y hombres torcidos. El jefe de la Policía Evander Griffin vs. el investigador principal del sheriff, Jurel Cade.


Una vez más, muestra Connolly una destreza inusual para el retrato. Los personajes secundarios son formidables, sobre todos los pecadores. Atrapan nuestro interés los matones Pruit Dix y Leonard Cresil, hombres abominables con una veta de crueldad de dos kilómetros de ancho. ¿Qué son estas entidades malignas? Acaso, aberrantes anomalías de la evolución que se sienten atraídas por una fuerza del universo anterior a la humanidad: el mal. Pero sería injusto calificar a la literatura de Connolly de maniquea: sus criaturas son complejas, sumidas en contradicciones. Parker sobre todo.­


La carpintería de la obra también merece elogios. El ritmo, el manejo de los tiempos narrativos, es excelente. Parker entra en acción en la página ciento veinte; el asesino aparece en la doscientos cuarenta. Nunca el tedio asoma su fea cara; el cuadro costumbrista entretiene. Se nota el trabajo de campo. Connolly ha querido denunciar “una cultura particular y un conjunto distintivo de resonancias históricas”. En Burdon County nada está limpio: “Trace usted una línea con la regla y le saldrá torcida”.­


Debe destacarse también el tono justo de la prosa que ha conseguido el experimentado autor. Se ha dicho que la buena novela policial es, además del tema, una técnica narrativa, perfeccionada en Estados Unidos. Es un retintín, un feliz exceso de la ironía y la hipérbole con un ping pong de ingenio en los diálogos. El forastero John Connolly ejecuta con sublime habilidad el procedimiento.­


Para sintetizar, En lo más profundo del sur podría definirse como el escape ideal para cualquier argentino que desee leer algo diferente a su penosa realidad. A todos, amigo lector, nos duele la Patria en el cuerpo.­

Guillermo Belcore

Publicado en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa


Calificación: Muy bueno


PD: En este blog laborioso elogiamos otros libros de Mr. Connolly:


https://labibliotecadeasterion.blogspot.com/2018/04/el-invierno-del-lobo.html.

http://labibliotecadeasterion.blogspot.com/2008/11/los-atormentados.html.

http://labibliotecadeasterion.blogspot.com/2015/03/cuervos.html.

http://labibliotecadeasterion.blogspot.com/2013/12/nocturnos.html.