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domingo, 28 de marzo de 2021

Civilizaciones

 


Se ha afianzado en la Europa continental cierta corriente literaria que bien podría definirse como estilo pueril. No significa que sea un demérito per se una prosa tan simple y plana que hasta un niño podría entenderla, pero el lector adulto que goza con las densidades temáticas y estilísticas es probable que sienta que está dilapidando su tiempo (¡oh, funesto pecado!) con las obras de Michael Tournier o Milena Angus, por citar dos casos.

En esta categoría descafeínada debe incluirse la tercera obra de ficción del profesor Laurent Binet (París 1972), novela de aventuras y delicada intriga que la crítica y público de su país ha consagrado. Civilizaciones (Seix Barral, 442 páginas) recibió el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa, lo que delata el estado general de las bellas letras en "la más literaria de las naciones" (Borges dixit).

La trama no carece de encanto ni inteligencia. Binet imagina que allá por el año 1.000 una guerrera vikinga (no es este un libro que carezca de perspectiva de género) conduce a las civilizaciones precolombinas a la Edad de Hierro y les otorga los otros dos elementos que -según los historiadores- les hubiese permitido resistir la conquista europea: el caballo y los anticuerpos. El efecto cascada de ese mestizaje hace que Colón y los suyos sean aplastados por los indios taínos; la corona española renuncia, como consecuencia, a los viajes trasatlánticos.

En 1531 de nuestra era, el emperador Atahualpa, con ayuda de los cubanos y huyendo de su hermano Huáscar, llega a Lisboa con casi 200 súbditos quiteños, guacamayos y un puma. Con un coup de main en Salamanca captura a su colega Carlos V. Con matanzas, guerras, asesinatos selectivos, pactos con potencias extranjeras, alianzas matrimoniales y alivio de los oprimidos logra apoderarse del "imperio donde nunca se ponía el sol", y lo convierte en el Quinto Cuarto.

El Hijo de Sol, inspirado por Maquiavelo, se convierte en rey de España, príncipe de los belgas y de los Países Bajos, rey de Túnez y Argelia, Rey de Nápoles y de Sicilia, emperador del Sacro Imperio Germano (le ciñen la corona de Carlomagno). Francia es su principal aliado. Los Habsburgo se atrincheran en el trono de Viena. Enrique VII se convierte a la religión incaica atraído por la poligamia. Sevilla es el centro del mundo. Desde el Viejo Mundo llegan colonizadores (collas, chimúes, chachapoyas, etc.) y un río interminable de oro y plata; a cambio el Tahuantinsuyo recibe vino, trigo y obras de arte. Ingenioso, ¿no?

NOVELA DE PROPOSITO

Como dijimos, Civilizaciones entretiene como novela de aventuras, pero merece también un análisis como libro de propósito. La ucronía incaica es el vehículo ideal para que Laurent Binet, apostol del izquierdista radical Jean Luc-Melenchon, exprese su ideario progre, al precio de incurrir una y otra vez en anacronismos.

En primer lugar, al autor le interesa persuadirnos del caracter criminal y reaccionario de la civilización cristiana; los representantes del ""dios clavado"" son, en efecto, las villanos de la película, desde el Papa y los inquisidores hasta un Lutero con rasgos de orate. El imperio ecuménico de Atahualpa, en cambio, respeta la libertad de culto, siempre y cuando se honre al Sol, dos veces al año.

También hay un mensaje social y político. El Quinto Cuarto establece el Welfare State, la reforma agraria y el ecologismo con trescientos años de adelanto. Se trata de una civilización benigna que cuida de los débiles y exige a los súbditos, en lugar de impuestos agobiantes, dos o tres meses de trabajo para que el Estado pueda hacer obras públicas y surtir sus almacenes comunales. El monarca sería una suerte de tolerante y sabio líder populista, protector de los pobres. En cambio, la República del naciente capitalismo se define, al pasar, como ""esa forma de gobierno en la que un grupo de nobles se reparte el poder y elige a sus soberanos"".

Binet no ahorra ninguno de los clichés de Francia: los ingleses son pérfidos, los españoles fanáticos y atrasados, los alemanes crueles y desmedidos, los italianos volubles e intrigantes.

CULTO AL PASTICHE

El procedimiento esencial de la novela es el pastiche, el recurso de los holgazanes. No hay aquí un estilo en juego, excepto por el tono irónico muy de vez en cuando. Binet amontona sagas vikingas, el diario fragmentado de Cristóbal Colón, las crónicas de Atahualpa, cartas entre Thomas Moro y Erasmo de Rotterdam, poemas de la Incada (muy malos), el relato de las aventuras de Cervantes (muy divertido).

Usted encontrará en el libro pura narratividad, un suspenso tenue, habilidad para resolver situaciones encastrando los ladrillos del siglo XVI a partir de un hecho que nunca ha sucedido pero con personajes reales como Miguel Angel o Copérnico. Eso está muy bien. No obstante, las buenas descripciones, la poética y la filosofía, y la profundidad psicológica brillan por su ausencia.

En manos más virtuosas para la forma, la original y ambiciosa propuesta de la conquista incaica de Europa (a pesar de sus portentos inverosímiles) hubiera plasmado una de esas novelas oceánicas que mantienen viva la llama de la Alta Literatura. He aquí un libro ideal para adolescentes que gusten de la Historia.

Guillermo Belcore

 Calificación: Regular

domingo, 15 de enero de 2017

El bosque infinito

POR GUILLERMO BELCORE

Cumplidos los ochenta años, Annie Proulx (Connecticut, 1935) entregó a la imprenta una obra maestra. Una memorable travesía por cuatro continentes y dos océanos que abarca más de trescientos años. Una denuncia convincente de la codicia, avaricia y gula del capitalismo. Una épica sobre el medioambiente, como elogió la crítica diaril. El bosque infinito (Tusquets, 843 páginas) es otra expresión magnífica de Su Majestad la novela oceánica, desbordante de sucesos e ideas. El árbol más frondoso y nutritivo del Parnaso literario.

 La señora Proulx (pronúnciese `Pru') es un caso raro de la literatura estadounidense. Escribe desde la adolescencia, pero empezó a publicar ficción después del medio siglo de vida. En este blog, ya habíamos elogiado nueve años atrás (cómo pasa el tiempo, ¿no?) la novela Un as en la manga, en la que expresa sus razonables preocupaciones ecológicas por los espantosos criaderos de cerdos en el pandhandle de Texas. Proulx recibió los dos premios más importantes de su país, el Pulitzer y el National Book Award, y saltó a la fama por la adaptación cinematográfica de uno de sus cuentos: Secreto en la montaña. No fue la £nica vez que el séptimo arte se apropió de sus escritos.

 En esta ocasión, Proulx ha inventado dos genealogías que comienzan en 1693 con la llegada de René Sel y Charles Duquet, en calidad de siervos, al Virreinato de la Nueva Francia esa extraña anomalía seteptrional que duró dos siglos y se extendía desde Quebec hasta Nueva Orleans. El contrapunto entre las familias le permite a la autora exponer a la luz de la razón una antinomia histórica, existencial y ética. Los mestizos descendientes de los Sel encarnan la visión ecológica de los pueblos originarios y soportan la explotación y el exterminio de los invasores blancos. La estirpe Duquet (luego Duke, para integrarse en calidad de plutócratas al torrente inmigratorio de Estados Unidos) es la quintaesencia de la rapacidad individual y empresaria que ha prosperado en esa entidad espiritual que llamamos Occidente so pretexto de cumplir un mandato bíblico: ``Están obligados a hacer uso de la Tierra''. Arrojó la artista a una sonda a las profundidades de la mentalidad estadounidense y no le gustó las alimañas que ha encontrado.
 
A LO DICKENS

 Es ésta una obra colosal a lo John Irving y, por consiguiente, a lo Dickens. Tardó Proulx dieciséis años en concluirla. Es una novela de ideas, también de aventuras, asimismo de aprendizaje de los vencedores de la Tierra hasta la eclosión de una conciencia ecológica. A lo largo de tres siglos, los avances tecnológicos están en primer plano pero las figuras históricas sólo son sombras.

 Muy bien documentado, y con una prosa potente y directa (bella por momentos) pero un desigual manejo de la escena, el libro ofrece toneladas de información sobre asuntos muy interesantes como el genocidio del pueblo mi'kmaq, las proezas de los voyageurs franceses, el comercio y la marinería holandesa, la fraternidad del hacha en los campamentos, el negocio maderero, las masacres coloniales de mujeres y niños (­ah, los ingleses!), la indecencia de estadounidenses y anglocanadienses en sus tratos con los aborígenes, el nacimiento de Detroit y Chicago, el ultraje de Nueva Zelandia, entre decenas de subtemas. Hay cierto regodeo con la muerte de los personajes, una mota bastante desagradable. Con el afán de remarcar ciertas ideas, hay también una cuota innecesaria de maniqueísmo y simplificación.

 No obstante, el quid del libro -de ahí el título- es el expolio de la tala en los bosques boreales de América, el demencial derroche de madera, la destrucción de aquella pureza gélida, la erosión, el arrasamiento de la riqueza forestal sin detenerse a pensar en el futuro. Causan tristeza e indignación los arrebatos báquicos de depredación. Al parecer, nunca es suficiente para las aves de rapiña que consideran que el saqueo es lo correcto.

 En una entrevista con ABC de Madrid, la escritora dijo estas sabias palabras: 


"Necesitamos silencio, plantas y árboles, agua que corra en libertad y cambios fuertes de temperatura; necesitamos la vista desde lo alto de una montaña, saber que el deshielo proporciona el agua a las ciudades que estaban abajo, vivir las tormentas para conservar la salud y la cordura y sacar el máximo partido a la vida. Hace poco leí que un estudio ha relacionado el ruido del tráfico y el estrés asociado a él con la enfermedad de Alzheimer. Es algo que da que pensar: ¿puede ser que una vida cruzando calles repletas de tráfico haga que te pongas enfermo?''.

OTRA CULTURA


Al fin y al cabo, la autora quiere hacernos entender que los indígenas gestionaban mejor el bosque que los colonos blancos. Nos lleva incluso a China en los primeros capítulos para mostrarnos antiquísimas formas de veneración del árbol. Tian ren he yi es un concepto inmemorial que refiere el estado de armonía entre el hombre y la naturaleza. Ning£n europeo (o descendiente de ellos) puede sentirlo. También visitamos Oceanía para descubrir lo que nuestra avidez causó en los bosques más antiguos del planeta, nunca profanados por un animal herbívoro.

 El animismo pagano -según este libro- tiene algo que enseñarnos a los cristianos: 


``El bosque es un organismo vivo, dotado de la misma vitalidad que los ríos, rebosante de dones en forma de medicinas, alimentos, cobijo, materias primas para las herramientas. Uno vive en armonía con la foresta y muestra agradecimiento''.

 Es obvio que para nuestra cultura -intoxicada por la tentación del lujo y el deseo inextinguible de mercancías- suena romántica una visión que postule que es mejor cazar y confeccionar las cosas que uno necesite, que trabajar por una paga. Empero, merece respeto la visión holística que entiende que una especie de fuerza invisible aúna las cosas en un todo: animales, espíritus, personas, árboles, mar, clima. Es probable que hoy no estaríamos padeciendo el cambio climático si al menos una parte de las sabidurías no occidentales hubiese sido asimilada en alguna forma de sincretismo que vincule el conservacionismo con el progreso tecnológico.

Aquellos lectores que piensen que se trata de un drama ajeno a los argentinos deberían tomar nota de las protestas de Greenpeace (una de las conciencias de la humanidad) por una nueva ley de Córdoba que abrirá las puertas para el desmonte de los últimos recursos forestales con el fin de destinar esas tierras a la ganadería, como si este país careciera de espacio para criar vacas. El hecho es que a la querida provincia mediterránea le quedan sólo el 4% de los bosques nativos que existían a la llegada de los españoles. De 12 millones a 500 mil hectáreas. Nunca es suficiente para la rapiña.

Publicado hoy en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa.

Calificación: Excelente

domingo, 20 de diciembre de 2015

Urumpta

POR GUILLERMO BELCORE

En el siglo XVII, la Argentina fue invadida. Tribus mapuches, atraídas por los millones de vacas y caballos que prosperaban sin dueño en nuestras llanuras, cruzaron la Cordillera de los Andes y se afincaron en la Pampa Húmeda y la Seca. Fue una transculturación estéril y negativa. Es decir, crearon una pseudocivilización basada en el saqueo, la rapiña y la explotación de un recurso natural, aunque exótico, inagotable. En el proceso, exterminaron a nuestros pueblos originarios, los pocos que habían logrado sobrevivir a la barbarie de los españoles, como los huarpes, los querandíes o los comechingones. La Araucania argentina sobrevivió casi doscientos años y sólo tuvo progresos palpables en el arte de la guerra. Conformaron de hecho los temibles migrantes una suerte de estado tapón, alentado por los sueños expansionistas de los chilenos de origen europeo (algunas mentes febriles de Santiago aún lamentan la pérdida del Chile trasmontano) y financiado por el morboso afán de lucro de los mercaderes que compraban las cabezas de ganado y las mujeres que arrebataba el indio en sus incursiones terroristas por nuestras provincias. Por cierto, forajidos argentinos comandaban también los malones, algunos legendarios como Manuel Baigorria. Era lógico que esta situación anómala -la ocupación de la mitad del territorio nacional por parte de un pueblo intruso que hizo del robo bestial y la guerra su modus vivendi- tarde o temprano debía terminar. Cuando el país pudo por fin ocuparse de su soberanía y de su pueblo, comenzó la Reconquista de Tierra Adentro. El general Julio Argentino Roca vino a ser algo así como nuestro Cid Campeador. No obstante, el relato histórico dominante hoy en el puerto de Buenos Aires lo considera como un genocida de las tribus originarias. En realidad, nunca existieron ‘los indios pampas’. Era indómitos araucanos que cambiaron de nombre de este lado de la cordillera: puelches, tehuelches, huliches, pehuenches, ranqueles se denominaron sus tribus.  

“De Arauco no ha quedado más que el repertorio de sus crímenes y el recuerdo de sus horrores”, nos advierte un estudioso del pasado. El primer párrafo es un resumen de la tesis que don Juan Filloy (Córdoba 1894-1999) despliega en un libro magnífico que la Universidad de Río Cuarto reimprimió en 2014. Urumpta es el título (Unirío editora, 266 páginas). Ninguna persona interesada en la historia nacional debería soslayarlo.

El lector informado recordará que Filloy es una de las glorias de nuestra literatura. Escribió más de cincuenta libros, todos con títulos de siete letras. Vaya ocurrencia. Cultivó, con igual destreza, la ficción y en el ensayo. Urumpta, explica el sabio, designa de manera misteriosa a la extensión que habitaron aborígenes primigenios, antepasados de los comechigones, en el sudoeste actual de la provincia de Córdoba y sur de San Luis.

FONDO Y FORMA

Puede afirmarse que Urumpta fue compuesta con siete propósitos elucidadores, por lo menos:

  • a) El rescate de vocablos y topónimos caídos en desuso, acaso por mero hedonismo de la palabra.
  • b) Filloy mete el cuchillo, con precisión de cirujano, en los “déficits morales” de nuestra historia. Hace inventario de muertes trágicas, como el coronel Dorrego o los tres mil prisioneros degollados en Pago Largo. “El ánimo se acurruca en la sombra, meditando en la inútil proeza de matar hermanos por el solo delito de discrepar”, escribió. 
  • c) Reprueba la maldad monótona de la conquista española, así como su absoluta aridez cultural. Puede que sea consecuencia del afán de enriquecerse a todo trance.
  • d) Denuncia la intrusión chilena durante el virreinato y las primeras décadas de vida independiente (patente también en lo idiomático). Si bien Filloy establece que los furibundos malones era un sistema básicamente criminal, hace la salvedad de que las fechorías del indígena eran estimuladas por los aventureros políticos de ambos lados de la cordillera. “Acontecimientos lúgubres promovieron la reacción contundente” de la Tercera Campaña al Desierto. Obviamente, el autor no justifica, de modo alguno, el exterminio ni la esclavitud del aborigen que siguió a tan magna empresa.
  • e) Rescata elementos telúricos, como la boleadora, el baqueano y el gaucho.
  • f) Reivindica la pobreza desnuda y brava que nos diera la libertad y la Patria.
  • g) Historia a Río Cuarto, “la capital geográfica de la llanura argentina“.


Tan interesante como las ideas resultan los procedimientos que usa el autor para darse a entender: el microensayo, la poesía y el cuento. También el libro incluye conferencias dictadas 1966. Con dos largos poemas épicos, Filloy transmite la emoción bárbara pero subyugante del gaucho renegado matando aquí y allá en la pampa chúcara; y el calvario de los cuatrocientos treinta y un mártires del sitio y toma de Río Cuarto por Facundo Quiroga, otro salvaje, en 1931.

De la primera a la última página, la lectura de Urumpta resulta placentera. Se trata, al fin y al cabo, de una literatura amorosa, híbrida, íntima. De amor a esa entidad platónica que nos ha tocado en suerte -para bien y para mal- y que nunca ha dejado de dolernos con intensidad. Desde hace casi doscientos años la llamamos República Argentina. Polifacético creador donde los haya, don Juan Filloy ofrece la lucida cosmovisión mediterránea (provinciana) sobre el pasado de la Patria, un punto de vista mucho más convincente que el triunfante nac & pop porteño.
Publicado en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa

Calificación: Muy bueno

sábado, 29 de octubre de 2011

La liebre

César Aira
Planeta. Novela 327 páginas. Edición 2011

Esta novela ya es un clásico. Fechada en 1987, algunos fans de César Aira (1949) la consideran su mejor producción, acaso la más sofisticada. Literatura gauchesca regida por el disparate, con comiquísimos personajes y desenlace en clave de melodrama. Una prodigiosa exhibición de inteligencia, sentido del humor, iconoclasia, febril inventiva, todo servido con estilo depurado y un sabroso retintín de sorna (Aira escribe muy bien, eso hay que reconocerlo). La apoteósis del nonsense, que es más viejo de lo que se cree, pero que el genio de Pringles adapta y vivifica, para luego ser imitado por un hatajo de escritores vernáculos de tercer y cuarto orden con el fin de evitarse los engorros de la realidad, aunque ése es otro asunto. Aira es un escritor faro, en el sentido que le daba Pierre Bourdieu.

La trama transcurre en el siglo XIX. Después de entrevistarse con un improbable Juan Manuel de Rosas, el naturalista inglés Clarke parte hacia las tolderías indias en busca de la rara liebre legibrariana. Pero el Imperio Araucano no es bárbaro, es una avanzada confederación que combina la exquisita cortesía con cierto gusto por la efusión de sangre, los interminables conciliábulos y las maquinaciones políticas. La recreación de toda una civilización alternativa es uno de los puntos más altos del libro. Las aventuras, como diría Borges, salen al paso del héroe. Hay acción, hay una sucesión larguísima de tejes y manejes (cada personaje tiene su propia agenda), hay esbozos de ideas y teorías más o menos descabelladas, de Aira, el filósofo al voleo. Todo lo posible es posible, para un procedimiento artístico que pone el acento en la escena, en el absurdo, en dejar salir toda la puerilidad que el narrador tiene adentro. El efecto es casi siempre estimulante. Recuerda a Lewis Carroll.


Hay quien dice que la literatura aireana es la más representativa de la Argentina. ¿Con todas las cosas que nos han pasado y nos siguen pasando, cómo un escritor nacional puede tomarse en serio la realidad?

Guillermo Belcore
Publicado en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa

Calificación: Muy bueno

PD: Lo mejor que le he leído a Aira, después del Diccionario de autores latinoamericanos, por supuesto.

viernes, 23 de octubre de 2009

Un puñado de polvo

Evelyn Waugh
RBA. Novela, 271 páginas. Edición 2009. Precio aproximado: 80 pesos.

Considerado por muchos como el mejor escritor satírico de su tiempo, Evelyn Waugh (1903-1966) ha demostrado que detrás de la solemnidad de Inglaterra, del orden ceremonioso y las fórmulas pomposas, no hay absolutamente nada. Las clases dominantes, el clero, los prejuicios y el resentimiento del pueblo (la estupidez de todos) fueron las víctimas favoritas de su humor perverso y de su penetrante percepción de las relaciones humanas. Este libro, publicado en 1934, revela a Waugh en su plenitud novelesca. Se trata, por encima de todo, de una lectura placentera, a pesar de que la traducción se esfuerza por estropearla. Alguien puede imaginarse a una aristócrata de Londres respondiendo al teléfono “¡qué hay!”.

El tema principal es la degradación de un matrimonio que, a simple vista, funcionaba razonablemente bien. Anthony Last sólo aspira a representar el papel de perfecto señor feudal de Hotton, pero su adorable esposa -Lady Brenda Rex, hija de lord Saint Cloud- se encaprichó con un arribista de veinticinco años a quien nadie había podido encontrar algo para hacer. El adulterio tiene tintes cómicos y un giro dramático cuando un caballo desbocado mata al hijo de la pareja. El divorcio es lacerante. Un mundo gótico se desploma sobre la cabeza de Tony. Se convierte en explorador de tribus amazónicas para huir de la estridencia del caos.

La crítica piensa que Waugh labró esta hermosa novela para ajustar cuentas con un matrimonio fallido. Se nota que usa materiales derivados de experiencias de primera mano. Los diálogos son vivos y se tiene la impresión, siempre, de que los personajes son de carne y hueso. Las frases fluyen sin esfuerzo. Redondean una critica devastadora a esa obsesión inglesa por convertir la vida en una puesta en escena, donde nadie puede innovar y cada hombre y mujer debe conocer al dedillo el repertorio clásico. Medrosas pompas de jabón.
Guillermo Belcore
Esta reseña se publica en los suplementos de Cultura de La Prensa y La Capital de Mar del Plata el domingo 25 de octubre

Calificación: Bueno

jueves, 12 de febrero de 2009

Pajarillo verde

Cecilia Todd 

Aqua Récords. Folklore latinoamericano. Edición 1997. Precio aproximado: 25 pesos.

Cuando el genio individual explora la tradición de un pueblo se da la posibilidad del arte. Es el caso de esta espléndida grabación. Data de 1974, cuando Cecilia Todd (Caracas), residía en Buenos Aires. En los noventa se la rescató y ahora espera en las bateas porteñas, con un precio accesible, a los amantes del folklore latinoamericano

Lo primero que impresiona del CD es la calidad de la voz. Todd llega al alma con un timbre diáfano, cálido y poderoso. No desentona nunca, ni en el gozo ni en la tristeza. He aquí otra de las virtudes: la delicada alternancia de canciones alegres con otras que nos sumen en la melancolía, pues refieren a los pesares del indio, el arriero o la mujer golpeada. 

El melómano encontrará aquí joropos, merengues, el polo, una canción de cuna y cantos de arreo exquisitamente mejorados. Es el alma de la querida Venezuela, con sus influencias española, negra e india. La poesía también es magnífica. Algunas tienen un autor reconocido, otras se las debemos a Fuenteovejuna. 

¿Quién no conoce esta gema del Oriente venezolano? 

Pajarillo verde/¿cómo no quieres que llore?/pajarillo verde/¿cómo no voy a llorar? Ay, ay, ay/ si una sola vida tengo/ pajarillo verde/ y me la quieren quitar”. 

Contrasta con esa punzada al corazón, el caso de La embarazada del viento. Dicen las décimas picarescas: “Mamá me perdonará /lo que le voy a decir/ que yo me acosté a dormir /y desperté embarazada…” Y más adelante el ingenioso desconcierto: “Por fin se llegó ese día / de la hija dar a luz /se parecía a Jesús/ en las narices la cría/ en el pescuezo a Isaías/ y en la boca a Crispiniano/ y en los ojos a Luciano/ en los cachetes a Juancho/ y en las orejas a Pancho/ y en el pelo a Don Asiano”. 

Uno se reconcilia con su pareja cuando escucha arrobado El currucha, obra del erudito compositor Juan Bautista Plaza: “A mi negra la quiero, la quiero/ más que a la cotixa /que llevo en el pie/ a mi negra la quiero /más que a la tinaja /cuando tengo sed”.

 En el Caribe, la cotixa, aclaremos, es el nombre de nuestra venerable alpargata. Baste agregar que acompañan a la voz, Cacho Tirao en guitarra y Domingo Cura en percusión. Nada menos, ¿verdad? 

Guillermo Belcore

Calificación: Excelente

PD: Bueno, aquí estamos de nuevos trasmitiendo una deleitosa experiencia musical. Una compañía sublime para la buena lectura.

PD II: El diario Clarín ubicó Pajarillo Verde entre los cien mejores discos del siglo XX.

viernes, 2 de enero de 2009

Palacio Quemado

Edmundo Paz Soldán­
Alfaguara. Novela. 309 páginas. Edición 2008

La ficción -postuló Aristóteles- es más real que la historia. Esta obra presta un gran servicio a la posteridad. Reseña los hechos tremendos de 2002 y 2003 que desintegraron el gobierno paleoliberal de Gonzalo Sánchez de Lozada y pavimentaron el ascenso al poder de Evo Morales. Permite atisbar las razones profundas que condujeron a la hermana Bolivia a una terca agonía, a una situación de cuasi ingobernabilidad que aún subsiste. ¡Qué viva la novela histórica!­

Edmundo Paz Soldán (Cochabamba, 1967) conectó el calvario de su Patria con un destino individual, signado por la ambigüedad y por la tragedia doméstica. Oscar, el speechwriter, es el protagonista. Se gana la vida alquilando su pluma al mejor postor, está a disposición de gente a quien considera inferior. Su única obsesión es lograr textos impecables. Llega al Palacio del Quemado para servir a un presidente caprichoso que intenta imponer a sangre y fuego un ideario que las masas ya no están dispuestas a tolerar. Al liberalismo puro y duro -como bien sabemos- le ha pasado su cuarto de hora.­

La novela está bien escrita y es muy entretenida, excepto cuando se subordina por completo al mensaje. El narrador es el paradigma del blanquito con mala conciencia en un país de castas y odio de clases. El caso del suicidio del hermano de Oscar le permite esbozar, incluso, una teoría sobre el setentismo. Pero lo que hace valiosa la obra es la vivisección de Bolivia, un juicio honesto sobre la imposibilidad de ser, hasta ahora, un país normal y feliz. Que los eruditos forjen sus áridos ensayos para otros; este blog busca el conocimiento entre los literatos. Los artistas son las antenas de nuestra especie, sentenció sagazmente Marshall McLuhan
Guillermo Belcore­

­Calificación: Buena­

­PD: Paz Soldán cambia algunos nombres de los protagonistas políticos, en un procedimiento de dudosa eficacia narrativa. ¿Temía ser arrastrado a los tribunales? También parece asustarlo el juicio crítico de la progresía. Se lo nota contenido para sentenciar a Felipe, el hermano del protagonista. Se merecía que lo hiciese pedazos, como a cualquier idealista irresponsable. Si no me equivoco, cuando escribió este libro no tenía aún una visión definitiva sobre Evo Morales.­ Me resultó muy interesante la reivindicación (relativa) que hizo del vicepresidente de Sánchez de Lozada, Carlos Mesa. Como periodista especializado en política internacional, sentí su caída (la de Mesa, fue presidente antes de Evo). Me parece que su pueblo lo ha maltratado injustamente. Dios salve a Bolivia.­

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PD II: Quisiera testimoniar mi desagrado con el turismo dentro de casa' que algunos autores infligen a sus novelas para adecuarla al gusto (a la ignorancia) de los lectores extranjeros. He aquí un caso flagrante. Borges notaba que el Corán no necesitó describir camellos.­

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PD III: Vargas Llosa considera a Paz Soldán su legítimo heredero. Está bien encaminado, pero el tiempo lo dirá. Los dos libros que leí del boliviano realmente me gustaron.­

viernes, 8 de agosto de 2008

Apocalípsis 2012

Lawrence E. Joseph­

Planeta. Ensayo de 342 páginas­

­En 2012 vencerán los bonos que Roberto Lavagna entregó a los atrapados en el corralito. Londres celebrará los Juegos Olímpicos. El Club Atlético Temperley cumplirá cien años. También, si este libro tremendista dice la verdad, ocurrirán una serie de catástrofes que arrojarán a la humanidad al borde de la extinción o bien de “un gran despertar”. Puede que el Sol fría los planetas con un nivel sin precedentes de radiación. O que despierte el supervolcán Yellowstone. También es probable que decline el campo magnético de la Tierra, o que el sistema solar ingrese en una mortífera nube de energía interestelar. Si finalmente nada de eso sucede, el autor del ensayo está dispuesto a disculparse en público. ¡Vaya tipo!

Lawrence E. Joseph es un periodista que cree haber resuelto misterios primordiales. Mezcla conocimientos científicos con astrología, parapsicología, ecologismo y New Age con el propósito de detallar las maneras en que el mundo podría llegar a su fin dentro de cuatro años. Esos “saberes bajos” -expresión acuñada por Foucault, si no me equivoco- son realmente muy divertidos, pero resulta imposible tomarlos en serio. La próspera subcultura del Apocalípsis no engendra más que literatura de supermercado.

La obra asegura, por lo demás, que la civilización maya viene profetizando desde hace un milenio y medio que 2012 está destinado a ser un año de traumas y convulsiones sin cuentos: “la sociedad de alta tecnología recibirá su merecido”, amenaza. Joseph propone una oración ad hoc al Altísimo, sugiere sacrificar en público camionetas cuatro por cuatro como escarmiento y urge a contratar como consultores y conferenciantes a ancianos y chamanes mayas. Ah, además revela que si hay un punto inmune al inminente Apocalípsis es la localidad de Berea, Kentucky.­
Guillermo Belcore

Calificación: Malo­

PD: A los yankees les encantan estas fruslerías, los argentinos tenemos asuntos más urgentes para preocuparnos.


viernes, 30 de mayo de 2008

Espejos

Eduardo Galeano­
Editorial Siglo XXI. Ensayo, 365 páginas­

­ Eduardo Galeano (Montevideo, 1940) está de regreso. No ha perdido un gramo de talento ni ha acortado un centímetro sus limitaciones. La propuesta literaria es la misma de siempre: como esos filisteos de Hollywood o la TV que tropiezan con una fórmula exitosa y la explotan hasta el cansancio. Espejos es una suerte de continuación de la trilogía Memoria del Fuego.
Notable ensayista aunque poeta menor, el pensador uruguayo urde su libro a fogonazos. Con seiscientos relatos gnómicos hilvana una historia de la humanidad, desde las Cuevas de Altamira hasta George Bush. Su intención es dar voz a los oprimidos; rescatar mitologías; señalar con el dedo a la Iglesia, Estados Unidos y el capitalismo; abominar del machismo y la homofobia; glosar textos memorables; relativizar el terror rojo; jugar a ser Bertold Brech. Suele sacrificar la belleza en el altar del mensaje explícito. Empero, cada tanto nos deslumbra con un dato curioso o una rara etimología.­
Verdad -escribió Nietzsche- es lo que nos interesa. Fiel a la consigna, Galeano vierte los hechos en sus moldes ideológicos, moldes de acero. Millares de jóvenes latinoamericanos se han nutrido con la visión esquemática, maniquea y ofuscada de sus best sellers. Esto no significa que sean falsas todas sus saetas incandescentes. Claro que no. Pero qué decir de un estudioso que atribuye la inseguridad ciudadana al mero temor de los esclavistas. Maradona aquí es un héroe.

Favorece la digestión rápida y acrítica, una prosa límpida y coloquial que llega directo al corazón. Hay momentos en que dan ganas de salir corriendo a golpear a alguien con un palo. Hay otros, en que despierta ternura. El libro, en definitiva, podría haber sido muy interesante si la denuncia perpetua no lo hubiese sumido en la más gris monotonía.
Guillermo ­Belcore
Publicado en el suplemento de cultura del diario La Prensa.

Calificación: Regular

PD: Ya va en la Argentina por la segunda edición. El libro se vende como pan caliente. Galeano ha logrado el sueño de todo marketinero: convertir su apellido en una marca. Puede repetir el mismo producto un millón de veces que su legión de feligreses no dejará de comprarle. Pigña, Lanata, Bucay, Coelho son casos análogos.

lunes, 12 de mayo de 2008

Episodios en los territorios del sur

Estanislao Zeballos
Editorial Elefante Blanco, ensayo en 569 páginas. Precio aproximado: 60 pesos.

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Entre tanta mediocridad, de repente estalla la excelencia: un racimo de mentes espléndidas se congregan en el mismo espacio histórico. Es la polis de Pericles o la Florencia de Leonardo, la Madrid de Quevedo o las trece colonias de Jefferson. También es la Buenos Aires al concluir el siglo XIX. De ese terreno feraz proviene este relato de fronteras.­

Estanislao Severo Zeballos sufrió esa sed de conocimientos que signó a la Argentina de la organización nacional, tan vasta y tan urgente. Como sus hijos no eran muchos, nada les era ajeno. Fue abogado y jurisconsulto, diputado y tres veces canciller, viajero incansable y ariete del progreso económico, científico y cultural. Fue bibliófilo, estanciero, diplomático de fuste, estadístico, gran orador y tuvo una relación larga y fecunda con el periodismo. Se le conocían cinco libros, hasta que monseñor Juan Guillermo Durán tropezó en octubre de 2002 con manuscritos polvorientos y listos para ir a la imprenta. Dormían en un archivo aún no revisado de un museo de Luján. Se habían publicado parcialmente, pero sin firma, hace 125 años en el diario La Prensa. En una edición exhaustiva que data de 2004, aquellas crudas líneas sobre el exterminio del indio en la Pampa y la Patagonia vuelven a salir a la luz.

Con un talento extraordinario para el detalle, los 17 textos de Zeballos resultan amenos e interesantes. Ideólogo al fin como Sarmiento, lo suyo no es el claroscuro, sino la apología (al Ejército) o el estigma sin piedad (al aborigen). Resulta increíble que los prohombres de entonces practicaran el racismo con tanta crueldad.

La dedicatoria de Zeballos decía: A la patria. Con su excelente estudio preliminar, su mapa desplegable, sus apéndices, sinopsis, notas al pie e ilustraciones, el padre Duran y el sello Elefante Blanco prestan también un valioso servicio a la Argentina.­

Guillermo Belcore­

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CALIFICACION: Bueno­

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PD: Una gema para los amantes del pasado nacional. Historia viva, con sus luces inspiradoras y sus sombras espantosas.­ Para polemizar.

martes, 12 de febrero de 2008

Los mitos de la historia argentina II

Por Felipe Pigna­
Planeta - Ensayo de historia, 405 páginas, publicado en 2005. Precio aproximado: 45 pesos.
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Nietzsche postuló que verdad es sólo lo que nos interesa. Fiel a esa premisa, Felipe Pigna define así la historia: "es un saber dialéctico pasible de ser revisado de acuerdo con los intereses de cada momento en que se la lee y se la necesita''. Hoy, según plantea, la urgencia es reforzar la argentinidad, desdibujada en las miasmas de la frustración. Debe demolerse el escepticismo y la desesperanza del hombre de la calle y del muchacho que empieza a leer. No todo ha sido podredumbre.

La primera versión de Los mitos se convirtió en un best seller y Pigna, en un personaje mediático, desdeñado por los académicos. Se lo llamó "el sucesor de Félix Luna''. Tiene el don de la amenidad y transcribe mil citas interesantes, pero su mirada es binaria. ¿Podrá alguna vez la Argentina librarse del maniqueísmo antiguo? Egoísmo entreguista versus generosidad patriótica es aquí el eje de los opuestos.

El profesor Pigna revisa de San Martín a El granero del mundo. El lector se conmoverá con la lucidez y el altruismo de El Libertador, con las proezas de Güemes y Bouchard, y con las últimas horas de Manuel Dorrego. Hay una justa indignación por el empréstito de la Baring Brothers y la corrupción de Juárez Celman. Retrata a Solano López y Cafulcurá como santos y a Mitre y Roca como canallas. Muy divertido es el capítulo sobre Sarmiento.

Los momentos más flojos son cuando el autor juega al moralista ingenuo o al ideólogo. Sucumbe al cliché anticapitalista, revive modas decrépitas como `la teoría de la dependencia' y trasplanta al pasado polémicas de hoy. Se sugiere al lector un inclaudicable ojo crítico, aunque -en verdad- la propaganda sólo desluce un libro tan entretenido. Su tenaz búsqueda de lo ejemplar, lo justifica.
­Guillermo Belcore­

­Calificación: Regular­

sábado, 2 de febrero de 2008

El conquistador

Federico Andahazi­
Editorial Planeta. Novela de 282 páginas, publicada en 2006.­ Precio aproximado: 37 pesos.
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Federico Andahazi es, quizás, el más eficaz hacedor de best seller de la Patria. Un psicólogo que vendió tantos libros merece algo de respeto. Pero la literatura de supermercado se ciñe a reglas de acero. Muchos capítulos cortos cierran con un enigma, la prosa es plana y accesible hasta para el más perezoso, los juicios nunca superan el tópico, cunden los estereotipos. Este libro cumple cada una de las premisas del subgénero. La idea general de la obra -otro lugar común- puede encerrarse en una frase: que hubiera pasado si los aztecas descubrían Europa.

Andahazi exige al lector una colosal candidez. Para trasmitir sus ideas políticamente correctas pretende que aceptemos que un muchachito de no más de veinte años es capaz de concebir un calendario perfecto, comprender el funcionamiento del Universo, manipular al emperador de Tenochtitlan, construir un barco mejor que las carabelas, cruzar el Atlántico, sellar tratados comerciales con Isabel la Católica, tomar por asalto el Palacio de Marsella, recorrer como marajá Italia, el Imperio Otomano, India y China, descubrir la fabulosa Aztlan, fatigar el Pacífico con elefantes, ruedas y arcabuces en la bodega. Ni Superman sería capaz de semejantes hazañas.

Lo mejor de la obra (Premio Planeta 2006) es, acaso, la reconstrucción de la vida cotidiana en la civilización azteca, “un sistema que se nutría, sin metáforas, con sangre humana”. Como novela de aventuras, en cambio, es desastrosa. Andahazi tarda demasiado en llegar al contacto entre dos mundos y después despacha casi de un plumazo cada trecho de la fantástica odisea de Quetza.

La atmósfera inverosímil y por momentos incoherente rebaja pues la trama a desafortunada historieta. Podría ser recomendable para adolescentes. Puede que cierto público sin demasiadas pretensiones halle aquí la tan ansiada evasión superficial. No hay que privarse de los estremecimientos mediocres, sugería el barón de Montesquieu.­ Pero de los malos, no dijo nada.
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Guillermo Belcore­
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CALIFICACION: Malo­

PD: Osvaldo Bayer, Marcos Aguinis y Marcela Serrano integraron el jurado que decidió que esta es la mejor novela presentada en el concurso de Planeta 2006. Yo ni siquiera me atrevo a recomendarla como lectura veraniega.