domingo, 22 de marzo de 2020

Narcos México II Temporada

Casi ciego y sordo, a Miguel Angel Félix Gallardo le cuesta caminar. Su hogar es una cárcel en México, desde hace más de tres décadas. Lo han dejado vivir porque no abrió la boca; no ha salido en libertad porque Estados Unidos se la tiene jurada. Resulta imposible compadecernos de este delincuente extraordinario, nacido en Culiacán (Sinaloa) en 1946. Hizo cosas horribles. Fue Herodes y fue Judas. Tiene las manos manchadas de sangre y de cocaína, pero, acaso, cuando Dios llame a su alma estará purificada.
Félix Gallardo, magníficamente interpretado por Diego Luna, es el eje de una de las más esclarecedoras series de nuestro tiempo, otro tanque de Netflix que acaba de subir la II Temporada. Narcos México, en efecto, narra con rigurosa verosimilitud el ascenso y la caída en 1989 del factotum del Cartel de Guadalajara, elevado por un tiempo a la mítica categoría de Capo de Todos los Capos de México.
En la década de los ochenta, Félix Gallardo logró algo que se consideraba imposible: unir bajo su égida a casi todas los grupos mafiosos para constituir una Federación dedicada a transportar en gran escala a Estados Unidos primero marihuana, y luego cocaína proveniente de Colombia, con una muy baja efusión de sangre. Claro, todo en colusión con el Partido Revolucionario Institucional.
Un ex policía sinaloense se puso en el bolsillo a bandidos legendarios, familias de hampones bien asentadas, la Dirección Federal de Seguridad y barones feudales de esa "dictadura perfecta" (la definición es de Vargas Llosa) que era el México del PRI. Incluso en la serie se plantea una hipótesis que no conocía: Felix Gallardo prestó una ayuda decisiva en 1988 para que Carlos Salinas de Gortari le robara las elecciones a Cuáhtemoc Cardenas.
"¿Cuánto exporta Pemex por año?", le espeta sin rodeos Miguel Angel al ministro de Defensa del sexenio de Miguel de Lamadrid. "¿Cuatro mil quinientos millones de dólares? Yo exporto quince mil millones. Y si me llevo los dólares de nuestros bancos, México se derrumba", alardea.

UN EMPRENDEDOR

Es que Félix Gallardo, aunque al servicio del diablo, fue esa clase de emprendedor que crea un imperio desde la nada, tiene un olfato de sabueso para el negocio más lucrativo y abre rutas. Fue el primero en su país en cerrar tratos con los Carteles de Medellín y de Cali, cuando Estados Unidos cierra las rutas del narcotráfico en el Caribe. Los colombianos le pagaban 3.000 dólares -afirma la serie- por cada kilogramo de cocaína colocado en el país más drogadicto del mundo.
Escuchemos a un experto, Don Winslow, escritor estadounidense autor de una trilogía im-pres-cin-di-ble sobre el narco mexicano (1): 
..."en algún momento se dieron cuenta de que su producto real no eran las drogas, sino la frontera de tres mil kilómetros que comparten con Estados Unidos y su capacidad de pasar contrabando a través de ella."... 
Vale decir, creó Félix Gallardo el llamado trampolín mexicano.
Las escenas del capo de Guadalajara con Pablo Escobar Gaviria (Wagner Moura), por un lado, y con Miguel Rodríguez Orejuela (Francisco Denis) y Hélmer Pacho Herrera (Alberto Ammann), por el otro, son un punto cenital de los veinte capítulos que distribuye Netflix.
En este punto, vale aclararle al lector que si bien Narcos México se basa en hechos reales, naturalmente, se tergiversan algunos destinos individuales para avivar la tensión dramática o por exigencias del guión. Por ejemplo, el gángster Cochiloco -cuate del joven Chapo Guzmán- no fue asesinado por sus adversarios de Tijuana. A ese bato lo liquidó el Cartel de Cali en las calles de Zapopan como castigo por robarse la mitad de un cargamento de cocaína de un barco. 

LA CAIDA

El hilo conductor de la segunda temporada de Narcos México II lo tejen los esfuerzos desesperados de Félix Gallardo para mantener unida la Federación. Había cometido una chingadera fatal: ordenó el asesinato del agente de la DEA, Kiki Camarena (Michael Peña), quien fue sometido a espantosos tormentos. La agencia federal nunca se lo perdonó. Como escribió Winslow:
 ..."los norteamericanos pueden bombardear, quemar y envenenar a otros pueblos, pero hazle daños a uno de ellos y reaccionarán con farisaico salvajismo..."
De hecho, la serie pone en el banquillo no sólo la corrupción institucional de México lindo y querido sino también la política exterior del reaganismo. Conjetura que Félix Gallardo -en busca de impunidad- acordó con la CIA entregarles armas a las milicias antisandinistas de Honduras con los mismos aviones en que traficaba la cocaína colombiana. El famoso escándalo Irán-Contras. La lucha contra el comunismo justificó, siempre, cualquier tropelía del faro de la libertad.
El relator de la segunda temporada es un tal Walt Breslin (Scoot McNairy), un cowboy de la DEA que lidera una task force clandestina, orquestada para cobrar venganza por el asesinato de Camarena (Operación Leyenda). Es otra suerte de Capitán Ajab y su ballena blanca son los traficantes de drogas mexicanos a los que responsabiliza por la muerte de su hermano en Texas. Su nexo con el Palacio de los Pinos es, acaso, el personaje más fascinante de la trama por su maquiavélica ambigüedad, el comandante de la Policía Judicial Guillermo González Calderoni (Julio Cedillo), agente doble o triple, siempre en delicado equilibrio. En la vida real, a Calderoni lo ejecutaron en Texas de un balazo en la cabeza en 2003 tras haber revelado acciones sucias de los Salinas de Gortari.
Hay que destacar que Narcos México II es una producción con grandes actores. La humanización de los capos mafiosos resulta siempre convincente. El Chapo Guzmán (Alejandro Edda) y el Güero Palma (Gorka Lasaosa) líderes del Cartel de Sinaloa (los narcovaqueros), en brutal competencia con el Cartel Tijuana de los hermanos Rodríguez Arellano (Alfonso Dosal y Manuel Masalva). En Baja California había comenzado a despuntar Enedina Rodríguez Arellano (Mayra Hermosillo), considerada hoy como el cerebro de la organización tras la captura de sus carnales por comandos de Estados Unidos. También Jesús Ochoa como Juan Nepomuceno Guerra, histórico contrabandista de Tamaulipas, creador del Cartel del Golfo. Y José María Yazpik como Amado Carrillo Fuentes, el Señor de los Cielos y del Cartel de Juárez.
Nos conmueve la matanza de Santa Elena (episodio basado en el libro El zar de la droga del periodista Terrence Poppa), cuando el establishment mexicano -con la insuperable ayuda del FBI- ajustó cuentas con Pablo Acosta Villarreal, (Gerardo Taracena) el zorro de Ojinaga, un bandidote de Chihuahua de la vieja escuela mafiosa, esa que -sin renunciar al frecuente uso de las pistolas- se imponía ciertos códigos, como la obligación del paternalismo en el lugar natal.
A la excelencia de los interpretes, los aciertos de la trama, el fresco cultural y la denuncia punzante, añádale la música virtuosa. Es la mano de Gustavo Santaolalla. Ingresamos con Sandra Avila Beltrán (Teresa Ruiz), la Reina del Sur, a una discoteca de Tijuana en busca de un camionero para transportar la cocaína del Cartel del Valle Cauca (los enemigos jurados de Cali) y nos sorprende Persiana Americana de Soda Estéreo. O la Cumparsita en la entronización de Salinas de Gortari. Mi favorita: mientras camina un atribulado Félix Gallardo suena De nada sirve de Moris ¡Bravo por la argentinidad!
Una última reflexión. Hay un asunto venenoso que se prolonga hasta el presente. La caída de Félix Arellano abrió de par en par las puertas del infierno. Como le dice el protagonista, ya encerrado, al agente Breslin: "Me van a extrañar, las bestias han salido de sus jaulas". 
Tras la Federación y su paz precaria, en efecto, los distintos cárteles se declararon la guerra entre sí en busca de las mejores rutas a Estados Unidos. Tijuana vs Sinaloa. Juárez vs el Golfo. Los Beltran Leyva vs. todos los demás. Súmele nuevos actores, incluso más sanguinarios que los anteriores como Los Zetas. Así, se ha sumido México en una espiral de violencia sin precedentes, con decenas de miles de civiles muertos y desaparecidos. Las ejecuciones son espantosas. Podría uno preguntarse: es sensato tratar de administrar esa violencia (¿negociar con el cartel dominante?) o es mejor declararle una guerra sin cuartel como hizo el presidente Felipe Calderón hace ocho años y de este modo multiplicar los daños colaterales. Quien esto escribe aún no ha encontrado una respuesta.

Calificación: Muy buena

FICHA TECNICA
Narcos México. Segunda Temporada. País de origen: Estados Unidos y México. Episodios: Diez. Directores: Andrés Baiz, Amat Escalante y Marcela Said. Productores ejecutivos: Carlo Bernard, Doug Miro, Eric Newman, José Padilha. Guionistas: Carlo Bernard, Johnny Newman, Eric Newman, Eva Aridjis, Clayton Trussell, Doug Miro y Alec Ziff. Reparto: Diego Luna, Joaquín Cosío, Fernanda Urrejola, Fermín Martínez, José María Yazpik, como Amado Carrillo Fuentes, Gerardo Taracena, Alfonso Dosal, Manuel Masalva, Teresa Ruiz, Alejandro Edda, Julio Cedillo, Gorka Lasaosa, Scoot McNairy, Mayra Hermosillo.

lunes, 9 de marzo de 2020

Copérnico

En 1976, antes de que la crítica estableciera que John Banville es el mejor estilista de la anglósfera, el literato irlandés publicó una exquisita biografía de Nicolás Copérnico.

Por fortuna, ha sido traducida al español. Ha llegado a nuestras manos, ansiosas de Alta Literatura, la edición de Sudamericana de 1990. Copérnico (262 páginas) encierra casi todas las virtudes de la prosa madura de Banville: fulgor poético, dominio de la metáfora, sublimes retratos, profundidad psicológica, excelente construcción de escenas.

No obstante, el valor cenital de este libro es el juego de ideas que deviene de una magnífica reconstrucción histórica. Es un viaje fascinante a la Europa del Renacimiento y la Reforma. Trabamos relación, de primera mano o de mentas, con personalidades como Savonarola, Rodrigo Borgia, Lutero, el rey Segismundo de Polonia, el Gran Maestre Albrecht von Hohenzollern (sanguinario reyezuelo de los Caballeros Teutónicos), el príncipe-obispo Johannes Dantiscus. La lista sigue. 

Recorremos Cracovia, la Prusia Real, Bolonia, Padua, Roma (en el jubileo del año 1500), Königsberg, Wittemberg. Viajamos al siglo XVI para conocer al frío, remilgado e indiferente prusiano que “dio a conocer la música secreta del universo a un mundo que se revolvía en la ignorancia”. Herr Nicolás Koppernigk, hijo de un mercader de Torum que ascendió a la dignidad de Doctor Copernicus. Canónigo que en Italia estudió medicina, “una especie de escondite desde donde podía dedicarse clandestinamente a sus aficiones” en los enclaves alemanes del Báltico: crear -perfeccionar, mejor dicho- una nueva teoría cosmólogica, el heliocentrismo. Destronó a Tolomeo. “El firmamento cantaba como una sirena”, para Nicolás. 

Vemos también cosas horribles. Enfermedades: Andreas, el hermano amado-odiado de Nicolás fue destrozado por la sífilis. Matanzas: los Caballeros Teutónicos arrasaban ciudades enteras en la Prusia bajo el dominio de la monarquía polaca. Y la monstruosa red de intrigas políticas y religiosas europeas. Además, claro, de la persecución a los “sodomitas“.

LA OBRA MAESTRA


La biografía se articula en cuatro etapas: I) Orbitas Lumenque; II) Magister Ludi; III) Cantus Mundi; IV) Magnum Miraculum, que recorren el ciclo vital del astrónomo entre 1473 y 1543. 

La tercera parte, la mejor de todas, fue escrita supuestamente en 1579 por Georg Joachim von Luachen, apodado Rheticus, discípulo alemán que viajó hasta el obispado de Erland (hoy Warmia, en Polonia) para conseguir la edición de ’De Revolutionibus Orbium Mundi’, la obra maestra de Copérnico, que ocultó a la Humanidad hasta casi el final de sus días por temor a la reacción de los poderosos y del populacho. Convengamos que un universo centrado en el sol no era algo que pluguiere a un mundo saliendo del Medioevo, ansioso de alegría, libertad y salvación.”Yo creo en las matemáticas, en ninguna otra cosa”, decía el enjuto y desgarbado inventor de una teoría del cielo.

Por cierto, Rheticus admite que retocó el original: “Saqué aquella frase absurda en que especulaba sobre la posibilidad de órbitas elípticas, ¡órbitas elípticas, por el amor de Dios!”. Vaya tonto.

“El astrónomo que estudia el movimiento de las estrellas es como un ciego que con ayuda del bastón de las matemáticas debe hacer un enorme, interminable y peligroso viaje, pasando por innumerables parajes desolados. ¿Y cuál será el resultado? Avanzará nervioso un trecho y andará a tientas golpeando el bastón contra el suelo pero llegará un momento en qué se apoyará en él y suplicará al Cielo, a la tierra y a todos los dioses que lo ayuden en su angustioso camino”…

Este hermoso párrafo de la página doscientos uno describe en realidad a la Humanidad. Todos somos ciegos; lo que varía es el bastón que usamos a poder recorrer nuestro camino.
Guillermo Belcore

Calificación: Muy buena

jueves, 27 de febrero de 2020

Justicia

Justicia

Friedrich Durrenmatt

Tusquets. Edición 2013. 215 páginas.


Inversamente proporcional a la opulencia y estabilidad de la admirable Suiza es su producción literaria. Casi nada ha llegado hasta nosotros. Carl Jung y Robert Walser en el siglo XX; y ahora Lukas Bärfuss, a quien le hemos elogiado dos novelas en este blog (1). Compárese esa indigencia creativa con la exuberancia de una Irlanda, muy pobre hasta anteayer.

Por ello, es una gratísima novedad el descubrimiento de un novelista suizo de fuste (al calor de la liquidación de inventarios de Tusquets en Buenos Aires, una de las maravillas del último año). Así pues, aquí venimos a recomendar, con todo entusiasmo, Justicia de Fiedrich Dürrenmatt (Konolfingen, 1921-1990).

El texto fue entregado por primera vez a la imprenta en 1985. El autor explica que le llevó casi treinta años completarlo. La trama es una obra de relojería en tres actos, los tres en rigurosa primera persona.

Los dos primeros redondean la confesión de un intento de asesinato; un abogado defensor, un borrachín especializado en putas y luego en pleitos campesinos, se sincera (¿o no?) con el fiscal. El epílogo es obra del editor de las dos primeras partes; nos revela -en un giro inusitado- las verdaderas motivaciones de otro homicidio, el que enloqueció al abogado dipsómano, el núcleo incandescente de la novela.

El drama se desarrolla en Zurich. De camino al aeropuerto con un ministro inglés que vuelve a casa, el consejero cantonal Isaac Kohler ordena detener su coche frente al restaurante Du Théatre. Irrumpe en la sala repleta de comensales y acribilla a balazos al profesor Adolf Wintler, "uno de esos charlatanes humanistas que pueblan la universidad suiza". El legislador, un hombre rico y culto, sigue su camino y a la noche va a la Opera donde es detenido por la policía sin ofrecer resistencia. La pistola homicida nunca será encontrada.

El acto deja estupefacto a un país entero que, sin embargo, agradece la interrupción de la monotonía cotidiana; todo cambio resulta bienvenido en la república alpina. Kohler es procesado y condenado en primera instancia. Nunca confesó qué lo había impulsado a disparar. Ya en una prisión que es modelo de pulcritud como todo lo helvético, contrata a un abogado novato para que explore la posibilidad de su inocencia. Con tortuosas indagaciones, el doctor Felix Spät logrará que el sibilino consejero salga en libertad. Pero una crisis de conciencia hunde al letrado en la desesperación; sabe que fue usado por un avezado jugador de billar y, para colmo, una cadena de muertes causan sus maniobras. Herr Spät, el narrador de dos tercios del libro, planea ajustar cuentas con Kohler cuando regrese de sus vacaciones en el extranjero, en nombre de un principio no-humano: está ebrio de Justicia.


SUIZA, LA FEA



Además de pretender cautivar al lector con una historia enrevesada, personajes bien tallados y la degradación de una personalidad, la novela tiene una clara finalidad crítica. Allí d
onde nosotros vemos orden, prosperidad y una notable civilización política, el literato denuncia materialismo hueco, hipocresía y un aplastante tedio. En Suiza, se establece, "las máximas pillerías sólo pueden realizarse, y se realizan, legalmente"“.


En efecto, si esta novela pretende ser algo, es una poderosa denuncia social. Durrenmatt arroja una sonda a muchas brazas de profundidad para explorar el alma de su Patria. Le desagrada profundamente lo que ve a su alrededor, como ocurría con Onetti. La reprobación siempre es despiadada. 


El autor se esfuerza por convencernos de que Suiza es un horrible nido de filisteos, que ha prosperado gracias a las miserias del mundo, vendiendo a la Humanidad desde lasquenetes hasta secreto bancario. Traza la genealogía de la mayor fortuna de su país en ese afán de destrucción de ídolos.


En tren de encontrar parecidos, uno podría conjeturar que el estilo con párrafos bien cargados, el clima de farsa, la aparición de personajes deformes, el repudio a la burguesía, emparentan la novela con la producción de Günther Grass.


De todos modos, la especulación metafísica sobre el acto de matar y sus consecuencias sociales y éticas es lo que convierte el texto en una gran novela. Una espléndida sorpresa, con un giro al final que nos obliga a repensar todo el asunto. Vale la pena.

Guillermo Belcore


Calificación: Muy bueno


(1) http://labibliotecadeasterion.blogspot.com/2018/05/halcon.html

https://labibliotecadeasterion.blogspot.com/2009/11/cien-dias.html

viernes, 21 de febrero de 2020

Zoografías. Literatura animal


Compilación Mariano García

Adriana Hidalgo editora. 

590 páginas

¿No escriben crítica literaria los burros?
 Heinrich Heine
La ciencia estima que hay sobre la Tierra 7,7 millones de especies animales, pero sólo un 12 por ciento han sido catalogadas. Algunos creen que, aún en el siglo XXI y en plena extinción global, nos aguardan sorpresas extraordinarias en los abismos oceánicos y en las selvas tropicales (¿el megaterio en la cuenca amazónica?).
También nos esperan bestias maravillosas en las páginas de la Alta Literatura. El catedrático, traductor e investigador del Conicet Mariano García (1971) revela cientos de ellas en un volumen que aquí venimos a recomendar: Zoografías. Literatura animal, de Adriana Hidalgo editora, un sello nacional que se ha especializado en magníficas antologías.
Ha recopilado García cuentos, poemas y fragmentos de novelas y ensayos de Occidente que atañen a esos seres con garras, alas, antenas o tentáculos, que la humanidad se ha obsesionado en martirizar. La pesadilla del animal es el ser humano, escribió Schopenhauer.
En boca de un oso, Heinrich Heine despotrica contra el supuesto dueño de la creación: "...¡Los derechos del hombre! ¿Quién se los ha concedido? Nunca la naturaleza, ella no es tan antinatural... Lleváis en alto la cabeza aunque en ella se arrastran bajos pensamientos... ¡Hijos míos! Guardaos de esos abortos lampiños. ¡Hijas mías! ¡No confiéis en ningún monstruo que lleve pantalones!"". Greta Thunberg no lo hubiera dicho mejor.
La selección de textos se ha efectuado con sabiduría y buen gusto, pero privilegiando los que ya no pagan derechos de autor. Desde Homero a Hebe Uhart, autora de la casa. ¿Por eso no está el tigre, sanguinario y hermoso, de Jorge Luis Borges? ¿Una antología sin nuestro mejor escritor? Olvido bestial. Pero aparece el otro gran cuentista de la Argentina: Antonio Di Benedetto. Felino de indias (1978) narra las peripecias de un gato y un lorito sobre el espinazo de la cordillera de los Andes, después de la muerte del mercader español que los llevaba en su séquito. Delicia de cuento.

MAESTRO DE LECTURAS

El método del fragmento tiene otras virtudes: ilustra y causa apetito. Verbigracia: después de concluir Conejo de George Eliot, el lector común siente que no puede dejar de leer algún día la novela Middlemarch, "uno de los mayores logros en el género de Inglaterra", nos dice una de las oportunas "Biografías" añadidas al final.
El profesor García obra pues como maestro de lecturas. Nos permite descubrir, entre otras gemas raras, que la más abyecta traición de la literatura argentina (y por partida doble) la ha confesado Lucio V Mansilla en el capítulo 62 de Una excursión a los indios ranqueles. Es imperdonable que le haya regalado su perro Brasil al indio maula Ramón.
Despide la selección cierto aroma a francofilia. Las Memorias de un cocodrilo de Emile Gigault de la Bédolliere son sublimes, al punto de la relectura. Las páginas de Honoré de Balzac sobre el raro amor de un hombre y una pantera en el Sahara nos colocan ante la terrible evidencia de la decadencia literaria de Francia. Los grandes novelistas hay que buscarlos en el siglo XXI no ya en París, sino en Nueva York, Los Angeles o donde sea que se haya escondido Thomas Pynchon.
Esperamos un segundo volumen con la presencia animal en la literatura de nuestra época. A guisa de aperitivo, Mariano García añadió un apéndice con sugerencias bibliográficas y complementos teóricos.

viernes, 14 de febrero de 2020

El jesuita y la reina

La cultura dominante -incubada por la hegemonía global de la anglósfera- nunca perderá ocasión de recordarnos los crímenes espantosos de la Iglesia Católica, en especial de la Inquisición española. Pero nada dice de la salvaje intolerancia religiosa de la era isabelina.

En efecto, la Inglaterra moderna -a la que tanto admiramos- se edificó sobre la efusión de sangre y el dolor de millares de creyentes, causados por razones de Estado, por un bestial fanatismo, y por sed de pillaje (trilogía maldita que volvería a surgir con los jacobinos y los bolcheviques). Un libro que el piadoso Evelyn Waugh (1903-1966) entregó a la imprenta en 1935 desea, no obstante, llamar la atención sobre un lado negro de la dinastía Tudor, muy poco conocido. Es que para la cultura de masas han resultado más interesantes las seis esposas de Enrique VII que el uso del Estado para destruir la fe viva durante el reinado Isabel I.

En el afán de agotar la obra del bueno de Waugh (1), este blog viene a recomendar 'El jesuita y la reina' (Del Nuevo Extremo, 275 páginas, edición 1960). Se trata de una biografía novelada del mártir Edmund Campion, manso erudito educado para la vida del púlpito y la sala de la conferencias, al que una era de vigoroso nacionalismo lo condujo al calvario. Dios nos libre de los tiempos tumultuosos que nos fuerzan a tomar partido, que nos impiden forjar una carrera en el mundo sin violentar nuestras intimas convicciones.

Waugh divide la hagiografía en cuatro libros: El erudito, El sacerdote, El héroe y El mártir. En el primero, viajamos al verano (boreal) de 1566 cuando la reina Isabel visitó Oxford durante seis días. Hileras de estudiantes la aplaudían de rodillas, y Campion, a los 26 años, sedujo a la corte con su mejor estilo ciceroniano. Un poderoso del partido protestante lo patrocinó; se abría delante del profesor un promisorio sendero hacia las cimas de una Iglesia Anglicana que necesitaba, desesperadamente, hombres sobrios y bien educados como Campion. Pero el académico se fue a Irlanda primero y luego cruzó el Canal de la Mancha.

Lo recibió con los brazos abiertos en Flandes el colegio inglés de Douai, sitió de reunión de los refugiados católicos de las más variadas condiciones, luego seminario pero no era un lugar seguro. La corona británica hacía raptar y traer desde el extranjero a los disidentes, que luego ejecutaba no sin tormentos, como arrancarles las entrañas frente a la horca. Apelaba a envenenadores profesionales, a cazadores de sacerdotes, a delatores, a la peor gentuza.

En 1573, Campion se dirigió a Roma para ingresar en la Compañía de Jesús. Gobernaba el trono del Pescador Gregorio XIII cuyo calendario fue atacado por los protestantes como un invento del Anticristo y aceptado paulatinamente por todo Occidente en los dos siglos subsiguientes. Ya jesuita, el inglés pasó unos años tranquilos y laboriosos como pedagogo en Brno y Praga, hasta que sintió el llamado del martirio.

Nueve años duró la ausencia de Campion en Inglaterra y durante ese tiempo la posición de los católicos era cada más precaria. Era como vivir bajo el yugo de los turcos, subraya Waugh. Una nueva clase dirigente impuso a sangre y fuego “la supremacía espiritual del Estado“, como, desgraciadamente, tantas veces ha ocurrido en la Historia. 

El sacerdote se las arregló para predicar en la clandestinidad y publicar un manifiesto que quedaría en la Historia (Decem Rationes), pero no tardó el momento de la prueba: finalmente fue atrapado, atormentado en el potro de la Torre de Londres, ahorcado, destripado y descuartizado en 1581, tras uno de esos juicios farsa que popularizarían los totalitarismos del siglo XXI. Murió por una idea, por causas religiosas dado que jamás dejó de reconocer a Isabel I como su reina. 

El populacho siempre es el mismo. “La muchedumbre isabelina disfrutaba con entusiasmo de una ejecución sangrienta y cualquier bandido era el héroe de algunas horas, cualesquiera que fueran sus crímenes”,  escribe el novelista en la página doscientos sesenta y cinco con esa prosa cristalina que lo caracterizaba. Arthur Evelyn St. John Waugh no pudo ver a Campion canonizado por Paulo VI en 1970.
    
En un artículo inacabado de abril de 1949, George Orwell sostenía que el novelista inglés que ha desafiado de manera más evidente a sus contemporáneos es Evelyn Waugh. Aun hoy produce el mismo tonificante efecto. No se me ocurre nada más opuesto al mainstream cultural -y al mismo tiempo sano- que retratar la Fe en Dios y en el Papado como algo concreto e indestructible.
Guillermo Belcore


Calificación: Bueno


(1) http://labibliotecadeasterion.blogspot.com/2009/10/un-punado-de-polvo.html

https://labibliotecadeasterion.blogspot.com/2019/12/retorno-brideshead.html

viernes, 7 de febrero de 2020

Enviada especial

Por Jean Echenoz

Anagrama, novela de 255 páginas. Edición 2016.

Debajo de la vida institucional y política de un país, prospera una jungla peligrosa. Son los servicios de inteligencia. Son los sótanos de la democracia, según denunció en su primer discurso el Presidente de la República Argentina. ¿Son necesarios? Obviamente. No se puede gobernar bien sin información precisa; y los enemigos de la sociedad abierta, nunca lo olvide, son legión.

Pero el aparato del espionaje necesita de controles muy estrictos, pues como cualquier submundo de la clandestinidad es terreno propicio para el delito y la arbitrariedad sobre el ciudadano inocente. Nunca faltará el funcionario que se corte solo por codicia, ambición y estupidez.

Este es el mensaje que destila una novela asombrosamente divertida que Jean Echenoz (Orange 1947) entregó a la imprenta hace un lustro. Enviada especial fue muy aplaudida en su momento pues significó el retorno del literato francés al mundillo de la farsa y la parodia -"príncipe del absurdo lo definió un crítico de Le Nouvel Observateur- después de convertirse, con gran éxito también, en biógrafo de Ravel, Emil Zapotek y Nikola Tesla.

En la novela se narra una torpe operación de inteligencia. El general Bourgeaud, ex funcionario del Service Action (planificación y realización de operaciones clandestinas) ordena secuestrar a una mujer con ciertas habilidades para convertirla en agente secreta, tras un larga y amable cura de aislamiento. ¿Misión de la novata? Desestabilizar al régimen de Corea del Norte, a lo Mata Hari.

Paul Objat, asistente del general, contrata a una célula gansteril para el disparatado proyecto. Constance, cantante de profesión, es la elegida. Los subcontratistas piden rescate pero el esposo de la cautiva, un músico en decadencia creativa, no responde ni mú. Es más, el muy canalla de Lou Task se busca una novia más joven. Estamos en Francia.

La trama ofrece escenas desopilantes y una escena conmovedora de un suicidio, un final a todo ritmo con una fuga desesperada desde Corea del Norte y reflexiones siempre atinadas sobre diversos asuntos. 

Verbigracia: monsieur Task encarna esa rara especie de artista (es una forma de decir) al que la Fortuna lo besa en los labios sólo una vez en la vida. ¿Recuerda al ochentoso Patrick Hernández?:

"...que no ha hecho nada en su vida más que 'Born to Be Alive', escrita en diez minutos, grabada en dos días, rechazada en un principio por todos los productores y convertida en éxito internacional cuyos royalties le han permitido pegarse la gran vida el resto de su existencia..."

En cuanto al estilo, depurado como si se tratase de un escritor inglés, Echenoz no sólo cultiva con gran destreza la parodia, la farsa y la sátira sino que le gustan los jueguitos del lenguaje: ha incorporado a su riquísimo léxico vocablos provenientes de la jerga científica: glutamato monosódico, fusiforme, angioma, períptero, etc. Y apela a la complicidad del lector mediante la técnica del narrador entrometido. Sólo podría reprocharse su predisposición a aburrirnos con listas.

Hay que resaltar, finalmente, que la descripción de la infernal Corea del Norte es honesta, sin esas concesiones progres que hubieran estragado la novela. El socialismo juche -uno puede concluir- no es otra cosa que el comunista llevado hasta sus últimas consecuencias.

La pregunta del lector decente debería ser siempre la misma: cómo puede existir a esta altura de la historia una aberración política, económica y moral como la tiranía de Kim Jong Un. Así lo describe Echenoz al dictador:

"...Rollizo y barrigudo, gruesa cara rubicunda oval homotética con un grueso busto oval -huevo de pata sobre huevo de avestruz sin conexión que los una- avanzaba con aire obcecado, afectado, compensando su breve estatura, como su querido líder padre, con espesas calzas sobre las que caminaba balanceando los brazos lejos del cuerpo. Constance se enteraría más adelante de que cultivaba su parecido con su abuelo líder eterno, reproduciendo sus gestos, sun andar, sus mímicas, sus trajes y su corte de pelo rasurado en las sienes, esponjado detrás y con la raya al medio. Se murmuraba incluso, pero tantas cosas se murmuran bajo el cielo, que no menos de seis intervenciones quirúrgicas habían acentuado ese mimetismo ..." 

Guillermo Belcore


Calificación: Bueno 

domingo, 2 de febrero de 2020

Las series, el mundo, la crisis, las mujeres

Se estrenaron el año pasado 500 series en Estados Unidos. La cifra global es demasiada vasta, quien desee hacer un recuento se perdería en la espesura. El formato, a esta altura, es mucho más que un exitosísimo invento comercial o una nueva gramática fílmica. Expone, representa, es síntoma de, entre otras cosas, la decadencia estadounidense, el mundo de la crisis perpetua, una nueva civilización hipermoderna. La conjetura fue enunciada por el pensador francés Gérard Wajcman.

La editora de la Universidad Nacional de San Martín ha traído a la Patria una obra esclarecedora: Las series, el mundo, la crisis, las mujeres (131 páginas, edición 2019). Nada más serio que las series para reflexionar sobre el estado de la humanidad, declara Wajcman parafraseando a Lacan. El autor es psicólogo de profesión y ante la eventualidad de tropezar con detractores (en Francia las polémicas intelectuales son feroces) hace una apasionada defensa corporativa en la página 61: 


"Los psiconalistas son los sismólogos mejor equipados del planeta mental para seguir los temblores profundos que atraviesan el mundo, hablarán de crisis a propósito de la pérdida de referencias, crisis de lo simbólico o crisis del padre, lo cual constituye nuestra manera de explicar un temblor del orden simbólico universal".

EL CAMINO DE SPENGLER

"Algo parece vincular íntimamente la serie con nuestra época y, en sentido inverso, nuestra época con la serie". Esta es la plataforma sobre la que se asienta una obra que va ramificándose en temas incandescentes desmenuzados casi todos con una inusual lucidez.

Entre otra gemas, el lector encontrará cinco páginas valiosas sobre la epidemia global de adicciones, la que define el francés como un derivado lógico de cierto mandamiento universal a consumir (las publicidades son sus profetas). El declive de la ley es simultáneo al ascenso salvaje del comercio. "La sociedad de incitación al goce es naturalmente una sociedad de incitación al crimen", advierte el catedrático de la Universidad París VIII. Es el mismo mensaje trascendente del Papa Francisco contra el turbocapitalimo de consumo y disfrute forzados, encaramados sobre objetos-mercancía que se idolatran. Deberíamos meditar seriamente sobre esto. El goce individual parece triunfar sobre todo lo demás, sobre las reglas, los ideales, las personas...

La primera meditación del libro atañe, cómo no, a Estados Unidos. Wajcman ve una acelerada degradación; empalma así su pensamiento con el de Paul Kennedy (Auge y decadencia de las grandes potencias) o Lester Thurow (La guerra del siglo XXI); quienes a su vez fueron discípulos, a su manera, del viejo Spengler (La decadencia de Occidente):


 "La serie sería la forma de una nación en vías de deshacerse. Y de deshacerse de sus propios mitos. No sorprende que en tiempos como estos se derrumben estatuas..." 

Es que si el cine construyó a la gran nación americana (y viceversa); la serie lo está deconstruyendo. Con sus héroes y heroínas averiados (como la detective Sara Linden) es la crónica de un Estados Unidos en crisis. Wajcman alcanza a ver en el derrumbe psicológico de Tony Soprano la evidencia de la caída de un Imperio. ¡Ah, estos franceses!

En el siguiente capítulo, el pensamiento da un salto de siete leguas. La serie, ojo abierto al mundo, refleja un fenómeno más vasto: la crisis eternizada, "tendencia regular del mundo y de nuestra modernidad". Es decir, "la crisis es serial, la serie es su forma". Esta es otra hipótesis audaz.

"La forma de la crisis". Interesante concepto. Así como en la Florencia del Quattrocento se inventó la "civilización del cuadro" (pintar en un simple cuadrado de madera revolucionó tanto el arte como el pensamiento), hoy una propia, autónoma y nueva está cambiando nuestra manera de ver el mundo, que es lo mismo que cambiar al mundo. 

Frente al relato único y unificado de la modernidad:

"la serie instala el reinado del fragmento, de lo descentrado, de lo discontinuo, de lo múltiple... es la forma de un mundo estallado en pedazos". 

Vaya a saber qué emergerá de este cambio de perspectiva. Wajcman -macluhiano tardío- prefiere no hacer vaticinios, aunque su mirada es decididamente pesimista, por cierto como la del grueso de los pensadores del Viejo Continente que, aplastados por la decadencia relativa y absoluta de su hogar, no consiguen pensar por encima de un eurocentrismo que desea permanecer oculto.


JESSICA JONES Y THE WIRE


Como todo estudioso, Wacjman termina enamorándose de su objeto de análisis y lo ubica sobre un pedestal. Llega a decir que "la serie podría ser lo que vendría a remediar hoy una cierta crisis de la literatura, extraviada en los pantanos de la autoficción". Y luego llama en su defensa a Walter Benjamin para plantear la "crisis del relato" y a Barthes y Deleuze para intentar engatusarnos con la supuesta imposibilidad de encerrar hoy entre dos tapas y un lomo el malestar de una civilización.

No. Aquí también -suponemos- pesa demasiado la frustración nacional. Que la literatura de Francia esté sumergida actualmente en un ciclo inane, con literatos pigmeos que deshonran su rica tradición, no significa que a nivel global la novela -o la literatura en general- se encuentre en peligro de extinción. ¡Mire aunque le duela, monsieur Wacjman, la exuberancia literaria de la anglósfera! Sigue siendo, además, el novelista el que alimenta el fenómeno serial de la televisión.

Más allá de estas hipérboles, el ensayo de Wacjman es necesario e iluminador. Nunca cae en la frivolidad. Explicar la era en que se vive es una ambición altamente estimable.

El capítulo 11, finalmente, explora otro ángulo singular del asunto: ¿por qué las mujeres ocupan hoy el primer plano de los series?. El libro nos advierte sobre la muerte del Padre (la ley y la castración) y el arduo camino de la liberación femenina en el siglo pasado, pero sin decir una palabra, naturalmente, sobre, la dictadura de lo políticamente correcto. El texto concluye en un magnífico examen de Jessica Jones, esa joya de la Marvel.

En la página 58, el erudito propone: "...la obra maestra del género -hasta ahora- se llama de The Wire". Y en las páginas siguientes compone un ditirambo de la creatura de HBO. Puede ser. El autor de esta nota, no obstante, coloca en la cima a las tres temporadas de Fargo: 

http://labibliotecadeasterion.blogspot.com/2018/02/fargo-la-serie.html

Calificación: Bueno


viernes, 31 de enero de 2020

Star Picard: Capítulo I

La comunidad trekkie está feliz. Picard -esperadísima serie- estuvo a la altura de los anhelos de esos millones de terráqueos que integran la República de Fans de Star Trek. Quien esto escribe es uno de ellos. Larga vida y prosperidad a la CBS y a Amazon que la distribuye en América latina. Esta vez, el productor Alexander Hilary Kurtzman no nos ha decepcionado.
La excelencia de la narración televisiva se asienta sobre dos pilares magníficos: sir Patrick Stewart y Michael Chabon. Un actor de fuste de 79 años que se hizo famoso a escala global con el entretenimiento pop; y un destacado escritor (56) que había incursionado en la ciencia ficción y el arte del guión (aunque no siempre con éxito). 
Esa combinación perfecta ha permitido unir, con inteligencia y elegancia, en una historia coherente las series y películas tradicionales con las franquicias, tan desparejas como polémicas, de este siglo. Es decir, enlaza ST The Next Generation (se emitió desde 1987 hasta 1994) con la herética línea Kelvin de los films de J.J. Abrams. 
Desde ya, la sublime novedad del show es el retorno del capitán Jean-Luc Picard (ahora almirante retirado), personaje icónico de nuestro tiempo. Tiene 92 años y se ha recluido en su finca vitivinícola de la campiña francesa. Escribió libros de historia militar que nadie ha leído. La Star Fleet, ¡ay!, lo ha decepcionado. Catorce años atrás abortó su Operación Dunkerque para rescatar a 900 millones de romulanos de la devastación del Imperio provocada por una supernova. Mantiene la claridad moral y firme resolución, pero es un hombre triste. 
En el chateau Picard, sirven como amigos y asistentes dos ex agentes del Tal Shiar (el servicio de inteligencia de Romulus), enemigo ancestral de la Federación Unida de Planetas. El viejo lobo de la galaxia suele soñar con un viejo camarada, el comandante Data, heroico androide que se sacrificó para salvar a la tripulación de la Entreprise de la furia resentida del clon Shinzon (ST Némesis, 2002). 

OTRO MUNDO 

El primer capítulo de Picard (Remenbrance) nos teletransporta a fines del siglo XXIV. Atisbamos el futuro de Boston, París, Okinawa y Nueva York. La sociedad terráquea es multicultural, por todos lados hay razas de otros planetas, se ven bajorianos y trills, entre otros. La cuidada presentación visual, por cierto, es otra dignidad añadida a la serie.
En el año del Señor 2399, ya nadie puede producir androides. Están prohibidos desde la inexplicable rebelión de los humanoides sintéticos (uno de los enigmas de la trama con ecos de Philip Dick) que se zanjó en 2385 con la destrucción en Marte de las colonias y los astilleros Utopía Planitia. Más de 90.000 muertos como saldo.
Por consiguiente, Data no pudo ser replicado; la evolución oficial de los androides quedó trunca. Pero como siempre ocurre -giro trillado si los hay- un científico tan alocado como brillante desarrolló en secreto una técnica de "clonación neuronal fractal'' que logró lo que parecía imposible: un robot que sangre, sufra, ame y sienta. Estas maravillas se fabricaron en parejas, a espaldas de la sociedad y los militares. Una de las gémelas Dahj (Isa Briones) aparece en Le Barre para pedirle ayuda a Picard. Sufre una crisis de identidad desde que comandos romulanos intentaron secuestrarla (algo despertó dentro de sí y logró despacharlos a lo Jason Bourne). Dahj es la palancia que pone en marcha la narración.
La segunda gemela aparecerá al final del capítulo primero dentro de un cubo borg, donde una facción de sobrevivientes romulanos planea, al parecer, la reconstrucción y la venganza. Fascinante, diría el señor Spock.
 Se vislumbra, por otro lado, un prometedor giro; una ruptura conceptual con ese optimismo, algo ingenuo, de anteriores entregas de la saga. Algo huele a podrido en la Flota Estelar y nuestro héroe lo ha captado. En una conversación con Los Angeles Times así lo matiza el showrunner Michael Chabon: 
``Star Trek, en realidad, nunca se trató de cómo la humanidad se vuelve perfecta; siempre se trató de cómo la humanidad sufre y trabaja para superar todo lo que es inherentemente destructivo en nuestra naturaleza''. 

Todos los viernes, Amazon Prime añade un capítulo de Picard de una hora de duración. Aquí estamos contando las horas para el próximo. Ha trascendido que también vuelve Siete de Nueve (Jeri Ryan).

lunes, 27 de enero de 2020

Drácula, de Netflix y la BBC

Una grieta explica fenómenos trascendentes de la política como la llegada de Donald Trump, el auge populista, o el brexit. La grieta entre las élites y el pueblo llano. Muchas personas decentes, trabajadoras, con ideas tradicionales, están ofuscadas en Europa y Estados Unidos. Votan con el ceño fruncido. Sienten que sus desdichas provienen del egoísmo, la codicia y la insensibilidad de la casta dirigente, la aristocracia de Davos.
Culto, sofisticado, sin apremios económicos, con aspiraciones globales,  acostumbrado al lujo y a la servidumbre, el aristócrata de la política, la economía o la cultura es un chupasangre de las masas. Como el Drácula de Netflix, el primer lanzamiento destacado del 2020 en Serieslandia.
 
Para ser precisos, la versión más fresca del vampiro es un producto del talento de una pareja especializada en adoptar clásicos, las dos mentes brillantes detrás de Sherlock y algunos buenos capítulos de Dr. Who. Hablamos de Steven Moffat y Mark Gattis (también actor, ¿recuerda a Mycroft Holmes?).
 
Drácula es siempre una apuesta segura para ganar dinero. No hay criatura literaria que haya sido explotada con más ahínco por el cine y la televisión. Ahora es el rey del streaming -con su mejor socio, la BBC- quien abre el ataúd para ofrecer una miniserie tan inquietante como dispareja, con tres capítulos (muy distintos entre sí) de noventa minutos cada uno.
 
Estéticamente el producto bascula entre el gótico siniestro de la Hammer Productions y las esgrimas vertiginosas, que derrochan ingenio, del tándem Moffat-Gattis. Está muy bien que se rescate la noble tradición del terror britanico. De hecho el nuevo conde -magníficamente interpretado por el danés Claes Bang- con sus colmillos al aire resulta muy parecido a Christopher Lee.

REGLAS DE LA BESTIA

El primer capítulo transcurre en Transilvania y Budapest. El segundo, a bordo de un barco claustrofobico, en ruta hacia Gran Bretaña. El tercero, en Londres, donde el conde encontrará la novia ideal, después de quinientos años. ¿Ve?, nunca hay que perder las esperanzas.
 
Al convento Santa María de la capital húngara llega el abogado Jonathan Harper (John Heffernan), o lo que queda de él, se está convirtiendo en una entidad maligna. Dos monjas lo interrogan. Relata el letrado inglés su horripilante experiencia en el laberintico castillo de Drácula.
 
Frente a Harper se planta Agatha Van Helsing (Dolly Wells), un canto al racionalismo científico, desesperada por entender. Es un tópico, la tipíca monja del entretenimiento de masas que ha perdido su fe en el Señor: ``Como muchas mujeres de mi edad estoy atrapada en un matrimonio sin amor, manteniendo las apariencias por un techo sobre mi cabeza''.
 
Sin embargo, la hermana Agatha se convierte un formidable adversario para el príncipe de la oscuridad. Es tan poderosa y cautivante su interacción que opaca a los restantes personajes. 
 
A esta altura, usted se preguntará sobre son los rasgos del vampiro Claes Bang. Un psicópata adorable, a lo Hannibal Lecter. Locuaz, físicamente extrovertido, manipulador como el demonio que es. Elige cuidadosamente a sus víctimas pues absorbe recuerdos y habilidades (como el Sylar de Héroes). De ahí que haya decidido mudarse a Londres, el centro del mundo a fines del siglo XIX, con tanta gente instruida y clamorosa. ``Somos lo que comemos'', bromea el noble ante el aterrado Harker.
 
Tiene, además, el poder de crear brumas para ocultar la luz del sol y puede asumir formas de animales. En una de las escenas más repugnantes, emerge del cadáver de un lobo ante la mirada atónita del convento, pero nunca pierde la elocuencia. ``No sé sobre ustedes, chicas, pero me encanta un poco de pelo'', dice. Poco después, una manada de lobos destroza a las monjas. ``¡Oh! Eso debe haber dolido'', apunta Drácula.
 
Puede que sea el rey de la labia, pero también es un inmoral, un vicioso con una adicción incontrolable que se aprovecha del esfuerzo, las ilusiones y la credulidad de las gentes sencillas, campesinos, marineros, urbanitas de clase media. ¿Ya dijimos que representa a la perfección a la flor y nata del siglo XXI? Una feroz fuerza nihilista. ``La democracia es un abuso de los desinformados; todo está en la sangre'', sentencia nuestro antihéroe.

GOZOSO AÑADIDO

Quizás lo mejor de la serie sea el ingenio verbal, sello de Gatiss & Moffat. ¡Qué diálogos tenemos aquí! Hay frases memorables, réplicas encantadoras, uso y abuso del sarcasmo y la ironía. Es el valor literario añadido. Una deliciosa artificiosidad.
 
El suspenso del segundo capítulo también merece elogios. Estamos a bordo del navío Demeter, sobre el Mediterráneo, camino a las islas británicas. Eligió Drácula uno a uno a los pasajeros como quien escoge los platillos de la cena en una larga travesía. Pero a bordo viaja su némesis.
 
Un giro sopresivo al comienzo del tercer capítulo -el más flojo- nos impide describirlo sin corromper el efecto sorpresa.
 
Es probable que lo peor sea el desenlace. Gatiss & Moffat tiene un problema con los finales como hemos comprobado en Sherlock. Aquí nos venían prometiendo una respuesta lógica a los misterios existenciales del conde: ¿por qué teme a la cruz y a la luz solar; por qué no puede ingresar a una morada sin ser invitado? La resolución es tan pueril que da risa, incluso queda la puerta abierta para una segunda temporada.

Calificación: Buena
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Ficha técnica: Año: 2020. País: Reino Unido. Dirección: Paul McGuigan, Jonny Campbell, Damon Thomas. Creadores y guion: Mark Gatiss, Steven Moffat (basado en la novela de Bram Stoker). Música: David Arnold, Michael Price. Fotografía: Tony Slater Ling. Actores: Claes Bang, Dolly Wells, John Heffernan, Morfydd Clark, Joanna Scanlan, Jonathan Aris, Sacha Dhawan, Nathan Stewart-Jarrett. Clive Russell, Catherine Schell. Patrick Walshe McBride, Youssef Kerkour, Lydia West, Matthew Beard, Mark Gatiss. Duración: 270 min. Productora: Hartswood Films/British Broadcasting Corporation (BBC)/Netflix.

jueves, 23 de enero de 2020

La literatura nazi en América

Aunque nunca hubo tanta gente escolarizada, un síntoma de la ignorancia y la candidez de estos tiempos degradados es la circulación masiva en las redes sociales de las llamadas fake news, es decir las noticias espurias creadas para desacreditar a una figura pública, movimiento político, empresa, etc.
La expresión circula en las anglósfera desde el 1800, según los lexicógrafos. Hoy en día, los rusos, con un ejército de trolls, parecen haberse especializado en estas artimañas, acaso para vengarse de Occidente; al fin y al cabo no carecen de tradición: fue un agente del zar quien escribió los Protocolos de Sion, ese documento inventado que, según los imbéciles, prueba la existencia de una conspiración judía para conquistar el mundo.
En la Alta Literatura, existe un equivalente a las fake news, más amable, interesante y sustancial. Es un juego del intelecto que exige de lectores cómplices. Consiste en (usando palabras de Jorge Luis Borges) "falsear y tergiversar ajenas historias". Llamémosle entonces false book (fake book ya se usa en otra expresión artística: la música).
En la modernidad se han publicado espléndidos ejemplos de esta subespecie: Vidas imaginarias (1896) de Marcel Schwob, que a su vez inspiró la Historia universal de la infamia (1934) de Jorge Luis Borges. Confirmando la certera Teoría de las influencias de Harold Bloom ambos son precedentes del false book que 1996 anunciaba al mundo, como si de un campanazo se tratase, que en Chile había nacido otro narrador sublime: La literatura nazi en América de Roberto Bolaño (1953-2003). Este es el libro que aquí venimos a recomendar, aprovechando que el sello Alfaguara ha reimpreso en el último bienio la obra (imprescindible) del literato santiaguino.
MASCARADAS
El juego es así: La literatura nazi... es una maravillosa enciclopedia fraudulenta de autores, libros (fictitious books, otro concepto anglosajón, como el Necronomicón de Lovecraft) y editoriales, que simpatizaban o militaban entusiastamente en favor del nacionalsocialismo, el fascismo, el franquismo, la superioridad aria o la xenofobia, el racismo y el antisemitismo en general. Es también una prodigiosa exhibición de estilo.
Bolaño -ese genio- se sirve de recursos nobles como la parodia (¿es la parodia del Diccionario de autores latinoamericanos de Aira?), la sátira (sobre todo de la República de las Letras), la ironía, la crítica social y política, y del humor fino y absurdo (a la manera de Woody Allen), para componer personajes fascinantes que nunca existieron, o bien refieren tangencialmente a ciertos plumíferos famosos. Podrá encontrar usted en el Aleph contemporáneo (Internet) conjeturas sobre a quien aludirían en el mundo real las criaturas bolañescas.
Dijimos humor del absurdo, ¿no? Es que el texto se construye con pasajes francamente desopilantes, como aquéllos que describen a los hermanos Schiaffino, capos de La Doce. Bolaño se las ha ingeniado para unir poesía épica con los barrabravas de Boca Juniors. Qué imaginación, la de este tipo. Nos informa que Italo Schiaffino ha publicado Palidezcan los lebreles, "una suerte de Ilíada para la muchachada xeneize". Y que algunos de sus trescientos versos fueron aprendidos de memoria por la soldadesca tribunera. 
Comicidad sí, pero nunca frívola. En el timón de la escritura hay una inteligencia portentosa que desea repudiar alguna de las abominaciones históricas, como el totalitarismo cubano o la guerra sucia de los setenta, todo dicho con una prosa leve que se burla de los tonos y los lugares comunes de la crítica literaria.
Acaso este extracto de la página 179 baste para transmitir el sabor de la obra:
"Amado Couto escribió un libro de cuentos que ninguna editorial aceptó. El libro se perdió. Luego entró a trabajar en los Escuadrones de la Muerte y secuestró y ayudó a torturar y vio como mataban a algunos, pero él seguía pensando en la literatura y más precisamente en lo que necesitaba la literatura brasileña".

El remedo del diccionario -o del comentario diarístico- se abandona en la penúltima entrada, la única compuesta en primera persona. El material autobiográfico es evidente. El carácter que describe es el del infame teniente Carlos Ramírez Hoffman, piloto avezado y oficial de la Inteligencia chilena que se infiltra en un taller literario en Concepción y luego secuestra a las poetisas Venegas. El asesino y torturador deviene en artista de vanguardia y desaparece en Europa. Aquí encontramos la prosa más personal (y seductora) de Bolaño, su tan elogiado flujo continuo. 
MIRADA DE AGUILA 
No puede dejar de mencionarse otro agrado del libro: la exactitud de la mirada. Bolaño arroja una sonda a las profundidades del alma americana. Puede que resulte desagradable el paisaje pero -entre tantas caricaturas- es rigurosamente cierto. Llama la atención que los argentinos sean la primera minoría en la falaz antología.
El primer capítulo se demora en los Mendiluce y es una despiadada vivisección del extravío ideológico, el esnobismo y la superficialidad de cierta clase pudiente de la Patria. Edelmira Thompson, la madre, comparte características con las hermanas Ocampo, "dictadoras de la lírica y del buen gusto en ambas márgenes del Plata en los albores del siglo XX". Juan Mendiluce Thompson, el hijo, lanzaba diatribas, entre otros, "contra Cortázar, a quien acusa de irreal y cruento; contra Borges, a quien acusa de escribir historias que son caricaturas de caricaturas y de crear personajes exhaustos de una literatura, la inglesa y la francesa, ya periclitada, contada mil veces, gastada hasta la náusea". 
Mateo Aguirre Bengochea es el terrateniente de la Patria con ambiciones artísticas, pero sin talento. En Silvio Salvático está el rencor del fracasado pequeñoburgués: quiere dedicarse a escribir pero debe ganarse la vida en trabajos insignificantes (¿Roberto Arlt?). Daniela de Montecristo, la argentinidad aventurera que cautiva allí donde aparece, y sufre de malandrofilia ("en la nalga izquierda llevaba tatuada una esvástica negra").
A los fabulosos hermanos Schiaffino, ya los mencionamos. ¿No está plagado de filonazis el submundo del fútbol? Finalmente, Bolaño describe El Cuarto Reich Argentino, "una de las empresas editoriales más extrañas, bizarras y obstinadas de cuantas se han dado en el continente americano, tierra abonada para empresas al borde de la locura, la legalidad y la simpleza".
La literatura nazi en América esta a punto de cumplir un cuarto de siglo de vida. No ha perdido frescura. No sólo es una obra tan amena como profunda sino que constituye una magnífica puerta de entrada a uno de los mejores palacios verbales de la región, la obra excepcional de Roberto Bolaño (¡ay, su temprana desaparición!). Porque este subcontinente, estimado lector, no sólo ha prodigado extremistas alucinados como el Che Guevara o Mario Firmenich, sino también escritores originalísimos. Indispensables.
Guillermo Belcore

Calificación: Muy bueno