martes, 4 de octubre de 2011

Memoria de paso

Proyecto Diez Mil Cuentos

Argumento número diecinueve

Memoria de paso (1978-1979)
Fogwill. Cuentos Completos. Alfaguara. Edición 2009

Virginia (Víctor) se casó con un comerciante de pieles finas en 1812, pero quiso ser siempre un hombre. Enviudó en 1823 y pronto decidió unir bienes y propiedades con Ernestina. Los salones de los Rosas eran las únicas invitaciones que aceptaban; a poco de instalarse, Urquiza las despojó de todas las tierras. Virginia vio envejecer a hijos y nietos. Se recluyó en Córdoba con la hija de un diplomático. Allí, el doctor Segura la instruyó en ciencias naturales; un italiano la acercó a la fotografia. Se aficionó al opio y a las bacanales. Antes de partir a Europa, comenzó la curiosa transformación. Se mudó a Estados Unidos y fue tratada en Atlanta por el doctor Pemberton, hermano del boticario que haría famosa la ciudad (Virginia le ayudó a mejorar su jarabe pardusco). Ya hombre viajó a Nueva York y con un ardid consiguió que el consul argentino le expidiera nuevos documentos. Se casó con una norteamericana, trabajó en universidades, se separó y se fue a Europa. Fue conchabado como analista de patentes. En Zurich conoció a un funcionario con ideas originales sobre el espacio y sobre el tiempo. En París aprendió a pintar y a vivir de los millonarios argentinos. Se casó varias veces con suerte dispar. Una vez con una inglesa que escribía bastante bien, a la que contó todos sus viajes y aventuras. Se llamaba Virginia, como Víctor antes. En Berlin trabajó de traductor; conversó un par de veces con Hitler. Regresó a la Argentina, previo paso por España, en 1946. Fue celador de un colegio durante doce años y periodista entre 1958 y 1969. A los ciento setenta y pico de años se atrevió a publicar algo en prosa por primera vez, con la convicción de que lo único que permanece invariable es el tiempo. Virginia-Víctor siempre creo algo que fue la envidia de su época, siempre tuvo valor para quebrantar usos y costumbres, de no ser convencional.

PD: Esta magnífica reescritura sintética de una obra de Virginia Woolf, parodia-homenaje de Borges y notable exhibición de estilo, es la prueba cabal de que Fogwill fue uno de los mejores narradores argentinos de todos los tiempos. El cuento está repleto de ocurrencias felices.

domingo, 2 de octubre de 2011

La senda oscura

Asa Larsson
Seix Barral. Novela policial, 462 páginas. Edición 2011

Como el sol de medianoche de Kiruna, brilla en el firmamento de la novela policial escandinava el nombre de Asa Larsson (1966). Sería insensato afirmar que se trata de Alta Literatura, pero sus libros son entretenimiento de calidad. Trabaja bien el misterio y la técnica del flash back, los personajes siempre parecen de carne y hueso, hay exotismo (un país con temperaturas de treinta grados bajo cero, personas solitarias y policías honorables), hay complejidad psicológica. Larsson narra con una delicada sensibilidad femenina que coloca en primer plano los sentimientos de los personajes e incluso detalles de la apariencia que la mayoría de los hombres pasaríamos por alto. “Qué es más importante que esforzarse en intentar encontrar un poco de amor antes de que la vida haya pasado de largo”, medita el alter ego de la autora. Sólo podría reprochársele a esta dama tan cuidadosa de los pormenores cierta poética defectuosa y una corrección política que por momentos resulta sofocante. ¿Dónde hay un escritor o escritora sueca que se atreva a romper con el molde mental de la socialdemocracia? El arte siempre exige audacia.
 

La senda oscura fue publicada en 2006. Es el tercer libro de Larsson y empieza en el punto exacto donde el segundo había concluido. La abogada Rebecka Martinsson se recupera de una psicosis depresiva, provocada por una abundante efusión de sangre (la chica se cargó a dos cretinos en defensa propia y vio morir a un amiguito). La Justicia de Kiruna, una ciudad minera de 20 mil habitantes por encima del Círculo Polar Ártico, la contrata como fiscal adjunta. Así terminará trabajando codo a codo con la otra heroína larssoniana, la inspectora jefe Anna-María Mella, que es tan mamá y esposa como profesional aplicada. Investigan un asesinato raro: una mujer bella y elegante ha sido hallada muerta en una cabaña de pesca sobre el lago helado de Torneträsk. Le atravesaron el corazón con un objeto largo y afilado, después de torturarla salvajemente con electricidad.

En los dos libros anteriores, Larsson desolló a dos plagas contemporáneas: el fundamentalismo cristiano y el machismo social. Ahora es el turno de la explotación del Tercer Mundo. El villano, muy bien retratado en su dimensión humana, es un nuevo rico, la versión sueca del sueño americano, un advenedizo sin estilo alguno que se mete en un juego peligroso. Financia a un señor de la guerra de Uganda y alienta un golpe de Estado para recuperar sus inversiones mineras. La otra novedad es la suave inclusión del elemento fantástico, a través de una chica con poderes, que puede ver cosas del pasado y del futuro. El final es trepidante.

Guillermo Belcore

Publicado en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa.

Calificación: Bueno

PD: En este blog se elogian otros dos libros de Asa Larsson: Sangre derramada y Aurora Boreal.

jueves, 29 de septiembre de 2011

La peluca morada

Proyecto Diez Mil Cuentos

Argumento número dieciocho

La peluca morada
Gilbert Keith Chesterton. La sabiduría del padre Brown. Claridad. Edición 2010

Llega un inquieto periodista a Devonshire para escribir un artículo sobre la maldición que padece el robusto duque de Exmoor, uno de los pocos aristócratas tories con un linaje realmente antiguo. Es un tirano detestable que los lugareños llaman "la oreja del demonio de Eyre". Lo encuentra en la posada 'El dragón azul', sentado junto a un gordo bibliotecario vestido de negro y a un sacerdote católico de aspecto insignificante. Daban la impresión de ser fantasmas. El duque usa una horrible peluca más morada que roja. Chupando a intervalos una pipa de barro, relata al periodista espantosas historias de sus ancestros. Pronto se cansa y se va. El bibliotecario añade datos de la biograf¡a del lord, abunda sobre el conflicto que mantuvo con el abogado y prestamista Isaac Green, quien intentó quedarse con sus bienes, pero una noche el gran señor le partió una botella en la calva, dejándole una fea cicatriz triangular. El advenedizo juró venganza; el noble se quitó la peluca y le mostró la deformidad maldita de la familia. Nunca más se vio al letrado por la comarca. Desde entonces se le teme a Exmoor más como brujo que como terrateniente. D¡as después, el periodista vuelve al condado. Sorprende a los tres caballeros enfrascados en una tensa conversación. El sacerdote desafía al duque a despojarse de su peluca. Exmoor, con una voz inhumana, se niega para ahorrarle al clérigo un horror inenarrable. El padre Brown insiste, pero no tiene suerte. Incapaz de controlarse, el reportero se arroja sobre el lord y tras un corta pero intensa lucha le quita el adefesio. ¿Qué espanto escondía? Ninguno. Sólo una cicatriz trangular. Era Green; hab¡a logrado apoderarse de las tierras del duque.

PD: Este cuento adorable, que integra la saga detectivesca del padre Brown, nos ofrece la definición más certera de periodismo que jamás he leído en mi vida: es aquella profesión que "consiste en informar la muerte de Lord Jones a gente que jamás supo que Lord Jones estaba vivo''. ¡Ah, el gran Chesterton! Qué despliegue de ingenio.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Memorias de una horca

Proyecto Diez Mil Cuentos

Argumento número diecisiete

Memorias de una horca (1866)

José Maria Eça de Queirós
. El Mandarín. Crónica 100 x 100. Edición 1994

Una pobre horca, podrida y negra, relata algunas cosas de su vida. Pertenecía a una antigua estirpe de robles que ya en la antigüedad dejaba caer pensamientos para los griegos. Su familia era hospitalaria e histórica. Uno de sus hermanos fue convertido en tablado de payasos; el otro fue arrancado para ser cuaderna de la barca. El narrador, el más digno de lástima, acabó en horca. Su destino fue matar. Los hombres, con sus manos siempre cargadas de cadenas, de cuerdas y de clavos, ¡habían ido a buscar un cómplice entre los austeros robles! Ahorcó a un hombre, un pensador, un político defensor del bien y la verdad. Ahorcó a un hombre que había amado a una mujer, que había huido con ella. Su crimen era el amor, al que Platón llamó misterio y al que Jesús llamó ley. Ahorcó también a un ladrón; ese hombre era un obrero, un padre de familia, desempleado. Ahorcó a veinte. Todo los días, la horca, desesperada, pedía a Dios que la pudriese de repente. Por suerte, envejeció. Aparecieron las arrugas oscuras y el gran mundo vegetal, al percibir cómo se enfriaba, le envió su vestido de hiedra. El verdugo y los buitres ya no volvieron. Lleno de gozo y cubierto de musgo, el madero sintió cómo se diluía en la materia inmensa, como en un dulzor infinito. Murió en silencio; dejó en herencia a los hombres una cuerda podrida.

PD: Este bellísimo relato, cargado de ideas y de amaneramiento romántico es obra de un diplomático portugués que hasta a Borges sedujo. El volumen con cinco cuentos vale su peso en oro, pero puede conseguirse por monedas en librerías de viejo.

jueves, 22 de septiembre de 2011

El campo del alfarero

Andrea Camilleri
Salamandra. Novela policial, 221 páginas. Edición 2011.

La eficacia de las entretenidas novelitas de Andrea Camilleri (1925) se sostiene en tragarse el supuesto de que en Sicilia, la patria de la Cosa Nostra, es posible encontrar un cuerpo policial íntegro, dedicado y capaz que combate al crimen organizado sin oscuras intenciones. En todos lados se cuecen habas, es verdad; pero en el puerto de Vigata no sólo se cuecen habas, como ocurre en las retorcidas entrañas de buena parte de América latina; o al menos esa es la percepción que uno tiene. Porque si aquí no hay mafias con Padrino y demás rituales es porque los mafiosos latinoamericanos usan uniforme o campera de cuero de puntero político. Corrupción sistémica, lo llaman.

Pasemos al nuevo caso, pues, que ocupa al comisario Montalbano. El gran razonador -instruido, sibarita y adúltero- se siente viejo y cansado (nació en mil novecientos cincuenta, confiesa). Cree que se la han insensibilizado las antenas. Se anoticia de que un cadáver hecho pedazos fue encontrado por un viejo alfarero en una cueva arcillosa. La escena tiene reminiscencias bíblicas. El arcillar, o sea el campo del alfarero, es decir, el campo de sangre, era el predio que compraron los sacerdotes a fin de sepultar a las forasteros con los treinta denarios de plata de Judas Iscariote. ¿El muerto era un traidor? Al hampa de la vieja escuela le encantan esas alegorías. Pero, naturalmente, nada es lo que parece. Sobre todo, desde que aparece en escena la despampanante Dolores Alfano, una de esas mujeres del trópico que hacen delirar a los hombres de deseo. Y que son capaces de pervertir a un policía… Dolores denuncia la desaparición de su esposo. Montalbano la describe así: “…tenía una voz de cama; no se podía definir de otra manera. Dice sólo buenos días y uno piensa inmediatamente en cobertores enredados, almohadas caídas al suelo, sábanas humedecidas de un sudor con olor a canela”…

La trama es amena, ágil y coherente. Realmente, una lectura placentera. Hay un agrado en seguir a Montalbano en ese culto al razonamiento libre y despasionado, tan típico de los comunistas italianos. ¡Tres hurras a la lógica!

Guillermo Belcore

Calificación: Bueno

PD: Y también provoca un agrado en seguir las comilonas del buen Montalbano. Tiene el comisario apetitos bestiales. Obsérvese el menú de la cena con su amante Ingrid. “Entremeses marineros (anchoas cocinadas en zumo de limón y aliñadas con aceite, sal, pimienta y perejil; anchoas sciavurusi, aromáticas, con semillas de hinojo; ensalada de pulpitos, cornalitos fritos); primer plato: espaguetis con salsa coralina; segundo plato: langosta a la marinera (a la brasa con aceite, limón, sal y una pizca de perejil). Tres botellas de vino blanco”. ¡Qué envidia! Yo reventaría con una noche así.

PD II: En este blog se comenta otra novela de Camilleri. Pinche aquí.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Incidente en la estación de Kochetovka

Proyecto Diez Mil Cuentos

Argumento número dieciséis

Incidente en la estación de Kochetovka
Alexander Solzhenitsyn. Tusquets. Edición 2011

La pequeña existencia del teniente Vasia Zotov sólo tenía sentido en la medida en que pudiera ser útil a la Revolución y al camarada Stalin. Estudió ingeniería e intentó ingresar a las Fuerzas Armadas pero, por su condición de hombrecito miope, lo relegaron al ministerio de Transporte. Se ofreció para combatir en la Guerra de España, sin embargo el comisario del Pueblo lo echó a cajas destempladas de la oficina. Cuando Hitler invadió la Madre Patria, Vasia rogó para que le confiaran un fusil y lo mandaran al frente, no obstante lo relegaron al nudo ferroviario de Kochetovka donde sirvió con gran eficacia como adjunto del comandante militar. Una noche tormentosa recibió a un caballero estrafalario, un soldado improvisado que había perdido el tren. Sus buenos modales, su voz bien templada de actor conquistaron al teniente de inmediato. Trocaron recuerdos y gentilezas, se creó un clima agradable entre ambos. Pero una palabra de más del caballero encendió las sospechas del buen funcionario. ¿No conoce Stalingrado?
¡Debe ser un espía alemán o zarista! Ordenó su arrestó y lo entregó al Servicio de Seguridad de Stalin. Obviamente, el teniente Zotov no tuvo más noticias del pobre señor Tveritínov, aunque nunca pudo olvidarlo.


PD: Este cuento de casi cien páginas integra un volumen excelente, cuya reseña pronto publicaré aquí. Acabo de entregarla en La Prensa. Realmente, una de las lecturas más gratas de este año.

sábado, 17 de septiembre de 2011

La casa de Matriona

Proyecto Diez Mil Cuentos

Argumento número quince

La Casa de Matriona
Alexander Solznhenitsyn. Tusquets. Edición 2011

Después de diez años de cárcel y exilio en un remoto y sofocante desierto, Ignatich consigue empleo como maestro de matemáticas en una aldea de la Rusia profunda, donde aún se escucha el frondoso rumor del bosque. Se hospeda en el caserón de madera, medio podrido, de Matriona. Descubre que la mujer es una santa. Nunca ansió bienes; incomprendida, abandonada incluso por su marido había enterrado a seis hijos, pero no su buen carácter; hermanas y cuñadas la tenían por ridícula porque trabajaba como tonta para los demás sin pedir nada a cambio; el Estado socialista, al que llamaré kafkiano sólo por ser benévolo, le negó hasta último momento una pensión. Un antiguo amor, el mezquino Faddei, persuadió a Matriona de desarmar media vivienda y regalarle la madera. Se llevaron las tablas una noche helada de borrachera. La señora los acompañó para ayudar, parecía que algo iba a salir mal. Y salió. Una locomotora arrolló el improvisado trineo. El cuerpo de Matriona fue destrozado. Toda la roñería y codicia de la aldea salió a la luz en el funeral y el entierro. Ignatich llegó a la conclusión de que son los justos quienes sostienen el mundo.

PD: El Proyecto Diez Mil Cuentos ha sido completado en un 0,15 por ciento. Si me hubiese propuesto ir caminando desde mi casa en Almagro hasta Mar del Plata, ahora andaría por Plaza Once. La distancia intimida, pero lo crucial aquí es la travesía, no el destino final. Dice Borges que lo importante no es leer, sino reeler. La relectura, en efecto, puede aportarnos matices, texturas, sonidos que la primera vez no alcanzamos a percibir. Como decía Heráclito, nadie puede bañarse dos veces en el mismo río.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

El antimonio

Proyecto Diez Mil Cuentos

Argumento número catorce

El antimonio
Leonardo Sciascia. Los tíos de Sicilia, Bruguera, edición 1983.

Para huir del infierno de las minas de azufre y la pobreza, un joven se enroló en el Corpo Truppe Volontaire. Peleó en Málaga, Cadiz, Guadalajara, Santander, Belchite y Teruel. Alegró sus días un amigo, Ventura, que había ido la guerra con el propósito de buscar a los estadounidenses de las Brigadas Internacionales y así poder retornar a Nueva York a trabajar como ganster. El muchacho descubrió que no era un caso aislado, con la excepción de un puñado de fascistas incondicionales, la mayoría de los italianos fue a España por la paga; peor que la bala es el desempleo. Le causaron asco los crímenes de La Falange y de los moros, pero admiró a los valientes (el pueblo español es el que tiene más dignidad en el mundo frente a la muerte). El generalísimo Franco, siempre con ese aspecto del hombre que acaba de rezar en un reclinatorio de terciopelo, no le causó buena impresión, tampoco los anarquistas. Se volvió sabio. Tuvo la espantosa revelación de haber ido a España a luchar contra su esperanza, contra la esperanza de millones como él. La guerra civil, que nunca es tan estupida como una guerra entre naciones, se libraba entre los señoritos, los curas y los esbirros, por un lado, y los campesinos, mineros y desperados por el otro. En Teruel perdió un mano y, por fin, lo enviaron a casa. Era un héroe de guerra, con una buena pensión. En Sicilia no le creyeron que los italianos luchaban a favor de los ricos. El régimen lo premió con un empleo como preceptor de escuela. El pidió irse a una gran ciudad. "Para ver cosas nuevas", dijo al soprendido secretario del fascio de su pueblo.

PD: Los amigos y las amigas de este blog, que por cierto son muchos, saben que soy un lector ferviente de Leonardo Sciascia. Esa urgencia por opinar sobre todo, por reinterpretar la Historia nunca deja de ser esclarecedora. El cuento que aquí resumo ocupa unas ochenta páginas, nada menos. Quiso darle una voz, una cara, una conciencia al italiano pobre que Mussolini envió a luchar contra el español menesteroso. Semejante ambición, me resulta admirable. Senti al reelerlo el mismo intenso placer que la primera vez.

sábado, 10 de septiembre de 2011

El hielo

Vladimir Sorokin
Alfaguara. Novela, 332 páginas. Edición 2011

Hace cien años, un meteorito devastó la región de Tugunska, en Siberia. Fue un mensaje del Universo para despertar a los veintitres mil durmientes que se encargarán de eliminar la Tierra, esa aberración cósmica que se ha desarrollado como un feo tumor cancerígeno. Para descubrir a los suyos, la Hermandad de los Despiertos debe golpear con un martillo de hielo celestial los pechos de todos los rubios de ojos celestes. Los elegidos son poderosos, aunque sólo pueden comer la fruta que no haya tocado el cuchillo (el pan es el escarnio del cereal). Antaño se infiltraron en las SS y la KGB, hoy pululan en la cima de las finanzas y los negocios. Desprecian el sexo, el dinero y los libros, tiene un amor muy diferente: la fusión cordial. En general, consideran como basura prescindible al resto de los humanos, los carne-máquinas o los muertos vivos. Todos somos odres vacíos; nuestro terrible pecado es mirar con la mente, nunca con el corazón. ­¡Ay de los impíos que nunca verán la luz!

El creador de tan singular argumento, con varios niveles de interpretación y una constante sensación de realidad, es uno de los más interesantes escritores de la nueva Rusia. Esta novela demuestra que incluso entre la vanguardia cool y posmoderna -un grupete cuya esterilidad literaria es notoria- puede aparecer el genio. Al realismo fantástico de Vladimir Sorokin (Bykovo, 1955) se lo ha emparentado con Murakami, Houellebecq y Philip Dick. Tiene también algo de Vonnegut y de Fogwill, por su habilidad para atrapar el habla y desollar el presente con un filoso procedimiento indirecto. La prosa exhibe una plasticidad admirable; usa el diálogo y la descripción telegráfica como un estilete. Además de una ingeniosa cosmología, hay postales de la nueva Rusia y una denuncia de la infinita maldad estalinista.

Un parrafito sobre la traducción. Aquí hablan drogones, prostitutas, banqueros (¡­hay uno que lee a Borges!), sectarios y neonazis. La jerga, el giro coloquial, el localismo nos llega en el más crudo argot madrileño. El texto esta superpoblado de "coños''. No es que sea incorrecto o que estrague la erótica de la obra, pero uno termina añorando el castellano neutro. Es como escuchar al capitán Picard en un buen capítulo de Star Trek (como El hielo, otro ejemplo de ciencia ficción de calidad) farfullando la guasa y el pitorreo andaluz.
Guillermo Belcore


Publicado en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa

Calificación: Muy bueno

lunes, 5 de septiembre de 2011

La tienda de los ocho pilares

Proyecto Diez Mil Cuentos

Argumento número trece

La tienda de ocho pilares
Ma Jian. Saca la lengua. Emecé, edición 2006

Un chino han retrata con su cámara la puesta del sol en la alta planicie del Tíbet Changthang. Muerto de hambre, se acerca a una tienda perdida. Un anciano le aclara que allí no hay nada de comer, pero un rato más tarde atrapa, arrastra hasta la tienda y apuñala en el cuello en un yak para que el visitante tenga algo de sangre para beber. Luego, le cuenta su tremenda historia. Es un nómade de los pastizales en viaje hacia las montañas Gangdise para lavar sus pecados. Su padre murio cuando era niño; tomó el pecho de su madre hasta los catorce años de edad, a los dieciséis yació por primera vez con ella. Engendraron una hija, Metok. Cuando tenía nueve años, escaparon de las garras de la señora. El nómade pasó cinco años en Lhasa para borrar el pasado; se creyó curado y regreso con Metok a la planicie; la vieja hab¡a muerto. El verano pasado, un comerciante de pieles pasó por su tienda y enamoró a Metok. Por la noche, el campesino, transido por los celos, le enrostró a la chica su origen bastardo. El mercader obligó a copular a padre e hija, acaso para divertir una de sus tantas borracheras, finalmente se llevó a la muchacha. La usó y, semanas después, la repudió. Hoy Metok se arrastra por los bajos fondos de Lhasa, demente y prostituida.

PD: Historias crudas como ésta han llevado al régimen comunista chino a tachar al libro Saca la lengua de "obsceno y vulgar que difama a nuestros compatriotas tibetanos''. Corrían los años ochenta; Ma Jian ya había partido al exilio, se salvó de ser convertido en el epítome de todo lo repudiable del "podrido liberalismo burgués". Es notable como el puritanismo ñoño es otra de las señas de identidad de las dictaduras, se inspiren éstas en Marx o en el fascismo. No percibo muchas diferencias de fondo entre la moral revolucionaria y el dogma religioso.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Los perros y los lobos

Irene Némirovsky
Salamandra. Novela, 221 páginas. Edición 2011.

¿Para qué aferrarnos a lo que vamos a perder?
I.N.

Dos años antes de que los nazis -malditos sean hasta el fin de los tiempos- asesinaran a Irene Némirovsky en Auschwitz, fue publicada esta novela que demuestra, sin duda alguna, la delicada maestría de su autora para el retrato psicológico, la exploración de la condición judía y la denuncia del antisemitismo europeo. Es verdad que algunos capítulos son noños o, peor aún, incurren en el melodrama, pero la lectura nunca deja de ser agradable. Irene fue una gran estilista con una sensibilidad aguda y brillante como la punta de una aguja, capaz de reconocer, por ejemplo, cuantas clases de amor existen. Es una suerte que la industria editorial haya recobrado este libro.

Cabe suponer que la novela tiene mucho de autobiografía. Describe las costumbres, miserias y grandezas de la comunidad hebrea de Ucrania (de allí provino Irene). Se airean los trapos sucios de un pueblo obligado a correr detrás del dinero, pues es el dinero el que le permite a los judíos sortear las barreras y los peligros que alza la perversidad de los cristianos. No hay más salvación que la riqueza (o el arte, se establece luego). Aparece una familia de banqueros como los Némirovsky. La trama pasea por los salones mundanos de Francia, que la autora frecuentó antes de ser traicionada por su patria adoptiva.

Los protagonistas son los Sinner, perturbados por un ardor profundo, una pasión interior que los sume en la intranquilidad y la desesperación. Tienen un alma insaciable que los atormenta a todos en mayor o menor grado. Harry es uno de los elegidos de las Tierras Altas, heredero de un imperio financiero. Sus primos lejanos Ada y Ben viven a un paso del gueto, en un barrio bajo olvidado por el Altísimo. Se parecen como los perros a los lobos. Se conocieron de niños en medio de un pogromo (la narración del infame saqueo a la judería es uno de los pasajes más potentes del libro). Se reencuentran en París, ya de adultos. Ada, cuya pasión es la pintura, se casa con Ben pero esta enamorada de Harry. Se las apaña para convertirse en su amante. Como todo el mundo sabe, los triángulos amorosos suelen terminar mal.

Guillermo Belcore
Publicado en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa.

Calificación: Bueno

PD: Me entero gracias a este libro que antes de la Primera Guerra Mundial los hombres preferían las piernas con tobillos finos pero con pantorrillas redondeadas y los muslos un poco gruesos.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Hijo de hombre

Augusto Roa Bastos
Novela. Eterna Cadencia, 414 páginas. Edición 2011

Solo dura el sufrimiento. El sufrimiento tiene una rara vitalidad.
A.R.B.

Cuando languidece la producción de novelas como hoy en el Cono Sur (por cierto, ¿alguien puede recomendarme una novela argentina publicada en 2011 que realmente valga la pena?), lo mejor es volver a los clásicos. El refugio ideal hasta que escampe. Hijo de hombre fue concluida en 1959, al comienzo del boom de la narrativa latinoamericana, un tiempo en que la riqueza de vocabulario, el esculpido minucioso de los personajes, la trama entretenida, las densidades temáticas y estéticas eran valores que la Alta Literatura de ninguna manera podía soslayar. Otra época. A nadie se le antojaba entonces que una novela podía ser la cosita que cabe en el buche de un pitogüé (Pitangus sulphuratus).

¡Qué librazo tenemos aquí! Fruto -como destaca el prólogo de Sergio Ramírez- de una imaginación impenitente. Va ensamblando fragmentos de la tremenda historia paraguaya, como la Guerra del Chaco, la represión de los alzamientos campesinos de principios del siglo XX o la esclavitud en los yerbatales (el mensú enterrado vivo en las catacumbas verdes). La trama rompe la progresión lineal, va y viene en el tiempo. En rigor, se trata de diez relatos independientes, en los que los personajes se repiten y el sufrimiento de los débiles también. El lector va atando cabos con el correr de las páginas.

La obsesión es aquí una virtud semejante al coraje. Hombres y mujeres atontados, bestializados, a los que el infortunio los ilumina con una especie de recia luz interior. “En lo que tiene que ser no se piensa. Se lo pone el pecho y se acabó”, es lema de valientes como Casiano Jara, huido con su familia del infierno de Takurú-Pukú. O incluso de un antihéroe, como Miguel Vera, el entregador de los rebeldes de las olerías y luego asesino de sus camaradas, enloquecido por la sed (“la muerte blanca“), en la demencial reconquista del Fortín Boquerón. También encontramos cretinos con poder que golpean al pueblo como una peste (caso Melitón Isasi, el macho cojudo o Atanasio Galván, el telegrafista buchón). Todas las historias resultan entretenidas por lo siniestras, transcurren en “un contorno inculto, encallado en el atraso del primer día del Génesis”.

También la expresión ha sido templada con esmero. Hay frases que refulgen como un verso (“en el silencio engrudado de luna y relente dormía el pueblo”). La formidable aunque dulce presencia del guaraní y los giros regionales (“es el destino, dijo el sapo que murió debajo de la tabla”) le proporcionan al texto un sabor exótico y fresco, como la pulpa del mango. La prosa de Roa Bastos, en sus mejores momentos, tiene una tersura incomparable. Vale decir, el lector encontrará una lírica potente, una denuncia social e histórica muy filosa, y un puñado de personajes espeluznantes. Para los amantes de las etiquetas, podría decirse que fue tallado en clave de romanticismo selvático.

Roa Bastos compuso buena parte de este libro extraordinario cuando trabajaba en Buenos Aires como mozo en un albergue transitorio, que es como llamamos los porteños a los hoteluchos por hora que satisfacen la necesidad de intimidad de las parejas. Es posible que el contacto habitual con el sexo sea un poderoso acicate para la imaginación. Recuerdo que Faulkner, que fue recepcionista-conserje en un prostíbulo, decía que no hay mejor trabajo en el planeta que un lupanar para dedicarse a escribir (para un hombre supongo).

Guillermo Belcore

Calificación: Excelente

sábado, 27 de agosto de 2011

Filmer

Proyecto Diez Mil Cuentos

Argumento número doce

Filmer
H.G. Wells. Doce historias y un sueño. Valdemar. Edición 1995

Esta es la historia de un hombre cuya feliz idea permitió el dominio de la navegación aérea. El pobre Filmer, un patético científico de provincias que nunca voló y que fue reverenciado por Inglaterra de una manera tan grotesca y trágica como nunca antes se había visto. Un magnate de la prensa eligió transformarlo en el más Famoso Inventor. Los poderosos lo adularon. Lady Mary Elkinghorn, todavía hermosa a pesar de su aire de escándalo, se enamoró del oscuro y plebeyo muerto de hambre. El primer ensayo con un prototipo asesinó a un caballo en la carretera de Fulham. El presagio, naturalmente, no disuadió a Banghurst, el entusiasta dueño de periódicos. Organizó a todo trapo el vuelo inaugural. Filmer intentó darle largas al asunto, pero llegó el gran día. La vasta mansión del millonario estaba llena de huéspedes. A poco de empezar, el científico adujo un pequeño malestar. Banghurst y Lady Elkinghorn dejaron en claro que no tolerarían otro piloto. Lo condujeron a una sala y le trajeron brandy. Sobre la mesa yacía olvidada la escopeta de caza del señor. Filmer se voló la tapa de los sesos.

PD: Este cuento es una sublime exhibición de estilo. La suave ironía, la filosa elegancia, el ingenio mordaz, la crítica demoledora sin subir un ápice el tono de voz, todo lo que admiramos de la Inglaterra tradicional y que nos ha llegado al castellano en páginas de Borges o de alguno de sus admiradores. Seguiré releyendo a Wells, advierto.

viernes, 26 de agosto de 2011

La emoción de descubrir algo nuevo

Diario de un lector apasionado XXI

Hoy por hoy, cualquier papanatas puede escribir una novela aceptable, pero sólo un genio es capaz de hilvanar dos obras memorables. Deje amigo, amiga, lo que esté haciendo y anote un nombre: Vlad¡mir Sorokin, lúcido representante de la nueva literatura rusa; un posmodernista según dicen. Creo que este señor tiene el don. Los dos libros que le leí me han fascinado, conforman una ingeniosa vuelta de tuerca en el segmento de la ciencia ficción de calidad, o bien del realismo fantástico. Ojalá Alfaguara siga trayendo su obra al castellano, incluso infestada de argot madrileño como la novela que acabo de concluir. Se titula El hielo y ya la estoy recomendado. Entregue ayer la reseña a La Prensa, la subiré aquí en un par de semanas. Mientras tanto, recuerden a Vlad¡mir Sorokin, es la emoción de descubrir algo nuevo, como escribieron en Los Angeles Times.
G.B.

PD: En este blog se encuentra la reseña de El día del oprichnik.

martes, 23 de agosto de 2011

Las vacaciones de Mr. Ledbetter

Proyecto Diez Mil Cuentos

Argumento número once:

Las vacaciones de Mister Ledbetter

H.G. Wells. Doce historias y un sueño. Valdemar. 1995.

Mucha gente piensa que el señor Ledbetter es un auténtico pelmazo. Clérigo de la Iglesia Anglicana, pedagogo y jugador de ajedrez, es una de esas personas que se consideran pilares de la Inglaterra tradicional. El asunto empezó en Hightergate-on-Sea, durante las vacaciones de verano del señor Ledbetter. Después de la cena se puso a charlar con una persona locuaz que residía en la pensión donde había concurrido por consejo de sus tías. La conversación giró en torno de los viejos tiempos heroicos que, ¡ay!, se habían ido para siempre. Se envidió a los ladrones de casas, los únicos auténticos aventureros que quedan en el mundo. Más tarde, el señor Ledbetter decidió emularlos para compensar una vida muy poco azarosa. Se infiltró en una casa a oscuras por una ventana abierta en el primer piso. Robó una pastilla de jabón para demostrarse que no tenía ningún miserable temor a la ley, pero cuando se disponía a irse llegó el dueño de casa. Se escondió en el dormitorio debajo de la cama, muerto de miedo. Pronto fue descubierto y, a punta de pistola, se le obligó a cargar hasta la playa un pesado cofre repleto de monedas de oro. El cura cayó en manos de una pareja de desfalcadores. Le hablaron como se habla a alguien que lleva una vida criminal. Lo forzaron a viajar en barca hasta el Caribe. Una tripulación infame lo maltrató. Después de dos semanas, fue abandonado en una isla de las Granadinas con una moneda de oro en su bolsillo. Se las apañó para llegar a Jamaica. Suplicó ayuda a todos los pastores religiosos que pudo encontrar; no obstante, tenía un aspecto excesivamente mugriento, era muy incoherente y su historia, demasiado increíble para ellos. Un alma caritativa, finalmente, se apiadó del señor Ledbetter. ¿Hace falta decir que sus tías jamás le creyeron?

PD: ¡Cómo me he reído con este magnífico cuento!

sábado, 20 de agosto de 2011

Historia de los Estados Unidos

Thomas Bender
Siglo Veintiuno. Ensayo de historia, 382 páginas. Edición 2011.

Que una historia sintética de Estados Unidos refiera a Juan Bautista Alberdi, Joaquín V. González y José Ingenieros, entre otros prohombres argentinos, denota un libro excepcional y, aclárese de entrada, en el mejor sentido de la palabra. El profesor Thomas Bender, de la Universidad de Nueva York, ha escrito un ensayo notable y esclarecedor, incluso para los lectores del cono sur. Al margen de sus intenciones políticas (promover un sentido más cosmopolita de lo que significa ser estadounidense), la idea rectora de que el espacio territorial de un país moderno no es contexto suficiente para una Historia nacional (un relato como cualquier otro) merece una lluvia de elogios tanto en el plano metodológico como en el de la ética.

Bender examina cinco acontecimientos o temas cruciales de la historia estadounidense y los conecta con los ocurrido en otras partes del mundo, la Argentina inclusive. Busca los aires de familia, pone el acento en las similitudes en lugar de las diferencias, describe los grandes movimientos tectónicos de los últimos cinco siglos: la Revolución Oceánica, la Guerra de los Doscientos Años (una lucha global entre Inglaterra y Francia por la hegemonía entre 1689 y 1815), la violenta construcción de los estados nacionales, la aparición de los estados-imperios, las respuestas globales a las calamidades del urbanismo y el industrialismo (respuestas que incluye a Mussolini, Lenin, Juan Perón y Franklin Delano Roosevelt). Por cierto, el autor postula que lo está ocurriendo hoy ante nuestros ojos es el fin de la era del industrialismo, que comenzó a mediados del siglo XIX, y el fin del liberalismo que respondió a dicha transformación estructural.

El enfoque del autor bien puede ser considerado de izquierda, aunque no hay aquí ni una pizca de reduccionismo marxista. Bender denuncia la expoliación del aborigen y de México, la esclavitud del africano, el saqueo del asiático, pero no proporciona las respuestas fáciles de la ideología. Reinvindica a Lincoln y se lamenta porque su país se convirtió en el siglo XX en una salvaje fuerza reaccionaria. Entiende al Imperio estadounidense “como un estilo de vida: que el mundo esté disponible para permitir (y sufrir) la pasión de Estados Unidos por el despliegue de rectitud moral y la búsqueda de ganancias”. Hace unos años, un embajador estadounidense en Buenos Aires preguntó a periodistas por qué en esta parte del mundo Washington era percibido como un poder hostil. El señor Anthony Wayne debería leer esta vibrante crítica al Destino Manifiesto.

Guillermo Belcore
Publicado en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa.

Calificación: Muy bueno

jueves, 18 de agosto de 2011

El lápiz

Proyecto Diez Mil Cuentos

Argumento número diez

El lápiz
Raymond Chandler. El lápiz y otros cuentos. Bruguera. Edición 1982

Ikky Rosenstein, un mafioso de segunda categoría, se hartó de matar para un capo de la Costa Este. Huyó a California. Pero a los peces gordos no le gustan los desertores; enviaron un equipo a liquidarlo. Ikky contrata a un detective privado para que lo ayude a escapar de Los Angeles sin un rasguño. Le paga cinco billetes de los grandes. Phillip Marlowe y su amiguita logran hacerlo desaparecer y ahí comienzan los problemas. Primero, el investigador recibe la visita intimidatoria de un pelagatos que recibe su merecido. Luego le envían por correo un lapiz nuevo, recién afilado, señal inequívoca que la Mafia ha decidido eliminarlo. Presencia como acribillan a balazos a un fulano al salir del mismo edificio donde se escondía Ikky; un tal Grimms de Las Vegas lo apunta con una pistola con silenciador; y finalmente su cliente lo reclama desde Flagstaff, Arizona. Allí Marlowe descubre que todo era un montaje: el crimen organizado se la tiene jurada.

PD: Chandler escribió este relato de más de cincuenta páginas especialmente para los lectores ingleses. Esto explica por qué abusa del didactismo (se esfuerza por enseñarles a los británicos como actúa la Mafia estadounidense). El argumento es confuso y hay una lamentable tendencia al melodrama... ­¡Tonterías, amigos! Todo lo que acabo de escribir son pamplinas, lo único importante aquí es la reaparición de Phillip Marlowe, uno de los personajes más fascinantes de la literatura universal. El texto además conserva el tono y esas esplendidas metáforas que tanto disfrutamos en la novela negra. Me encantó releerlo y llegué a la conclusión de que entre Al Capone y Tony Soprano no ha cambiado nada.

domingo, 14 de agosto de 2011

La herida de Sócrates

Proyecto Diez Mil Cuentos

Argumento número nueve

La herida de Sócrates
Bertolt Brech. Historias de Almanaque. Alianza Editorial. Edición 1985.

Creían los atenienses que el gordo Socrates había tenido un comportamiento heroico en la batalla de Delium. Lo llevaron en hombros hasta su modesta casa. Lo abrumaron con felicitaciones pero el hijo de la partera, que con sus diálogos ayudaba a sus amigos a parir con facilidad y entre bromas pensamientos bien formados, no volvió a salir de la cama. Su esposa Jantipa, la rezongona, sospechaba gato encerrado. Cuatro magistrados quisieron conducirlo al Areópago para tributarle honores por su hazaña guerrera. Sócrates se negó. Una tormenta se libraba en su interior: a quién revelar que, en realidad, es un cobarde. Finalmente, el propio general Alcibíades fue personalmente a buscarlo. Y el zapatero filósofo le contó la verdad: cuando la batalla comenzó en medio de una impenetrable neblina, huyó como una rata pero cayó en un zarzal. Una espina en la planta del pie le impidió seguir caminando. Repartió entonces golpes a diestra y siniestra y, en su desesperación, gritó órdenes a sus camaradas para que los persas pensaran que eran muchos. Los enemigos de Atenas, a su vez bastantes nerviosos, se quedaron paralizados. Entonces llegó la caballería griega. Alcibíades lo miro fijo, pensó un rato y dijo: "¡Qué lástima no haber traído mi propia corona! Te la hubiera entregado. Te considero un hombre valiente. No conozco a nadie que, en circunstancias semejantes, hubiese tenido el coraje de sincerarte como tú lo has hecho''.

PD: Hoy fui en tren a votar a Morón. Llevé en el morral este librito ajado y amarillento que adoro desde hace veinte años. Reúne relatos y poesías que comercian con la Historia y la ideología, sin perder el fulgor lírico. Me resulta muy estimulante la revisión que Brecht hace de determinados personajes y episodios del pasado.

sábado, 13 de agosto de 2011

Retratos y encuentros

Gay Talese
Alfaguara, Artículos periodísticos, 302 páginas. Edición 2011.

¿Qué es literatura? ¿Sólo lo que encierran las páginas de un libro? No, claro que no. Las bellas letras pueden florecer en cualquier formato: un periódico, una revista, unas hojitas mimeografiadas e, incluso, hoy en día en un blog con prisas. Este volumen ofrece una definición tan buena como cualquier otra: "literatura es el lenguaje dotado de cualidades perdurables". Literatura de primera calidad es entonces lo que ha elaborado el periodista Gay Talese (Ocean City, 1932) en The New York Times, The New Yorker o Esquire.

Talese demuestra aquí que es una de las mejores plumas del Estados Unidos contemporáneo. Tiene sensibilidad, elegancia, belleza, encanto e inteligencia. Usa recursos estilísticos que solemos asociar a los dramaturgos y a los escritores de ficción. Como los grandes pintores, convierte el retrato en un arte exquisito. Hay riqueza de vocabulario y pinceladas de humor fino. A diferencia de los escritorzuelos argentinos, Talese no muestra la desagradable propensión a glorificar lo infame o lo delincuencial. Más aun, mucho de sus textos nos llevan a la conclusión de que la vida es, al fin y al cabo, algo hermoso.

En cuanto al contenido, ‘Nueva York, ciudad de cosas inesperadas’ es la demostración cabal de que incluso de los gatos callejeros (¿sabía usted que hay tres clases de mininos?) o de los maniquíes de la Quinta Avenida pueden decirse cosas memorables. El volumen incluye semblanzas extraordinarias de triunfadores como Frank Sinatra (“un macho completamente emancipado, acaso el único de América“) o de perdedores como el púgil Floy Patterson, porque “es en la derrota donde el hombre se revela”. La descripción de Joe DiMaggio nos revela a los porteños qué es en realidad “un héroe del béisbol”. Pueden ser asimilados como cuentos hechos y derechos el encuentro en La Habana entre Muhamad Alí y Fidel Castro (a quien pinta como es, una mezcla de matón y payaso) y el desesperado intento de un sastre de Calabria para engañar a un mafioso. El lector disfrutará también la vivisección de dos publicaciones extraordinarias en lo suyo: Paris Review y Vogue, donde trabajan cada mañana, en los días hábiles, “una serie de mujeres relamidas y a prueba de arrugas, que se tratan de ’querida’ y ’encanto’ y son capaces de hablar en letra cursiva y maldecir en francés”. ¿Quién hubiera dicho que el hombrecito gris que escribe los obituarios en el NY Times fuese tan interesante.

Se considera al señor Talese como un campeón del llamado Nuevo Periodismo. Puede que también sea secretamente un precursor de esa rama de la historiografía francesa que pone el acento en las historias privadas. El prefiere definirse como “un escritor de no ficción que practica la literatura de la realidad”.

Guillermo Belcore
Una versión abreviada se publicó en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa

Calificación: Excelente

PD: Me gustó mucho la vibrante réplica que Talese hace en ’Paseando a mi cigarro’ al neopuritarismo estadounidense. Cierra con esta magnífica cita de Joyce Carol Oates: “Cuando América no está librando una guerra, el deseo puritano de castigar al prójimo tiene que desfogarse en casa"

jueves, 11 de agosto de 2011

El elefante

Proyecto Diez Mil Cuentos

Argumento número ocho

El elefante
Raymond Carver, Tres rosas amarillas, Editorial Anagrama. Edición 1997.

Como si se tratase de un manso elefante, un hombre solitario lleva en el lomo a la madre de 75 años, a la ex esposa, al hijo universitario, a la hija con sus dos vástagos (más el energúmeno del yerno). Nadie trabaja, todos se aprovechan de su generosidad y su desesperación. Lo someten a chantaje moral para conseguir los cheques. La situación se agrava cuando el hermano de nuestro héroe le demanda primero quinientos dólares y luego mil, mangazo exornado con promesas vanas, como todos los demás. Por culpa de esos malditos parásitos, el caballero se endeuda y desciende peldaño a peldaño hacia la pobreza. Una espléndida mañana de verano, la época en que todos creemos que nuestra suerte va cambiar, se fuga con un compañero de trabajo que acostumbra a darse los gustos, si es menester viviendo de prestado. ¿O no se fuga?

PD: Todas las virtudes que admiramos en el Chejov americano están presentes en este cuento. ¡Qué placer es volver a reelerlo!

martes, 9 de agosto de 2011

El fideo más largo del mundo

Proyecto Diez Mil Cuentos

Argumento número siete

El fideo más largo del mundo
Bernardo Jobson. El fideo más largo del mundo. Capital Intelectual (127 páginas, edición 2008).

Un señor contrata en la pensión de Doña María una habitación que no la aceptaría ni siquiera como cuartel provisorio el más perseguido de los asesinos enrolado en la Legión Extranjera. En el comedor, traba conversación con Julio López Serrano, jubilado, ocho años en la inmunda pocilga. Siguen la afable charla en el cuartucho de Don Julio. El vejete le da en una hora una lección magistral de sociología de pensión y finalmente, cuidándose de que nadie lo oiga, deja caer una revelación explosiva: la tana tiene escondido en el sótano el fideo más largo del mundo, un artilugio maldito de su invención con que alimenta día y noche a los pensionistas, para gastar menos. Don Julio se propone desenmascararla. Corren los días, la pesquisa avanza, el novato trata de evitar al decano. Pero una noche le anuncia que mañana es día de gloria. A la tarde siguiente, le avisan al señor en el trabajo que hay un llamado para él. Doña María, en total estado de histeria, le ruega que vaya de inmediato. Ya en la pensión, se anoticia que Don Julio fue encontrado muerto en la cocina, un síncope cardíaco. La emoción debe haber sido muy violenta, establece el médico. Las manos crispadas y entre los dedos, unos trocitos de algo blancuzco, completamente desmenuzados.

PD: Uno de las iniciativas editoriales más felices de los últimos años ha sido la colección ’Los recobrados’ que Abelardo Castillo elaboró para el sello Capital Editorial. Los grandes medios, siempre tan obsesionados con el último rizoma francés o el postrero disparate neoyorquino, le han prestado muy poca atención. Una rotunda injusticia. Yo he tratado de repararlo dejando constancia de que hay allí algunos de los mejores textos que prohijó la Argentina. Como esta sabrosa parodia de Jobson, una fina condena de la proverbial tacañería de las dueñas de las pensiones argentinas.

domingo, 7 de agosto de 2011

El polizón

Proyecto Diez Mil Cuentos

Argumento número seis


El Polizón

Julian Barnes (Leicester, 1946) Una historia del mundo en diez capítulos y medio. Anagrama. Edición 1996.

¿Qué diantres ocurrió en el Arca de Noe? ¿Cuál es la verdadera historia del Diluvio Universal? Bien, aquí tenemos el relato de un testigo directo, que ingresó de contrabando en una tabla que acarreaba un despreocupado carpintero. Habla la termita. Al parecer, Noé no es el hombre que pintan las Escrituras. Era un viejo bribón con un problema grave de alcoholismo que estaba en su séptimo siglo de vida. No era una buena persona, era un monstruo, un patriarca engreído que se pasaba la mitad del día arrastrándose ante su Dios y la otra mitad desquitándose con las bestias. Tenía una vara resinosa con la que… bueno, algunos animales llevan las rayas todavía. No pueden imaginarse de cuánta riqueza de vida silvestre nos privó Noé. Liquidó aproximadamente un tercio de las especies que le habían sido confiadas. Su obsesión por la pureza lo condujo a exterminar a los híbridos, por lo que el mundo perdió al simurg, al grifo, al basilisco y a cientos más. Mató al unicornio por celos. Perdió el buque hospital. Con todo, el peor desastre durante la travesía de cinco años fue la desaparición de Varadi, el mejor de los hijos de Noé, con su nave y un quinto de los animales que embarcaron. Acaso, la tragedia fue intencional. Una lástima porque los genes de Varadi hubieran mejorado mucho a los humanos. En el arca los animales estaban perplejos y nunca lograron resolver el enigma de por qué Dios había elegido al hombre como protegido Suyo, prefiriéndolo a otros candidatos más obvios. Hasta el gorila le hubiese sido más leal.

PD: Sábado a la noche. Después de una jornada de trabajo extenuante, nervios por el decepcionante debut de Vélez en el Torneo Apertura y una buena cena en El Fuelle, me fui a la cama con este espléndido cuento de treinta páginas. Barnes es el epítome de aquellas virtudes que consideramos tipicamente británicas: elegancia, buen gusto, ironía delicada, un finísimo sentido del humor.

Estoy encantando con este apasionante plan de relectura. Releer es como volver a encontrarse con un antiguo amor (para eso sirve el Facebook). En un blog de gente amiga, el copetista tachó de “descabellado” el Proyecto Diez Mil Cuentos. Quizás no me he explicado bien. ¿Hace falta decir que el número final es lo de menos? Registrar por escrito los argumentos que me han fascinado, trasmitir experiencias de lecturas a los amigos, concederme el placer de la relectura para disfrutar sobre un texto sublime tanto lo conocido (y olvidado) como lo nuevo que genera una asimilación más experimentada son en definitiva los propósitos de este juego intelectual que, acaso, sólo podrán entender los que sean capaces de enamorarse o sientan el llamado furor del coleccionista. Yo admiro a los proyectos “descabellados” como comentar todos los partidos de la Copa América y del campeonato local o atesorar magníficas mujeres que leen. En la Historia nada se hizo sin pasión, escribió Hegel.

sábado, 6 de agosto de 2011

La sirvienta y el luchador

Horacio Castellano Moya
Tusquets. Novela, 267 páginas.

Muchos ensayos juiciosos se han escrito sobre la llamada guerra sucia, pero pocos, seguramente, son tan penetrantes y esclarecedores como esta novela, ambientada en El Salvador, un paisito denso y caliente, devastado por una brutal contienda que concluyó en 1992 tras la desintegración de la Unión Soviética. El autor retrató de manera magistral los dos demonios que atormentaron a Latinoamérica en los setenta. Uno, dicen que bien intencionado (se sabe que el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones), aunque pueril y amoral, que no duda en reclutar hasta la abuela para la idolatrada Revolución, convierte a un campus universitario en zona de guerra y conduce al matadero a personas inocentes. Su enemigo acérrimo es otra criatura de las Tinieblas, sádica e implacable, mucho más poderosa y perversa pues tiene de su lado el poder del Estado que, como también se sabe, es el mayor asesino de todas las épocas. La misión de este Lucifer es evitar el cambio social, para lo cual tortura, liquida, hace desaparecer a personas, sume a las familias en la peor angustia. Lo asesora la CIA o el Pentágono.

La obra cierra un ciclo creativo de uno de los más interesantes narradores del continente. Horacio Castellanos Moya (1957) nos coloca cara a cara frente al horror. La prosa es rápida, precisa, sin florituras. Va al grano; se trata de realismo sórdido. Los diálogos son vivaces, tipo ametralladora. El ritmo no da cuartel. Sólo puede reprochársele a la trama que abuse de las casualidades, lo que siempre delata un déficit de invención.

La sirvienta es la niña María Elena. Tiene una hija enfermera que termina cooperando, sin saberlo, con la represión militar, un nieto universitario que se ha enrolado en la guerrilla. Dramón familiar. El vástago de sus patrones (¡qué bien retratada está la relación de servidumbre!) fue secuestrado por una legión infernal de parapoliciales que integra, entre otros, El Vikingo, ex luchador profesional, con las tripas podridas por la úlcera. El Vikingo es un viejo pretendiente de María Elena; la mujer le suplica ayuda. El telón de fondo es la barbarie sin cuento, una guerra civil que nunca debió haber sucedido. Gobierna hoy El Salvador, justamente, el Frente Farabundo Marti para la Liberación Nacional, “los bochincheros” de entonces.

Guillermo Belcore

Calificación: Muy bueno

PD: Moya escribe con un castellano más dulce que el que forjamos los argentinos: Lloradera, culerada, desmadejado, la regañada, zarco, preguntadera, enfistolado, atarantada, cachucha (para la gorra, no para el órgano sexual femenino), matazón, pupusa, matacán, ruco, malandrín, molotera.

jueves, 4 de agosto de 2011

Un día perfecto para el pez banana

Proyecto Diez Mil Cuentos

Argumento número cinco

Advertencia: Aquí también hay una resolución excelente en el último párrafo. Si desea mantener la sorpresa, váyase ahora. Pero antes déjeme decirle que Un día perfecto se considera el mejor cuento de Salinger, un escritor imprescindible. Los diálogos tienen una eficacia extraordinaria. El tallado de los personajes es perfecto. Alguien me pregunto ayer qué demonios persigo con el Proyecto Diez Mil Cuentos. Mantenerme ocupado, releer aquellas historia que me han proporcionado felicidad o pasmo, y, finalmente, transmitir a los amigos una experiencia dichosa de lectura.

Un día perfecto para el pez banana
J. D. Salinger (Cornish, New Hampshire, 1919-2010) Nueve cuentos. Edhasa. Edición 2004

Estamos en un hotel de Florida. Muriel, una recién casada algo frívola, atiende el teléfono. Habla su afligidísima madre. La buena señora no confía en el yerno, un loco furioso, opina. El doctor Sivetski le dijo al marido que es un crimen que los médicos del Ejército le hayan dado de alta en Alemania. Seymour Glass, en tanto, se encuentra en la playa. Todo lo que hace es estar tendido en la arena. Ni siquiera se quita el albornoz. Pero la pequeña Sybil lo persuade de darse un chapuzón. “Intentaremos pescar un pez banana”, dice la niña. Después de un rato, el veterano de guerra regresa al hotel. En el ascensor, increpa a una señora por, supuestamente, mirarle los pies con disimulo. El joven baja en el quinto piso, abre la puerta 507. La habitación huele a valijas nuevas y a quitaesmalte. Muriel está durmiendo. Seymour extrae una pistola de debajo de un montón de calzoncillos y se vuela la tapa de los sesos.

martes, 2 de agosto de 2011

El arbol de las garzas

Proyecto Diez Mil Cuentos

Argumento número cuatro


El árbol de las garzas



Carlos María Domínguez
(Buenos Aires, 1955)

La casa de papel, Alfaguara, edición 2004.


En un confín del Río de la Plata, un hombre se empeña en volver habitable y cultivable un islote de doscientos metros cuadrados, con dos sauces y un ceibo donde anidan una colonia de garzas. Después de meses de trabajo duro en ese islote del demonio, lo sorprende la tormenta de Santa Rosa. Lluvias enloquecidas de vientos, olas de dos metros, una sudestada con una fuerza capaz de demostrar lo que es capaz de hacer y que lo hará cuantas veces quiera mientras el hombre se obsesione con separar la tierra del agua. El temporal se lleva la casilla y los sauces; el hombre resiste atado al ceibo largo rato, pero la marejada le atraviesa el capote, el abrigo de lana, la camisa, la tela de brea contra la grasa, la grasa contra la piel, y luego el músculo hasta llegar al hueso. A punto de perder el sentido, ocurre algo milagroso. Agarra las garzas y las coloca bajo el capote, una por una. Las amontona sobre el pecho y las piernas. La suave y caliente mierda de garza mantiene vivo al colono.

lunes, 1 de agosto de 2011

Utopía de un hombre que está cansado

Proyecto Diez Mil Cuentos

Argumento número tres

Utopía de un hombre que está cansado. (El libro de arena, Jorge Luis Borges, Emecé, edición 1975)


Eudoro Acevedo, profesor de letras inglesas y americanas y escritor de cuentos fantásticos, recorre "la pánica llanura interminable''. Empieza a llover, el paisaje se torna irregular. Busca abrigo en una casa baja y rectangular, cercada de árboles. Abre un hombre tan alto que casi da miedo. Entran en una larga habitación con las paredes de madera, sobre la mesa hay una clepsidra. Acevedo ensaya diversos idiomas pero no se entienden. El anfitrión responde en latín; es un hombre del porvenir. Acevedo ha viajado también en el tiempo. Dentro de miles de años, la política habrá caído en desuso, el lenguaje será un sistema de citas y cada cual deberá producir las artes y las ciencias que necesita. Se tendrá un sólo hijo (no conviene fomentar el género humano). Al cumplir cien años, la persona estará lista para enfrentarse consigo misma. Prescindirá del amor y la amistad y ejercerá alguna de las artes, la filosofía, las matemáticas o jugará un ajedrez solitario. Cuando lo desee, se matará. Abundan los crematorios que, dicen, inventó un filántropo cuyo nombre, quizás, era Adolfo Hitler.

PD: Con esa clarividencia que lo caracteriza (alguien propuso que El Aleph había anticipado Internet), Borges sentencia en este cuento magnífico que nuestra era se rige por el principio Esse est percipi (ser es ser retratado). Sólo lo publicado es verdadero. Concepto que habría llegado al paroxismo con Facebook, Twitter, los blogs y otras yerbas. Las imagenes y las palabras del ciberespacio son más reales que las personas de carne y hueso.