jueves, 19 de julio de 2012

La caída de los dioses

David Solar

El Ateneo. Ensayo de historia, 476 páginas.

Los hombres nacen platónicos o aristotélicos, ha establecido una de las frases más ajadas de Borges. El cacumen sirve para distinguir dos nociones elementales sobre la Segunda Guerra Mundial. La visión estructural sostiene que la entidad platónica Alemania nunca podría haber derrotado al mismo tiempo a Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión Soviética. Cuestión de peso. Los eruditos de visión aristotélica no dan nada por supuesto. ¿Acaso Alejandro Magno no hizo añicos al populoso Imperio Persa con algo más de veinticinco mil hombres? Sólo la pirámide de errores que cometió el maligno Tercer Reich explican la catástrofe final. En esta segunda línea se ubica el libro del señor David Solar (Cantabria 1943), fundador de la revista La aventura de la Historia.

Solar no es un estudioso tipo Anthony Beever o un catedrático como Ian Kershow, es un periodista, divulgador de temas históricos, que entrevistó a Otto Skorzeny en 1973. Su ensayo -publicado en España hace siete años- es ameno y esclarecedor para el hombre de la calle (­¡que cada año lee menos!), aunque le resultará obvio y remanido al público experto. Incluye toneladas de datos y su autor no carece de talento para hallar una hebra singular al conflicto más visitado por la industria editorial; sin embargo, no aporta nada nuevo.

Todo fue culpa del detestable Adolf Hitler, es el latiguillo de Solar, quien a duras penas oculta su admiración por la Wermacht. Los disparates estratégicos y tácticos del Führer desquiciaron a la más formidable maquinaria militar del siglo XX. Fue un grave error no haber liquidado a los ingleses en Dunkerke, concentrarse en bombardear las ciudades británicas, demorar el asalto a Moscú, ordenar la toma de Stalingrado, atacar la saliente de Kursk, restar recursos al arma de submarinos... y así ad nauseam.
Guillermo Belcore
Publicado en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa

Calificación: Regular

viernes, 13 de julio de 2012

La broma


Milan Kundera

Tusquets. Novela, 325 páginas. Precio aproximado: 95 pesos. Edición 2012.

“Ningún movimiento que se plantee transformar el mundo soporta la burla ni el desprecio porque eso es un óxido que todo lo disuelve”.
M.K.

Desde siempre, dos sistemas se disputan el control de la humanidad: la plutocracia y los regímenes esencialistas, como el nazifascismo, el comunismo o la teocracia, que postulan que “todo es política” (o religión). Los sistemas ultrapolitizados -¿también el populismo latinoamericano?- no tienen el menor sentido del humor. Todo se lo toman en serio. Vaya usted a mofarse de Juan Perón en la Argentina de 1950 o de Fidel Castro en la Cuba del último medio siglo. Esa desgraciada incapacidad para comprender una broma también caracterizó al bolchevique cuartelero que el Ejército Rojo impuso a la desdichada Centroeuropa después de la Segunda Guerra Mundial. Intentar seducir a una chica escribiéndole en una postal loas a Trotski y considerando al optimismo como el opio del pueblo, le significo al entusiasta militante Ludvik Jahn la expulsión de la universidad, el confinamiento en una unidad militar de castigo y cinco años de trabajos forzados en las minas de carbón. También le envenenó el alma de tal manera que ya de adulto se consagró a consumar una venganza estúpida. Quince años rencorosos de un intelectual que perdió el derecho a no ser un enemigo del Estado.

Milan Kundera (Brno 1929) escribió en 1965 esta obra filosa como una navaja sobre la vida estropeada de un camarada caído en desgracia. La crítica ha destacado que pocos autores han logrado retratar mejor una sociedad comunista en decadencia. La nausea espiritual, la miseria uniforme, la muerte de los ideales, la aplastante burocracia, el descrédito del marxismo, el aparato de propaganda, la necesidad de refugiarse allí donde la política, con sus tácticas y su estrategia, no desempeñe ningún papel.

La primera novela de Kundera, la que demostró que era un artista de primera, está narradora de manera coral. Escuchamos cuatro voces, entre ellas la de Kotska, un iluso que creía que el socialismo real podía regenerarse superando el error histórico de haberse malquistado con el cristianismo. Claro, eran tiempos de la Primavera de Praga. Faltaban tres años para que los tanques rusos aplastarán la heterodoxia en la fenecida Checoslovaquia. A Kundera, por ciento, lo obligaron a ganarse la vida como jardinero y le prohibieron tener una biblioteca (!!!). En esto se parece mucho el comunismo, al que se ha definido como una Iglesia sin Dios, con las religiones tradicionales. En la convicción de que el pecador puede y debe ser reeducado mediante la penitencia. Al hereje recalcitrante le solía esperar, fíjese usted, la hoguera o el pelotón de fusilamiento.

Un libro necesario pues, ya que además de sus virtudes estéticas (como la gran legibilidad o la profundidad psicológica, o la densidad de la mirada del escritor que es conciente del peso de la Historia), advierte sobre los peligros de la revolución y el partido único, ante los cuales “sólo nos resta mantener la cabeza gacha”. Si no fuera por su crueldad, uno podría concluir que los sistemas políticos de “pensamiento fuerte” no son otra cosa que una inmensa ridiculez.
Guillermo Belcore

Calificación: Muy buena


PD: En la era comunista se acostumbraba a destruir un individuo, a torcer su destino, mediante la imposición de una etiqueta. Uno estaba condenado si los inquisidores oficiales le colgaban el sambenito de “falto de fe, existencialista, intelectual, escéptico, individualista, pesimista, cosmopolita”. Más inocente era el saludo obligatorio entre los camaradas: “Honor al trabajo”.


PD II: ¿Es esta la gran novela de la Primavera de Praga? No lo sé. Mi conocimiento de literatura checa de la segunda mitad del siglo XX no va más allá de Kundera. ¿Puede alguien iluminarme?

miércoles, 11 de julio de 2012

El vino de la soledad

Irène Nemirovsky

Novela, 221 páginas. Salamandra. Edición 2011


Se ha establecido que esta novela es la más autobiográfica de Irène Némirovsky, ese exquisito rayo de luz que los nazis (malditos sean todos ellos) apagaron antes de que cumpliera cuarenta años, y que los franceses, después de haberla entregado a sus verdugos, rescataron del olvido y premiaron post mórtem. El destino le había enseñado a la escritora -el lector llega a concluir- que todas las casas burguesas están corrompidas con la presencia de mujeres adulteras, niños infelices y padres atareados que sólo piensan en ganar dinero. Conclusión lógica cuando se tiene la desdicha de haber recibido una madre proveniente de la podrida aristocracia rusa a la que horrorizaba el cuidado de la hija y de la casa, y cuya necesidad voluptuosa de un amor plagado de peligros la satisfizo con un gigoló quince años más joven. ¿Y que puede decirse del padre de Irène? Un patán judío obsesionado por el mecanismo de la ganancia y los juegos de azar.

He aquí entonces una reflexión despareja aunque encantadora, sobre el amor filial y la raza de los apasionados, es decir, esos seres dotados de una llama, de un patético ardor que suelen perpetrar el crimen de "traer hijos al mundo y no darles una pizca, unas migajas de amor''.

La trama narra -en estilo chejoviano tardío- la degradación de una familia primero, la consumación de una venganza, al final. La arquitectura es sencillísima; empero los cambios de decorado son frenéticos: Ucrania, San Petersburgo, la bucólica Finlandia, París, la Costa Azul. Pasan muchas cosas. El vendaval de la revolución bolchevique -esa plaga- desgarra a los personajes, tallados con honda sensibilidad. El libro no carece de atractivos e incluso en sus flojeras (los estereotipos, el melodrama, la hipérbole) resulta atractivo, particularmente la descripción de una institución del pasado que ha desaparecido no estoy seguro si para bien: la del amante de la esposa aceptado por el padre de familia, un cornudo conciente. El libro trasluce, además, una suerte de turbia y triste poesía, que es el producto de una verdad con bordes afilados: nunca nadie perdona una infancia destrozada.
Guillermo Belcore
Publicado en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa

Calificación: Bueno

sábado, 7 de julio de 2012

Muerte del inquisidor

Leonardo Sciascia

Tusquets. No ficción, 140 páginas. Edición 2012.

 
La Inquisición. Su remembranza provoca escalofríos al común de los mortales y dolor en el pecho a los creyentes. El Santo Oficio, que de santo no tenía nada, no sólo fue la más aberrante traición al mensaje evangélico, sino que ha generado -Leonardo Sciascia (1921-1959) dixit- "una de las alucinantes y atroces escenas que nunca la intolerancia humana haya representado": el Auto de Fe, pleno de ferocidad y de "mundanas satisfacciones" para los verdugos. La Inquisición, sin ninguna duda, fue una calamidad para los pueblos que la soportaron, como los sicilianos. Es el mensaje que transmite el Voltaire de Racalmuto en este libro magnífico de no ficción. Está dedicado a todos los hombre y mujeres libres de pensamiento y "tenaz opinión".

Con una vasta erudición a la que place expresarse con palabras sencillas, Sciascia narra un hecho excepcional y rescata a un personaje olvidado de la historia de Sicilia. Nos presenta al indómito fraile Diego de La Matina. En 1657, atacó en prisión a monseñor Juan López de Cisneros. Le rompió la crisma a golpes de grilletes al ilustrísimo exterminador de los enemigos de Dios. Fue un caso rarísimo de un inquisidor jefe asesinado por una de sus víctimas. Fue también un acto desesperado. El agresor, naturalmente, fue quemado vivo un año más tarde.

Sciascia, ese prolífico escritor (era maestro de profesión) que se rebeló con una integridad sin par contra todas aquellas instituciones "que de por sí ofenden la razón humana y el derecho'', llega a la conclusión de que fray La Matina era un hereje más social que teológico. El pecado que había cometido es frencuente en el áspero devenir de la Historia, osó "plantear la necesidad de justicia en una época absolutamente injusta''. Su delito fue ambivalente, la rebelión contra la propiedad desaforada y los impuestos inequitativos. La Inquisición lo encarceló varias veces, durante años, y finalmente, después del exabrupto, lo envió a la hoquera. Dios los perdone.
Guillermo Belcore
Publicado en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa.

 

Calificación: Muy bueno.


PD: Los amigos y amigas de este blog conocen mi admiración sin reservas ante la obra y la conducta cívica de Don Leonardo Sciascia. Pinche aqui, aquí y aquí para leer otras reseñas del honrado y eficaz siciliano.

sábado, 30 de junio de 2012

El enigma Spinoza

Irvin D. Yalom

Emecé. Novela. 390 páginas.


El best seller puede definirse como esa especie narrativa manufacturada según las leyes de acero del marketing. El genio artístico -cuando existe- baja la cabeza ante los intereses de la industria editorial; vale decir, aumentar el número de lectores será considerado siempre más relevante que las densidades tematicas o estilísticas. Esto no significa que el best seller carezca per se de virtudes. Cuando está bien hecho -como en el caso que hoy nos ocupa- su autor puede alardear de que ha entregado al Universo un producto instructivo, fácil de comprender y digerir, entretenido y que permite relajarse al lector. Todas estas ventajas, en efecto, están presentes en la última novela de Irvin Yalom, psiquiatra de la universidad de Stanford, aficionado a la Alta Filosofía (ha escrito también con gran éxito de ventas sobre Nietzsche y Schopenhauer).

En esta ocasión, Yalom quiere divulgar las ideas de Baruch Spinoza (o Bento D'Espinhosa), el erudito excomulgado en el siglo XVII por la comunidad judía de Amsterdam, quien osaba considerar a los actos y apetitos humanos como si fuese una cuestión de líneas, superficies o cuerpos. Ese racionalismo hipertrofiado fue una parte fundamental de la Ilustración. Las esquirlas llegaron hasta el siglo XX, al punto de perturbar al insufrible y malévolo Alfred Rosemberg, acaso el más incompetente de los esbirros de Hitler.

En febrero de 1941, el grupo de tareas del Reichleiter Rosemberg saqueó la Casa-Museo de Spinoza en Holanda. El libro ofrece una razón convincente de esa bárbara irrupción que encabezó pistola en mano un faisán dorado que creía ser el gran filósofo oficial de la Alemania nazi, aunque nadie lo tomaba en serio. La novela usa un procedimiento trillado, las vidas paralelas: capítulos impares las peripecias de Spinoza; capítulos pares, las de Rosemberg. Nunca cae en el tedio, porque los dos protagonistas son interesantes. Incluso cumple cabalmente la misión de popularizar las ideas de un pensador dif¡cil. Un buen trampolín para sumergirse en los abismos imperecederos del Tratado teológico-político de Spinoza.

Guillermo Belcore
Publicado en el Suplemento Cultural del diario La Prensa

Calificación: Bueno

PD: El diario Página 12 consideró oportuno realizarle una entrevista a su autor. Pinche aquí.

jueves, 28 de junio de 2012

Los libros que modelaron a Estados Unidos

Leo en The Christian Sciencie Monitor que, a pedido del Capitolio, un grupo de eruditos ha compilado "Los libros que modelaron a Estados Unidos". Al parecer no se juzgó la destreza literaria (no hay obras de Pynchon o de DeLillo, por citar dos novelistas sublimes), sino el impacto histórico y social, al punto que Tarzan de los monos o ¿Como ganar amigos e influir sobre las personas? son algunos de los textos señalados.
 
El catálogo de 88 obras fue ordenado por fecha de publicación, no por preferencia alguna. El primer título es Experimentos y observaciones sobre electricidad de Benjamín Franklin, publicado en 1751, mientras que el más reciente es Las palabras de César Chávez de César Chávez en 2002.

La lista completa puede consultarse aquí: http://www.loc.gov/bookfest/books-that-shaped-america/
No dejen de darle un vistazo es una excelente guia de lecturas.

Como siempre, tuve curiosidad de comprobar cuánto he leído de tan prestigioso canon. Muy poco, me temo: once novelas. Trascribo el comentario de los expertos de la Unión:

1 - The Catcher in the Rye - J. Salinger

"Desde su debut en 1951 como el narrador de 'El guardián entre el centeno', de 16 años de edad, Holden Caulfield ha sido sinónimo de la alienación y la angustia adolescente. La influyente historia concierne tres días después de que Holden ha sido expulsado de la escuela preparatoria. Confundido y desilusionado, se pasea por la ciudad de Nueva York en busca de la verdad y en contra de la falsedad del mundo de los adultos. Holden es el primer antihéroe estadounidense, y sus actitudes influyeron en la generación Beat de los años 1950, así como los hippies de la década de 1960. "El guardián entre el centeno" es uno de los libros más traducidos, enseñado y reproducido y ha vendido unos 65 millones de copias".

2 - Fahrenheit 451 - Ray Bradbury

"Es la visión inquietante de Ray Bradbury de un futuro en Estados Unidos en que los libros están prohibidos y quemados. A pesar de que las interpretaciones de la novela se han centrado principalmente en el papel histórico de la quema de libros como una forma de censura, Bradbury ha explicado que la novela es sobre cómo la televisión reduce el conocimiento y destruye el interés por la lectura. El libro inspiró una película de 1966 de Francois Truffaut y una posterior opera de la BBC. Su nombre proviene de la temperatura mínima a la que el papel se prende fuego por combustión espontánea".

3 - For Whom the Bell Tolls  -  Ernest Hemingway

 "La novela de Ernest Hemingway sobre los horrores de la Guerra Civil española (1936-1939) demuestra que la guerra no  es algo glorioso, sino desilusionante. Hemingway utilizó sus experiencias como periodista durante la guerra como trasfondo para un best-seller, que fue nominado para un premio Pulitzer y se convirtió en un triunfo literario. Por sus logros en ésta y otras obras, recibió el Premio Nobel de Literatura en 1954".

4 - The Grapes of Wrath    John Steinbeck

"De pocas novelas podemos afirmar que su mensaje condujo a la actual legislación, pero "The Grapes of Wrath" hizo justamente eso. La historia de las tribulaciones de los inmigrantes en Oklahoma durante la Gran Depresión encendio un movimiento en el Congreso para aprobar leyes que beneficien a los trabajadores del campo. Cuando Steinbeck ganó el Premio Nobel en 1962, el comité citó específicamente esta novela como una de las principales razones del galardón".

5 - The Great Gatsby    - F. Scott Fitzgerald

"F. Scott Fitzgerald, uno de los escritores más importantes de Estados Unidos del siglo 20, es una figura cuya vida y obra encarnan poderosos mitos sobre el sueño americano de éxito. "El gran Gatsby", considerado por muchos como el mejor trabajo de Fitzgerald y el libro por el que él es más conocido, es un retrato de la Era del Jazz (1920) en toda su decadencia y exceso. Explorando los temas de clase, riqueza y estatus social, Fitzgerald traza una mirada cínica de la búsqueda de riqueza de un grupo de personas para las que el placer es el objetivo principal. "El gran Gatsby" capturó el espíritu de la generación del autor y se ganó un lugar permanente en la mitología americana".

6 - In Cold Blood  - Truman Capote

"Un artículo de 300 palabras en The New York Times acerca de un asesinato condujo a Truman Capote a viajar con su amiga de la infancia Harper Lee a Holcomb, Kansas, para investigar su novela de no ficción, que es considerada uno de los más grandes libros sobre crímenes reales jamás escritos. Capote dijo que la obra era un intento de establecer una nueva forma literaria seria, la "novela de no ficción", una forma narrativa que emplea todas las técnicas del arte de ficción, pero que sin embargo es del todo objetiva. El libro fue un éxito inmediato y fue llevada al cine".

7 - Moby-Dick - Herman Melville


"La historia de Herman Melville, de la Gran Ballena Blanca y el capitán Ahab enloquecido que declara que va a perseguirla incluso "alrededor de las llamas de la perdición". se ha convertido en un mito americano. Incluso las personas que nunca han leído Moby Dick conocen la trama básica, y las referencias son comunes en otras obras de la literatura norteamericana y en la cultura popular, como la película de Star Trek "La ira de Khan" (1982)".

8 - On the Road - Jack Kerouac

"La novela definitiva de la Generación Beat de los cincuenta (que el propio Kerouac dio su nombre)  es una historia semiautobiográfica de un aventura bohemia a través del país, narrada por el personaje Sol Paraíso. La Odisea de Kerouac ha influido en artistas como Bob Dylan, Tom Waits y Hunter S. Thompson y películas como "Easy Rider". "On the Road" ha alcanzado un estatus mítico, en parte, porque retrata la incansable energía y el deseo de libertad que hace que la gente salga a ver el mundo".

9 - Red Harvest - Dashiell Hammett

"El primer libro de Dashiell Hammett introdujo en una andiencia más amplia la novela negra de detectives, que hace una descripción de la delincuencia y la violencia sin ningún atisbo de sentimentalismo. El creador de clásicos como "The Maltese Falcon" y "The Thin Man", soprendió a los lectores con diálogos como éste: “We bumped over dead Hank O’Meara’s legs and headed for home.”

10 - The Sound and the Fury  -  William Faulkner

"Fue la cuarta novela de William Faulkner, su favorita, y muchos críticos creen que es su obra maestra. Situada en el condado ficticio de Yoknapatawpha, Mississippi, al igual que la mayoría de las novelas de Faulkner, 'El sonido y la furia', utiliza el sur de Estados Unidos como una metáfora de una civilización en decadencia. Usando la declinación posterior a la Guerra Civil de la familia una vez aristocrática Compson, la novela se divide en cuatro partes, cada una contada por un narrador diferente. Gran parte de la novela está narrada en un estilo de fluir de la conciencia, en el que los pensamientos de un personaje se transmiten de una manera más o menos equivalente a la forma en que las mentes humanas trabajan realmente. Faulkner fue galardonado con el Premio Nobel en 1950 y la Legión de Honor de Francia en 1951".

11 - Uncle Tom's Cabin    Harriet Beecher Stowe

"Con la intención de despertar simpatías por los esclavos oprimidos y animar a los Yankees a desobedecer la Ley de Esclavos Fugitivos de 1850, Harriet Beecher Stowe comenzó a escribir sus vívidos retratos de los sufrimientos de los esclavos y las separaciones de las familias. La primera versión apareció en serie entre junio de 1851 y abril de 1852 en el 'Nacional Era', un documento contra la esclavitud publicado en Washington, DC. La primera edición del libro apareció en marzo de 1852 y vendió más de 300.000 copias durante el primer año. Esta novela fue extremadamente influyente en el fomento del sentimiento antiesclavista durante la década que precedió a la Guerra Civil".

¿No es hora que alguien compile los Ochenta Libros que Moldearon la Argentina? Yo me anoto para hacer una lista provisional. Necesitaré ayuda, claro. Tarea para los fines de semana, ahora que no hay fútbol.
G.B.

martes, 26 de junio de 2012

Spinoza en Pan y Arte

Diario de un lector apasionado XXVI

Ciudad de Buenos Aires, Av. Boedo 880, 11.00 AM.


El barrio de Boedo, que hoy anda de capa caída por razones triviales (¿o el fútbol no es un asunto trivial?), ofrece un reducto maravilloso para la tertulia, el deleite gastronómico, el contacto con el arte o bien, simplemente, la meditación y el goce de la lectura. Me refiero a Pan y Arte.

Si bien la especialidad de la casa son las exquisiteces de Mendoza para un almuerzo poderoso o una cena distendida, el lugar es también propicio para disfrutar un desayuno. He pedido el ’Orgánico’, que trae, en armónica disposición sobre el plato, variadas frutas de estación, café con leche, tostadas, queso descremado y unas semillas que tal vez sean el famoso chía, del que tanto me han hablado amigas obsesionadas con la vida sana. El precio es más que acogedor: 25 pesos.

Tengo en mis manos una especie narrativa culposa, un best seller. El enigma Spinoza, escrito por el psicoanalista estadounidense Irvin Yalom, a quien ya le había leído cinco años atrás una novela de ideas sobre Schopenhauer (pinche aquí). Es una lectura por encargo, ¿hace falta decirlo? No obstante, el libro no deja de ser interesante, porque retrata a dos figuras históricas cautivantes, el enorme filósofo Baruch (o Benito, o Benedictus o Bento) Spinoza y el jerarca nazi Alfred Rosemberg, que soñó con ser el pensador de referencia del Tercer Reich pero nunca fue más que un idiota peligroso y un pelmazo, despreciado incluso por Hitler que sólo lo creía útil por su fidelidad perruna y en honor a los viejos tiempos en Munich.

Diré en defensa de la obra que cumple cabalmente sus fines de divulgación. Se sabe que una de las reglas de oro de la literatura de supermercado es enseñarle algo al lector. Yalom nos permite extraer un decálogo de ideas de un judío que renegó de su fe en el siglo XVII para aplicar una lógica implacable que le permitiera superar la esclavitud de las pasiones (como trekkie que soy, me pregunto si Spinoza habrá inspirado también al señor Spock).

No estoy seguro de que Spinoza, como sostiene Yalom, haya escrito libros que “de verdad han cambiado al mundo”.  Creo que formó parte de ese magnífico proceso de emancipación humano conocido como el Iluminismo, pero su prédica a favor de abolir las tradiciones (y hoy yo añadiría “las modas intelectuales y las ideologías“) que interfieren con el derecho de cada uno a pensar por sí mismo no han perdido una brizna de vigencia.

Spinoza dixit:
1) Preocúpate sólo de aquellas cosas sobre las que tienes control.
2) Concéntrate en controlar tu mente.
3) Toda nuestra felicidad o infelicidad depende de la calidad del objeto que amamos.
4) El hombre sometido a los afectos no es libre, sino que está a merced de la fortuna.
5) La Biblia sólo contiene verdades espirituales, concretamente la práctica de la justicia y la caridad, y no verdades terrenales.
6) La observación de la ley ceremonial sólo sirve para preservar la tranquilidad cívica, mientras que la observación de la ley moral conduce a la santidad.
7) Alegrarse de la propia superioridad sobre otros no es algo santo. Es algo infantil y malicioso.
8) La fuerza de una creencia no tiene nada ver con su veracidad.
9) Sólo una emoción más fuerte puede dominar a otra emoción. Convierte tu razón en una pasión.
10) ¿Son tus miedos racionales?

Concluyó que otros dos libros trascendentes que me están aguardando, antes de ocaso, son el Tratado Teológico-Político y la Etica de Spinoza.
Guillermo Belcore    

sábado, 23 de junio de 2012

Papeles de trabajo. Borradores inéditos

Juan José Saer

Seix Barral. 388 páginas. Edición 2012

En el prólogo, el estudioso Julio Premat hace esfuerzos titánicos para persuadirnos de que publicar los cuadernos que Juan José Saer (1937-2005) prefirió ocultar en vida es un acto de estricta justicia. Como coartada, rechaza incluso la idea de texto definitivo: ``inscribiéndose en la corriente de la crítica genética que piensa la literatura a partir de las variaciones, lo inacabado, lo incompleto''. Pamplinas. Suena a esos argumentos a posteriori que todos solemos esgrimir cuando defendemos nuestros vicios. ¿Todo lo que escribe un artista de primera debe ser publicado? Uno se ve obligado a recordar la moral de lo esencial que postula Milan Kundera como resistencia a la moral del archivo que impulsa la industria editorial (y que Kundera parangona con una fosa común, allí tampoco se hacen algún tipo de distingos). No obstante, existe un descargo válido para justificar la indiscreción de hurgar en los cajones de un muerto: el lector podrá hallar aquí algunos textos magníficos.

Incluye el primer tomo de los borradores de Saer un puñadito de cuentos excelentes (Febrero, El paso hacia el fin, A medio borrar, La habitación de la luz), epifanías semánticas, un delicioso manifiesto celinesco, giros poéticos deslumbrantes, la mejor defenestración de David Viñas que se ha escrito (¡lo compara con un pollo deshuesado!), meditaciones inteligentes, entre bastante hojarasca. Estamos ante el típico cajón de sastre. Pero el efecto estético viene garantizado. Los escritos provienen de uno de las sensibilidades artísticas más imponentes que ha generado la Argentina.

Establecen los cuadernos, con toda claridad, tres puntos: a) que Saer ya era un creador formidable antes de los treinta años; b) que el poeta Saer era muy inferior al narrador; c) que su marxismo era zonzo, pero  algunas de sus ideas generales alcanzaban la categoría de soberbias. Ciertas críticas al capitalismo o las admoniciones a sus pares (explica por qué nunca deben recibir dinero del Estado) no han perdido un gramo de frescura. "Para un intelectual serio la única táctica posible consiste en decir la verdad'', amonesta a nuestra Patria degradada esa sombra poderosa del pasado.

Guillermo Belcore
Publicado en el Suplemento Cultura del diario La Prensa.

Calificación: Bueno

PD: ¿Es este un libro necesario? No estoy convencido, en todo caso me parece recomendable para aquel que ya ha frecuentado a Saer, uno de  los autores imprescindibles de la Argentina. A los demás le diría: concéntrese en lo esencial, en lo acabado.

sábado, 16 de junio de 2012

Mentiras de verano


Bernhard Schlink

Anagrama. 258 páginas. Cuentos. Edición 2012.


“Todo lo que puede ser descripto puede suceder”
Wittgenstein

¿Puede uno hacerse amigo de un millonario? De alguien que tenga más dinero que el conveniente, que no conozca el precio del pan o el apremio de llegar a fin de mes. ¿Es posible enamorarse de una mujer rica, al punto de abandonar la antigua vida, las delicias de una existencia en un barrio de gente trabajadora? ¿Puede el amor superar el choque de culturas? Este es el núcleo incandescente del primer relato de un volumen que seduce por su elegancia, sensatez y buen gusto.

Berhard Schlink es otro escritor de moda. Juez de profesión (es un handicap, está acostumbrado a sopesar a las personas), su novela multipremiada El lector fue ovacionada por el público y la crítica en muchos países y se llevó al cine. También incursionó en el género policial y compuso una elogiada pieza de cámara sobre el terrorismo rojo. En esta ocasión, ensaya una disección del fenómeno del amor, tanto amor de pareja como hacia los hijos. El resultado es más que satisfactorio.

El libro nos permite oír las tribulaciones de un amante mentiroso, del marido enloquecido de una escritora famosa, del novio prófugo de una chica secuestrada por un jeque de Kuwait, de un catedrático de filosofía analítica que ha decidido suicidarse, sin decirle una palabra a su esposa, cuando el cáncer en los huesos se torne insoportable. Seguimos a un periodista que intenta descubrir quién es realmente su padre.

Los personajes son intelectuales (escritores, diplomáticos, músicos, científicos, profesores) que se enfrentan a situaciones límite, derivadas de los sentimientos. Son gente civilizada, reflexiva, que prácticamente nunca pierde la contención y los buenos modales (al menos en público). Su comportamiento es un bálsamo para los lectores de países colmados de guarangos, como la Argentina. La misma exquisita sobriedad caracteriza la prosa, lo cual, si bien eleva la legibilidad a un nivel óptimo, limita la belleza del texto. Un toque de exuberancia nunca viene mal. El señor Schlink dosifica bien el suspenso y prefiere los finales abiertos, para que el lector pueda quedarse dándole vueltas al asunto.
Guillermo Belcore
Publicado en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa.

Calificación: Bueno

PD: Propongo una gema de Queen como banda de sonido del libro. Pinche aquí.


martes, 12 de junio de 2012

La guarida

Norman Manea

Tusquets. Novela, 337 páginas.


"Si uno encuentra libros y sueños, el mundo no merece ser despreciado y abandonado".

"Cualquier desvío es mejor que la ortodoxia"

N.M.

En la buhardilla de los sospechosos de Bucarest se leía -como resistencia al comunismo bizantino- una sospechosa fábula del Gran Ciego de Buenos Aires. Una frase robada a La muerte y la brújula es usada décadas después en Estados Unidos por una encantadora estudiante bosnia para amenazar a sus mayores. ¿Farsa, azar o conjura sangrienta? De hecho, un erudito rumano en el exilio es rematado a balazos mientras meditaba en el trono del baño.

Sí, gente amiga, Jorge Luis Borges honra las páginas de la última novela de Norman Manea (Bucovina 1936), acaso el más interesante narrador de Rumania, quien, dicho sea de paso, acaba de pasar por nuestra Feria del Libro. Fiel a la tradición centroeuropea, el peso de la Historia se percibe en la escritura de Manea. La prosa nerviosa, recargada de conceptos y recovecos, con cierto fulgor poético, recuerda el expresionismo de Don De Lillo. Ofrece material de primera mano sobre la represión del maligno régimen de Ceaucescu, la vida universitaria, el status del enfermo cardíaco. La trama narra, con meandros (¡­ojo!, uno puede perderse) la vida de un par de catadráticos judíos y rumanos, refugiados en Estados Unidos, el frenesí de un par de mentes atormentadas. Compiten por una mujer. La verdad se bebe a sorbitos.

Manea se las arregla para rendir homenaje a los popes de la cultura rumana. Mircea Eliade, con otro nombre, es un personaje secundario; el absurdo teatral de Ionesco aparece en los sueños de los protagonistas; Cioran, en la notable capacidad del autor para amonedar aforismos como éste: "amor: gemido del alma infantilizada''. O este otro: "El escepticismo es la única decencia''. Pero la sensación primordial que Manea desea transmitirnos es el azoramiento (y la admiración con reservas) del intelectual europeo ante la civilización estadounidense, esa Nueva Babilonia, idealista y pragmática, cínica y religiosa al mismo tiempo.

Guillermo Belcore

Publicado el domingo pasado en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa bajo el título `Todo viene de la biblioteca'.

Calificación: Bueno

miércoles, 6 de junio de 2012

Raymond Bradbury (1920-2012)


"No creo en las universidades, sino en las bibliotecas"
Ray Bradbury

En 1950, el señor Raymond Douglas Bradbury vivía en California. Su esposa estaba embarazada y tenía sólo sesenta dólares en el banco. Un amigo le sugirió probar suerte en Nueva York. Cruzó un continente entero en ómnibus con una pila de cuentos sobre el regazo. “¿No escribe usted novelas?, le preguntaban, desdeñosos, los editores. Soy un velocista, no un corredor de fondo, respondía. Finalmente, el mandamás de Doubleday le propuso engarzar en una suerte de novela desvencijada todos esos relatos sobre Marte que Bradbury había publicado en revistas de mala muerte. “Redácteme un resumen, amigo, y si veo que es lo suficientemente bueno le daré unos setecientos cincuenta dólares como adelanto“, le propusieron. Ray trabajó toda la noche en el albergue de la Asociación Cristiana de Jóvenes. Así, nació Crónicas marcianas, uno de los mejores libros de todos los tiempos. Hasta Borges se enamoró de esa obra legendaria.

En el prólogo de las Crónicas Marcianas, Borges se preguntaba lo mismo que millones de lectores en más treinta idiomas: "como pueden tocarnos esas fantasías y de una manera tan íntima". También notó que los espléndidos relatos cortos de Bradbury suelen generar una vaga sensación de melancolía. Acaso porque van -con palabras y planteos sencillos- al hueso de la oscura condición humana. En cambio, los ensayos del enorme moralista desbordan de optimismo, transmiten alegría entre ramalazos de nostalgia. 

Como en el caso de Faulkner o Thomas Mann, la producción de RB puede considerarse como una literatura en si misma. No fue un gran estilista, pero su prosa, repleta de giros coloquiales, tiene una frescura cautivante. Su imaginación fue olímpica, bullía de ocurrencias. Imaginó que un hombre viaja al pasado y pisa sin querer una mariposa: cuando retorna al presente descubre que toda la organización política y social de su tiempo se ha envilecido. Recreó la clonación de Laurel y Hardy para curar una epidemia de tristeza en los planetas. Ideó una casa donde conviven distintas edades de una misma persona. Pensó que el Universo es imposible y que nosotros somos su prolongación. Nos enseñó que el Estado es el peor enemigo de la creación artística."Yo no escribi Fahrenheit 451 para predecir el futuro", explicó RB una vez. "Lo escribí para prevenir el futuro".

Obviamente, la mayoría de las cosas que predijo Bradbury nunca ocurrieron (a todos los escritores de sci-fi le pasó lo mismo). Pero hoy la prensa estadounidense recuerda que uno de sus cuentos, por lo menos, anticipó el mundo siniestro post 11-S. En El peatón de 1951 a un ciudadano le agradaba más que nada en el mundo salir a caminar sin rumbo fijo de noche por su vecindario. La policía lo detiene y el no puede explicar adecuadamente por qué estaba fuera de su casa en una fria noche de otoño. El pobre Leonard Mead es recluido sin miramientos en un Centro de Investigación Psiquiátrico de Tendencias Regresivas.

Los mejores libros de RB datan de los años cincuenta, pero engendró argumentos imperecederos hasta el fin de su vida. Fue un autor de culto en todo el planeta y en 2006 deslumbró a los argentinos en la Feria del Libro. Aquí dijo que uno de los secretos de su longevidad era escribir todos los días. Como Onetti, prefirió pasar buena parte de su existencia en la cama. Se ha escrito que Bradbury torno respetable a la ciencia ficción y que sus trabajos reflejaron como pocos la paranoia y la ansiedad estadounidense del siglo XX. Influyó en cientos de personalidades desde Stephen King hasta Mijail Gorbachev. Alguna mente afiebrada sostendrá, no obstante, que Bradbury hizo sólo literatura para niños. Nada que ver. Su escritura fue tan legible y sus verdades y emociones tan directas que hasta un niño podría entenderlas. Los adultos ya lo echamos de menos.
Guillermo Belcore
Publicado  en el diario La Prensa bajo el título 'La conciencia de la tecnomodernidad'

sábado, 2 de junio de 2012

Civilizacion


Niall Ferguson

Debate. 509 páginas. Edición 2012. Ensayo de Historia.


“Hoy, como en 1938, la mayor amenaza a la civilización occidental no proviene de otras civilizaciones sino de nuestra pusilanimidad y de la ignorancia histórica que la alimenta”.
N.F.

Entre todos los asuntos internacionales que hoy discuten los estrategas y la comunidad de eruditos, es muy probable que el más acuciante sea éste: ¿Estamos viviendo el final de quinientos años de supremacía occidental? El presente libro, tan ameno como riguroso, ofrece una respuesta. Y como bonus track trae una teoría sobre el ciclo de las civilizaciones (como todos los sistemas adaptativos complejos, las civilizaciones funcionan en aparente equilibrio durante un período impredecible; y luego, de manera abrupta, se desmoronan. Los cambios son repentinos).


Niall Ferguson, joven catedrático mediático de Harvard y de Oxford, escudriña al pasado para comprender el presente. “Me he formado la firme opinión de que la gente que vive actualmente presta una insuficiente atención a los muertos”, sostiene. Su aporte intelectual es la definición de seis ‘aplicaciones demoledoras’ que permiten comprender por qué un puñado de belicosas, malolientes e innovadoras naciones del extremo occidental de Eurasia dominaron el planeta a partir del año 1.500 DC. A saber: competencia, ciencia, imperio de la ley, medicina, sociedad del consumo, ética del trabajo. La descripción del impacto de estas killers aps responden los interrogantes fundamentales de los últimos cinco siglos. Por ejemplo, ¿por qué China se había retrasado?; o ¿por qué el Imperio Otomano se desplomó?; o ¿por qué la democracia y el capitalismo no echaron raíces en América latina?; o ¿qué tiene la ropa occidental que resulta universalmente irresistible?


Atento a la circunstancia de que el pueblo perdona cualquier cosa excepto que no se lo entretenga, Ferguson hilvanó un relato (palabreja de moda en la Argentina). El ensayo puede ser leído, también, como una refutación a los tomos de Eric Hobsbawn o de cualquier otro historiador “esclavizado por Marx”. El autor odia cualquier clase de determinismo histórico, pone el acento en la importancia de las ideas en el cambio. El suyo es una suerte de conservadurismo convincente que explica la decadencia occidental, entre otras razones, como el producto de la declinación moral que ha traído aparejada el ocaso de la religión y de la ética del esfuerzo laboral. Al fin y al cabo, casi nadie en esta mitad del mundo trabaja, estudia o investiga como un chino.

Guillermo Belcore
Publicado en el Suplemento de Cultura del Diario La Prensa, bajo el título 'El crepúsculo de una era'.

Calificación: Muy bueno

sábado, 26 de mayo de 2012

Delirio


David Grossman

Lumen. Novela, 230 páginas. Edición 2011


El narrador de fuste es capaz de cualquier proeza. Diría el lugar común que puede sacar aceite de las piedras; pero en rigor el artista verdadero logra extraer hectolitros de néctar del peñón de Gibraltar. El israelí David Grossman (Jerusalén 1954) ha forjado una novela delicada, intensa y lujuriosa sólo con los celos delirantes de un intelectual, un físico para ser exactos. Después de veinticinco años de matrimonio, Shaul Krauss está absolutamente convencido de que su adorada Elisheva le es infiel. Un asunto tan misterioso como idiota.

Que el erotismo -no la pornografía- es básicamente una cuestión de palabras lo demuestra este libro, de estupenda composición. Los párrafos son macizos, impresionistas, a lo José Saramago. La trama fue urdida con tres filamentos de colores: el azul pálido narra la noche en que el despechado Shaul, con una pierna rota y la lengua floja, es llevado en auto por su cuñada Ester hasta el presunto nidito de amor de su esposa. El viaje dura horas. La hilacha carmesí es, justamente, el relato erótico, las supuestas maravillas carnales que Elisheva consuma con Paul, el amor de la vida, con quien -como cree el imbécil de Shaul- comparte todos los días, llueve o truene, unos cincuenta minutos. La hebra turquesa es una fantasía on¡rica que secreta el alma del cornudo: se narra, en letra bastardilla, una batida de machos concuspicentes en busca de la traicionera hembra.

Las reflexiones atormentadas, retorcidas, de Shaul y Ester obran como una sonda que explora las profundidades del ser. Grossman, además, introduce el Israel eterno (el valor de la tribu, las referencias bíblicas) con procedimientos oblicuos, los más eficaces. Como si fuera poco, evidencia un buen dominio de la metáfora (¿por qué las metáforas con animales suelen ser tan encantadoras como precisas?). Una novela excelente, en síntesis, que invita a perseguir el resto de la obra de una gran voz, añosa aspirante al Nobel
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Guillermo Belcore
 
Publicado en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa

Calificación: Excelente

PD: El País de Madrid ofrece las primeras páginas de este libro muy recomendable. Pinche aquí.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Grossman en Nucha Palermo

Diario de un lector apasionado XXV

Ciudad de Buenos Aires, Armenia 1540 Sábado. 11.00


A mi querido amigo Alejandro no le agrada innovar. Con buen tino sostiene que sólo las cosas importantes deben perturbarnos el corazón, uno no debe resignarse a quedar a merced de un mozo descuidado, una mesera incompetente o un comerciante miserable. Lo mejor es apostar a lo seguro. Por eso, el café lo ingiere siempre en Las Violetas o el Florida Garden, la pizza la demanda en Tuñín y el asado de tira en Los Mirasoles. Por desgracia, yo carezco de tan útil sentido común. Me hace feliz experimentar con bares y restaurantes, incluso con aquel piringundín de mala comida y buena bebida que parece dejado de la mano de Dios. Pata de perro, diría mi madre. En esta luminosa mañana de sábado, el vagabundeo me trajo a Palermo Viejo, barrio careta si los hay. Estoy desayunando en Nucha.

Se me había antojado degustar algunos de esos dulces despampanantes que se exhiben, lúbricos, en el centro del salón. Como Oscar Wilde, puedo resistir cualquier cosa menos una tentación. La última vez que estuve aquí fue un domingo a la tarde, ¡y había que hacer cola hasta que se desocupara una mesa! Me fui irritado. Si de algo estoy seguro es que los lugares atestado de gente (ruidosos como un avispero enloquecido) son los menos propicios para abandonarse al goce de la lectura. Hoy, loados sean los dioses, los parroquianos son pocos: parejas, casi todas con su diario La Nación y algunas pibes con pinta de extranjeros aporreando una notebook.

Encargo un café con leche con una tarta Filadelfia. Recubre el queso una espectacular mermelada de frambuesas, con pepitas y todo. Está muy bien, aunque no parece del día. El café, me temo, es demasiado chirle para mi paladar, le falta cuerpo. Viene con un vasito de jugo y un bombón. Cuarenta y un pesos marca la cuenta (¡18 pesos un café con leche!). No sé si es caro. En un país de inflación galopante, cuyo gobierno hace esfuerzos titánicos no para combartirla sino para ocultar la existencia de la maldita segunda fábrica de pobres que se conoce (la primera es la desocupación), uno nunca puede estar seguro de lo que le cobran es razonable.

Estoy sentado en una suerte de banco de plaza que si bien permite descansar a placer la espalda, más pronto que tarde descubro que a mi bunda no le cae muy simpático que digamos. Después de leer unas cuarenta páginas ya no sé como acomodarme. ¡Qué demonios! La lectura es, no obstante, un placer intenso. Leo, por primera vez y absolutamente cautivado, al israelí David Grossman (foto). En mi carácter de experimentado catador, puedo decir con certeza, incluso con apenas tres cuartas partes de un libro de Grossman en el garguero, que se trata de un escritor de primera. Con poquita cosa (los celos alocados de un físico en la mediana edad) ha construido una novela fascinante que contiene fino erotismo, profundidad psicológica y ricas inferencias culturales y nacionales. Las Sagradas Escrituras tampoco están ausentes en una trama que puede describirse como el mero escrutinio neurótico de una sospecha infundada.

Pocas cosas, lo juro, me provocan más satisfacción intelectual que tropezar con un autor magnífico. Esta clase de descubrimiento es una promesa de lecturas deleitosas, de un futuro feliz. Grossman, por ende, es otro nombre que este blog habrá de perseguir. Seguiremos sus huellas en el marasmo de la industria editorial. En rigor ya me lo habían mentado; incluso, ahora que lo recuerdo, he leído que estuvo en la última Feria del Libro. El tipo tiene su reputación. Dice la solapa: “Hombre de gran talla intelectual y moral, figura destacada en la lista de candidatos al Premio Nobel, Grossman forma parte del comité que debate la posibilidad de entendimiento entre el pueblo israelí y el palestino, y ni siquiera la muerte de su hijo en combate le ha hecho desistir de su misión”. Permítaseme añadir que la calidad estética del libro es pareja a la grandeza moral del autor.
 

Delirio (Lumen, edición 2012) es, sin duda, una de las mejores interpretaciones que he leído sobre el fenómeno de los celos, esa “ulcera del alma”, como la llama Grossman. En unos días subiré la reseña. Mientras tanto, quiero compartir unas líneas, lígeramente modificadas, con aquellas personas que disfrutan de los consejillos existenciales. Fueron extraídas de una novela que me alegró la mañana sabatina:


“…que nada te importe lo que piensen ni lo que digan de ti. Que en eso estribe tu fuerza… en eso consiste la sana paz interior, la plenitud bien formada…”   

Guillermo Belcore

sábado, 19 de mayo de 2012

El viaje de Kokoshkin


Hans Joachim Schädlich

Adriana Hidalgo. 188 páginas. Edición 2012. Novela. Precio aproximado: 82 pesos


Que la Alta Literatura es cuestión de profundidad no de extensión lo corroboran novelas como ésta que, en avaras páginas, se las ingenia para desollar algunas plagas contemporáneas. El alemán oriental Hans Joachim Schädlich (1935) iguala al nazismo y al bolchevismo como exterminadores de cualquier atisbo de democracia, allí donde logran prosperar. Es conveniente que los intelectuales latinoamericanos -por lo general intoxicados con castrismo- lean de tanto en tanto a los grandes escritores centroeuropeos. Les quedaría en claro al infierno que conducen los regímenes de partido único.

El libro fluye en varios planos temporales. La arquitectura es perfecta. Conocemos a Fiódor Kokoshkin, botánico eminente, exiliado en Estados Unidos, hijo de un ministro de Kerensky acribillado a sangre fría por los rojos. A su edad no le falta espíritu emprendedor. A los noventa y cinco años, Fiódor quiere dar un vistazo a los lugares del triste pasado. Lo acompaña en San Petersburgo y Berlín un amigo checo que conoció en la Praga mártir de 1968. Finalmente, retorna a Boston en un trasatlántico de lujo, donde incluso intenta seducir a una dama alemana, qué divertido. La decisión de narrar cinco días en un crucero en alta mar fue una decisión sagaz del autor. Acaso, no exista un muestrario más revelador de la estupidez contemporánea; basta con dejar que las gentes prósperas -tan obsesionadas con matar el tiempo- se expresen libremente para que el ridículo campee a sus anchas. Lo mismo ocurre en Facebook.

El estilo de Schädlich es parco, pero minucioso y riquísimo en ideas. En verdad, es un placer que Adriana Hidalgo -sello inteligente si los hay- lo haya traído al castellano. Literatura de primera que nos deja con una vaga sensación de amargura.

Guillermo Belcore
Publicado en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa.

Calificación: Bueno

miércoles, 16 de mayo de 2012

Carlos Fuentes (1928-2012)

De mortuis nil nisi bonum, advertían los romanos. Es decir, "de los muertos no digas nada a menos que sea algo bueno". Pero no edito un blog, con todo el esfuerzo que implica, para ser complaciente o hipócrita. Sólo un necio podría  negar que Carlos Fuentes fue uno de los grandes de la literatura universal. Nos dejó un novela esencial, extraordinaria, im-pres-cin-di-ble, lo que nunca es poco: La muerte de Artemio Cruz. Y por eso el lector de fuste le estará siempre agradecido. 

De su vastísima producción, rescato otras otras dos ficciones: Terra nostra (aunque aquí no estoy del todo seguro que sea recomendable para el común de los mortales) y la más reciente Todas las familias felices. Pero el resto de su producción novelística -al menos de lo que he leído- me pareció que, en lo que al boom latinoamericano se refiere, está en un nivel muy inferior a la cima en la que refulgen un Onetti o un Guimaraes Rosa, a bastante distancia de Vargas Llosa o Carpentier, y dos o tres escalones más abajo que García Márquez o Roa Bastos (yo creo en las jerarquías literarias, porque el tiempo apremia, se nos va volando y nunca alcanza para leer todo lo que uno desea; es lo que en economía se llama costo de oportunidad). Como ensayista, Fuentes me ha resultado aburrido y previsible. 

Ayer se me pidió una opinión en el diario La Prensa y con retazos de comentarios anteriores, material de archivo y mi experiencia como lector urdí estás líneas apresuradas:


 El último de los grandes muralistas

 En algo se parecía a nuestro Borges. Carlos Fuentes fue el primer mexicano en querer abarcar el universo, según la opinión autorizada de Elena Poniatowska. Esa pantagruélica "avidez cultural", ese "afán totalizador" del último de los grandes muralistas dio frutos excelentes como Todas las familias felices (2006), acaso su última gran novela, un fresco estremecedor de la deriva en que se encuentra la sociedad mexicana. Una obra coral que confirma que en el Distrito Federal están pasando hoy cosas no sólo desagradables sino también malditas.

Entre los novelistas del boom latinoamericano, Fuentes fue el más prolífico de todos, pero también el más desparejo. Por lo general, se consideran a La muerte de Artemio Cruz (1962) y Terra nostra (1975) no sólo sus obras más logradas, sino dos de las mejores novelas en lengua española de todos los tiempos. Empezó a hacer literatura en la d‚cada de los cincuenta y, como destacó Tomas Eloy Martínez su amigo y admirador sin tapujos, cada volumen de Fuentes ha sido siempre "una sorprendente aventura verbal, en la que todo se pone a prueba: desde la estructura del relato hasta el incesante hacerse y deshacerse de los personajes; esa búsqueda sin tregua lo ha llevado a defender otros osados experimentos narrativos como si en ello le fuera la vida''.

Leer a Fuentes es, sobre todas las cosas, bañarse en deliciosa mexicanidad. José Donoso notaba que practicó la deliberada impurificación del castellano, su voz estuvo colmada de tlanes y tepecs. La reflexión sobre el amor o la paternidad, la nostalgia romántica o sexual, el maniqueísmo a veces tan obvio tuvieron en sus páginas regusto a melodrama, jitomates, supeficialidad de bolero, ajonjolí, cursilería y chile picante. Tuvo un gran pericia para tallar malvados pero los personajes positivos nunca se le dieron bien, acaso por ese plaga de la corrección política. El grueso de su producción novelística se asemejó a una corriente caudalosa: como un río crecido arrastró muchísimas cosas pero no todos eran materiales nobles. Borges, quien sino, estableció que cuando un autor se plantea metas muy ambiciosas por lo general estropea las operaciones estéticas. Pero esa ambición colosal, no obstante, lo convirtió a Fuentes en un escritor imprescindible de los últimos cincuenta años.

Si como narrador siempre tuvo como norte a Balzac, como figura pública encarnó el personaje del pensador comprometido a lo Sartre, consejero de reyes y presidentes, y gran conferencista. En los ensayos nunca se privó de homenajear a amigotes y de ajustar cuentas con sus enemigos (Octavio Paz) y con el catolicismo. Sus ideas nunca fueron más allá de los tópicos del progresismo. En una novelita de Cesar Aira (de quien el mexicano pronosticó que sería el primer argentino en ganar el Premio Nobel) un fulano intenta hacer clones de Carlos Fuentes para dominar el mundo con un ejército de intelectuales poderosos.
Guillermo Belcore

sábado, 12 de mayo de 2012

La novela, el novelista y su editor

Thomas McCormack


Fondo de Cultura Económica. Ensayo de literatura, 149 páginas. Edición 2011


Básicamente, la narración literaria se ofrece en dos calidades. La sublime, producto de un genio a lo Borges, que corrobora que el arte es una entidad sin reglas; y la convencional, cuyas partes pueden ser fácilmente identificadas y corregidas para optimizar el argumento o bien incrementar el coeficiente estético. El autor o lector de la segunda categoría (el noventa y nueve por ciento de todo lo que se publica, por cierto) encontrará útil este ensayito que atesora treinta años de experiencia de un editor exitoso en sellos como Doubleday, Harper & Lamp; Row y St. Martin's Press.

El señor Thomas McCormack sostiene una idea pragmática de lo que son los libros; postula que la literatura es un trabajo en equipo, y que el oficio de escribir, opinar o editar puede ser enseñado y aprendido, al menos dentro de esa porción del género humano que no ha nacido con el don pero cuenta con la cualidad esencial de ser sensible. Y, mire usted, no existe una sola clase de sensibilidad. No todo es para todos.

Con espléndida dicción (tiene talento para la metáfora), McCormack hilvana consejos útiles para las personas que se dedican a crear o perfeccionar un manuscrito. Ofrece sugerencias de esta caletre: "emplear accidentes para exponer a los personajes a ciertas situaciones de prueba está bien, pero usarlos para librarlos de ellas es lo que se no se acepta". Además, define con precisión conceptos resbalosos como detonador, prelibación o efecto principal deseado.

El misterio de la alta literatura, obviamente, sigue sin ser develado. McCormack reconoce que es posible sucumbir al embrujo de un texto magnífico sin ser capaz, incluso el lector espabilado, de identificar la causa de dicha respuesta. Ahora bien, si se trata de una respuesta negativa es posible diseñar técnicas sistemáticas para diagnosticar algunas de las dolencias que ofenden nuestra sensibilidad. ­Plumíferos mediocres, ¡absténgase!
Guillermo Belcore
Publicado en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa.

Calificación: Util

jueves, 10 de mayo de 2012

La muerte y la brújula

Proyecto Diez Mil Cuentos 

Argumento número veintisiete

Jorge Luis Borges
Artificios (1944). Bruguera. Edición 1985


Red Sarlarch, el más ilustre de los pistoleros del Sur, juro vengarse del hombre que había encarcelado a su hermano. Al dios de todas las fiebres, le prometió sumir en un laberinto fatal al detective Erick Lönnrot. El plan era atraerlo a una quinta remota. Un heresiarca judío asesinado en ocasión de robo, le permitió montar el engaño. La temeraria perspicacia de Lönnrot fue tentada con un acertijo que involucra el nombre terrible del Altísimo (de cuatro letras), una brujula, una secta del siglo XVIII, un puñal, los rombos de una pinturería. Hubo otra muerte y un falso secuestro. El policía mordió el anzuelo; la venganza fue consumada.


PD: Esta joya fue evocada en una novela del rumano Norman Manea, que en unos días -Dios mediante- aquí recomendaré. La relectura era pues obligada. Me reencontré con esos espléndidos objetos verbales que sólo Borges era y es capaz de esculpir. Verbigracia: hay en el cuento "un caballo plateado que bebe el agua crapulosa de un charco". "Agua crapulosa", qué sublime combinación, imposible para cualquier otro autor. Hay un "ciego riachuelo de aguas barrosas, infamado de curtiembre y de basuras". Hay una "calle salobre en la que conviven el cosmorama y la lechería, el burdel y el vendedor de biblias". Hay un suburbio donde "crece el firmamento y ya importan poco las casas y mucho un horno de ladrillos o un álamo". Hay "una puesta de sol desaforada".

Estoy convencido (he comprobado) que sólo Borges le hizo decir cosas tan bellas al castellano. No sé para ustedes, pero para mí el placer es físico. Releer a Borges es casi una necesidad del cuerpo.

domingo, 6 de mayo de 2012

La soledad del lector

David Markson

La bestia equilátera. Novela (¿Novela?), 254 páginas.



Los Joyce escriben, los lectores leen.

¿Qué es una novela en todo caso? ¿O tal vez no es una novela? ¿Una novela de referencias y alusiones intelectuales, por así decir, pero sin casi nada de novela? Collage, texto discontinuo, assemblage. ¿O de un género indescriptible? ¿Cubismo? ¿Inspirado en qué? Tiene un relato pero hay que esforzarse para encontrarlo.

Como los surrealistas, como César Aira, como los pusilánimes en busca de respetabilidad, el autor de este libro ha querido explicar lo que había encerrado entre las tapas. No es fácil clasificarlo, de acuerdo. Fue urdido con un goteo de frases, pero el ritmo es agradable (“todo arte aspira constantemente a la condición de música”). Hay una historia, la del Protagonista (y un Lector que lo imagina, ¿o son la misma persona?) que vive en la pobreza con libros y soledad, junto al mar y frente a un cementerio. Hay una mujer a la que le falta una pierna. Entre los fragmentos se intercalan citas, aforismos, curiosidades, nombres eminentes o luminosos, bits de información, denuncias de antisemitas famosos, mandobles a los críticos (son la lepra de las letras, decía Flaubert; son los piojos de los rulos de la literatura, afirmaba Tennyson). Retazos de púrpura que a Borges hubiesen encantando. El efecto intelectual es soberbio; la lectura, placentera. Tiene el sabor de la originalidad posmoderna y el encanto de armar rompecabezas. Puede que David Markson (Nueva York 1927-2010) haya tenido dos intenciones primordiales: causar pasmo y resaltar el sino trágico del artista, tanto por la ceguera de sus coetáneos como por la malévola fatalidad.
 

La soledad del lector (Reader’s Block) fue publicado por primera vez en 1996 y se considera el brillante comienzo de una serie experimental. Algo bueno hay que decir del sello La bestia equilátera. Especializarse en gemas raras y apostar a la excelencia -en una época de mediocridad generalizada- no merece sino el aplauso de su majestad el Lector, que siempre está solo y espera.
Guillermo Belcore
Publicado hoy en el Suplemento de Cultura de La Prensa y otros diarios asociados.

Calificación: Muy bueno


jueves, 3 de mayo de 2012