domingo, 29 de agosto de 2021

Lem, una vida fuera de este mundo


 


El delegado de Thuban abrió por un sitio previamente marcado un enorme volumen que tenía ante sí sobre el pupitre y se puso a leer: 

"(...) y aquella extraña especie calva en todo el cuerpo, descubierta por Grammplus en el rincón más oscuro de nuestra Galaxia, Monstroteratum Furiosum (Ignomen Furibundeo) que escogió para sí mismo el nombre de Homo Sapiens...".

Hay que reconocerlo. Somos, en la galaxia, una especie anormal. Los astrozoólogos nos han clasificado en el tipo Aberrantia (Viciosa), subtipo antisapientinales (Contrasentidos), grupo Necroludentia (Cadaverófilos), orden Lasciviaceae (Repugnoides), familia Horrorisimae (Hocimonstros).

Por eso, la Organización de Planetas Unidos nos ha rechazado la solicitud de ingreso. Más aun, reveló asqueada el origen de los terrícolas. Dicen que hace millones de años, un par de marineros borrachos de una nave espacial (los infames Ñor y Zioss) vertieron sobre las rocas de nuestro planeta muerto un cubo de impurezas fermentadas. Y uno de ellos, incluso, estornudó varias veces sobre el cultivo plasmático infectándolo con virus peligrosos (1).

De esa sopa primodial provenimos, según la imaginación portentosa de una de las glorias de la ficción científica: Stanislaw Herman Lem (Lvov 1921-Cracovia 2006).

Es lógico que el maestro polaco haya coloreado el Viaje Octavo de Ijon Tichy (1) con semejante pesimismo. "Un hombre que por milagro ha logrado salir de debajo de un montón de cadáveres es un hombre con una profunda decepción con la humanidad tal cual es", escribió Wojciech Orlinski, autor de una biografía que aquí venimos a recomendar: Lem, una vida fuera de este mundo (409 páginas, traducción Bárbara Gill), que el sello Ediciones Godot trajo este año a la Argentina desde la renacida Varsovia. 


INDIVIDUO Y SOCIEDAD


Como regla general, podría afirmarse que una biografía idónea es aquella que une con elegancia e inteligencia una notable vida individual con el devenir de una sociedad. La definición le cabe como anillo al dedo al libro del señor Orlinski, periodista de profesión pero más culto y laborioso que su colega argentino promedio. La atención nunca flaquea. Es que el tema, además, resulta muy interesante. Por un lado, tenemos una genial inventiva que sobrevivió a las dos fuerzas más destructivas e irracionales del siglo XX (bolchevismo y nazismo) y consiguió vencer a fuerza de talento y prudencia a la implacable censura de la República Popular para forjar libros que han pasado la prueba del tiempo; y por el otro, una nación heroica, atormentada por los dos matones del barrio (Alemania y Rusia) que anduvo a la deriva durante cinco décadas pero nunca perdió su alma. Lem es Polonia y Polonia es Lem.


"Decimos 'una pesadilla cuando el hotel confunde nuestra reserva. Decimos un calvario" cuando un trámite se prolonga. Por lo tanto carecemos de un aparato cognitivo capaz de aprehender el horror al que los Lem sobrevivieron", escribió Orlinski. En efecto, el joven Stanislaw y sus padres (burgueses judíos asimilados) sobrevivieron de una manera casi inverosímil a la doble ocupación rusa, al Holocausto y a los pogroms ucranianos en la ciudad de Leópolis (hoy Lvov), capital de la región de Galitzia, en su momento último confín del Imperio Austrohúngaro.


Lem se salvó por su habilidad como maestro soldador, porque sus padres tenían las monedas de oro para el soborno y nunca fueron traicionados por el corrupto o el amigo, y a causa de una increíble buena suerte. No obstante, el "trauma del sobreviviente" lo persiguió toda su vida y se refleja en su obra. Durante toda su vida evitó el literato hablar de sus raíces judías.


EL ALMA DE CRACOVIA


Después de la Segunda Guerra Mundial, los Lem se mudaron a Cracovia. Y en 1956, un Stanislaw, que había estudiado medicina pero su gran pasión era la construcción de máquinas experimentales, alcanzó la fama literaria con la publicación, como cuento, del "Viaje catorce de Ijon Tichy". Era la prueba de una mente excepcional.


Sus libros posteriores -Solaris, Diario de las estrellas, Retorno de las estrellas, Ciberíada, Summa technologiae, entre otros- lo convirtieron en el rey de la ciencia ficción del bloque soviético, pero viviendo siempre de forma decente, por lo menos tanto cuanto era posible bajo el régimen comunista. Lem, con la excepción de un par de textos intrascendentes, nunca adscribió al abominable realismo socialista; y supo describir los desatinos de la utopía bolchevique disfrazándolos de sociedades extraterrestres. Literariamente hablando, su grandeza sin par fue caricaturizar a los grandes problemas humanos con un fondo de escenografía cósmica. Como Borges o como Bolaño, el texto apócrifo fue una de sus herramientas formidables.


Naturalmente, tuvo encontronazos con la censura. ¿Hace falta decirlo? Un sistema totalitario es aquel que busca que todo se subordine a una sola ideología. Los chacales rojos lo acusaron de eludir "la didáctica progresista" y de cultivar el humor del absurdo, ese "fenómeno social peligroso" (la risa era contrarrevolucionaria, ¿leyeron La broma de Milán Kundera?). No obstante, el régimen le permitió publicar y viajar al extranjero. Lo protegía su popularidad dentro y fuera del país, y sobre todo el hecho de que los científicos, intelectuales y astronautas rusos lo adoraran. Cada viaje de Lem a la URSS era comparable a la gira de una estrella de rock y Gorbachev llegó a sostener que Summa technologiae fue uno de los libros más influyentes de su vida. El inquisidor polaco, entonces, fingía que no llegaba a captar las alegorías y los simbolismos lemianos.


EPISTOLAS


El tono general del libro es de ditirambo; es decir, se disimulan defectos y bajezas. El autor abreva en el voluminoso archivo Lem. Centenares de cartas son citadas. El único punto flojo que pudimos encontrar es que Orlinski presta demasiada atención a los asuntos domésticos -caso las vicisitudes de su hombre con los autos- en desmedro de cuestiones más trascendentes. Verbigracia: se menciona al pasar el escepticismo del escritor respecto a Camino de servidumbre de Von Hayek, pero no se transcribe una sola línea de ese texto jugoso. Nunca dejéis con hambre al lector, es el consejo que este articulista deja a los biográfos.


Hay toneladas de información y pasajes muy divertidos como la pelotera de Lem con Tarkovsky por la versión rusa de Solaris, y la larga disputa epistolar con el loco lindo de Philip Dick a raíz de la publicación de Ubik en Polonia.


Y como todo ensayo que aborda la historia del siglo XX en Europa oriental, Una vida fuera de este mundo resulta muy instructivo. Hoy que tantos cenutrios sienten nostalgia por la Unión Soviética y que el neocomunismo se hace carne en Occidente, libros como éste confirman ese dictum memorable de Karina Mariani: Todo socialismo es una cárcel. No sólo se trata de alambre de púa, el sistema inspirado en el marxismo ha demostrado ser terriblemente ineficaz, en su seno la economía, los autos, los ferrocarriles, los teléfonos y hasta los baños de los hospitales no funcionan.


(1) Diario de las estrellas. Stanislaw Lem. Edhasa, edición 2003.

martes, 10 de agosto de 2021

La mano izquierda de la oscuridad




Entre todos los planetas habitados por seres humanos, Gueden tiene una característica única: las personas son hermafroditas neutros. Durante el ciclo lunar llamado kémmer (26 días al año), los guedenianos desarrollan algunos de los dos sexos y se aparean. Los que se convierten en hembras y son fertilizados, lo seguirán siendo hasta fin de la lactancia; luego vuelven a la condición de andróginos. Como la conversión es aleatoria, la madre de varios niños puede ser el padre de otros.

En Gueden no hay violaciones ni erotismo en la vida cotidiana. Se cree que la excepcional naturaleza de ambisexualidad es el resultado de la ingeniería genética de colonizadores que buscaban un atajo para evitar las guerras. Si es así, fue un éxito. La historia planetaria no registra matanzas comparables a la de la Tierra, aunque no son raras las ejecuciones, los asesinos políticos y las enemistades, e incluso en algunos países funcionan gulags.

La otra característica singular de Gueden es su clima. Al planeta se lo conoce tambien como Invierno pues la humanidad ha tenido que evolucionar bajo un continua Edad de Hielo. Es un mundo hostil sin criaturas que vuelan, sin ganado y sin flores. Allí, nuestra especie ha tropezado con un enemigo más cruel que ella misma: el frío, siempre al límite de lo tolerable.

Ha llegado el momento de aclarar que Gueden es el fruto de una de las imaginaciones más prodigiosas de la literatura fantástica, la de la californiana Ursula Le Guin (1919-2018). Ese mundo helado, en el linde de los planetas habitados, está incluido en la novela La mano izquierda de la oscuridad, entregada a la imprenta por primera vez en 1969 (¡como libro de bolsillo de 95 centavos!). Este año fue recuperada por el sello Minotauro (333 páginas), con la impecable traducción de Francisco Abelenda de 1973.

FEMINISMO INTELIGENTE

Harold Bloom, nada menos, considera a La mano izquierda de la oscuridad como la obra maestra de Ursula L.G. La novela ganó los dos honores principales de la ciencia ficción (Premio Hugo y Nebula) y es material de enseñanza en escuelas y universidades. Tiene el texto una clara sensibilidad feminista pero inteligente. La política nunca estropea la trama, ni las profundas indagaciones sobre la condición humana. "Escribí el libro desde el punto de vista de un hombre, prisionero de su virilidad... Eliminé el género para ver que quedaba", ha declarado la autora.

Se narran los esfuerzos del diplomático Genly Ai para que Gueden se una al Ecumén, una liga de mundos, con espíritu místico, fundada por un pueblo ancestral que sembró humanos en todos los planetas habitables de la galaxia. Recuerda a la Federación Unida de Planetas de Star Trek, aunque aquí el Primer Contacto lo efectúa un embajador solitario.

Trabaja el Enviado en dos países, rivales por borrosas cuestiones fronterizas: Karhide, gobernado por un monarca loco y miedoso; y Orgoreyn, un Estado policial, diezmado por las intrigas de facciones. En este último dominio, el mensajero interestelar es encerrado en la "Tercera Granja Voluntaria y Agencia de Reeducación de la Comensalía de Pulefen", donde casi lo matan. Lo rescata el señor-señora Estraven, su promotor en Karhide.

A la fuga del campo de trabajos forzados le sigue un viaje de mil doscientos kilómetros hasta la frontera. Genly Ai y Estraven cruzan en trineo y con esquíes montañas, hondonadas, desfiladeros, glaciares, volcanes, capas de hielo, pantanos congelados, todo desolado, inhóspito, muerto, en medio de las tormentas de pleno invierno en plena Edad Glacial. Esta travesía de 88 días (unas ochenta páginas) conforma una de las aventuras más apasionantes que pueden encontrarse en la literatura (a secas) del siglo XX. Uno no puede dejar de leer.

Vale decir, el lector encontrará aquí una obra filosóficamente significativa, desbordante de sucesos y con una atención al detalle impresionante. Le Guin -hija del distinguido antropólogo Al Kroeber y de la escritora Theodora Kroeber- no sólo se había documentado sobre astronomía, geografía y geología, sino que nos ofrece una visión convincente de la sociología y la psicología de una sociedad alienígena. Una Tierra alternativa.

Esta cualidad de demiurgo, acaso gnóstico, es la que caracteriza a los mejores escritores. Es posible que no sea una exageración sostener que la creadora del fascinante planeta Gueden-Invierno, puede compararse con el Jorge Luis Borges de Tlon Uqbar Orbis Tertius.

"Ursula Le Guin es una creadora magníficamente imaginativa y una gran estilista que ha elevado la fantasía a la Alta Literatura de nuestro tiempo", escribió H. Bloom hace unos años. E incluyó La mano izquierda de la oscuridad en su Canon Occidental.

Guillermo Belcore

Publicado en el Suplemento Cultura del diario La Prensa

Calificación: Excelente

domingo, 8 de agosto de 2021

Las constelaciones oscuras



Harold Bloom, ese crítico imprescindible, recomendaba invertir el tiempo que nos toca en las obras maestras y prescindir de las piezas de época. A esta última categoría pertenece la segunda novela de Pola Oloixarac (Buenos Aires, 1977), publicada en 2015.


No obstante, Las constelaciones oscuras (Random House, 237 páginas) es una lúcida aproximación -aunque de factura muy despareja- a dos fenómenos de nuestro tiempo: a) la monstruosa vigilancia social del Estado y de las grandes corporaciones mediante nuevas herramientas tecnológicas; b) el hacker como reacción, tan heroica como anárquica, al Gran Hermano.


La trama se despliega en tres tiempos diferentes:

* 1982: El diario del naturalista Niklas Bruun, que arranca con una orgía en las islas Canarias (el sexo cumple un papel importante en la trama, veremos) y concluye con una criatura monstruosa (¿aireana?) en la Amazonia.

* 1983: La biografía de Cassio Liberman-Brando Da Silva, hacedor de los virus informáticos más potentes de la historia argentina.

* 2024: El Proyecto Estromatolitón, desarrollado en el Instituto Balseiro, el "ojo cerebro absoluto" para una "desaforada biométrica".


Podría decirse que se trata de una obra posmoderna, cuya paranoia y jerga científica recuerda por momentos a Thomas Pynchon y en otros a Don De Lillo. La prosa de la señora Oloixarac tiene un aire inocente, carece de cualquier gravedad (hasta se mofa de "las performances publicitarias de las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo"), cultiva no sin éxito la parodia y repite la treta, tan de este siglo, de yuxtaponer elementos de diversas procedencias. Preferentemente contrapone Alta y Baja Cultura (el joven Werher y las Tortugas Ninja, por ejemplo). El conjunto es agradable e inspirador aunque ciertas ambiciones poéticas de la autora hacen rechinar los dientes. El lector tropieza con frases cacofónicas como ésta: "En el cielo, Venus brilla entre brumas y la Luna se disuelve en la fosa crepuscular de Buenos Aires". 


Como todos los escritores talentosos o que se creen talentosos, Pola O. tiene sus objetos fetiche. Si Borges nos encantaba con espejos y laberintos. Las constelaciones oscuras vuelve una y otra vez a los seres híbridos, al Antopoceno, al capital, al limo y -sobre todo- a las descargas seminales, es decir "las transfusiones en masa de ADN". Por otra parte, la escritora parece suscribir el mito del pansexualismo freudiano.


UNA FLOR EXÓTICA

Algo hay que decir de las ideas políticas de Pola O, quien durante la pandemia ha honrado al diario La Nación con artículos filosos sobre la nomenklatura kirchneroide. Aunque estudio filosofía en la Universidad de Buenos Aires es una orquídea exótica entre la rancia intelectualidad argentina. No se ha dejado seducir por el horror decadente de la corrección política o por el izquierdismo canalla que se descompone a tantos artistas de la Patria. "Los argentinos cultos sólo parecen capaces de soñar escansiones del marxismo", establece en la página treinta y cuatro.


Las constelaciones oscuras fue entregada a la imprenta siete años después de la muy comentada y elogiada opera prima de PO ( Las teorías salvajes ). Cierta crítica superficial la ha encasillado en los anaqueles de la ciencia ficción. Aunque avara en páginas (Pola nació en Argentina al fin y al cabo) es más compleja que una vulgar novela de género. Leerla hoyda idea de premonición, anticipa rasgos de aquello que hemos dado en llamarinfectadura. La escritora radicada en Barcelona expresaba un lustro atrás su temor por el"animal desatado del Estado"que quiere leer toda nuestra vida para, llegado el momento, sojuzgar.


"Los días del humano están contados" , nos advertía. Las máquinas mentales ya no son las únicas en regir la conducta. La ingeniería genética, la inteligencia artificial, el supergobierno global jaquean la libertad. "La tecnología misma es la forma de la traición; la forma que traiciona su propia naturaleza para convertirse en otra cosa" , remata Pola en el último tramo del libro. De ahí, el hacker como héroe libertario.

Guillermo Belcore

Calificación: Regular

domingo, 25 de julio de 2021

La apariencia de las cosas



En esta era pandémica, en la que la obra maestra brilla por su ausencia, nos conformamos con pedirle a la Alta Literatura una historia interesante, narrada de manera competente, con personajes bien tallados y algunos destellos de inteligencia y singularidad. Todas estas virtudes mínimas están presentes en La apariencia de las cosas (Duomo, 499 páginas).

En Estados Unidos, la novela fue entregada a la imprenta en 2016; es decir, tardó un lustro en llegar a las librerías argentinas. Es inevitable; somos un país periférico, empobrecido. Este año, Netflix ha transformado el libro en una película, pero bastante mala y que no respeta el espíritu original.

Elizabeth Brundage, la autora, ha publicado cinco novelas y trabajó como docente y guionista. Capturó en La apariencia de las cosas (va por su edición número 26 en Estado Unidos) elementos que conoce de primera mano: la cultura rural y pueblerina del norte del Estado de Nueva York; las miserias de la vida universitaria.

La crítica diarística ha definido como thriller literario a la novela que hoy nos convoca, pero es un flaco favor. Es un texto más ambicioso que narra la degradación de un carácter y la destrucción de una familia de apariencia perfecta, con los efectos devastadores que esto provoca en la vida de las personas y de una pequeña comunidad en el valle del Río Hudson. 

Incluye una investigación policial y elementos sobrenaturales (una casa maldita, un fantasma y la capacidad de ciertas personas de poder percibirlos), pero no podría definirse estrictamente como literatura fantástica. Es una novela realista. Abelardo Castillo dijo una vez con una lógica impecable: 

"Si el solo hecho de que en una obra aparezcan espectros la convierte en literatura fantástica, también tendríamos que poner en esa categoría al teatro de Shakespeare".

HACHA ENSANGRENTADA

En el primer capítulo, vemos al profesor de Historia del Arte George Clare llegar desencajado, con su hija Franny en brazos, a la granja de los Pratt, sus vecinos. Estamos 250 kilómetros al norte de la ciudad de Nueva York. Es el 23 de febrero de 1979, cinco y media de la tarde. Cae copiosa nieve. Les explica el hombre, con palabras ambiguas, que alguien ha asesinado a su esposa Catherine. Media hora después, el sheriff Travis Lawton descubrirá que a la bella y joven mujer le destrozaron el cráneo con un hacha.

No conduce a ningún lado la investigación detectivesca, aunque el taimado George es el sospechoso número uno. El libro salta al pasado. Evoca los terribles acontecimientos que, un año atrás, le habían ocurrido a los tres hermanos Hale en la misma casa; y luego nos lleva a los seis meses previos al asesinato de Catherine, una mujer sufrida (es éste también un libro de mujeres desdichadas, que padecen pésimos matrimonios y no tienen la fuerza para romper las convenciones sociales del siglo XX). Flota un agradable suspenso.

Viajamos a 2004 en la Quinta Parte. Franny es una doctora con especialización en cirugía. Recibe un llamado perturbador de una agente inmobiliaria. Al fin, ha podido vender la propiedad de Chosen, es decir, el lugar encantado donde habían asesinado a su madre. Hay un reencuentro conmovedor y la verdad se va abriendo paso hasta la superficie. Tres generaciones de mujeres han aparecido en escena.

La escritura de la señora Brundage tiene algo de Stephen King y mucho de Joyce Carol Oates. Escribe con oraciones simples, pero muy eficaces. También los diálogos. Es pura narratividad y el retrato del sociópata que ha esculpido bien puede ser definido de perfecto. No muestra un especial talento para la metáfora, aunque introduce con delicadeza y erudición el elemento paranormal. Acude al teólogo Emanuel Swedenborg -canonizado, como se recordará, por Borges- y al pintor George Inness, de la Escuela del Río Hudson, que se inspiró en el místico sueco.

La trama se sostiene en antinomias. Urbanitas vs. campesinos. Egoísmo vs. abnegación. Educación tradicional vs. libertad de pensamiento. Hipocresía vs. rectitud. Escepticismo vs. creencias religiosas. Brundage eleva la voz en favor de los pequeños propietarios rurales; y le interesa, sobre todo, reivindicar el amor conyugal. Está muy bien. La vida es demasiado difícil para que llevemos solos esa cruz que a todos los seres humanos nos toca en suerte.

Guillermo Belcore

Calificación: Bueno

PD: Aquí el trailer de una película cuyo único mérito, creo, es ponerle un rostro a los personajes del libro: 

https://www.youtube.com/watch?v=TmcGxl_gIrs

domingo, 4 de julio de 2021

La otra mitad de Dios

 


Hace seis milenios, la humanidad sufrió la peor catástrofe de su existencia. Una invasión de pastores de la estepas, montados en caballos, destruyó en la Antigua Europa y el Asia Menor la civilización matrolineal, en la cual hombres y mujeres vivían juntos, libres y en paz, cultivando la tierra y las artes, sin propiedad privada ni dominio masculino sobre hijos y la esposa. Esa Arcadia, ese Edén -una gran etapa comunista- fue arrasada por varias oleadas de guerreros indoeuropeos que desarrollaron tres herramientas de conquista formidables: el arma, la religión y las escrituras (en especial las Sagradas Escrituras). La ciudad venció a la naturaleza. Nacía el patriarcado; moría el culto a la Gran Diosa. Yahvé y Zeus fueron consecuencias de aquella revolución dogmática.

Hasta aquí la tesis fundamental de La otra mitad de Dios (339 páginas) que Adriana Hidalgo Editorial acaba de traer a la Argentina desde la Italia más refinada. La ensayista Ginevra Bompiani (Milán, 1939) sitúa en el fin del Neolítico la fuente de todos los males de la historia occidental, en el corredor entre la civilización del derecho materno (ctónica, vegetariana, nocturna, mistérica) y el mundo olímpico, solar, soberano, del derecho paterno (¿capitalista?). El triunfante feminismo radical de los albores del siglo XXI encontrará en esta obra una mitología que lo justifique.

Hay que destacar que tan audaz interpretación viene servida en una bandeja de plata. El libro más reciente de la signora Bompiani es un alarde de erudición, buen gusto y cultura libresca. Deconstruye mitos, leyendas e historias del Antiguo Testamento, de la Grecia homérica y de la Alta Literatura. Examina la destrucción de Sodoma y Gomorra y el martirio de Ifigenia y de Antígona; nos habla de Kafka, Freud y Deleuze; nos regala un poema de Symborska y las estatuillas de Hacilar. Idealiza a la Creta anterior a la invasión de los aqueos (¡1.500 años sin guerras!). El análisis de la "palabra mistificadora" -la lengua de los políticos y los profetas inescrupulosos- es impecable e inspirador.

No obstante, la autora -destacada editora y catedrática de lengua inglesa en la Universidad de Siena- se toma su tiempo para plantear la idea esencial del texto; es decir, la nostalgia por la gilania prehistórica.  Recién en la página 191 se anuncia con trompetas:

 "La mistificación más antigua y más duradera, más tenaz y silenciosa es esa que hace miles de años sustituyó el mundo pacífico e igualitario de las sociedades matrifocales por el patriarcado, haciendo de las primeras la gran negación de la historia y de este último nuestra segunda naturaleza...".

Ante la Madre de Todas las Falsificaciones, doña Ginevra siente que tiene una misión: 

"...interrogar sobre el imaginario humano, qué lo nutre y lo mantiene, comprender si podríamos elegir una historia diferente que nos dejase libres. Y recorrer nuestras dos grandes memorias: la Biblia y el mito griego que, como dos ríos cársticos fluyen hacia el mar de nuestra mente...".

EL ODIO A OCCIDENTE

En una de sus mejores novelas, Saúl Bellow notaba que "los peores enemigos de Occidente resultaron ser sus intelectuales favoritos".

La sentencia le calza justo a La otra mitad de Dios. Es que este notable ensayo puede encuadrarse también en esa corriente entre demencial y pueril de insatisfacción -cuando no de odio- con la única civilización que ha logrado extender la esperanza y la calidad de vida de la especie humana, al reducir la pobreza que había heredado. La cultura occidental, además, es la única en haber generado una auténtica conciencia ecológica y en haber emancipado a las mujeres y a las minorías. No parece suficiente para algunos de sus hijos e hijas mejor acomodados que se empeñan en incurrir en el Mito del Buen Salvaje. Bompiani lo ha transformado en el Mito del Antiguo Salvaje.

Nada más inane en la crítica literaria que el psicologismo, pero la propia autora confiesa inesperadamente en la página 151 una de sus motivaciones más profundas. Dice que el padre le causaba terror: "...era una relación que no he logrado superar en ninguno de mis análisis". ¿De ahí el repudio tan intenso al Patriarcado?

No es la primera vez ni será la última que una decepción personal lleva a un pensador relevante a exigir el sacrificio de toda la civilización. No obstante, rebajar tan ingeniosa obra a mero ajuste de cuentas familiar sería una injusticia. Una persona seria y sabia meditando sobre la chifladura del mundo siempre debe ser escuchada con atención.

Solo resta agregar como dato anecdótico que Ginevra Bompiani es esposa del filósofo Giorgio Agamben (a quien menciona en varias oportunidades). Imagínese amable lector la belleza de los diálogos en este matrimonio.

Guillermo Belcore

Publicado en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa

Calificación: Bueno

domingo, 27 de junio de 2021

La terraza de frangipani


Así como en la Argentina un puñado de citadinos cultos inventó la literatura gauchesca para preservar el alma de un pueblo, Mia Couto (1955) ha intentado delimitar una narrativa bantú, mestiza y genuinamente africana.

Descendiente de inmigrantes portugueses, nacido en Mozambique, biólogo y periodista, escribe desde hace más de cuatro décadas, no sin éxito. Ha recibido el Premio Camoes, el más prestigioso en lengua portuguesa. La terraza del frangipani (Edhasa, 166 páginas) es la tercera novela de Couto que se edita en la Argentina. Fue entregada a la imprenta por primera vez en 1996.

Detrás de un tenue misterio policial, el lector encontrará una notoria voluntad lírica y un firme propósito de denuncia y de salvamento. Así como Hernández denunciaba las maldades que se le infligían al gaucho, Couto se indigna aquí con el perverso trato que un Mozambique pauperizado impone a sus mayores. Ya nadie respeta a los viejos en una tierra donde hacen poco se reverenciaba a los ancestros

La trama nos lleva al asilo de Sao Nicolau, antiguo fuerte colonial. Han asesinado al malvado director Excelencio Vasto. Tiene siete días para encontrar al culpable el inspector Izidine Naíta, "un fruto bueno en un árbol podrido... una almendra en una bolsa de ratas...".

La tarea no es sencilla. Naíta, estudió en Europa, volvió al país después de la revolución, no es confiable para los lugareños. Cinco ancianos, "frágiles como un talón", se atribuyen el crimen (de hecho cinco capítulos se titulan La confesión de...). Hablan todos como Don Verídico, es decir de una manera sentenciosa, con exageraciones, encerrando mitos y tradiciones. Es el habla del pueblo, ese tesoro que Couto se ha empeñado en rescatar. Podría decirse que se trata de un falso policial; es -como el Martín Fierro lo era- un libro de reafirmación cultural.

La enfermera Marta Gimo, "mujer de saborear con la vista" condenada a dormir desnuda a la intemperie, presta dudosa ayuda al detective. Le advierte que el verdadero crimen es otro. El crimen es lo que el Mozambique de la descolonización le está haciendo a sus gentes, sobre todo a los ancianos, dentro y fuera del asilo: 

"Están matando al pasado... están matando las últimas raíces que podrían impedir que vivamos por imitación, sin historia..".

Por cierto, el narrador de la historia es el fantasma de un carpintero, Don Ermelindo Mucanga (¡cuántos nombres fragantes trae este libro!), que debe habitar el cuerpo de un condenado -el inspector Naíta- para poder ascender al estado de xicuembo, que son los difuntos definitivos, "con derecho a ser nombrados y amados por los vivos".

Ermelindo está enterrado en una terraza de la fortaleza, junto a un magro frangipane, árbol de vistosas flores blancas de la familia de las magnolias. Conversa el espectro con un pangolín, insectívoro que -además de transmitir el covid- baja de los cielos para entregar novedades al mundo, "las proveniencias del porvenir". Sí, lamentablemente, en las costas del Océano Indico también se abusa del realismo mágico.

No obstante, los excesos fantasmagóricos uno va enamorándose del libro por dos o tres razones. Primero, por su fulgor poético. Hay un aluvión de neologismos y hay párrafos bellísimos que suenan como coplas. También atrapa el afán antropológico e histórico, el rescate de esas pequeñas cosas que conforman el alma mozambiqueña, estragada por la guerra civil y la avidez de los enriquecidos. Debiéramos tomar nota los argentinos que coqueteamos con la demencial grieta. "Todo lo pudrió la guerra civil", nos advierten desde el Africa meridional, donde la esperanza de vida -aún hoy- no llega a los cincuenta años.

Sólo el final del libro no resulta convincente. Pero en conjunto, La terraza del frangipani -segunda novela de Couto- puede ser encarada como estupenda puerta de entrada a una obra sofisticada y exótica.

Guillermo Belcore

Calificación: Bueno


lunes, 14 de junio de 2021

El placer de la transgresión


Por Renata Salecl

Ediciones Godot. 290 páginas. Ensayo de filosofía.

Hay un método de entrecasa para calibrar la rigurosidad del intelectual o la inteligencia de una persona interesada en los asuntos públicos. Comprobar cuántas veces emplea el término "neoliberalismo" en su discurso. El uso frecuente delata una mente superficial, proclive al cliché y a la peor militancia política. Mejor tomar distancia.

Como todo en la vida, hay excepciones. La ensayista Renata Salecl podría ser una de ellas a tenor de una selección de sus columnas publicadas en el diario Delo de Ljubljana que Ediciones Godot acaba de traer a la Argentina. 'El placer de la transgresión' tiene momentos de gran lucidez, aunque se alternan con fruslerías como ésta: "...bajo el predominio de la ideología capitalista de la elección racional, el amor es un problema..."

La señora Salecl es conocida en nuestro país por su ensayo 'Angustia' -el primero en llegar al español- en el que desarrollaba la tesis (¡oh no!, aquí vamos otra vez) de que la ideología neoliberal ha exacerbado las angustias contemporáneas. La pensadora, quien estuvo casada con Slavoj Zizek, visitó Buenos Aires en 2018.

En un punto se declara discípula de Freud. Sostiene que "la enfermedad de la civilización y la enfermedad del sujeto van de la mano", de modo que "las ideas dominantes influyen de una manera decisiva en los tipos de padecimientos psicológicos que aparecen en las personas". De ahí, su interés por descubrir nuevos síntomas generados por las ideologías del capitalismo tardío y la sociedad postindustrial.

Los molinos de viento contra los que carga Doña Renata de la Baja Estiria son el individualismo, los grandes capitales, la obsesión por la productividad, la ideología de la eficiencia, la ideología capitalista de la elección racional, la moral del éxito, la sociedad de consumo. Como se ve, una agenda idéntica a la del Papa, pero mientras Francisco habla en nombre de una fe milenaria y una confianza metafísica, la profesora Salecl basa sus embestidas en qué, ¿el agnosticismo humanista?

Se trata, pues, de un libro basculante. Oscila entre la sensatez y la sutileza, por un lado; y el lugar común y lo insustancial, por el otro. Pero también, entre el comentario que mantiene su actualidad y lo caduco (los artículos se detienen en 2016, con la llegada de Donald Trump al poder, cuando la autora se preguntaba si es menester comparar ese hecho trascendente con la marcha sobre Roma de 1922).

En el primer campo (el fértil), puede ubicarse el repudio al narcisismo postmoderno, una pulsión destructiva allí donde brota, sea un país, una empresa o una familia. "Lo importante para el sujeto es la capacidad de autocontrol y es eso justamente lo que se ha vuelto un problema en la sociedad contemporánea", establece Salecl en la página 71. Más adelante insiste: "La adultez consiste en la capacidad de limitarnos a nosotros mismos".

Ese vaivén de la perspicacia se percibe, por ciento, en un punto crucial. Esta muy bien que Salecl denuncie defectos puntuales de nuestra era como la irrupción del dinero en campos que en el pasado estaban ausentes del intercambio monetario, la deshumanización de la medicina, o las trapisondas de la industria farmacéutica. Es decir, la ensayista aristotélica es justa y necesaria.

Pero la Salecl platónica es muy cuestionable, comparte la ceguera de buena parte de la izquierda occidental. Descalificar en bloque al único sistema político y económico que ha proporcionado libertad y prosperidad a un puñado de pueblos afortunados es una pose infantil, indigna de una pensadora que proviene de un país que ha sufrido en carne propia hasta 1991 las miserias del socialismo real.

En "Hijos del comunismo, súbditos del capitalismo" la filósofa eslovena concluye, con pesar, que "la normalización comunista tiene éxito en el capitalismo"". Basada en una encuesta realizada en Alemania (!!!), denuncia "el borramiento del pensamiento independiente y crítico", muy parecido al que existía en Moscú o en Ljubljana en tiempos de Brezhnev y de Tito. Invitamos a la señora Salecl a pasar una semana -con eso basta- en La Habana o Pyongyang para descubrir lo que realmente es una sistema totalitario, pero viviendo entre la gente común, no como invitada de esos regímenes criminales.

Guillermo Belcore

Calificación: Regular

domingo, 23 de mayo de 2021

El asesino en su salsa


 

El asesino en su salsa

Por Pino Imperatore
Novela policial. Edhasa. 310 páginas

Es comprensible. El signore Pino Imperatore (Milán, 1941) ha querido subirse al carro de la victoria que conducía (suenen las trompetas) don Andrea Camilleri, creador de la saga del comisario Montalbano y el escritor italiano más leído de este siglo (murió en 2019). Pero las diferencias de calidad son notorias; los literatos no deberían ir en la misma cuadriga. Lo que en el novelista siciliano y comunista era gravedad, principios morales y racionalismo; en el texto de Imperatore es ligereza, didactismo muy elemental y una veta cómica similar a la de Darío Vittori.

El asesino en su salsa es la primera novela policial de Imperatore, quien hasta 2018 se había destacado como periodista, dramaturgo y humorista en Nápoles, la ciudad de sus padres y la que adoptó en su corazón. Su salto al género policial es muy reciente, pues. En una de las solapas se dice que "la consagración le llegó por las novelas protagonizadas por el inspector Gianni Scapece", pero hay que tomar con pinzas la información que suministra el sello editorial.

En la reseña de la contratapa se afirma que "Nápoles se ve sacudida por el siniestro asesinato de un niño" (parece que se limitaron a copiar y pegar el artículo de la Wikipedia). Ojo, este crimen nunca ocurre en el libro. En realidad, Scapece investiga el homicidio de un hombre joven descarriado, que vivía de rentas, malgastando el dinero a diestra y siniestra para correr detrás del alcohol, las mujeres y las drogas. Se llamaba Amadeo Caruso, hijo de un magnate inmobiliario. Lo encontró la policía desnudo en su departamento, cuchillo en la espalda, genitales inmersos en ajo y aceite, ají picante en el culo.

La trama se desarrolla en dos direcciones: el misterio policial y un costumbrismo que pretende ser jocoso pero sólo lo consigue en contadas excepciones. Como en el caso de Camilleri, también se deja constancia de la pasión gastronómica y sexual de la Italia meridional.

Para sacar a la araña de su agujero, el detective Scapece cuenta con la ayuda de la buena gente de la trattoria Parthenope, que se van robando la escena. Se engarzan tópicos y personajes estrafalarios que disipan el módico suspenso policial. Como en Dragón Rojo de Thomas Harris, el criminal es un chiflado cuyas maldades se inspiran en un cuadro: Il diavolo di Mergellina, compuesto en 1542 por Leonardo Grazia, mejor conocido por Leonardo da Pistoia, a pedido de un obispo que deseaba deshacer con la pintura un hechizo de amor.

Puede decirse que el autor no demuestra talento para el retrato y la descripción. Escribe como si viviera en el siglo XIX. Todo es concreto y realista, a lo sumo pintoresco. No hay densidades estilísticas. La prosa es sencillísima, lo cual no siempre es un defecto. ("Las cosas más entradoras, son las que el pueblo compriende", estableció el poeta Larralde). El encanto de Imperatori, cuando aparece, es plebeyo: 

"...el inspector clavó la mirada en Fabozzi como una mujer mira al marido al haberlo sorprendido haciendo pis fuera del inodoro..."

El espléndido final ocurre durante las últimas horas de la Nochebuena. Hace olvidar, de alguna manera, el tedio de las páginas anteriores. Scapece confronta al asesino, a esa altura serial, en la bodega de Parthenope, mientras escaleras arriba el restaurante bulle de felicidad.

Añade Imperatore un postfacio en el que agradece, entre otros, al equipo de edición y al coach de la Editorial Planeta, explica lo mucho que se concentra para escribir, y declara su amor por los lectores. ¡Ah, los italianos!

Guillermo Belcore

Publicado en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa

Calificación: Regular

viernes, 14 de mayo de 2021

Ampliación del campo de batalla


 

No debe ser tarea sencilla componer en Francia, la mas literaria de las naciones según estableció Jorge Luis Borges. Hay una tradición, ubérrima, que debe ser respetada, honrada y enriquecida. Ese peso puede aplastar a los mediocres, pero los escritores de fuste la aprovecharán en nombre de la bloomiana Teoría de las Influencias. Es el caso de Michael Houellebecq, acaso el último de los malditos de Europa.

Hoy venimos a recomendar su primera novela Ampliación del campo de batalla (Anagrama, 126 páginas) ,entregada la imprenta en 1994 pero que no ha perdido un gramo de frescura como ariete contra la posmodernidad.

En su début, Houellebecq unía tres elementos formidables de la tradición literaria francesa: el misántropo, la náusea existencial y el literato como pensador de la evolución social. Y lo hace muy bien, sin apelar al pesado andamiaje narrativo o a los oscuros juegos retóricos a los que son afectos algunos de sus compatriotas. La prosa es concreta y clara.

El narrador es un ingeniero informático de 32 años, célibe desde hace un tiempo, qué tiene dificultades para vivir en lo que denomina el campo de la norma. Puede que sea el resultado de un desengaño amoroso. Fumar se ha convertido "en la única parte de verdadera libertad'' en su existencia. Con Alta Filosofía (el principal agrado del libro) manifiesta su hastío ante "el agotamiento vital de nuestra civilización''.

El hombre viaja a ciudades de provincias para adiestrar a funcionarios del Ministerio de Agricultura en el manejo de computadoras, intenta provocar un asesinato, cae en manos de psiquiatras, lo internan en un loquero y, finalmente, encuentra algo de paz en la naturaleza agreste.

Sus puntos de vista -siempre interesantes- son los del jacobino decrépito Houllebecq: detesta a los musulmanes, a los gordos y a los feos; se pronuncia a favor de la prohibición de los despidos y del adulterio; clama contra el consumismo; reivindica a Robespierre. De pronto le resulta indiferente no ser moderno (la frase es de Barthes), o mejor dicho no ser posmoderno.

Las ideas de Houellebecq merecen ser discutidas. Plantea que "ninguna civilización, ninguna época, han sido capaces de desarrollar en los hombres tanta cantidad de amargura como la que circula en el presente''. La actual es una generación sacrificada, porque ha sacrificado el amor como inocencia y como capacidad de ilusión en los altares de la libertad sexual.

He aquí lo más discutible: M.H. parangona el liberalismo económico con la libertad absoluta de costumbres. Sostiene que la ley de mercado (económica o sexual) produce "empobrecimiento absoluto''. Dispara una boutade que explica el titulo: "El liberalismo económico es la aplicación del campo de batalla su extensión a todas las edades de la vida y a todas las clases sociales''.­

Vaya tipo, este Houellebecq. Moralista a su manera, provocador nato, llega a escribir lo siguiente: "...los psicoanalistas se comportan como verdaderos enemigos de la humanidad... una mujer que cae en manos de un psicoanalista se vuelve inadecuada para cualquier uso...''.­

Esa jocosa e inspiradora mezcla de disparates y denuncias certeras (respecto a las relaciones humanas suele tener la puntería de Guillermo Tell) hacen del francés un narrador indispensable de nuestro tiempo. Es un soplo de aire fresco -por decirlo con una metáfora gastada- entra tanta aburrida corrección política.

Este blog se ha propuesto, pues, agotar la obra de Houellebecq. Aplaudimos la colección Compendium de Anagrama que este año ha llegado a la Argentina. Ampliación del campo de batalla integra un volumen qué también contiene su segunda y tercera novela. Es lo que viene en este laborioso rincón de crítica literaria.­

Guillermo Belcore

Calificación: Muy bueno

Publicado en la edición de hoy del diario La Prensa.

domingo, 9 de mayo de 2021

Luna azul

 


Jack Reacher es el Quijote de nuestro tiempo, pero lúcido e implacable. Viaja en ómnibus de un punto a otro a Estados Unidos en busca de aventuras, "sin ningún lugar particular al que ir y con todo el tiempo del mundo para llegar allí". Va ligero de equipaje, sólo lleva la ropa puesta, la tarjeta de débito y un cepillo de dientes (¿qué clase de hombre prescinde del desodorante y de una muda de medias y calzoncillos?). El héroe solitario -1,95 metro de hueso y músculos, 115 kilogramos de masa bien entrenada- se las arregla para atrapar nuestra imaginación; quién no ha fantaseado, antes de la maldita pandemia, con la idea de vagar sin ataduras para conocer el mundo (Reacher cuenta con una ventaja decisiva: una pensión puntual del gobierno de Estados Unidos por haber trabajado durante once años como policía militar).

En el libro número veinticuatro de Lee Child (Conventry, 1954), Reacher llega a una ciudad calurosa de 500 mil habitantes (¿Raleigh?, ¿Cincinatti?) controlada por el crimen organizado. Evita que un ratero le robe un abultado sobre con dinero a un anciano que viajaba en el mismo ómnibus que él; Jack tiene un instinto de supervivencia extraordinario y fue entrenado para percibir las amenazas que nos circundan. 

Por ayudar a don Aaron Shevick y su esposa María, el hombretón termina envuelto en una guerra territorial entre la mafia ucraniana y el hampa albanesa, dos tribus sanguinarias con las que se topan, tarde o temprano, todos los ciudadanos que desean hacer negocios en esta urbe corrompida. Parece Ciudad Gótica antes de la llegada del comisionado Gordón y Batman.

Luna azul (Black & Ríos) es una novela intensísima, repleta de situaciones límite. Corren ríos de sangre. Una vez adentro, al lector le resultará imposible salir hasta la última página (he aquí la verdadera burbuja para aislarse del covid). Reacher debe sobrevivir en una jungla desconocida; lo buscan decenas de matones. Su misión inicial (probono) era conseguir las gruesas sumas de dinero que el hospital le exige a los Shevick para tratar a su hija con cáncer y defenderlos de los usureros (la salud privada de Estados Unidos es como la mafia: si no consigues la plata a tiempo, te ocurren cosas feas). Concluye -junto a un grupete de ex militares- cazando al señor Trulenko, un magnate de la informática que declaró la bancarrota y se hizo humo, el ex jefe de Meg Shevick. 

PUGILATO

El libro ofrece información fidedigna sobre asuntos tan interesantes como el tráfico de mujeres ucranianas para la prostitución en Estados Unidos. Otro agrado que debe mencionarse es la fría y minuciosa descripción de las muchas escenas de pugilato (..."el Ejército de Estados Unidos enseña el combate más sucio del mundo, aunque nunca lo va a admitir en público..."). Child detalla las fuerzas de la física que intervienen, por ejemplo, en un codazo que destroza una nariz o en una patada en la ingle. Veamos el choque de trenes de la página 242:

"...El tipo se lanzó desde lo alto de la escalera, impulsado por piernas potentes, hombros hacia arriba, cabeza hacia abajo, apuntando a cargar, apuntando a plantar un hombro en el pecho de Reacher, apuntando a desbalancearlo y volcarlo hacia atrás. Pero Reacher estaba por lo menos cincuenta por ciento listo, y se sacudió hacia adelante en dirección al tipo, lanzó un violento uppercut de derecha, salvo que no vertical, más a un ángulo de cuarenta y cinco grados, por lo que la cara del tipo cargando y agachándose lo recibió exactamente de lleno, y sus propios cien kilos avanzando se encontraron con los ciento quince de Reacher moviéndose en la dirección opuesta en una ruptura colosal de energía cinética, cara contra puño, suficiente para levantarle los talones y hacerlo caer sobre el trasero, salvo que el piso no estaba ahí, por lo que el tipo cayó escaleras abajo con un salto mortal hacia atrás, una convulsa rotación completa, amplia y alta, y después se estrelló contra la pared de atrás en una salpicadura de extremidades...".

No sólo se trata de fuerza bruta. El investigador, agente del cambio, vengador de los débiles, aplica el método deductivo. Deduce con una precisión asombrosa cómo piensan sus rivales y tiene una increíble buena suerte (el único déficit de invención del libro). Después de sus improbables victorias, se va tranquilo, cabalgando hacia el poniente, como lo exige la tradición del cowboy solitario que signa hasta el día de hoy la cultura popular estadounidense.

La filosofía de vida de Reacher, por otro lado, es la que preconiza la experimentación absoluta. Cada día debe traer una sorpresa; dilapidar el tiempo resulta imperdonable. Pero puede que el grandote desaliñado y mirada desquiciada esté cansado. Le propone que lo acompañe en su vagabundeo continental a una chica, menuda y algo andrógina, que conoció en un bar y se convirtió en su amante. Jack es rechazado; la saga debe continuar. Child y Reacher están en la plenitud de sus condiciones. Sería una pena que, tal como se rumorea, el primero se retire y el segundo quede en manos menos hábiles para narrarlo.

Guillermo Belcore

Calificación: Muy bueno

PD: En este blog se recomiendan otras otra novela de la saga Reacher:

lunes, 26 de abril de 2021

Ultimo viaje


 Por Antonio Requeni

Vinciguerra. 83 páginas. Poesía.

La neumonía de Wuhan, maldición de dimensiones bíblicas, no sólo ha traído a la Humanidad muerte, confusión y miseria. También permitió que brotaran algunas flores en las antípodas de China. El enclaustramiento en Buenos Aires hizo que Antonio Requeni, a los noventa años, volviera a tomar la pluma, "después de un largo período de sequía creativa", según la propia confesión de uno de los poetas más finos de la Argentina. En efecto, entre agosto y octubre de 2020 redactó dieciseis poemas delicados que aquí venimos a recomendar.

El volumen que reúne las dieciséis gemas se titula Ultimo viaje. "Tratar de ser felices a pesar/ de los días nublados, las pandemias/ los políticos y sindicalistas/...", nos sugiere el vate en Felicidad. "...flotar con los violines de Vivaldi/ o en los mágicos versos de un poema./ Tratar de ser felices pese a todo/ para siempre o sólo un rato." Es justamente lo que transmite su última colección de versos (¿última?, ya volveremos sobre el asunto), un instante de felicidad.

"...Siempre nos salva la literatura", canta Requeni en Pandemia 2020: "Hoy es lunes, mañana será martes,/ vendrán luego los miércoles y jueves, /después los viernes, sábados, domingos;/ días iguales a los otros días, / pero con miedo y olor a muerte...", describe la cruel cuarentena. "...¿Quién podrá venir a liberarnos/ de ese lento y tedioso cautiverio?...", se pregunta un literato que además fue periodista y compuso algunas de los mejores textos que han publicado La Prensa y La Nación. Requeni propone los ejemplos de Cervantes en Argel y de Bocaccio urdiendo cuentos lejos de la peste. Nos salvan escribir y leer libros.

A unas pocas cuadras del lugar donde quiere que esparzan sus cenizas (Parque Rivadavia), Requeni asegura -café de por medio- que no tiene ánimos para seguir escribiendo. El cuerpo está fatigado. Ha recibido un premio en España pero no piensa ir a buscarlo cuando termine la pesadilla. Le duele el alma por los que partieron a la Casa del Señor. "...Conmigo ahora el eco de sus nombres. /Fueron poetas, fueron mis amigos" (Amigos). Otras líneas (Cuando un hermano se va) lloran la "cera de tus párpados dormidos" del querido Julio.

Pero quién sabe. La cabeza privilegiada de Requeni está intacta. Caminamos por la Avenida Rivadavia y tras doblar en la calle República de Indonesia surge a mitad de cuadra un imponente edificio que es copia de un palacio florentino. El poeta cuenta su historia y la de los empedrados de madera que ennoblecían estos lindes de Caballito. Sugiere al autor de esta nota un libro: Buenos Aires, museo al aire libre de León Tenembaum, otra gloria de La Prensa. Si el neopobrismo vuelve a encerrarnos un año más, quizás la indignación del poeta estalle en otros versos afortunados.

Escribimos al principio que Requeni había vuelto a tomar la pluma. En Computadora deja en claro que prefiere las antiguas herramientas de redacción, como la Lexicon 80: "Adios pianito de escribir, amigo/ de tantas horas, dócil a mis dedos,/ obediente, capaz de escribir frases / burocráticas, simples o pedestres / ("Le hago saber que el 5 del corriente...")/ o unos versos perfectos e inmortales ("Con el número dos nace la pena"/".

La inspiración lo asalta a cualquier hora. Así lo revela en Insomnio, quizás el mejor de todos los poemas, decisión difícil pues hay muchos excelentes: "La cabeza en la almohada, como un pájaro muerto/ en el oscuro centro de la noche. De pronto/ todavía imprecisa, una palabra irrumpe/ se desprende del sueño, hace señas, insiste, /se desliza en los labios del duermiente poeta/".

Dos escritores reciben un justo homenaje en este librito sublime: Juan Filloy y Julio Verne. Del cordobés (cien años de vida y pico), Requeni recoge consejos existenciales: "Comer la mitad, masticar el doble,/ caminar el triple y reírse más/". Y los desestima no sin dolor: "¿Y de qué reírme cuando el mundo llora?/ ¿Y de qué reirme si todo va mal?". Del inventor del Nautilus, explica: "Me descubrió el placer de la lectura...". Concluye acongojado el poema: "Hoy siento que me invade la nostalgia/ el recuerdo feliz de aquellos días/ de viajero curioso por museos,/ ruinas, mercados, plazas, catedrales./ Ahora, inmóvil en mi cuarto espero/ la aventura del último viaje". 

Ultimo viaje fue entregado a la imprenta setenta años después de que Requeni publicara su primer libro. Lo cierra un romance tristón (Después) que conversa con la nada. "Como antes de haber nacido".

Guillermo Belcore

Calificación: Muy bueno